Opinión

viernes 23 oct 2020 | Actualizado a 04:17

Resultado incierto

Preocupan algunas voces que insisten en la narrativa del “fraude”, en algunos casos asociada a escenarios de confrontación y violencia.

Por La Razón

/ 14 de octubre de 2020 / 02:48

A pocos días de las elecciones generales 2020, el resultado es incierto. Igual que el año pasado, ningún candidato obtendría mayoría absoluta de votos. Según las encuestas que cuentan, pocos puntos pueden definir si Arce gana en primera vuelta o disputará la presidencia en segunda vuelta con Mesa. En tal escenario, es fundamental que todos se comprometan a reconocer el resultado.

Dicen que la democracia electoral se caracteriza por la combinación de certeza en las reglas e incertidumbre sobre el resultado. El supuesto son comicios transparentes, plurales y competitivos. Pese a las tensiones y declaraciones de desconfianza en torno al proceso y al organismo electoral, las y los bolivianos iremos a votar este domingo con la esperanza de una elección incuestionable cuyos resultados sean aceptados sin impugnaciones. Esperamos, pues, que las diferencias se expresen libremente en las urnas.

Varios factores pueden incidir en el resultado de la votación cuando la diferencia es tan estrecha. Se habla del “voto oculto”, que no se revelará sino el día del sufragio; del todavía importante porcentaje de indecisos; de la campaña político-mediática por el “voto útil”, con centro en Santa Cruz; del limitado, pero no desdeñable, voto en el exterior; en fin, del voto rural no siempre captado en las encuestas. A estas alturas, parece muy improbable que un evento de campaña pueda modificar las tendencias.

En ese marco, preocupan algunas voces que insisten en la narrativa del “fraude”, en algunos casos asociada a escenarios de confrontación y violencia. Es crítico en especial que el propio Gobierno provisorio, hoy sin candidata presidencial, abone discursos orientados a generar desconfianza en el proceso electoral, tal como hizo el Ministro de Gobierno en su reunión con el Secretario General de la OEA: ambos hablaron de fraude. Y el propio Murillo amenaza con el uso de la fuerza pública.

Más allá de la disputa político-electoral, más allá de los deseos y expectativas sobre la intención de voto de la ciudadanía, es fundamental que todas las voces democráticas en el país confluyan en la necesidad de cuidar los comicios de este domingo y, en especial, respetar la voluntad ciudadana. Sea que haya ganador en primera vuelta, sea que debamos ir a una segunda vuelta, debe preservarse el mecanismo electoral como la forma pacífica y democrática de formar gobierno y elegir representantes.

Este miércoles concluye el plazo para la propaganda electoral y los actos públicos de campaña. Desde mañana debemos esperar que las organizaciones políticas, las candidaturas, los medios de comunicación, en fin, todos respetemos el silencio electoral a fin de que la ciudadanía participe con su voto libre de presiones, consignas y amenazas. Que haya reafirmación democrática este domingo y que el resultado oficial de los comicios, independientemente de quién gane y quiénes pierdan, sea reconocido por todos.

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‘Autoconvocados’

El fetichismo de las encuestas ha hecho que muchas personas opuestas al MAS consideren inverosímil el resultado que arrojaron las urnas.

Por La Razón

/ 23 de octubre de 2020 / 03:18

Al parecer, de nada han servido los informes de numerosas organizaciones nacionales e internacionales que hicieron observación electoral el domingo 18: en algunas ciudades del país hay grupos movilizados que intentan convencer al resto de la ciudadanía de que en la elección hubo “fraude”. No tienen evidencia de lo que se afirma, pero sí mucha fe en sus ideas.

En Cochabamba, como imitando el ejemplo de los pobladores de K’ara K’ara, los movilizados se han identificado como “autoconvocados”, quieren mostrar que ninguna organización política o poder económico está detrás de su movilización; algo muy similar sucedió en Santa Cruz, a los pies del Cristo Redentor en el Segundo Anillo: supuestamente nadie los convocó, pero cientos de personas se reunieron a defender el discurso del Comité Cívico pro Santa Cruz.

Similares movilizaciones se produjeron en Cochabamba y en Sucre, ambas en aparente competencia por causar algún efecto en la opinión pública antes del cierre de los cómputos electorales en las respectivas salas plenas de los tribunales electorales departamentales. En ambos casos, el cierre del cómputo, el de Chuquisaca el martes y el de Cochabamba ayer, ayudó a desinflar la movilización, pero no la eliminó por completo.

Santa Cruz es un caso mucho más complejo: la narrativa de un nuevo fraude es alimentada desde el ya citado Comité Cívico y cada uno de sus comunicados ha tenido eco en los anuncios hechos por Creemos, la agrupación política que llevó al expresidente de los cívicos a la candidatura que finalmente obtuvo la tercera mayoría de los votos válidos computados.

Hasta ayer, de fraude no había ninguna evidencia pública, pero sí discursos maximalistas que no solo demandaban la inmediata suspensión del cómputo, sino también la anulación de la elección del domingo 18, la anulación de la personería jurídica del MAS y demandas delirantes como una nueva auditoría al padrón electoral y la eliminación de la “diferencia” en el valor de los votos rurales y urbanos.

