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jueves 26 nov 2020 | Actualizado a 05:42

Lea el discurso de posesión completo del presidente Luis Arce

El discurso de posesión del presidente Luis Arce duró casi media hora.

Foto: ABI

Por La Razón

/ 8 de noviembre de 2020 / 13:52

¡Honor y Gloria a nuestros ancestros que siempre nos acompañan!

¡Honor y Gloria a todas y a todos los mártires de la liberación!

¡Honor y Gloria a los caídos en Senkata, Sacaba, El Pedregal!

¡Honor y Gloria a los héroes del pueblo que recuperaron la democracia!

Saludar al pueblo boliviano, al hermano Vicepresidente del Estado Plurinacional de Bolivia y Presidente de la Asamblea Legislativa Plurinacional, hermano jilata David Choquehuanca.

A los hermanos, Rey Felipe VI de España, Felipe de Borbón y Grecia; presidente de la República de Argentina, Alberto Fernández; presidente de la República de Paraguay, Mario Abdo Benítez; presidente de la República de Colombia, Iván Duque Márquez; presidente del Consejo de Ministros del Perú, Walter Roger Martos Ruiz; vicepresidente Segundo de España, don Pablo Iglesias.

A los cancilleres de la República Islámica de Irán, República Oriental del Uruguay, República Bolivariana de Venezuela y República de Chile. Almuhamed Al Jasmi’s, delegado de su alteza, jeque Jalifa bin Zayed bin Sultan Al Nahayan​, presidente de Emiratos Árabes Unidos.

A los parlamentarios de países hermanos, delegados oficiales de otros países que hoy nos acompañan. Secretarios generales de la CAN, Parlasur; Secretaria General Iberoamericana, ALBA, Banco Interamericano de Desarrollo; representantes de organismos internacionales, al cuerpo diplomático acreditado en Bolivia; observadores electorales; al Presidente de la Cámara de Senadores; al Presidente de la Cámara de Diputados; a todas las senadoras, senadores; diputadas, diputados.

Autoridades nacionales y subnacionales del Estado Plurinacional de Bolivia. Autoridades de los órganos del Estado. Alto Mando Militar y Policía. Expresidentes democráticos, autoridades religiosas y espirituales.

Ejecutivos de las organizaciones sociales, campesinas, indígenas y obreras. Representantes de partidos políticos, a la dirigencia y militancia del MAS- Instrumento Político Para la Soberanía de los Pueblos.

Saludar a la familia de nuestro hermano, jilata David Choquehuanca, y una salud muy especial para mi familia, para mi mamá Olga, mi esposa, Lourdes, mis hijos: Marcelo, Rafael, Camila.

Mis nietos y toda mi familia, a quienes hoy desde esta tribuna les agradezco por toda su paciencia y apoyo.

Durante los años que fui Ministro de Economía y Finanzas Públicas sacrifique muchos años con ustedes, para dedicarme a servir a nuestra patria, y hoy les pido cinco años más de paciencia y tolerancia.

‘El gobierno de facto’

Saludar con mucho afecto a todas las bolivianas y bolivianos que nos acompañan en este día histórico para el pueblo boliviano.

A partir del 10 de noviembre de 2019, después de 21 días en que se escamoteó la voluntad popular expresada en las urnas y que dieron un ganador Bolivia fue escenario de una guerra interna y sistemática contra el pueblo, especialmente contra los más humildes.

Las dos tareas que el gobierno de facto se impuso: pacificación del país y convocatoria inmediata a elecciones no se cumplieron, todo lo contrario. Se sembró muerte, miedo y discriminación, recrudeció el racismo y se usó la pandemia para prorrogar a un gobierno ilegal e ilegítimo.

La persecución y criminalización desatada por el régimen en contra de dirigentes del MAS-IPSP y de los movimientos sociales, en contra de mujeres y hombres humildes del pueblo, se tradujo en muertos, heridos, encarcelados, perseguidos, asilados y exiliados.

Sacaba, Senkata y El Pedregal son una prueba irrebatible de la brutalidad del régimen, pero también son símbolo de dignidad y resistencia junto a hombres como Carlos Orlando Gutiérrez Luna, gran dirigente minero que luchó con valentía por la recuperación de la democracia y que siempre vivirá en el corazón del pueblo.

Pero, como diría Marcelo Quiroga Santa Cruz, aquel líder socialista asesinado en otro golpe de Estado en 1980, no es el odio lo que impulsa nuestros actos, sino una pasión por la justicia.

‘Una nueva etapa’

Este 8 de noviembre de 2020 iniciamos una nueva etapa en nuestra historia, y queremos hacerlo con un gobierno que sea para todas y para todos, sin discriminación de ninguna naturaleza.

Nuestro Gobierno buscará en todo momento reconstruir nuestra patria en unidad para vivir en paz.

En este camino, la democracia es un valor fundamental de los pueblos y es la que se expresa de manera inequívoca la voluntad de la población y también es un eje ordenador de nuestra institucionalidad y de nuestra sociedad.

La democracia no sólo es el voto para elegir autoridades en todos los niveles, sino también elecciones abiertas, justas. Es la participación de todos y todos sin la exclusión de nadie, más aún de las mayorías sociales y nacionales culturales. Es la protección de los derechos civiles y políticos como la libertad de expresión y la libertad de organización. Es pluralismo polít6ico.

