Opinión

jueves 26 nov 2020 | Actualizado a 23:10

Lecciones de la votación

Será deseable que los ganadores realmente encarnen la personalidad que han mostrado en la campaña y los días posteriores a la votación: humildes y concertadores.

Por La Razón

/ 26 de octubre de 2020 / 02:27

Pasada la euforia de la elección presidencial, con sus resultados que ahora deberían comenzar a resonar en clave de gestión y no de campaña, han comenzado a menudear los análisis de por qué la ciudadanía votó de manera tan clara a favor del candidato que en la encuestas siempre figuró como primero, pero nunca con la enorme diferencia que obtuvo el 18 de octubre.

Desde especialistas en sociología política hasta usuarios de redes sociales han ensayado diversas explicaciones al “fenómeno”, que, en general, no son excluyentes entre sí y que, por una parte, evidencian por sí mismas la incapacidad de un sector “ilustrado” de la sociedad para comprender el país por fuera de los prejuicios generalizados y, por otra, hacen visible la existencia de dichos prejuicios, que ora impiden una comprensión cabal de la complejidad de las razones del voto de hace días, ora imponen una visión del mundo reducida y reduccionista.

El mapa que permite visualizar la distribución geográfica del voto muestra la presencia nacional del MAS, lo cual en efecto ha sido reconocido por quienes señalan que se trata, actualmente, de la única fuerza política con presencia nacional. Pero también que dicha distribución señala la indiscutible raigambre campesina e indígena del Instrumento Para la Soberanía de los Pueblos, la misma que ha posibilitado estereotipar y racializar al votante masista hasta los peores extremos, como se ha visto en el último año.

También se ha señalado la clara identificación de los sectores nacional populares con el partido, su ideario y, sobre todo, sus prácticas políticas, algunas muy virtuosas y otras en lo absoluto; lo cual debiera también servir como recordatorio de que hace falta también formación política y madurez en la sociedad, no porque vaya a producirse la rotación de partidos que habilita la competencia democrática, como señala el ideario liberal, sino porque las y los votantes habrán de ser cada vez más demandantes, lo cual debería obligar a desarrollar mejores liderazgos.

La mirada delirante de quienes han insistido en la narrativa del fraude y las voces que la han hecho pública es también un recordatorio de que incluso la evidencia de las urnas es insuficiente para grupos que, lejos de buscar explicaciones razonables, apuestan a negar los hechos y mantener a su base engañada. No es que se trate de grandes grupos humanos, pero sí que pueden terminar siendo peligrosos debido a ese fervor.

Será deseable, pues, que los ganadores de la elección del 18 de octubre realmente encarnen la personalidad que han mostrado durante la campaña y los días posteriores a la votación: humildes y concertadores. Allí donde evidentemente hay grandes brechas y el interés de unos cuantos por mantenerlas o incluso ampliarlas se trata menos de ser el opuesto del neoliberalismo y más de ser su alternativa, evitando gobernar de espaldas a la sociedad civil o fundar el gobierno en la confrontación con los grupos minoritarios.

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El Banco BISA expandió sus plataformas digitales frente a la pandemia

Banco BISA tiene valores claros, los cuales le han hecho destacar y consolidarse como una entidad financiera sólida en el país en su más de medio siglo de existencia. Además, la cartera total incluyendo contingentes, a diciembre de 2019, alcanzó a $us 3.290 millones, con un crecimiento de $us 117 millones respecto de la gestión 2018.

Por La Razón

/ 26 de noviembre de 2020 / 19:35

El vicepresidente de Negocios de Banco BISA, Franco Urquidi, explicó sobre los retos que trae consigo el siguiente año el estado actual de la entidad y su compromiso con la sociedad.

  • ¿Qué logros e hitos destaca de su institución desde su inicio hasta la actualidad?

Desde que se fundó, el 5 de julio de 1963, Banco BISA asumió el compromiso de vida de promover el desarrollo nacional y satisfacer las necesidades de nuestros clientes y usuarios con oportunidad y calidad, guiados por cinco valores fundamentales: Calidad, Prudencia, Compromiso, Coordinación e Innovación, que se leen en estos hitos de nuestra historia.

En 1985, el empresario Julio León Prado asumió la presidencia del directorio. Bajo su gestión, el Banco Industrial se convirtió en un banco comercial y de ese modo incorporó a clientes tanto personas naturales como a grandes y medianas empresas de todo el país.

En 1990, bajo la gestión del ingeniero Julio León Prado, el directorio creó el Grupo Financiero BISA, el primer conglomerado financiero de Bolivia formado hoy por BISA Seguros, BISA Leasing, La Vitalicia, BISA Bolsa, BISA SAFI, RAISA y BISA Sociedad de Titularización.

