Friday 29 Jul 2022 | Actualizado a 00:35 AM

La producción de cocaína llegó a cifra récord

En 2020 se llegó a una cifra récord de fabricación de cocaína: 1.982 toneladas. Aparte de EEUU y Europa, ahora hay mercado en Asia y África.

/ 3 de julio de 2022 / 17:24

A escala mundial, en 2020 se produjeron 1.982 toneladas de cocaína; se estima en 21,5 millones los consumidores. 

El punto sobre la i

En esta semana, el miércoles 27 de junio, se difundió el Informe Mundial sobre las Drogas 2022 de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC). Como dice su director ejecutivo global, Ghada Waly, este es el primer Informe de la pospandemia de COVID-19. El organismo destaca tres novedades: la legalización del cannabis (marihuana) en varios países “parece haber acelerado el consumo diario” y las consecuencias relacionadas con la salud; hubo un aumento “sin precedentes” de la fabricación de cocaína, alcanzando cifras récord; y, ocurrió la expansión de las drogas sintéticas hacia nuevos mercados, rivalizando cada vez más con las drogas de origen vegetal.

En ese contexto del incremento récord de la producción de cocaína, el Informe, al señalar los países que en Europa son más mencionados como de origen de la droga, aparte de los que tienen costa marítima, al final aparece Bolivia.

“Los países de América del Sur mencionados con más frecuencia como países de salida de cargamentos de cocaína con destino a Europa en 2020 fueron Brasil, Colombia y Ecuador. Salidas desde Colombia, Ecuador y Venezuela, reflejando principalmente salidas de cocaína fabricada en Colombia, juntos representaron el 48 por ciento de todas las menciones de países de salida de América del Sur por países en Europa. Salidas desde Brasil, Bolivia y Perú, reflejando principalmente la salida de cocaína fabricada en Perú y Bolivia, concentraron en conjunto el 41 por ciento de todas estas menciones hechas por países europeos”. (Páginas 22 y 23 del Volumen 4 del Informe Mundial)

Según los cálculos más recientes, refieren los autores del Informe, “la fabricación de cocaína aumentó en un 11% de 2019 a 2020, cuando alcanzó la cifra récord de 1.982 toneladas”.

La producción de la sustancia se incrementó en 8% en Colombia, destaca el Informe, “y por un total combinado de 16,5% en Perú y Bolivia”. El texto enfatiza en que tomando como base 2014, la fabricación de cocaína en el ámbito mundial “se ha más que duplicado”. (Informe, vol. 4, 13)

Ahora, las cifras récord de incremento no son exclusivas de la cocaína. En el Resumen Ejecutivo del Informe, los autores describen el mismo fenómeno para el opio: “La producción mundial de opio continuó su prolongada tendencia ascendente y de 2020 a 2021 aumentó en 7%, hasta llegar a 7.920 toneladas, pese a que en 2021 la superficie mundial dedicada al cultivo de adormidera cayó en 16%, hasta las 245.000 hectáreas. El aumento se debió en gran medida a la mejora del rendimiento del opio en Afganistán, lo que dio lugar a que su producción se incrementase en un 8%. La fabricación de heroína a escala mundial se mantuvo estable, con una producción estimada de entre 412 toneladas y 752 toneladas. Las incautaciones mundiales de opiáceos aumentaron en 40% de 2019 a 2020 hasta alcanzar una nueva cifra récord”.

Además, en 2020 siguió aumentando el tráfico de cocaína, una prueba de ello es la cifra récord también de cocaína incautada, 1.424 toneladas.

“El tráfico de cocaína siguió aumentando en 2020 a pesar de la pandemia de COVID-19 y las cantidades globales de cocaína incautada (sin ajustar por pureza) aumentó en un 4,5%, a un nuevo récord de 1.424 toneladas, de pasta y base de cocaína incautadas aumentando en 16%, a 108 toneladas, y el clorhidrato de cocaína incautada aumentó en 4%, a 1.105 toneladas; en cuanto a la cocaína ‘crack’ solo hubo decomisos; otros tipos no especificados de cocaína muestran un menor crecimiento”. (Informe, vol. 4, página 21)

Cuando los mercados “clásicos” de cocaína son Estados Unidos y Europa, esto está cambiando: “Los datos sobre incautaciones parecen indicar que el tráfico se está expandiendo a otras regiones fuera de los dos mercados principales, América del Norte y Europa, en vista de que el volumen del tráfico destinado a África y Asia va en aumento”. (Resumen Ejecutivo)

Un dato llamativo del tráfico de cocaína es que buena parte del transporte se lo realiza por los océanos: “El tráfico por mar, principalmente en contenedores, va en aumento, prueba de lo cual es que casi el 90 % de la cocaína incautada en todo el mundo en 2021 se transportaba por ese medio”.

Para 2020, el Informe da cuenta de que la superficie global de cultivo de coca fue de 234.200 hectáreas, lo que equivale a 328.011 canchas de fútbol. Para ese año, con la cuarentena aún vigente y con un polémico gobierno transitorio, en Bolivia se registró 29.400 hectáreas de cultivos de la hoja sagrada, teniendo un incremento de 15% en relación a 2019, cuando se anotó 25.500 hectáreas.

