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La violencia que se activa con el voto

Una forma de esta agresión es el “voto familiar”, la influencia del jefe de hogar o esposo en el voto de la mujer.

/ 17 de julio de 2019 / 00:00

Violencia contra las mujeres en época electoral? Un tema de indudable vigencia pero paradójicamente aún poco estudiado, relativamente oculto y con escasas denuncias, destaca ONU Mujeres en su informe Prevenir la violencia contra las mujeres durante las elecciones. Una Guía de Programación: “A pesar de su importancia, la violencia contra las mujeres durante las elecciones (VCME) se ha mantenido al margen de los estudios y políticas debido a la falta de denuncias y datos, así como la poca comprensión del problema y el estigma asociado a la violencia basada en el género en muchas sociedades”.

Un forma de violencia contra las mujeres que, sin embargo, la semana que termina mostró en una de sus facetas a través de la polémica que hubo en el Tribunal Supremo Electoral (TSE) sobre el intento que hubo allí de recortar la paridad de género entre candidatos y candidatas a senadores; un hecho que ya había sido consumado el miércoles 10 y que ante la presión social y política fue revertido el jueves 11. Este retroceso en la paridad de género había sido alertado por la Coordinadora de la Mujer, y la reparación fue celebrada por la representación en Bolivia del Sistema de Naciones Unidas, que mediante comunicado expresó que “felicita y reconoce al TSE en su compromiso de garantizar la democracia paritaria y la alternancia política entre hombres y mujeres”.  

LATENTE Pero, como se vio, el problema está latente. En general, esta violencia, destaca la representante de ONU Mujeres en Bolivia, Violeta Domínguez, es “una forma de violencia contra las mujeres con la intención de afectar el ejercicio de sus derechos políticos, principalmente en un contexto electoral”; pero he aquí una de las mayores novedades del referido Informe de ONU Mujeres: enfatiza que es violencia no solo contra las candidatas, sino también contra las votantes: “las principales afectadas pueden ser las mujeres candidatas, votantes, activistas, e incluso observadoras y funcionarias electorales”.

Ahora, como se apunta en el referido informe, la violencia contra las mujeres en un proceso electoral directamente tiene que ver con la distribución del poder: “La Directriz de las Naciones Unidas sobre la Prevención y Mitigación de la Violencia Relacionada con las Elecciones (2016) entiende que la violencia electoral es una forma de violencia política ‘que suele estar dirigida a influenciar un resultado electoral y por lo tanto la distribución del poder político’”.

La directora de la Coordinadora de la Mujer, Mónica Novillo, al respecto señala al menos dos formas de esta violencia en el proceso electoral. “En la fase previa (al día de la elección) hay expresiones de hostigamiento para que las mujeres que tienen perfiles candidateables desistan de sus intenciones” y algo que pasa casi siempre solo con las mujeres candidatas: “solicitarles que firmen acuerdos para renunciar a media gestión, esto en el marco de lo que en algunos partidos políticos se entiende como gestión compartida. Se trata de papeles en blanco que les hacen firmar y que luego son entregados como renuncias a su cargo o en otros casos les hacen firmar Letras de cambio, hipotecas, deudas, que luego son utilizadas para presionar a las candidatas cuando ya son electas, para que renuncien”. Esta forma de “forzar la alternancia” en beneficio del candidato suplente varón, destaca Novillo, tuvo su expresión más grotesca en el pasado con los “candidatos travesti”, cuando se falseaba la documentación inscribiendo a una candidata mujer (Juana), cuando en realidad era varón (Juan). Más bien esto ya se puede evitar con la modernización del registro electoral.

Otra forma común de agresión política a las mujeres en época electoral, plantea Novillo, es no agendar en el debate general temas de mayor interés para las mujeres: “Elemento que ha de fortalecer la democracia paritaria tiene que ver con la inclusión de temas en la agenda y el debate político; es fundamental que en este proceso electoral se pongan temáticas que hacen a la agenda política de las mujeres y que son centrales para el avance de derechos. Queremos escuchar tanto a mujeres candidatas como a hombres candidatos referirse a los temas que a las mujeres nos interesan; en las elecciones pasadas, por ejemplo, creemos que hubo un debate superficial de las temáticas de igualdad de género, se ha banalizado mucho”.

PERPETRADORES Un detalle no menor que recuerda el Informe de ONU Mujeres es que los “perpetradores” (que es el calificativo que da a los agresores) de esta violencia pueden ser miembros tanto de la familia, de alguna comunidad, como del Estado mismo.

Cuando hasta ahora se han definido tres tipos de violencia contra las mujeres en elecciones, sicológica, física y sexual, ONU Mujeres llama la atención sobre el hecho de que “según los datos disponibles, el maltrato y la intimidación psicológicos son las formas más frecuentes de violencia contra las mujeres durante las elecciones”. Añade a ello la representante Domínguez que el factor central de la violencia contra las mujeres en tiempo electoral es el sembrar miedo. “La VCME ante todo pretende generar miedo para evitar que las mujeres participen en política de manera autónoma e independiente, no permitiéndoles ejercer sus derechos políticos, como que puedan votar de manera independientemente, disuadiendo a las candidatas o imponiendo la resignación de las mujeres electas”.

Contra lo que pueda creerse, que siendo las elecciones un proceso público y que toda forma de violencia sería necesariamente pública, la investigación existente, por el contrario, sugiere que “la mayor parte de la violencia psicológica tiene lugar en contextos domésticos”. Aunque, cada vez más, el maltrato psicológico se extiende a las redes sociales.

Pese a que la violencia contra las mujeres durante las elecciones no ha sido lo suficientemente documentada, un reciente estudio, que tomó más de 2.000 actos de violencia electoral en seis países, concluyó que “las mujeres son las víctimas en casi el 40% de todos los casos de violencia electoral”, aunque se presume que la prevalencia es bastante más alta, porque el estudio no recolectó datos de todos los tipos de violencia que sufren las mujeres.

Ahora, en el entendido de que la violencia electoral alcanza a todos, varones y mujeres, se pudo ver que la que sufren las mujeres es fundamentalmente diferente de la que enfrentan los hombres, “aunque la violencia física contra las mujeres relacionada a las elecciones sin duda está presente, es más común que la violencia política contra las mujeres sea de naturaleza psicológica o sexual”. Si las mujeres sufren un tercio de la cantidad de ataques físicos que sufren los varones, “es tres veces más probable que sufran violencia psicológica”, concluye el estudio. (Cuadro adjunto).

Si bien la violencia ocurre sobre todo con las candidatas, el Informe  de ONU Mujeres llama la atención sobre las votantes: éstas “que en la mayoría de los países constituyen más de la mitad del electorado, son un blanco común de la violencia relacionada con las elecciones. La violencia dirigida a las mujeres votantes tiene la intención de disuadirlas de registrarse para votar, emitir su propio voto, participar en mitines o actos políticos, acudir a las urnas o para influenciar su voto o castigarlas después por haberlo ejercido (que también tiene la intención de impedir que sigan participando en política)”.

Efectivamente, destaca la representante Domínguez, las mujeres muchas veces están sometidas a diferentes tipos de “violencias encubiertas”, que más bien responden “a un sistema patriarcal estructural que genera diferentes mecanismos de poder que llegan a naturalizar ciertas violencias y más cuando las mujeres no cuentan con las herramientas suficientes para poder reconocerlas y/o acceder a mecanismos de apoyo”.

