Sunday 3 Mar 2024 | Actualizado a 11:38 AM

Mujeres bolivianas en la política

Nidya Pesantez, representante de ONU Mujeres, y la socióloga cochabambina, Maria Teresa Zegada, hablan de género, equidad y poder en Bolivia.

/ 17 de septiembre de 2023 / 07:14

La representante de ONU Mujeres en Bolivia, Nidya Pesantez, y la socióloga cochabambina, María Teresa Zegada, hablan de los desafíos de la igualdad de género en las bregas del poder.

El punto sobre la i

La presencia de la mujer boliviana en la política ha sido relevante desde siempre. Queda la memoria de Bartolina Sisa, luchando junto a su esposo Julián Apaza, Tupac Katari, durante la colonia. Juana Azurduy, liderando combates en las lides independentistas. Adela Zamudio, poeta y adelantada feminista, en cuyo honor se celebra el Día de la Mujer en Bolivia. Ignacia Zeballos, la Tabaco, enfermera y heroína por virtud propia en la Guerra del Chaco. María Barzola, mártir del sindicalismo minero. Lidia Gueiler, la primera presidenta del país. La lista es interminable.

Hoy en día, la organización de mujeres Bartolina Sisa encarna, en buena medida, el largo periplo de las reivindicaciones y luchas de las mujeres que buscan participar en la política y decidir ellas cómo es el país. Piedra sobre piedra, vida tras vida, esta es una construcción que fue, es y seguirá siendo.

Mucho hubo de avances, sin ninguna duda, en cuanto al rol y la participación de las mujeres en la política nacional. No todo son buenas noticias, porque también se observan algunos retrocesos. Conversamos sobre estos temas con la socióloga cochabambina María Teresa Zegada y con la representante de ONU Mujeres en Bolivia, Nidya Pesantez.

“Cuando uno mira el contexto internacional vemos que hemos andado un tanto de la mano con los países de la región. La primera conquista de la participación de las mujeres en las elecciones data de 1945. A veces pensamos que fue con el voto universal, luego de la Revolución de 1952, pero se logró antes, en una convención. Sólo podían participar las mujeres en elecciones municipales, esa fue la limitación. Con todo, a partir de eso ya tenemos algunas mujeres en la política. A nivel legislativo, eso se da después de 1952. Después viene todo este proceso donde, a nivel normativo, hemos dado saltos muy importantes”, dice Zegada.

En relación al último punto mencionado por la socióloga, la representante de ONU Mujeres en el país destaca que “Bolivia tiene algunos elementos bien importantes que han marcado el rumbo para el resto de América Latina. Por ejemplo, la Ley 243, aprobada en 2012, fue la primera ley para erradicar el acoso y la violencia política contra las mujeres. Después de esta ley, años después, el resto de países fueron asumiendo un marco jurídico muy similar. Algunos países hicieron también normas y otros países incluyeron el tema en sus códigos de la democracia o en sus códigos de erradicación de la violencia contra las mujeres. Pero, quien marcó la ruta fue Bolivia y fueron las mujeres bolivianas”.

Pesantez afirma que “hay un agradecimiento de la región y del mundo para América Latina, para Bolivia y para el movimiento de mujeres de Bolivia que fue quien puso el tema en mesa y que después del Estado lo tomó. Eso permitió, por otro lado, el mandato de la paridad y de la interculturalidad en la democracia, que está en la Constitución Política del Estado”.

Ahora bien, ¿hasta qué punto lo normativo se llega a moldear la realidad concreta? Sí, se tiene una importante participación de las mujeres en la Asamblea Legislativa plurinacional. Zegada señala que “a nivel de candidaturas en los legislativos departamentales casi el 50% son mujeres, a nivel de consejos municipales también, aunque han accedido un menos. Se diría que a nivel legislativo nacional y subnacional, hemos logrado el objetivo. Donde se pone complicado el asunto, quizás sea más la realidad, porque no hay la obligatoriedad de una ley, es a nivel de los cargos ejecutivos. Por ejemplo, para ser gobernador o gobernadora, el año 2021, apenas el 8% de las candidaturas fueron mujeres. Ninguna ha llegó al cargo. En las alcaldías, solo un 14% de los candidatos a ejecutivos han sido mujeres y las que han llegado son aún menos. Entonces, ahí se revela en buena medida el lugar donde está la mujer todavía en términos de apoyo electoral y también de selección, o sea, de cómo no las priorizan para llevarlas en las candidaturas, sino en fórmulas, a veces combinadas, acompañando un varón”.

Quizás es bastante decidor el hecho de que necesitemos leyes para obligarnos, como sociedad, a garantizar el lugar equitativo que es propio para las mujeres. Más aún, quizás las leyes no sean por sí suficientes. “Hay problemas muy serios en el momento del ejercicio, de la función. Justo por eso se aprobó esta famosa ley contra el acoso político que, de alguna manera, ha intentado resolver este tema.

Tenemos la ley 243, Contra el Acoso y Violencia Política hacia las Mujeres, y la 348, que es la Ley Integral para Garantizar a las Mujeres una Vida libre de Violencia. Ambas amparan a la mujer en el ejercicio, pero hay muchos estudios que muestran que las concejalas, por ejemplo, sobre todo del área rural, son objeto permanentemente de discriminación, de rechazo por sus pares varones”, explica Zegada.

“Todavía hay mucho camino por andar. No se trata solamente de tener la ley, sino ver qué está pasando detrás de su aplicación”, añade.

