Columnistas

Amar en la diversidad

Ha llegado el momento de tomar decisiones para construir una sociedad justa e igualitaria.

La Razón (Edición Impresa) / Andrés Mallo y Pablo Merino

23:40 / 25 de abril de 2019

Las familias diversas han estado siempre presentes en la historia de la humanidad; invisibilizadas y antepuestas por el poder, el machismo y el patriarcado. Tradicionalmente estos núcleos familiares han sido exhibidos como fenómenos o en noticias amarillistas. No obstante, se han reivindicado a través de la educación y de las acciones cotidianas, logrando un crecimiento personal, económico y profesional.

Actualmente, la gran accesibilidad de información a través de internet y los medios masivos de comunicación permiten abrir el debate sobre las familias diversas. En diciembre de 2018, los suscriptores del presente artículo nos comprometimos y decidimos compartir este momento en Facebook y en otras redes sociales, con el fin de sensibilizar sobre la ausencia de una legislación que regule el matrimonio entre personas del mismo sexo en el país.

Esta publicación generó bastante revuelo no solo en las redes sociales, sino también en los medios de comunicación. Tal reacción deviene de una postura conservadora, religiosa y la falta de una legislación en este tema, a pesar de que en varios otros países de la región, como en Argentina (2010), Uruguay (2013), Brasil (2013) y Colombia (2016), el matrimonio igualitario fue socializado y aprobado de manera mayoritaria hace ya varios años.

La falta de educación en temas de derechos humanos, sexualidad y diversidades sexuales es otro de los factores que explica este rechazo. Por ejemplo, no resulta un dato menor que en Bolivia se registren más de 5.000 casos de niñas embarazadas menores de 14 años al año, según estimaciones del Ministerio de Salud. Esto confirma la falta de acceso a una educación sexual integral en las instituciones educativas, así como la prevalencia de prejuicios y miradas arcaicas que consideran a la educación sexual como una responsabilidad exclusiva de los padres de familia. Bajo esta premisa, el Estado se desentiende de este asunto, convirtiéndose en un factor de desinformación.

Por otro lado, el aporte estatal para garantizar los derechos de las poblaciones LGBT es ínfimo, y se limita sobre todo a aspectos normativos. Razón por la cual las personas que pertenecen a este colectivo siguen siendo marginadas, discriminadas y estigmatizadas, además de ser invisibilizadas de la realidad social del país.

Este fenómeno se evidencia en la creciente violencia impulsada por los movimientos antiderechos mal proclamados defensores de la “familia natural”, que tienen por lema “Con mis hijos no te metas”, y cuyos fundamentos se basan en la apología del odio y la discriminación. En este asunto, en el que las familias diversas son el principal blanco de los ataques, el Estado debería intervenir con base en las normativas antidiscriminatorias y en la laicidad estatal, sancionando tales manifestaciones.

Respecto al acto de reivindicación por la igualdad de los derechos que hemos impulsado, cabe resaltar que no se limita al compromiso simbólico en territorio boliviano de dos hombres; pues no solo ha sido acompañado por nuestras familias consanguíneas, amigos y otros; sino que además se trata de un sencillo acto de demostración de amor que se transforma finalmente en un acto político de rebeldía hacia el sistema patriarcal y religioso. Lo cual permite generar un espacio de reflexión y debate en todos los ámbitos. Ha llegado el momento de que nuestras voces sean escuchadas y visibilizadas, y de tomar decisiones para construir una sociedad justa e igualitaria.

* Activistas en favor de los derechos de las poblaciones LGBT.

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