VOTO FAMILIAR Específicamente, aquí el informe propone un peculiar concepto: “el voto familiar”, una forma de coacción contra las convicciones personales de la mujer: “En términos amplios, el voto familiar se refiere a la situación en que el jefe de familia (en general un hombre) influencia a otros miembros de la familia sobre qué votar. Se practica comúnmente en áreas que tienen estructuras familiares arraigadas en la tradición y la costumbre”.

O, como señala Domínguez: “Este tipo de violencias generalmente sucede en países, comunidades arraigadas culturalmente y donde prevalece las decisiones del esposo o incluso de las organizaciones”.

Al respecto, Novillo observa que si bien hay esta forma de presión, la salvaguarda, no sólo de las mujeres, sino del votante en general, es el carácter secreto del voto, el voto secreto como el resguardo para la convicción personal. “Lo que creo es que las mujeres cada vez son más independientes y finalmente el voto es secreto. Más allá de la presión que pueda existir en el ámbito familiar, tenemos que insistir en que tenemos voto secreto y que finalmente quien efectúa la votación es cada una y cada uno de nosotros”, dice Novillo.

Pero el texto de ONU Mujeres también es una guía para encarar el tema en los diferentes contextos nacionales, “es el resultado de un trabajo conjunto entre ONU Mujeres y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) que, a partir de una investigación exhaustiva realizada en diferentes países de la región y del mundo, han logrado visibilizar y empezar a debatir sobre la VCME”, relata la representante Domínguez.

Según la Guía, se han definido tres momentos claves: fase preelectoral, fase electoral y fase poselectoral. Y en cada una de éstas se propone un desglose de actividades que podrían implementarse para mitigar y prevenir la VCME en 6 áreas priorizadas, que son: Mapeo y medición de la VCME. Integrar la VCME a la observación electoral y monitoreo de la violencia. Reforma jurídica y política para prevenir y dar respuesta a la VCME. Prevenir y mitigar la VCME adecuando la preparación electoral. Trabajar con los partidos políticos y concienciar y  cambiar las normas, que implica un trabajo de sensibilización con legisladores, parlamentarios, medios de comunicación; entre otros, señala Domínguez.

Cuando desde enero hasta la semana que termina se han registrado nada menos que 72 feminicidios en el país, la investigadora Novillo recuerda que justamente la generación de una normativa contra la violencia y el acoso político en el país se dio como respuesta al asesinato de una concejala. Eso motivó y aceleró, dice Novillo, “la aprobación de una ley que estaba durmiendo en el parlamento más de 12 años. Hubo una reacción del patriarcado contra la presencia de las mujeres en espacios tradicionalmente considerados como masculinos, y este es el ámbito particular de la violencia política; es en función de eso que se ha elaborado todo un marco normativo que protege los derechos civiles y políticos de las mujeres”.

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Mallku, el indio volador

Irreverente, radical, aguerrido, contestón, Felipe Quispe puso en evidencia con un lenguaje brutal y directo, la histórica desigualdad, el racismo y discriminación imperantes contra los originarios de estas tierras debido al poder y el orden de las clases dominantes a lo largo de nuestra historia.

/ 19 de enero de 2021 / 22:10

El siguiente texto fue publicado en el quincenario ‘El juguete rabioso’, el 29 de octubre de 2000. Forma parte del libro ‘Reportaje a la democracia, Memoria periodística, Bolivia 1969 – 2019’ de próxima aparición. Irreverente, radical, aguerrido, contestón, Felipe Quispe, nacido en la provincia Omasuyos del altiplano de La Paz, graduado en Historia de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) puso en evidencia con un lenguaje brutal y directo, la histórica desigualdad, el racismo y discriminación imperantes contra los originarios de estas tierras debido al poder y el orden de las clases dominantes a lo largo de nuestra historia. Este artículo registra, en alguna medida, la valiosa contribución del llamado ‘Mallku’ a nuestra historia democrática.

La aparición de Felipe Quispe, el ‘Mallku’, provoca nuevamente los odios y los miedos en una sociedad que, como no ha aprendido a conocer al otro, al indio, no cree ni se relaciona con él.

“Indio volador”, así le llamaban en sus años universitarios de Lovaina a Jaime Paz Zamora. El apodo se lo pusieron porque como buen sudaca se paraba bien bajo los tres palos del equipo en que jugaba cuando, residiendo en Bélgica, creía en el socialismo en el que soñaba por su nueva Bolivia.

El Indio volador que conocemos ahora ya no es, por supuesto, Paz Zamora, que hace muchísimos años se retiró  del fútbol y se dedicó a funcionalizar utopías gracias a unas célebres trampas retóricas cuidadosamente hilvanadas por quienes le fueron abriendo paso desde las entrañas del MIR hacia el poder. El Indio Volador es ahora Felipe Quispe, El cóndor pasa, tocayo del mismísimo Príncipe de Asturias: Dos metros de estatura, rubio y de ojos azules, y que provoca desvelos, a un personal femenino muy mestizo que nunca dejará de creer en los cuenteretes de hadas de Felipe Quispe.

Felipe Quispe, que de Borbón parece no tener nada, pero de hombre moderno de la ciudad,  marketero, televisivo y de chaqueta raída azul jean como cualquier modelo de spots Marlboro, tiene bastante, ha crispado las terminaciones nerviosas de los blancoides con bronceado de fin de año muy Miami Vice, a quienes les ha producido tembladera, como alguna vez a sus abuelos y bisabuelos antes del 52, con el pánico de que estos “indios de mierda” que no se bañan se van a meter a nuestras casas y se lo van a llevar todo.

Una vieja muy copetuda que era muy severa y jugaba rummy todas las tardes decía que su democracia quedaba detenida en las compuertas de sus fosas nasales porque no soportaba las emanaciones de los colectivos de entonces en que se viajaba apechugado y rodeado de sudores varios. Si la democracia se midiera como lo hacía esta buena señora, las lecciones debían producirse entre inventores de detergentes, jaboncillos de fragancias al gusto, y champús anticaspa, y ya no más entre políticos profesionales que se han pasado fenomenalmente por el forro de los cojones la existencia de los in-existentes, indios también con ganas de votar, agazapados en Achacachi con las cabezas hinchadas de bronca gracias al rollo que Felipe les larga con puntualidad y en proporciones dosificadas conforme se va acercando la fecha de un próximo conflicto con bloqueo de mentes y caminos como instruye el recetario completo.

Aprendí con el cine de Jorge Sanjinés, con su Teoría y práctica de un cine junto al pueblo, parida con mejores pretensiones que resultados en los 70, que el cine indígena, más precisamente aymara, debía ser uno de autor colectivo en el que la comunidad va construyendo el discurso fílmico concordante con una organización social que le otorga preeminencia a la voluntad del conjunto, y no la inspiración divina del artista único e irrepetible, tal como lo dicta el canon occidental.

Al final, el chocolate espeso y las cuentas claras: Sanjinés ha hecho a lo largo de su reconocida trayectoria, un cine suyo porque los guiones y la realización corrieron siempre por su cuenta y riesgo, por más que se forzara el autoengaño a fin de no cometer entre otras torpezas de hombre blanco, postales para las estaciones de metro europeas.

