Opinión

jueves 28 ene 2021 | Actualizado a 11:39

Vacunas y politización

Es pertinente generar debates públicos con informaciones verificadas sobre las fases de la vacunación.

Por La Razón

/ 9 de enero de 2021 / 04:08

Frente a esta etapa de la pandemia, corresponde actuar con responsabilidad y mesura. Este no es el momento para la confrontación política y menos aún para fomentar la desconfianza mediante la difusión de informaciones imprecisas o el impulso de falsos debates. El éxito de la vacunación masiva contra el virus dependerá en parte de la cooperación del conjunto de la población y de la madurez de sus autoridades y de sus dirigentes.

Ante el rebrote del virus, el país está nuevamente frente al desafío de movilizar todos sus recursos para mitigar la enfermedad y al mismo tiempo evitar que las medidas asumidas paralicen nuevamente la actividad económica. Es una tarea compleja que requiere del esfuerzo coordinado de todos los niveles de Gobierno y un apoyo de la población y de los líderes políticos y sociales sin distinción ideológica o partidaria.

A diferencia del año pasado, estas tareas no se refieren únicamente a la implementación de masivas medidas de prevención, diagnóstico y tratamiento de la enfermedad, sino a la puesta en marcha de una gran campaña de vacunación que debería empezar a fines de marzo y que ojalá, poco a poco, permita superar este difícil periodo.

Todos los procesos necesarios requerirán de una compleja planificación y movilización de recursos técnicos, financieros y logísticos en todas las instancias gubernamentales, pero igualmente de la cooperación y comprensión de la población.

En ese sentido, lo menos aconsejable es utilizar esta problemática como mecanismo para alimentar la confrontación partidaria y la polarización, para seguir fomentando la desconfianza social en el Estado o para usarla como parte de la campaña electoral subnacional. Actuar con mesura y responsabilidad debería ser la receta de base.

Es pertinente generar debates públicos con informaciones verificadas sobre las distintas fases de vacunación, sobre la calidad de los insumos o sobre los particulares procedimientos para su adquisición. Se sabe que hay varios tipos de vacunas que protegen del COVID-19, cada una de ellas con requerimientos logísticos muy diferentes que deben ser considerados a la luz de la realidad infraestructural del país. No podemos dejar de lado que disponibilidad inmediata es muy limitada y que hay una enorme competencia de todos los países para garantizarse el acceso a esos lotes.

Estos son elementos que deben, obviamente, contextualizar el debate para no incurrir, voluntaria o involuntariamente, en imprecisiones o falsedades. El rol de los medios de comunicación es particularmente delicado en este sentido.

Por otra parte, sería indeseable que por intereses partidarios coyunturales se generen falsas expectativas sobre el acceso a estos medicamentos que luego no puedan cumplirse y que acaben en un enésimo conflicto estéril entre oficialistas y opositores. El mayor riesgo de un debate y una politización simplificadores es que al sembrar desconfianzas y falsas percepciones en la población se obstaculice posteriormente el crucial proceso de inmunización, en el cual la gran mayoría debería participar voluntariamente para vencer juntos este inédito capítulo.

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Gil Imaná: ‘Entregué con amor mi vida a la pintura’

El maestro pintor y muralista falleció este jueves a los 88 años. A continuación recuperamos la entrevista que publicó La Razón en octubre de 2014, cuando el artista recibió el Cóndor de los Andes en el grado de Caballero.

Por La Razón

/ 28 de enero de 2021 / 09:05

El maestro pintor y muralista Gil Imaná falleció este jueves a los 88 años. A continuación recuperamos la entrevista que publicó La Razón en octubre de 2014, cuando el artista recibió el Cóndor de los Andes en el grado de Caballero, la más alta presea que otorga el Gobierno.

El entonces canciller David Choquehuanca, hoy vicepresidente, le entregó la joya y el diploma, y aseguró que “empezamos a valorar lo nuestro en sus pinturas; cuando él empieza a recuperar nuestra identidad, cuando inicia a recuperar nuestras raíces, lo expresa en sus cuadros”.

— ¿Qué significa esta condecoración para usted?

— Es la más alta distinción que he recibido, lo que significa que debo redoblar esfuerzos para seguir la obra de toda mi vida. He entregado con amor mi vida a la pintura y poco a poco he ido creciendo con ayuda de los periodistas, de los críticos y así fue conociéndose en otros países. He tenido exposiciones hermosas en La Paz y otras ciudades de Bolivia. La primera la hice en Sucre en el año 1949, hace 65 años, esos son los años de vida profesional que llevo. Yo no necesito vacación ni descanso, porque el trabajo que hago no es trabajar, es una entrega amorosa, permanente. En realidad, cada uno de mis cuadros representa un pedazo de mi vida.

