Nacional

martes 21 sep 2021 | Actualizado a 03:33

Añez: ‘Emitan su voto por el candidato de su preferencia’

La mandataria transitoria contradijo su discurso reciente de votar por el candidato "con mayor porcentaje" contra el MAS.

La presidenta Jeanine Áñez habla con la prensa en Trinidad. Foto: ABI

/ 18 de octubre de 2020 / 11:40

Cerca de mediodía de este domingo, la presidenta transitoria Jeanine Añez sufragó en un colegio de Trinidad, Beni. Al salir de su recinto de votación, llamó a la ciudadanía a votar «por el candidato de su preferencia’. No dijo lo mismo hasta hace unos días, cuando llamó a votar contra el MAS.

La mandataria invitó a la ciudadanía a votar, por ser este un derecho ciudadano: «Invito a todos los bolivianos, en particular a todos los benianos, y en especial a toda Trinidad, que asistan a las urnas; hagámoslo por la patria, por la democracia; vengan a votar, asistan a las urnas y emitan su voto por el candidato de su preferencia».

La convocatoria a votar por el candidato que la gente prefiera no ha sido usual en el discurso precedente de Áñez. Hace solo una semana, llamó a votar «por el candidato con mayor porcentaje», contra Luis Arce, candidato del Movimiento Al Socialismo (MAS).

En la lógica del «voto útil» contra el MAS, la presidenta por sucesión convocó  a concentrar el voto «para que no vuelva el tirano», en alusión al expresidente Evo Morales.

Aunque nunca reveló su preferencia, Añez de hecho llamó a votar por Carlos Mesa, pues  todas las encuestas realizadas hasta la anterior semana ubicaban al candidato de Comunidad Ciudadana (CC) como el de «mejor porcentaje» frente al candidato del MAS.

Al menos dos de los ministros del gobierno transitorio, Arturo Murillo (Gobierno) y Álvaro Coímbra (Justicia), declararon abiertamente que votarían por Mesa.

(18/18/2020)

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El Gobierno apunta a la ‘estabilización’ de los cultivos de coca en 22.000 hectáreas

En 2020, de 11.000 hectáreas programadas para la erradicación, apenas se llegó a 1.700, aseguró el viceministro de Sustancias Controladas, Jaime Mamani.

/ 20 de septiembre de 2021 / 13:51

El viceministro de Defensa Social y Sustancias Controladas, Jaime Mamani, señaló este lunes que el Gobierno trabaja en lograr la «estabilización» de la producción de coca en no más de 22.000 hectáreas, tal como dispone la Ley General de la Coca.

En entrevista con el programa por streaming La Razón Radio, Mamani aseguró que cada año se proyecta un promedio de racionalización y erradicación de 11.000 hectáreas.

La semana pasada, el gobierno de Estados Unidos acusó a Bolivia de no haber realizado los esfuerzos suficientes en la lucha contra el narcotrafico, y le «alentó» a que cuide los mercados legales de la hoja de coca y erradique la producción ilícita.

Este llamado de atención, aparte de ser rechazado por la administración del presidente Luis Arce, no comprende lo que en realidad pasa en la lucha contra el narcotráfico, dijo Mamani. «No puede haber reducción de cultivos de coca por arte de magia».

En promedio, en el país se erradica entre 8.000 y 11.000 hectareas. Si en el informe de la UNODC, apuntó Mamani, se dice que entre 2019 y 2020 hubo un aumento del 15% de los cultivos, esto sobre todo fue por la falta de voluntad política del gobierno transitorio de Jeanine Añez. «En 2019, a los dos días del golpe de Estado, han paralizado las tareas de racionalización y erradicación de los cultivos de coca; ha faltado erradicar 1.800 hectareas de coca «.

Peor fue la situación en 2020, subrayó Mamani. «De las 11.000 proyectadas apenas han erradicado 1.700 hectáreas»; por eso, dijo la autoridad, la UNODC cataloga a lo sucedido en 202O como «uno de los peores» incrementos de cultivos en los últimos 10 años.

Por lo demás, Mamani apuntó que «el único organismo internacional reconocido (en el monitoreo de los cultivos de hoja de coca) es la UNODC (Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito).

Para la gestión 2021, se proyecta la erradicación de 9.000 hectáreas, de las cuales se avanzó 6.240, detalló el viceministro.

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Tras toma de sede, cocaleros de los Yungas anuncian bloqueos en tres provincias

Dirigentes acusan al grupo afín al MAS y se anuncia para esta tarde la posesión de los dirigentes elegidos en los comicios cuestionados por el sector de Armin Lluta.

Foto: Rodwy Cazón

/ 20 de septiembre de 2021 / 12:23

Tras la toma de su sede, ubicada en Villa Fátima, cerca de la Plaza del Maestro, la improvisada asamblea de los productores de coca de los Yungas decidió “suspender” actividades en las tres provincias donde se produce la hoja.