Y al igual que Sanjinés, el Mallku actúa por sí mismo y en el tinglado político en el que ha logrado posicionarse en el tiempo Guinness de 30 días, y emerge por su inteligencia, su astucia para enfatizar aún más su castellano mal hablado y parido desde el trivalente aymara. ¿Dónde se hace visible esa masa que le da legitimidad a su dirigente? ¿Qué televisión se ha preocupado por intentar meterse en las casas, pero no para llevarse lo poco que allí hay, de todos estos “indios de mierda” que no se bañan y que habitan un mítico cosmos como si el mundo lejano aquél no fuera tan perro como lo es el de aquí?

Indios, inexistentes y ahora invisibles, porque si algo tuvo el cine latinoamericano de los 60-70 fue poner en pantalla a quienes la televisión internetizada del Siglo XXI se viene encargando de desdibujar, a través de una pobrísima agenda de géneros audiovisuales, donde solo hablan los representantes democráticamente elegidos, (léase Felipe Quispe, ejecutivo de la CSUTCB), lo mismo que en la democracia presidencialista, parlamentaria y excluyente que fustigan con tanto ardor y miles de piedras acomodadas cerrándonos el paso unos a otros.

Con todas sus contradicciones, su bien aprendido estilo, y su teatralizaciones de goleador oportunista, de todas maneras el Mallku ha hecho algo que parecía nunca más iba a suceder: que la acomodada, poco instruida, bien aseada pero bastante aburrida clase media de las ciudades del país volviera a sentir miedo por la fuerza de lo desconocido, pero no el miedo de una tribuna folklórica que activaba el Compadre Palenque, sino ese miedo a lo profundo, sombrío, místico tan cargado de silencio que es el mundo indígena de este lado del país, en el que lo infrahumano aterra.

Felipe Quispe es un dirigente que responde a sus bases como él mismo dice, pero aunque no le guste ya ha sido absorbido por ésa que él llamaría cultura dominante, que es la cultura que gobierna más que antes al globo íntegro. El Mallku es la sensación del momento, el hombre de moda que aún sin estar de acuerdo, vive bajo las reglas puestas por quienes interpela.

Lo que pasa es que además de vestir como homo urbanus universal, debido a la urgencia con la que viven los suyos, acaba siendo presa del error de exclusión que él mismo condena con tanta vehemencia y ese error es el de insistir en “su” Bolivia prescindiendo de la voluntad de una comprensión totalizante, cuando las Bolivias in-existentes e in-visibles, nunca terminan de registrarse.

Los civilizados mestizos de la ciudad que se las dan de muy elegantes, que acuden a los acontecimientos que registra Ficho (Viaña, cronista de la haig sosayti paceña), viven en casas y aparentemente en las que las habitaciones de “sus” empleadas miden uno por uno, no tienen ventanas y muchos de ellas solo piso de cemento. Mientras en el Loro de Oro publican anuncios de ventas, alquileres y anticréticos con “habitaciones en suite”, sus empleadas deben amontonar las pertenencias en los aguayos con los que llegan y ocupan el espacio que el patrón les asigna. Y es que ese es el concepto de nuestros urbanistas, muchos de ellos metidos a postmodernos, acerca del hábitat que debe ocupar la doméstica salvaje, y es desde estos hechos reproducidos como hongos en propiedades horizontales que se incuba la furia en espíritus rebeldes e ideológicamente cincelados como el del Mallku.

La nueva Bolivia de Paz Zamora, Bolivia la nueva de Revollo, la federalista de Valverde Barbery, la empresarial inexistente de la que habla Valdez (Jorge, empresario petrolero) son modelos incompletos, imperfectos y viciados de nulidad por ese espíritu de rapiña del que se nutre el estamento político del que se abraza el poder a sí mismo, pero difícilmente lo vincula para que todos se suban al coche de la participación, dejando atrás viejas tretas de paternalismo estatal en el que esos mismos indios por los que pelea el Mallku se han cobijado durante décadas por un elemental sentido de sobrevivencia, es decir, necesitados de ingresar en la lógica clientelista y discrecional inaugurada por el MNR en los 50.

El Mallku sobrevuela con su amenaza de cerco sobre las azoteas de la indiferencia y la vida chata de una La Paz desangelada que no sabe por dónde comenzar para recuperar su ajayu. Así estamos, pero en realidad es que así somos, bien duchos para capear las emergencias, pero bastante holgazanes para aprender a escuchar al otro en tiempos de paz, y es que sin el odio y el desprecio ancestrales nosotros los de entonces ya no seríamos los mismos.

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Atomizada Oposición Subnacional

Los opositores regionales al MAS se tienden a fragmentar más que en 2015

Acto de sufragio en las elecciones de autoridades políticas departamentales, regionales y municipales de 2015

Por Iván Bustillos

/ 13 de enero de 2021 / 15:01

Con la inscripción de candidatos y candidatas a las gobernaciones se aclaró más el panorama de lo que se viene en cuanto a tendencias de la votación. De primera, comparando con las elecciones subnacionales de 2015, es evidente una práctica “explosión” de candidaturas en buena parte de los departamentos. En efecto, mientras en La Paz en 2015 había 7 candidatos a la Gobernación, en las elecciones del 7 de marzo próximo habrá nada menos que el doble, 14. En Chuquisaca, si en 2015 había solo 4 candidaturas (que al final fueron 3, pues una fue anulada por la renuncia de su candidato), ahora habrá 9. Y si para la Gobernación de Cochabamba en 2015 pugnaron 5 postulantes, en 2021 terciarán 9 fuerzas políticas. Por otro lado, cuando en Oruro en las elecciones subnacionales de 2015 hubo 6 candidatos, en 2021 habrá 9. También Beni se puede considerar “explosivo” en candidaturas para la Gobernación, pues de solo tres que tuvo en las elecciones de 2015, para los comicios de marzo se presentaron hasta 6 postulantes. 

Entre los departamento que se pueden considerar de incremento moderado está Potosí, que si en 2015 llegó a tener 5 candidatos, en las justas de 2021 tendrá a 7. 

El departamento que mantendrá el número de candidatos es Santa Cruz, que en 2015 tenía 6 candidatos a la Gobernación, y este año repetirá el mismo número.

En tanto que solo dos departamentos habrán bajado de número de candidatos: Pando, que en las elecciones de 2015 tuvo 4 candidatos, en las justas del 7 de marzo solo pugnarán 3 postulaciones; y, Tarija, que de 6 candidaturas en 2015 ahora solo tendrá 4 contendientes por el gobierno departamental.

En todo caso, tal como se puede observar en los gráficos adjuntos, en la mayoría de los departamentos el rasgo común es que sea cual fuere la cantidad de candidatos, la votación tiende a concentrarse en los dos primeros, y con elevado porcentaje.

Así, en Chuquisaca el voto concentrado en el primero más el segundo suma 91% de la preferencia electoral, 81% en  el caso de La Paz, 85% en Cochabamba, 72% en Oruro, 83% en Potosí, 92% en el departamento de Santa Cruz, 94% en Pando.

Solo en los comicios de Tarija y Beni se observa una votación más equitativamente distribuida: en Tarija la mayor parte de la votación se la llevan los tres primeros, 95% de los votos; en tanto que en Beni, las tres fuerzas de algún modo se equiparan: 41-31-28 por ciento.

