Columnistas

El tamaño del daño

La anulación de las elecciones mediante ley era el único camino que le quedaba a tan desastrosa experiencia

La Razón (Edición Impresa) / Verónica Rocha Fuentes

23:52 / 05 de diciembre de 2019

Veintidós días luego del plazo comprometido, la OEA entregó el informe de Análisis de Integridad Electoral sobre las elecciones celebradas el 20 de octubre en Bolivia. El documento contiene datos importantes que pueden ser útiles para elaborar investigaciones futuras sobre lo que pasó realmente con la administración del mencionado proceso electoral. Al respecto, se ha establecido un innecesario debate respecto al uso de la palabra “fraude” o no en el dictamen. El documento no utiliza esa palabra, pero esto es irrelevante, porque hay una distancia concreta entre lo que son los hechos y lo que son las narrativas que los describen. A no dudarlo, la narrativa del fraude quedará en los anales de la historia política y democrática del país para signar aquel proceso, por su hondo calado en el imaginario de buena parte de la opinión pública, y que es la que actualmente está escribiendo la historia. Y, por supuesto, este informe contribuye a su consolidación.

El documento desglosa los hallazgos de la investigación en tres grupos: a) acciones deliberadas que buscaron manipular los resultados electorales, b) irregularidades graves y c) errores. Esta clasificación no es un dato menor, pues si se hace el relevamiento de lo que el informe presenta como acciones deliberadas e irregularidades graves, se puede inferir que las más graves sospechas se ciernen sobre los procesos informáticos que permitieron digitalizar parte del proceso electoral, con especial énfasis en la Transmisión de Resultados Electorales Preliminares (TREP).

Es preciso recordar que el TREP fue utilizado por primera vez en el referéndum constitucional de febrero de 2016, y su principal objetivo es dar certidumbre sobre los resultados preliminares de la votación la misma noche de la jornada electoral, ya que el cómputo oficial puede tardar varias jornadas. Hasta el 20 de octubre gran parte del país no sabía lo que era el TREP, a pesar de haber sido usado anteriormente. Este fallido proceso electoral y sus terribles consecuencias impulsaron a la ciudadanía a buscar mayor información sobre este sistema, ciertamente complejo y nuevo en el país, en proceso de consolidación y hoy pareciera llegar a su fin.

Y es que por todo lo presentado en torno al TREP, hoy la ciudadanía desconfía del fallido proceso electoral celebrado el 20 de octubre. A lo cual se suma el hecho de que el gobierno anterior apostó por la consistencia del proceso electoral abriendo las puertas a la OEA para que realice una auditoría, con resultados vinculantes. Así las cosas, la anulación de las elecciones mediante ley era el único camino que le quedaba a tan desastrosa experiencia.

Luego de ese proceso y tras el informe de la OEA, corresponde el recuento de daños sufridos por nuestra institucionalidad democrática. De buena manera, han quedado gravemente heridos los supuestos mínimos que teníamos sobre ésta. Ese es el tamaño del daño que le ha hecho a nuestra democracia el intento de repostulación del expresidente Evo Morales. Y el camino para sanar las heridas institucionales, en manos de políticos e instancias públicas, no se perfila nada sencillo. Nosotros, en cambio, debemos y podemos aportar, tejiendo cotidianamente la fibra más honda del entramado democrático: la convivencia con quien piensa distinto. El sembradío de odios está floreciendo, la cosecha es opcional.

* Comunicadora. Twitter: @verokamchatka

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