Por su parte, Pesantez considera que “si fuera sólo el Senado, Bolivia se lleva la medalla de oro porque tiene 20 mujeres y 16 varones, pero en el resto no pasa eso. No pasa lo mismo con los cargos de elección que son unipersonales. Ahí sí Bolivia ya tiene una caída muy grande. Por ejemplo, en el caso de las alcaldías, Bolivia es el país número 24 de 29 países en cuanto a participación de mujeres. Eso da cuenta de que algo está pasando, pero no solamente en alcaldías. Cuando hablamos de los gabinetes, Bolivia también está bastante atrás. Está en el puesto 28 de 39 países iberoamericanos que han reportado su información. Entonces, también tenemos 27 países que tienen muchas más mujeres en sus gabinetes”.

La titular de ONU Mujeres prosigue indicando que “hay dos elementos que son claves para garantizar los derechos políticos de las mujeres y para que estos además tengan un impacto en la sociedad. El primero es el número. Necesitamos que haya más mujeres, porque mientras más mujeres existan, hay más posibilidades de generar una masa crítica. Y ahí viene toda la discusión de qué mujeres deben llegar. Así como deben llegar las mujeres más probas, deben llegar los hombres más probos. Si una persona sale de la pobreza, eso ayuda a que el entorno salga de la pobreza porque genera movilidad económica. Lo mismo pasa en la política. Si una mujer ejerce su derecho, tenemos para empezar nuevos modelos, nuevas figuras en la política que ayudan a nuestros niños y a nuestras niñas a tener una visión más clara de la vida que está hecha de por lo menos estas dos partes, hombres y mujeres en toda su diversidad. El otro elemento es si esas mujeres que llegan a los espacios de poder, además llegan con una agenda clara de igualdad de género, en el caso de Bolivia, con una idea clara de la despatriarcalización de la sociedad. Entonces impactamos positivamente, porque la toma de decisiones en la política pública, la definición de los presupuestos, las prioridades del gobierno cambiarían también su eje”.

Ahora bien, las más de las veces lo que se idealiza encuentra sus límites al cotejarse con la dureza de las realidades fácticas. La socióloga cochabambina ilustra este punto cuando recuerda que “una vez, en un trabajo que hice sobre organizaciones sociales y la participación de la mujer, ellas nos decían que existe algo así como una triple jornada que deben enfrentar si quieren hacer política. Primero, deben cumplir con las labores domésticas, que eso es inexcusable en su medio cultural. Segundo, tiene que trabajar, porque hay mujeres comerciantes, agricultoras, que están igual en la labor de aportar a la familia. Así, involucrarse en política sería una triple jornada. Si se dedicaran a formarse políticamente o ser dirigentes en alguna organización social o política, es mucha carga, porque no pueden dispensarlas o dispensarse a sí mismas de sus otras obligaciones. Es muy complicado. Además, están sometidas a esta cultura del acoso, de la descalificación, de la instrumentalización de las mujeres, que se hace en las propias organizaciones. Esta idea de que ellas, si están interviniendo en política, deben ser divorciadas o incluso insinuando que son marimacho. Hay un lenguaje muy discriminador, muy complejo, con el que las mujeres todavía tienen que lidiar si es que participan en estos ámbitos”.

Con todo lo vivido a cuestas, cabe preguntarse por los aprendizajes alcanzados y por dónde trascurre la cuestión en las organizaciones. “Las mujeres siempre han estado muy metidas en la lucha social, pero invisibilizadas porque estaban junto con los varones en las luchas mineras, campesinas y otras. Ellas estaban a la par que los hombres en la brega, como María Barzola y otras que han dado su vida también, pero nunca han tenido un espacio. Entonces surgen las Bartolinas. Ellas decían que formaron su organización porque si están en la de varones no son escuchadas. Siempre somos, decían ellas, portaestandartes u ocupamos las secretarías más domésticas, casi tenemos que cocinar para ellos. Así, crean sus organizaciones de mujeres para darse un lugar. Y eso ha funcionado, porque de pronto, como organización, las Bartolinas están al frente, buscando y encontrando su propio espacio, generando sus propias demandas, etcétera. Hay algo muy parecido en el caso del oriente, donde, por ejemplo, está la Confederación de Pueblo Indígenas de Bolivia (CIDOB), pero las mujeres han tenido que crear también propia organización, la Confederación Nacional de Mujeres Indígenas de Bolivia (CNAMIB). Sentían que, dentro de la CIDOB, si bien aportaban, estaban ahí, pero no tenían una propia voz, ni podían ser escuchadas. Desde su propia organización es que han logrado, de alguna manera, hacerse de espacios, En el ámbito urbano se repite. Por ejemplo, con las mujeres constructoras, es un escenario increíble. Son mujeres muy valientes, que se desempeñ a n como albañiles. Ellas decían, cuando teníamos organización de trabajadores constructores, siempre éramos como invisibilizadas por los hombres y además replegadas a muchos trabajos que no estábamos a la par. Fue cuando crearon su sindicato de trabajadoras de la construcción que lograron apoyo de ONG’s, cursos de formación y muchas cosas que no lograban desde la otra organización”.