Todos estos requisitos para calificar un sistema de democrático fueron mutilados en un año de un gobierno de facto. Durante meses se llenaron la boca de democracia para unos, mientras se intentaba proscribir no sólo al MAS, sino al pueblo en su conjunto.

Desde la recuperación de la democracia en Bolivia, en 1982, que fue producto de la lucha del pueblo boliviano, nunca como hasta ahora se ha tendido que evidenciar una democracia mutilada de sus contenidos centrales. Una inmensa mayoría plurinacional enfrentó el peligro de la proscripción, la criminalización y la persecución.

Se estigmatizó a los movimientos sociales, a campesinos e indígenas y obreros. Se nos llamó de salvajes, de sediciosos, de terroristas. Se humilló a las mujeres de pollera, se quemó nuestra Wiphala, que es como quemarnos a nosotros mismos, como quemar nuestras raíces, desde sectores minoritarios de la población, como quedó en evidencia en las elecciones de octubre pasado se quería una democracia sólo para unos pocos.

En los hechos, estos sectores minoritarios levantan la bandera de la democracia sólo cuando les conviene, y cuando no, recurren a la desestabilización, a la violencia, a golpes de Estado para hacerse del poder.

Lamentablemente, algunos grupos quieren volver a la democracia excluyente, mutiladora de nuestra plurinacionalidad, en la que no participen aquellas mayorías que con el esfuerzo de su trabajo hacen posible la Bolivia de todos los días.

Sin embargo, a pesar de esas condiciones adversas, a pesar de que la participación del pueblo estuvo amenazada por la violencia del gobierno de facto y grupos paramilitares en las elecciones del 18 de octubre obtuvimos una histórica victoria en las urnas con más del 55%.

‘Somos mayoría’

Somos mayoría. Eso quiere decir que la población boliviana votó por la paz y la estabilidad, por la esperanza y la dignidad, por el rencuentro entre todos y todas las bolivianas y bolivianos.

Ese voto del 55.10% no es de Luis Arce ni David Choquehuanca. Ese voto es producto de la consciencia y la organización de un pueblo que no quiere libertad para unos cuantos, sino para todos. 

Es el voto de un pueblo que no quiere bienestar para unos cuantos, sino para todos; que no quiere alegría para unos cuantos, sino para todos.

Asumimos este mandato que nos da la población, el pueblo para trabajar incansablemente y con humildad por la reconstrucción de nuestra Patria, y nos comprometemos a rectificar lo que estuvo mal y a profundizar lo que estuvo bien.

En octubre de 2020 triunfó la democracia intercultural, triunfó la democracia que permite la deliberación y organización desde abajo y triunfó la democracia que traduce esa voluntad, esa fuerza creativa a través del voto, pero democracia es también materialización de los derechos contenidos en nuestra Constitución Política del Estado.

De nada sirve elegir a las autoridades mediante el voto si a la vez el pueblo al que se debe la democracia está privado de los derechos fundamentales, como los de acceso a la salud, a la educación, al trabajo, a los ingresos y a la vivienda.

Democracia es tener el derecho de disfrutar de la riqueza que es para todos y no para unos cuantos, y eso lo hicimos en 14 años y eso vamos a profundizar en nuestro Gobierno: la redistribución del ingreso, los bonos siempre irán de la mano de nuestra política económica.

Vamos a trabajar entre todos y todas para recuperar los niveles de crecimiento que el gobierno de facto hizo añicos, y lo haremos reduciendo la pobreza, así como las desigualdades económicas y sociales. Esos son los principios que guían nuestro modelo económico social comunitario productivo al cual retomaremos.

La ‘triple crisis’

Hoy nuestra Patria enfrenta una triple crisis iniciada en noviembre de 2019 con el golpe de Estado y profundizada con la pandemia.

La crisis política que generó un gobierno que no salió de las urnas ni del respeto de los reglamentos de la Asamblea Legislativa Plurinacional ni mucho menos de su apego a la Constitución Política del Estado.

La crisis sanitaria producto de la aparición de la pandemia mundial del COVID-19 en Bolivia, y a la que el gobierno de facto no pudo ofrecer ninguna respuesta integral adecuada.

La crisis económica derivada de la incapacidad del gobierno para generar estabilidad y crecimiento con justicia social, en un año se retrocedió en todas las conquistas del pueblo boliviano.

Hay quienes han argumentado que la situación actual es producto única y exclusivamente de la acción de ese enemigo silencioso llamado COVID-19, pero querer echarle toda la culpa a la pandemia de esta situación no es correcto, la crisis se venía conformando en el horizonte desde el golpe de Estado, tras el cambio abrupto de la política económica y se agudizó a raíz de los efectos de la crisis sanitaria.

Hoy nuestra economía nacional está en medio de una recesión profunda en la actualidad se tiene caída del PIB del 11,1%.

Según el dato publicado por el INE, al segundo trimestre de este año nuestro país pasó de liderar el crecimiento económico de Sudamérica durante seis años en el periodo entre 2006 y noviembre de 2019 a presentar la caída más fuerte de la economía en los últimos casi 40 años, del mismo modo el déficit fiscal programado para la gestión 2020 alcanza al 12,1% y se convierte en el más alto desde el periodo de la UDP, el déficit del sector público financiero a septiembre alcanza ya a 5,6%.