BISA fue el primer Banco que instaló en 1989 un sistema, cien por ciento en línea; desde entonces, la entidad bancaria se ha mantenido a la vanguardia de las nuevas tecnologías.

En 2004 lanzó su banca por Internet e-BISA y cuatro años después Bisa Móvil fue la primera banca por celular (mensajes de texto). En 2012 innovó con la aplicación e-BISA Móvil y el Giro Móvil y en 2015 se puso en marcha la plataforma web “vivienda social On Line”, entre otros.

Sobre la base de esas premisas, BISA fue una entidad que estuvo preparada para enfrentar contingencias como la pandemia, pues para este año ya tenía un amplio desarrollo de conectividad.

  • ¿Cuál ha sido el aporte del banco en lo social en todo su tiempo de existencia?

La solidaridad. Ése es el aporte más importante en el ámbito social. Por ejemplo, el Banco y Unicef, en alianza estratégica con la campaña “1.000 Días para Cambiar Millones de Historias” recaudaron en 2019 fondos para apoyar a niños y niñas que se encuentran en situación vulnerable. Asimismo, está la iniciativa de Bolivia Solidaria, una campaña de recaudación de fondos especialmente para los niños en situación de vulnerabilidad en el país.

Banco BISA también aporta a las metas ambientales de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y de allí nace la necesidad de medir nuestra huella de carbono, lo que ha derivado en la instalación de un sistema fotovoltaico para cuatro sucursales —dos en La Paz, una Cochabamba y otra en Santa Cruz—. Esta iniciativa permite generar electricidad para unas 243 viviendas.

Por otra parte, el proyecto “Pulmón Banco BISA” también aportó al logro del objetivo de compensación de la contaminación ambiental, que durante las últimas cuatro gestiones se logró plantar más de 4.000 árboles en La Paz.

  • ¿Cómo se han mantenido y han sobresalido respecto a otras entidades financieras?

Precisamente, manteniendo en el tiempo nuestros valores de Calidad, Prudencia, Compromiso, Coordinación e Innovación. Esta articulación ha permitido destacarnos por la seriedad en el manejo financiero y confianza en favor de la permanente innovación que, dicho sea de paso, ha merecido el reconocimiento —por segundo año consecutivo— del “Banco del Año” por la reconocida revista Latin Finance.

  • ¿Cómo ha sido manejar el riesgo (crediticio, de liquidez, de mercado, operativo, etc) en un entorno económico como el boliviano?

El entorno económico del país, con un crecimiento moderado en 2019 y con la crisis de este año por efecto de la pandemia, merece la aplicación de una adecuada visión de negocios, continuando con una eficiente administración del plantel ejecutivo de Banco BISA SA.  Además, la cartera total incluyendo contingentes, a diciembre 2019, alcanzó a $us 3.290 millones, con un crecimiento de $us 117 millones respecto de la gestión 2018. La cartera directa superó la cifra de $us 2.335 millones, con un crecimiento de $us 137 millones respecto a la gestión anterior, resultado obtenido principalmente por la colocación de recursos al sector empresarial.

  • ¿Qué desafíos implica adaptarse a los nuevos escenarios de la pandemia y la contracción de la economía en el país?

Asumimos un conjunto de acciones desde dos coordenadas: el cuidado de nuestro personal y nuestros clientes, a quienes nos debemos. A partir de estos principios, se estableció un esquema de teletrabajo (Home Office) que desarrolló los procesos de forma inmediata y coordinada, sin generar retrasos en proyectos y actividades del banco. Actualmente, más del 60% del personal trabaja desde sus hogares y para el resto, colaboradores que tuvieron que asistir, se aplicaron medidas de bioseguridad y acciones de contención en caso de sospecha de contagio.

En cuanto a nuestros clientes, se dio un gran impulso para promover el uso de los canales electrónicos, que están entre los más modernos del país. Además, Banco BISA dio un potente soporte a créditos para planillas de empresas.

  • ¿Cómo abordan la transformación tecnológica que vive la banca en estos momentos?