Según el Informe, en todo el mundo alrededor de 284 millones de personas de entre 15 y 64 años consumieron drogas en 2020, “lo que supone un aumento del 26% respecto a la década anterior. Los jóvenes están consumiendo más drogas y los niveles de consumo actuales en muchos países son más altos que los de la generación anterior. En África y América Latina, las personas menores de 35 años representan la mayoría de quienes reciben tratamiento por trastornos relacionados con el consumo de drogas”. (Comunicado de prensa de la UNODC del miércoles 27 de junio)

De esos 284 millones de consumidores, se estima que “aproximadamente 21,5 millones de personas han consumido cocaína al menos una vez en el último año a 2020”. Dicha cifra, destaca el Resumen Ejecutivo, “representa 0,4% de la población mundial de 15 a 64 años”. Desde 2010, apuntan los autores, “el número de personas que consumen cocaína ha aumentado en 32%, debido al crecimiento de la población mundial”. Advierte, sin embargo: “Las tendencias deben interpretarse con cautela, debido a los amplios intervalos de incertidumbre de estas estimaciones”.

Con todo, el consumo de cocaína está en el cuarto lugar de drogas en relación al número de consumidores. El primer lugar, y de lejos, lo ocupa el cannabis (marihuana), con 209 millones de personas; le siguen los opioides, con 61 millones; en tercer lugar están las anfetaminas, con 34 millones; viene en cuarto puesto la cocaína, con 21,5 millones; y, finalmente se encuentra el éxtasis, con 20 millones de personas que lo consumieron al menos una vez en 2020. (Informe, vol. 1, página 11)

En cuanto a la distribución regional de población consumidora de cocaína en el mundo, el primer lugar lo ocupan las Américas, con 11.500.000 personas que consumieron la droga al menos una vez en 2020, lo que equivale a más de la mitad (54%) del total global; de esta cifra continental, 6.350.000 se encuentran en Estados Unidos (30%), y nada menos que 4.740.000 (22%) en Sudamérica.

A los 11,5 millones en el continente americano le sigue Europa, con 5.200.000 consumidores (24%); luego está Asia, con 2.040.000 (10%); en cuarto lugar, África, con 1.990.000 (9%); y, en quinto puesto, Oceanía, con 730.000 (3%). (Ver mapa adjunto)

El Informe también proporciona la distribución de los consumidores según el género. “La gran mayoría de las personas que consumen drogas siguen siendo hombres, pero las mujeres constituyen más del 40% de las personas que consumen estimulantes de tipo anfetamínico y que consumen con fines no médicos fármacos estimulantes, fármacos opioides, sedantes y tranquilizantes”; a esto se añade el efecto de trastorno más acelerado en las mujeres: “Los trastornos por consumo de drogas tienden a aparecer en las mujeres que consumen drogas con mayor rapidez que en los hombres”. Y, he aquí que el Informe hace notar la diferencia, en desmedro de las mujeres, en cuanto al tratamiento y asistencia médica. “La brecha de género en lo que respecta al tratamiento sigue siendo un problema de escala mundial que reviste especial gravedad en el caso de las mujeres que consumen estimulantes de tipo anfetamínico. Casi una de cada dos personas que consumieron estimulantes de tipo anfetamínico en el año anterior es mujer, pero solo una de cada cinco personas que recibe tratamiento por trastornos por consumo de esas sustancias es mujer”. (Resumen Ejecutivo)

El impacto ambiental de las drogas ilícitas no es muy grave a escala mundial, señala el Informe, “pero sus efectos pueden ser considerables a escala local o a escala de la comunidad o individual”. Hay estudios que concluyen que “las cadenas de suministro de drogas dejan una huella de carbono considerable en función de la cantidad producida. Por ejemplo, la huella de carbono de 1 kilogramo de cocaína es 30 veces mayor que la de 1 kilogramo de granos de cacao”.

Asimismo, debido al consumo de energía, “la huella de carbono del cannabis que se cultiva en interiores es, en promedio, entre 16 y 100 veces mayor que la del cannabis que se cultiva al aire libre”. (Resumen Ejecutivo)

Otros impactos ambientales, destaca el Comunicado de prensa de la UNODC, “son la considerable deforestación asociada al cultivo ilícito de coca; los residuos generados durante la fabricación de drogas sintéticas, que pueden llegar a ser de 5 a 30 veces el volumen del producto final y el vertido de residuos, que puede afectar directamente el suelo, el agua y el aire, así como indirectamente a los organismos, los animales y la cadena alimentaria”.

El tráfico de drogas sintéticas ha aumentado más rápido que el tráfico de drogas de origen vegetal en los últimos 20 años, destaca el Informe: “Las incautaciones mundiales de estimulantes de tipo anfetamínico se han disparado en los últimos 10 años. Las incautaciones de metanfetamina se multiplicaron por cinco; las de anfetamina, por cuatro; y las de éxtasis, por tres”.