Por su parte, el TGN presenta un déficit programado ya del 8,7% explicado principalmente por el aumento del gasto corriente, ya que el déficit corriente del TGN alcanza al 8,1% de la presente gestión, estas cifras muestras que en tan solo un año de gestión económica del gobierno de facto  se pasó de una economía que privilegiaba a la inversión pública y a la redistribución del ingreso, a tener la necesidad de contraer deuda pública para pagar los sueldos y salarios del sector público, también hubo un drástico incremento del endeudamiento público, entre noviembre de 2019 y octubre de 2020.

El gobierno transitorio endeudó al país en más de 4.200 millones de dólares entre deuda interna y externa, destaca principalmente la contracción de deuda con el Banco Central de Bolivia por $us 1.900 millones aproximadamente y 800 millones a través de subastas públicas de bonos del TGN, en el ámbito de la deuda externa se comprometieron créditos externos por más de $us 1.500 millones para cerrar el año programaron un endeudamiento de Bs 4.400 millones adicionalmente en el mercado interno.

Las reservas internacionales netas disminuyeron en $us 881 millones entre noviembre de 2019 y octubre de 2020, lo que representa una caída del 13%, aproximadamente, a noviembre de 2019.

Las reservas internacionales se situaban en $us 6.459 millones de dólares y a octubre de este año se encuentran en sólo $us 5.578 millones; sólo en el mes de octubre las reservas disminuyeron en $us 777 millones.

El gobierno de facto deja una economía con cifras que no se veían ni en una de las peores crisis que sufrió Bolivia en el gobierno de la UDP en la década de los años 80 del siglo pasado, aumentó el desempleo, la pobreza y las desigualdades, tenemos ante nosotros el gran desafío de volver a reconstruir nuestra economía, de generar certidumbre, de generar crecimiento con redistribución del ingreso, de reducir las desigualdades económicas y sociales, pero estamos seguros que trabajando junto al pueblo lograremos una vez más superar las adversidades.

‘Un mensaje de esperanza’

Hoy estamos aquí para enviar un mensaje de esperanza a todas las naciones que conforman Bolivia, a esas mujeres y hombres valientes que salen día a día a luchar para superar esta difícil situación, ellos son el ejemplo para una clase política que debe pasar esta página oscura en su historia, mirar el presente con responsabilidad y compromiso y al futuro con optimismo, enfocándonos en un sólo objetivo, el vivir bien de todas y todos los bolivianos.

Por eso daremos continuidad a la construcción de una economía plural y diversas que recupere, fortalezca y promueva todo el potencial que tenemos, iniciativas y capacidades de Bolivia desde lo comunitario de los pueblos originarios y campesinos, lo estatal, privado, cooperativo y de la amplia diversidad y cultural.

Durante meses hemos planificado una serie de acciones para activar nuestra economía y se toma la dinamización de la economía interna. Tenemos grandes proyectos que vamos a poner en marcha gradualmente en los próximos meses, cumpliendo así nuestro compromiso de campaña con el pueblo, porque día que pasa sin tomar acción, día que se complica la situación de Bolivia.

Nuestra patria hoy más que nunca requiere esfuerzo y movilización sincronizada entre la sociedad civil y todos los órganos del Estado, entre el sector público y el sector privado; así, como entre las diferentes agrupaciones políticas.

A pesar de las diferencias estamos en la obligación de estar a la altura del pueblo, que nos demanda unidad, paz y certidumbre.

Unidad y complementariedad entre oriente y occidente, entre el campo y la ciudad. Todos somos Bolivia, debemos poner fin al miedo en Bolivia.

Creo en la justicia, no en fomentar un ambiente de resentimiento y de venganza, que no respete la diversidad de pensamiento, en donde ser de otro partido o color político te hace ser objeto de odio.

Eso debe acabar. Creo y apoyo el refuerzo, la institucionalidad del Estado y en generar un ambiente seguro y estable donde los únicos que deben temer son los infractores, los criminales, los violentos y los que cometan actos de corrupción.

Nuestro Gobierno trabajará orientado en el presente y futuro, sirviendo al pueblo boliviano, a intereses colectivos y no intereses mezquinos individuales.

‘Somos una nación soberana’

Desde esta tribuna en la que se concentra la voluntad democrática de nuestro pueblo, también quiero dirigir a la comunidad internacional, a las hermanas y hermanos de otros países que hoy nos visitan. Somos una nación soberana, con un Gobierno nacido en las urnas y nuestra voluntad es la de trabajar por un mundo multipolar, en el que no exista la supremacía de ninguna potencia y en la que todos los estados y seres humanos vivamos sin miedo, sin guerras, sin odios, sin saqueo de nuestros recursos naturales; sin la explotación, sin racismo y discriminación; sin amenazas, sin presiones de ninguna naturaleza.

Asumimos con fuerza hoy más que nunca los principios de la autodeterminación de los pueblos, la no intervención, el no alineamiento y la plena igualdad jurídica y política de todos los estados sin ninguna forma de subordinación.

Apostamos por una integración emancipadora y no subordinada que considere todos los ámbitos de la vida, desde la salud, la educación hasta la económica comercial.

Reivindicamos la integración Sur- Sur en un mundo globalizado en que no se imponga designios desde el Norte.

