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domingo 3 jul 2022 | Actualizado a 20:29

Biden acude a reservas petroleras para calmar a los estadounidenses sobre la inflación

Joe Biden también acusó a las grandes petroleras de ser en parte responsables de los altos precios de la gasolina.

/ 23 de noviembre de 2021 / 22:04

Estados Unidos nunca había recurrido tanto a sus reservas de petróleo: Joe Biden anunció el martes una «gran iniciativa» para reducir su precio, y por tanto el de la gasolina, con la esperanza de convencer a los estadounidenses de que él es el presidente de la clase media.

Antes de que sus compatriotas tomen las carreteras para disfrutar de la fiesta familiar de Acción de Gracias, que cae el jueves, el líder demócrata lanzó la iniciativa que el mercado llevaba tiempo rumoreando: liberará 50 millones de barriles de las reservas estratégicas de petróleo, la mayor cantidad jamás extraída.

«Estamos lanzando una gran iniciativa», dijo el presidente estadounidense en un discurso, con un telón de fondo de fotografías de gasolineras. Esta decisión «no hará caer los precios de la noche a la mañana», pero «marcará la diferencia», prometió desde la Casa Blanca.

Joe Biden también acusó a las grandes petroleras de ser en parte responsables de los altos precios de la gasolina.

«El precio de la gasolina en el mercado mayorista ha bajado alrededor de un 10% en los últimos años, pero el precio en el surtidor no se ha movido ni un céntimo», dijo.

«En otras palabras, las empresas de suministro de gasolina están pagando menos y ganando mucho más», dijo, acusando a las empresas de «embolsarse la diferencia» entre los precios al por mayor y al por menor.

«Esto es inaceptable», añadió el presidente estadounidense.

Barriles enterrados

Las reservas de Estados Unidos están almacenadas en locaciones subterráneas de Luisiana y Texas, que contienen 609 millones de barriles, según el Departamento de Energía. Se han utilizado cuando grandes huracanes afectaron el Golfo de México, crucial para la producción petrolera, o en respuesta a crisis internacionales.

Joe Biden no sólo recurre a estas reservas para corregir los precios, sino que dice que lo hace en coordinación con otros grandes consumidores de oro negro, lo cual es algo que no tiene precedentes.

Para la ocasión, Washington y Pekín dejaron de lado su rivalidad: Estados Unidos anunció que China se sumaba a la iniciativa, al igual que India, Japón, Corea del Sur y el Reino Unido, pero sin dar muchos detalles.

La portavoz de la Casa Blanca, Jen Psaki, dijo que Estados Unidos había mantenido «discusiones con estos países», que «ya habían anunciado» que liberarían parte de sus reservas, o que planeaban hacerlo.

Una de las principales figuras del bando republicano, el senador Lindsey Graham, denunció en un comunicado de prensa el «abuso» de estas reservas, que, según dijo, estaban destinadas a «emergencias».

El tema es políticamente candente, sobre todo para Joe Biden, cuyo principal objetivo es facilitar la vida a la clase media, desanimada por la globalización y la pandemia del covid-19.

El presidente quiere despertar el sueño americano de riqueza material para todos, para demostrar la superioridad del modelo democrático sobre las dictaduras.

Estabilizar el mercado

Según un alto funcionario estadounidense, la liberación de las reservas comenzará entre mediados y fines de diciembre, y es posible que se produzcan nuevas intervenciones para estabilizar el mercado, en respuesta a la pandemia.

El precio medio del galón de gasolina (3,78 litros) subió a 3,41 dólares frente a 2,12 dólares hace un año, según la asociación estadounidense de automovilistas AAA.

La cota de 4 dólares es problemática para los consumidores, según expertos.

«El objetivo del gobierno es encontrar un equilibrio (…) y, claramente, un barril a 80 dólares es considerado demasiado alto por Estados Unidos», resumió James Williams, de WTRG Economics.

Los 50 millones de barriles representan una fracción del consumo anual estadounidense, si se considera que la demanda es de 19,5 millones de barriles diarios: son «tres días de demanda de las refinerías», sostuvo Andy Lipow, de Lipow Oil Associates.

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Biden inicia semana crucial para estrategia de Occidente en Ucrania

Joe Biden viajará el viernes y el sábado a Polonia, adonde llegan cientos de miles de refugiados ucranianos.

