Editorial

8 de marzo

Lo peor de esta forma de violencia contra la mujer es que en muchos casos pasa desapercibida.

La Razón (Edición Impresa)

23:25 / 07 de marzo de 2019

Un dirigente cocalero, Leonardo Loza, acaba de causar indignación pública al aludir a las mujeres con un mensaje machista para el repudio general. En ocasión de un aniversario de la Federación de Mujeres de Comunidades Interculturales, nada menos, “garantizó” mujeres (las ganadoras de un concurso de belleza) por la presencia en los festejos de un ministro de Estado.

Lamentablemente, es muy recurrente ese tipo de bromas de mal gusto que hace referencia a las mujeres como un objeto. En lo cotidiano, para muchas personas es natural hacer chistes hablando de ellas por su aspecto físico, su edad o su condición civil.

Lo peor de esta forma de violencia contra la mujer es que en muchos casos pasa desapercibida; suena tan natural en el ambiente, que no la cuestionan, sino la aplauden o la disfrutan. Eso ocurrió en el acto al que asistió Loza y, también, cuando el exembajador Jerjes Justiniano revindicó la forma de ser del alcalde Percy Fernández, conocido por toquetear a una periodista, besar por la fuerza a una funcionaria o por nalguear a una concejala. Y cuando el diputado Rafael Quispe, al cuestionar el juicio por acoso político por parte de la dirigente campesina Felipa Huanca, dijo que tiene “una mujer más joven y más linda que ella”.

Esas agresiones sucesivas contra las mujeres resultan más tarde en un factor determinante de la violencia física.

Se avanzó bastante en los marcos legales sobre los derechos de las mujeres en el país, pero la materia pendiente sigue siendo superar las taras machistas inherentes a la idiosincrasia, lamentablemente. Hay normas que sancionan la violencia contra la mujer o promueven sus derechos, como las leyes 348 y 243, pero la conciencia respecto del problema parece no hacer mella en el comportamiento social.

Son una infeliz coincidencia esos tres casos que comentamos en líneas arriba con el Día Internacional de la Mujer, que se celebra hoy en el mundo en homenaje a las luchas históricas de ese sector tan vulnerable de nuestras sociedades. Nuestro sentido homenaje debería ser nuestro compromiso de enfrentar la violencia contra la mujer.

La familia sigue siendo el espacio inicial para la erradicación de este mal, y los espacios públicos deberían contribuir a un debate más profundo para la eliminación de este flagelo. Causa pesar, al contrario, que el espacio político sea el menos consciente respecto del problema, como prueban las actuaciones de ciertas autoridades o dirigentes sociales, precisamente por su capacidad de incidencia con el público.

En este día, hay que valorar la convicción de las instituciones y colectivos sociales sobre la necesidad de resolver este problema. Esa convicción debería tener mayor atención en la ciudadanía, para contribuir a la construcción de una sociedad más justa con las mujeres, que resguarde sus derechos y les permita mayores oportunidades de igualdad. Y eso se logra con una actitud personal, no solamente con la letra muerta de las leyes.

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