— En estos años de carrera, ¿cómo evalúa la evolución de la pintura nacional?

— Es cierto que existe una transformación de la pintura en Bolivia y en el exterior. Pero, no hay que olvidar que la pintura es un arte de creación individual. Existen nombres que han surgido a lo largo de la historia en diferentes países que han logrado marcar pautas en la pintura y que han crecido hasta alcanzar un reconocimiento internacional.

— ¿Algún nombre que quiera especificar?

— Yo me casé con una artista joven, Inés Córdoba (creadora potosina, 1927-2010). Comenzamos a trabajar juntos y realizamos los primeros murales en cerámica que se realizaron en Bolivia el año 1964, que está en la Facultad de Ingeniería de la UMSA. Posteriormente hemos realizado otros trabajos, siendo el más grande Tránsito en el tiempo que está en la Mutual La Primera. Es una obra a la que hemos dedicado tres años de nuestra vida, sin descanso, trabajando día y noche, un trabajo arduo y maravilloso, y el resultado nos satisface aún hasta ahora.

— ¿Tiene algún discípulo, un artista que siga su legado?

— Hay algunos que siguen un poco el estilo. Pero yo siempre insisto en que el arte no es artesanía, porque el copiar, tratar de hacer un realismo fotográfico, no es arte, es artesanía, es habilidad manual. El arte es creación, buscar el propio camino sin tener que copiar de otras personas.

— ¿Cuáles son sus planes?

— Yo estoy en una etapa en la que no puedo leer libros ni reproducciones porque mi visión no me lo permite. Escribo y pinto mirando arriba, con los ojos del alma. Así continúo dibujando. Además ahora estoy empeñado en que la institución que creé —la Fundación Inés Córdoba y Gil Imaná, que ya tiene su personería jurídica— comience a trabajar. Para ello, tenemos que superar algunos obstáculos burocráticos para hacer el acto de donación de mi casa para que sea transformada en museo con obras de Inés y mías, además de las que hemos coleccionado durante toda nuestra vida, e iniciar una campaña para recaudar fondos para poder acondicionarla como un repositorio.

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Cuarentena

Hoy es evidente que la apuesta mayor para mitigar y enfrentar el COVID-19 tiene que ver con la gestión de la vacuna.

Por La Razón

/ 27 de enero de 2021 / 01:47

Tanto el nivel central del Estado como las entidades territoriales autónomas del país han descartado la cuarentena rígida como respuesta a la segunda ola del COVID-19. Las estrategias de contención tienen que ver, más bien, con restricciones y la fundamental invocación a la ciudadanía para el autocuidado. El reto es conciliar la emergencia sanitaria con medidas anticrisis económica. 

Es comprensible que algunos actores que están en primera línea en la lucha contra la pandemia, como el personal médico, demanden un nuevo confinamiento de la población. El desborde de contagios sumado al precario sistema de salud pública plantea una situación crítica que requiere un conjunto de acciones. Claro que pensar hoy en una cuarentena rígida es inviable por diversas razones, en especial porque se está avanzando con dificultad en mejorar las condiciones socioeconómicas en medio de una crisis global.

Es evidente que no se trata de plantear el falso dilema entre cuidar la salud o cuidar la economía (tan falaz como el dilema entre el derecho a la vida o el derecho a elegir en democracia). El reto es gestionar todo ello de manera eficaz y con legitimidad, lo que implica alentar acuerdos y la más amplia participación ciudadana en torno a políticas públicas. En ese marco, no hay posibilidad de encerrar a las personas como se hizo a tientas en 2020 en casi todos los países. Son necesarias medidas alternativas.

Tras el brote del coronavirus el año pasado, la reacción del Gobierno provisorio en Bolivia, pocos días después del registro oficial de dos casos importados, fue decretar la cuarentena total. Hubo 10 semanas de confinamiento y otros tres meses de “cuarentena dinámica”. La medida permitió contener los contagios y “ganar tiempo”, pero no estuvo acompañada con testeo masivo, fortalecimiento del sistema de salud ni provisión de insumos (la corrupción con los respiradores es emblemática en ese sentido).

Como se ha visto a nivel global, las obligadas medidas de cuarentena, unas más prolongadas que otras, con mayor o menor rigidez, provocaron elevados costos socioeconómicos. El aumento del desempleo y de la pobreza, por ejemplo, son incontestables. En ese contexto, el posconfinamiento tuvo que conciliar el cuidado de la salud con el desarrollo de las actividades laborales, productivas y económicas (la “nueva normalidad”). En eso llegaron con fuerza la segunda y luego la tercera ola de la pandemia.