Un dato no menor también es que en todos los departamentos el Movimiento Al Socialismo (MAS) está entre los dos primeros; de hecho ganó seis de las nueve gobernaciones departamentales; aunque perdió precisamente en los dos mayores conglomerados de votantes del país: La Paz (a manos de Sol.Bo) y Santa Cruz, donde le venció, y por casi el doble, Demócratas, el partido del gobernador Rubén Costas.

Tampoco se debe dejar de anotar la derrota del MAS en Tarija, donde al no lograr el primero (UD-A) una victoria por mayoría absoluta (50% más 1) ni haber superado 40% de los votos con una diferencia de 10 puntos sobre el segundo (el MAS) se fue a segunda vuelta, y allí, UD-A (que postulaba al actual gobernador Adrián Olivia) derrotó al MAS nada menos que por 61% a 39%.

Por la misma razón en 2015 hubo segunda vuelta en Beni; pero esta vez la votación se polarizó mucho más: el MAS ganó con apenas 50,23% frente a la agrupación política Nacer, que obtuvo un desafiante 49,77%, un práctico empate técnico.

Ahora, si bien siempre se advierte que las elecciones nacionales no reflejan la preferencia electoral de la población en las subnacionales, no se puede dejar pasar ciertas tendencias similares de las elecciones de 2015 y las generales de 2020.

Siempre con la prevención de que se trata de distintas elecciones, sobre todo por los liderazgos en juego, es llamativo (como se puede observar en los gráficos adjuntos) que en seis de los nueve departamentos (Chuquisaca, La Paz, Cochabamba, Oruro, Potosí y Tarija), lo mismo que en las subnacionales de 2015 el voto tiende a concentrarse en el primero y segundo de los contendientes.

Y si bien las nuevas presencias significativas en el espectro político de Santa Cruz, Beni y Pando son Creemos (del excívico Luis Fernando Camacho) y Comunidad Ciudadana (CC) (que postulaba al expresidente Carlos Mesa), no es para dejar de lado la otra vez fuerte presencia del MAS, esta vez entre los tres primeros.

Una de las mayores certezas en cuanto a las elecciones subnacionales es que buena parte de la preferencia electoral gira en torno al liderazgo local, regional o departamental.

Así, por ejemplo, es llamativo que en el departamento de La Paz, habiendo ganado el MAS en las elecciones generales de octubre de 2014 con nada menos que 69% de la votación, al año siguiente, apenas cinco meses después, en marzo de 2015, haya bajado su votación (por gobernadora, siendo candidata Felipa Huanca) a menos de la mitad, 30,68%, y el significativo triunfo lo haya obtenido el partido recién creado Sol.Bo, con el sociólogo y exministro de Educación Félix Patzi como su candidato.

Es el mismo caso el de Tarija, donde si en la elección nacional de 2014 el MAS también ganó en el departamento con 52%, cinco meses después el electorado mayoritariamente decidió el triunfo del partido regional Unidad Departamental Autonomista (UD-A), que postuló a Adrián Oliva, que si bien ganó en primera vuelta por un porcentaje (45,44%) que obligaba a ir a una segunda ronda, en esta obtuvo nada menos que 61% de la preferencia electoral.

En el departamento de Santa Cruz se impuso la misma lógica: mientras el MAS en las elecciones de 2014 ganó allí con 49%, en las subnacionales de 2015 su caudal electoral se redujo a 31,80%; y es que la reivindicación cruceña la capitalizó el ya para ese entonces reelecto gobernador Rubén Costas, de Demócratas.

En todo caso, como se aprecia en los gráficos, las elecciones subnacionales de 2015 de alguna manera son la continuidad de la tendencia marcada en los comicios generales de 2014. Todos los gobernadores electos por el MAS en 2015, Víctor Hugo Vásquez en Oruro, Juan Carlos Sejas en Potosí, Esteban Urquizo en Chuquisaca, Iván Canelas en Cochabamba, Alex Ferrier en Beni y Luis Adolfo Flores en Pando, eran, o son, militantes masistas; cierto, casi todos ellos, excepto Luis Adolfo Flores, renunciaron a su cargo a causa de la crisis política de octubre-noviembre de 2019, pero eso no quita que hayan sido electos como masistas en pleno ascenso del MAS: en la elección de 2014 el partido azul se mantenía sobre el 60% de la preferencia nacional.

Para la elección del 7 de marzo, el presidente del MAS, Evo Morales, oficializó a los nueve candidatos del partido: Humberto Sánchez en Cochabamba, Mario Cronenbold en Santa Cruz, Franklin Flores en La Paz, Juan Carlos León en Chuquisaca, Jhonny Mamani en Potosí, Álvaro Ruiz en Tarija, Alex Ferrier en Beni, Miguel Becerra en Pando y Jhonny Vedia en Oruro. Es precisamente en la elección de algunos de estos candidatos que ocurrieron las mayores tensiones en el partido: en Santa Cruz, se trató de una concesión de la dirección nacional del MAS, pues hasta hace solo una semana se tenía como candidato seguro al comunicador social Pedro García, quien incluso había sido designado candidato en un ampliado del MAS en Lauca Ñ, en el Trópico cochabambino; en Chuquisaca, Potosí y Pando se impuso el candidato que tenía el aval de la dirección nacional del MAS, pues en los tres casos hubo una cerrada oposición a los designados; la queja común fue que mientras las organizaciones sociales optaron por un candidato, se impuso el “dedazo” de la dirigencia nacional.

En el caso de la oposición regional más fuerte, sin duda destaca el exdirigente cívico, excandidato presidencial por Creemos, Luis Fernando Camacho, por el que la primera fuerza política cruceña, Demócratas, incluso sacrificó a dos de sus más influyentes militantes (Óscar Ortiz y Vladimir Peña) en pos de unificar la candidatura; fue una mutua concesión; como dijo Camacho: él como candidato único a la Gobernación, Roly Aguilera, militante de Demócratas, como único candidato por ambos frentes a la Alcaldía cruceña.

Si hay una cosa que distingue a Camacho de los anteriores líderes cruceños es su declarado federalismo, que las autonomías hay que llevarlas al extremo con el fin de proyectar luego un país federal.

En el lado masista, la pauta de la oferta electoral de sus candidatos la dio el de La Paz, Franklin Flores, cuando en esta semana señaló que uno de los pilares de su plan de gobierno es “crear un complejo industrial y posicionar al departamento de La Paz como líder económico del país”; un “complejo maquilero, de ensamble, como por ejemplo de vehículo Hyundai como en Chile que ensamblan estos vehículos”.

(*) Iván Bustillos es periodista de La Razón

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La vida entre la política y la literatura

Homenaje a Ramiro Barrenechea Zambrana, político y poeta, exministro de Trabajo, exdiputado. Murió hace una semana

Ramiro Barrenechea Zambrana

Por Carlos Soria Galvarro

/ 13 de enero de 2021 / 14:56

Me conmovió tanto la lectura de este libro que no sabía por dónde empezar a escribir un comentario. Lo leí con enorme placer, disfruté de una lectura atractiva y subyugante por su calidad literaria. Pero además, porque me sentí muchas veces próximo a —o involucrado en— situaciones dramáticas o anecdóticas que abundan en el texto. No en vano entre el autor y yo existe una amistad de más de medio siglo.