Propugnamos la unidad política de la diversidad de América Latina y el Caribe, la CELAC es la mejor vía para conquistar tan noble e histórica causa.

Volvemos a ser nuestra resolución de la CELAC de la 2014, cuando declaramos a América Latina y el Caribe como un territorio de paz.

Levantamos la bandera de la diplomacia de los pueblos por la vida y de un mundo sin muros. Debemos poner fin a todo aquello que nos impide reconocernos como iguales, como hermanas, como hermanos.

En la subregión, planteamos la recuperación de la Unasur como espacio de integración y un mecanismo de concertación política en la que nos encontremos todos, independientemente de la orientación política de los gobiernos.

‘Asumo la Presidencia con humildad’

Querido pueblo de Bolivia, estoy hoy frente a todos ustedes con mucha emoción, pero con un enorme sentido de responsabilidad que nace del amor que le tengo a nuestra Patria, a nuestras raíces y al pueblo, pero también las promesas asumidas ante esta campaña política, por eso quiero reafirmar desde aquí mi compromiso de honrar cada una de ellas.

Asumo la Presidencia del Estado Plurinacional de Bolivia con mucha humildad, con mucha honra y con mucho agradecimiento por la confianza depositada en nosotros.

Gobernaremos con responsabilidad e inclusión, representándolos a todas y todos, afrontando los cambios necesarios con el objetivo de que Bolivia vuelva a la senda de la estabilidad lo antes posible.

Hoy afrontamos el enorme reto de tener que escribir unido a las letras que definirán los próximos cinco años de nuestra historia, esperando ser recordados como el Gobierno en el que el pueblo boliviano se levantó para recuperar la democracia, la dignidad, la paz, el crecimiento y la justicia social.

Trabajaremos incansablemente sirviendo al pueblo boliviano. Venceremos a la pandemia, triunfaremos sobre la crisis como ya lo hicimos en años anteriores, porque somos un pueblo luchador, perseverante y valiente que mira sin miedos y con optimismo y con la fuerza de saber que nosotros somos capaces de conseguir.

En mi recorrido por toda Bolivia, junto con el hermano jilata David, he sentido el dolor, pero también la esperanza de millones y millones de bolivianos y bolivianas.

No olvidaré nunca las lágrimas, los abrazos, las sonrisas, las palabras de fuerza que me dieron en todo momento, ni las historias personales que me compartieron en cada lugar por el que pasé.

No olvidaremos los anhelos de quienes sean visto tan afectados en este año fatídico marcado por el golpe a la democracia y por esta cruel pandemia.

Sus rostros, sus voces, su cariño y esperanza estarán siempre presentes hoy conmigo y me acompañarán en todo momento durante los próximos cinco años.

Por mandato de ustedes, queridas hermanas y hermanos, asumo con mucha humidad y responsabilidad la Presidencia del Estado Plurinacional.

Miro el pasado, todo lo que vivimos y superamos. Levanto mis ojos y veo que una Bolivia mejor es posible, con la participación y el trabajo de todas y todos los bolivianos.

Caminemos en paz, lado a lado para lograrlo. ¡Vamos a salir adelante!

¡Que viva el Estado Plurinacional de Bolivia!

¡Honor y gloria al pueblo boliviano!

Muchas gracias.

(Fuente: Ministerio de la Presidencia)

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Reformar la justicia

Estamos pues ante un enorme e impostergable desafío como país, que no será sencillo ni de corto plazo.

Por La Razón

/ 25 de noviembre de 2020 / 06:49

Ya es un lugar común sostener que la administración de justicia en el país requiere una reforma profunda e impostergable. Se trata de una asignatura pendiente del proceso de democratización y de refundación estatal. Así, es fundamental reconstituir el Órgano Judicial para asegurar su independencia. Y por supuesto que el cambio también debe llegar al Ministerio Público.

Como parte del camino de modernización institucional en los años 90 del siglo pasado, y del proceso de refundación del Estado en el marco de la nueva Constitución Política aprobada en referéndum en 2009, se impulsaron importantes reformas en el sistema judicial. No fueron suficientes. Cada día constatamos que el sistema, en lugar de brindar justicia, está al servicio del gobierno de turno, de poderes fácticos, de quienes pueden pagar. Es un sistema que, con excepciones, administra injusticia.

Más que reforma, en realidad se requiere una transformación estructural. Está comprobado que la elección popular de las altas autoridades jurisdiccionales no condujo a un mejor ejercicio de la función judicial. Es un asunto a debatir, pues implica modificar la Constitución. Claro que el problema no radica solamente en la forma de selección de las cabezas del Tribunal Supremo de Justicia, el Consejo de la Magistratura, el Tribunal Constitucional Plurinacional y el Tribunal Agroambiental.

La cirugía mayor que requiere el sistema de administración de justicia en Bolivia pasa por un conjunto de cambios en el diseño institucional y en el marco constitucional y normativo, pero en especial en la cualidad y desempeño de sus principales operadores (magistrados, jueces, fiscales, abogados). Es imprescindible que la potestad de impartir justicia responda a los principios señalados en la Constitución: independencia, imparcialidad, probidad, celeridad, gratuidad, respeto a los derechos, entre otros.