Hoy es evidente que la apuesta mayor para enfrentar y mitigar el COVID-19 tiene que ver con la gestión de la vacuna. Claro que hay aprendizajes en torno al autocuidado, la necesidad de pruebas masivas, el aislamiento de personas contagiadas, algunos medicamentos, la mejora en la capacidad de respuesta sanitaria. Se esperan meses duros y, ante la inviabilidad de una nueva cuarentena en el país, son necesarias las restricciones (asentadas más en la conciencia ciudadana que en la fuerza pública).

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Metropolización

En Bolivia hay algunas experiencias dignas de estudio: las mancomunidades.

Por La Razón

/ 25 de enero de 2021 / 01:54

A escasas semanas de las elecciones subnacionales y a pocos días del inicio de las campañas para solicitar el voto, es poco o nada lo que se sabe de las diferentes propuestas que harán las y los candidatos a la Alcaldía para conquistar el voto del electorado. Son muchos los temas importantes, y algunos superan con creces los límites de la jurisdicción municipal.

El primero de esos temas es el de la inevitable metropolización. El imparable crecimiento de las ciudades ha provocado que en los últimos años, en muchos lugares, no solo hayan desaparecido los límites entre las jurisdicciones de los gobiernos municipales vecinos, sino que además han aparecido nuevos problemas, muchos de ellos comunes y que pueden ser atendidos de manera conjunta.

Precisamente a causa de la dificultad para señalar límites jurisdiccionales, no deja de ser irónico (cuando no indignante) que en los últimos años hayan habido numerosos casos de emergencias en zonas de la ciudad disputadas por gobiernos municipales vecinos y que fueron atendidas por el personal del gobierno municipal paceño, pese a que los afectados hicieron sus trámites y pagan impuestos en algún otro gobierno local, cuyo personal brilla por su ausencia en casos de necesidad.

El principal obstáculo para siquiera considerar un proceso de evaluación de las posibilidades y caminos para integrar La Paz, El Alto, Viacha, Laja, Palca, Achocalla y Mecapaca en un gran territorio metropolitano es la falta de voluntad política, agravada por la ausencia de transparencia en algunos gobiernos locales, que por ejemplo, hasta hoy, y pese a que la ley así lo manda, todavía no administran sus recaudaciones a través de cuentas fiscales, sino en efectivo.

Para comprender la necesidad estratégica de un territorio metropolitano considérense únicamente tres ámbitos ejemplares: transporte, agua potable y basura. Estos tres servicios básicos que se brindan en cada uno de los municipios vecinos con diferentes niveles de calidad y eficacia, bien podrían ser tener una administración compartida, con un nivel de calidad similar, mayor población usuaria, lo cual implica disponer de más y mejores recursos y la posibilidad de encarar inversiones en infraestructura que por hoy están totalmente fuera del alcance de cualquier gobierno local solo.

En Bolivia hay algunas experiencias dignas de estudio: las mancomunidades, que si bien no se articulan en torno a necesidades compartidas, sí lo hacen por proximidad geográfica; en cualquier caso, a través de esta forma asociativa logran no solo una mejor gestión de sus recursos, sino también mejora su posición negociadora con los otros niveles gubernamentales y hasta con la cooperación.

Es, pues, deseable que las y los candidatos, por ahora concentrados en darse a conocer, incluso si echando mano de recursos pueriles, comiencen a emplear estrategias de persuasión de las y los votantes basadas en propuestas y no solo en descalificación de los adversarios; y que esas propuestas estén llenas de futuro y no de palabras huecas.

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7 de marzo

Pero la campaña electoral segura no tiene que ver únicamente con el COVID-19.

Por La Razón

/ 24 de enero de 2021 / 00:38

El TSE reafirmó que las elecciones subnacionales 2021 se realizarán, como estaba previsto, el domingo 7 de marzo, en cumplimiento de la ley y de la convocatoria. Quedan atrás, pues, los pedidos de algunos actores políticos orientados a postergar los comicios por el rebrote del COVID-19. En su lugar, está en mesa una propuesta de “Acuerdo para una campaña electoral segura”.

Entre otros efectos, la segunda ola de la pandemia trajo consigo el renovado debate sobre la pertinencia de proseguir con el proceso electoral en curso. No es algo nuevo, ni exclusivo de Bolivia. El año pasado los comicios se postergaron tres veces, nada menos, por esta razón. Con esa experiencia, y los aprendizajes en materia de bioseguridad, esta vez no habrá aplazamiento de la votación. La responsabilidad principal ahora está en el terreno de las organizaciones políticas. Y de la ciudadanía.