 (*)Iván Bustillos es periodista y editor de Animal Político.

Censo: La clave, el mayor peso de lo técnico

Lo ‘técnico’ incluye desde la experiencia de gestión de autoridades locales hasta estudios de presión demográfica. 

La única entidad habilitada para decir cuándo debe ser el Censo es el Instituto Nacional de Estadística (INE), coinciden

Por Iván Bustillos

/ 24 de julio de 2022 / 16:50

El punto sobre la i

El viernes 22, en una entrevista con La Razón Radio, el gobernador de Tarija, Óscar Montes (uno de los asistentes a la reunión del Consejo Nacional de Autonomías — CNA— del 12 de julio), expresó su extrañeza de que en el encuentro no estuvieran ejecutivos del Instituto Nacional de Estadística (INE); para él, en última instancia quien tiene la palabra para reformular el cronograma del Censo es el INE: “el que tiene que hacer la tarea, hacer un cronograma de actividades, tener resultados previos al día del Censo, es el INE; por tanto, el único que puede estar en condiciones de decir ‘el Censo se puede realizar en tal fecha’ es el INE; tiene que presentar una ruta crítica, decir ‘estas tareas ya están hechas, estas tareas son las que faltan’; esta es la única certeza que vamos a tener acerca de cuándo se puede realizar el Censo”, remarcó el Gobernador tarijeño.

Esto parecería dar razón a la crítica que provino de Santa Cruz, en sentido de que la decisión de postergar el Censo sobre todo fue política, no técnica, que la tomaron actores políticos, como son los gobernadores. Ciertamente desmiente este hecho otro de los asistentes al encuentro del 12 de julio, el presidente de la Asociación de Municipalidades de Bolivia (AMB), el alcalde de Tarija, Johnny Torres. “En realidad, el Consejo en la reunión ha tratado temas técnicos”, dijo en una entrevista en la televisora Gigavisión en referencia a la cartografía estadística: “recién se ha hecho la cartografía de cuatro departamentos hasta el 60%”, reveló el burgomaestre tarijeño.

Otra consideración “técnica” que se hizo, relató Torres, es el problema que los gobernadores de Pando y Beni plantearon a la reunión: la dificultad que para ambos departamentos representa la realización del Censo en noviembre, que es cuando, por un lado, empieza la época de lluvias y el acceso a muchos lugares se complica y, por otro, que con la zafra de la castaña, mucha gente está “en tráfico” entre uno y otro departamento.

Al respecto, Montes ratifica: “han quedado vetados el último trimestre y el primer trimestre de cada año (de octubre de un año a marzo del siguiente) que coinciden con la época de lluvias; así que el Censo se podría realizar entre abril y septiembre de cada año”, reveló Montes.

Esto ciertamente va a contramano de lo hecho en el pasado: el censo de 2001 tuvo lugar en septiembre, y el de 2012 en noviembre.

Otro hecho observado en el CNA del 12 de julio, coinciden Montes y Torres, es que el Censo tuviera lugar un día miércoles, y no un fin de semana, como era lo tradicional. En el mismo Consejo, cuenta Montes, hubo la controversia sobre dónde era mejor que una persona se hiciera censar, si en su lugar de origen, o donde trabaja; un debate sobre si se va a permitir o no el tradicional flujo migratorio que hay especialmente en los municipios rurales, que hacen volver a su gente para el Censo.

Pero si hubo un problema que para muchos en la reunión fue razón de peso para pensar en una postergación del Censo más o menos prolongada, fue la posibilidad de resolver los conflictos de límites, especialmente entre municipios.

“En todo el país tenemos problemas de límites, y eso no se va a resolver (completamente) hasta el próximo censo, tal vez ni siquiera hasta el subsiguiente Censo, pero podríamos aprovechar de alguna manera este lapso para poder resolver la mayor cantidad de casos de problemas de límites”, destacó Montes.

Aquí, una propuesta llamativa para aprovechar el nuevo tiempo disponible, destacó el Gobernador tarijeño, es de que antes de conocer las cifras del censo se pueda discutir las bases del futuro pacto fiscal: “antes del Censo, se puede ir trabajando el pacto fiscal, llegar a los acuerdos y consensos de dicho pacto, y después, cuando tengamos los resultados, se aplica los acuerdos del pacto”, remarcó el que también fuera alcalde del municipio de Tarija.

Desde el lado de Santa Cruz, cuyas dirigencias son las más críticas al cambio de fecha del Censo, la mayor molestia la genera el hecho de que la postergación sea de casi dos años.

Especialmente para los municipios y universidades, que son los que más dependen de la distribución de recursos nacionales a través de la coparticipación tributaria, la postergación implica dejar de percibir un dinero que habría llegado de verificarse en el Censo el incremento de la población especialmente de los municipios, señaló a La Razón Radio el director de Instituto Cruceño de Estadística (ICE), Juan Pablo Suárez.

“Yo diría que estamos pasando los 300 millones de bolivianos anuales como departamento, entre la universidad, gobernación y municipios”, informó el director del ICE.