El Ministerio de Justicia, a través de su titular Iván Lima, ha planteado diferentes iniciativas para encarar esta asignatura pendiente, como la aprobación de un paquete de leyes, la conformación de una comisión de expertos, la elección de nuevos consejeros de la Magistratura (incluido ultimátum para la renuncia de los actuales). Claro que la transformación estructural de la Justicia no puede ser obra exclusiva de una cartera del Estado: se requiere un amplio acuerdo nacional con participación ciudadana.

Estamos pues ante un enorme e impostergable desafío como país, que no será sencillo ni de corto plazo. La administración de justicia debe reformarse de manera sustantiva. Ello implica transformar las diferentes jurisdicciones (en especial la ordinaria), así como la justicia constitucional. Supone también reformar a fondo el Ministerio Público. Y es ineludible asumir plenamente el horizonte de pluralismo jurídico con interculturalidad. Sin justicia independiente, con equidad, no hay Estado de Derecho.

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Cultura y arte

Las tareas referidas a la interculturalidad, así como a la descolonización y su otra cara, la despatriarcalización, merecerán una atención especial.

Por La Razón

/ 23 de noviembre de 2020 / 02:13

Con la posesión, días atrás, de Sabina Orellana Cruz como ministra de Culturas, Descolonialización y Despatriarcalización, no solo se ha repuesto una cartera de Gobierno de gran importancia estratégica, sino también se ha repuesto el canal institucional para producir y ejecutar políticas de fomento a las artes, tarea súbitamente interrumpida durante el gobierno transitorio.

Es evidente que las tareas referidas a la interculturalidad, así como a la descolonización y su otra cara, la despatriarcalización, merecerán una atención especial, dadas las necesidades de transformación de la sociedad, que no solo no ha podido superar viejas prácticas de racismo y discriminación, sino que en algunos casos las ha profundizado y actualizado durante los casi 12 meses de gobierno transitorio.

Lo que no es tan evidente es el tipo de apoyo que merecerán las y los artistas del país, que no tienen Viceministerio que se encargue de las manifestaciones artísticas de la cultura y deben superar toda clase de obstáculos para merecer reconocimiento no solo a su obra, sino a su labor como creador de cultura y por tanto, tan digno de seguridad financiera como cualquier otro trabajador.

Casi coincidiendo con la restitución del Ministerio de Culturas, el Gobierno Municipal de La Paz anunció el lanzamiento del seguro de vida para artistas, una iniciativa desarrollada con apoyo de la Cooperación Suiza y esfuerzo del colectivo Todos Somos Culturas, que consiste en pólizas que cubren a las y los creadores artísticos a cambio del pago de una cuota mensual durante 10 años.

El acto de lanzamiento del seguro, que se anuncia como parte de un Programa de Fortalecimiento al Sector Cultural de La Paz, “Munasiña Pacha” (Tiempo de querernos y ayudarnos), sirvió para que representantes de diversos sectores de artistas, incluyendo escritores, músicos y artistas plásticos reflexionen sobre la precariedad en la que la mayoría de las y los creadores desarrollan su trabajo, situación que se agravó durante los meses de pandemia que hicieron prohibidos los actos públicos, en los que es posible el comercio de arte.

Hace falta, expresaron las y los artistas, políticas e incentivos, pero también una nueva mirada desde la sociedad, que en muchos casos sigue considerando el trabajo artístico como pasatiempo o actividad voluntaria, incluso a pesar de que la cuarentena impuesta a causa de la pandemia hizo que muchas personas redescubrieran la importancia del arte en sus vidas.

El Presidente del Estado ha enfatizado en la función estratégica que cumple el flamante Ministerio de Culturas, Descolonización y Despatriarcalización; ahora toca que quienes están en la cabeza de éste desarrollen no solo discursos y posiciones, sino una mirada integral de la cultura y sus múltiples manifestaciones, incluyendo aquellas que alimentan el alma de las personas que las consumen, pero también el cuerpo de quienes las producen.

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El factor dos tercios

Uno de los principios constitutivos de la democracia, además de la soberanía popular y la representación política, es el principio de la mayoría con reconocimiento de las minorías.

Por La Razón

/ 22 de noviembre de 2020 / 01:35

La intempestiva reforma de los reglamentos del Senado y de la Cámara de Diputados, que alteró la regla decisoria en varios artículos, repuso en el debate político el tema de los dos tercios y la relación entre mayoría y minorías. El polémico legado de la saliente bancada del MAS sigue en agenda, aunque la nueva Asamblea Legislativa Plurinacional ya asumió los reglamentos modificados.

Uno de los principios constitutivos de la democracia, además de la soberanía popular y la representación política, es el principio de la mayoría con reconocimiento de las minorías. Ello implica que, en ausencia de unanimidad o consenso, las decisiones se toman por mayoría. Si bien en principio este criterio, bastante lógico, puede verse como una cuestión aritmética, en el fondo expone diferentes “modelos” de democracia. No es lo mismo que decida solo la mayoría a que lo haga el mayor número posible de voces.

Respecto a las reglas decisorias, la mayoría puede adoptar diferentes formas: mayoría relativa o simple (el mayor número de votos respecto a los obtenidos por otras opciones), mayoría absoluta (la mitad más uno de los que eligen o deciden) o alguna mayoría especial o calificada (dos tercios, tres quintos, cuatro séptimos). Si bien la mayoría absoluta es la regla más utilizada, se espera que decisiones estructurales se tomen por mayoría especial. Ello se instituye en el marco constitucional y normativo.