«Las bases han determinado que se suspende toda actividad en las tres provincias (Nor y Sud Yungas e Inquisivi)», señaló a la red Erbol el secretario de Conflictos de la Adepcoca, Noel Luna.

Adelantó que la movilización consistirá además en bloqueo de caminos en «tres puntos estratégicos», los cuales no quiso revelar «por seguridad».

En la madrugada de este lunes, aproximadamente a la 01.00, un grupo de al menos 40 personas tomaron las instalaciones de la sede de la Asociación Departamental de Productores de Coca de La Paz (Adepcoca).

Al momento, la sede, ubicada en la zona de Villa Fátima, se encuentra resguardada por policías.

En un video difundido por radio Éxito, se escucha explosiones en cercanías del lugar, con alguien diciendo que “se están entrando por la puerta de arriba”.

El dirigente Salustiano Mamani, en declaración a radio Éxito, denunció el destrozo de puertas y ventanas. Atribuyó está toma al sector afín al gobierno del Movimiento Al Socialismo (MAS).

Según el dirigente Freddy Blanco, la Policía tuvo una acción complaciente con quienes tomaron la sede cocalera.

Quienes habrían protagonizado la toma, según estos dirigentes cocaleros, son los partidarios de Arnol Alanes, quien ganó las últimas elecciones del sector de la Adepcoca cuestionado por la dirigencia encabezada por Armin Lluta.

De último se supo que en Kalajahuira, donde está la sede del sector cocalero del cual formarían parte quienes tomaron la sede, posesionarán al dirigente que ganó la cuestionada elección; se prevé que sea esta nueva dirigencia la que también tome juramento en la sede.

El comandante de la Policía, Jhonny Aguilera, confirmó que hay seis detenidos entre los que resguardaban la sede, que en su intento de fuga habrían invadido predios del colegio Ave María, al lado de la Adepcoca, y que fueron denunciados por dependientes de la unidad educativa.

Aguilera, definiendo siempre el conflicto «entre privados», informó que hay dos grupos de policías tanto en la Adepcoca como en Kalajahuira.

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Informe GIEI, también se debe ver sus ausencias

Académico invoca a reflexionar sobre el papel en la crisis de la prensa, las iglesias y las universidades, entre otros.

/ 19 de septiembre de 2021 / 18:49

El punto sobre la i

El domingo 5 de septiembre, cuando muchos sectores todavía celebraban que por fin se haya presentado el Informe del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) y que lo que toca ahora es seguir sus recomendaciones, el sociólogo y antropólogo Esteban Ticona publicaba en su habitual columna en LA RAZÓN un artículo a contramano del entusiasmo generalizado por el documento de los expertos. ‘Ausencias en el informe del GIEI’ provocaba el investigador. Se refiere, apunta, a “actuaciones” de ciertos sectores que no se encuentran en el informe, pero que debieran. Entre las ausencias más relevantes estarían la de la prensa y su rol en la crisis.

“¿Cuál fue el papel de la prensa? No de los periodistas. El papel de los medios de comunicación en sus diferentes expresiones, de los empresarios de la comunicación. ¿Cuánto y cómo alentaron el conflicto? o ¿cuánto y cómo buscaron la pacificación?”, cuestiona Ticona.

Y es que preocupa, sugiere Ticona, la responsabilidad social y política concreta de los medios. “¿Cómo interpretar a la prensa televisiva que cada noche transmitía los cabildos desde Santa Cruz y La Paz, con amenazas y acciones concretas para derrocar a un gobierno constituido mediante votos? ¿La prensa actuó de manera independiente? En fin, son preguntas que me hubiese gustado que se contemplen en el informe.

“El GIEI, en sus recomendaciones, no observa el papel de la prensa en las sociedades contemporáneas; no analiza el rol de los medios de comunicación en época de conflictos sociales, no solo como informadores, sino también como actores políticos”, remata el sociólogo.

También ve como ausencia en el informe de los expertos el papel jugado en la crisis por las universidades, públicas y privadas; la actuación de las iglesias católica y evangélica.

En los artículos ‘Lo bueno, lo malo y lo feo en el Informe del GIEI’, partes I y II, publicados en el periódico Los Tiempos, de Cochabamba (18 y 27 de agosto), el escritor Emilio Martínez destaca como “omisiones fácticas”: no haber señalado que el ciudadano argentino Facundo Molares “formó parte de las FARC”, con lo que páginas después “desestima con ligereza la tesis inicial de la Fiscalía sobre la actuación de un grupo guerrillero en esos sucesos”. También le reprocha no haber citado que también el secretario ejecutivo de la Central Obrera Boliviana (COB), Juan Carlos Huarachi, le pidió la renuncia a Morales, sentando de este modo que sólo los policías y militares pidieron la dimisión de Evo Morales.