Finalmente, ayer, como muestra de que sí poseen la evidencia nunca exhibida, organizaron una operación mediática para mostrar cómo la gente de Creemos entregaba “miles” de actas observadas, convenientemente encajonadas, al Comité Cívico y no así al TED. Tal operación alimentó una notable oleada de rumores y noticias falsas que menudearon en las redes sociales virtuales causando crispación en la ciudadanía. Notable es que sus observadores en la sala de cómputo del TED no tuvieron ni una sola observación al proceso.

Son tiempos difíciles para la restitución democrática. El fetichismo de las encuestas ha hecho que muchas personas opuestas al MAS consideren inverosímil el resultado que arrojaron las urnas y estén dispuestas a creer a líderes que ni les representan ni nunca estuvieron en el marco de sus afectos. La confiabilidad del Tribunal Supremo Electoral está bajo asedio; con ella, también la democracia.

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Del TREP al Direpre

Se reafirma la necesidad de que Bolivia cuente con un sistema confiable de resultados preliminares, como ocurre en varios países de la región.

Por La Razón

/ 21 de octubre de 2020 / 03:02

La tensión y la larga espera la noche del domingo plantean la necesidad de que Bolivia cuente con un sistema seguro, rápido y confiable de resultados preliminares. La caída del Direpre anunciada por el TSE pocas horas antes de los comicios fue un gran retroceso. La certidumbre sobre el resultado no puede estar a merced de empresas privadas y medios de comunicación.

Desde la transición a la democracia, el sistema electoral boliviano ha privilegiado la seguridad por encima de la celeridad. Así, el cómputo oficial de votos, basado en actas físicas, puede tardar hasta una semana. Eso era aceptable el siglo pasado. Pero ahora resulta un exceso, además de un factor de riesgo, que la noche de la votación sean empresas encuestadoras, y no el organismo electoral, quienes nos brinden datos no oficiales. Se trata de un componente clave para la integridad electoral.

Durante casi cuatro décadas, la democracia en el país no supo dotarse de un sistema para agregar y proporcionar resultados preliminares. Eso cambió en 2016, en el referéndum constitucional, cuando por primera vez el TSE implementó un “sistema de aseguramiento de actas”. El sistema, luego bautizado como TREP, permitía contar con imágenes y datos de las actas desde las propias mesas de sufragio. Sobre esa base se proporcionaban resultados preliminares, a la espera del cómputo oficial.

Dicho sistema funcionó como factor de seguridad y de confianza, sin cuestionamientos, en el referéndum 2016, las elecciones judiciales 2017 y más de una treintena de referendos departamentales y locales sobre estatutos autonómicos y cartas orgánicas. Se trató sin duda de un gran avance para dar información oficial, con carácter informativo, la misma noche de los comicios. Se utilizó también en las fallidas elecciones del año pasado, hasta la imperdonable decisión de suspender la difusión de datos.

En marzo de este año, el TSE informó formalmente que se contaría con un nuevo sistema: el Direpre (Difusión de Resultados Preliminares), cuyo diseño fue encargado a una empresa británica. El sistema debía estrenarse en la votación del 3 de mayo, luego postergada tres veces. La innovación fue ampliamente respaldada. Pero no funcionó: primero se decidió no difundir imágenes de las actas y un día antes de la votación se lo canceló. Quedamos así sin resultados preliminares, lo cual es un lamentable retroceso.

El espectáculo que dieron varios canales de televisión el domingo con la proyección de resultados de Ciesmori y Tu voto cuenta, cuyos datos finalmente se difundieron a medianoche bajo presión, reafirma la necesidad de que Bolivia cuente con un sistema confiable de resultados preliminares, como ocurre en varios países de la región. Es importante, pues, que el Órgano Electoral haga su trabajo para que tanto la seguridad como la celeridad, que no son excluyentes, sean parte de nuestro sistema democrático.

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El día después

Con la votación de ayer, parte de la institucionalidad democrática ha sido recuperada; sin embargo, es todavía mucho lo que resta por hacer.

Por La Razón

/ 19 de octubre de 2020 / 06:52

Aunque no eran pocos quienes apostaban a un final de jornada con inestabilidad y cual agoreros afirmaban que estaban listos para enfrentar la violencia, la votación ayer fue, como ya es tradición en Bolivia, ejemplar y con una masiva asistencia de las y los electores; la suspensión del sistema de Difusión de Resultados Rápidos (Direpre) fue seguramente el hecho más inesperado del día.

En efecto, aunque hasta el momento de escribirse estas líneas era imposible señalar siquiera cuál de los candidatos llevaba ventaja sobre el resto, sí se hizo posible afirmar que la gran victoria fue para la democracia, pues la ciudadanía asistió a votar y en muchos casos a vigilar el desarrollo de los comicios hasta el conteo de votos y firma del acta. La gran innovación este año estuvo en que en muchas mesas de sufragio hubo muchas personas tomando fotografías del acta.