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Al levantar la mirada hacia el horizonte, es razonable preguntarse qué viene después de las leyes, de las formas actuales de las organizaciones de mujeres. Cómo sigue el camino por delante. Pesantez señala que entre los desafíos pendientes hacia 2050 “lo más fuerte es generar cambios en el corazón del patriarcado. Estos se expresan en dos elementos básicos. Uno, el tiempo de las mujeres. Las mujeres no son dueñas de su tiempo. Las mujeres trabajan fuera de casa, dentro de casa, trabajan en la comunidad. trabajan en el barrio, todo el tiempo están haciendo cosas para que sus hijos, sus hijas, su esposo, su padre, su madre, su suegra, estén bien. Cuidan a los enfermos, cuidan a las personas, a los adultos mayores, en fin. Todo esto hace que las mujeres tengan menos posibilidades de formarse, especializarse, aceptar cargos de promoción. Muchas mujeres prefieren no aceptar promoción en sus puestos de trabajo porque esa promoción implica más horas de trabajo dentro de las oficinas, sean estas públicas o privadas, y las mujeres no pueden darse ese lujo, entre comillas, porque tienen toda una responsabilidad en casa que no ha sido compartida, no ha sido dividida, redistribuida dentro de las personas que forman el hogar”.

El segundo reto que observa la representante de ONU Mujeres “tiene que ver con él la subordinación del cuerpo de las mujeres. Ahí está la violencia, la violencia física, la violencia psicológica, la violencia sexual, todos los tipos de violencia. Es decir, el poder sobre el cuerpo de las mujeres, la imposibilidad de que las mujeres puedan decidir el número de hijos que quisieran tener, la imposibilidad de que las mujeres tengan acceso a salud, a salud especializada para las mujeres, porque evidentemente mujeres y hombres somos diferentes, pero esa diferencia no puede ser pretexto para la desigualdad en el acceso y el ejercicio de derechos”.

“El tiempo de las mujeres debe ser un tiempo que se redistribuya para que las ellas tengan posibilidades de mejora y así mejorar su entorno; y el cuerpo de las mujeres, para que estén sanas y puedan decidir sobre su cuerpo, su vida”, concluye Pesantez.

 (*)Pablo Deheza es editor de Animal Político

La degradación del debate político

Reymi Ferreira y Luis Claros dan sus perspectivas sobre el vaciamiento argumentativo de la clase dirigente y el reemplazo de la palabra por los puños.

La degradación del debate político

Por Pablo Deheza

/ 3 de marzo de 2024 / 07:00

El punto sobre la i

Karl Marx decía que las cosas aparecen en la historia primero como tragedia y luego como farsa. Esta última semana, los “padres de la patria”, congregados en la Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP), por lo visto han optado por darle una vuelta al precepto planteado por el economista y filósofo alemán: comenzaron zapateando el piso, farsanteando como en un encuentro de tinku, y acabaron empujando la disputa política hacia una resolución que pudo ser dramática para el país. Con ánimo de hacerse daño entre ellos, los diputados estaban poniendo en riesgo una serie de créditos necesarios para diversos proyectos.

Con todo, el lamentable espectáculo que brindaron los parlamentarios, transmitido en vivo para el país y el mundo, no comenzó ayer ni tiene visos de acabar mañana. Las cosas ya venían mal desde mucho antes, con la discusión cada vez más reducida a consignas binarias. El conflicto interno al interior del oficialismo nacional acabó por borrar los últimos resabios de mesura. Hoy es el tiempo de los tambores tribales, de la pelea torpe y desnuda, de la fantochada.

Pero, entonces, ¿por qué? ¿Qué está pasando con la clase política nacional para que se muestre tan alegremente atrevida y soez? Conversamos al respecto con el abogado y exministro Reymi Ferreira, también con el economista y filósofo Luis Claros.

El primer punto a considerar es el rol de los intelectuales en los procesos políticos y en la explicación crítica del devenir histórico. Esto es algo cada vez más disminuido en Bolivia. Lejos estamos de aquellos tiempos intensos en que grupos de reflexión, como Comuna o Santa Cruz Somos Todos, proponían ideas.

En criterio de Luis Claros, “una de las funciones que tienen los intelectuales, sobre todo en el terreno teórico, político y social, tiene que ser la complejización. Si hay un lujo que no se pueden dar los intelectuales y que, lastimosamente, a veces se dan, es la simplificación. Tenemos una larga tradición teórica que tiende a simplificar de manera polar la realidad política, a pensar en términos antagónicos. Aquello tiende a simplificar las típicas narrativas bien versus mal, salvación versus infierno, etcétera. Lo que hacen justamente es simplificar de manera sustancial procesos mucho más complejos. El intelectual es más bien quien, lejos de acelerarse y sumarse esas simplificaciones que usualmente provienen del discurso político, tiene que meter pausa, poner frenos, tiene que tratar de dar un panorama más amplio, pero justamente lleno de matices y dar cuenta de las sutilezas y de las contingencias en la realidad mediante las cuales articulamos sentido socialmente”.

Dibujo Libre

Por su parte, Reymi Ferreira sostiene que “los intelectuales en una organización política es lo que hace la diferencia entre un partido político y una banda de camorreros, una banda de boxeadores, porque son los que finalmente plantean la idea y la acción programática de cualquier organización política. Si no serían el apenas un grupo aglutinado en torno a la búsqueda del control y del poder político, sin sentido y sin una razón, Y eso no importa de qué bando se trate, del partido, ya sea de vocación revolucionaria, de izquierda o derecha. No es posible pensar que no haya componentes intelectuales en las expresiones políticas. Incluso en las dictaduras más feroces contaron con gente, a la que de todos modos vamos a llamar intelectuales, que trabajaban los decretos, planteaban el discurso, les escriban los mensajes a los generales. También hemos tenido épocas de oro en el Parlamento, con diputados como Marcelo Quiroga, José Fellman Velarde, Guillermo Bedregal y otros. Era gente con aportes, que podían al mismo tiempo que plantear un programa político, plantear una interpelación. Y eso creo que notoriamente está ausente en esta legislatura. No hablo de un partido en particular, hablo de lo general. Me parece que el requisito para estar en la Cámara Legislativa hoy es saber pelear bien. Son personas que pelean, se boxean, insultan. Bueno, ese es el nivel al que estamos llegando. Es un nivel de desorientación. Creo que parte de la crisis que estamos viviendo en este periodo del proceso del Estado plurinacional”.

