viernes 17 jun 2022 | Actualizado a 06:43

La crisis del maíz y el modelo agrícola

/ 22 de mayo de 2022 / 20:30

La biotecnología genética como única vía para elevar la productividad en el campo es una ficción.

DIBUJO LIBRE

La escasez de maíz en el mercado boliviano ha abierto un debate profundo sobre el modelo de desarrollo agrícola. Desde la Cámara Agropecuaria del Oriente se sostiene que la escasez es resultado de las restricciones a las exportaciones y el bajo rendimiento de las semillas no transgénicas. La Gobernación de Santa Cruz aduce la menor oferta a las pérdidas por sequía en el Chaco. El Gobierno acusa a los productores de especular con los alimentos. En estos breves párrafos se hace un análisis de estos argumentos.

Una de las leyes que rige el comportamiento de los mercados es el principio de la autorregulación. Cuando la demanda de un bien excede su oferta, el precio debe inexorablemente subir para reflejar la escasez relativa del producto. Esto no ocurrió con el maíz porque su precio subió de Bs 45 a Bs 100 el quintal pese a que la oferta anual estimada para este año de 1.029.179 Tm es mayor a su demanda 995.203 Tm. ¿Por qué esta aparente contradicción? ¿Podrían estar mal los cálculos del Gobierno? Si fuera el caso ¿Por qué en 2021 se exportó un nivel récord 57.000 Tm si no somos autosuficientes? O ¿qué o quiénes son los responsables? Para entender este enigma voy a recurrir a la teoría microeconomía.

Gracias a Arrow–Debreu (1954) y Walras (1874) sabemos que los mercados son interdependientes, que sus equilibrios se alcanzan de forma simultánea y que si todos a excepción de uno de ellos están en equilibrio el último mercado también debería estarlo. La teoría del equilibrio general asumía que todos los mercados operaban de forma eficiente. Sin embargo, no abordaron situaciones de desequilibrios simultáneos y cuando las fuerzas del mercado dejan de funcionar correctamente.

A nivel mundial existe escasez de algunos alimentos, como el maíz, que solían ser provistos por Ucrania y Rusia. Sin embargo, la guerra en el territorio del primero y la limitación para exportar dadas las restricciones financieras en el segundo, han reducido la oferta mundial de estos alimentos. En un mundo globalizado, el desequilibrio entre oferta y demanda se traslada rápidamente a otros confines del planeta, elevando los precios domésticos y generando asignaciones ineficientes, ya que habría consumidores incapaces de acceder a ellos o, para hacerlo, deben reducir el consumo de otros bienes; lo que en términos macroeconómicos se llaman inflación y caída de ingresos reales.

Los efectos del mercado no terminan allí, ya que cuando sube el precio en un mercado donde una empresa es demandante, traslada este costo a sus propios demandantes quienes a su vez podrían hacer lo mismo. Ésta es la razón de porqué la subida del precio internacional del maíz podría elevar el precio del grano nacional y éste a su vez el de otros productos como la carne de cerdo y de pollo, y que a su vez podrían trasladarse al precio de los almuerzos y embutidos. Quienes terminan pagando el costo de los desequilibrios de los mercados son siempre los mismos, los consumidores.

Ahora bien, parecería que el aumento del precio del maíz no solo responde a las fuerzas imperfectas del mercado sino al oportunismo económico. Considerando que los rendimientos por hectárea no cambian drásticamente de un año a otro, salvo que existan eventos climáticos de consideración como el efecto de la Niña, que hubo pero que afectó principalmente a las regiones de Argentina, Brasil y Paraguay y no así a Bolivia. De ser cierta esta sospecha, ¿podría la escasez de maíz deberse a la reticencia de los grandes productores de grano de vender su producción en el mercado nacional a Bs 100, siendo que el precio internacional equivalente es de Bs 180 por quintal (mercado de Rosario)?

Según la Real Academia Española, especular significa efectuar operaciones comerciales o financieras con la esperanza de obtener beneficios, aprovechando las variaciones de precios. La teoría económica justifica y reconoce a la especulación como un comportamiento racional de los agentes que buscan maximizar su rentabilidad. Se podría decir que especular es un arte. Hay que saber el momento exacto para hacerlo y cuándo retirarse. Pero más allá de ser un acto racional, es un acto criminal que atenta contra el bolsillo de la población, porque se beneficia a partir de una situación ficticia que crea el mercado.

La necesidad de una empresa estatal que regule los precios para corregir las fallas del mercado y el potencial riesgo de especulación es inmediata. La estatal Emapa compra el producto a un precio mayor (Bs 100) incentivando su producción y la vende a un precio más bajo (Bs 65) limitando el poder de los especuladores y evitando que los efectos distorsivos del mercado se trasladen a los consumidores finales como ocurriría en una economía de libre mercado, donde las ganancias se individualizan, pero las pérdidas se comparten.

Empero, la intervención estatal no está exenta de críticas que arguyen su baja capacidad de intervención y que compite con las labores privadas. En realidad, Emapa no tiene como objetivo abastecer a todo el mercado, sino solo a pequeños y medianos productores porque —a diferencia de los grandes— no cuentan con la capacidad financiera para comprar sus suministros por adelantado. Es así que los grandes productores no debieron verse afectados por el alza de precios internacionales porque la mayoría compra sus insumos con muchos meses de anticipación. Por otro lado, la creación de una empresa estatal agropecuaria no busca competir con el sector privado sino garantizar el suministro para pequeños productores, que las grandes empresas agroindustriales no están dispuestas a cubrir por los menores retornos que ofrecen al ser productos regulados. Como parte de la política de sustitución de importaciones también se ha promovido la producción interna de maíz tradicional a partir de créditos a bajas tasas de interés y de programas para mejorar el rendimiento.

Pero más allá de lidiar con la especulación, hay un desafío mayor que es superar, el patrón de acumulación de riqueza extractivista vinculado al auge de la agricultura. Desde los sectores económicos del oriente se propone que —ante el desabastecimiento de maíz— se autorice el uso de semillas genéticamente modificas para elevar el rendimiento. El uso de semillas transgénicas está prohíbo por la Ley de la Madre Tierra, por ser una amenaza a la diversidad y existencia de otras especies nativas. Pero las élites agropecuarias del oriente han encontrado en esta coyuntura internacional de precios, el pretexto ideal para reafirmar su demanda.

Los altos precios de los alimentos están promoviendo un nuevo ciclo de extractivismo en el sector agrícola boliviano, cuyo objetivo es expandir desproporcionalmente la frontera agrícola y elevar los rendimientos a costa del daño al medio ambiente y que podría comprometer la salud de los bolivianos a largo plazo, de admitirse el uso de transgénicos. La biotecnología genética como única vía para elevar la productividad en el campo es una ficción y apesta como el estiércol porque no busca contribuir a resolver la crisis alimentaria mundial, sino en como llenarse los bolsillos de dinero por abono.