Asimismo, Martínez cuestiona que tampoco se haya citado la quema de la casa y bienes del subgobernador de la provincia Ichilo, Edson Ureña, por parte de militantes del MAS, o la “quema de 22 motocicletas de la Resistencia Juvenil Cochala (RJC)”. El escritor además deplora que el GIEI no haya entrevistado a Amparo Carvajal, la “presidenta” de la Asamblea de DDHH de Bolivia, o que tampoco se haya buscado hablar con el Comité pro Santa Cruz. Asimismo. Martínez cuestiona el “sesgo ideológico” de ver las “narrativas de odio racial” en el país desde un solo lado (blancos hacia indígenas), o que se califique a la RJC de “grupo de choque” y se vea “con extrema candidez a los sindicatos cocaleros del Chapare”.

REPROCHES Los expertos también tuvieron que soportar los reproches que les hicieron personas e instituciones cuando presentaron su informe en Santa Cruz, como reseña la reunión el periódico El Deber (20 de agosto de 2021): que dejó fuera a otras víctimas no masistas, que “su informe está sesgado porque minimiza a las víctimas de la oposición” (diputada María José Salazar, de Comunidad Ciudadana), que los procesos judiciales a favor de las víctimas no masistas “no avanzan”; que el GIEI “logró investigar y escudriñar hasta la última piedra en Sacaba y Senkata, pero resulta que en Montero no se hace una investigación como se debe”, según el diputado de Creemos Erwin Bazán. Para el presidente del Comité pro Santa Cruz, Rómulo Calvo, “el informe tiene todos los tintes de tibieza y no da la satisfacción en la búsqueda de justicia, sino que ha confundido más al pueblo y le ha dado más posibilidades al Gobierno para que lo use en su beneficio”, recoge el periódico cruceño.

En lo relativo al papel que jugó la prensa en la crisis, el informe del GIEI más bien se orienta a la situación de los periodistas en los momentos específicos de la crisis. El tema es abordado en el capítulo “4. Situaciones estructurales para la protección de derechos humanos y estabilidad democrática”, en el inciso E. Protesta social y libertad de expresión. Partiendo del principio de que la libertad de expresión se la ejerce tanto en las “manifestaciones públicas” (en las marchas y movilizaciones de protesta) como en el ejercicio del periodismo, lo que se hace en el informe, reconocen sus autores, es analizar “las violaciones del derecho a la libertad de expresión y a la protesta social durante la crisis social y política en Bolivia, describiendo los modos en que el ejercicio del derecho a la protesta fue vulnerado por las autoridades y también por parte de manifestantes, al sobrepasar los límites que se reconocen a este derecho. En segundo lugar, se recogen las agresiones a periodistas y ataques a medios e instalaciones de prensa. Resulta abrumador el número de agresiones y ataques al periodismo durante los hechos en torno al conflicto electoral y político del último trimestre de 2019. La violencia hacia la prensa no se circunscribió a una región determinada, sino que se ejerció en las principales ciudades del país”.

GARANTÍAS. Específicamente con relación al periodismo, los expertos concluyen que “no hubo garantías esenciales para el ejercicio de la profesión”, y que se amedrentó y atacó a los medios de comunicación.

Mientras el GIEI identificó, entre el 1 de septiembre y el 31 de diciembre de 2019, dice, a 58 periodistas agredidos, la Fundación Konrad Adenauer, le cita, afirma que la Asociación Nacional de la Prensa reportó 76 periodistas agredidos y 14 medios que sufrieron algún ataque.

“Muchos profesionales fueron expulsados de los lugares en los que estaban informando o se les impidió transitar por espacios públicos que habían sido bloqueados. Los protagonistas de estos cercos se arrogaban facultades por fuera de toda legalidad, como ejercer controles territoriales, registrar bolsos o pertenencias de transeúntes y periodistas, y permitir o impedir la circulación de personas y vehículos entre barrios y en múltiples puntos de las ciudades. En el caso de los periodistas, no solo pusieron obstáculos a su tarea, sino que les requisaron o destruyeron equipos, les borraron sus grabaciones o confiscaron sus teléfonos”, destaca el Informe del GIEI.

AMENAZA. En el trato que el gobierno transitorio de la presidenta Jeanine Áñez dio a los periodistas, el GIEI cita explícitamente (de hecho, en casi todos los informes anteriores está la frase) a la entonces ministra de Comunicación, Roxana Lizárraga, quien había dicho:

“La prensa debe tener todas las garantías para trabajar y aquellos periodistas que estén haciendo sedición se va a actuar conforme a la ley, porque lo que hacen algunos periodistas, que son algunos casos bolivianos o extranjeros que están causando sedición en nuestro país, tienen que responder a la ley boliviana. Si el Movimiento Al Socialismo no ha respetado la Constitución durante todos estos años desde que se la aprobó, este gobierno de transición sí lo va a hacer, y la va a hacer respetar”.

Respondiendo a una pregunta, advirtió que esos periodistas sediciosos ya estaban identificados: “El ministro de Gobierno, Arturo Murillo, va a tomar las acciones pertinentes en todo esto”.

