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Elección 2020: bulos y ‘amores’ a tutiplén

Cada momento que se pierde nos acerca a un 3 de mayo descalificado internacionalmente.

La Razón (Edición Impresa) / José Rafael Vilar

00:12 / 11 de febrero de 2020

Empezaré esta columna junto con mis lectores no-MAS tras la incertidumbre con la vigente Sentencia Constitucional Plurinacional 024/2018 (írrita como la 084/2017, que habilitó al binomio ilegal y luego fraudulento), que cambió el requisito de “haber residido de forma permanente al menos los dos años inmediatamente anteriores a la elección en la circunscripción correspondiente” (Art. 149 y concatenados de la CPE) por otro de “residencia intermitente”, “justificado” por ser más “favorable a los derechos humanos” de los posibles candidatos (la Sentencia interpretativa fue promovida por dos diputados opositores: Norma Piérola Valdez y Julio Costas Gonzales). Las candidaturas observadas por el Tribunal Supremo Electoral, entre ellas la de Evo Morales Ayma, fueron revisadas según lo establecido por la ley. El requisito de residencia permanente está en el reglamento para la Inscripción y Registro de Candidaturas, Art 3, II.

En un afán propositivo, y porque creo que es muy posible corregir las falencias, diré que el gobierno de Áñez, más allá de su transitoriedad, ha perdido posibilidades y, aparentemente, ha abandonado esfuerzos en asuntos de comunicación. Después de un excelente inicio de posicionamiento exterior (que fue intuitu personæ con Jorge Quiroga Ramírez, Óscar Ortiz Antelo, Jaime Aparicio Otero y Karen Longaric Rodríguez); éste no fue seguido (difusión, posicionamiento o lobby mediático) por razones que desconozco, ya fuera por decisión estratégica, falta de personal o recursos, o incluso por un sabotaje interno de la gestión.

La consecuencia ha sido una visión negativa en medios internacionales, a través de recientes artículos (la traducción es mía) como Déjà vu en Bolivia: Áñez quiere ser como Evo (The New York Times), La líder interina de Bolivia no debería presentarse a elecciones (The Financial Times), y Jeanine Áñez quiere ser presidente de Bolivia. Ella está traicionando su voto para restaurar la democracia (de Andrés Oppenheimer, en The Miami Herald).

En el mismo sentido estarían los diferendos con el relator especial sobre la independencia de magistrados y abogados de la ONU, Diego García-Sayán; con Amnistía Internacional y con la CIDH, al margen de cuán inválidas sean estas posiciones. ¿Son prevenibles? Sí, pero cada momento que se pierde nos acerca a un 3 de mayo descalificado internacionalmente.

“Comunicar hacia adentro” pareciera ser el enfoque estratégico de la comunicación gubernamental, previendo críticas y susceptibilidades sobre mezclar gestión con campaña. Pero perdido el cebo (a la vez que cepo) de la propaganda estatal y sin otras coyundas perceptibles, aparecen en medios importantes posiciones muy críticas dentro de una libertad amplia de expresión. La cual celebro absolutamente, pero que debió ser compensada (¡no coartada!) por una mejor comunicación estatal (incluida de crisis) fuera de sus medios propios. Que es muy corto el tiempo, no abundan los recursos (no los humanos, que aquende sí existen), y lo previo era viciado... Sí, sin duda. Pero también lo ha sido para los que enfrentan la economía y la pacificación, la salud... Es época de presta creatividad comprometida, no de prueba y error.

El Gobierno ha tenido desaciertos, pero también muchos aciertos. La Presidenta provoca amores y desamores, lógicos ambos; los bulos y miedos pululan en las redes sociales y conversas; el saboteo no falta, a veces con buenas intenciones. Es la época del río revuelto, del descrédito de la política (y de la antipolítica también).

Y, en medio de todo ello, dos buenas noticias: el MAS continúa fracturándose y despreciando a los moderados. Y las pititas (sin etiquetas) no se han guardado.

* Analista y consultor político.

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