Columnistas

Innovar contra la violencia y por la salud

Aún es notable el rezago o subregistro en indicadores claves como muertes maternas.

La Razón (Edición Impresa) / Fernando Leanes

23:27 / 07 de marzo de 2019

La salud de mujeres y hombres es diferente y desigual. La diferencia es biológica y atendible, la desigualdad se manifiesta en injusticias y en la disyuntiva de salud o de sufrir, enfermar o morir por causas evitables. El acoso, la violencia y la discriminación contra las mujeres están en el centro de la escena en Bolivia y hay creciente determinación a favor de un cambio.

En el sector salud, las desigualdades se expresan en exclusión y discriminación en el acceso a los servicios. Hubo mejoras. Bolivia redujo la pobreza, mejoró la distribución del ingreso e implementó programas de atención primaria que impactaron en indicadores de salud como uso de anticonceptivos modernos, tasas de fecundidad, atención prenatal y partos atendidos por personal calificado. Por ejemplo, el acceso a la atención del parto por personal calificado entre 2003 y 2016 mejoró sustantivamente, ya se ubica en el rango promedio de Latinoamérica, y la mejora en municipios pobres y mujeres sin escolaridad ha sido significativamente superior al promedio. Sin embargo, aún es notable el rezago o subregistro en indicadores claves como muertes maternas, las disparidades persistentes entre mujeres indígenas y las que tienen al castellano como lengua materna, y muy especialmente, las todavía altas tasas de embarazos en adolescentes vinculados a distintas formas de violencia de arraigo cultural.

El informe del Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer de 2015 ha reconocido importantes avances en materia legislativa e institucional y observó con preocupación la falta de apoyo administrativo a estos procesos. Desde 2015 a la fecha se ha avanzado ciertamente en el orden institucional, pero aún las situaciones de violencia de género, incluyendo feminicidios, ostentan una de las más altas prevalencias entre los problemas de salud. Las relaciones de poder en el marco de la salud muestran  asimetrías de género nítidas en el ámbito de la salud sexual y reproductiva.  El dominio sobre el cuerpo de la mujer y su sexualidad se manifiesta, tanto en el ámbito familiar como en el institucional, donde la ideología patriarcal limita la capacidad de autonomía y desarrollo personal.

Pese a los avances institucionales, la cultura patriarcal que origina la cadena de violencia y desigualdades continúa reproduciéndose y festejándose. Urge terminar con el desconocimiento de la gravedad de los estereotipos, como “el campeón y la cocinera” o “el médico y la enfermera”, y de los emergentes grupos “antigénero”. La desigualdad es violenta y eficaz para que se mantenga la injusticia social, el subdesarrollo y el retraso en la salud de la mujer misma y el transgeneracional de varones y féminas bajo su cuidado.

La cultura machista y patriarcal naturalizada, incluso en dirigentes y medios de comunicación, masivamente influye en el comportamiento de las sociedades y fomenta la cadena de violencia, desde la verbal hasta los golpes, la violación y el feminicidio. Sectorialmente, el maltrato y tráfico de pacientes niñas y mujeres, y violencia obstétrica. Considerando los instrumentos de aprendizaje de ONU Mujeres, sería pertinente innovar con una alianza para que el personal de salud, funcionarios y todas las personas influyentes beneficien a la causa comprendiendo el significado de la violencia contra las mujeres.

En el campo de la salud, los programas Juana Azurduy y Mi Salud, y la ampliación del acceso gratuito a servicios por el SUS, permiten y permitirán a millones de mujeres y niñas gozar de una vida más plena, ejercer su derecho a decidir y tener un referente del Estado al que comunicar situaciones de violencia.

Felicitamos el liderazgo de la Cancillería boliviana en este esfuerzo de todos los sectores y naciones, la labor de agencias como UNFPA en Bolivia, que aportan evidencia para la acción y, frente a la mediocridad del discurso patriarcal predominante, la voz de unas todavía pocas bolivianas que se escucha fuerte, clara y disonante: aprendamos de ellas para ser más los que, “pensemos en igualdad, construyamos con inteligencia e innovemos para el cambio”.

* Representante de OPS/OMS en Bolivia.

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