Y he aquí una propuesta que Santa Cruz ha hecho como un posible escenario de diálogo: la compensación que podrían recibir los departamentos hasta que haya una nueva redistribución, previsiblemente en 2026. Una compensación que se la calcularía con base en las proyecciones que año a año efectúa el INE.

Si bien esto fue descartado por las autoridades nacionales, porque no sería legal, Suárez recuerda que esto ya estaba normado en la antigua Ley de Participación Popular: “Técnicamente, es cuestión de hacer algunos cambios en la Ley Andrés Ibáñez (Ley Marco de Autonomías); hasta el gobierno de Tuto Quiroga, la Ley de Participación Popular, teníamos el artículo 24, que mencionaba los ajustes (presupuestarios) intercensales, cada cinco años, mediante una encuesta”, destaca Suárez.

Así es “factible”, dice Suárez, hacer una nueva redistribución de los recursos nacionales que llegan a los departamentos y municipios con base en las “proyecciones intercensales, que no es que haya que hacerlas, ya están hechas (ver cuadro adjunto); esta sería una opción hasta que se realice el Censo”.

Un hecho que el gobernador Montes exige precisar es la responsabilidad del cambio de fecha del censo. Si bien todos los asistentes a la reunión del Consejo del 12 de julio firmaron la declaración en que se pide al Ejecutivo que el Censo sea postergado hasta mayo-junio de 2024, la responsabilidad de revisar dicha fecha no es del CNA, sino del INE, del Gobierno, insiste Montes: “en estos momentos como que están descargando la responsabilidad de la suspensión del Censo en quienes asistimos al Consejo de Autonomías; pero no es responsabilidad de esta instancia; la responsabilidad única es del INE”. En este sentido, cuando el viceministro de Coordinación Gubernamental, Gustavo Torrico, dice que si nuevamente se quiere cambiar la fecha del Censo se debería convencer al pleno del CNA, especialmente a los ocho gobernadores presentes, olvida que el censo es una de las 22 competencias privativas del “nivel central de gobierno”, como señala la Constitución; que en realidad, el único que puede mover la fecha de la consulta es el propio Órgano Ejecutivo, a través del INE. Que hubo un consenso con los presentes en la reunión del CNA es cierto, pero la responsabilidad de cuándo y cómo se lleva adelante el Censo es del “nivel central” del Estado.

Otro elemento no menor a considerar, insiste el presidente de la FAM, Johnny Torres, es la boleta censal, el hecho de que no se la haya consensuado con los distintos actores del proceso. Pero donde pone énfasis Torres es que a quienes primero debiera interesar que el Censo se “haga técnicamente bien” es a los municipios de capital de departamento, a los grandes conurbados, metrópolis, por la presión demográfica que se ejerce sobre los mismos.

“La presión sobre ciudades, como Tarija, Santa Cruz, La Paz, Cochabamba y El Alto es tan grande por la migración, que dentro de 10 años, Tarija (la capital) va a pasar de tener 300.000 habitantes a 600.000”, destacó el Alcalde tarijeño.

Y, por un estudio que contrató la AMB, se prevé que en 10 años, hasta 2032, “Santa Cruz va pasar a tener la mitad de la población del país, de un total de 15 millones de habitantes; el 85 por ciento de la totalidad de habitantes del país va a vivir entre Santa Cruz, Cochabamba, La Paz, El Alto y Tarija. Un Censo nos debe decir, por ejemplo, cómo bajar la presión sobre las ciudades de capital”, aseveró el burgomaestre.

“¿A quién le debería interesar más que el Censo sea técnico, absolutamente verídico, es a Santa Cruz. En definitiva, debemos hacer uno que esté reconocido por todos los bolivianos, por los que ganen y por los que pierdan, porque en este Censo van a haber perdedores,” sentenció el alcalde Torres.

Las proyecciones, el nuevo debate

Las proyecciones de población son una rutina que el INE hace cada año. Como se puede ver en el cuadro adjunto, se prevé que Bolivia pase de 10.356.978 en 2012 a 12.006.031 en 2022.

Asimismo, en el mismo periodo de 10 años, el departamento de La Paz pasa de 2.767.504 en 2012 a 3.051.947 en 2022; lo mismo en el caso de Santa Cruz: de 2.779.271 en 2012 a 3.425.399 habitantes en 2022.

Cochabamba también tiene una llamativa evolución: pasa de 1.816.452 en el Censo de 2012 a 2.117.112 en el presente año.

No deja de sorprender Potosí. Pese a ser un departamento expulsor de población, en 2022 ya roza el millón de habitantes.

En su libro Estimaciones y proyecciones de población de Bolivia, departamentos y municipios (2021), el INE indica que las proyecciones (“evolución futura de una población”) parte de “trayectorias hipotéticas de fecundidad, mortalidad y migración”.

Para 2022, por ejemplo, decir que en este año Bolivia llegó e 12 millones de habitantes, es porque tuvo una Tasa Bruta de Natalidad de 20.14 nacidos vivos, por cada 1.000 habitantes; que la Tasa Global de Fecundidad es de 2,49 hijos por mujer; y, finalmente, que la Tasa Bruta de Mortalidad es de 6,03 defunciones por cada 1.000 habitantes.