Los periodistas, los reporteros, estaban en el ojo de la tormenta, apunta el GIEI: fueron víctimas tanto las fuerzas policiales y fuerzas armadas como los propios manifestantes, divididos entre los que denunciaban un posible fraude electoral y los que afirmaban que estaban ante un golpe de Estado.

En la línea anunciada, de que se indagará las agresiones a los periodistas y medios, el GIEI identifica a dos grandes agresores: las fuerzas policiales y militares; y los civiles manifestantes.

En las grandes ciudades, un especial atentado contra los periodistas y el ejercicio del periodismo, dice el Informe, era el “control de paso”. “Esta práctica, ejercida por ambos grupos, consistía en averiguar a qué medio pertenecía el periodista antes de permitir que este traspusiera el bloqueo e hiciera su trabajo”.

Pero el sociólogo Ticona cuestiona no tanto las agresiones contra los trabajadores de la información, sino el papel que jugaron en la crisis no precisamente como informadores, sino como plenos “actores políticos” en la crisis y su responsabilidad.

Esta es una larga historia por reconstruir, sin duda, pero ya hubo avances en la reflexión pedida por Ticona, pero ausente en el Informe del GIEI. A fines de 2020, la Fundación Friedrich Ebert (FES) publicó el libro Nuevo mapa de actores en Bolivia. Crisis, polarización e incertidumbre (2019-2020), bajo la coordinación de Jan Souverein y José Luis Exeni.

En dicho texto, la politóloga Susana Bejarano y el periodista Fernando Molina presentan el provocador trabajo, desde el título: La transformación restauradora del campo mediático: El alineamiento de los medios de comunicación con el bloque de poder postevista en noviembre de 2019.

Los autores afirman que “el apoyo mediático al nuevo oficialismo (Áñez) llegó al punto de justificar la represión ejecutada por el gobierno”. Como ejemplo, analizan la represión en Sacaba, del 15 de noviembre, y la cobertura que se hizo entonces. Cuando en el “enfrentamiento” murieron 10 campesinos y ningún militar o policía resultó herido, “Página Siete tituló: ‘Fuego cruzado entre cocaleros y FFAA deja al menos seis muertos’. En la noticia se afirmaba, sin suministrar pruebas, que los manifestantes tenían ‘armas de fuego y otros objetos letales’. Página Siete se sumaba así a la línea oficialista que, desempolvando un viejo libreto, reducía los conflictos sociales a la acción de ‘grupos subversivos armados’”. (Página 190)

SENKATA. Para el caso de Senkata, la objeción de Molina y Bejarano es a la cobertura y el relato que se produjo en los medios sobre la caída del muro de la planta de acopio de gasolina y gas. Luego de que las autoridades de gobierno lograron sacar un convoy de camiones y cisternas, la gente empezó a aglutinarse sobre la planta. “Los alteños, frustrados por la salida del combustible, lanzaron piedras a la guarnición y luego se abalanzaron sobre el viejo muro exterior de la planta. Un video muestra el momento en que se desploma este muro, sobre el que se recuestan y hacen fuerza los manifestantes. En este video no se ve ni se oye ninguna explosión. Sin embargo, todos los medios, excepto La Razón, dijeron que el mismo fue volado con dinamita. Ninguno se preguntó por qué la supuesta explosión de dinamita no causó un hueco en la pared y, en cambio, esta se desplomó íntegramente, justo como si hubiera cedido al empuje de las personas que estaban junto a ella”. (Página 190)

Los medios, que no habrían estado allí (los autores citan como prueba de esto los testimonios de los manifestantes al programa español Salvados; el propio GIEI lo ratifica: “La cobertura de lo que pasaba en El Alto era muy difícil y fueron pocos quienes lograron informar desde allí”), repitieron la versión del gobierno: que la pared cayó por una explosión de dinamita, de “un atentado dinamitero”; esto les permitió, dicen Molina y Bejarano, hablar luego de “terrorismo”. De nuevo, citan como ejemplo a Página Siete (nota del 21 de noviembre de 2019): “En 10 días hubo al menos ocho actos terroristas en el país”. El subtítulo de esta nota es: “Desde la presencia de extranjeros con explosivos hasta el atentado a la planta de Senkata, los ciudadanos paceños y alteños vivieron días de terror”; destacan el texto: “El pasado martes un grupo de bloqueadores seguidores de Evo Morales derrumbó dos muros de la planta de YPFB, en Senkata, a punta de dinamitazos, y después quemó al menos cinco vehículos que estaban dentro de los predios”. (Página 192)

VERSIÓN. A la difusión de la versión oficial de los dinamitazos, se sumaba, señalan los autores, el no recoger la versión de los sectores y movimientos sociales, la necesaria contraparte, esa que se quejaba que “nos quieren animalizar, dicen que queríamos volar la planta, como si no supiéramos que eso nos mataba a todos” (mujer entrevistada por el diario español El País), o no prestar la suficiente atención a la versión de que “derribaron el muro porque los militares arrastraron tres cadáveres dentro de la planta”.