 (*)Omar Velasco es economista  

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La exclusión y Almagro, los reclamos en la cumbre

De los países asistentes, 14 protestaron por la exclusión de Cuba, Nicaragua y Venezuela.

En lo relativo a la presencia de jefes de Estado, la Cumbre fue la más baja en la historia: de 35 mandatarios, asistieron solo 22

/ 12 de junio de 2022 / 15:22

El punto sobre la i

En la reunión de los jefes de Estado en la Cumbre de las Américas (cita de alto nivel el jueves 9 y el viernes 10) hubo dos temas, uno más que otro, que ocuparon la mayor parte de la discusión: la exclusión de Cuba, Nicaragua y Venezuela, y la Organización de Estados Americanos (OEA) bajo la Secretaría General de Luis Almagro; ambas cuestiones fueron el reclamo de varios mandatarios.

“El tema central de la cumbre fue indudablemente la exclusión injustificada de tres países, este hecho definitivamente deslució el evento que tuvo grandes ausencias, México, Bolivia, Honduras, Guatemala, El Salvador y cuando menos tres países del Caribe no asistieron a nivel presidencial, a diferencia de las dos cumbres anteriores en Panamá y Lima, donde estuvieron los 35 presidentes. Definitivamente, Estados Unidos como país organizador deberá aprender la lección de que la calificación unilateral no es buena para una verdadera integración”, declaró a este medio desde Los Ángeles el embajador de Bolivia en la OEA. Héctor Arce Zaconeta.

Según el recuento hecho por el periódico El País de España, al final a la Cumbre asistieron 22 jefes de Estado y de Gobierno, incluido el mandatario estadounidense Joe Biden; y fueron 8 los países representados por sus ministros de Relaciones Exteriores u otras autoridades. El País registró “14 naciones que expresaron su rechazo a las exclusiones”. Con esto, concluye el medio ibérico, la de Los Ángeles “es la Cumbre de las Américas con menor participación de primer nivel entre los grandes países del continente”.

RECHAZO

De las representaciones que expresaron su rechazo a la no invitación de Miguel Díaz-Canel (Cuba), Daniel Ortega (Nicaragua) y Nicolás Maduro (Venezuela), sin duda la más directa fue la argentina. El presidente Alberto Fernández al empezar su discurso aclaró que en la cita hablaba como presidente pro témpore de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). A tiempo de reclamar por los tres países ausentes obligados, Fernández señaló que la futura regla debía ser que el albergar la Cumbre no daba derecho al país organizador decidir quién es invitado y quién no.

“Definitivamente, hubiésemos querido otra Cumbre de las Américas. El silencio de los ausentes nos interpela. Para que esto no vuelva a suceder, quisiera dejar sentado para el futuro que el hecho de ser país anfitrión de la Cumbre no otorga la capacidad de imponer un ‘derecho de admisión’ sobre los países miembros del continente”, remarcó el mandatario argentino.

Fernández fue más allá del reclamo. Al final de su discurso, como presidente de la Celac, invitó a Biden a la próxima cumbre de este organismo: “Presidente Biden. Estoy aquí tratando de construir puentes y derribar muros. Como presidente de la Celac quiero invitarlo a participar de nuestra próxima reunión plenaria. Sueño que en una América fraternalmente unida, nos comprometamos a que todos los seres humanos que habitan nuestro continente tengan derecho al pan, a la tierra, al techo y a un trabajo digno”, le dijo. Según la corresponsal de Página 12, “Espero ansioso su invitación”, le respondió Joe Biden cuando, al finalizar el discurso, se acercó a saludarlo.

Otro que de manera nítida protestó por las exclusiones fue el presidente de Chile, Gabriel Boric, quien apuntó que incluso para reprender a los países excluidos, éstos debían estar presentes. “Acá deberíamos estar todos y no estamos todos. No me gusta la exclusión de Cuba, Venezuela y Nicaragua porque sería distinto exigir con su presencia la urgente necesidad de la liberación de los presos políticos de Nicaragua y pedir terminar de una vez por todas con el injusto y lamentable bloqueo de Estados Unidos a Cuba”, destacó el mandatario chileno, según recogió el portal noticioso Infobae.

DICTADURAS

Quien sí se les puso al frente, elogiando más bien el no haber invitado a los mencionados tres países fue el mandatario de Colombia, Iván Duque. Recordó “la cláusula de Quebec” (de la tercera cumbre, en Quebec, Canadá, abril de 2001), que señala, dijo, que “cualquier alteración o ruptura del orden constitucional es un obstáculo irreparable para participar”. La no invitación no es por ideología, añadió: “Aquí no hay exclusiones ideológicas, aquí hay un rechazo contundente a cualquier forma de dictadura”.

Con todo, para el embajador Arce, la Cumbre concluyó “con un mensaje muy fuerte” para Estados Unidos: que “ya no es concebible que Latinoamérica sea considerada un furgón de cola, ya no es posible que se siga excluyendo a Estados soberanos. Al final, las exclusiones hicieron que se pierda una gran oportunidad para los Estados americanos y sobre todo para los pueblos del continente, en un momento crucial en el cual el mundo entero está saliendo de la pesadilla del COVID 19”.

En el caso de la OEA bajo la conducción de Almagro, también fue el Presidente argentino quien deploró el rol de la OEA en 2019: “Se ha utilizado a la OEA como un gendarme que facilitó un golpe de Estado en Bolivia”, lanzó el mandatario; por eso, luego directamente exigió destituir a Almagro y sus colaboradores:  “La OEA, si quiere ser respetada y volver a ser la plataforma política regional para la cual fue creada, debe ser reestructurada removiendo de inmediato a quienes la conducen”.

Ahora —contó el embajador Arce— si el canciller de México, Marcelo Ebrard, “fue muy claro y específico sobre la necesidad de una transformación profunda de la OEA”, el boliviano Rogelio Mayta “fue más allá al referir que no estamos obligados a permanecer en una organización que no nos favorece en nada, que ya no responde a las necesidades y aspiraciones de las naciones y los pueblos del continente, cuando menos a los países de Latinoamérica, que no están obligados a permanecer en una organización que no los reconoce, no los ayuda, no los favorece, que los suplanta por gobiernos y actores imaginarios y, lo que es peor, que en los últimos años solo sirve a intereses mezquinos, parciales y sectarios”, reseñó Arce el discurso de Mayta.

El futuro de la OEA “está seriamente comprometido”, afirma Arce, quedándole solo dos caminos: “O acepta la realidad y se transforma o se debilita aún más y es remplazada”. Cualquiera de ambas salidas, “por supuesto”, enfatiza el embajador, “pasa por la salida inmediata y el procesamiento de Almagro”.

