domingo 16 may 2021 | Actualizado a 20:02

No es elogio, se llama honestidad

Réplica al artículo ‘Cinco elogios a Evo Morales’ de Manuel Canelas publicado el domingo 21

Hay una cosa que se llama adulación, y esta palabra es colindante con el servilismo degradante, y hay otra cosa que se llama honestidad intelectual, y este concepto está relacionado con la dignidad y la entereza humanas. El elogio, asumido como lo asume el Ministro de Comunicación, como sinónimo de adulación, es bajo; la honestidad, la que reconoce el acierto, incluso si procede del adversario, eleva a la persona y la hace grande.

Una de las definiciones de la política establece que ésta debe ser el arte de la resolución de las controversias sociales, y que sus agentes deben hacerla posible en aras de la cohesión entre los miembros de la sociedad a la que pertenecen o en la que operan. Otra definición, mucho más oportunista o pragmática si se quiere, indica que es la técnica de reproducirse indefinidamente en el poder, y que sus agentes deben hacer todo lo posible —incluso lo no permisible o lo vetado por la ética— para mantenerse en él a toda costa. Una definición es ideal y noble; la otra, realista y egoísta.

Dígase de entrada que el gobierno del Movimiento Al Socialismo (MAS), en los últimos años en el poder, se ha movido dentro del perímetro de la segunda definición. Y que lo que busca Comunidad Ciudadana (CC), es justamente lo que establece el primer concepto, la búsqueda de la ley y la democracia.  Difícil tarea —más en el contexto que nos atañe— pero magnánima y noble.

En 2014, la web Esglobal eligió a los intelectuales iberoamericanos más influyentes, y en esa lista incluyó al ciudadano Carlos Diego Mesa Gisbert. Evoco ese dato de hace casi cinco años por dos motivos: primero, para que como bolivianos sintamos orgullo de que uno de los actuales candidatos a la presidencia de Bolivia formó parte de una lista de intelectuales cuyos méritos llevaron en alto el nombre de sus respectivos países; y segundo, para hacer una analogía. Y es que, así como Mesa reconoció cierta vez que el presidente Morales es una figura de una trascendencia internacional sin precedentes, el pueblo boliviano debe saber que uno de los actuales candidatos a la primera magistratura forma parte de una pléyade internacional de personas que trascendieron fronteras en virtud de sus capacidades y méritos personales.

Además, tomando el concepto de aquellos artículos desde una perspectiva general, lo que hace Mesa no es glorificar a Morales como una figura autónoma o independiente de un contexto y de un proceso histórico. Se debe saber leer el fondo del mismo. Hay un elemento sobre el que debemos poner mucha atención: lo que hizo el actual candidato a la presidencia por CC en aquellos escritos aparecidos en 2009, 2010, 2012, 2015 y 2016, cuyos fragmentos recopiló el ministro Canelas en su mal llamado “artículo de opinión” del 21 de abril, fue valorar las transformaciones obtenidas por la lucha de todo un pueblo y de toda una generación, lucha que, por la fatalidad histórica, desembocó en el llamado proceso de cambio del MAS, pero que tuvo origen, innegablemente, en la Revolución Nacional de 1952, y aun antes… Y es que para el MAS, el reconocer las cosas buenas de quienes no sean ellos mismos, nunca fue una práctica conocida. Para el masismo, todo lo que fue antes de 2006 no existe, o debe desaparecer, o está embadurnado de lodo y sangre. Jamás se dieron cuenta de que los pueblos progresados y desarrollados del mundo son aquellos que aprenden de su historia, la aceptan y sacan de ella las más sabias lecciones para encarar el futuro con prudencia.

Lo que Carlos Mesa hizo en esos artículos a los que hace referencia Canelas, fue justamente eso: la valoración de nuestro pasado, de nuestra historia, de nuestra identidad, y, por tanto, de lo que somos. Mesa fue siempre un opositor al gobierno actual, y para él hubiese sido muy cómodo, y seguramente simpático para sus potenciales electores de hoy, el no reconocer los logros obtenidos por el gobierno de Evo Morales. Eso habría favorecido a su imagen. Pero la mayor virtud de un político debe ser la honestidad, y Mesa actuó en función de este concepto. Porque los bolivianos debemos saber que, al lado del político que busca el resurgimiento de la democracia, estará también, invariablemente, el periodista, el historiador y el intelectual que dirá al pueblo la verdad antes que cualquier otra cosa. ¿Qué mejor cosa para un pueblo que un gobernante que lee, se informa y conoce a profundidad la realidad de su nación?

Hay un último elemento sobre el que debemos estar al tanto. Carlos Mesa escribió y publicó esos cinco artículos periodísticos antes de haberse desconocido el voto del 21 de febrero de 2016 que le dijo No a la reelección de Morales y García, lo cual es algo muy importante de tenerse en cuenta, porque ¿podría seguirse hablando bien de un gobierno, luego de haber éste mancillado el último reducto que quedaba de institucionalidad? Cualquier acierto del masismo en pro del país queda metido entre las sombras por haber ellos depuesto la libertad. “No se es impunemente poderoso”, decía Franz Tamayo. En consecuencia, no hay ninguna contradicción. Se valoró lo que se tenía que valorar, y se seguirá valorando lo que hay que valorar. Pero eso no significa, ni mucho menos, que los que están en el poder tienen el derecho de permanecer en él de forma indefinida.

En cualquier disciplina u oficio intelectual, la descontextualización es peligrosa. Desde las exégesis ultramontanas o ateas sobre la Biblia o el Corán, hasta la interpretación indeliberada de códigos y leyes, realizadas a partir de la extracción de textos con pinzas de cirujano, la desfiguración se hace ley. Lo que ha hecho el Ministro de Comunicación es sumamente peligroso para la comprensión correcta de la realidad política por parte de nuestras generaciones jóvenes. Esa actitud guarda consonancia con la conducta que el masismo ha venido demostrando desde que se encumbró en el poder: la distorsión de la historia y los hechos objetivos, o la negación de los mismos, y la extracción de ellos de su respectivo contexto. Esta vez, para ello, ha utilizado el periodismo como fuente.

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ARRECIA LA TENSIÓN CON LA UNIÓN EUROPEA

No debiera sorprender la reciente condena al Gobierno por parte del Parlamento Europeo; sigue la línea de una similar resolución de 2019.

