Editorial

Transporte público

Se tiene una situación de respeto mutuo que se había perdido hace más de tres décadas.

La Razón (Edición Impresa)

06:56 / 09 de diciembre de 2019

Desde el sábado retornaron a las calles de La Paz los célebres PumaKatari y ChikiTiti, y con ellos, un servicio de transporte verdaderamente público, es decir, que es prestado por un operador estatal, y por tanto, los criterios para evaluar su funcionamiento y productividad son diferentes. Aquí se trata de satisfacer la necesidad de la población y no la de unos pocos.

La distinción no es menor. Desde hace décadas se sabe que el sistema de transporte de pasajeros en La Paz tiene el gran defecto de ser “miniaturizado”; es decir, que los vehículos que llevan y traen pasajeros son tan pequeños que no pueden llamarse propiamente “masivos”. Cada uno de los buses de la empresa municipal LaPazBUS puede transportar el mismo número de personas que tres minibuses, o que siete trufis. Puede hacerlo, además, en condiciones que garantizan, mínimamente, la seguridad y dignidad de las y los pasajeros.

El impacto en las calles de la ciudad, tanto en lo referido a la circulación vehicular como respecto a la emisión de gases contaminantes es más o menos evidente. Súmese la obligatoriedad de respetar las paradas establecidas y la fila para abordar el bus, y se tiene una situación de respeto mutuo que se había perdido hace tres décadas y media con la introducción del transporte libre. El cual si bien entonces era una solución real a la demanda de transporte, terminó convertido en un sistema incapaz de evolucionar y organizado en sindicatos de dudosa transparencia.

Precisamente por ello es que desde la introducción del servicio municipal de transporte, los sindicatos manifestaron en cuanta ocasión pudieron su rechazo; pues aunque todavía no puede competir con buses, minibuses y trufis en frecuencia ni en cobertura, sí lo hace en precio y calidad, y es evidente que son éstos los mayores defectos de los sindicalizados y los que más les cuesta superar.

Súmese a ello la desmedida violencia de parte de los choferes sindicalizados el día de la inauguración de la línea de buses Achumani-San Pedro, que marcó un quiebre con las y los usuarios, y la quema de buses en los parqueos de Achumani y Chasquipampa la trágica noche del 10 de noviembre, y se tiene un poderoso símbolo ya no solo favorable al Ejecutivo municipal, sino también de la aspiración del público usuario, que difícilmente puede ser satisfecha con el modelo “miniaturizado” antes aludido.

Aparentemente es muy largo el proceso para recuperar los 66 buses siniestrados, y mientras tanto, los reemplazan los nuevos buses que debieron servir para nuevas rutas. Lo que implica que este servicio de transporte público no crecerá en muchos meses y ha ahorrado a los sindicalizados una nueva movilización de protesta. No se ha resuelto, sin embargo, el problema del transporte en la ciudad sede de gobierno, y toca a los choferes tomar la iniciativa para transformar su modelo.

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