En cuanto al rol que desempeñó el secretario general Almagro en la Cumbre, Arce percibió cierta pérdida de autoridad: “Luis Almagro tuvo una participación casi nula en el evento, fue duramente cuestionado por varios líderes y cancilleres e incluso se notó que Estados Unidos le está quitando su respaldo. Prácticamente, fue ignorado, con la excepción quizá del Presidente de Colombia, que fue el único que lo saludó”.

Y es que el deterioro de la dirección de Almagro es irreversible, destaca el embajador: “El daño que le hace a la Organización ya no puede ocultarse más; en definitiva, los países tendrán que tomar una decisión sobre salvar a una persona o salvar a una organización, que transformándose bien podría representar la iniciativa de integración más antigua del mundo, cual es el sistema interamericano, que data de finales del siglo antepasado”.

CENSOR

Una especial pelea que se tuvo que dar contra la tendencia injerencista que hoy día prima en la OEA —refiere el embajador— es en el documento “Acuerdo sobre Gobernabilidad Democrática”, donde se evidenció la intención de generar mecanismos de intervención en los países por parte de la OEA, iniciativas como la de crear una suerte de censor de las democracias en el continente, un Alto Comisionado para la Defensa de la Democracia, lo cual fue frenado a tiempo.

“El documento originalmente era muy proclive a los afanes intervencionistas y contrarios a la verdadera democracia, incluía la creación de consejos y comisionados para la supuesta “defensa” de la democracia, incluso pretendía calificar qué es o qué no es una ‘alteración’ o ‘perturbación’ del orden democrático; todo para que la OEA pueda hacer lo que quiera cuando no les guste un gobierno, mal usando la Carta Democrática Interamericana. Todo esto se evitó gracias a un trabajo coordinado con México, Argentina, Chile y muchos otros países que al final entendieron que las bases de no intervención en asuntos internos de los países y el respeto a la autodeterminación de los pueblos deben ser la base de las relaciones internacionales”, relató la polémica al respecto el embajador Arce.

El valioso párrafo 3G que Bolivia logró insertar

En el documento ‘Acuerdo sobre Gobernabilidad Democrática’, que luego aprobaron los jefes de Estado, la representación boliviana logró que se introduzca un párrafo específico acerca de las misiones de observación electoral de la OEA, de sus principios, sobre todo de imparcialidad, no injerencia y acceso a la información que procesa.

Se trata de párrafo 3G, que, textual, dice:

“Reconocer la importancia de las misiones de observación electoral, conducidas bajo los principios de objetividad, imparcialidad, transparencia, independencia, respeto a la soberanía y con acceso a la información, respetando los procedimientos establecidos en la normativa del Sistema Interamericano, incluyendo la Carta Democrática Interamericana, y que no comprometa la independencia de las misiones; asegurando los Estados las condiciones de seguridad de los observadores electorales, para que puedan desempeñar sus funciones de manera independiente y segura”.

La razón para esta iniciativa —dice el embajador de Bolivia ante la OEA, Héctor Arce Zaconeta— es que la OEA y su Secretaría General “en los últimos tiempos se han transformado en instituciones nocivas para las democracias; han dejado de cumplir su rol fundamentalmente garantista de la institucionalidad, del Estado de Derecho y la vigencia de los Derechos Humanos, para convertirse, en el golpe de Estado de noviembre de 2019, en partícipes de la ruptura del orden constitucional, de la insurrección de las instituciones armadas y consecuentemente las graves violaciones a los Derechos Humanos”.

En ese contexto —detalla Arce— se consiguió que en el documento Gobernabilidad Democrática haya el “mandato” para que las misiones de observación electoral sean “objetivas, transparentes, imparciales, independientes, que respeten la soberanía de los Estados y sobre todo generaren acceso a la información”.

“Bolivia espera, (con) base (en) este mandato tan alto y claro, no solamente la entrega inmediata de la información requerida en once oportunidades, sino una investigación seria, honesta y definitiva de lo que ocurrió con la supuesta auditoria de integridad electoral de 2019”, aseveró el embajador Arce Zaconeta.

 (*)Iván Bustillos es periodista de La Razón

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EEUU y la cumbre

En realidad, EEUU no tiene la voluntad para repensar su relación con la región.

/ 12 de junio de 2022 / 15:21

DIBUJO LIBRE

En 2022, 28 años después del primer encuentro continental, Estados Unidos realiza la IX Cumbre de las Américas en Los Ángeles. Aún es un misterio por qué el gobierno de Donald Trump solicitó, en la VIII Cumbre de 2018 reunida en Lima y a la cual el mandatario estadounidense no asistió, ser sede de la siguiente cita. La mezcla de desdén, destrato y desprecio que mostró su administración hacia América Latina solo puede llevar a una conjetura: de haber sido reelecto presidente, este cónclave habría sido un ejercicio para disciplinar la región y avanzar en su proyecto reaccionario con el acompañamiento de algunos mandatarios del área. En todo caso, le cupo al presidente demócrata Joe Biden llevar a cabo la cumbre. No sin obstáculos.

Para comenzar, estuvo el problema de la pandemia que obligó a modificar la fecha. El telón de fondo lo han dado los 18 meses de la política latinoamericana del gobierno demócrata. En breve, hasta el momento la gestión hacia la región ha tenido más continuidad que cambio, una suerte de “trumpismo soft”. Casi ninguna de sus promesas, por ejemplo, en materia de migración y de recursos significativos para América Central, se han cumplido. Las sanciones a países como Venezuela y Cuba no han sido reconsideradas. Al igual que desde hace décadas, el lugar del Comando Sur en los vínculos interamericanos parece predominar por sobre el del Departamento de Estado. Poco ha variado también la estrategia internacional de Washington en materia de drogas ilícitas.

Ahora bien, en esencia, esta cumbre tiene un encuadre muy distinto de la de 1994. El debilitamiento internacional de Washington es notorio, al tiempo que Estados Unidos tiene su propia “casa en desorden”; la consolidación del ascenso de China es ya un hecho; el resurgimiento agresivo de la geopolítica es evidente después de la invasión rusa de Ucrania; el Sur global propugna transformaciones más urgentes con una voz más audible que la que tuvo al principio del siglo XXI; la situación ambiental es muy delicada; y la agenda global exige un grado de gobernabilidad que ningún país puede imponer o manejar de manera individual.

Respecto de América Latina, se han hecho patentes dos cuestiones claves. Por una parte, el alto nivel de fragmentación, a punto tal que se ha tornado improbable converger en temas vitales para la región. Esto torna a la región en un actor cada vez menos gravitante en el escenario mundial. Por otra parte, y más allá de los gobiernos de turno en uno u otro país —y muy especialmente en América del Sur—, no hay administraciones que busquen reducir o revertir los lazos, particularmente económicos, con China, lo que implica que no hay actores domésticos dispuestos a vetar la relación con Beijing que tanto inquieta a Washington.

