Icono del sitio La Razón

Argentina debate sobre el aborto

Lucía Bulat, estudiante de Medicina de 19 años, estaba bailando en las escaleras frente al Palacio Legislativo en la capital argentina mientras veía a quienes se manifestaban a favor de la despenalización del aborto. “Es un día hermoso”, dijo ese 10 de abril. “Nos estamos empoderando y reclamando por nuestros derechos. No podemos dejar que otros nos digan qué podemos hacer con nuestros cuerpos y qué no”.

No fue hace tanto tiempo que los activistas proaborto en Argentina tenían pocas esperanzas de que pudieran volver del tema tan polarizante una prioridad legislativa. Sin embargo, los legisladores en el país —de donde es oriundo el papa Francisco— ahora se encuentran debatiendo una medida para que se pueda interrumpir un embarazo dentro de las primeras catorce semanas de gestación. Si tienen éxito quienes promueven la medida, Argentina se convertiría en el país más poblado de América Latina en permitir el aborto, un hito en una región donde la norma son las estrictas leyes en contra.

El que el tema esté a discusión en la Cámara de Diputados es visto como un resultado directo del activismo a favor de los derechos de la mujer en la nación, que despegó particularmente en 2015 con la campaña contra feminicidios “Ni una menos”.

La posibilidad de la despenalización ganó terreno político a principios de este año cuando el presidente Mauricio Macri, quien personalmente se opone al aborto, abogó por que los legisladores votaran según su conciencia. Si la medida es aprobada, lo que aún no es seguro, sería en parte gracias a una coalición de quienes se han vuelto inesperadamente aliados en un Congreso comúnmente enfrentado.

El activismo promujeres llevó a algunas legisladoras a respaldar la despenalización, entre ellas, Victoria Donda, de izquierda; Brenda Austin, de la coalición de centroderecha de Macri, Cambiemos; Romina del Plá, del Partido Obrero, y Mónica Macha, aliada de la expresidenta Cristina Fernández .

Está programado que a lo largo de los siguientes dos meses cientos de expertos y testigos comparezcan frente a una comisión que se reunirá cada dos semanas para discutir la legislación.

Varios países en América Latina permiten el aborto en circunstancias específicas, como embarazos resultado de una violación o cuando peligra la vida de la madre. Argentina sería el cuarto país en despenalizarlo sin esas restricciones, después de Cuba, Uruguay, Guayana y parte de México.

Quienes impulsan la despenalización dicen que su principal motivación es salvar vidas. Las complicaciones por abortos clandestinos suman el 18% de las muertes maternas en Argentina, lo que las vuelve la causa.

El respaldo a la despenalización también ha crecido en los últimos años, en parte a medida que la iglesia Católica ha perdido peso. Un sondeo de 2006 del Centro de Estudios de Estado y Sociedad mostró que el 37% de los argentinos opina que las mujeres deberían de poder abortar sin importar la causa, una cifra que aumentó a 49% en una nueva encuesta realizada en marzo por el mismo grupo.

Otro sondeo nacional de este año hecho por la Universidad Nacional de General San Martín halló que el 55% de los argentinos está a favor de la despenalización, aunque hay fuertes disparidades geográficas. En provincias más rurales del norte está a favor el 40% de la población, en contraste con el 67% que lo está en Buenos Aires.

Esas cifras y el aumento en la influencia del movimiento a favor del aborto probablemente son lo que motivaron a Macri a asumir una postura relativamente neutra mientras el Congreso debate el tema. “Como más de una vez dije, estoy a favor de la vida”, apostilló Macri el 1 de marzo antes de que se abriera la discusión legislativa. “Pero también estoy a favor de los debates maduros y responsables”.

Los líderes eclesiásticos, en tanto, fueron enfáticos en su oposición y recientemente argumentaron que mejorar la educación sexual en las escuelas es la mejor estrategia para atender la cantidad de embarazos no deseados.

La primera audiencia legislativa sobre el tema este abril se desarrolló de una manera inusualmente tranquila para los estándares de un Congreso comúnmente enconoso. Afuera del Congreso ese 10 de abril, un grupo de manifestantes antiaborto pidió que “legislen por los dos”, madre y bebé en gestación, mientras aplaudían al ritmo de un supuesto ritmo cardiaco y cantaban canciones provida.

Unos 36 legisladores de los 256 que ejercerían su voto no han dicho cuál es su postura. Muchos esperan que la batalla termine centrada en el Senado, donde tienen más peso las provincias rurales. Un conteo de Economía Feminista, que aboga por la igualdad de género, indica que solo 16 senadores se han pronunciado a favor de la despenalización; 27 han dicho estar en contra, y 29 no han declarado su postura.

Sin embargo, los activistas están convencidos de que será difícil para los senadores votar en contra si la medida obtiene un apoyo amplio en la Cámara Baja. “Ningún senador es suicida”, dijo Analía Donda, una de las legisladoras que es parte de la coalición prodespenalización. “Vamos a ganar porque tenemos los argumentos más sólidos”, remarcó.