Acostumbrados a pensar a Ramiro Barrenechea como poeta —y a la vez político— no siempre advertimos que su destreza en el manejo de la palabra le permite producir una prosa deslumbrante, poética si se quiere, para construir las memorias de su vida, una historia individual cargada de contexto. Porque en él se juntan sensibilidad y talento le ha sido posible alcanzar el nivel de calidad y madurez literaria de esta obra.

Por ello, Dos alas de un mismo vuelo es un libro que viene avalado por una extensa trayectoria de su autor, precisamente en los dos planos a los que alude el título, en la política y en la literatura. Además, sus dos primeros fragmentos, Nota preliminar y El tiempo capturado, lo dicen todo: “Temáticas y motivaciones espontáneamente recogidas en un texto”, “sin plan ni concierto”, “memoria de las cosas sencillas que le ocurrieron a un hombre”. Aunque en el “estilo de nadie”, se reconoce próximo a Confieso que he vivido de Neruda o a Vivir para contarla de García Márquez, sin descartar a Galeano.

Dos alas de un mismo vuelo es el retrato íntimo, al modo fantástico, de la historia boliviana en la segunda mitad del siglo XX, construido por quien vivió esos años intensamente, abrazó los ideales de transformación social y les dedicó con pasión una buena parte de su existencia. 

Una persona no exenta de errores, contradicciones y enredos a los que a veces suele conducir la lucha política. Alguien que no perdió la agudeza de su ingenio y el mágico poder de su palabra aun en las más complicadas situaciones de la vida.

Un poeta capaz de despertar el fervor de los jóvenes cuando declamaba su Ordalía inconclusa en una asamblea multitudinaria de universitarios, en momentos en que comenzábamos a sacar la cabeza luego de la larga noche la clandestinidad que nos impuso la dictadura de Banzer.

Yo asistí a uno de tales eventos y siempre me he preguntado si para un poeta puede haber mayor satisfacción que la que obtuvo Ramiro Barrenechea: el público de pie le ovacionaba y le pedía que repita sus versos, como a un auténtico cantautor.

Un hombre que se lució en la cátedra universitaria. Que hizo notables aportes académicos trátese de la historia del libro, de la sociología o del derecho agrario. Contribuciones que no se reconocen, se ignoran o se trata de ahogar en el mar viscoso de la mediocridad rampante, de los prejuicios y las envidias que reinan en nuestras casas de estudios “superiores”.

Un líder político cuya proyección se truncó por una madeja de situaciones insondables. Que quizá está en deuda consigo mismo y con sus seguidores, pues todavía están en suspenso balances de sentido crítico, y también autocrítico. Se espera de él la chispa que encienda antiguos y necesarios debates que ayuden a explicar la génesis y la perspectiva de los procesos actuales y, de paso, apacigüen las angustias de quienes no hemos cambiado de bando, ni nos arrepentimos de haber entregado lo mejor de nosotros a la lucha por un cambio revolucionario y por una democracia avanzada que lo haga posible ¿Sirvió de algo la resistencia a las dictaduras? ¿Cuál es nuestro principal aporte a este país como generación de revolucionarios? ¿Qué hicimos bien, en qué nos equivocamos y qué dejamos de hacer en el camino que emprendimos desde muy jóvenes?

Dos alas de un mismo vuelo es un multifacético y apasionado collage boliviano que podríamos entender como una provocación a reabrir esas reflexiones ineludibles.

Al no tener el rigor del documento estas memorias no valen como testimonio historiográfico, dice Ramiro Barrenechea. Pero en eso se equivoca. ¡Qué sería de la Historia sin los matices, las percepciones, las visiones y el sello individual aportado por sus protagonistas!

(*) Prólogo escrito por el autor al libro Dos alas de un mismo vuelode Ramiro Barrenechea Zambrana,  publicado en agosto de 2010.

(**) Carlos Soria Galvarro es periodista e historiador

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Tiempo histórico liminal

Época liminal: cuando la historia deambula como un zombi y se avecina un nuevo y anhelado tiempo histórico

/ 13 de enero de 2021 / 14:48

El espíritu de la época. Recuperando a Goethe Marx llegó a referirse al “espíritu de la época” como el ambiente de expectativas que caracterizaba a la sociedad en un momento histórico. Por lo general, las personas, las clases sociales y los pueblos viven sus luchas diarias, sus decisiones cotidianas, orientadas por un horizonte de esperanzas que dan direccionalidad y convergencia a sus múltiples acciones. Se trata de creencias por lo general inalcanzables en su totalidad, pero que, en su cumplimiento parcial, superficial o tangencial, refuerzan su validación como expectativa creíble.

La emancipación, la liberación nacional, la revolución o la democracia, en unos casos; o el libre mercado, “el fin de la historia” y la globalización en las últimas décadas fueron unos de esos tantos nombres que asumió el “espíritu de la época”. Pero resulta que ahora, con múltiples crisis coetáneas, el horizonte predictivo del mundo se ha derrumbado. Ni las élites dominantes planetariamente, ni las clases sociales subalternas, ni los conglomerados empresariales, ni los filósofos, ni los gobiernos pueden imaginar convincentemente lo que les depara a las sociedades en el mediano y largo plazo.

El Estado actual del mundo. Las crisis siempre han sido parte de la regularidad de la modernidad capitalista.

Pero hay momentos en que las crisis son de tal envergadura estructural que provocan un estupor generalizado que desmonta el optimismo histórico de las aristocracias planetarias. Hoy estamos atravesando eso. Se ha producido una sobreposición abigarrada y anudada de múltiples crisis.

Por una parte, la crisis médica. Al momento de escribir esto, ya se contabilizan 1.600.000 muertos por el COVID-19; 69 millones de afectados; una segunda ola de contagios en los países del norte a pesar del anuncio de los inicios de la aplicación de varias vacunas inmunizadoras. La silenciosa desazón que corroe la confianza histórica radica en que, pese a los grandes adelantos tecnológicos, a la euforia de la inteligencia artificial, a la nanotecnología y los planes de colonización de otros planetas, no se ha podido aplicar un método más eficaz contra un virus que el arcaico aislamiento de las poblaciones. Y por si no estuviéramos experimentado con suficiente dramatismo esta catástrofe humana, la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad, vinculada a las Naciones Unidas, informa que existen más de 850.000 virus aún no descubiertos en mamíferos y aves, que podrían tener la capacidad de infectar a las personas en cualquier momento.

A ello se suma la crisis ambiental. La ONU anuncia que la temperatura promedio del planeta se ha incrementado en 1,1 grados centígrados por encima de la existente en la era preindustrial, dando lugar a una época de creciente calentamiento global provocado por la acción humana, de consecuencias desastrosas para todas las formas de vida del planeta.

Simultáneamente, estamos ante dos crisis económicas superpuestas: una de carácter estructural y la otra inmediata. En este último caso, la OCDE anticipa una caída del PIB mundial del -4.4%; para América Latina del -8%; para EEUU del -4,3% y para la zona euro de -8.3%. Ello está llevando a que la extrema pobreza aumente en nuevos 115 a 150 millones de personas hasta el año 2021. Según la OIT, al segundo trimestre del 2020 se hubieran perdido en horas de trabajo, un equivalente a 495 millones de empleos de tiempo completo.