En la legislación electoral boliviana se establece la regla de mayoría simple para la elección de alcaldes, en tanto que la mayoría absoluta es aplicada para la elección del binomio presidencial y los gobernadores. En el ámbito de la ALP, por mandato constitucional, algunas autoridades son elegidas por dos tercios: vocales electorales, contralor general, defensor del pueblo, fiscal general del Estado. La mayoría especial rige también para otras decisiones sustantivas, como la ley de reforma constitucional.

En general, es evidente que las decisiones en democracia y en un Estado de Derecho, como la aprobación y sanción de leyes, se toman por mayoría absoluta. Las decisiones que requieren mayoría especial en la Asamblea Legislativa Plurinacional, como los dos tercios, están señaladas de manera específica e inequívoca en 13 artículos de la Constitución Política. Todos ellos, sin excepción, se mantienen inalterables en los reglamentos camarales. No procede, pues, ningún recurso de inconstitucionalidad.

Como sea, más allá de las reglas, lo esencial en democracia es que la mayoría (siempre circunstancial) respete y reconozca los derechos y expresiones de las minorías. Es fundamental también que la mayoría pueda decidir sin el bloqueo o veto de las minorías. Se juegan en ello criterios de eficacia decisoria y de representatividad. En temas relevantes, antes que imponer, siempre será preferible la deliberación, el equilibrio, la construcción de acuerdos. Mayoría (relativa, absoluta, especial) es democracia.

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El retorno de la educación pública

Sería intolerable que las generaciones futuras sigan siendo perjudicadas por la impericia y el abandono del Estado en un momento de grandes desafíos para la sociedad boliviana.

Por La Razón

/ 21 de noviembre de 2020 / 07:35

La clausura intempestiva del año escolar fue una de las medidas más cuestionables de la anterior gestión. Uno de los grandes retos del gobierno de Arce consiste en diseñar y ejecutar oportunamente una estrategia audaz para que el Estado vuelva a cumplir con su deber básico de brindar servicios de educación pública, incluso en situaciones de emergencia.

La educación es seguramente uno de los servicios a la sociedad de mayor relevancia que el Estado debe garantizar a sus ciudadanos sin ninguna distinción. Es un elemento crítico para el desarrollo integral del país y un poderoso factor para atenuar las graves desigualdades e injusticias en el acceso a oportunidades económicas que lamentablemente aún persisten en Bolivia.

Es además una cuestión de gran relevancia para las familias de todas las condiciones que se preocupan del futuro de sus hijos e hijas. Está en el corazón de lo que la mayoría entiende como un motor básico para alcanzar la justicia y la equidad social. Por estas razones, es indudable que existe hoy una gran inquietud y expectativa social por una pronta reanudación de los procesos educativos.

En su momento, resultó incomprensible la incapacidad de las instituciones para implementar una estrategia que pudiera garantizar, aunque sea un mínimo de contenidos educativos para los millones de estudiantes obligados a quedarse en casa por la pandemia. El argumento que justificaba ese fracaso institucional fue la inexistencia de un acceso a una señal de internet suficiente y de bajo costo. Sin embargo, en similares condiciones y en medio de la pandemia, se vio el esfuerzo que países con características comparables hicieron para mantener al menos algunos servicios educativos no solo recurriendo a internet, sino aprovechando nuevamente la radio o la televisión públicas como bases de transmisión de contenidos educativos. Lo lamentable y a su vez paradójico es que en Bolivia han existido muy valiosas experiencias de educación radiofónica popular desde hace muchos decenios que dejaron una tradición que puede ser renovada con decisión y políticas claras.

Así pues, las nuevas autoridades del sector tienen hoy la gran responsabilidad de no fallar en esta dimensión de las urgencias del país, pues sería intolerable que las generaciones futuras sigan siendo perjudicadas por la impericia y el abandono del Estado en un momento de grandes desafíos para la sociedad boliviana.

La problemática de la educación en medio de la pandemia preocupa a gran parte de la región y del mundo. No se trata de inventar la pólvora, hay una enorme experiencia internacional ya probada en estos meses de la pandemia de brindar educación con instrumentos digitales, radiofónicos, televisivos o con nuevos esquemas de organización del trabajo presencial en las aulas. Es decir, hay varias lecturas y experiencia concretas, pero es imprescindible que se le asigne una máxima prioridad a este vacío y que se disponga de los mejores recursos del Estado para resolverlo. Se trata de un compromiso del presidente Arce que la sociedad espera que cumpla a cabalidad.

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El modelo extractivista no es sostenible, porque hace al país vulnerable

Jan Souverein director y representante de la Friedrich-Ebert-Stiftung (FES) habla de los desafíos político-económicos que presenta la Bolivia actual. Asimismo, comparte la importancia de los trabajos, hechos por investigadores de la FES, que se difunden los domingos con LA RAZÓN.