El interés de muchas y muchos ciudadanos en tener un registro propio del acta tiene varias explicaciones, todas ellas relacionadas: por un lado queda la susceptibilidad producida por la narrativa del fraude, que vincula el sistema de Transmisión Rápida de resultados Parciales (TREP) con la alteración de resultados, pese a que siempre se supo que lo exhibido en este sistema no tenía carácter vinculante.

Precisamente por ello, uno de los mayores empeños del Tribunal Supremo Electoral (TSE) estuvo en rediseñar dicho sistema, tarea que produjo el sistema Direpre, cuyas bondades y fortalezas fueron señaladas con insistencia, no obstante de lo cual fue súbitamente suspendido pocas horas antes de iniciarse la votación. Tareas que “no podían ejecutarse y era preferible dejarlas” fue la razón esgrimida por el presidente del TSE para esa decisión, que contra lo que se esperaba, produjo un evidente alivio en los diferentes actores políticos, con la clara excepción de Creemos, la agrupación que empujó al expresidente del Comité Civico pro Santa Cruz a la candidatura.

La otra novedad fueron las enormes filas en muchos recintos de votación de las ciudades. Las medidas de bioseguridad para evitar en lo posible los contagios de COVID-19 implicaron distancia social y distribución de las y los votantes por horario según la terminación de la cédula de identidad. Una vez más, la población votante del país demostró que existe disciplina a la hora de ejercer el derecho, que a la vez es deber, de elegir.

Queda, como ha pedido el presidente del TSE al anunciar el sábado la suspensión del Direpre, paciencia para conocer los resultados finales del cómputo, única fuente oficial para publicitar el resultado final de la elección. Mientras tanto, también cabe esperar templanza de los líderes políticos para aceptar el resultado sea cual fuere y, sobre todo, para calmar los ánimos de las bases en la eventualidad de la derrota. Con la votación de ayer, parte de la institucionalidad democrática ha sido recuperada; sin embargo, es todavía mucho lo que resta por hacer.

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Hoy elegimos

En un escenario de crisis múltiple, polarización política exacerbada y alta incertidumbre, las y los bolivianos tenemos hoy una importante cita con la democracia.

Por La Razón

/ 17 de octubre de 2020 / 21:59

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Desorden estatal

No se puede seguir erosionando la confianza de la ciudadanía en el funcionamiento de las instituciones y el imprescindible acatamiento de las autoridades a las leyes que nos rigen a todos.

Por La Razón

/ 17 de octubre de 2020 / 03:57

Aunque la actual gestión gubernamental está en su fase menguante, no es admisible el espectáculo de desorden, descoordinación y abierto conflicto que se observa en varias acciones y situaciones en estos días. No se puede seguir erosionando la confianza de la ciudadanía en el funcionamiento de las instituciones y el imprescindible acatamiento de las autoridades a las leyes que nos rigen a todos.

En esta semana se está produciendo un nuevo “choque de trenes” entre el Órgano Ejecutivo y la Asamblea Legislativa Plurinacional en torno a la promulgación de algunas normas y la censura a varias figuras del gabinete. Más allá de las razones de fondo de tales controversias, sobre las cuales quizás hay razones válidas que podrían argumentar sus protagonistas en un lado y el otro, lo preocupante es el espectáculo de ausencia de diálogo, de coordinación y de respeto por las formas en la manera como se están desenvolviendo estos conflictos.

De igual manera, es preocupante la cantidad de renuncias y renovaciones de altas autoridades de Estado faltando semanas para la transición hacia un nuevo gobierno, cuyo objetivo no parece evidente en un momento en el que lo prioritario es preparar la entrega ordenada de grandes asuntos a las autoridades que serán elegidas. Algunas de ellas, además, operadas en medio de controversias y hasta episodios insólitos, como los acontecidos en la Procuraduría hace unas semanas y ahora en la Unidad de Investigaciones Financieras (UIF).

La institucionalidad estatal, tan necesaria en estos tiempos de incertidumbre, no se construye únicamente con normas impecables y diseños constitucionales exquisitos, sino sobre todo con prácticas, actitudes y el respeto de ciertas formas. Cuando estas últimas se rompen o no importan, suele ser una señal de disfuncionamientos aún más graves al interior de las instituciones.

¿Cómo exigir a la ciudadanía común y corriente respeto y acatamiento a las decisiones del Estado si los propios altos dignatarios confunden, a veces, autoridad con prepotencia o si no hay códigos de respeto y cumplimiento de las normas básicas en las altas esferas de decisión?

A todas luces es desaconsejado no ser críticos ante la desmesura o a un “todo vale” justificado en la confrontación política de este momento de transición. La preocupación de fondo es que en ese trajín de pugna por el poder en detrimento de la búsqueda del bien común estamos perdiendo todos y haciendo más difícil la resolución de los problemas urgentes que hoy aquejan al país, que sigue bajo la emergencia sanitaria. Estamos, lamentablemente, llegando al punto de pedir a algunas autoridades ya no una gestión a la altura de las actuales circunstancias, sino un mínimo de compostura.

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