A su vez, la IX Cumbre en Los Ángeles se inserta en la gran estrategia de Estados Unidos después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, que pretende la primacía (primacy): Washington no acepta ni tolera la existencia de una potencia de igual talla. Con George W. Bush esa primacía fue agresiva, bajo Barack Obama fue recalibrada y bajo Donald Trump fue ofuscada; con Joe Biden asistimos a una primacía deteriorada, tanto por razones internas como externas. La IX Cumbre refleja esta nueva condición de la grand strategy de Washington. Estados Unidos vive hoy un franco disenso bipartidista en política exterior, posee menos recursos en términos de inversión privada y asistencia oficial al desarrollo para asegurar su influencia en América Latina, y enfrenta a una China que no promueve hasta ahora una ideología alternativa, pero que dispone de recursos materiales (inversiones, comercio, ayuda) para respaldar y aumentar su proyección en la región.

En ese marco de referencia, es importante advertir los contrastes entre las cumbres de 1994 y 2022. Respecto de la presente cita en Los Ángeles, las consultas con los países de la región fueron casi inexistentes, al tiempo que la capacidad de América Latina para proponer una agenda compartida de cara a Washington es nula. Por supuesto que la decisión de excluir a Cuba, Nicaragua y Venezuela fue unilateral. Pero además los enviados de Washington a varias capitales remarcaban un solo mensaje: contener a China. La articulación política desde el Departamento de Estado fue pobre: entre septiembre de 2019 y septiembre de 2021 hubo tres subsecretarios de Asuntos Hemisféricos interinos, mientras que el embajador ante la OEA, Frank Mora, nominado en julio de 2021, está todavía en proceso de confirmación. Adicionalmente, las dos instituciones relevantes para hacer que los planes de acción de las cumbres se concreten están encabezadas por personas que no han contribuido a un mejoramiento de las relaciones interamericanas, más bien todo lo contrario: Mauricio Claver-Carone en el BID y Luis Almagro en la OEA.

Ciertamente, en el primer semestre de 2022 se hizo evidente que Estados Unidos y América Latina han estado operando con dos “lógicas” distintas en cuanto a la IX Cumbre. Una serie de cuestiones de naturaleza y alcance globales, tales como la creciente competencia entre Estados Unidos y China, la guerra en Ucrania, la ampliación de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), el futuro de la energía, la gravitación de los recursos estratégicos y la multiplicación de hotspots en el mundo, entre otros, ha reforzado en Estados Unidos, entre civiles y militares, demócratas y republicanos, centros académicos y think-tanks, una mirada de los asuntos mundiales signada por la lógica geopolítica: ante todo, la pugna global, la política de poder y la expansión de esferas de influencia.

Mientras tanto, la compleja y crítica situación económica y política, la exacerbación de fuentes de inestabilidad y volatilidad, la ausencia de un modelo de desarrollo sustentable y la profundidad de la polarización a lo largo y ancho de América Latina han conducido a que prime en la región una lógica social: hacer frente a las desigualdades, recuperar el crecimiento económico y evitar estallidos ciudadanos. Esto anticipaba, más allá de las formas y las palabras, una colisión de intereses entre Washington y varios países latinoamericanos, mientras que aspectos valorativos —como la democracia— fueron profundizando miradas diferentes sobre cómo abordar y tramitar, en Estados Unidos y América Latina, el reto de su debilitamiento y eventual regresión.

La cumbre de Los Ángeles parece dirigirse a un estancamiento en las relaciones interamericanas, lo cual podría reavivar en Estados Unidos el “síndrome de la superpotencia frustrada”. El síndrome se expresa con un determinado patrón: una región —en este caso, América Latina— es considerada escasamente relevante por distintos motivos. Ello hace que sea percibida de manera simplificada, que reciba una atención intermitente de parte de los tomadores de decisión y que atraiga el interés de pocos actores domésticos en Estados Unidos. Así, las políticas burocráticas se caracterizan por la recurrencia y la invariabilidad. Ocasionalmente, surge la expectativa de una “transformación” madura y responsable en la región, madurez y responsabilidad que se entienden como consonantes con los objetivos primordiales de Washington en el área. Pero la desilusión vuelve a emerger: países turbulentos, mandatarios díscolos, políticas inconsistentes y retos inesperados conducen primero a la sorpresa y después el desengaño. Sin embargo, nada de ello lleva a alterar la estrategia. En realidad, la superpotencia no tiene la voluntad y disposición para repensar y reorientar las relaciones con la región. Así, de facto, empieza un nuevo ciclo que preanuncia otra frustración futura.

(*) Fragmento del artículo 1994-2022: la Cumbre de las Américas y el “síndrome de la superpotencia frustrada”, publicado en la Edición Digital de Nueva Sociedad, junio 2022.

(*) Juan Gabriel Tokatlian es sociólogo, argentino (*)

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Pachakuti: Retorno a la vida armónica

Hoy está surgiendo, de las cenizas del proceso de cambio, un nuevo proyecto descolonizador pachakutista.

/ 12 de junio de 2022 / 10:02

DIBUJO LIBRE

Fausto Reinaga, molesto por actitudes de la casta procolonial de su época, decía: “Los indios son una nación, un pueblo, una raza y una cultura, cultura milenaria enraizada en el cosmos; en tanto que el cholaje mestizo es una nación en larva, abstracta, ficta. Una sub-raza y una superestructura importada que flota sobre la Nación india, como las nubes en el cielo”.

La concepción alemana de “nación” comparte una etnia, usos jurídicos, folclore, mitología, cultura, un idioma, una religión y un territorio; sin embargo, bajo el paraguas de lo indio están quechuas, aymaras, guaranís, mapuches, amazónicos, que hablan diferentes idiomas y que habitan en diversos territorios. Por otra parte, tampoco encajarían en la conceptualización francesa de nación, como una colectividad de personas que manifiestan la intención de convivir bajo una misma comunidad política, sin importar las diferencias culturales, lingüísticas, religiosas o étnicas. Este concepto no le permitiría estrellarse contra los cholos mestizos y las fieras blancas.

Si las nociones de nación étnica y de nación socio-política no colaboran con el discurso de Reinaga, entonces, ¿a qué nación se refiere? La nación que respeta a su “cultura milenaria enraizada en el cosmos” nos muestra a personas que respetan su originalidad biocultural soberana y la fortalecen con aportes nuevos en todos los ámbitos de acción, como lo hacen las civilizaciones más antiguas del planeta.

