Columnistas

Una vez más: más serán menos

El problema que se avecina con la dispersión es la Asamblea Legislativa, cuya integración será fundamental.

La Razón (Edición Impresa) / José Rafael Vilar

23:56 / 13 de enero de 2020

Leyendo el artículo La unidad es un nuevo proyecto de nación, de Gonzalo Chávez (El Deber, 12/01/2020), recordé el posicionamiento de muchos articulistas sobre la conveniencia o innecesariedad de la unidad frente al MAS como meta de urgencia. En 2013 y 2014 ya me ocupé en esta columna sobre la tendencia a la dispersión electoral (Más serán menos, 24/12/2013, y Menos serán más, 24/06/2014). Todos conocemos los resultados; y aunque las condiciones no eran las mismas, las causas sí lo eran.

Se han difundido aproximaciones sobre las intenciones de voto, pero ninguna fue realizada después de la convocatoria a elecciones, por lo que la mayoría de los que aparecían incluidos en los sondeos no eran precandidatos y algunos tampoco lo son ahora. Me guiaré por la encuesta de CIES-MORI del 21 al 30 de diciembre, difundida por Unitel (lamentablemente no pude acceder a la ficha técnica, porque no aparece en las versiones digitales de los medios). Según este sondeo, el MAS perdería en segunda vuelta: el 57% de las intenciones de voto (¡no votos aún!) supuestamente ya decididas apoyarían un candidato no-MAS, y al candidato del MAS no le alcanzaría ni con la suma de indecisos sumados.

Si a las intenciones “ya decididas” (77,6%) les sumamos los indecisos (8,5%) y las secretas (1,8%), tendríamos el 100% de las intenciones “válidas” (el 85,6% del total); obviando el hecho de que la suma de “válidas” y blancos/ningunos y nulos no da el 100%, sino el 97,3%. Si a las intenciones supuestamente ya decididas adiciono a cada supuesto precandidato el prorrateo proporcional de indecisas y secretas para obtener sus “válidas”, el MAS obtendría el 22,8% de intenciones para primera vuelta; la presidenta Áñez (sin postularse), el 17,2%; Carlos Mesa, el 15,2%; Marco Pumari, el 9% (antes de unirse); Chi Hyun Chung (sin organización que lo auspicie y promueva), el 8,9%; Luis Fernando Camacho, el 7,6% (en un medio sumaron las intenciones a favor de Pumari y Camacho, olvidando ¿intencionalmente? que en los porcentajes de ambos hay muchas intenciones comunes); Samuel Doria Medina (no se ha postulado), el 2%; Jorge Quiroga (autoproclamado recién, sin organización definida), 1,8%; y “otros” el 1%. Con estos datos, el conjunto no-MAS obtendría el 62,8% de las intenciones válidas, que si se tradujeran en votos, reafirmaría la supuesta innecesaridad de un frente.

Olvidemos el anterior análisis y esperemos otros después del 3 de febrero, porque Áñez y Doria Medina no han anunciado su participación, Camacho y Pumari formaron dupla (si no vuelven a separarse), Chi no tiene quién lo cobije, Patzi parece que va, y otros seguirán apareciendo (aunque confío que no sean 18 los candidatos como en el 85, o 13 como en 1980).

El problema que se avecina con la dispersión es la Asamblea Legislativa, cuya integración será fundamental para que el próximo gobierno emprenda tareas impostergables, y en la ninguna fuerza no-MAS lograría mayoría; peor considerando el sistema d’Hondt utilizado en Bolivia para distribuir escaños que tiende a favorecer ligeramente a los partidos con más sufragios, sobre todo a los que ganan en circunscripciones con votantes escasos (las cuales en Bolivia corresponden a zonas rurales, muchas de ellas dominadas por el MAS); además del baremo de la barrera electoral que redistribuye (siguiendo d’Hondt) a otras organizaciones los escaños obtenidos por aquellas que no logren el 3% nacional.

El próximo Gobierno necesariamente será de alianzas, porque ninguna organización tendrá mayoría legislativa. Para refundarse, el país necesita de amplias voluntades cohesionadas con objetivos comunes. ¿Por qué no vamos adelantando ahora?

* Analista y consultor político.

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