LA RAZÓN, recuerdan la politóloga y el periodista, fue “el único medio nacional que entrevistó a los protagonistas en los días inmediatamente posteriores a los hechos e incorporó su versión a los reportes”. (Página 192) Por esto de no acudir a estas fuentes, cundió la desconfianza hacia los medios nacionales, apuntan los autores; su mayor confianza en los medios extranjeros.

No deja de señalar el informe del GIEI que hasta el humor gráfico fue alcanzado por la polarización política, poniendo como ejemplo la salida (temporal) de Al-Azar de LA RAZÓN en diciembre de 2019. “Ni siquiera el humor y la ironía tuvieron espacio o perdón. El 3 de diciembre, el caricaturista conocido por su pseudónimo Al-Azar, 460 del periódico La Razón, dejó de publicar sus caricaturas, luego de recibir amenazas”.

(*) Iván Bustillos es periodista de La Razón

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Se mantiene ‘sin fecha’ la consideración de los juicios de responsabilidades contra Áñez

Las cuatro proposiciones acusatorias están ‘estancadas’ en la Comisión mixta de Justicia Plural de la Asamblea, que debía considerar el tema la semana pasada.

Jeanine Áñez está detenida desde el 13 de marzo. Foto de archivo: APG.

/ 14 de septiembre de 2021 / 10:26

El segundo secretario de la Comisión de Justicia Plural del Senado, Walter Justiniano (Comunidad Ciudadana-CC), ratificó que no hay ningún indicio de que en lo inmediato se considere en la Comisión Mixta de Justicia Plural las proposiciones de juicio de privilegio contra la expresidenta Jeanine Áñez.

En entrevista con La Razón Radio, Justiniano hizo notar la peculiar forma en que se dejó de considerar las proposiciones en dicha comisión mixta.

Contó que primero el Movimiento Al Socialismo (MAS) aceleró la aprobación de los juicios antiguos en la comisión conformada por senadores y diputado (20 juicios), todo para considerar las cuatro proposiciones contra Áñez. Pero, el día señalado por los propios legisladores masistas para tratar el tema, el miércoles 8, sin previo aviso, en seco se suspendió dicha sesión.

“El MAS frenó el ingreso (el tratamiento, en realidad) a la comisión de las proposiciones”, detalló el senador opositor.

Justiniano cree que la suspensión de la sesión tiene relación con el anuncio, el mismo día, del ministro de Justicia, Iván Lima, de llevar adelante un proceso de 90 días de preparación de la reforma judicial; una de las mayores demandas de CC, apuntó.

Las cuatro proposiciones acusatorias contra Áñez son: el daño económico que habría causado un crédito del FMI no aprobado por la Asamblea Legislativa; el decreto supremo que a nombre de la lucha contra la pandemia de COVID-19 atentó contra la libertad de expresión; la prórroga que se califica de ilegal de una concesión estatal a la privada Fundempresa; y, la más reciente y grave, la responsabilidad de Áñez en las masacres de Sacaba y Senkata en noviembre de 2019.

Hasta el momento, reveló Justiniano, no hay ninguna señal de parte del oficialismo de convocar a la sesión de Comisión Mixta de Justicia Plural. Por lo menos aquí —indicó— no se trata de una falta de consenso con la oposición para aprobar las proposiciones acusatorias, pues el MAS tiene la mayoría suficiente para hacerlo.

Una vez que los juicios sean aprobados en la comisión mixta, deben pasar al plenario, donde sí se precisa de los dos tercios de los miembros presentes para dar curso a los juicios de responsabilidades.

Lo peculiar en esta instancia es que se permiten sólo dos votaciones, y si a la segunda no se alcanza los dos tercios de aprobación, el caso es automáticamente archivado, por lo menos durante la presente gestión.

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GIEI: Se debe repensar la relación DDHH-represión

Además de regular el uso de la fuerza por la Policía y las FFAA, se exige que éstas revisen sus principios en DDHH

Represión conjunta, policial y militar, el 15 de noviembre de 2019 en el puente Huayllani, Sacaba

Por Iván Bustillos

/ 12 de septiembre de 2021 / 17:03

El punto sobre la i

Aparte de las recomendaciones y reclamos que el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) les hace a la Fiscalía y a los jueces para lograr justicia a las víctimas de la crisis política de 2019, es a las Fuerzas Armadas y a la Policía que dirige su mayor interpelación a revisar, repensar y rediseñar su rol como la fuerza de seguridad del Estado, como la “violencia legítima del Estado”, a la hora de reprimir desbordes sociales, de restituir el orden público, de ser garantía, con el uso de la fuerza, de la vigencia de los derechos humanos.