Devenir

Ahora bien, las cosas en política siempre tienen una historia. El economista y filósofo hace un recorrido sobre la evolución del debate en los últimos años hasta llegar al presente.

“Hubo una suerte de ciclo ascendente en la labor intelectual diversificada, sobre todo en lo que llega a principios del siglo XXI, durante la primera década y todo lo que tiene que ver con el proceso constituyente. Está motivada porque es un periodo de producción y de contraposición de proyectos. Estamos hablando de proyectos sociales sustanciales. Es decir, desde la impugnación, por ejemplo, concentrada claramente hacia las formas de democracia liberal que, más que generar democracia, terminaban reduciendo los escenarios y los movimientos de democratización. Hay una impugnación y hay el intento de producir, de pensar o de alimentar y brindar espacios a otras formas de construcción democrática. En ese sentido, van a haber varios frentes, que ya estaban presentes, pero van a tener más espacios. Por ejemplo, cierta reactivación un poco más tardía del movimiento de los pensadores indianistas. Lo que vemos luego es un periodo más, ya no de producción de un nuevo orden social, que obviamente tiene uno de sus lugares en la constituyente, sino de gestión y administración del orden. Y ahí es donde empieza el declive. O sea, ya no es la producción del orden, sino la gestión de un orden ya constituido, instituido. Obviamente interpelado, debatido, lo que sea. Pero eso hace, creo, que en parte baje, digamos, el ritmo de producción intelectual y los temas del debate”, afirma Claros.

Prosigue y señala que “esto no sólo se manifiesta en los diseños o en la producción académica, también se manifiesta, como hemos podido ver, también hasta en los diseños de campaña. El MAS es un claro ejemplo, que va desde sus primeras campañas destinadas a la producción del proceso de cambio, incluyendo la terminología, la revolución democrático cultural, etcétera, hasta las últimas centradas básicamente en la preservación de los logros económicos, apuntando más a la gestión y administración del Estado. Entonces, de alguna manera, el terreno de debate bajó de intensidad y se reactivó momentáneamente con la crisis política de 2019, pero bajo formas demasiado polarizadas. Éstas, en lugar de enriquecer y volver otra vez a un momento de diversos ámbitos de interpretaciones de la realidad social, ha terminado igual, afectando el campo intelectual, el cual acaba igual, sufriendo una polarización y simplificación en su discurso. En general, diría que los intelectuales en cierto momento acompañaban una efervescencia de la discusión de un proyecto y luego hemos pasado a discusiones de baja intensidad, donde lo que está en juego es la administración del Estado, más que su refundación o reconstitución”.

Ferreira observa que, en los últimos años, “la parte violenta, la parte hormonal, es la que ha sustituido a la parte del razonamiento, que era lo que normalmente daban los profesionales en los gobiernos, en la oposición y en el oficialismo, y que se refleja también en el Órgano Legislativo y en todos los niveles, incluso en los niveles subnacionales. ¿Qué es lo que ocurre? Creo que es un tema de época, No nos olvidemos que en el momento de construcción de un proyecto alternativo ante un proyecto que decae es donde es muy útil la presencia de la clase intelectual. El esfuerzo teórico es el que debería estar trabajando a favor de la oposición hoy para presentar un proyecto alternativo, que es lo que no se ve. Entonces yo creo que por el tipo de crisis interna que tiene el MAS no estamos viendo análisis político, lo que estamos viendo es simplemente guerrilla, pugilato. Eso tampoco contribuye a la discusión. Porque no hay una crisis ideológica, en el fondo plantean ambas facciones del MAS no tiene gran diferencia. Ambos plantean mantener la presencia del Estado en la economía”.

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“Lo que ha hecho el gobierno, en su lógica, es un esfuerzo técnico por la gestión, por mantener el proyecto sobre el andamiaje ideológico, institucional y teórico que está sustentado en un modelo bastante bien fundamentado. Hay un modelo social comunitario que tiene un análisis y que encarna un programa ideológico que es la Constitución Política del Estado. Ahí se nece si t a más parte técnica, que es lo que está pasando ahora, por lo menos con una parte del oficialismo. En el caso de la oposición, que es la que deberá plantearse, el paradigma seguir, el planteamiento alternativo con análisis de la economía, de la sociedad, del Estado, es lo que no hay. Y eso hace que el tecnicismo y la fuerza sean los que terminen dominando en los últimos tres años, eso es notorio. Ha habido un profundo descenso de la calidad de la política, que al mismo tiempo es un descenso en la calidad de la gobernabilidad y un descenso de la tolerancia”, puntualiza el exministro.