Y, además, claramente estamos ante el inicio de la fase descendente de la ola globalizadora iniciada en 1980. La crisis financiera de 2008 con las hipotecas subprime fue ya el primer campanazo respecto a la ralentización del expansionismo privatizador. Los gobiernos de las potencias capitalistas tuvieron que “nacionalizar” bancos y empresas privadas, para transferirles recursos públicos y contener una quiebra escalonada de compañías. Poco tiempo después, el brío comercial que durante los años 1990-2012 crecía a una tasa dos veces mayor que el propio PIB mundial cayó a  la tasa promedio o menor al PIB, para finalmente desplomarse a un -10% en 2020. De la misma manera, los flujos transfronterizos de capital, emblema de la globalización financiera, cuyo crecimiento había pasado de 5% en 1989 a 20% en 2007 respecto al PIB mundial, desde 2012 apenas se sostiene en torno a 5%. Y en medio de este declive, las potencias económicas comienzan a divergir de los caminos a emprender hacia el futuro: Inglaterra se separa de la Unión Europea para atrincherarse en su isla; la Unión Europea, que se aferra al libre comercio cuando se habla de exportaciones, se escuda en una nacionalismo seguritario cuando se trata de importar tecnología 5 G de China; Estados Unidos inicia una escalada de premios y sanciones a sus empresas a fin de repatriar algunas de sus inversiones en el mundo, chantajea a Tik Tok a “nacionalizarse” , desata una guerra comercial con China, maltrata a los alemanes y le dice al mundo que ante los problemas comunes, “América primero”. El proteccionismo está de regreso. No es que ya no habrá más globalización, ésta seguirá en muchos ámbitos materiales, pero tendrá que negociarse su presencia y alcance con un ascendente proteccionismo estatal. Pero lo que sí ha colapsado es el relato, el imaginario de la globalización como destino final, deseado e insuperable de la humanidad.

Estupor y cansancio hegemónico. Que The Economist, la biblia por fascículos de los neoliberales contemporáneos, haya titulado en su tapa de mayo del 2020 “Goodbye globalisation” no solo refleja una histeria ante el “lockdown”que ha paralizado la economía mundial durante meses, sino la profundidad del desfallecimiento de la narrativa dominante de las últimas décadas. Esta fragmentación del horizonte dominante visible en los hechos fácticos tuvo su estocada final en la narrativa lanzada por el FMI en su último informe, de octubre de 2020, cuando tiene que abdicar de todo el discurso anterior, impuesto durante décadas a fuego y chantaje sobre el mundo de países subalternos, para abrazar ahora un dejo de proteccionismo “progresista” que añade más confusión a una época sin destino. Así, el “libre comercio”, “menos impuestos a las empresas”, “cero déficits fiscales”, “rechazo al populismo redistributivo” repetido machaconamente durante años y años, ahora ha dado paso a la recomendación de instituir “impuestos a las propiedades más costosas, las ganancias de capital y los patrimonios”, además de asegurar “tributación internacional a la economía digital”, un inmediato “incremento de la inversión pública” y un “apoyo prolongado a los ingresos de los trabajadores desplazados”.

El “gran consenso neoliberal” dominante de los últimos 40 años comienza a derrumbarse. Es una nueva “muerte de los dioses” que deja un sentimiento de desolación y abandono. Y en medio de los restos desfallecientes de estas estatuas fetichizadas, la democracia está también amenazada de ser arrastrada por el cataclismo cognitivo. Claro, hasta hace poco el “gran consenso” tuvo la virtud de unir libre mercado con democracia representativa, lo que aseguró no solo una convergencia estratégica entre elites dominantes, sino además una legitimidad popular a unas medidas inevitablemente antipopulares. Pero ahora que el “libre mercado” eclipsa ante unas elites dominantes divergentes en cuanto a cómo afrontar la incertidumbre, se ha desatado una intensa pugna entre ellas, unas más globalistas, otras más proteccionistas, unas más libertaristas, otras más progresistas e igualitaristas, todas con posibilidades de acceder al poder de Estado, incluidas con aquellos sectores populares que quieren democratizar la propiedad y la riqueza, núcleo sagrado e intocable del consenso neoliberal. Y entonces, para los neoliberales fosilizados o conservadores neoproteccionistas, la democracia no solo ha devenido ahora en un estorbo, sino en un peligro, pues en una ampliación plebeya de sus significados, anuncia incorporar la propiedad, la riqueza y el poder en el espacio de la querella pública.

Época liminal ¿Cómo caracterizar este tiempo histórico tan confuso? Precisamente por la muerte de los espacios de expectativas colectivas de mediano y largo plazo. Es una época sin consensos activos, que no sean las hilachas heredadas de la inercia de pasadas glorias y acuerdos. Marx hablaba de un “espíritu de época sin espíritu”, en tanto que el antropólogo V. Turner propuso el concepto de liminalidad para dar cuenta de esos singulares momentos de vaciamiento de sentido del destino de las personas. Llamaremos entonces época liminal a estos momentos en que las sociedades entran en un umbral histórico, a un pórtico que separa un tiempo histórico cansado, meramente inercial, que deambula como un zombi, y un nuevo tiempo histórico que aún no llega, que tampoco se anuncia, que no se sabe cómo será, pero que todos esperan que algún rato llegue.

El tiempo liminal supone que el viejo horizonte predictivo con el que las personas organizaban, real e imaginariamente, la orientación de sus vidas a mediano plazo, ha colapsado, se ha extinguido. Por tanto, la incertidumbre táctica en medio de una clara certidumbre estratégica, tan propia de la volatilidad diaria de la modernidad, ahora ha sido sustituida por una certidumbre táctica de que no hay ninguna certidumbre estratégica.

Al paralizarse el horizonte predictivo, no hay un mañana, no hay un destino al cual aferrarse para sortear la previsible aleatoriedad táctica de las cosas del mundo. Y al no haber un mañana, entonces tampoco hay un tiempo histórico, entendido como una sucesión encadenada de eventos que nos acercan a un destino compartido. Estamos ante un tiempo histórico suspendido en el que los vertiginosos acontecimientos se suceden no como suma acumulativa dirigida a una meta, sino que son eventos caóticos, sin sentido ni vocación.

Al no haber dirección del mundo, lugar hacia dónde ir, el tiempo ha perdido su intencionalidad colectiva compartida. Y entonces no hay flecha del tiempo social. Lo único que se vive ahora es la experiencia de un tiempo suspendido en el que, pese a la vorágine de los acontecimientos, éstos suceden como si tardaran una eternidad, como si nunca dejaran de pasar, todos entremezclados. Si en las épocas revolucionarias el tiempo se comprime y lo que sucede en décadas se agolpa en semanas, en la época liminal el tiempo se dilata, como si nunca avanzara. Es la experiencia subjetiva del fin de una época sin sustitución sensible.