Por La Razón

/ 20 de noviembre de 2020 / 13:33

Entrevista

La Friedrich-Ebert-Stiftung (FES) se estableció en Bolivia a finales de los años 80 como el Instituto Latinoamericano de Investigaciones Sociales-ILDIS, abriendo su primera oficina en enero de 1985. Desde entonces, ha acompañado activamente el proceso de democratización en el país. El objetivo de la FES es contribuir al fortalecimiento del desarrollo y la democracia, ofreciendo un espacio plural para que diversos actores políticos, sociales e institucionales puedan reflexionar sobre los problemas más relevantes para el país, a fin de generar aportes para sustentar una cultura política que tienda a consolidar la democracia boliviana. El foco central es la consolidación de una democracia participativa, pluralista y social.

A nivel internacional, la Friedrich-Ebert-Stiftung (FES), fundada en 1925, es la fundación política más antigua de Alemania. Esta institución se creó como legado político del primer presidente alemán elegido democráticamente, Friedrich Ebert, a quien debe su nombre y los principios que la rigen. El trabajo de esta institución se rige por los valores fundamentales de la democracia social: libertad, justicia y solidaridad. La institución, sin fines de lucro, diseña sus actividades de un modo independiente y autosuficiente. El director y representante en Bolivia, Jan Souverein, explica del trabajo, apuestas y propuestas que desarrollan en Bolivia.

–¿Qué acciones realizan desde el FES-ILDIS para aportar a la democracia?

  • En los 80 tuvimos una importante contribución en la construcción democrática ya que teníamos un rol como plataforma para el diálogo con preguntas relacionadas al pensamiento democrático en Bolivia. Hoy en día, seguimos trabajando especialmente en el espíritu del diálogo plural y me parece el aporte más importante que ofrecemos con plataformas y espacios de diálogo con diferentes actores que quizá en el discurso público no dialogan tanto, pero aquí se busca dar esta oportunidad. En este momento, nuestro trabajo se divide en tres grandes líneas: Democracia, Desarrollo sostenible y Justicia social.

–¿Cuán importante es el diálogo para contribuir a la madurez democrática?

  • Para llegar a la madurez democrática se necesita tener una profunda y robusta cultura democrática, pero no es nada fácil construirla y mantenerla. El elemento principal para ello es la apertura al diálogo y eso implica reconocer y escuchar al otro. Allí hay tareas pendientes y mucha gente cae en la tentación de desestimar al otro y no querer oírlo. Tanto en la práctica política como en la vida diaria es un hábito muy importante, donde queremos aportar ya que es la base de una convivencia pacífica y de respeto mutuo. Eso significa que se tiene que dar un buen ejemplo desde la política. Hay que demostrar en el contexto de la nueva asamblea que a pesar de las diferencias políticas se puede realizar, entre las diferentes bancadas, una construcción política común y conjunta basada en la acercamiento, diálogo y respeto mutuo, que constituye la madurez democrática.

–¿Cómo trabajan el tema de justicia social?

  • Esto va relacionado en cómo interactuamos con la sociedad civil. Nos relacionamos, por un lado, con los principales actores de la política nacional y, por el otro lado, con muchos de los grupos de mujeres, jóvenes y sindicalistas a quienes intentamos apoyarlos para ser más eficientes en la participación de la democracia, porque es un proceso donde todo el mundo debería participar no solo en la formulación de leyes sino en una práctica diaria. Un ejemplo de este apoyo es que trabajamos con organizaciones sindicales para que desarrollen su propia propuesta política, vamos más allá de preguntas que solo tengan que ver con el ámbito laboral. La idea es un sindicalismo sociopolítico que tenga las ideas de la clase trabajadora en muchos ámbitos. Allí es muy importante el apoyo que estamos dando específicamente a las mujeres dentro del movimiento sindical porque históricamente han tenido una posición muy marginalizada. Tenemos una red de mujeres trabajadoras y sindicalistas que sirve para el empoderamiento, para que entre ellas puedan intercambiar sus experiencias y construir conjuntamente en un espacio común. Ha tenido éxito para fortalecer el rol de las mujeres en este ámbito. El sistema político tiene que ofrecer condiciones de igualdad para la participación de mujeres y jóvenes. Bolivia tiene una importante ley de paridad y alternancia y la vemos en la nueva asamblea con mayoría de mujeres participando en estos espacios, lo que es excepcional a nivel mundial y en Latinoamérica, pero no es suficiente porque en realidad no siempre se cumple la igualdad de condiciones para la mujer en la práctica política a pesar de la igualdad numérica. Lo mismo con la posibilidad de inclusión de jóvenes en espacios de decisión.

–¿Cómo estos dos grupos pueden sumar a la transformación social?

  • Con su propia experiencia, lo que viven estos grupos es diferente a lo que viven los grupos tradicionalmente dominantes. Ellos van a tener otras visiones e ideas que van a querer insertar en el proceso político. Los asuntos y desafíos no son los mismos que otro grupo y al hacer énfasis en sus necesidades y retos pueden generar una sociedad más justa. Un ejemplo, un hombre de 60 años quizá no entiende cuál es la realidad de una mujer trabajadora de casa o de un joven de 23 años, sin posibilidad de entrar en el mercado laboral. Tener esas posiciones en el debate político y construcción de leyes es clave para no ser excluido.

–¿Qué están trabajando en el tema económico?