No es poco esta exigencia. Buena parte del “Informe sobre los hechos de violencia y vulneración de los derechos humanos ocurridos entre el 1 de septiembre y el 31 de diciembre de 2019”, presentado por el GIEI a mediados de agosto, se refiere precisamente a la forma en que actuaron la Policía y las Fuerzas Armadas en la restitución del orden público durante la crisis de fines de ese año.

No es poco que en su primera conclusión el GIEI diga que “la Policía y las Fuerzas Armadas, de modo separado o en operativos conjuntos, usaron la fuerza de modo excesivo y desproporcionado, y no previnieron adecuadamente los actos de violencia, dejando desprotegidos a los ciudadanos y ciudadanas”; y que en la quinta expresamente diga que si hay dos instituciones necesarias para el funcionamiento de la democracia y que hasta ahora no han sido reformadas acorde con el desarrollo político y social de los últimos tiempos, como auténticos rezagos democráticos, sean “la administración de justicia y las fuerzas de seguridad”. Ambas, “directamente conectadas con la vigencia de los derechos humanos, quedaron rezagadas en el proceso de cambio. Los ciudadanos no confían en ellas, las perciben hostiles, lejanas a sus realidades e intereses y reproductoras de discriminación”, sentencia el GIEI.

EXHORTOS. Cuatro de las 36 recomendaciones que hace el GIEI al país se refieren a las señaladas fuerzas de seguridad, la Policía y las Fuerzas Armadas. Vale la pena recordarlas:

“13. Que cada una de las instituciones públicas preste la más amplia colaboración para esclarecer la verdad y adelantar las investigaciones. En especial, que las Fuerzas Armadas remitan al Ministerio Público y al órgano judicial toda la documentación relevante relacionada con la planificación, ejecución y evaluación de los operativos realizados durante el periodo relativo a este informe”.

“19. Adecuar normas, procedimientos y estructuras de la Policía y de las Fuerzas Armadas para fortalecerlas como instituciones esenciales del Estado democrático de derecho. Estas instituciones deben estar subordinadas al poder civil, y sometidas a controles internos y externos y a reglas de transparencia y rendición de cuentas”.

“20. Crear un mecanismo independiente, dentro de la estructura del Estado, que monitoree el uso de la fuerza y la actuación de las instituciones de seguridad en el contexto de manifestaciones y protestas sociales, conforme a lo referido en el Capítulo VII de este informe”.

“21. Adoptar protocolos y normas precisas, integrales y transparentes que regulen la actuación de las fuerzas de seguridad del Estado en las protestas sociales. Particularmente, que estos protocolos y normas a) definan como objetivo de la actuación de estas fuerzas asegurar el más amplio, libre y pacífico ejercicio posible de los derechos asociados a la protesta social; y b) establezcan la proporcionalidad estricta en el uso de la fuerza, como principio fundamental de la actuación de las fuerzas de seguridad del Estado”.

En lo que sigue se hace un apretado resumen de las observaciones que hizo el GIEI a determinadas actuaciones de la fuerza pública boliviana en respuesta a la crisis de 2019.

Si bien del 21 de octubre al 10 de noviembre de 2019 solo es la Policía la que enfrenta el control o represión de las distintas movilizaciones sociales, tanto en contra como en defensa del gobierno del presidente Evo Morales, la actuación de la fuerza pública que amerita mayor atención es desde el 11 de noviembre, cuando oficialmente empiezan las operaciones conjuntas de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional.

DERECHO. Y he aquí el primer llamado de atención a las fuerzas del orden sobre su forma de reaccionar ante una protesta social. Antes que enfrentar una movilización, frenarla y dispersarla, que es lo que se acostumbra, el GIEI más bien recuerda que preservando el derecho a la protesta, el deber de la fuerza pública más bien es “asegurar su desarrollo pacífico”.

El 12, 13 y 14, los militares realizaron acciones conjuntas con la Policía.

“El contraste y análisis de las diferentes fuentes de información recogidas por el GIEI permiten concluir que las fuerzas de seguridad actuaron de forma irrazonable y arbitraria en el operativo conjunto en la avenida Petrolera de Cochabamba, realizado para contener la movilización política de mujeres y hombres del sur de la ciudad. En lugar de acompañar la marcha como expresión del derecho a la protesta y asegurar su desarrollo pacífico, contuvieron su avance. Hubo detenciones arbitrarias y violencia contra manifestantes y personas aprehendidas durante la retención policial”.

Luego, un hecho que reiteradamente preocupa al GIEI (porque lo registra en prácticamente todos los testimonios de quienes fueron detenidos) es la suerte de naturalización de la tortura, el maltrato al aprehendido como una consecuencia lógica de su detención en acto de protesta.