Con cifras del Censo de 2012, la fecundidad por departamentos, se vio que Beni (4,10 hijos por mujer), Pando (4,09), Potosí (3,89) y Chuquisaca (3,29) presentan los niveles más altos de fecundidad, por sobre el total del país, y los departamentos con los niveles más bajos son Cochabamba (3,13), Santa Cruz (3,09), Oruro (3,04), La Paz (2,91) y Tarija (2,70).

En lo relativo a la mortalidad, el indicador que se usa es la esperanza de vida al nacer y según sea varón o mujer. Para el Censo 2012, a nivel nacional la esperanza de vida del boliviano varón era de 66,7 años, y de la mujer, 71,9 años. En varones, los más longevos son los tarijeños, con 69,2 años, y los menos, los potosinos, con 60,5 años. En el caso de las mujeres, las de más vida son las pandinas, con 74,9 años, y las de menos de nuevo las potosinas, con 69,2 años.

En migración interna (entre departamentos), las regiones “positivas” son Santa Cruz, con 51.077 inmigrantes, allegados; le siguen Pando (13.060), Cochabamba (10.429) y Tarija (8.487). En cambio, los “negativos”, la gente que se fue, en 2012 fueron: La Paz, con 28.925 emigrantes, Potosí (25.835), Chuquisaca (14.482), Beni (13.471), y Oruro (340 que se marcharon).

(*)Iván Bustillos es periodista de La Razón.

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Disputarse el mestizaje

Si hay un mestizaje, éste sigue siendo moreno, indio.

/ 24 de julio de 2022 / 12:02

CARA Y SELLO

Cuando se habla del mestizo, me imagino a alguien del mismo color de piel que yo, moreno o morena, con una licenciatura, una camisa bien planchada, en la universidad, o siendo policía o simplemente que hable bien el español. Como si en ese imaginario de la “mezcla” que tanto se defiende entre lo español y lo indio, lo español fuese la demostración de lo “civilizado” y lo indio solamente el rostro. ¿Seré yo la única que lo imagina así?

¿Cuántos mestizos hay en Bolivia? Si tomamos en cuenta las “mezclas” biológicas a las cuales hace referencia el discurso convencional de los sectores blancoides para querer justificar la inclusión del término como autoidentificación en la boleta censal, no tendríamos datos que resultaran útiles, porque habría que partir desde inicios de la prehistoria buscando saber de qué mezclas venimos y al final lo mestizo cae en una ambigüedad que disimula las desigualdades a las que se enfrentan los indios, para convertirlo en un igualitarismo de identidad nacional: todos somos mestizos, todos somos bolivianos.

La cuestión del indio. Y otro problema: lo indio. Hay que entender que lo indio no se consolidó ni se consolidará como un sujeto de reivindicación dentro de los grupos racializados, quizá lo aymara, quizá lo colla, pero no todos son collas y no todos son aymaras, pero sí creo que por un afán de “superar” lo indio (como si de una clase social menor se tratase) hay muchos indios que se identifican como mestizos.

Y desde el otro lado hay otro problema: los criollos y los blancos no quieren entender que son criollos y blancos, para no acentuar tanto sus privilegios frente a los “otros”, y en ello buscan “involucrarse” con los menos favorecidos históricamente aplicando un tono más oscuro a su denominativo racial: ¿lo cholo? No, no… no tan oscuro: mejor lo mestizo. Y en esa búsqueda hay un encuentro entre los que buscan “desindianizarse” y los que buscan “igualitarismo”.

Bajo este panorama, el indio ya no se considera en un espacio de subalternidad y en ese desafío de mirarse igual a otros o buscar su “superación”, aunque ya tenga definida su condición racial, buscará no llamarse indio. Y la identificación de un mestizaje desde los imaginarios de estos sectores de la población me parece legítima: un mestizaje desde los sectores indios, que no necesariamente aspira al “blanqueamiento”, pero que sí busca superar su indianidad como la caricaturización que se ha hecho de ese sujeto: el pobre, el sucio, el ignorante…

¿Cuál identidad nacional? Con esto quiero enfatizar la diferenciación entre identidad étnica-cultural (aymara) y lo ideológico-político (lo indio, lo mestizo). No creo que lo uno excluya a lo otro, más bien hay una búsqueda urgente de una identidad nacional contemporánea que la República y el Estado Plurinacional no han resuelto.

No digo que el mestizaje deba sustituir la etnicidad, digo que, si hay un mestizaje, sigue siendo moreno, sigue siendo indio. Ese es el mestizaje que debemos disputarle discursivamente a los mestizos blancos, dizque orgullosos de su origen “indio” cuando en realidad buscan reafirmar su descendencia española y minimizar las desigualdades a las que se enfrentan los sectores racializados.

Leer el mestizaje en nuestros códigos, como señala Pedro Portugal, me parece igual o más importante que tener que enfrentarte a sectores acomodados haciéndoles notar su racismo disimulado desde su reafirmación mestiza.

(*)Quya Reyna es comunicadora y escritora.