  • Son dos categorías de temas. Uno, temas de coyuntura y desafíos más inmediatos. Lo segundo, son temas con preguntas más estructurales y desafíos a largo plazo. En cualquier de estos casos, se trata de aportar en la generación de políticas públicas para la reactivación económica, que apunta a la diversificación de la matriz productiva y de un sistema económico socialmente más justo y sostenible en lo ambiental. Tenemos el grupo de análisis económicos, que se dedica a la coyuntura actual y la formulación de propuestas y reformas que los estamos compartiendo insertados (en LA RAZÓN) para el debate público. Por el otro lado, un objetivo es la incidencia política para poder dar una mirada desde afuera para los tomadores de decisión en temas de política económica. Por otro lado, los temas estructurales tienen que ver con la transformación social y ecológica y es la creación de una mirada diferente al desarrollo para superar el modelo de extractivismo que tenemos en Bolivia y que hemos visto que no es sostenible porque hace a Bolivia muy vulnerable respecto a los precios que determina el mercado internacional; además de los costos ambientales y sociales. Es un desafío de largo plazo, por un lado tenemos economistas tradicionales y, por otro, a personas con una mirada más ambientalista. La idea es juntar esas dos visiones para que construyan propuestas para la orientación del sistema económico del país, que responda a la necesidad de que sea más sostenible en lo ambiental y con una mayor diversificación.

–¿Qué desafíos implica la Bolivia actual?

  • Antes de las elecciones hubiera dicho la gobernabilidad, pero ahora que con el resultado de las elecciones ya no es tan urgente sino tiene que ver con el tema que ya hemos hablado, el de la cultura del diálogo, generación de acuerdos y reconocimiento del otro. A mediano y largo plazo se va a tener un buen nivel de gobernabilidad sistémica, pero se necesita una cultura de diálogo que supere esta idea de querer imponer algunas ideas a los otros. Es difícil porque cuesta eso de escuchar al otro, pero para la estabilidad política y social es muy importante. Por otro lado, el tema que acabo de mencionar que es el modelo de desarrollo y superación de alternativas al sistema extractivista es también un desafío muy grande. Esperamos la generación de la cadena de valores en la producción de baterías y en la extracción de litio, que puede ser un paso que contribuya, pero no es suficiente. Es un paso para el país y tratamos de contribuir en eso, en dar nuevas miradas y en qué se puede basar un sistema más diversificado y menos extractivista para generar ingresos para Bolivia. El tercer punto tiene que ver con la real y amplia inclusión de mujeres, jóvenes y grupos indígenas en los procesos de toma de decisión. También en el sistema económico y participación laboral. Las oportunidades de ascenso social tienen que ver con el sistema educativo, que es el próximo desafío porque tiene que adaptarse a la realidad del siglo XXI. En un mundo óptimo, dar oportunidad a toda la población del país debe estar separado de los ingresos de los padres para que una persona participe de forma justa y equitativa de las oportunidades que da el país.

–¿Qué entiende por política porque su concepto suele estar desprestigiado?

  • Hay que diferenciar lo que es política a lo que la gente llama politiquería. Se ha implementado esa idea que todos los que entran en política lo hacen para su propio beneficio ligado a la corrupción; esto se da en muchos países del mundo. Sin embargo, la política está vinculada al bien común, a trabajar juntos, sacar ideas y tener un diálogo desde la diversidad para mejorar las condiciones de vida de la población y esto no tiene que ver solo con ingresos eco- nómicos sino con un medioambiente sano para la regeneración del planeta y sostenibilidad, de lo contrario no hay futuro para nuestros hijos. Es un debate del respeto y diferencias para una mejor vida.

–¿Qué similitudes y diferencias halla en el trabajo que desarrolla en Bolivia respecto al que hizo en Uruguay?

  • Estuve en Uruguay en las elecciones del año pasado, paralelas a las fallidas elecciones que se desarrollaron en Bolivia. Allí los dos candidatos con mayor votación esperaron los resultados con absoluta calma y cuando se terminó el conteo el candidato con menor votación aceptó el resultado con absoluta normalidad. Además, antes de las elecciones se hizo un pacto de todos los partidos contra las noticias falsas en el proceso electoral. A pesar de sus diferencias políticas, los diferentes partidos se juntan en favor del funcionamiento de la democracia. El contexto es muy diferente porque pienso que aquí sería muy difícil que se dé algo así (…). En ese sentido los desafíos son otros, porque allá no se necesita apostar por el diálogo plural porque esos espacios ya están ganados. Aquí la lucha por los derechos y la inclusión de la mujer está en otros niveles, tenemos una alta tasa de participación en la asamblea que destaca a nivel mundial (…). Otro tema relevante en Bolivia son las brechas culturas entre campo-ciudad y Occidente – Oriente. Bolivia me parece un país fracturado en ese sentido. Bolivia es muy rica en su diversidad cultural y eso se debería celebrar y no generar desencuentros y malentendidos (…).

Perfil 

Nombre: Jan Souverein

Profesión: Politólogo y economista

Cargo: Director y representante del FES-ILDIS

Experiencia política

Tiene 31 años y es director y representante de la Friedrich- Ebert-Stiftung (FES) en Bolivia, desde febrero de este año. En 2018 comenzó en la oficina de la FES en Uruguay. En cuanto a su formación, es graduado de la Universidad Libre de Berlín, tiene una maestría en Relaciones Internacionales, una licenciatura en Ciencias Políticas y Economía de la Universidad de Münster y estudios adicionales en Melbourne (Australia) y Cali (Colombia). También vivió en Malaui, en África subsahariana.

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