La otra “nación en larva”, que habita en las nubes en una “superestructura importada”, es la heredera de la casta ladina, sea ésta de indios, blancoides o mestizos, que piensan, actúan, cantan y se visten a la usanza de la moda intelectual y consumista de los centros de poder colonial, seguidores fanáticos de corrientes políticas actualmente denominadas “autoritarias” rusochinas o de los “demócratas” euronorteamericanos.

Estos sistemas hegemónicos pregonan la democracia. Hitler, Stalin o Putin fueron elegidos por el pueblo, pero en la práctica son regímenes autócratas ultranacionalistas, plutocráticos e imperialistas, herederos de la monarquía y el zarismo.

El ladino es astuto, sagaz, que se sirve de todas las artimañas para conseguir lo que desea; por conveniencia, adopta la ideología, la religión y la cultura dominante y reniega de su originalidad para ser aceptado por los invasores; por eso no se cansan de calificar despectivamente a los bio-originarios como mamautas, pachamamistas, t’aras, gentiles.

En los tiempos del colonialismo virreinal, los españoles incorporaron a los pueblos sometidos con el nombre de indoamericanos, a diferencia de la casta servil de criollos, mestizos e incas ladinos, a quienes los clasifica como hispanoamericanos, fieles acumuladores de riquezas en las arcas de la nobleza española a cambio de sendos privilegios locales.

Con la instauración de la República en nuestro continente, se impone un nuevo modelo de gestión colonial, esta vez al mando de otras potencias imperialistas de Europa, quienes utilizan a la misma casta ladina para garantizar la acumulación de capital a favor de ellos. Transforman a los hispanoamericanos en latinoamericanos, para sustituir el servilismo a una sola potencia por otra nominación que les otorga un espectro más amplio de sometimiento a varios países de Europa.

Reinaga señala que los latinoamericanos idolatran a Europa y “sus ciudades mestizas se hallan atestadas de estatuas griegas, romanas, inglesas, francesas, italianas, hispanas…” “Como concepción del mundo y la vida, como aspiración, destino… el latinoamericano es Europa. Como religión y filosofía, ciencia y arte, ética y política, el latinoamericano es el Cáucaso de Prometheo, la cicuta de Sócrates, la cruz de Cristo, la pasión del Che…”

Después de la Segunda Guerra Mundial, la misma casta servil fue denominada nacionalista por los vencedores norteamericanos, quienes consideraron a las repúblicas como “naciones” para de esta manera fundar la Organización de las Naciones Unidas (ONU), un instrumento aparentemente “plurinacional” del imperialismo euro-norteamericano, que se encargó de irradiar la cultura y el pensamiento eurocéntrico en todo el planeta, además de fomentar el saqueo de nuestros recursos naturales y la explotación de la mano de obra local, consolidando una lógica institucional dependiente, a la que ahora vemos como algo normal.

La ideología del nacional-fascismo de Hitler exaltaba la supremacía de la raza aria, exacerbando el odio a sus opresores judíos, e impulsaba la expansión imperial de Alemania; para esto, construyen un Estado totalitario, antidemocrático, manejado por un partido único, declarado anticomunista; crean una religión de la guerra conducida por un líder divino, por arcángeles y luciferes de la SS y la Gestapo. La consigna ultranacionalista intolerante y fanática los lleva a provocar los genocidios más atroces de la historia de la humanidad.

El proyecto expansionista de Putin, líder del partido Rusia Unida, similar a Hitler, es conservador de derecha, ultranacionalista, populista, xenófobo, misógino, aliado con la iglesia ortodoxa de Rusia, obtuvo 324 escaños, frente a 57 logrados por el Partido Comunista en el parlamento y hoy emprende una guerra expansionista en Ucrania.

En nuestro continente todavía quedan algunos dinosaurios de la política que añoran la izquierda proestatista y la derecha liberal, cuando la realidad nos muestra que los chinos, rusos, chilenos, singapurenses, o cualquier otro ejemplo, fusionaron lo privado con lo estatal, todos son capitalistas y los más fuertes son imperialistas, por lo que apoyar a una u otra potencia expone nuestro complejo de inferioridad y nuestra calidad de serviles ladinos.

El ideólogo indianista sabiamente dice que el indio es tierra que piensa y no tiene por qué integrarse o asimilarse a nadie, ni enajenarse o alienarse, tiene que ser él mismo, en otras palabras, tiene que encontrar su originalidad ancestral y vital para saber quién es para luego saber dónde ir.

La casta ladina recurre a las más sofisticadas técnicas de convencimiento y adormecimiento mental, se aferra al chauvinismo republicano, temiendo la rearticulación del gobierno sofocrático en el continente Suyunpacha y la purga ejemplar de corruptos y traicioneros.

La resistencia bio-originaria mantiene un gobierno clandestino en cada biocultura, interrelacionada subterráneamente como las raíces de las plantas; resistió con el Taki Sonqoy, el Ayra, con los Amaru, los Katari, el indianismo, y hoy surge de las cenizas de un proceso de cambio consumido por el caudillismo estalinista, un nuevo proyecto descolonizador pachakutista, que promueve el retorno a la sabiduría ancestral y al desarrollo de nuevas herramientas vitalizadoras, para convivir plena y armónicamente, purificando el agua, el aire, la tierra y la energía, que reproduzca alimentos naturales sanos; practicando rituales y faenas de convivencia con los espíritus de la naturaleza, para asegurar la permanencia de los servicios ambientales y la convivencia armónica al interior de las ecocooperativas y biocomunidades productivas de bienes y servicios, para garantizar productos con calidad vital y frenar el ecocidio de los adoradores del dinero.

 (*)Carlos V. Schmidt C. es arquitecto

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‘Tío Peto’, guardián de la memoria

‘Recordatorio: estampas de la segunda mitad del siglo XX’, nuevo libro de Carlos Soria Galvarro, ‘Tío Peto’

/ 12 de junio de 2022 / 10:02

SALA DE PRENSA

Como hizo Gabriel García Márquez con sus Doce cuentos peregrinos, el periodista Carlos Soria Galvarro se sumergió en el mar de sus recuerdos y papeles, y recuperó 13 episodios inéditos hasta hoy. Esos “relatos autobiográficos” quedaron hilvanados en su más reciente obra Recordatorio: estampas de la segunda mitad del siglo XX.

A diferencia de los contenidos del premio nobel de literatura (1982), los relatos del Tío Peto (Soria Galvarro) no son producto de la ficción. En realidad, son el resultado del vínculo de un “revolucionario” boliviano, que militó en las filas del movimiento obrero y popular desde sus 15 años (1959), y la historia del país.

Su libro tiene 283 páginas y está organizado en 13 capítulos, que incluyen textos insertos, enlaces digitales, fragmentos imaginarios —“a partir de lo verificable y de lo histórica y contextualmente posible”, diría el escritor Leonardo Padura— e ilustraciones reveladoras.