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Esquivar el sinceramiento

Los ‘mestizos diversos’ también son parte de la identidad global boliviana.

/ 24 de julio de 2022 / 12:01

CARA Y SELLO

El Censo 2022, injustificadamente postergado por dos años, habría sido el cuarto en cuatro décadas de historia democrática. Era importante garantizar su confiabilidad y validez como herramienta imprescindible para mirarnos en el espejo de la realidad y proyectar el horizonte del futuro deseable para los bolivianos. Por muchas razones, persiste el esfuerzo de esquivar el sinceramiento con nuestra realidad.

Como en 2012, el Censo abrió la compuerta para sumergirnos en el debate sobre la adscripción étnica y la inclusión de la categoría mestizo, que terminó eclipsando el seguimiento de otros asuntos de crucial importancia.

A mi criterio, era imprescindible separar el turbión de posiciones encontradas sobre la exclusión o inclusión de la categoría mestizo, por tener potenciales efectos discriminatorios a favor de unos u otros. Sin caer en posturas ingenuas, había que realizar esfuerzos para neutralizar el riesgo de manipulación política desde el poder y de sectores en disputa en torno a un tema que libera miedos, resentimientos y desconfianza.

Una foto más fiable. En la tradición censal colonial y pre Revolución del 52, el mestizaje tenía connotaciones biológicas y somáticas coincidentes con una visión darwinista plenamente superada. La mezcla de blancoides e indígenas eran los mestizos. Su diferenciación era necesaria ya que los indígenas tributaban.

A propósito de la controversia, coincido con el planteamiento de Carlos Hugo Laruta, en sentido de que el “ninguneo” de los bolivianos mestizos, explícitamente grosera en el Censo 2001, se habría resuelto a partir de la pregunta 29 del Censo 2012, que textualmente rezaba: “Como boliviana o boliviano, ¿pertenece a alguna nación, pueblo indígena, originario campesino o afrobolivianos?” Quienes respondían “Sí” debían precisar su pertenencia al amplio abanico de opciones de la Bolivia Plurinacional que, correlacionada con la información de lengua materna, entre otras variables, aportaría a tener una fotografía más fiable de la realidad del país.

Esta formulación es congruente con la Constitución, cuyo tercer artículo establece que “la nación boliviana está conformada por la totalidad de las bolivianas y bolivianos, las naciones y pueblos indígenas originario campesinos… que en conjunto constituyen el pueblo boliviano”. En ambos casos, la identidad global boliviana incluiría otras identidades parciales, proyectando un sentido integrador de los mestizos diversos de la Bolivia Plurinacional.

Lamentablemente, por temor a resultados “inconvenientes” nos entrampamos en fórmulas binarias, antagónicas o esencialistas engañosas, como eso de que los indígenas son la reserva moral de la humanidad.

Mestizaje, tolerancia, respeto. Cierro compartiendo el artículo 56 de la “Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación racial, la Xenofobia y las formas Conexas de Intolerancia” que “reconoce la existencia, en muchos países, de una población mestiza con diversos orígenes étnicos y raciales y su valiosa contribución a la promoción de una cultura de tolerancia y respeto”.

Este enfoque del mestizaje debiera ser el marco en el cual sostener la lucha contra el racismo y sus múltiples expresiones. Esta tarea no depende del Censo, sino de dejar de instrumentalizar discursivamente diferencias odiosas que también fluyen sutil o explícitamente en nuestra convivencia cotidiana.

(*)Erika Brockmann Q. es politóloga, exparlamentaria.

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Mestizaje y Racismo

La identidad mestiza no es plenamente accesible para muchos bolivianos que aspiran a ella.

/ 24 de julio de 2022 / 12:00

CARA Y SELLO

Comencemos por el hecho de que todos somos mestizos desde el momento en que la Colonia impuso el catolicismo europeo como religión obligatoria en el territorio. Sin embargo, una determinación conceptual como ésta no implica una identidad, ya que ésta necesariamente debe verificarse en las interrelaciones sociales.

Digamos también que la mayoría de la población se autoidentifica ya —y una proporción aún mayor podría identificarse tras una campaña mínima— como “mestiza”. Es decir que, en el campo de la autoadscripción, la propuesta de la Revolución nacional del 52 del mestizaje universal está casi realizada.

¿Dónde reside el problema, entonces? Ni la sociedad ni el espacio público admiten que una parte de los bolivianos se identifiquen como “mestizos”, así que los sigue designando y tratando como “indios” o, a lo más, como “cholos”. El reconocimiento de la identidad mestiza que declaran ciertos sectores de la población es, para decirlo en los términos del filósofo Charles Taylor, un “reconocimiento fallido”.

Bloqueo identitario. Hace poco, la reconocida escritora alteña Quya Reyna expresó públicamente esta problemática. Ella solía identificarse como “mestiza”, dijo (y así lo hizo en el Censo 2012), hasta que le hicieron saber, en medio de los conflictos políticos de 2019, que no la reconocían como tal.

Llamaremos “racismo” a este bloqueo a la autoidentificación mestiza. Éste se verifica por medio de múltiples actos de discriminación y segregación.