Banco BISA, que ya tenía una fuerte presencia digital antes de la pandemia, expandió sus plataformas digitales en todos sus niveles. La capacitación constante de nuestro personal y de nuestros clientes, que tuvieron mayores facilidades para poder realizar transacciones, es una muestra de esto. Hubo además un mayor incentivo para usar los canales digitales, para atender a usuarios y clientes. La capacitación respecto al uso de nuestros canales digitales fue mayor. Este año, cualquier ciudadano mayor de 18 años puede abrir una cuenta en Banco BISA a través de nuestras plataformas digitales y este es uno de los productos que tuvo una mayor aceptación en tiempos de pandemia. Banco BISA cuenta con dos plataformas en línea, —e-BISA y e-BISA Móvil— además de BISA Neo y una serie de soluciones que ofrece a sus clientes, las mismas que ya antes de la pandemia estaban permitiendo que el 77% de las transacciones no requieran de presencia física del cliente. Estas operaciones, al ser virtuales, son rápidas, seguras y cómodas.

  • ¿Qué proyecciones tienen para 2021?

Banco BISA es una empresa carbono neutral, por lo que cuenta con una estrategia clara de reducir y compensar sus emisiones de CO2 a partir de varias acciones, como la de continuar implementando paneles solares para la generación de energía.

En el ámbito tecnológico lanzaremos nuestra nueva plataforma digital, con tecnología de última generación a nivel mundial, que permitirá a nuestros clientes tener acceso a todos los productos y servicios a través de estas soluciones, también continuaremos con la aplicación de una política sostenida de innovación.

  • ¿Qué significa para ustedes el reconocimiento recibido por parte de la revista Latin Finance?

La prestigiosa revista Latin Finance nos reconoció por segundo año consecutivo como el “Banco del Año en Bolivia”. De hecho, el BISA sobresale por transformar de manera permanente la experiencia de sus clientes a través de servicios digitales además de ser un banco carbono neutral.

En 2019, cuando el BISA obtuvo el galardón por primera vez, Latin Finance concluyó que sobresale la innovación digital y un balance saludable que ha marcado el desempeño del banco. La entidad financiera es conocida por mejorar sus servicios de forma continua con una fuerte cultura de innovación orientada a mejorar la experiencia de nuestros clientes y usuarios todos los días.

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Reformar la justicia

Estamos pues ante un enorme e impostergable desafío como país, que no será sencillo ni de corto plazo.

Por La Razón

/ 25 de noviembre de 2020 / 06:49

Ya es un lugar común sostener que la administración de justicia en el país requiere una reforma profunda e impostergable. Se trata de una asignatura pendiente del proceso de democratización y de refundación estatal. Así, es fundamental reconstituir el Órgano Judicial para asegurar su independencia. Y por supuesto que el cambio también debe llegar al Ministerio Público.

Como parte del camino de modernización institucional en los años 90 del siglo pasado, y del proceso de refundación del Estado en el marco de la nueva Constitución Política aprobada en referéndum en 2009, se impulsaron importantes reformas en el sistema judicial. No fueron suficientes. Cada día constatamos que el sistema, en lugar de brindar justicia, está al servicio del gobierno de turno, de poderes fácticos, de quienes pueden pagar. Es un sistema que, con excepciones, administra injusticia.

Más que reforma, en realidad se requiere una transformación estructural. Está comprobado que la elección popular de las altas autoridades jurisdiccionales no condujo a un mejor ejercicio de la función judicial. Es un asunto a debatir, pues implica modificar la Constitución. Claro que el problema no radica solamente en la forma de selección de las cabezas del Tribunal Supremo de Justicia, el Consejo de la Magistratura, el Tribunal Constitucional Plurinacional y el Tribunal Agroambiental.

La cirugía mayor que requiere el sistema de administración de justicia en Bolivia pasa por un conjunto de cambios en el diseño institucional y en el marco constitucional y normativo, pero en especial en la cualidad y desempeño de sus principales operadores (magistrados, jueces, fiscales, abogados). Es imprescindible que la potestad de impartir justicia responda a los principios señalados en la Constitución: independencia, imparcialidad, probidad, celeridad, gratuidad, respeto a los derechos, entre otros.

El Ministerio de Justicia, a través de su titular Iván Lima, ha planteado diferentes iniciativas para encarar esta asignatura pendiente, como la aprobación de un paquete de leyes, la conformación de una comisión de expertos, la elección de nuevos consejeros de la Magistratura (incluido ultimátum para la renuncia de los actuales). Claro que la transformación estructural de la Justicia no puede ser obra exclusiva de una cartera del Estado: se requiere un amplio acuerdo nacional con participación ciudadana.

Estamos pues ante un enorme e impostergable desafío como país, que no será sencillo ni de corto plazo. La administración de justicia debe reformarse de manera sustantiva. Ello implica transformar las diferentes jurisdicciones (en especial la ordinaria), así como la justicia constitucional. Supone también reformar a fondo el Ministerio Público. Y es ineludible asumir plenamente el horizonte de pluralismo jurídico con interculturalidad. Sin justicia independiente, con equidad, no hay Estado de Derecho.