Oposiciones

Ahora bien, resulta evidente que el oficialismo está atravesado por una crisis interna en la que la reflexión ha pasado a un segundo plano. Esto abre una oportunidad para sus adversarios. Claros indica que “en líneas generales, los llamados sectores de oposición todavía no han podido trascender el espacio del discursivo que el MAS ha puesto. Por lo que se ve, son discursos de reacción, en realidad. Es decir, lo que hacen es reocupar parcialmente, simplemente invirtiendo las valoraciones, los planos discursivos que el MAS ha sentado, que ha concretado y que sigue siendo el actual. Está ahí como el horizonte de sentido en el cual todavía se mueven los discursos de la oposición, pero simplemente negándolo. De ahí, por ejemplo, que en cierto momento de 2019 se planteó la negación del Estado plurinacional, lo que demuestra llanamente una incomprensión profunda del proceso que ha llevado al mismo. Su intento discursivo fue el famoso retorno a la República. Todavía tienen la labor pendiente de construir un contenido para ver si a partir de ahí pueden generar un imaginario social lo suficientemente rico e interesante, donde las diversas demandas e insatisfacciones de diversos sectores puedan inscribirse. Pero en la medida en que tengan solo un discurso de reacción, la iniciativa la va a seguir teniendo el MAS. Así sea que el MAS ahora maneje retóricamente ese discurso y ya no avance en él. No hay un trabajo de política pública sustancial sobre ese horizonte. Creo que fue el primer gobierno del MAS el que avanzó sobre ese horizonte discursivo, de 2005 al 2009, luego fue mayormente un movimiento inercial. Pero ese sigue siendo el discursivo aún no superado. Así, por un lado, tenemos al MAS, que no avanza y se mueve por inercia, y por otro lado a la oposición, que simplemente actúa por reacción, sin generar un contenido propio”.

Ferreira tiene la idea de que “estamos frente a un fatalismo, porque una parte de la oposición quiere asumir el gobierno, en función a destruir y que no funcione el modelo, sin plantear algo nuevo. No sabemos en base a qué, porque nadie sabe qué va a plantear. Muchos dicen que estamos frente a un fin de ciclo, pero el tema es que un fin de ciclo antes de que ocurra en la realidad, ocurre primero en el mundo de las ideas y lo que no hay ahí es una alternativa a lo que estamos viviendo”.

(*)Pablo Deheza es editor de Animal Político

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Democracia a golpes

El antagonismo debe ser aplacado a tiempo, antes de llegar a mayores.

Los bochornos durante la sesión legislativa

Por Susana Bejarano

/ 3 de marzo de 2024 / 06:54

Dibujo Libre

El comunicador político argentino, Mario Riorda, publicó en su cuenta de X unos datos muy interesantes relativos a la devaluación del debate público. Los datos los extrajo del artículo en inglés “Examen de las tendencias de largo plazo en la política y la cultura a través del lenguaje de los líderes políticos y las instituciones culturales”, de Kayla Jordan et al. Este documento analiza textos políticos, discursos e intervenciones en las cámaras de todos los presidentes de Estados Unidos, Reino Unido, Canadá y Australia, así como dos millones de artículos del New York Times, 5.400 libros, los subtítulos de 12.000 películas y las trascripciones de 20 años de la CNN, entre los años 1800 y 2000. Como resultado, el estudio llega a la conclusión de que en los últimos dos siglos hay un “decrecimiento promedio del pensamiento analítico (capacidad argumental coherente) y una caída estrepitosa de este tipo de pensamiento en los debates políticos”.

No hay que ir tan lejos para saber que el debate público, los ataques sin argumentos, con descalificaciones personales, son el pan de cada día en la esfera pública mundial y, asimismo, en la boliviana. Esta semana, la cámara de Diputados dio nuevamente la nota con dos peleas campales en torno a la definición del orden del día de una importante sesión. El bochorno fue tal que hasta medios internacionales cubrieron lo que pasó. Vimos a diputados y diputadas cumplir tareas específicas, como tomar la testera, cuidarla, empujar, jalonear, escupir, exponer técnicas de box, hacer reclamos acalorados por el refrigerio… Para alimentar aún más el show, los diputados sacaron sus cámaras y filmaron episodios específicos para documentar quién era más bárbaro. Estos “representantes” han perdido tanto el respeto al país como se lo han perdido a ellos mismos. Puesto que las bancadas de las tres fuerzas políticas con representación parlamentaria están divididas, la lluvia de insultos y golpes no solo se produjo entre adversarios conocidos, sino también entre excompañeros y examigos, lo que volvió todo aún más absurdo y triste.

Hoy no falta quien se desgarre las vestiduras por lo sucedido en la Asamblea Legislativa, sin pensar que no fue un rayo en cielo sereno, sino la continuación de las borrascas que sacuden el debate político boliviano en los medios tradicionales y las redes. Es cierto que estos espacios, por ser virtuales, no permiten un ejercicio de la violencia física. En cambio, ¡qué despliegue de violencia verbal y psicológica al que dan lugar!

Hemos llegado a un punto de la polarización alimentada por estos nuevos medios de comunicación y que se expresa en la debacle del razonamiento analítico de la que alerta Riorda, que los políticos democráticos hoy temen llegar a acuerdos y ser vilipendiados por eso. En las últimas semanas, todas las fuerzas políticas se han acusado entre sí por haber establecido alguna negociación con el “enemigo tradicional”. Los acuerdos que se han dado hasta ahora, como el que permitió la elección de Andrónico Rodríguez en el Senado a cambio de una agenda legislativa pactada, han sido el resultado de la necesidad antes que del reconocimiento del valor del pluralismo y la cooperación políticos.

El miedo al pacto tiene razones históricas en nuestro país; el concepto remite a muchos al compadrerío que reinó en los años 90 bajo el nombre de “democracia pactada”, un tiempo en el que se confundió pluralismo con cuoteo y difuminación de las fronteras ideológicas por razones oportunistas. Luego de este periodo de corrupción y de arrogancia de los políticos profesionales, que hacían lo que les daba la gana con los ciudadanos, vivimos 13 años de hegemonía del Movimiento al Socialismo (MAS), un lapso en el que los acuerdos con los adversarios se hicieron innecesarios para quienes ostentaban el poder y en el que todas las alianzas se produjeron, por tanto, entre similares (fracciones internas del MAS o articulaciones opositoras). Este largo periodo de hegemonía de un solo partido, completamente extraordinario en la historia del país, bloqueó la capacidad del sistema político para tramitar desavenencias y conflictos por medio de pactos y dio origen a la polarización MASantiMAS, que hoy continúa y explica el temor de varios actores a trabajar de forma pactada junto con sus adversarios.