MAMANI. Aquí, es emblemático el relato de la muerte de Juan José Mamani Larico, en Cochabamba. “En la detención de Juan José Mamani Larico, los policías actuaron con violencia, golpeando con sus armas a los detenidos, que no ofrecieron resistencia, y pateándolos. Como los detenidos eran muchos, la Policía los entregó a los militares, quienes los transportaron hacia las unidades policiales en camiones. En el vehículo militar continuaron los malos tratos a las personas aprehendidas, que fueron objeto de patadas, pisadas y agresiones con las armas. Los detenidos fueron obligados a tumbarse unos encima de otros, lo que sofocaba a los que estaban debajo. Mamani Larico estuvo en una situación de sofocamiento por largo tiempo y, cuando gritó que no podía respirar, fue golpeado en el costado y en la frente. El camión que lo transportaba, después de recoger a diversas personas en la avenida Petrolera, recorrió un largo camino hasta Sacaba, antes de llegar a la UTOP de la Muyurina. Cuando los presos fueron bajados del camión, Mamani Larico ya no se movía”. (Informe del GIEI, página 82)

De 27 varones y una mujer detenidos en El Alto la noche del 11 de noviembre y llevados a la Estación Policial Integral (EPI) 3, y con base en testimonios recogidos por el propio GIEI, los Expertos “advierten”contra los siguientes modos de tortura:

– Golpes (puñetazos y patadas) en varias partes del cuerpo;

– Golpes con el uso de bastones (toletes) y culatas de armas de fuego;

– Choques eléctricos con armas tipo “taser”;

– Sofocamiento con gas lacrimógeno;

– Obligación de permanecer de rodillas con las manos en la nuca por horas;

– Cubrimiento de los ojos con vendas o bolsos plásticos;

– Inmovilización con manos y pies amarrados;

– Privación de agua y alimentación;

– Privación del uso del baño.

– Mantenerse apoyado en un solo pie y con las manos detrás de la cabeza; si se pierde el equilibrio, la persona es golpeada;

– Mantenerse de rodillas;

– Desnudarse;

– Golpes corporales (patadas);

– Hacer ejercicio físico ( flexiones) hasta el agotamiento;

– Amenazas de muerte, incluso con el uso de cuchillos.

“Algunas de las personas detenidas fueron llevadas a un cuarto de baño de la oficina de la EPI y refieren que la Policía los gasificó. En algunos casos vomitaron y en otros casi desfallecieron. Todas las personas entrevistadas confirman que, cuando intentaban hablar, eran agredidos y agredidas y no les era permitido clarificar ninguna información. Además de la tortura física, las personas detenidas fueron agredidas verbalmente, como ‘masistas de mierda’, ‘maleantes’ y ‘asesinos’. Se les decía que pidieran ayuda a ‘su papá Evo’ y eran amenazados y amenazadas de muerte”, complementa el Informe (páginas 126, 127 y 128).

Un llamado de atención especial que hace el GIEI es sobre la configuración conceptual que hacen los uniformados del conflicto y que está contenida en los planes de operaciones de las fuerzas de seguridad.

En el “Plan de Operaciones ‘Seguridad’ 4/19” se justifica la intervención de las Fuerzas Armadas por la situación de Bolivia, “reflejada en los resultados de las elecciones nacionales”, que generaron un paro indefinido, “convocado por los comités cívicos y la población en general, causando un bloqueo a nivel nacional”.

El documento militar agrega — continúa el GIEI— que la presión social y “los diferentes escenarios” originaron un motín policial “que puso en peligro la seguridad interna del Estado”. Finalmente, refiere que ante la “escalada de los conflictos”, las Fuerzas Armadas “ordenan la ejecución del plan ‘Sebastián Pagador’ con la finalidad de resguardar la paz social y garantizar los servicios públicos esenciales”.

HIPÓTESIS. Y he aquí que “La ‘hipótesis’ que planteaba el plan operativo para Cochabamba, elaborado por el comandante del Comando Estratégico Operacional, era que organizaciones sociales y grupos de manifestantes en el país, que no alcanzaron a lograr objetivos políticos o sectoriales, iniciarían ‘sus medidas de presión con mayor grado de violencia llegando a conformar grupos armados’”. (Informe, página 88)

La Policía, por su parte, actuó bajo el Plan de Operaciones 30/2019, “Operaciones Conjuntas Policial-Militar para el restablecimiento del orden público”, del 12 de noviembre de 2019, firmado por el entonces general Vladimir Yuri Calderón Mariscal, comandante general de la Policía.

“En este plan también se establecía que la primera y segunda líneas de las operaciones estarían conformadas por la Policía, específicamente por grupos tácticos antimotín. La tercera con equipos de combate antidisturbios, y la cuarta línea con patrulla de combate con armamento y munición no letal, de responsabilidad de las Fuerzas Armadas. Se indica como fecha de inicio de las operaciones conjuntas el 11 de noviembre”. (Informe, página 89)

El GIEI, sin embargo, detalla en su Informe que pudo “verificar que, desde el día 11 de noviembre, participaron helicópteros en los operativos, lo que fue posible corroborar con las bitácoras de vuelo. Los informes militares señalan que se realizaron misiones de reconocimiento de bloqueos los días 11, 15, 23 y 24 de noviembre de 2019 en Cochabamba. El GIEI advierte que a partir del 11 de noviembre comienzan las operaciones conjuntas, con detenciones masivas en las ciudades y municipios aledaños. Según la Defensoría del Pueblo, en siete días de operaciones fueron detenidas 848 personas”.