Joe Biden en su despacho de la Casa Blanca.

Por Aurélia End, AFP

/ 21 de marzo de 2022 / 17:26

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, discutió el lunes la «brutal» ofensiva de Rusia en Ucrania en una conversación telefónica con sus aliados europeos, al iniciar una semana crucial para el enfrentamiento de Occidente con Moscú.

La Casa Blanca dijo que Biden fue el anfitrión de la llamada, que duró poco menos de una hora, con el presidente francés Emmanuel Macron, el canciller alemán Olaf Scholz, el primer ministro italiano Mario Draghi y el primer ministro británico Boris Johnson, «para discutir sus respuestas coordinadas».

«Los líderes expresaron sus serias preocupaciones sobre las tácticas brutales de Rusia en Ucrania, incluidos sus ataques contra civiles», señaló el ejecutivo estadounidense en un comunicado.

Los cinco se reunirán el jueves en Bruselas para una jornada de intensidad diplomática poco común.

En un día, Biden, sus homólogos del Viejo Continente y otros jefes de Estado y de Gobierno de países aliados celebrarán una cumbre extraordinaria de la OTAN y una reunión del G7. También habrá una cumbre de la Unión Europea a la que está invitado el presidente estadounidense.

«Lo más importante para el presidente es la unidad», argumentó este lunes su portavoz Jen Psaki, enfatizando que con su viaje a Europa, Biden busca lograr «una coordinación continua y una respuesta unificada a la escalada decidida por el presidente (ruso Vladimir) Putin».

Refugiados, «elemento clave»

Biden viajará el viernes y el sábado a Polonia, adonde llegan cientos de miles de refugiados ucranianos.

Su agenda hasta el momento solo prevé una reunión con su homólogo polaco Andrzej Duda. Queda por determinar el resto del programa, pero Psaki ya ha subrayado que la cuestión de los refugiados será «un elemento clave» de esta visita.

El demócrata Biden hizo dos promesas de política exterior al inicio de su mandato: reparar las alianzas dañadas por su antecesor republicano Donald Trump y dedicarse más a la rivalidad con China.

La guerra en Ucrania ha permitido hasta ahora que el inquilino de la Casa Blanca marque la primera casilla: Occidente ha impuesto sanciones económicas sin precedentes a Rusia tras la invasión a territorio ucraniano el 24 de febrero, mientras que algunos países han hecho cambios estratégicos dramáticos.

En cuanto a la política de «pivote hacia Asia», Biden se ve obligado actualmente a mirar hacia Europa. Pero la ofensiva de Putin en Ucrania podría ser un revelador de la relación de fuerzas entre Washington y Pekín.

Estados Unidos alzó el tono la semana pasada al expresar públicamente su preocupación por el posible apoyo militar y económico de China a Rusia. Durante una videollamada el viernes, Biden amenazó a su homólogo chino, Xi Jinping, con represalias si toma medidas en ese sentido.

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Biden decreta un embargo sobre importación de petróleo y gas rusos

Por el momento, Europa se niega a decretar un embargo sobre estas importaciones rusas, que cubren el 40% de sus necesidades de gas natural y el 30% de petróleo.

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden

Por Aurélia End, AFP

/ 8 de marzo de 2022 / 23:13

El presidente Joe Biden decretó este martes un embargo sobre la importación estadounidense de petróleo y gas rusos, para aumentar las sanciones impuestas a Rusia y «asestar otro duro golpe» al presidente Vladimir Putin.

Casi simultáneamente, el Reino Unido anunció que suspenderá las importaciones energéticas de Rusia antes de finales de 2022. Y en Bruselas, la Unión Europea (UE) dio a conocer que tiene la intención de reducir este año en dos tercios sus importaciones de gas de Rusia, antes de una cumbre del bloque en la que se examinará cómo poner fin a la dependencia de los hidrocarburos rusos.

Esta decisión se tomó «en estrecha coordinación» con los aliados de Estados Unidos, precisó Biden. «No contribuiremos a subvencionar la guerra de Putin».

Por el momento, Europa se niega a decretar un embargo sobre estas importaciones rusas, que cubren el 40% de sus necesidades de gas natural y el 30% de petróleo.

Estados Unidos es un exportador neto de energía, es decir que produce más petróleo y gas del que consume, recordó Biden. «Podemos tomar esta decisión, mientras que otros no pueden».