La novedad radica en la formalización de un acuerdo para garantizar que la campaña electoral, en las seis semanas que restan antes de la jornada de sufragio, se realice de forma segura. En octubre pasado se comprobó que la votación puede hacerse de manera ordenada, con apego a protocolos que limitan los contagios. El reto es llegar al 7 de marzo. De eso se trata el documento elaborado por el TSE, que debiera ser suscrito en los siguientes días por las fuerzas políticas y candidaturas.

En 18 puntos, el acuerdo plantea algunas cuestiones necesarias de ser asumidas en el actual proceso electoral. Hay también aspectos inherentes a toda elección, con o sin pandemia. La premisa es respetar la normativa vigente en materia de salud pública, por un lado, y cumplir las medidas de bioseguridad aprobadas por el TSE, por otro. Sobre esa base, el núcleo de cuidado tiene que ver con el modo en que se desarrollen las campañas: privilegiando eventos virtuales en lugar de grandes encuentros presenciales.

De hecho, ya algunas organizaciones políticas, incluido el MAS-IPSP a nivel nacional, optaron por suspender los actos públicos de campaña. El acuerdo del TSE no plantea suprimirlos, sino reducirlos y, cuando se hagan, proteger a la población, su militancia y los candidatos ante posibles contagios. En pocas palabras: evitar aglomeraciones de gente, cuidando en todo momento la bioseguridad. Parece bastante razonable y plausible, aunque más de una caravana proselitista se empeña en demostrar lo contrario.

Pero la campaña electoral segura no tiene que ver únicamente con el COVID-19. El reto principal radica en “desarrollar una campaña de propuestas”, respetuosa, libre de violencia política. Una campaña con amplio debate público sobre los planes de gobierno. Una campaña, en fin, con transparencia. ¿Algo más? Dados los antecedentes, el último punto subrayado en el documento del TSE es fundamental: “aceptar los resultados electorales”. Que el 7 de marzo no se repita la narrativa del “fraude monumental”.

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Renovación en Washington

La cooperación es una necesidad, todos podemos ganar de ella, hay pues una oportunidad.

Por La Razón

/ 23 de enero de 2021 / 01:26

El gobierno de Joe Biden podría ser una oportunidad para reenfocar la estratégica relación entre los Estados Unidos y América Latina. Para avanzar hacia un enfoque más multilateral y dialogado, no basta con la voluntad de cambio de la nueva administración estadounidense, se precisa también reconstituir un liderazgo colectivo latinoamericano.

No cabe duda de que la naturaleza de los vínculos entre la potencia del norte y los países latinoamericanos ha sido siempre relevante en una amplia gama de cuestiones y problemas. Relaciones que no han estado exentas históricamente de contradicciones, conflictos y fuertes asimetrías entre las partes.

Los últimos cuatro años no han sido un periodo fácil: la administración Trump ha actuado de manera unilateral, poco cooperativa y con una retórica agresiva en muchos de los temas estratégicos de la relación. Abiertamente se ha reivindicado el retorno a la anacrónica doctrina Monroe que asume a la región como una suerte de “patio trasero” de la gran potencia.

Los resultados de esta estrategia tampoco han sido positivos para enormes sectores. La migración sigue descontrolada y se realiza en condiciones más brutales, el bloqueo y la aplicación de medidas unilaterales en nombre de la democracia solo han deteriorado más la vida de los más vulnerables en los países que las están sufriendo, la división fomentada por la polarización política ha paralizado todo el sistema de diálogo interamericano y desde hace mucho no se escucha de alguna medida de cooperación ambiciosa de Estados Unidos que apunte al desarrollo socioeconómico y la reducción de la desigualdad en la región.

Frente a este punto de partida desastroso, se percibe, para empezar, un notable cambio en la retórica y las intenciones de las nuevas autoridades estadounidenses. Se habla de un retorno al multilateralismo, a una lógica de cooperación y de diálogo respetuoso con los países de la región y de la búsqueda de agendas comunes para enfrentar los graves problemas del hemisferio, agravados ahora por la pandemia y la crisis socioeconómica.

Para avanzar sólidamente es necesario que esa buena voluntad inicial se traduzca en una renovación de la retórica y acción diplomática y de cooperación de los Estados Unidos, un primer hito de esta nueva etapa podría concretarse en la próxima Cumbre de las Américas, que justamente tendrá como anfitrión a ese país. Pero eso podría no ser suficiente si no hay en frente un renovado cuerpo de ideas y propuestas, que puedan ser compartidas y promovidas activamente por una mayoría de países latinoamericanos.

En estos tiempos de crisis post pandémica, la cooperación es una necesidad, todos podemos ganar de ella, hay pues una oportunidad si los vientos de renovación se confirman en Washington, pero, al mismo tiempo, eso plantea a los latinoamericanos la necesidad de reorganizarse y volver a hablar con una misma voz.

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