Desde el Gobierno y el MAS se habla de ‘injerencia’ e inclusive ‘complicidad’ en la proclamación de Áñez de 2019

Por Iván Bustillos

/ 16 de mayo de 2021 / 19:07

ELPUNTOSOBRELAI

El jueves 29 de abril el Parlamento Europeo (cuya sede está en Bruselas, Bélgica) emitió su “Resolución sobre Bolivia, en particular la detención de la expresidenta Jeanine Áñez y otros altos cargos”. Tras diez considerandos (que son como las razones que esgrime para lo que luego decidirá) también fueron diez sus resoluciones: “denuncia y condena la detención arbitraria e ilegal de la expresidenta interina Áñez, de dos de sus ministros y de otros presos políticos”, pidiendo su libertad; “subraya (que) la expresidenta Áñez cumplió plenamente con su deber como vicepresidenta segunda del Senado, al colmar el vacío presidencial provocado por la dimisión del expresidente Evo Morales; “expresa su preocupación por la falta de independencia e imparcialidad del sistema judicial boliviano”; “insta a Bolivia a que emprenda sin demora cambios estructurales y reformas en el sistema judicial”; “pide a la Fiscalía de Bolivia que reabra la investigación sobre la supuesta canalización por parte del gobierno de Morales de 1,6 millones de dólares de fondos públicos a través de pagos irregulares a la consultora Neurona”; “lamenta profundamente la tragedia que ha golpeado a todas las víctimas de los disturbios en el país” (en 2019 y 2020), son algunas de dichas determinaciones.

Entre los considerandos de la Resolución no dejan de llamar la atención ciertas aseveraciones: “Áñez asumió la presidencia interina con arreglo a la Constitución; el Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP) de Bolivia respaldó la presidencia interina”; el Gobierno interino hizo lo necesario para “organizar nuevas elecciones democráticas, integradoras, transparentes y justas, que tuvieron lugar en octubre de 2020”; “en los últimos meses, se ha confirmado la anulación o la desestimación de varias causas contra partidarios del MAS, al mismo tiempo que han aumentado las amenazas de persecución judicial de políticos contrarios al gobierno del MAS”; “la expresidenta Áñez se enfrenta a 24 años de cárcel si resulta condenada”; “varias organizaciones internacionales han expresado su preocupación por el uso indebido de los mecanismos judiciales en Bolivia y por el hecho de que cada vez se usan más como instrumentos represivos por parte del partido gobernante”; “la CIDH ha subrayado que determinadas leyes antiterroristas bolivianas violan el principio de legalidad al incluir una definición de terrorismo que resulta demasiado amplia o imprecisa”; y, “la Unión (Europea) ha desempeñado un papel importante como facilitadora de la pacificación del país en 2019 y 2020 y en apoyo de las elecciones”.

No debiera haber sorprendido el reciente documento del Europarlamento, dada la resolución que este mismo organismo emitió el 28 de noviembre de 2019, días después de que el gobierno transitorio de Áñez (el 24) promulgara la ley que hizo posible la conformación de un nuevo Tribunal Supremo Electoral (TSE) y abrió paso a la realización de nuevas elecciones generales.

Entre las determinaciones de noviembre de 2019, el Parlamento Europeo, tras congratular la aprobación de la referida ley, “denuncia la falta de transparencia y credibilidad de las (ex) autoridades bolivianas y sus tentativas de fraude, que han menoscabado el derecho de los bolivianos a elegir libre y democráticamente a su presidente”; manifiesta su apoyo a la Misión de Observación Electoral de la OEA; “acoge con satisfacción la decisión de retirar a los militares de las zonas de protesta y derogar una ley que les confería amplia discrecionalidad en el uso de la fuerza”; “acoge con satisfacción la labor mediadora de la Unión (Europea) y de la Iglesia Católica”; y, “exige que el nuevo proceso electoral cuente con la presencia de observadores internacionales creíbles y transparentes, que puedan actuar libremente y compartir sus observaciones independientes”, entre otras.

De la misma forma, son reveladores de su visión los 15 considerandos que justifican sus resoluciones. Afirmaciones como: las elecciones de 2019 se realizaron “en un clima de gran polarización a causa de la polémica figura del presidente Evo Morales y de la controvertida aceptación de su candidatura”; la OEA tuvo razón en su opinión del “cambio drástico” del último tramo del conteo preliminar; hubo sospecha de fraude no solo en la oposición, “sino también entre los observadores nacionales e internacionales y la mayoría de la comunidad internacional”; tras lamentar las muertes por la represión (en Sacaba, Senkata y otros) deplora que el país sufriera una “penuria de alimentos y combustible de graves consecuencias para la población civil debido a los bloqueos de calles por parte de los partidarios de Morales”, aunque a punto seguido no deja de expresar su “preocupación por la violencia, las acusaciones de uso innecesario y desproporcionado de la fuerza por los cuerpos de seguridad, y la fractura social”.

Ante la resolución del 29 de abril, como se conoce, oficialmente no hubo una respuesta del Ejecutivo, pero sí de la Cámara de Senadores, que tras calificarla de “intervencionista e injerencista”, pasó al reclamo, pidiendo a los Estados miembros de la Unión “investigar, evaluar y reconducir el rol de determinados representantes políticos y diplomáticos de la Unión Europea en Bolivia, en el surgimiento de los conflictos y convulsión social de 2019, que posibilitó un golpe de Estado en el país”.

De lado de la oposición, Creemos, mediante un comunicado, llamó al “cumplimiento de las referidas recomendaciones”, con el objeto no solo de “restaurar” el Estado de derecho y cesar la persecución política, sino también con el fin de “evitar sanciones a nivel internacional”. Comunidad Ciudadana (CC), a través de su jefe de bancada en Diputados, Carlos Alarcón, tuvo más cautela: la resolución parlamentaria muestra, dijo, la “delicada situación para la democracia y el Estado de derecho que se vive en Bolivia”, y que la “persecución política judicial” que ejercería el Gobierno solo “aísla a Bolivia en el contexto internacional”.

Con relación al Ejecutivo, fue significativa la posición expresada por el vocero presidencial, Jorge Richter, que el 30 de abril en la televisora Red UNO dijo que por el momento “no corresponde” alguna respuesta: “Si esto significara algo verdaderamente importante, uno puede fijar una posición de manera pública. En este momento no corresponde”, dijo.

Y es que se trata de un pronunciamiento del Parlamento, que para la autoridad presidencial no tiene carácter vinculante y que en los hechos solo es una recomendación.

Si bien se trata de una resolución legislativa, eso no quita que al menos se complementa con la nota oficial que el 15 de marzo (dos días después de la detención de Áñez) emitió la oficina del Alto representante para la Política Exterior de la Unión Europea (UE), Josep Borrell.

La Comisión Europea, dice en la nota, acompaña los “acontecimientos preocupantes” en Bolivia, a raíz del arresto de la expresidenta y de dos exministros. “Éstos son acontecimientos preocupantes que seguimos de cerca. Las denuncias vinculadas a los hechos de 2019 deben ser atendidas en el marco de un proceso judicial transparente y sin presiones políticas, con pleno respeto a la independencia de los poderes”, apuntó la nota. Añadió que los retos políticos actuales del país “requieren unidad y objetivos comunes. La UE espera que las diferencias políticas se resuelvan mediante el diálogo y la reconciliación con el fin de preservar la estabilidad política y el respeto de los derechos humanos. La UE seguirá apoyando a Bolivia en este esfuerzo”.

Y, claro, las dos resoluciones del Parlamento Europeo en relación a Bolivia están en la línea de conducta adoptada por la representación del organismo en el país a través del embajador León de Torre Krais, que el 15 de noviembre en un acto en la Cancillería declaró: “Creemos que es fundamental estabilizar el país, recuperar la calma, superar la violencia, que se produzca el inicio de una reconciliación nacional, y sobre todo que se den los primeros pasos firmes para la convocatoria inmediata de elecciones, esta vez sí transparentes y creíbles”.