«Pero trabajamos estrechamente con Europa y nuestros socios para poner en marcha una estrategia a largo plazo para reducir su dependencia de la energía rusa», dijo.

Bien sabe que esta estrategia podría beneficiar a Estados Unidos, que exporta gas natural licuado a Europa, una posible alternativa al gas ruso.

«Seguimos unidos en nuestra intención de mantener una presión creciente sobre Putin y su maquinaria de guerra», agregó el jefe de Estado estadounidense.

Los precios del petróleo continuaron su subida imparable tras el anuncio.

El barril de Brent del mar del Norte para entrega en mayo cerró con alza de 3,87% en Londres a 127,98 dólares. Y en Nueva York el barril de West Texas Intermediate (WTI) para abril ganó 3,60% a 123,70 dólares.

Anuncio unilateral

Según medios de comunicación japoneses, Japón también considera, entre otras opciones, la aplicación de un embargo a las importaciones energéticas rusas.

Las compañías petroleras anuncian una tras otra que se retiran de Rusia. El martes lo hizo Shell, que siguió los pasos de BP, ExxonMobil o la italiana Eni.

El petróleo ruso representa solo el 8% de las importaciones estadounidenses y el 4% del consumo de productos derivados del crudo en Estados Unidos, que no importa gas ruso. Incluso antes de la invasión de Ucrania, las importaciones estadounidenses ya se habían reducido considerablemente.

Al comienzo Biden parecía dudar de un embargo, porque podría acelerar una inflación ya de por sí galopante, pero la presión del Congreso era fuerte.

Los congresistas estadounidenses habían comenzado a preparar un proyecto de ley para prohibir la importación de petróleo y de gas ruso que contaba con el visto bueno de la mayoría demócrata y de la oposición republicana, una sintonía inusual en un país muy dividido políticamente.

La gasolina bate récord

Joe Biden quiso adelantarse a los legisladores, quizás para aprovechar el aumento de popularidad que le otorgan los sondeos por la forma en la que gestiona la guerra en Ucrania.

«Es la decisión correcta», dijo el senador republicano de Texas Ted Cruz en CNBC. «El siguiente paso es trabajar con Europa para hacer lo mismo, dejar de lado el petróleo y el gas rusos».

«Vamos a ver un aumento en los precios del combustible aquí en Estados Unidos», advirtió en CNN el senador demócrata Chris Coons, y «en Europa habrá subidas espectaculares. Es el precio de la defensa de la libertad y del apoyo al pueblo ucraniano».

El precio de la gasolina tocó un nuevo máximo histórico el martes en Estados Unidos: el galón (3,78 litros) vale un promedio de 4,17 dólares, según la Asociación de Automovilistas AAA. En un mes, el precio medio subió un 20%.

En concreto, Estados Unidos prohíbe las importaciones de crudo ruso, pero también de determinados derivados del petróleo, gas natural licuado y carbón.

La Casa Blanca explicó que la prohibición se aplicará a cualquier nueva compra, pero se da un plazo de 45 días para liquidar los contratos cerrados.

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Conversaciones entre Putin, Biden y Macron ante el temor de EEUU de una invasión inminente de Ucrania

Ante el temor de una invasión inminente rusa de Ucrania, los teléfonos no dejan de sonar a ambos lados del Atlántico en un intento de reactivar la vía diplomática.

/ 12 de febrero de 2022 / 02:00

El presidente ruso, Vladímir Putin, vuelve a hablar por teléfono este sábado con sus homólogos estadounidense, Joe Biden, y francés, Emmanuel Macron, entre avisos de Washington de que una guerra en Ucrania podría estallar «en cualquier momento».

Ante el temor de una invasión inminente rusa de Ucrania, los teléfonos no dejan de sonar a ambos lados del Atlántico en un intento de reactivar la vía diplomática.

Biden, que está pasando el fin de semana en la residencia de Camp David, hablará con Putin el sábado después de que el viernes sus respectivos jefes de gabinete mantuvieran una conversación.

También está prevista una llamada el sábado entre Putin y Macron.

«Seguimos viendo signos de escalada rusa, incluida la llegada de nuevas fuerzas a la frontera con Ucrania», advirtió el consejero de la Casa Blanca para la Seguridad Nacional, Jake Sullivan, tras una reunión virtual entre Biden y sus principales homólogos occidentales.