MORALEJA.

Soria Galvarro nació en Parotani, Cochabamba, el 17 de julio de 1944. Hasta sus 11 años vivió en el área rural. Junto a su familia, migró a varios poblados vallunos (Parotani, Vinto, Quillacollo y Pairumani) y San Isidro, en Santa Cruz.

Como un buen guardián de la memoria, en su obra destacó un inolvidable episodio de su infancia. Cuando visitó la ciudad de Cochabamba, tuvo un “percance de lector impenitente”. A sus seis años, un buen día, en el Mercado Central, se distrajo con los grandes letreros y los colores vivos de las frutas. En ese descuido, su padre le jugó una broma: se escondió. Al sentirse solo y perdido, ante la burla de la gente, rompió en llanto.

Luego de unos minutos, su progenitor apareció para calmar su aflicción. Desde ese momento, nunca más soltó su mano. Así, aprendió que “la lectura no es mala, pero hay que seguir los caminos de la vida sin dejar de estar atentos al entorno”.

LECTOR.

En cuarto de primaria, su familia se trasladó a San Isidro, donde había una pequeña escuela (con primero y segundo básico, únicamente). En ese tiempo, sus nuevas obligaciones eran transportar agua del río y proveer de leña al hogar.

A falta de escuela, el pequeño Carlos se formó con libros. “Mi previsora mamá había llevado una nutrida colección de novelas de Julio Verne y el infaltable Los grandes inventos del científico francés Louis Figuier”.

Esos años fueron los “más felices” de su vida. Él disfrutaba sus días con Los hijos del capitán Grant, La vuelta al mundo en 80 días, Viaje al centro de la tierra, Dos años de vacaciones, Robur el Conquistador, De la Tierra a la Luna, Veinte mil leguas de viaje submarino, entre otros títulos. Todo eso fomentó su “adicción” por la literatura y le permitió viajar “con la imaginación por el ancho mundo y sus alrededores”. Ese contacto con los libros y la imprenta lo definieron como “homo tipográficus”.

KOMSOMOL.

Su primer viaje real fue a sus 19 años. Con una chamarra de cuero con fragmentos de lana, confeccionada por su madre, emprendió vuelo hacia Moscú. Allí, estudió en la Escuela de formación de cuadros políticos Komsomol.

En su texto narró que los primeros manuales de consulta en la academia fueron los elaborados en el periodo de la burocracia estalinista, calificados por el guerrillero Ernesto Che Guevara como “ladrillos soviéticos”. Los países del socialismo real, con sus esquemáticas creencias, se encaminaban al abismo.

La biblioteca era muy pobre en traducciones del ruso al castellano, incluso de material literario actualizado o clásico. Se notaba que había sido “cuidadosamente expurgada”, no había un solo texto de autores “herejes” (Mao Tse Tung, Rosa Luxemburgo, Antonio Gramsci, Georg Lukács, Trotsky ni los latinoamericanos José Carlos Mariátegui o Aníbal Ponce, entre otros), agregó.

IDILIO.

En la fiesta de año nuevo de 1964 la conoció. A pesar de que transcurrieron varios lustros aún la recuerda: “Los ojos parecían guardar una oculta tristeza que podía oscurecer fugazmente su semblante si apagaba la sonrisa con la que parecía defenderse todo el tiempo. Sus largos cabellos color miel-canela caían como cascadas discretas cuando desataba chales o pañoletas con los que frecuentemente los tenía sujetos (…). Su voz cantarina sonaba a un tintineo de dulzura infinita, con el labio inferior un poquitín sobresaliente, su hablar poseía resonancias guaraníes. Un tanto espigada, de estatura entre media y alta, su cuerpo parecía hecho a propósito para la danza, inspiraba una inmensa ternura con una mezcla de pasiones inevitables”.

Sus seudónimos eran Marina y Moisés; sus verdaderos nombres: Soledad y Carlos, “un solo corazón”. En los primeros días de enero de 1964 empezó el idilio. Empero, la tristeza y los recuerdos los separaban en instantes. Sucede que ella fue víctima de cuatro neonazis que la golpearon y tatuaron, a filo de navaja, dos esvásticas en sus dos piernas.

Ese acto tuvo repercusión internacional y fue unos de los “signos de la barbarie” fascista que el también llamado “Qhechi” (cabello erizado), luego, combatió toda su vida.

RECORDATORIO.

Lo citado líneas arriba es solo el retrato de sus primeros años, que lo forjaron como un militante revolucionario.

En otros episodios del Recordatorio, reveló datos inéditos sobre su activa militancia en la “Jota” (Juventud Comunista de Bolivia); la reacción del partido ante las masacres mineras de 1965 y 1967; su rol en las reuniones donde el Partido Comunista de Bolivia (PCB) se distanció de la guerrilla del Che; las acciones colectivas contra las dictaduras, y sus “cavilaciones” sobre el papel del partido en la revolución.

Luego, con documentos y nombres de militantes, analizó la división del PCB en su V Congreso (1985). En el último capítulo, “Veinte retrospectivas sobre un tema existencial”, realizó una crítica a la “apología de la muerte”, donde reivindicó el valor de la democracia, a favor de los intereses nacionales y populares.

PETO.

En 1980, conversó con el historiador y catedrático Alberto Crespo, quien le sugirió terminar la Carrera de Historia. Soria Galvarro le comentó que descubrió en el periodismo “su oficio principal”.

Lo que no le dijo a Crespo, en aquella ocasión, fue que habían otras razones “íntimas” para abrazar ese oficio: la relación con sus hijos, Antonio y Floriana, nacidos en 1968 y 1969.

“Vi crecer a mis retoños hasta el año 1971. De ahí adelante, impuesta la dictadura de Hugo Banzer, largas ausencias, solo encuentros esporádicos y furtivos, visitas clandestinas en las que ellos no podían decir papá, pues las paredes y los vecinos tenían oídos. (En ese marco) inventamos la figura de un tío lejano llamado Peto y que en muy raras ocasiones visitaba la casa. Medio siglo después, los dos me siguen llamando con ese nombre, al igual que los cuatro nietos”.

Este último suceso sintetiza la manera en que vivió y se forjó, a fuego candente, Carlos Soria Galvarro, guardián de la memoria colectiva y revolucionario a tiempo completo.