Por tanto, la identidad mestiza no es plenamente accesible para muchos bolivianos que aspiran a ella (hay una porción igual que no tiene tal aspiración).

Por esta razón, ya desde los años 90 en Bolivia se decidió sustituir este proyecto universalizante y homogeneizador del mestizaje, que había fracasado, por otras políticas que facilitaran un efectivo reconocimiento de todos los sectores poblacionales.

Marcadores del mestizaje. ¿Qué falla en el reconocimiento mestizo en Bolivia? Que exige a los aspirantes a esta identidad no ser indios. Dicho de otra manera, no permite que sean plenos mestizos quienes cuentan con marcadores tales como un color oscuro de piel, una apariencia corporal determinada, una lengua nativa; ni quienes laboran en actividades humildes y físicas.

En cambio, los marcadores que sí se consideran propios del mestizaje son los opuestos, en particular el manejo del castellano. Esto se debe a que aquí, históricamente, el mestizaje ha sido un medio de blanqueamiento biológico y cultural. A su vez, esto se debe a que la Colonia impuso la superioridad absoluta y extendida de lo blanco sobre lo indio.

¿Cómo se verifica el no reconocimiento? En la vida cotidiana y en la esfera pública no se trata ni acepta de la misma manera a quienes poseen los marcadores indígenas y se objeta que se autodesignen como “mestizos”, en caso de que lo hagan. En cambio, se intenta “reindigenizarlos”, como nos contó Quya que le había sucedido.

Mestizaje = blanquearse. Para lograr el ambicionado reconocimiento, los aspirantes a mestizos están obligados a abandonar sus marcadores indígenas (como su dominio de las lenguas nativas, su ruralidad, su vestimenta de “cholas” y “cholos”, sus barrios populares en las urbes) y, en un plazo de generaciones, adquirir los requisitos que la sociedad les exige para reconocerlos como mestizos. Este proceso se llama “blanqueamiento” y su resultado es un orden étnico-racial policromático, con muchísimas categorías diferentes a lo largo de una escala étnico-racial que tiene lo indio abajo y lo blanco arriba.

Pero ésta no es una transformación inocente. Al contrario, es racista porque establece la primacía de la “blanquitud” (que no debe entenderse solamente en sentido biológico, sino como la suma de un fenotipo, un idioma y una cultura eurocentrista). Y es racista porque solo concede una blanquitud de segunda, es decir, un reconocimiento con desventajas de larga duración para los “blanqueados” respecto de los mestizos tradicionales.

Reconocimiento plurinacional. Para evitar el reconocimiento fallido del mestizaje, que se debe al carácter monocultural y blanco-centrista del mestizaje boliviano, desde los 90 se han propuesto medios de reconocimiento LA RAZÓN e6 La Paz, domingo 24 de julio de 2022 multicultural y multirracial. Éstos han cuajado finalmente en el Estado Plurinacional, que reconoce a los indígenas como tales indígenas y no como mestizos inviables (como todo reconocimiento, éste también transforma a quienes hace visibles, pero no exige a éstos que se blanqueen). Este reconocimiento no impide que sufran racismo en la vida cotidiana, pero revalora los marcadores indígenas de modo que dejen de ser inferiores a los marcadores blancos.

El Estado Plurinacional no ofrece a los indígenas un reconocimiento perfecto, como se encarga de señalar el indianismo, pero sí les da un mejor reconocimiento que el mestizaje universal. Por esta razón, los indígenas se han apropiado de dicho Estado, como se vio en la crisis de 2019. Esta adhesión potenció al Movimiento Al Socialismo, que es el único partido identificado con el Estado Plurinacional, pero va más allá de eso: se trata de una reacción frente al racismo implícito del proyecto de la República mestiza y la legislación “indiferente a la identidad”.

Esto no significa que quienes defienden este proyecto en contra del Estado Plurinacional sean racistas en términos personales. Sin embargo, al adoptar esta posición están contribuyendo a reproducir la estructura racista tradicional, que genera un reconocimiento fallido de los indígenas incluso cuando estos aspiran a “superar su condición india” (como señaló Quya). Y que es racista por el solo hecho de hacer necesaria esta “superación” para lograr una ciudadanía igualitaria.

(*)Fernando Molina es periodista y escritor.

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¿Qué está pasando con las monedas en el mundo?

La bolivianización de la economía está en niveles históricamente altos, refleja el poder de ahorro de la moneda nacional.

/ 24 de julio de 2022 / 11:58

SALA DE PRENSA

La caída estrepitosa del peso argentino en el mercado informal, la depreciación acelerada del peso colombiano, la histórica marca de 1.000 pesos chilenos por dólar o la casi paridad entre el billete norteamericano y el euro son algunos de los eventos recientes que reflejan la volatilidad del mercado cambiario internacional. ¿Qué está pasando con las monedas en el mundo? ¿Por qué las monedas están perdiendo valor? ¿Cuáles son los efectos de las devaluaciones? En este artículo respondo a estas interrogantes.