La resolución del 29 de abril del Europarlamento fue aprobada por 396 votos contra 267 que se opusieron y 28 abstenciones. El Parlamento Europeo está conformado por 705 eurodiputados; en la sesión del 29 de abril estuvieron presentes 691 legisladores; de modo que 57% de los parlamentarios (396) votó por la condena al país, 39% (267), por la negativa al pronunciamiento, y 4% (28) se abstuvo.

El actual Parlamento Europeo surgió de las elecciones que tuvieron lugar entre el 23 y 26 de mayo de 2019.

La BBC Mundo reseñaba al día siguiente de la elección: “Aunque siguen siendo las fuerzas principales, los partidos de centro perdieron la mayoría absoluta que tenían en el Parlamento Europeo tras las elecciones de este órgano (…) Mientras tanto, los partidos liberales y los verdes aumentaron sus escaños, al igual que las agrupaciones de extrema derecha y euroescépticas que triunfaron en Italia y Francia. Aunque en términos generales, la extrema derecha quedó lejos de las victorias significativas que algunos habían predicho. La participación de los votantes en todo el continente rozó el 51% y fue la más alta en los últimos 20 años”.

Son siete los partidos políticos miembros del Parlamento Europeo y el número de eurodiputados con que cuentan son, de mayor a menor: Partido Popular Europeo (187 escaños); Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas (147); Renew Europe (98); Los Verdes/Alianza Libre (67); Identidad y Democracia (ID) (76); Conservadores y Reformistas Europeos (61); y, Izquierda Unitaria Europea/Izquierda Verde Nórdica (39 miembros).

El ministro de Defensa, Edmundo Novillo, entrevistado en el programa por internet de La Razón Piedra, papel y tinta, lanzó sugerentes tesis sobre la resolución europea.

La actual situación legal de Áñez, dijo, “les ha hecho conciencialmente corresponsables a los embajadores que han participado ahí, (entre ellos) de la Unión Europea”, refiriéndose a las reuniones que hubo en la Universidad Católica los días de la crisis política. “Lo preferible para ellos era alejarse, porque (avalando la salida a la crisis que luego se dio, la proclamación de Áñez) se estaba vulnerando la Constitución. En ese sentido, hasta se los puede acusar de cómplices de esa violación de la Constitución”.

Así, concluyó, el pronunciamiento del Parlamento Europeo “tiene que ver con esa motivación. Van a ser fuertes sus términos (de sus resoluciones) porque se sienten corresponsables de la situación que Áñez atraviesa desde el punto de vista legal. Ellos participaron de ese proceso oscuro. Quizás no tuvieron la prudencia (necesaria) esos momentos de participar y tomar decisiones”.

 (*) Iván Bustillos es periodista de La Razón

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LA POLÍTICA DEL COLOR: RACISMO Y COLORISMO

Colorismo: cuanto más ‘blanco’ sea el color de la piel, más probabilidad de gozar los privilegios de la blanquitud.

/ 16 de mayo de 2021 / 19:01

DIBUJO LIBRE

La piel es nuestra mayor barrera protectora natural. ¿Por qué el color de la piel tiene un significado social infinitamente mayor que el color de la pupila de los ojos? Con la moderna expansión colonial europea, sobre todo a partir del siglo XVI, la oscuridad y la claridad se utilizaron progresivamente para distinguir entre seres humanos, para clasificarlos y jerarquizarlos. Fue entonces cuando la oscuridad y la claridad se movilizaron como factores identitarios, para definir los colores de la piel de los seres humanos, transfiriendo a esta definición significados antiguos. Si antes tales significados partían de la idea de la condición común de los humanos, a partir de entonces el color de la piel constituirá uno de los vectores fundamentales de la línea abisal que distingue a los humanos de los subhumanos, la distinción que subyace al racismo. Una vez aplicado a la piel humana como factor determinante, el color pasó a designar características “naturales” que definen desde el principio los tránsitos sociales permitidos y prohibidos. Lo “natural” se convirtió en una construcción social concebida como un factor extrasocial de la legitimidad de la jerarquía social definida a partir de las metrópolis coloniales. El “negro” se convirtió en “color”, símbolo de lo negativo, y el “blanco”, “la ausencia de color”, en símbolo de lo positivo. Así surgió el racismo moderno, uno de los principales y más destructivos prejuicios de la modernidad eurocéntrica. Como bien analiza Francisco Bethencourt, el racismo, a pesar de no ser un rasgo exclusivo occidental, asumió con la expansión colonial europea un papel central en la clasificación jerárquica de las poblaciones (Racismos: das Cruzadas ao século XX, 2015).

A pesar de haber experimentado muchas mutaciones, el prejuicio racial ha mantenido una notable estabilidad. Por un lado, la inmensa diversidad de rasgos fisiológicos y tonos de color de piel no impiden que el prejuicio se adapte y se reconstituya incesantemente según los contextos, a veces pareciendo un residuo del pasado, a veces resurgiendo con renovada virulencia. Por otro lado, su naturaleza insidiosa se deriva de su “disponibilidad” para ser interiorizado por aquellos y aquellas que son víctimas de él, en cuyo caso unos y otras pasan a evaluar su existencia y su papel en la sociedad en función del canon de la jerarquía racial. Por último, la lógica racial del color se insinúa tan profundamente en la cultura y el lenguaje que está presente en contextos tan naturalizados que parecen no tener nada que ver con los prejuicios. Por ejemplo, en el espacio de la comunidad de países de lengua portuguesa (por lo menos en Brasil y en Portugal) los niños aprenden que el lápiz de color beige es el lápiz del color de la piel.

La primacía otorgada a la visión en el análisis eurocéntrico del mundo hace que el color de la piel sea una de las variaciones más visibles entre los humanos. Está relacionada con las respuestas a la radiación ultravioleta. La piel más oscura, con más melanina, protege a las poblaciones originarias de regiones cercanas al ecuador. Por tanto, en su origen es una respuesta físico-biológica al medio ambiente. ¿Cómo es que, si bien el origen de la humanidad se dio en regiones con mayor radiación ultravioleta, el color de la piel terminó convirtiéndose en un marcador de deshumanización? Fue un largo proceso histórico que, en algunos contextos, evolucionó para convertir la piel clara y la piel oscura en connotaciones de una rígida jerarquía social, lo que llamamos racismo y colorismo. La percepción del color dejó de ser una característica física de la piel para convertirse en un marcador de poder y una construcción cultural. Hoy, los estudios genéticos muestran que, como las clasificaciones raciales no se traducen en diferencias genéticas importantes, no tiene sentido hablar de raza como categoría biológica. De hecho, la variación genética entre grupos raciales es pequeña en comparación con las diferencias genéticas dentro del mismo grupo. En otras palabras, la ideología racista sobrevive al desmantelamiento de las “bases científicas” del racismo.