(*)Miguel Pinto P. es periodista

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Cumbres de las Américas, lugar de tensión EEUU-Latinoamérica

Cumbres de las américas, lugar de tensión EEUU-Latinoamérica

El ALCA, por ejemplo, nació como un ‘principio’ de las Cumbres, en la primera, en 1994; desapareció en la quinta, en 2009

Por Iván Bustillos

/ 5 de junio de 2022 / 19:42

El punto sobre la i

Fue la propia CNN que el jueves 2 de junio, cuatro días antes del inicio de la IX Cumbre de las Américas (6 al 10 de junio en Los Ángeles, Estados Unidos), alertaba que “La administración Biden se enfrenta a la amenaza de un posible fracaso en la Cumbre de las Américas” (análisis escrito por Kevin Liptak y Priscila Álvarez). “Los funcionarios del Gobierno de EEUU todavía se apresuran por confirmar a los asistentes y preparar los anuncios que el presidente Joe Biden hará”, remarcan de entrada los analistas.

Y es que la cita se verá afectada si no asisten gobiernos clave, como México, asegura CNN: “Las ausencias de los líderes más importantes —sobre todo del presidente de México, que amenaza con un boicot— corren el riesgo de socavar la reunión, incluso cuando Biden y su equipo intentan avanzar en cuestiones políticamente delicadas, como la inmigración en la frontera sur de Estados Unidos y el crecimiento económico, justo una semana antes de recibir a los líderes del hemisferio occidental en Los Ángeles para la Cumbre de las Américas”.

El miércoles 1 de junio, el periódico español El País informaba: “Alberto Fernández confirma por teléfono a Biden que asistirá a la Cumbre de las Américas”. Se trató de un retroceso, pues cuando el presidente López Obrador anunció que él no iba si se excluía a cualquier país, Fernández se le había sumado. Pero luego se vio que el cambio de decisión del argentino era un movimiento táctico: el jueves 26 de mayo, señala el periódico español, Fernández había llamado a López Obrador y en esa conversación habían acordado que el Presidente argentino iba a Los Ángeles, no a organizar una “cumbre paralela” de la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), como se había anunciado antes, sino más bien a protestar por la exclusión en que incurrió Estados Unidos de Cuba, Nicaragua y Venezuela. Esto, con todas sus letras, lo reveló el propio Presidente mexicano el fin de semana pasado, destaca El País: “Platicamos acerca de la asistencia a la Cumbre. Entonces, me hizo una consulta, hablamos del tema y hay un acuerdo, pero no de hacer una cumbre paralela en EEUU, no. (El acuerdo) es éste: que en caso de que no se acepte invitar a todos los países, él, como presidente de CELAC, hable de que no estamos de acuerdo con las exclusiones”.

GESTIÓN.

Gracias a gestiones directas del exsenador demócrata Chris Dodd, destaca el medio español, habrían aceptado ir a la Cumbre los presidentes de Brasil, Jair Bolsonaro; de Chile, Gabriel Boric; y de Uruguay, Luis Lacalle Pou. También está previsto que el presidente de Perú, Pedro Castillo, asista a la cita continental, pues ya pidió permiso a su Congreso.

En la otra acera, la Comunidad del Caribe (Caricom), que reúne a 15 países caribeños, si bien de principio se sumó a la postura de México (de no asistir si había exclusión), en la última semana de mayo en tres reuniones no logró el consenso, de modo que dependerá de cada Estado si va o no a la Cumbre. Hasta fines de mayo se mantenía la inasistencia del presidente de Guatemala, Alejandro Giammattei, aunque no por la exclusión sino por una polémica sobre injerencia que sostiene con Estados Unidos; hasta la semana pasada también se mantenía la negativa a asistir, “si no están invitados todos”, de la presidenta de Honduras, Xiomara Castro; y, como reiteró en esta semana la viceministra de Comunicación, Gabriela Alcón, el presidente Luis Arce tampoco irá a la Cumbre, al mantenerse la exclusión de países por parte de Estados Unidos; Alcón confirmó que el mandatario boliviano sí fue invitado.

El presidente de México, López Obrador, hasta donde se sabe, se mantiene en sus cuatro, de no asistir si no están todos.

Toda esta tensión, de idas y venidas de varios países de ir y no ir, vuelve a mostrar una constante: que las Cumbres de las Américas son el escenario de más o menos grave tensión entre Estados Unidos y los países latinoamericanos; esto se expresa en hitos que tuvieron las ocho cumbres desde 1994, cuando la primera Cumbre se realizó en Miami (Estados Unidos).

Desde el principio fue el referido escenario. La primera Cumbre fue convocada a iniciativa del presidente Bill Clinton y tuvo lugar en Miami entre el 9 y 11 de diciembre de 1994. Y allí se redactó y asumió la llamada “Declaración de Principios”; en ésta, aparte de declarar la voluntad de “preservar y fortalecer la comunidad de democracias de las Américas” con base en la Carta de la Organización de Estados Americanos (OEA), como principio continental se señala el “inmediato” establecimiento del “Área de Libre Comercio de las Américas” (ALCA), con fecha límite incluida: “Por consiguiente, decidimos iniciar de inmediato el establecimiento del ‘Área de Libre Comercio de las Américas’ en la que se eliminarán progresivamente las barreras al comercio y la inversión. Asimismo, resolvemos concluir las negociaciones del ‘Área de Libre Comercio de las Américas’ a más tardar en el año 2005, y convenimos en alcanzar avances concretos hacia el logro de este objetivo para el final de este siglo”. (Declaración de Principios)

EDUCACIÓN. En la segunda Cumbre, que tuvo lugar en Santiago de Chile, entre el 18 y 19 de abril de 1998, en su declaración final, aparte de anunciar que la cita tuvo como “tema central” la educación en las Américas, y reafirmar que hubo un “compromiso de invertir mayores recursos en esta importante área, como asimismo de impulsar la participación de la sociedad civil en el desarrollo educativo”, varios párrafos de la declaración son dedicados nuevamente al ALCA:

“Hoy instruimos a nuestros Ministros Responsables del Comercio que inicien las negociaciones correspondientes al ALCA de acuerdo con la Declaración Ministerial de San José, de marzo de 1998. Reafirmamos nuestra determinación de concluir las negociaciones del ALCA a más tardar en el año 2005 y a lograr avances concretos para finales del presente siglo. El acuerdo del ALCA será equilibrado, amplio y congruente con la Organización Mundial de Comercio (OMC), y constituirá un compromiso único”, destaca la Declaración, añadiendo algunos principios, como que “la negociación del ALCA será transparente, y tomará en cuenta las diferencias en los niveles de desarrollo y en el tamaño de las economías de las Américas”, y que la “integración económica, la inversión y el libre comercio son factores claves para elevar el nivel de vida, mejorar las condiciones laborales de los pueblos de las Américas y lograr una mejor protección del medio ambiente”.

La tercera Cumbre se realizó en la ciudad de Quebec, Canadá, entre el 20 y 22 de abril de 2001. En la llamada “Declaración de Quebec” se evidencia la mayor preocupación por la democracia, la paz y la seguridad. Para enfrentar a las amenazas a la democracia, por ejemplo, se instruye a los “Ministros de Relaciones Exteriores que, en el marco de la próxima Asamblea General de la OEA, preparen una Carta Democrática Interamericana que refuerce los instrumentos de la OEA para la defensa activa de la democracia representativa”.

