Editorial

Los retos de Alberto Fernández

Urge superar la cultura de confrontación que en los últimos años exacerbó las contradicciones políticas.

La Razón (Edición Impresa)

01:47 / 07 de diciembre de 2019

Alberto Fernández asumirá la presidencia en Argentina este 10 de diciembre. Tiene el gran reto de estabilizar la economía del vecino país, procurando que su aparato productivo se reactive, a tiempo de mitigar los impactos sociales de la crisis. También debe buscar cohesionar a la sociedad argentina, algo que pasa por superar la polarización política que hoy vive el país de Borges. 

El retorno del peronismo al poder en Argentina ha coincidido con la agudización de la crisis económica que atraviesa desde hace varios meses la nación vecina. Crisis que se expresa, entre otros aspectos, en una severa contracción de la producción y del consumo, una tasa anual de inflación cercana al 50%, la devaluación de su moneda, y lamentables secuelas en términos de aumento del desempleo y de la pobreza.

Este panorama poco halagüeño se complica aún más por el alto nivel de endeudamiento externo del país. Al extremo de que la nueva administración previsiblemente deberá negociar una posible reprogramación del pago de sus compromisos financieros con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y con sus acreedores privados y extranjeros. No serán conversaciones fáciles ni rápidas, Y sus resultados definirán en buena medida las opciones de Fernández para encarrilar la economía argentina en el corto plazo.

No es, pues, momento de alentar el conflicto y la desunión en la nación austral. Consciente de este aspecto, el nuevo mandatario anunció su intención de impulsar amplios consensos con los actores empresariales, sindicales y sociales, para pactar acuerdos en torno a los precios y salarios. De igual manera manifestó su deseo de superar la polarización entre los sectores que apoyan al peronismo y aquellos que no comulgan con esta propuesta política.

A pesar de su contundente victoria, Fernández habría entendido el mensaje de las urnas, expresado en el 40% de los electores que ratificaron su apoyo al presidente saliente, Mauricio Macri, en buena medida por temor a un supuesto retorno de los excesos del kichnerismo.

Es de esperar que esta apertura permita reconstituir un sano equilibrio entre un oficialismo que debe estar abierto al diálogo y una oposición constructiva. Lo cual beneficiará al de-sarrollo del país en su conjunto. Por ello, urge superar la cultura de confrontación que en los últimos años exacerbó las contradicciones políticas y el quiebre entre los propios ciudadanos.

Pese a las posibles divergencias coyunturales, queda claro que la relación entre Argentina y Bolivia es imprescindible, estratégica y necesaria. Una Argentina recuperada, fuerte y cohesionada es una ventaja para nuestro país. Por tanto, debemos desearle lo mejor a su nuevo presidente y esperar que tenga éxito en su gestión.

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