A pesar del descrédito de la base científica del racismo, el racismo como ideología permanece e incluso se ha acentuado en los últimos tiempos. Las características morfológicas del rostro, el cabello o el color de la piel siguen utilizándose como marcadores de discriminación racial, y en muchos países determinan las variaciones en la discriminación que se dirige contra diferentes grupos sociales racializados, ya sean negros, asiáticos, indígenas, gitanos o latinos, por no mencionar, dependiendo de la época y del contexto, a judíos, irlandeses, portugueses, españoles, italianos, eslavos. El color de la piel, en concreto, ha adquirido un significado particularmente insidioso al determinar diferencias sistemáticas de trato dentro de grupos que comparten la misma “identidad racializada” o “comunidad de color”. En las Américas, este fenómeno condujo a la formulación del concepto de colorismo para designar este trato diferencial.

No hay colorismo sin racismo ni colonialismo. El colorismo potencia la complejidad y la gravedad de las narrativas y de las prácticas racistas y reitera la violencia epistémica y ontológica del proyecto colonial, una violencia aún más cruel cuando ocurre dentro de los grupos racializados. El código colorista establece que cuanto más “blanco” sea el color de la piel, mayor es la probabilidad de que alguien sea candidato a los privilegios de la blanquitud, pero, al igual que ocurre con la identidad racial, la definición del color de la piel es una construcción social, cultural, económica y política. Los estudios sociales del color de la piel muestran que la identificación y la clasificación del color de la piel varían de una sociedad a otra e incluso dentro de la misma sociedad. Es oportuno recordar que Bethencourt decidió estudiar la historia del racismo para responder a esta pregunta: ¿cómo es posible que la misma persona sea considerada negra en Estados Unidos, de color en el Caribe o en Sudáfrica y blanca en Brasil? Yo añadiría otras dos preguntas. ¿Por qué la clasificación varía dentro del mismo país? En el caso de la sociedad brasileña, quien es considerado blanco en Bahía puede ser considerado negro en São Paulo. ¿Y puede la clasificación variar en el tiempo?

Cuando se habla críticamente del racismo, hay una gran tendencia a resaltar los daños, la violencia y la destrucción que causa en las poblaciones racializadas. No obstante, de esta forma, el color de los que causan el racismo se vuelve invisible. La piel de quien ejerce una actitud racista no tiene color, sobre todo en contextos donde el “color blanco” está asociado con el mantenimiento de privilegios heredados de la esclavitud y del colonialismo. Lo mismo podría decirse de la piel de los árabes sauditas en relación con los paquistaníes, filipinos o bangladesíes, o de los chinos en relación con los africanos. Así, se vuelven invisibles tanto el color de la piel como los privilegios que justifica ¿Por qué el análisis crítico del racismo incide principalmente en la discriminación que sufren los cuerpos racializados y omite los privilegios de los cuerpos no racializados? Al final, cuando se habla de “supremacía blanca” no se habla de la calidad del color, sino del poder y los privilegios que invoca. Mucho más allá de los contextos de la supremacía blanca (la blanquitud), el uso racista del color y de la ausencia de color siempre está ligado a la instrumentalización del poder y de los privilegios. Mencioné anteriormente el racismo de los chinos en China contra los africanos negros. Lo cierto es que la Corte Suprema de Sudáfrica dictaminó en 2008 que, con el fin de acceder a una discriminación positiva para promover el “empoderamiento económico de los negros”, los chinos nacidos en Sudáfrica eran considerados… negros.

La conclusión urgente parece ser la siguiente: solo razones políticas y luchas de poder pueden explicar la instrumentalización social del color de la piel; y, asimismo, solo ellas explican que el probable aumento de la multiplicidad de tonos de color de piel resultante del mestizaje o la crioulização no se traduzca en el fin del racismo y de la violencia e injusticia que causa. A pesar de la diversidad de contextos ya mencionada, históricamente el problema ha cobrado especial agudeza en los países donde existe una población considerada blanca, por pequeña que sea, pero en posiciones de poder, y asume distintos contornos en contextos diferentes. La investigación se ha centrado principalmente en cómo las diferencias en el color de la piel entre personas consideradas de la “misma raza” determinan diferencias de trato. El caso más tratado es el de los países que heredaron la violencia de la esclavitud, especialmente en el contexto estadounidense. Los análisis muestran consistentemente que, a pesar de avances muy significativos en el acceso a cargos públicos y privados de personas clasificadas como de raza negra (o de cualquier otra raza que no sea blanca), como resultado de las luchas contra la discriminación racial, especialmente durante los últimos cincuenta años, lo cierto es que las personas racializadas que accedieron a estos lugares tienen, en general, un color de piel más claro.

A pesar de la inmensa diversidad de tonos de piel, el color de la piel marcó y marca no solo diferencias raciales, sino también diferencias de trato dentro de la misma identidad racial. El colorismo es quizás el arma más insidiosa del racismo para dividir a los grupos racializados. Por ejemplo, en Estados Unidos, los esclavos negros de color más claro eran más caros y se buscaban para el trabajo doméstico en las casas de las plantaciones, mientras que los esclavos de color más oscuro estaban destinados al trabajo duro en los campos. De hecho, los traficantes de esclavos utilizaban las diferencias en el color de la piel para provocar la división entre los esclavos. Mucho después de la abolición de la esclavitud, el racismo y el colorismo no solo permanecieron, sino que se extendieron a nuevas categorías de población, por ejemplo, los inmigrantes europeos. Es decir, la matriz de exclusión basada en el racismo de la diferenciación fenotípica tiene un dinamismo tan cruel e insondable que se propaga “por analogía”. En los Estados Unidos de principios del siglo XX, los irlandeses, italianos y portugueses fueron considerados “blancos oscuros” y solo gradualmente (¿y completamente?) su color de piel fue siendo “blanqueado”, acompañando su ascenso social. Pero después de todo, ¿fue el ascenso social el que blanqueó la piel o fue la piel sin matriz fenotípica la que facilitó el ascenso? La respuesta es obvia.

La persistencia del racismo y el colorismo es evidente en esta instantánea fotográfica de Brasil. El 22 de marzo de 2018, el conocido periódico norteamericano Wall Street Journal publicó un reportaje titulado La demanda de esperma estadounidense aumenta exponencialmente en Brasil. Relataba que en los siete años anteriores la importación de semen estadounidense por mujeres brasileñas blancas, ricas, solteras y lesbianas había aumentado de modo extraordinario. Las preferencias eran para donantes de piel clara y ojos azules. Según Fairfax Cryobank, el mayor exportador de esperma a Brasil, este país fue el mercado de semen de mayor crecimiento. Mientras que en 2011 solo se habían importado 11 tubos de semen, en 2017 el número subió a 500 tubos. Según el periodista, la preferencia por los donantes blancos refleja la preocupación por el racismo “en un país donde la clase social y el color de piel están íntimamente ligados”. Para las consumidoras, “los niños de piel clara tendrán la expectativa de mejores salarios y un trato más justo por parte de la Policía”. En Estados Unidos, las mujeres negras con tonos de piel más claros y rasgos europeos tienden, al igual que en otras circunstancias, a tener más éxito en conseguir un trabajo, en una carrera profesional, en concursos de belleza o en videos musicales.