Por algo se advierte que “la subordinación constitucional de las fuerzas armadas y de seguridad a las autoridades civiles legalmente constituidas de nuestros países, y el respeto al Estado de Derecho por parte de todas las instituciones nacionales y sectores de la sociedad, son fundamentales para la democracia”.

Es aquí que se anuncia la existencia de “un borrador preliminar del Acuerdo ALCA”, cuyo principio sería: “el libre comercio, sin subsidios ni prácticas desleales, acompañado de flujos crecientes de inversión productiva y de una mayor integración económica”. En cuanto a las fechas límite, ya se indican los meses: “Instruimos a nuestros Ministros que aseguren que las negociaciones del Acuerdo ALCA concluyan, a más tardar, en enero de 2005, para tratar de lograr su entrada en vigencia lo antes posible, y no más allá de diciembre de 2005”.

DECLIVE.

En la cuarta Cumbre, efectuada en Mar del Plata, Argentina, entre el 4 y 5 de noviembre de 2005, en la Declaración de Mar del Plata”, es notorio el declive de la columna vertebral ALCA. En el párrafo 19 (de 76) abiertamente se reconoce dos posiciones contrarias: la de los países miembros que tras reconocer las “dificultades” que ha tenido el proceso de negociación del ALCA, de todos modos se continúe con su diseño, instruyendo a los responsables a “reanudar sus reuniones en el curso del año 2006, para examinar las dificultades del proceso ALCA”; y la de los países que sostienen que “todavía no están dadas las condiciones necesarias para lograr un acuerdo de libre comercio equilibrado y equitativo, con acceso efectivo de los mercados, libre de subsidios y prácticas de comercio distorsivas”, y que tome en cuenta las diferencias en los niveles de desarrollo y tamaño de las economías”.

Mar del Plata dedica la mayor parte de la declaración (14 páginas), al “Crecimiento con empleo”; al “Trabajo para enfrentar la pobreza”; a la “Formación de la fuerza laboral”; a las “Micro, pequeñas y medianas empresas como motor de crecimiento del empleo”; al “Marco para la creación de trabajo decente”; y, al “Fortalecimiento de la gobernabilidad democrática”.

Es en la quinta Cumbre, efectuada en Puerto España, en Trinidad y Tobago, entre el 17 y 19 de abril de 2009, que el ALCA definitivamente desaparece. En la foto oficial es posible reconocer a los presidentes Barack Obama (EEUU), Michelle Bachelet (Chile), Luiz Inácio Lula da Silva (Brasil), Daniel Ortega (Nicaragua), Cristina Fernández (Argentina), Hugo Chávez (Venezuela), Evo Morales (Bolivia), entre otros.

PROSPERIDAD.

La “Declaración de compromiso de Puerto España” se la subtitula con la meta de “Asegurar el futuro de nuestros ciudadanos promoviendo la prosperidad humana, la seguridad energética y la sostenibilidad ambiental”. Definitivamente se trata de un giro.

Ahora se habla de promover: “la inclusión y la cohesión social para mejorar las condiciones de vida de nuestros pueblos y alcanzar el desarrollo y la justicia social”; “la cooperación entre nuestros Estados de manera solidaria en las diferentes esferas de las relaciones interamericanas”; el “desarrollo sostenible”; “reducir la desigualdad y las disparidades sociales y disminuir la pobreza extrema a la mitad para el año 2015”; “proteger los derechos humanos de las y los migrantes”; se comprometen a “avanzar en el acceso universal a la atención integral a la salud de calidad”; compromiso de “lograr una tasa bruta de matrícula de educación secundaria del 75% como mínimo, a más tardar en 2010”, entre otros objetivos.

El ALCA es sustituido por “el comercio multilateral abierto”; reconociendo la “contribución positiva del comercio” al desarrollo, se insistirá, se dice, en “un sistema de comercio multilateral abierto, transparente y basado en normas”. Hay, además, los objetivos de “promover la seguridad energética”, la “sostenibilidad ambiental”, la “seguridad pública”, y la “gobernabilidad democrática”.

La sexta Cumbre se llevó a cabo en Cartagena de Indias, Colombia, el 14 y 15 de abril de 2012. Su declaración se asume como los “Mandatos derivados de la Sexta Cumbre de las Américas”. Los Jefes de Estado se comprometen a diversas acciones en “integración de la infraestructura física en las Américas” (caminos, interconexión eléctrica, telecomunicaciones); “pobreza, desigualdad e inequidad” (acceso igualitario y equitativo a la educación primaria y secundaria, crecimiento económico con equidad e inclusión social, formalización de la economía informal, empleo para la juventud, entre otras); “reducción y gestión del riesgo de desastres”; “acceso y uso de las tecnologías de la información y las comunicaciones”; y, “seguridad ciudadana y delincuencia organizada transnacional”.

La séptima Cumbre, Ciudad de Panamá, Panamá (10 y 11 de abril de 2015) ya tiene por consigna la “Prosperidad con equidad: el desafío de la cooperación en las Américas”.

Indica “mandatos para la acción” en Educación, Salud, Energía, Medio Ambiente, Migración, Seguridad, Participación Ciudadana, Gobernabillidad democrática, y Cooperación hemisférica solidaria.

CORRUPCIÓN.

Y, finalmente, la octava Cumbre, que tuvo lugar en Lima, Perú, el 13 y 14 de abril de 2018. El documento de consenso aborda “uno de los problemas más importantes que enfrenta la región: la lucha contra la corrupción”, destaca su sitio web oficial.

A diferencia de Cumbres pasadas, donde las declaraciones cubrieron diversos temas, el “Compromiso de Lima (Gobernabilidad Democrática frente a la Corrupción)”, se destaca, “se centró principalmente en un solo tema —anticorrupción— y fue aprobado por consenso por los Jefes de Estado y Gobierno”.

El Compromiso de Lima (57 párrafos) hace un llamado a los Estados miembros, destaca el sitio oficial, a “reducir la burocracia, fortalecer la independencia judicial, aumentar la transparencia mediante el uso de nuevas tecnologías, fomentar la participación del sector privado en la formulación de políticas públicas anticorrupción, así como proteger a los informantes, periodistas y funcionarios involucrados en hacer cumplir la ley”.

El Compromiso de Lima también se “compromete a trabajar en prevenir que los sistemas financieros regionales puedan ser utilizados para la transferencia y ocultación de fondos ilícitos, así como identificar recursos para fortalecer los mecanismos hemisféricos anticorrupción”.  

(*)Iván Bustillos es periodista de La Razón

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