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Pues bien, nadie que tenga sentido de la realidad puede llegar a creer que el bipartidismo MAS-antiMAS, asimétrico por el mayor peso del primero respecto del segundo, volverá en el corto plazo y reordenará el campo político. El MAS ha perdido los dos tercios por razones que no parece sencillo revertir dentro de las actuales circunstancias. Los políticos, por tanto, están llamados a encontrar otro modo de adaptarse a la realidad actual del país y el mundo. Su principal misión, la que les da sentido, es asegurar un orden político más o menos factible, sin hegemonía. Puesto que el MAS ya no puede garantizar estabilidad política, el nuevo orden político solo puede ser el resultado de un tiempo de transición en el que emerja un pluralismo radical (lo explicaré enseguida).

La sociedad esta ideológicamente polarizada en todo el mundo. La lucha ideológica entre los polos no es puramente racional; se sustenta siempre en un elemento de tipo emocional, con el que las masas se identifican. Como dice Chantal Mouffe, toda ideología es una pregunta sobre quiénes son ellos y quiénes somos nosotros. Esto tiende a formar identidades que chocan entre sí y que pueden terminar declarándose la guerra. Mouffe y su pareja, el desaparecido Ernesto Laclau, creen que esta tendencia es peligrosa e inaceptable dentro de una “democracia radical”. Por tanto, deben atenuarse por medio de un pluralismo también radical. Estos autores repudian la tendencia liberal a reprimir el carácter antagónico de la lucha política, pero al mismo tiempo creen que el antagonismo no debe convertirse en guerra civil. La clave reguladora es la conciencia de la comunidad.

Este “pluralismo radical” es un proyecto antes que una realidad, pero, en mi opinión, sirve de referente de la transformación a la que debemos propender. Los pactos de nuestro tiempo no deben hacerse para lograr la exclusión del pueblo o buscar beneficios personales. Deben tener como norte el atemperar la violencia implícita en la lucha política, al mismo tiempo que reconocen el carácter permanente e irreductible de la lucha de clases.

Puesto que formamos una sola comunidad, declaramos que no nos haremos la guerra, aunque esto no impida que nos enzarcemos en disputas ideológicas. En este marco, los pactos no comprometen a nadie, no mancillan ninguna bandera. Son la última posibilidad para evitar la guerra como la política por otros medios.

 (*)Susana Bejarano es politóloga

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Diez medidas para estabilizar el mercado cambiario

El autor establece un diagnóstico sobre la escasez de dólares en el país y plantea alternativas.

Un librecambista en La Paz, con dólares y bolivianos. Foto: Archivo

Por Omar Velasco Portillo

/ 3 de marzo de 2024 / 06:38

Dibujo Libre

El país atraviesa una escasez gradual de dólares y requiere de medidas urgentes. Para salir de esta situación, el sector público y privado acordaron una agenda de diez iniciativas que apuntan a corregir la balanza comercial deficitaria, garantizar el abastecimiento de combustibles al sector productivo, reducir los costos al comercio exterior y otros incentivos tributarios al sector privado nacional. El sector público parece mostrar un giro en sus relaciones con el sector privado que en el pasado reciente han estado confrontadas y se abre a los mercados.

¿Cuál es el origen de la falta de dólares? ¿Son estás políticas suficientes? ¿Es un retroceso del Estado en favor del mercado? ¿Cuál es el trasfondo e implicancias políticas de este acuerdo? Sin duda el tema de los dólares da mucho de qué hablar entre los bolivianos.

Para evaluar el alcance de estas medidas hay que partir entendiendo el problema. La baja liquidez externa tiene un origen real y estructural y otro artificial e inducido. El dinero cumple tres fines esenciales en toda economía: facilitar las transacciones, atesorar riqueza y sirve para especular. La economía boliviana no necesita muchos dólares para operar con normalidad. La demanda transaccional de bolivianos que se mide por las compras internas en moneda nacional que realizan los hogares, el gobierno y las empresas en bienes nacionales, es cuatro veces más grande que la demanda de bienes importados que si requiere de divisas. Los ciudadanos tampoco utilizan dólares para ahorrar, al menos los que lo hacen a través del sistema financiero. Por cada nueve bolivianos que están depositados en la banca, hay uno en moneda extranjera.

Si la demanda extraordinaria de dólares por motivo transaccional se mide por el exceso de importaciones sobre exportaciones -es decir- el déficit comercial, la pérdida de reservas internacionales (RIN) durante 2023 debió ser de $us 585 millones. En su lugar, los activos externos del país sufrieron una caída de $us 2.000 millones ¿dónde fue a parar el resto de dólares? La economía boliviana sufrió un ataque especulativo que derivó en una sobre demanda de más de $us 1.000 millones.

La semana que termina se cumple un año de especulación con el dólar. La demanda especulativa de dólares fue desatada por algunos economistas y políticos irresponsables, entre ellos el Sr. Samuel Doria Medina, que alentaron la especulación con sus temerarias apreciaciones al señalar que el país tenía 10 días de reservas internacionales para financiar importaciones y que la economía se encontraba al borde de un colapso total (Urgente.bo, 20 de febrero de 2023). Estas agoreras, pero falsas afirmaciones ¿podrían haber influido para que una semana más tarde se comience a reportar un tipo de cambio paralelo de Bs7,10 en las cuidades de Santa Cruz y Tarija? (El Deber, 27 de febrero de 2023). Hoy quienes cuestionan la política económica abiertamente en sus redes sociales quieren eludir su corresponsabilidad en la escasez de dólares.