El colorismo también ha existido dentro del mismo grupo racial cuando, por ejemplo, en el siglo XIX y principios del XX, los clubes de las élites negras en los Estados Unidos negaban el acceso a personas con el color más oscuro. La internalización del colorismo ha llevado y sigue conduciendo a prácticas de blanqueamiento de la piel y la demanda de productos blanqueadores ha crecido enormemente (Lynn Thomas, Beneath the Surface: a transnational history of skin lighteners, 2020). Pero, por otro lado, el colorismo también puede operar a la inversa, en contextos de comunidades altamente racializadas y como reacción de resentimiento: discriminar a las personas de piel más clara consideradas débiles o inferiores por ser producto de mezcla de razas.

El color, el contracolor y el arco iris. El color de la piel es un marcador esencialista en nuestras sociedades desiguales y discriminatorias y, como fenómeno político, puede utilizarse con diferentes orientaciones políticas y hasta como forma de compensación histórica. En 1903, el gran intelectual estadounidense negro W.E.B. Du Bois escribió proféticamente que el problema del siglo XX sería “la línea de color”, la “línea de la división racial por el color”. Así fue y así parece seguir siendo hasta bien entrado el siglo XXI. A mediados del siglo pasado, Franz Fanon mostró elocuentemente cómo el racismo actuaba a través de una fractura dialéctica entre el cuerpo y el mundo, entre el “esquema corporal” y el “esquema racial epidérmico”. El fenotipo epidérmico sería trivial si no existiera el racismo fenotípico.

La lógica racial y colorista se utiliza tanto para excluir a los “otros” como para unir el “nosotros”. Ahí radica uno de los hilos con los que se teje la extrema derecha de nuestro tiempo. En el polo opuesto, el movimiento black is beautifulde los afroamericanos en la década de 1960, que luego se extendió a otros países (por ejemplo, en la Sudáfrica del apartheid), consistió en reivindicar el color y cambiar su connotación. Siempre que el color es politizado contra el racismo para unir la lucha antirracial y la lucha anticapitalista, el color de la piel tiende a perder el esencialismo y a relativizarse. Intensamente politizada, la lucha del Black Panther Party fue notable, especialmente en la década de 1970-1980, en un esfuerzo por abolir la relevancia de las diferencias de color de piel entre la comunidad negra. Y ayer, como hoy, queda abierta la cuestión de saber en qué medida grupos de varias razas, etnias y colores de piel pueden unirse en las luchas contra el capitalismo, el colonialismo, el racismo y el sexismo, para así aumentar las posibilidades de éxito de las luchas por una sociedad más justa. Los periodos de mayor optimismo han sido seguidos por periodos de mayor pesimismo con una circularidad inquietante. Dos cosas parecen seguras. Por un lado, los esencialismos identitarios tienden a dificultar la articulación de las luchas sociales contra la desigualdad y la discriminación. Por otro lado, no se puede confundir el cambio en el color del poder con el cambio en la naturaleza del poder. Después de todo, la burguesía negra estadounidense se ha preocupado por alcanzar el poder capitalista y no por cambiarlo (ver Barack Obama). Y no será diferente en otros lugares.

Wittgenstein escribió (Observaciones sobre los colores, 1996: 17) que un pueblo de daltónicos tendría otros conceptos sobre los colores. ¿Sería esta una solución al racismo basada en el color de la piel? Si es correcta mi propuesta de que el racismo no reside en el color en sí, sino en la política del color centrada en la desigualdad de poder y en la concentración excluyente de privilegios, la respuesta es no. Si se mantiene la estructura de poder, el prejuicio no desaparecería, solo se expresaría de otra forma y con otra justificación.

(*) Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez.

 (*) Boaventura De Sousa Santos es sociólogo (*)

 

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POR ROSA LUXEMBURGO

Con marzo, son 150 años del nacimiento de este ineludible referente, a favor o en contra, del pensamiento social

/ 16 de mayo de 2021 / 18:55

DIBUJO LIBRE

En agosto de 1893, cuando fue llamada por la presidencia de la asamblea, en el Congreso de la Segunda Internacional de Zúrich, Rosa Luxemburgo ocupó su sitio sin demora entre los delegados y militantes que llenaban el abarrotado salón. Era una de las pocas mujeres presentes allí, todavía muy joven, de complexión pequeña y con una deformación en la cadera que la obligaba a cojear desde los cinco años. Su aparición despertó la impresión de estar frente a una persona frágil.

Sin embargo, sorprendió a todos cuando, tras subirse a una silla, para hacerse oír mejor, consiguió la atención de todo el público, sorprendido por la maestría de su dialéctica y fascinado por la originalidad de sus tesis. Para Luxemburgo, de hecho, la reivindicación central del movimiento obrero polaco no debía ser la construcción de una Polonia independiente, como se venía repitiendo por unanimidad. Polonia seguía dividida en tres entre los imperios alemán, austro-húngaro y ruso; su reunificación resultaba difícil de conseguir, pero a los trabajadores se les debía presentar objetivos realistas que pudieran generar luchas prácticas en nombre de necesidades concretas.

Con un razonamiento que desarrolló en los años venideros, amonestó a quienes enfatizaban el tema nacional, convencida de que la retórica del patriotismo sería utilizada peligrosamente para debilitar la lucha de clases y relegar la cuestión social a un segundo plano. A las muchas opresiones sufridas por el proletariado, no era necesario agregar “su esclavitud a la nacionalidad polaca”. Para enfrentar este escollo, Luxemburgo esperaba el nacimiento de autogobiernos locales y el fortalecimiento de la autonomía cultural que, una vez establecido el modo de producción socialista, actuarían como una barrera para el posible resurgimiento de regurgitaciones chovinistas y otras nuevas discriminaciones. Diferenció la cuestión nacional de la del Estado nacional.

El episodio del Congreso de Zúrich simboliza toda la biografía intelectual de quien fue uno de los exponentes más significativos del socialismo del siglo XX. Nacida hace 150 años, el 5 de marzo de 1871, en Zamosc, en la Polonia bajo ocupación zarista, Luxemburgo pasó su vida en los márgenes, luchando contra numerosas adversidades y siempre a contracorriente. De origen judío, con una discapacidad permanente, a los veintiséis años se trasladó a Alemania, donde solo pudo obtener la ciudadanía mediante un matrimonio concertado. Pacifista convencida en la época de la Primera Guerra Mundial, fue encarcelada varias veces por sus ideas. Fue una enemiga ardiente del imperialismo en una nueva y violenta época colonial. Luchó contra la pena de muerte en medio de la barbarie. Sobre todo, era mujer y vivió en mundos habitados exclusivamente por hombres. A menudo era la única presencia femenina tanto en la Universidad de Zúrich, donde obtuvo su doctorado en 1897 con una tesis sobre el desarrollo industrial de Polonia, como entre los líderes del Partido Socialdemócrata Alemán. Fue la primera profesora mujer de la escuela central para la formación de cuadros del partido, cargo que ocupó entre 1907 y 1914, periodo en el que elaboró el proyecto inconcluso de escribir una Introducción a la economía política (1925) y publicó La acumulación del capital (1913).