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Cultura y arte

Las tareas referidas a la interculturalidad, así como a la descolonización y su otra cara, la despatriarcalización, merecerán una atención especial.

Por La Razón

/ 23 de noviembre de 2020 / 02:13

Con la posesión, días atrás, de Sabina Orellana Cruz como ministra de Culturas, Descolonialización y Despatriarcalización, no solo se ha repuesto una cartera de Gobierno de gran importancia estratégica, sino también se ha repuesto el canal institucional para producir y ejecutar políticas de fomento a las artes, tarea súbitamente interrumpida durante el gobierno transitorio.

Es evidente que las tareas referidas a la interculturalidad, así como a la descolonización y su otra cara, la despatriarcalización, merecerán una atención especial, dadas las necesidades de transformación de la sociedad, que no solo no ha podido superar viejas prácticas de racismo y discriminación, sino que en algunos casos las ha profundizado y actualizado durante los casi 12 meses de gobierno transitorio.

Lo que no es tan evidente es el tipo de apoyo que merecerán las y los artistas del país, que no tienen Viceministerio que se encargue de las manifestaciones artísticas de la cultura y deben superar toda clase de obstáculos para merecer reconocimiento no solo a su obra, sino a su labor como creador de cultura y por tanto, tan digno de seguridad financiera como cualquier otro trabajador.

Casi coincidiendo con la restitución del Ministerio de Culturas, el Gobierno Municipal de La Paz anunció el lanzamiento del seguro de vida para artistas, una iniciativa desarrollada con apoyo de la Cooperación Suiza y esfuerzo del colectivo Todos Somos Culturas, que consiste en pólizas que cubren a las y los creadores artísticos a cambio del pago de una cuota mensual durante 10 años.

El acto de lanzamiento del seguro, que se anuncia como parte de un Programa de Fortalecimiento al Sector Cultural de La Paz, “Munasiña Pacha” (Tiempo de querernos y ayudarnos), sirvió para que representantes de diversos sectores de artistas, incluyendo escritores, músicos y artistas plásticos reflexionen sobre la precariedad en la que la mayoría de las y los creadores desarrollan su trabajo, situación que se agravó durante los meses de pandemia que hicieron prohibidos los actos públicos, en los que es posible el comercio de arte.

Hace falta, expresaron las y los artistas, políticas e incentivos, pero también una nueva mirada desde la sociedad, que en muchos casos sigue considerando el trabajo artístico como pasatiempo o actividad voluntaria, incluso a pesar de que la cuarentena impuesta a causa de la pandemia hizo que muchas personas redescubrieran la importancia del arte en sus vidas.

El Presidente del Estado ha enfatizado en la función estratégica que cumple el flamante Ministerio de Culturas, Descolonización y Despatriarcalización; ahora toca que quienes están en la cabeza de éste desarrollen no solo discursos y posiciones, sino una mirada integral de la cultura y sus múltiples manifestaciones, incluyendo aquellas que alimentan el alma de las personas que las consumen, pero también el cuerpo de quienes las producen.

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El factor dos tercios

Uno de los principios constitutivos de la democracia, además de la soberanía popular y la representación política, es el principio de la mayoría con reconocimiento de las minorías.

Por La Razón

/ 22 de noviembre de 2020 / 01:35

La intempestiva reforma de los reglamentos del Senado y de la Cámara de Diputados, que alteró la regla decisoria en varios artículos, repuso en el debate político el tema de los dos tercios y la relación entre mayoría y minorías. El polémico legado de la saliente bancada del MAS sigue en agenda, aunque la nueva Asamblea Legislativa Plurinacional ya asumió los reglamentos modificados.

Uno de los principios constitutivos de la democracia, además de la soberanía popular y la representación política, es el principio de la mayoría con reconocimiento de las minorías. Ello implica que, en ausencia de unanimidad o consenso, las decisiones se toman por mayoría. Si bien en principio este criterio, bastante lógico, puede verse como una cuestión aritmética, en el fondo expone diferentes “modelos” de democracia. No es lo mismo que decida solo la mayoría a que lo haga el mayor número posible de voces.

Respecto a las reglas decisorias, la mayoría puede adoptar diferentes formas: mayoría relativa o simple (el mayor número de votos respecto a los obtenidos por otras opciones), mayoría absoluta (la mitad más uno de los que eligen o deciden) o alguna mayoría especial o calificada (dos tercios, tres quintos, cuatro séptimos). Si bien la mayoría absoluta es la regla más utilizada, se espera que decisiones estructurales se tomen por mayoría especial. Ello se instituye en el marco constitucional y normativo.