Como resultado, una parte de la población boliviana comenzó a estocar dólares y con sus acciones, contribuyeron de manera inconsciente a la especulación. Esta conducta es “irracional” a nivel individual y colectivo porque la población -en el afán de proteger sus activos de una potencial devaluación- compra dólares cada vez más caros e induce a una mayor pérdida de su riqueza futura expresada en moneda nacional.

Ante la inminente fragilidad externa, el gobierno comenzó a realizar concesiones al sector privado. Se levantaron las restricciones a las exportaciones agropecuarias –principalmente de soya y derivados–, se anunció agilizar la entrega de Certificado de Devolución Impositiva (CEDEIMs) y la otorgación de créditos para mejorar el rendimiento agrícola que buscan estimular las exportaciones las cuales perdieron un quinto de su valor en 2023. Ahora bien, liberación no es igual que liberalización, aunque suenen lo mismo. El levantamiento de las restricciones no les exime a exportadores a dejar de abastecer el mercado interno. Estas medidas podrían elevar las exportaciones en al menos $us 500 millones, pero para que sea efectiva se deberá completar el mecanismo que lleve a los exportadores a retornar esos dólares al país y se vendan a los bancos a un tipo de cambio razonable.

A la caída de las exportaciones, se suma una fuerte presión de compras por combustibles que absorbieron más de un cuarto de las divisas destinadas a las importaciones. Para alivianar el costo de la subvención y mejorar su entrega, se diseñó un mecanismo de asignación mediante subastas de lotes de diésel para grandes consumidores como empresas agroindustriales y mineras. Esta política se justifica en la medida que la subvención debe beneficiar a los hogares de menores ingresos y no a grupos económicos adinerados. Además, estos sectores al ser exportadores cuentan con divisas para realizar sus propias compras directas cuyo número de usuarios se pretende ampliar y agilizar los procesos de internación de combustible para quienes opten por esta vía. Ello podría implicar un ahorro fiscal de cerca de $us 150 millones.

Para algunos economistas neoliberales el déficit fiscal es la causa principal de la caída de las reservas, sin comprender la composición del gasto público. La mayor parte del gasto estatal se realiza en bienes no transables, es decir, que no requieren de divisas. Un recorte abrupto del gasto fiscal no revertiría el descenso de las reservas internacionales, sino que nos orillaría a una recesión económica. El sector público debe ajustar sus cuentas, pero lo debe hacer para corregir su desequilibrio comercial más no el déficit fiscal global.

Para dinamizar el comercio exterior también se gestionará una ley que permita ampliar la capacidad de carga del transporte pesado en carretera. Ello permitirá un ahorro en costos de transporte en al menos un 20% ($us 180 millones). Sin embargo, la falta de consensos en la asamblea la vuelve poco viable a muy corto plazo.

El acuerdo también motivó la creación de un bono en dólares por el BCB -que fue lanzado esta semana- como una alternativa a los dólares físicos para que la población reduzca su demanda especulativa. El objetivo además es captar las divisas que se encuentran fuera del sistema financiero para que puedan ser reinsertadas al circuito de la economía y se destinen a quienes necesitan realizar transacciones de comercio exterior. Con el bono se espera generar cerca de $us 100 millones, pero es muy probable que se absorba mucho más.

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Para reducir la especulación cambiaria también se ha incluido la fijación de bandas a las comisiones de transferencias y giros al exterior con el fin de limitar el poder discrecional de los bancos en el cobro de comisiones. Esta disposición ya se encuentra vigente y establece que los pagos al exterior mayores a $us 1.000 tengan una comisión entre un 5% y 10% adicional. En cambio, las operaciones inferiores a ese monto gozarán del principio de gratuidad y estarán libres de erogaciones adicionales.

El conjunto de medidas generará un flujo de $us 1.000 millones adicionales que logrará contener temporalmente la escasez de dólares, mientras se gana tiempo para abordar el problema estructural de la economía que tiene que ver con la excesiva dependencia de nuestra matriz energética a los hidrocarburos y la manera de acelerar las exportaciones estatales con la industrialización. En esa línea, se incentivará a los empresarios privados a construir sus propias plantas de biodiesel de manera que puedan autoabastecerse y en caso de excedentes puedan ser vendidos en el mercado doméstico. También habrá nuevos incentivos tributarios para la importación de automóviles eléctricos y flexibles. Actualmente, los autos eléctricos están alcanzado con un IVA de importaciones de cero y exento del gravamen arancelario. Esta política podría ampliarse para autos flexibles y otros repuestos y auto partes.

Para contener la falta de dólares, el sector público está cediendo su iniciativa productiva al sector privado, pero corre el riesgo de volverse más dependiente y ser desplazado en algún momento.

 (*)Omar Velasco Portillo es economista

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México y Bolivia: Una relación de identidades comunes

Una mirada a la relación entre ambos países a partir de la memoria histórica y puntos de interés mutuo.

Presidentes Luis Arce y Andrés Manuel López Obrador en Ciudad de México marzo de 2021

Por Eduardo Sosa Cuevas

/ 3 de marzo de 2024 / 06:15

Dibujo Libre

Mi familia y yo hemos arribado a Bolivia coincidiendo con la Semana del Carnaval, tradición centenaria en este país y festividad nacional como sucede en diversas culturas latinoamericanas que sustentan su identidad sincrética en herencias precolombinas y coloniales.