A estas dificultades se sumaba su espíritu independiente y su autonomía, virtud que a menudo se penaliza incluso en los partidos de izquierda. Con su viva inteligencia, Luxemburgo tuvo la capacidad de elaborar nuevas ideas y de saber defenderlas, sin reverencias sumisas y, de hecho, con una franqueza desarmante, en presencia de figuras del calibre de August Bebel o Karl Kautsky, que habían tenido el privilegio de formarse en contacto directo con Engels. Su objetivo no era repetir las palabras de Marx, sino interpretarlas históricamente y, cuando fuera necesario, desarrollar su análisis. Expresar libremente su opinión y ejercer el derecho a expresar posiciones críticas dentro del partido eran requisitos indispensables para ella. El partido tenía que ser un espacio donde pudieran convivir diferentes posiciones, siempre que sus afiliados compartieran sus principios fundamentales.

En el tema de las formas de organización política y, más específicamente, en el papel del partido, Luxemburgo fue protagonista de otro conflicto violento, esta vez con Lenin. En el texto Un paso adelante, dos pasos atrás (1904), el líder bolchevique defendió las decisiones tomadas en el segundo congreso del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso y concibió al partido como un núcleo compacto de revolucionarios profesionales, una vanguardia que debía liderar a las masas. Luxemburgo, en Problemas organizativos de la socialdemocracia rusa (1904) objetó que un partido extremadamente centralizado generaba una dinámica muy peligrosa: “la obediencia ciega de los militantes a la autoridad central”. El partido debía desarrollar la participación social, no reprimirla, “mantener viva la apreciación justa de las formas de lucha”. Marx escribió que “cada paso del movimiento real es más importante que una docena de programas”. Luxemburgo amplió este postulado y afirmó que “los pasos en falso del movimiento obrero real son, históricamente, inconmensurablemente más fructíferos y más preciosos que la infalibilidad del mejor comité central”.

Estaba convencida de que “el socialismo, por su naturaleza, no se puede otorgar desde arriba”. Debía expandir la democracia, no reducirla. Afirmó que se podía “decretar lo negativo, la destrucción, pero no lo positivo, la construcción”. Esta era “tierra virgen” y solo “a partir de la experiencia se podía corregir y abrir nuevos caminos”. La Liga Espartaco, nacida en 1914 tras romper con el Partido Socialdemócrata Alemán, que luego se convertiría en el Partido Comunista Alemán, tomaría el poder solo “mediante la voluntad clara e incuestionable de la gran mayoría de las masas proletarias de toda Alemania”.

Desde la práctica de opciones políticas opuestas, los socialdemócratas y los bolcheviques habían concebido erróneamente la democracia y la revolución como dos procesos mutuamente alternativos. Por el contrario, el corazón de la teoría política de Luxemburgo se centró en su unidad indisoluble. Su legado quedó aplastado precisamente entre estas dos fuerzas: los socialdemócratas, cómplices de su brutal asesinato, ocurrido a los 47 años, a manos de las milicias paramilitares, la combatieron sin piedad por el acento revolucionario de sus reflexiones, mientras que los estalinistas se guardaron de difundir su legado debido al carácter crítico y libertario de su pensamiento.

Cosmopolita, ciudadana de “lo que vendrá”, aseguró sentirse como en casa “en todo el mundo, dondequiera que haya nubes y pájaros y lágrimas humanas”. Apasionada de la botánica y amante de los animales, como se desprende de la lectura de su correspondencia, fue una mujer de extraordinaria sensibilidad, que se conservó intacta a pesar de las amargas experiencias que le reservó la vida. Para la cofundadora de la Liga Espartaco, la lucha de clases no terminaba con el aumento de los salarios. Luxemburgo no quiso ser un mero epígono y su socialismo nunca fue economicista.

Inmersa en los dramas de su tiempo, buscó innovar el marxismo sin cuestionar sus fundamentos. Su intento es una advertencia constante a las fuerzas de izquierda para que no limiten su acción política a la consecución de paliativos suaves y no renuncien a la idea de cambiar el estado de cosas existente. La forma en que vivió, la habilidad con que logró llevar a cabo su elaboración teórica y la agitación social al mismo tiempo son una lección extraordinaria, inalterada por el tiempo, que habla a la nueva generación de militantes que han optado por continuar las múltiples batallas que Luxemburgo emprendió.

(*) Texto enviado por el autor.

(*) Marcello Musto es sociólogo, italiano (*)

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LA URGENCIA DE VER AL TSE COMO UN CUERPO COLEGIADO

/ 9 de mayo de 2021 / 22:03

El punto sobre la I

Cuando el viernes 30 de abril se anunció que era la nueva vicepresidenta del Tribunal Supremo Electoral (TSE), la vocal Nancy Gutiérrez indicó un hecho clave para entender al actual TSE, tanto bajo la presidencia de Salvador Romero como en lo que vendrá, con el vocal Óscar Hassenteufel como el nuevo presidente de este cuarto órgano del Estado. “Vamos a mantener lo que hemos tenido hasta el momento, un portavoz, que es el presidente; como en la anterior gestión (de Romero), (ahora) será nuestro portavoz el doctor Hassenteufel”, señaló la nueva vicepresidenta Gutiérrez. Es un estilo de funcionamiento y relación con los otros órganos y con los medios de comunicación, que el presidente del TSE también sea su portavoz. Entre las atribuciones de la presidencia del TSE dispuestas por la Ley 018 del Órgano Electoral Plurinacional (artículo 19), no está dicha vocería. Es la forma en que eligió proceder el actual TSE, diferente, sin duda, con respecto a los TSE del pasado: distinta manera, por ejemplo, del TSE presidido por María Eugenia Choque que (como bien lo sabíamos los periodistas) casi nunca declaraba a los medios de prensa, siendo el “portavoz” de hecho el vicepresidente del Tribunal, Antonio Costas. Como tampoco tenía una vocería única, y menos radicada en su presidencia, el TSE presidido por Wilfredo Ovando, primero, y por Wilma Velasco, después.

Con el presidente del TSE como el portavoz del cuerpo colegiado que es el TSE, se entiende el protagonismo mediático e institucional que tuvo Salvador Romero Ballivián, aun cuando no se lo hubiera propuesto.

Por este hecho, llama la atención el politólogo Marcelo Silva sobre el carácter colegiado del TSE, sobre la necesidad de no personalizarlo en la sola figura de su presidente, como a su turno hicieron tres dirigentes políticos.

“Lamento mucho la renuncia de Salvador Romero al TSE. Pese a la presión y a las dificultades, condujo con idoneidad las elecciones nacionales y subnacionales. Nuevamente se cierne el riesgo de que el MAS controle el OEP y la democracia se siga debilitando”, había tuiteado el presidente de Comunidad Ciudadana (CC) Carlos Mesa tras enterarse de la referida renuncia, el 28 de abril.