«Una invasión podría ocurrir en cualquier momento si Vladimir Putin da la orden», añadió, diciendo que incluso podría «comenzar durante los Juegos Olímpicos» de Pekín, que terminan el 20 de febrero.

Según Sullivan, esa ofensiva es una «posibilidad muy, muy real», pero la inteligencia estadounidense no sabe si el presidente ruso «ha tomado una decisión final» o no.

«Nadie sabe si se ha tomado la decisión de actuar», confirmó a la AFP un diplomático de la OTAN.

Sanciones «drásticas»

El asesor de Biden insistió en que Occidente estaba «preparado para todos los escenarios»: represalias económicas sin precedentes en caso de guerra, pero también una mano diplomática para seguir negociando con Moscú.

El Pentágono enviará 3.000 soldados estadounidenses adicionales a Polonia «en los próximos días» para «tranquilizar a los aliados de la OTAN».

Y el jefe de la diplomacia estadounidense, Antony Blinken, aseguró el viernes a su homólogo ucraniano, Dmytro Kuleba, que el país cuenta con el «firme apoyo» de Estados Unidos.

Varias rondas de conversaciones celebradas en los últimos días no han logrado desactivar la crisis, desencadenada por el despliegue de más de 100.000 soldados rusos con armamento pesado en la frontera de Ucrania en los últimos meses.

«Los aliados están decididos a adoptar juntos sanciones rápidas y drásticas contra Rusia» en caso de ataque, tuiteó el portavoz del canciller alemán Olaf Scholz, que debe viajar a Moscú a principios de la próxima semana.

Al igual que París, Berlín insistió en la vía «diplomática» para avanzar hacia una «desescalada».

Bombardeos aéreos

La Casa Blanca destacó la «notable» unidad de Occidente ante lo que considera el momento más peligroso para Europa desde el final de la Guerra Fría hace 30 años.

Los estadounidenses, que compartieron sus análisis de inteligencia con sus aliados, esbozaron un escenario dramático en caso de una ofensiva rusa. Probablemente «empezaría con bombardeos aéreos y ataques con misiles que obviamente podrían matar a civiles», dijo Sullivan, y también «un asalto rápido» a Kiev.

Estados Unidos, Canadá y Australia han pedido a sus ciudadanos que abandonen Ucrania lo antes posible.

«Esta es una situación muy peligrosa, y por su propia seguridad debe tratar de salir de Ucrania. La situación se volverá muy volátil si hay un conflicto», advirtió el sábado el primer ministro australiano, Scott Morrison, a sus ciudadanos.

Charlas sin resultados

El Kremlin dijo el viernes que las conversaciones mantenidas el día anterior en Berlín entre representantes de Rusia, Ucrania, Alemania y Francia no habían dado «ningún resultado».

Estas reuniones se centraron en el conflicto del este de Ucrania, que ha enfrentado a los separatistas respaldados por Rusia con el ejército ucraniano desde 2014 y ha dejado más de 14.000 muertos.

Moscú, que ya se anexionó Crimea en 2014, niega que quiera atacar a Ucrania, pero condiciona cualquier desescalada a una serie de requisitos, entre ellos que el país vecino tenga vetado el ingreso en la OTAN, punto inaceptable para Occidente.

A pesar de que Macron aseguró el lunes que había obtenido el compromiso de Putin de no alimentar una nueva escalada, Rusia anunció el viernes nuevas maniobras militares en la frontera ucraniana. La marina rusa también está realizando maniobras en el Mar Negro, fronterizo con Ucrania.

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Biden ataca a Trump en el aniversario de la ‘insurrección’ contra el Capitolio

El presidente demócrata, que suele mostrarse afable, adoptó un tono grave para hablar desde la imponente "sala de las estatuas" de la sede del Congreso, donde el 6 de enero de 2021 desfilaron a sus anchas los simpatizantes de Trump.

/ 6 de enero de 2022 / 18:55

«No permitiré que nadie ponga un puñal en la garganta de la democracia», y sobre todo Donald Trump con su «red de mentiras», afirmó este jueves Joe Biden en un discurso combativo un año después de la toma por asalto del Capitolio de Estados Unidos.

El presidente demócrata, que suele mostrarse afable, adoptó un tono grave para hablar desde la imponente «sala de las estatuas» de la sede del Congreso, donde el 6 de enero de 2021 desfilaron a sus anchas los simpatizantes de Trump.

