Columnistas

Ciudades indigestas

Las batallas preelectorales que se aproximan han desplazado las prioridades urbanas a la Fiscalía

La Razón (Edición Impresa) / Edgar Arandia Quiroga *

23:09 / 06 de julio de 2019

Para evitar asaltos en los minibuses, un anuncio de la Policía emitido por una radioemisora de El Alto aconseja a los usuarios sacar fotografías del vehículo con su celular e incorporar alrededor de sus cuellos un artilugio de acero “para evitar ser ahorcados” por los cogoteros. Es fácil imaginarse que haría un ahorcado con una foto de su celular robado. Esperamos consejos parecidos para evitar violaciones, así como para interrumpir el laburo de los asaltantes nocturnos, con recomendaciones como llevar linternas, garrotes y pitos para defendernos de los malhechores.

En los últimos años la Policía, como institución susceptible de caer en las tentaciones que le permite su autoridad, pretende ahora cargar el bulto de sus responsabilidades de seguridad interna a los mismos ciudadanos. El desorden apocalíptico del tránsito en las ciudades de La Paz y El Alto puede enloquecer al más educado conductor, sacándole de su fino castellano para emitir una larga serie de adjetivaciones, en algunos casos muy ingeniosas, pero que también develan racismo, machismo, hembrismo y una gigantesca falta de educación vial, fruto del desconocimiento de las más elementales reglas de cortesía.

Cada línea del trasporte de pasajeros debe cumplir un recorrido preestablecido, pero improvisan al mejor estilo free jazz. Esperan en medio de la calle a un pasajero o se ponen a charlar entre ellos en alguna luz roja para contarse las últimas aventuras de sus colegas que cayeron en la seccional de la calle Pando, después de su partido en la Ciudad Ferroviaria, donde consumieron “una pared de frívolas”.

Frente a la jefatura del Organismo de Tránsito, en pleno centro de La Paz, se evidencia la inoperancia de sus operadores: caos vehicular frente a sus narices. Y todos sabemos lo que ocurre en el resto de las calles adyacentes. Los choferes del transporte de pasajeros establecen que las estrechas calles que fueron diseñadas hace tres siglos por el alférez Paniagua para carruajes y caballos son ahora una pista en la que deben adelantarse a la competencia como en una batalla entre rinocerontes.

Las calles de ambas ciudades están en ruinas, y las batallas preelectorales que se aproximan han desplazado las prioridades urbanas a la Fiscalía. En la mayoría de los gobiernos municipales de las ciudades intermedias y de las poblaciones más pequeñas hay juicios por malos manejos administrativos, o mejor dicho, porque se roban el dinero de los contribuyentes para beneficio propio. Esto repercute negativamente en los ingresos que genera el turismo. De igual manera, los bloqueos de caminos espantan a los visitantes extranjeros, quienes luego de sus terribles padecimientos deciden aconsejar a sus coterráneos que es mejor no arriesgarse.

Estamos ingresando en la época alta de turismo, y muchos extranjeros deambulan buscando las calles que aparecen en su GPS. Pero resulta que éstas no existen a medida que se alejan del casco viejo. Desde hace más de dos décadas, las ciudades bolivianas no tienen señalética, y por lo tanto, la tecnología solo sirve para desorientar a los usuarios que nos visitan y a nosotros mismos.

Las ciudades bolivianas han crecido vegetativamente y la mancha urbana acompaña estas movilizaciones humanas; y muchas juntas vecinales se las ingenian para poner nombres a sus avenidas y calles. Con latas y pintura al aceite, bautizan sus zonas y calles con nombres de flores, de números o de algún vecino notable. Luego viene la nueva directiva y cambia los nombres o simplemente los retira, porque ese supuesto vecino notable no era del agrado del nuevo mandamás.

Urge solucionar este problema y evitar, en alguna medida, el caos con las denominaciones de las calles y avenidas; además de especificar con precisión las áreas zonales y mejorar los mapas urbanos y de circulación. Si bien el teleférico y el transporte municipal son un avance innegable y han generado una revolución para el traslado de los ciudadanos, para los usuarios de las periferias resulta inevitable enfrentarse cada día con los choferes del transporte sindicalizado; y si los sobreviven es a costa de una indigestión.

* es artista y antropólogo.

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