En la legislación electoral boliviana se establece la regla de mayoría simple para la elección de alcaldes, en tanto que la mayoría absoluta es aplicada para la elección del binomio presidencial y los gobernadores. En el ámbito de la ALP, por mandato constitucional, algunas autoridades son elegidas por dos tercios: vocales electorales, contralor general, defensor del pueblo, fiscal general del Estado. La mayoría especial rige también para otras decisiones sustantivas, como la ley de reforma constitucional.

En general, es evidente que las decisiones en democracia y en un Estado de Derecho, como la aprobación y sanción de leyes, se toman por mayoría absoluta. Las decisiones que requieren mayoría especial en la Asamblea Legislativa Plurinacional, como los dos tercios, están señaladas de manera específica e inequívoca en 13 artículos de la Constitución Política. Todos ellos, sin excepción, se mantienen inalterables en los reglamentos camarales. No procede, pues, ningún recurso de inconstitucionalidad.

Como sea, más allá de las reglas, lo esencial en democracia es que la mayoría (siempre circunstancial) respete y reconozca los derechos y expresiones de las minorías. Es fundamental también que la mayoría pueda decidir sin el bloqueo o veto de las minorías. Se juegan en ello criterios de eficacia decisoria y de representatividad. En temas relevantes, antes que imponer, siempre será preferible la deliberación, el equilibrio, la construcción de acuerdos. Mayoría (relativa, absoluta, especial) es democracia.

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El retorno de la educación pública

Sería intolerable que las generaciones futuras sigan siendo perjudicadas por la impericia y el abandono del Estado en un momento de grandes desafíos para la sociedad boliviana.

Por La Razón

/ 21 de noviembre de 2020 / 07:35

La clausura intempestiva del año escolar fue una de las medidas más cuestionables de la anterior gestión. Uno de los grandes retos del gobierno de Arce consiste en diseñar y ejecutar oportunamente una estrategia audaz para que el Estado vuelva a cumplir con su deber básico de brindar servicios de educación pública, incluso en situaciones de emergencia.

La educación es seguramente uno de los servicios a la sociedad de mayor relevancia que el Estado debe garantizar a sus ciudadanos sin ninguna distinción. Es un elemento crítico para el desarrollo integral del país y un poderoso factor para atenuar las graves desigualdades e injusticias en el acceso a oportunidades económicas que lamentablemente aún persisten en Bolivia.

Es además una cuestión de gran relevancia para las familias de todas las condiciones que se preocupan del futuro de sus hijos e hijas. Está en el corazón de lo que la mayoría entiende como un motor básico para alcanzar la justicia y la equidad social. Por estas razones, es indudable que existe hoy una gran inquietud y expectativa social por una pronta reanudación de los procesos educativos.

En su momento, resultó incomprensible la incapacidad de las instituciones para implementar una estrategia que pudiera garantizar, aunque sea un mínimo de contenidos educativos para los millones de estudiantes obligados a quedarse en casa por la pandemia. El argumento que justificaba ese fracaso institucional fue la inexistencia de un acceso a una señal de internet suficiente y de bajo costo. Sin embargo, en similares condiciones y en medio de la pandemia, se vio el esfuerzo que países con características comparables hicieron para mantener al menos algunos servicios educativos no solo recurriendo a internet, sino aprovechando nuevamente la radio o la televisión públicas como bases de transmisión de contenidos educativos. Lo lamentable y a su vez paradójico es que en Bolivia han existido muy valiosas experiencias de educación radiofónica popular desde hace muchos decenios que dejaron una tradición que puede ser renovada con decisión y políticas claras.

Así pues, las nuevas autoridades del sector tienen hoy la gran responsabilidad de no fallar en esta dimensión de las urgencias del país, pues sería intolerable que las generaciones futuras sigan siendo perjudicadas por la impericia y el abandono del Estado en un momento de grandes desafíos para la sociedad boliviana.

La problemática de la educación en medio de la pandemia preocupa a gran parte de la región y del mundo. No se trata de inventar la pólvora, hay una enorme experiencia internacional ya probada en estos meses de la pandemia de brindar educación con instrumentos digitales, radiofónicos, televisivos o con nuevos esquemas de organización del trabajo presencial en las aulas. Es decir, hay varias lecturas y experiencia concretas, pero es imprescindible que se le asigne una máxima prioridad a este vacío y que se disponga de los mejores recursos del Estado para resolverlo. Se trata de un compromiso del presidente Arce que la sociedad espera que cumpla a cabalidad.

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