Columnistas

De la xenofobia nazi al pedido de inmigrantes

Es increíble que aún se discuta la obligación o no de levantar las restricciones contra la circulación de las personas.

La Razón (Edición Impresa) / Alejandro A. Tagliavini

05:49 / 23 de diciembre de 2019

Del 16 al 18 de diciembre la Agencia de la ONU para los Refugiados realizó en Ginebra una “cumbre histórica”, el primer foro mundial en esta materia. Insólitamente se reunieron para romper el estigma que etiqueta a los refugiados como una amenaza, no como una oportunidad, ya que los gobiernos no quieren entender que los inmigrantes son personas con una enorme capacidad de superación.

Es increíble que todavía se esté discutiendo si los Estados tienen la obligación o no de levantar las restricciones coactivas (que imponen en uso de su monopolio de la violencia) contra la circulación y radicación de seres humanos. Es increíble que en pleno siglo XXI se siga discutiendo si la violencia puede ser útil en algún caso, cuando la ciencia ha dicho que es siempre destructiva y que es contraproducente hasta en los casos de defensa propia y urgente, siendo los pacíficos los únicos métodos eficientes de defensa.

Dice la ciencia que existe un orden natural, un orden universal, que el cosmos está ordenado. El sol sale todos los días, energiza a las plantas y animales, que son alimentados por la lluvia, entretanto, los árboles proveen de oxígeno… La naturaleza tiene un orden infinitamente sabio. De hecho, lo único que hacen los científicos es estudiar ese orden que, de no existir, ellos tampoco existirían, porque no habría nada que estudiar.

Dice también la ciencia que la violencia es aquello que pretende desviar precisamente el curso espontáneo de la naturaleza. Como cuando un ladrón arrebata algo que el poseedor no tenía intención de entregar o como cuando se asesina a una persona impidiendo que siga desarrollando su vida naturalmente.

Por tanto, la violencia es contraria al orden natural, es anticientífica, de modo que resulta una incoherencia insalvable el que los Estados (ya sea en economía o en cuestiones sociales) pretendan imponer un “orden” de manera violenta. Por esto sabemos que los problemas de la libertad (de la ausencia de coacción estatal) se solucionan con más libertad (con menos coacción), jamás con represión. Cosa que la derecha política no entiende, así como la izquierda tampoco comprende que el orden o es libre o es desorden.

La libertad a los inmigrantes no solo no es peligrosa, sino que además es un beneficio, porque en una sociedad libre significa la llegada de más personas para trabajar y construir un país mejor.

Alemania ha decidido liberalizar la inmigración, ya que tiene 1,4 millones de puestos de trabajo sin cubrir, lo que podría provocar una fuga de empresas. Según las cámaras de Comercio e Industria, el 56% de los empresarios considera la falta de trabajadores el principal factor de riesgo para sus negocios. Aunque ya hay 2,5 millones de europeos trabajando en Alemania, se necesitan extraeuropeos, ya que la migración se ha reducido. Un año atrás el banco UBS ya alertaba de que si la entrada de inmigrantes bajaba del medio millón (hoy ronda los 400.000), el crecimiento se moderaría, y eso está ocurriendo.

Si existe desocupación, se debe a las normas laborales coactivamente impuestas por los gobiernos, como la ley del salario mínimo que, en la práctica, significa prohibir que trabajen los que ganarían menos. Y la solución es más libertad en el mercado laboral. La forma de aumentar los sueldos no es con violencia. Precisamente por la escasez de trabajadores, y dada la libre oferta y demanda, Vivantes, empresa que administra los hospitales de Berlín, ofrece hasta $us 10.000 al mes para conseguir trabajadores asalariados.

Es miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity,

de Oakland, California; @alextagliavini; www.alejandrotagliavini.com

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