Y, algo central para comprender los hechos: “El GIEI advierte que en los operativos militares se utilizó armamento que no corresponde a operaciones de mantenimiento de orden público, como fusiles FAL y pistolas de 9 mm, a pesar de que el Plan de Operaciones contemplaba el uso de armamento no letal”.

El GIEI recuerda que un documento central para la operatividad de las Fuerzas Armadas fue el comunicado que emitió el 10 de noviembre: “Cumpliendo el mandato constitucional y las leyes en actual vigencia donde señalan que las únicas instituciones autorizadas a portar armas son las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, el mando militar ha ordenado la ejecución de operaciones militares aéreas y terrestres para neutralizar a grupos armados que se encuentren actuando fuera de la ley”.

En lo relativo al Plan de Operaciones 04/19 de intervención en el puente Huayllani (Sacaba) el 15 de noviembre, el GIEI destaca que “los mandos identificaron como una especial amenaza ‘el ingreso de 5.000 a 6.000 cocaleros del trópico de Cochabamba, cuyo objetivo era cercar la ciudad’, por lo que se dispuso el control de todas las vías de acceso a la ciudad”.

EVALUACIÓN. En la “evaluación analítica” de lo que pasó en la masacre de Sacaba, el GIEI remarca:

– “Las Fuerzas Armadas y la Policía fueron responsables por graves violaciones de los derechos humanos en el operativo realizado en Sacaba el 15 de noviembre de 2019”.

– “Inicialmente, la prohibición absoluta de que la marcha entrara en la ciudad de Cochabamba fue indebida. El Estado no debía impedir una manifestación pacífica y tenía el deber de garantizar la seguridad y de prevenir enfrentamientos entre grupos antagónicos”.

– “Tenía la obligación de adoptar medidas para evitar el paso de personas que pudieran estar armadas, pero sin prohibir el ejercicio del derecho de reunión y de expresión de los manifestantes”.

– “El uso de un avión caza militar era injustificable en el contexto, pues no es el medio adecuado para operaciones de observación ni de prevención de la violencia”.

– Dicho sobrevuelo atentaba contra cualquier negociación con los marchistas. Este hecho, dice el GIEI, “refuerza la perspectiva de que hubo un plan deliberado, por parte de las altas esferas de las Fuerzas Armadas, de provocar un enfrentamiento o por lo menos consentir que ocurriera”.

– “La gasificación fue innecesaria y desproporcionada. En el momento en que la Policía empezó a lanzar gases no había una situación de convulsión que necesitase ser controlada o dispersada. Por ello, el operativo policial no fue una respuesta a una agresión contra las fuerzas de seguridad o contra terceras personas, sino una activa demostración de fuerza para deshacer la concentración de manifestantes”.

– “Con el avance de las tropas policiales y militares hasta 200 m más adelante en la carretera hacia Sacaba, las fuerzas de seguridad adoptaron una estrategia de enfrentamiento y no de defensa del acceso a Cochabamba”.

– “Las pruebas indican, además, una mayor probabilidad de que las fuerzas policiales y militares del Estado actuaron con la intencionalidad de matar a las personas en la protesta, aunque estuviesen en fuga. En términos de la jurisprudencia de la Corte IDH, se podría, en ese caso, calificar las muertes como ejecuciones sumarias”.

En los hechos de Senkata, relievan los Expertos, la función de las fuerzas de seguridad sobre todo se concentró en la defensa de la planta de YPFB; este es el carácter del plan Sebastián Pagador, que tenía “por finalidad resguardar los servicios públicos esenciales para garantizar su funcionamiento”. (Comunicado emitido por las FFAA el 11 de noviembre de 2019)

Tras la salida hacia La Paz del convoy con combustible, y la protesta por ello por parte de los bloqueadores, la violencia se dasató con el derribo del muro perimetral de la planta y la reacción “desproporcionada” por parte de los uniformados.

“El análisis de los medios de prueba revela que el grupo de manifestantes que embistió contra el muro y la puerta de la planta YPFB de Senkata no superó a un centenar de personas”, destaca el Informe.

“El GIEI constató que, a partir del derribamiento del muro, las fuerzas de seguridad desarrollaron una operación de persecución violenta en contra de los manifestantes, el cual resultó en un conjunto de ejecuciones sin amparo legal, a lo largo de seis horas, no solamente en la avenida 6 de Marzo y en el área directamente aledaña a la planta de YPFB, sino también en los alrededores”.

(*)Iván Bustillos es periodista de La Razón.

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