En un Capitolio bajo estrecha protección policial, y casi sin presencia de sus opositores republicanos, Biden no nombró ni una vez a quien llamó «el expresidente» o «el expresidente perdedor», una fórmula que probablemente enfureció al millonario republicano.

El demócrata de 79 años lanzó un ataque verbal en toda regla contra su predecesor acusándole de haber «tratado de evitar el traspaso de poder pacífico» durante la «insurrección armada» del 6 de enero de 2021, cuando una turba asaltó la sede del poder legislativo estadounidense para intentar impedir que los congresistas certificaran las elecciones.

Trump «ha creado y difundido una red de mentiras sobre las elecciones de 2020 y lo ha hecho porque valora el poder por encima de los principios, porque antepone su propio interés al interés de su país» y porque «su ego herido le importa más que nuestra democracia», soltó Biden, quien nunca lo había atacado frontalmente de esta manera.

La respuesta de Trump no se hizo esperar. El magnate consideró que el discurso de su sucesor, que sufre un fuerte desgaste de popularidad entre la opinión pública, fue un «teatro político» destinado a desviar la atención de su «fracaso». Y una vez más repitió, sin pruebas, que las elecciones estuvieron «amañadas».

«¿Vamos a ser una nación que acepte la violencia política como norma? (…) ¿Vamos a ser una nación que no vive a la luz de la verdad sino a la sombra de la mentira?», se preguntó Biden.

«No podemos permitirnos el lujo de convertirnos en ese tipo de nación», dijo, estimando que Estados Unidos libra, dentro y fuera de sus fronteras, una «lucha» entre la democracia y la autocracia.

«Yo no busqué esta batalla», reconoció Biden, cuando según una encuesta reciente solo el 55% de los estadounidenses piensa que su elección es legítima.

«Puñal en la garganta»

«No permitiré que nadie ponga un puñal en la garganta de la democracia», advirtió el demócrata.

Cuando los periodistas le preguntaron si no temía fortalecer aún más los antagonismos con este discurso virulento, el mandatario contestó: «Cuando queremos curar, hay que reconocer la gravedad de la herida».

En la misma ceremonia solemne en el Capitolio, su vicepresidenta, Kamala Harris, llamó «a unirse en defensa» de la democracia, porque «el espíritu estadounidense se ha puesto a prueba».

El discurso de Biden marca una ruptura, como si hubiera optado por ser más combativo. Hasta ahora había tratado con desprecio a Trump y a sus más acérrimos seguidores, apostando por el pragmatismo y por un ambicioso programa de reformas económicas para reconciliar a los estadounidenses.

Pero la reconciliación parece lejana. La popularidad de Biden se ha desplomado debido, entre otras cosas, a la subida de la inflación y el hartazgo generalizado frente a una pandemia de covid-19 que se eterniza. Y el aniversario del 6 de enero, lejos de ser un momento de unidad nacional, cristaliza las fracturas políticas.

Trump anuló una rueda de prensa prevista para este jueves desde su mansión de Florida, pero las declaraciones de los líderes republicanos demuestran hasta qué punto sigue influyendo en el partido.

El jefe de los republicanos en el Senado, Mitch McConnell, no estuvo presente en las ceremonias en Washington. Y eso que era de los pocos en mencionar una «responsabilidad moral» del expresidente en los sucesos del 6 de enero.

El jueves emitió un comunicado acusando a los demócratas de «explotar» este aniversario «para promover objetivos políticos partidistas».

Los pocos republicanos que emitieron un comunicado, como el poderoso senador Linsday Graham, lo hicieron para ir en la dirección de Trump: «Si la presidencia de Biden está en caída libre un año después del 6 de enero no es por el ataque a nuestro Capitolio sino por sus políticas fallidas y la debilidad de su liderazgo».

El gobernador de Florida, Ron DeSantis, estimó que las conmemoraciones en el Congreso, con mayoría demócrata, eran «nauseabundas».
Muy pocos, como el senador republicano Mitt Romney, osaron condenar sin ambages el asalto al Capitolio.

«Nos estamos poniendo en peligro al ignorar las lecciones del 6 de enero. La democracia es frágil, no puede sobrevivir sin líderes íntegros y valientes que estén más preocupados por la fuerza de nuestra República que por ganar las próximas elecciones», escribió.

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