Ahora, la liminalidad supone también la vivencia de una igualación perpleja de las subjetividades. Claro, como las autoridades planetarias portadoras del poder simbólico para enunciar el destino social con efecto performativo están paralizadas ante la crisis, se sienten fracasadas ante los acontecimientos y se hallan ahogadas en contradicciones ante los riesgos inmediatos, entonces nadie monopoliza el poder simbólico de crear horizontes predictivos cautivantes de las expectativas colectivas planetarias. Y si no hay monopolio de las enunciaciones performativas de horizontes sociales, significa que estamos en medio de una democratización o igualación social de oportunidades de enunciación creíbles de futuro. Es como si todos los relatos posibles de porvenir tuvieran condiciones de irradiación relativamente parecidas, es decir, democráticamente escasas por el estupor y escepticismo predominantes en el aparato cognitivo de la sociedad. Sin embargo, el derrumbe de las viejas certidumbres sigue promoviendo la porosidad del sentido común predominante, la fisura de los esquemas lógicos, procedimentales y morales con los que las personas, especialmente las clases subalternas, se adecúan al orden social. Y es que, al fin y al cabo, la incertidumbre estratégica no puede ser perpetua, las personas, tarde o temprano, necesitan aferrarse a algo que les devuelva la dirección, real o imaginada, del tiempo histórico.

Estamos en un momento de excepcionalidad del curso histórico en el que el futuro social se muestra tal como es de manera descarada: contingente y aleatorio. Se inicia con ello el tiempo de una dolorosa apertura cognitiva de la sociedad, un proceso de compleja revocatoria de creencias, de modificación de las relaciones de dominación. Y en medio de todo esto, las propuestas de nuevos horizontes predictivos, que se han incubado a lo largo de décadas o que emergen recientemente en el seno de las clases plebeyas, tienen la probabilidad extraordinaria de ponerse a prueba ante la emergente disponibilidad social a adoptar nuevos esquemas cognitivos. En definitiva, la ausencia de horizonte dirigente es el inicio patético de uno nuevo.

(*) Una versión preliminar de este escrito fue leída al momento de recibir el título de Doctor Honoris Causa por la Universidad Nacional de Rosario, Argentina, el 14 de diciembre de 2020.

(**) Álvaro García Linera Exvicepresidente del Estado Plurinacional

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‘Causa penal’ contra Luis Almagro

Los parlamentos Andino y del Mercosur piden cuentas del rol de la OEA y su secretario en la crisis de 2019

Por Iván Bustillos

/ 6 de enero de 2021 / 16:13

El año que empieza al parecer será de elevada tensión en la Organización de Estados Americanos (OEA) con respecto al “caso boliviano”, el papel que jugó el organismo internacional y su secretario general, el uruguayo Luis Almagro, en la crisis postelectoral de 2019. Dos organismos parlamentarios, el Parlamento del Mercosur, Parlasur (que reúne a legisladores de Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay, Uruguay y Venezuela) y el Parlamento Andino (que integran parlamentarios de Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Perú) están pidiendo cuentas sobre lo hecho. Por otro lado, llevando las cosas más allá, el presidente del Parlasur, el legislador argentino Óscar Laborde, anunció que personalmente, como parlamentario del Mercosur, alista una demanda penal contra el secretario general de la Organización de Estado Americanos (OEA), Luis Almagro, por la presunta intencionalidad que hubo de su parte para promover el derrocamiento de un presidente electo en las urnas.

“Voy a iniciar, como parlamentario en el Mercosur, una causa penal para ver si hubo intencionalidad en lo actuado por Luis Almagro, porque no es la OEA, sino la Secretaría General la que debe administrar lo que hacen las observaciones electorales; que se diga si hubo capciosidad, si hubo intencionalidad, si hubo una complicidad necesaria, si hubo desidia, ¿qué fue lo que llevó a actuar de esa manera a Luis Almagro? ¿o hubo una intencionalidad política?”, señaló Laborde en una entrevista, el 25 de diciembre, en el programa GPS Internacional en Radio M24 de Uruguay. “Habrá que probar si efectivamente hubo acción criminal que merezca algún castigo en lo penal”, destacó. 

El integrante del Parlasur cuestiona que Almagro haya tomado partido en el conflicto boliviano, en vez de ejercer la neutralidad, como corresponde a un organismo multilateral como es la OEA, reclama: “Luis Almagro incumplió la tarea que debe tener un secretario general de llevar diálogo, serenidad, promover la paz; es el que debe lograr el equilibrio entre las expresiones políticas, porque para eso está el secretario general; los Estados tienen a veces posiciones enfrentadas, y ahí delegan al secretario general, que tiene la tarea de que todo transite en paz, en armonía. Lo que hizo Almagro es todo lo contrario, todos coinciden en que es muy funcional a la política de los Estados Unidos; lo que ha actuado en Venezuela y en Bolivia  demuestran que la OEA, o por lo menos su secretario general, tiene una intencionalidad política”.

Laborde destaca que la funcionalidad de Almagro con la política de Estados Unidos en realidad es con la administración del presidente Donald Trump. Con el ascenso del demócrata Joe Biden se espera, augura, que la situación cambie. 

“Los estados miembros de la OEA tendrán que dar una opinión sobre lo actuado, qué consecuencias trae sobre Luis Almagro y sobre, si hubiera, algún otro responsable; si cabe acciones administrativas o si cabe acciones judiciales por haber actuado capciosamente”. concluye.

PARLASUR

Por otro lado, el 21 de diciembre de 2020, en entrevista con el canal estatal boliviano, Laborde anunció que el Parlasur llevará adelante una investigación sobre el informe de la Misión de Observación Electoral de la OEA y el rol del secretario general en la narrativa del “fraude electoral” que se instaló en octubre de 2019, entre otras cosas, a raíz del referido informe de la OEA.

“Solo queremos saber qué tenía o contenía, qué había en ese informe de la OEA que hacía pensar que había indicios de irregularidad; porque en ese informe se basaron para finalmente producir un golpe de Estado en Bolivia. Así lo determina el Parlasur. Queremos saber si efectivamente hubo algún indicio, alguna prueba o no, o simplemente fue un accionar político; esa es la intención de la investigación”, informó Laborde. 

La iniciativa del Parlamento del Mercosur surge, admitió, debido a los estudios críticos al informe de la OEA que efectuaron universidades y centros de estudio, los cuales restan validez a lo hecho por la OEA.

“El estudio que propiciamos tiene que ver con la investigación que ha habido de diferentes centros europeos y del MIT, del Instituto Tecnológico de Massachusetts, y el nuestro propio, que coinciden en que no hay elementos ni irregularidades tales que justifiquen el haber convocado a que se vote nuevamente a partir de eso; hubo toda una situación que derivó en un golpe de Estado. La OEA informó, tras la elección, que se necesitaría hacer una nueva elección y este efectivamente fue el motivo para que algunos le pidieran la renuncia a Evo Morales, y cuando éste dice que hay que votar nuevamente, ya estaba desencadenado el golpe, y la OEA no dijo nada”, reclama el parlamentario.

El pedido de investigación se lo viabilizará tanto a través de los Estados miembros del Parlasur como del propio organismo: “El Parlamento del Mercosur pedirá a su Estados miembros que inicien una investigación; nosotros mismos nos dirigiremos a la OEA para eso. Vamos a iniciar nosotros una investigación con los elementos públicos que tenemos, pero también pedimos a la OEA y a sus Estados que averiguen qué sucedió para que Luis Almagro tuviera tanta influencia en sugerir sospechas sobre la transparencia de la elección y que ocasionó una situación económica crítica, la ruptura institucional, varias muertes”.

ANDINO

En el caso del pedido del Parlamento Andino, se trata de la “Declaración sobre los derechos humanos y democracia en el Estado Plurinacional de Bolivia” aprobada en la sesión plenaria ordinaria del 26 de noviembre de 2020. En su parte resolutiva, entre otras cosas, determina: “Solicitar la realización de una Auditoría del Informe de la OEA sobre las elecciones de octubre de 2019 y exhortar a las representaciones diplomáticas de los países miembros del Parlamento Andino en la Organización de Estados Americanos (OEA) a motivar su tratamiento”.