Las monedas de los mercados emergentes han sufrido caídas importantes en lo que va del curso del año: lira turca (-23%), forínt húngaro (-19%), zloty polaco (-16%), lei rumano (-11%) y lev búlgaro (-12%). La región sudamericana no se salva de esta tendencia. El peso argentino (- 20%), el peso chileno (-14%) y el peso colombiano (-11%) han visto caer su valor frente a la divisa norteamericana. En contraste, el sol peruano, el real brasileño y el peso uruguayo muestran mayor estabilidad.

Las divisas conocidas como “monedas fuertes”, consideradas refugio internacional, como son el yen japonés, el yuan chino, la libra esterlina inglesa y el dólar canadiense también se han depreciado. El caso más llamativo es el euro, pues el dólar ha vuelto a alcanzar a la divisa europea después de 20 años.

Ahora bien, no solamente las monedas físicas han perdido valor, sino también las monedas virtuales. El Bitcoin cayó de más de $us 60.000 en octubre de 2021 a poco más de $us 20.000, lo que significó una descapitalización del mercado del criptoactivo de cerca de 3 trillones de dólares a menos de 1 trillón.

En contrapartida, el índice dólar que mide el precio del dólar norteamericano respecto a una canasta de monedas extranjeras (euro, yen, libra, dólar canadiense, corona sueca y franco suizo) se ha valorado en alrededor de 13% en el año. El dólar de Estados Unidos se está fortaleciendo en el mundo y su ascenso está provocando una recomposición de activos internacionales a escala planetaria que ha derivado en una mayor volatilidad cambiaria y pérdida de valor de las otras monedas.

La excesiva especulación del tipo de cambio daña la confianza de los agentes y entrega señales equívocas de asignación de precios. Es por eso que, ante la intensa volatilidad de los tipos de cambio, los bancos centrales, particularmente en los países que administran su política cambiaria mediante regímenes flexibles, se han visto obligados a intervenir sus mercados de divisas para reducir la especulación de sus monedas.

La pérdida de valor de las monedas frente al dólar obedece a distintos factores. Entre los comunes a todas ellas se encuentra la subida abrupta de la tasa de política monetaria de la Reserva Federal de Estados Unidos, conocida como la FED, que en junio incrementó en 0,75% el costo del dinero, el mayor incremento desde 1994. Los miedos de que la inflación en Estados Unidos pueda salirse de control ha exacerbado la respuesta de la política monetaria. A este evento se debe sumar el potencial riesgo de recesión de la economía estadounidense que ha sido pronosticado por organismos internacionales para 2023. Una señal de mercado de esta posible crisis se ve reflejada en la inversión de tasas de rendimiento de los bonos americanos entre 2 y 10 años.

Estas noticias han provocado zozobra e intranquilidad en los mercados de capitales, donde los inversionistas tratan de protegerse de este clima adverso comprando dólares del propio país del norte y liquidando sus posiciones en otras monedas y activos.

En la región, en el comportamiento de la relación de monedas, han pesado algunos factores intrínsecos a cada país. El cambio de ministro de Economía en Argentina, la incertidumbre social respecto a la conclusión del proceso constituyente en Chile o la incertidumbre política tras el cambio de Gobierno en Colombia ha puesto intranquilos a los inversionistas locales, que han penalizado a los países de la región con mayor demanda de billetes verdes. A la incertidumbre se debe sumar el deterioro de algunos de los fundamentos que respaldan al tipo de cambio real.

Como resultado de las devaluaciones de las monedas, es muy probable que la tasa de inflación continúe en aumento. Actualmente, varios países de la región ya se encuentran próximos a las tasas de inflación galopante, en un contexto en el que las expectativas de inflación se han desanclado de las metas anunciadas por los gobiernos.

Como medida paliativa los bancos centrales de la región se encuentran subiendo tasas de interés en un intento de controlar la inflación y contribuir a la estabilidad cambiaria. No obstante, esta orientación restrictiva de la política tiene límites. El alza de tasas de interés encarece el costo del dinero o su financiamiento, reduciendo el consumo y la inversión. Se esperaría un aumento del costo del crédito y un bajón en el mercado inmobiliario. El aumento de tasas de interés puede contribuir a reducir la inflación, pero a costa de un menor crecimiento económico, e incluso llevarnos a una recesión. Por lo que los riesgos de estanflación mundial son reales.

En Bolivia, la realidad es diametralmente distinta. Bolivia ostenta una de las inflaciones más bajas del mundo. La moneda boliviana, que está unida al dólar hace más de una década, también se ha fortalecido. Esta estabilidad cambiaria depende de sobremanera del nivel de reservas internacionales que han caído en los últimos años. No obstante, se observa en meses recientes que las reservas se han estabilizado y el contexto internacional podría incluso ayudar a incrementarlas. La bolivianización de la economía se mantiene en niveles históricamente altos y es otro reflejo del poder de ahorro de la moneda nacional. En esta coyuntura bastante inhóspita para la política cambiaria, apostar por la estabilidad cambiaria parecería ser la mejor respuesta.

(*)Omar Velasco P. es economista.

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