Más fatalista aún fue el jefe de Unidad Nacional (UN), Samuel Doria Medina, que publicó en su cuenta de Twitter: “Romero renuncia. Deja el poder electoral en manos del MAS. Es una mala noticia para la democracia. Debemos trabajar unidos para que el MAS respete la democracia y no acapare todo el poder”.

Desde la vereda del frente, el expresidente Evo Morales a su modo también personaliza en Romero buena parte del proceso electoral: “La renuncia de Salvador Romero es la prueba inobjetable de que nunca hubo fraude. Al comprobar que la verdad y la búsqueda de justicia se acercan a autores y cómplices del golpe, deja el cargo para deslindar cualquier responsabilidad. Se va el vocal del gobierno de facto de Áñez”.

De una vez hay que “romper el mito” de que su presidente es sinónimo del TSE, caer en cuenta de la naturaleza colegiada del organismo, insiste el politólogo Silva.

“El Órgano Electoral tiene una cabeza, que es el Tribunal Supremo Electoral, y las decisiones de esta cabeza, que es su Sala Plena, enmarcan una instancia colegiada; son siete vocales y las determinaciones que toman, según manda la Ley del Órgano Electoral, son por mayoría. Incluso si el presidente no está de acuerdo con alguna determinación, tiene la obligación de hacerla cumplir”.

El presidente del TSE lo es sobre todo por la representación que asume hacia el exterior de la institución y la coordinación de la marcha del Órgano Electoral, destaca: “El papel del presidente es simplemente establecer ciertos criterios de representación y firma, como MAE (Máxima Autoridad Ejecutiva); no es que tiene un súper poder o que está sobrepuesto al resto de los vocales, es más bien un primus inter pares (latín, literalmente ‘el primero entre iguales’)”.

Así, se concluye, asevera Silva, que es responsabilidad de “todo el Órgano Electoral”, que no solo de su presidente, cualquier imagen que se vaya a formar del TSE en el “imaginario colectivo” nacional, por ahora no muy favorable a la entidad.

Un hecho que también hace a la fortaleza institucional del TSE es su formación, la llamada “legitimidad de origen”. La nueva cabeza del Órgano Electoral tuvo que constituirse luego de la anulación de las elecciones del 20 de octubre de 2019 y el práctico desmantelamiento del anterior TSE. Así, como parte del desarrollo del nuevo proceso electoral, la primera peculiaridad de su formación fue el procedimiento relámpago, de 20 días, que se tuvo que asumir. En 20 días, decía entonces, el presidente de la Comisión Mixta de la Asamblea destinada para el efecto, el senador Óscar Ortiz (Unidad Demócrata), “se presentó la convocatoria, recibió a los postulantes, evaluó los requisitos, realizó la fase de impugnaciones, evaluó los méritos y cumplió con las entrevistas”.

Pese a que hubo solo ocho días para la presentación de aspirantes, al final se recibieron 502 postulaciones. Tras la revisión del cumplimiento de requisitos, quedaron 366 habilitados y habilitadas. Producto del periodo de impugnaciones y de la evaluación a través de entrevistas, al final quedaron 155 postulantes, 53 mujeres y 102 varones; los aspirantes iban acumulando un determinado puntaje, cuyo máximo era la nota de 10. De los 155 aspirantes, debía elegirse 12 futuros tribunos electorales, seis titulares y seis suplentes.

Una vez que el plenario de la Asamblea Legislativa Plurinacional está conformado por 166 legisladores (130 diputados y 36 senadores), la sesión en que se eligió a los miembros del TSE (que duró hasta la madrugada del jueves 19 de diciembre de 2019) tuvo el quórum de 154 asambleístas, cuyos dos tercios equivalía a 103 parlamentarios.

La siguiente es la lista de los elegidos, el número de votos y el puntaje que alcanzaron, según el resumen efectuado por la unidad de prensa de la Asamblea Legislativa.

Titulares:

1. Daniel Atahuachi Quispe (135 votos); puntaje: 9.

2. María Angélica Ruiz Vaca Diez (121 votos); puntaje: 10.

3. Óscar Abel Hassenteuffel Salazar (111 votos); puntaje: 8.

4. Francisco Vargas Camacho (106 votos); puntaje: 9.

5. Rosario Baptista Canedo (105 votos); puntaje: 8 6. Nancy Gutiérrez Salas (103 votos); puntaje: 8 Suplentes: 1. Nelly Arista Quispe (123 votos); puntaje: 7.

2. Noemi Uriarte Sánchez (119 votos); puntaje: 9.

3. Yajaira San Martín Crespo (115 votos); puntaje: 7 4. Edwin Lino Armata Balcázar (114 votos); puntaje: 9.

5. Carlos Eduardo Gómez Rojas (114 votos); puntaje: 9.

6. Pablo Christian Zuleta Sánchez (108 votos); puntaje: 9.

En un reciente artículo de opinión, del 30 de abril en un medio colega, el analista político Carlos Böhrt apunta que los seis vocales titulares en la Asamblea fueron elegidos “en el marco de una sugerente concertación: el MAS sugirió los nombres de tres vocales y los grupos de la minoría los otros tres”; de modo que en los hechos resultó en un empate entre ambas tendencias, un “equilibrio precario” que precisamente administró el expresidente Salvador Romero; con su salida, y la posterior designación de Dina Chuquimia (por parte del presidente Luis Arce) como la nueva vocal, para el analista se “anulará” el referido empate, “imponiéndose una mayoría de vocales susceptibles de alinearse con el partido de gobierno”.

Al respecto, la exdiputada del MAS Sonia Brito, que participó en la elección de los vocales del TSE, niega que haya habido “candidatos” de tendencia política: “Hubo un concurso de méritos y se votó por las personas que tenían más puntaje; que recuerde, no vi personas de izquierda, radicales, en absoluto; más bien se podría decir que prácticamente todos eran gente o independiente o incluso conservadora; eran personas más técnicas, se pensó mucho en el conocimiento técnico del Tribunal, y no recuerdo que haya sido más político; de ahí además que la oposición no observó a los candidatos”.

Un criterio contrario tiene la exdiputada por Unidad Demócrata (UD) Lourdes Millares, quien afirma que en la designación de los vocales hubo un “cuoteo”, merced a un acuerdo político que hubo, dice, “entre el MAS y la bancada de UD”, en ese momento, continúa, “algunas parlamentarias denunciamos públicamente ese hecho”; un dato que añade Millares es que el acuerdo entre el MAS y UD alcanzaba a los vocales de los tribunales electorales departamentales.

Además del “cuoteo”, explica Millares, se cuestionaba que “la designación, en la mayoría de los casos,” no recayó en las personas que tenían las mejores calificaciones”.