La determinación, señaló a este medio el actual presidente del Parlamento Andino, el diputado supranacional Adolfo Mendoza, “ya ha sido comunicada a las cancillerías de todos los países miembros del Parlamento Andino y al Consejo (Permanente) de la Organización de Estados Americanos, para que las representaciones diplomáticas de los países andinos activen esta auditoría en el seno mismo de la OEA”.

Tras afirmar que la OEA “está en la obligación de generar” dicha auditoría, el parlamentario andino coincide con su colega Laborde, del Parlasur, en que la indagación alcanza al secretario general Almagro: la investigación debería “establecer el papel que jugó el señor Almagro en las elecciones en Bolivia en 2019”.

El parlamentario andino recordó que en el Informe de la OEA sobre las elecciones de 2019, en rigor, no se concluye en que hubo “fraude”, que esta calificación más fue obra del secretario general Almagro: “en el propio informe no se habla del extremo de un fraude, y precisamente porque sucede eso, se pone en cuestión la afirmación del señor Almagro sobre la existencia de este fraude en las elecciones de Bolivia”.

A tiempo de destacar la “fuerza jurídica y política” de la declaración del Parlamento Andino, el legislador supranacional aseveró que se sumará la petición de auditoría al Informe de la OEA que hicieron 28 congresistas demócratas de Estados Unidos, además de los estudios que hicieron universidades, medios de comunicación y grupos de académicos sobre la consistencia del referido texto.

Mendoza adelantó que la representación supraestatal boliviana (nueve legisladores) “activará” una propia investigación “sobre los alcances de la actuación del señor Luis Almagro y del propio informe de la OEA en la interrupción constitucional de noviembre del año pasado”.

El parlamentario andino coincidió con su colega presidente del Parlasur en sentido de que las representaciones de los países miembros de ambos bloques en la OEA “deben activar los mecanismos institucionales en la OEA para llevar adelante esta solicitud”. Adelantó que se coordinará con el Parlasur para llevar adelante un acción común en la OEA.

En relación al trámite que tendrá el pedido del Parlamento Andino, Mendoza apunta hacia la jerarquía de la declaración: “Al ser una solicitud formal, también esperamos una respuesta formal de la OEA”. La declaración fue enviada a la OEA a fines de noviembre: “Suponemos que en la próxima reunión de la OEA se tratará este tema”, destacó.

POLÉMICA

El cuestionado informe de la OEA, “Análisis de Integridad Electoral”, presentado el 4 de diciembre de 2019, señala que los auditores encontraron “manipulación dolosa” en los comicios en dos planos: uno, en lo relativo a las actas, su alteración y hasta “falsificación de las firmas de los jurados de mesa”, y, dos, la manipulación informática, que hubo un “redireccionamiento del flujo de datos a dos servidores ocultos y no controlados por el personal del TSE, haciendo posible la manipulación de datos y la suplantación de actas”. La OEA también halló “parcialidad” en la autoridad electoral, que permitió el referido desvío del flujo de información. Ahora, a punto seguido, el informe reconoce que su trabajo de todos modos ha sido “un ejercicio de auditoría acotado”, limitado al poco tiempo que dispuso y, acaso lo principal, a que varias contrastaciones que pudo hacer no fueron posibles debido a la violencia desatada en esos días, especialmente a la quema del material y de los tribunales electorales.

El equipo auditor de la OEA llegó a cinco hallazgos, señala el informe: “1. Los sistemas de Transmisión de Resultados Electorales Preliminares (TREP) y de cómputo definitivo estuvieron viciados; 2. Existieron irregularidades y falsificaciones en el llenado de actas electorales. 3. La deficiente cadena de custodia no garantizó que el material electoral no haya sido manipulado y/o reemplazado. 4. Las actas del cómputo no son confiables. No obstante, del análisis detallado se destaca que las actas ingresadas en el último 4,4% tienen un número llamativo de observaciones. 5. La tendencia mostrada en el último 5% del conteo es altamente improbable”.

Pero acaso el origen de la perspectiva tomada luego por la OEA sea la declaración del 21 de octubre de 2019 de su Misión de Observación, cuando manifestó su “profunda preocupación y sorpresa por el cambio drástico y difícil de justificar en la tendencia de los resultados preliminares conocidos tras el cierre de las urnas”. Apenas un par de semanas después, el 10 de noviembre, el Centro de Investigación en Economía y Política (CEPR, por sus siglas en inglés) alertaba que la Misión electoral de la OEA no proporcionó evidencia que sustente las declaraciones realizadas el 21 de octubre, cuando habló del inesperado y drástico cambio difícil de explicar. Aquí sus críticos ya señalaban que la evolución del conteo rápido era “consistente con una proyección del resultado final” que daba a Morales como ganador con el 10% de distancia con respecto al segundo, Carlos Mesa.

Luego, el 27 de febrero el Washington Post publicó el artículo ¿Did Evo Morales win?[¿Ganó Evo Morales?] escrito por los investigadores John Curiel y Jack R. Williams del Laboratorio de Ciencia y Datos Electorales del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), Estados Unidos. Contratados por el CEPR para estudiar el caso, publicaron sus conclusiones en este periódico. Allí afirman que “Como especialistas en integridad electoral, encontramos que la evidencia estadística no respalda el reclamo de fraude en las elecciones de octubre”.

El 12 de junio, el CEPR vuelve a la carga, esta vez con la publicación en español de su informe sobre el informe final de la OEA. Allí señala: “Encontramos que la OEA cometió graves faltas metodológicas, ocultó información y tergiversó irregularidades inocuas para sustentar declaraciones anteriores”. El CEPR señaló además que la OEA omitió mencionar que las actas con irregularidades inocuas tenían una votación estadísticamente equivalente a la de las actas contiguas sin irregularidades, y que enterró u ocultó por completo los resultados de sus ejercicios de verificación de la coincidencia de las actas del conteo preliminar con las del conteo definitivo.

El artículo que coronó las observaciones a la auditoría de la OEA fue el publicado el 25 de agosto por el CEPR, donde se dice que “un gran error de codificación revela otra falla garrafal en el análisis de la OEA sobre las elecciones bolivianas en 2019”. “El error fue revelado la semana pasada después de que Irfan Nooruddin, un politólogo de la Universidad de Georgetown en Washington, DC a quien la OEA había contratado para analizar los resultados de las elecciones, publicara sus datos por primera vez. El economista del Centro de Investigación en Economía y Política (CEPR) David Rosnick identificó que en los datos de Nooruddin las marcas de tiempo estaban ordenadas alfanuméricamente, en lugar de cronológicamente. Éste fue un error vital para el análisis de la OEA, ya que sus alegaciones de un ‘cambio drástico y difícil de justificar en la tendencia de los resultados preliminares’ dependían de la cronología de cuándo se informaron los votos. La OEA no tenía una cronología real del conteo de votos de Bolivia, a pesar de que hizo acusaciones sobre un cambio en la tendencia de los votos a lo largo del tiempo que sugería la existencia de un fraude”, dijo Rosnick entonces.

(*) Iván Bustillos es periodista de La Razón

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