En relación al ingreso de la ahora vocal Chuquimia (que fue parte del TSE entre 2011 y 2015), Brito cuestiona el doble rasero que la oposición tendría al insinuar que con la nueva vocal la balanza se inclinará hacia el lado del MAS; la vocal Chuquimia, afirma, es tan designada por el Ejecutivo, como el exvocal Romero, pero, protesta: “No sé cuál es el temor, cuando es elegido por Áñez, no hay cuestionamiento, pero cuando es elegida por el Presidente (Arce), que es del MAS, entonces sí hay cuestionamiento. Tiene que haber una actitud más madura de la derecha, de la oposición; el elegido es uno designado, pero es uno más dentro de un grupo colegiado”.

Para la exdiputada Millares, con la presencia de Chuquimia, en cambio, el TSE está irremediablemente “tomado” por el MAS.

La naturaleza colegiada del TSE es determinante, insiste Brito. Y es que la conducción de la máxima autoridad electoral del país debe ocurrir o por consenso o por mayoría: por la experiencia de la gestión electoral, “los vocales tienen que ponerse de acuerdo para todas las acciones; tener una línea casi conjunta en todo lo que se hace; porque cuando se le cuestiona, no se lo hace a uno o dos vocales, se cuestiona al Órgano Electoral; por eso, por lo general sus decisiones son más colectivas y, por lo general, técnicas, más que políticas”.

En cuanto a las tareas que vienen para el Órgano Electoral, los entrevistados coinciden en que, aparte de referendos por cartas orgánicas municipales, a la vista se tendrá un buen tiempo de “paz electoral”; tiempo suficiente y propicio, aseguran, para que se revisen las grandes falencias que se vieron en las recientes elecciones. Pese a que el expresidente Romero y, por tanto, el TSE en su conjunto siempre defendieron la alta confianza que da el padrón electoral, los consultados coinciden en que este registro sigue siendo una de las grandes debilidades; no tanto por voluntad de los diferentes TSE, remarca Brito, sino por las limitaciones materiales y de tecnología que aún arrastra el país en materia electoral.

Al respecto, el politólogo Silva llama la atención sobre el hecho de que cualquier avance en la reforma del sistema electoral (que las últimas elecciones, asegura, mostraron como una necesidad imperiosa) no es responsabilidad solo del TSE, sino del sistema político mismo: “que el Órgano Electoral inicie reformas siempre es mejor que sean acompañadas, sean consensuadas, por las fuerzas políticas del país; y eso no debe dejar de tomarse en cuenta”.

(*)Iván Bustillos es periodista de La Razón

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REINAGA Y ‘LA REVOLUCIÓN INDIA’ HOY

Reinaga aún tiene mucho que ofrecer, si nos atrevemos a ver más allá de los prejuicios o los fanatismos.

/ 9 de mayo de 2021 / 21:30

DIBUJO LIBRE

En los primeros años en los que empecé a trabajar como profesor, en la década de los 90, había oído hablar del escritor potosino Fausto Reinaga y de su obra La revolución india. Los comentarios que se hacían entonces me despertaron la curiosidad en gran medida y, casualmente, un colega me ofreció el citado libro, pero a un precio que casi abarcaba mi pequeño sueldo de maestro rural.

Pasaron las semanas y luego de pensarlo mucho me decidí, finalmente, a comprar el libro. Me lo entregaron casi a escondidas y de manera muy sigilosa, como si se tratara de algo muy peligroso o riesgoso; eso despertó más aún mi interés. Llegué a casa casi al anochecer y lo empecé leer; no me di cuenta cuánto me había absorbido el libro pues ya había amanecido y aun quería seguir leyéndolo.

Cuando se vive en carne propia, desde lo rural, las diferencias históricas que se han ido formando entre el campo y la ciudad, así como entre quienes tenemos un origen indígena y quienes tienen otro origen, la palabra de Fausto Reinaga es fuego intenso que enciende nuestro espíritu de lucha. Y en este contexto político, tras salir de un gobierno de facto que ejerció el racismo como política general, es pertinente volver a leer La revolución india, considerando nuestros desafíos contemporáneos.

Reinaga nos muestra de manera muy clara cómo el racismo se ejerce, desde grupos que tradicionalmente detentaron el poder, para preservar privilegios coloniales. Pasó cuando Reinaga vivía y pasó durante el golpe de Estado y el gobierno de facto. El racismo era evidente en las movilizaciones golpistas en su afán de desterrar la wiphala, un símbolo indígena, para luego pasar a quemarla. Estaban dando un mensaje claro: “los indígenas no deben estar en cargos de poder y para eso vamos a recuperar nuestros privilegios”.

Entonces, dejando de lado los aspectos de contexto específico en el que se escribió La revolución india, debemos ver el rasgo general que su autor nos plantea sobre los grupos de poder y el racismo en Bolivia. Este es un tema que va más allá del pasado porque es un problema vigente, como lo vimos en el golpe de Estado y en el gobierno de facto; y aún se podrían dar ejemplos más recientes.

Otro aspecto importante en las ideas de Reinaga, en relación a lo dicho, tiene que ver con la historia, con nuestra historia de luchas silenciadas por el poder, pero que pudieron salir de ese silencio. En esa situación en la que los grupos de poder ejercen el racismo para cuidar sus privilegios, quienes son víctimas luchan para formar una nueva sociedad sin racismo. Así luchamos contra el gobierno de facto para frenar a un régimen racista que buscaba reinstaurar los privilegios coloniales y desconocer al Estado Plurinacional.

Considerando las ideas de Reinaga y considerando lo que pasó hace algo más de un año podemos decir que la conciencia histórica de quienes sufren el racismo es algo que se va formando en la lucha y transforma a los sujetos al mismo tiempo que estos sujetos transforman la realidad. De soportar un gobierno de facto pasamos a la lucha por la recuperación democrática, asumiendo nuestra historia o buscándola, defendiendo nuestros símbolos y nuestros logros, para luego transformar la realidad: salimos de la dictadura y recuperamos la democracia.

Sería bueno recordar que Fausto Reinaga decía: “Para que el indio sea sujeto de la historia tiene que saber, por sobre todo, su historia”. Leyendo La revolución india uno queda con la idea clara de que se trata de conocer nuestro pasado, nuestro camino, para no perder el rumbo y ser actores políticos, no simples espectadores de cómo ciertos grupos viven sobre el lomo de la gran mayoría del país.

La revolución india es, primeramente, una revolución que despierta la conciencia histórica y que nos convoca a la lucha contra las injusticias que cometen quienes han vivido de los privilegios coloniales. Es un libro de lucha, donde el aprender es para transformar. Estos aspectos son algo que dan vigencia a lo más esencial de las ideas de Fausto Reinaga y por eso hoy podemos leer su libro más logrado sin perder de vista los desafíos que tenemos.

Aún es un desafío superar los lastres coloniales que arrastra nuestro país y que son obstáculos para consolidar nuestro Estado Plurinacional; y Fausto Reinaga aún tiene mucho que ofrecernos, si nos atrevemos a ver más allá de los prejuicios o los fanatismos. Su libro La revolución india puede darnos, si lo tomamos con seriedad, varias pistas para entender algunos aspectos de nuestra realidad.

Freddy Mamani l. es profesor, actual presidente de Diputados   

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