Estas fiestas son botón de muestra que permite comprender el porqué del buen entendimiento que caracteriza a las relaciones entre México y Bolivia, cimentada en costumbres y tradiciones milenarias de los dos países más pluriétnicos en América Latina.

Al igual que México, la diversidad étnica boliviana se conforma a partir de una amplia gama de identidades, costumbres y riquezas culturales que no tiene símil en el Continente, lo que implica un puente natural de entendimiento y cooperación, vía de reconocimiento e intercambio a nivel social.

La ubicación geográfica del Estado Plurinacional boliviano en el centro de América del Sur le configura como un país con permanente interacción ante un importante número de naciones como Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Perú. Por su orografía y geografía, Bolivia es centro de recursos minerales y productos básicos de especial relevancia para la economía global del siglo XXI. Esta circunstancia destaca al considerar el cumplimiento de la agenda 2030 y el interés de avanzar en esquemas de integración regional. Ante ello, es un socio de México en diversos foros del ámbito multilateral.

Desde 2006 la Nación boliviana ha venido transformándose profundamente, cuestión a la que no escapa su relacionamiento exterior. La visión indigenista para el diseño e instrumentación de políticas públicas es un modelo singular e interesante para conocer y explorar vías de colaboración en beneficio de sectores de la población tradicionalmente menos favorecida. Derivado de estas particularidades, Bolivia es un país con el que México tiene importantes espacios para fortalecer su relación a nivel regional.

No podemos soslayar que los sucesos políticos de noviembre de 2019 en Bolivia y el papel central que México desempeñó en esa coyuntura tuvieron como resultado que el diálogo bilateral se encuentre en altísimo nivel, quizá como nunca en la historia de nuestras relaciones.

A partir de esta circunstancia, estoy convencido de que existe una agenda amplia y robusta para construir una relación estratégica entre México y Bolivia. Como muestra están, además de su plurietnicidad, la vocación progresista en América Latina; un modelo singular de crecimiento económico; el establecimiento de políticas públicas consistentes con los Objetivos de Desarrollo Sostenible; el desarrollo prioritario del sector mineral (reserva energética fundamental del siglo XXI); nuestras coincidencias en temas de la agenda multilateral y, sobre todo, el hecho de ser dos Naciones con importante riqueza cultural.

Bajo esta agenda la Embajada de México orienta sus trabajos en Bolivia, enriqueciéndose además del concurso de diversos actores relevantes. De ahí, el interés en ampliar el intercambio en el ámbito parlamentario con especial atención en temas como el desarrollo e inclusión social y pueblos originarios, considerando la diversidad étnica de ambos países y su representación en las cámaras legislativas.

México y Bolivia tienen las condiciones para dar forma a una agenda económica regional creada a partir de las características propias de nuestras dos naciones. En ese mismo tenor existen espacios de convergencia para fortalecer nuestro conocimiento mutuo que parte del patrimonio cultural de ambos países y de las identidades que compartimos como pueblos igualmente mestizos. Ahí está el Carnaval de Oruro, la riqueza del Barroco que predomina en las ciudades patrimonio de Sucre y el Potosí y, por supuesto, en el importante acervo que surge a partir de la lengua, vector singular para dar forma a excepcionales expresiones musicales y literarias.

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Bolivia, es un país que al igual que México cuenta con una importante diáspora, asentada en Argentina, Brasil, Chile, Estados Unidos y España. Son comunidades que contribuyen a la economía nacional pero que a semejanza de la nuestra están sentando las bases de una nueva identidad bicultural, fenómeno del cual compartimos puntos de interés y convergencia.

Y al igual que gran parte de las naciones en América del Sur, Bolivia se ha enfrentado al fenómeno del exilio, lo que denota una historia nacional de trascendentes cambios políticos. El importante papel que México tiene en ese capítulo con las sociedades sudamericanas no escapa a Bolivia por lo que es este un tema de particular relevancia en nuestras relaciones con mujeres y hombres de este país. Es dable, pues, recuperar la memoria histórica del exilio boliviano en México y las aportaciones para la relación bilateral.

Finalmente, quiero subrayar el aspecto académico. La relación entre México y Bolivia en este tema es de amplia data, a través de programas de intercambio, cooperación, becas e investigación conjunta. Con Bolivia, existen amplias oportunidades para profundizar nuestros intercambios en sectores académicos como Ingeniería minera, Antropología, Desarrollo Social (políticas públicas), Economía comunitaria, Medicina tradicional y Economía de los camélidos Bajo este contexto la Embajada de México en Bolivia ejecuta su plan de trabajo. Una ruta de acción cuyo fin principal es profundizar una relación de solidaridad que ha distinguido a dos naciones que desde sus albores han debido afrontar retos y desafíos comunes.

(*)Eduardo Sosa Cuevas es embajador de México en Bolivia

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Multipolaridad y fragmentación

Las placas tectónicas del mundo están en movimiento y va emergiendo un nuevo orden posterior al del momento unipolar.

El futuro es conflictivo, distópico, incierto

/ 25 de febrero de 2024 / 06:59

El punto sobre la i

La llegada de Donald Trump al poder en Estados Unidos el 20 enero de 2017, dejaba en claro que había cosas que estaban cambiando, no sólo en la potencia del norte, sino en el mundo. El millonario del jopo rubio se las arregló para derrotar en el camino tanto a demócratas y republicanos de viejo cuño, proponiendo una política centrada en asuntos domésticos y que se aleje de conflictos en otras latitudes.

Previamente, el 23 de junio de 2016, en el Reino Unido pasaba lo inimaginable: ganaba el Brexit, la salida bretona de la Unión Europea, en un referéndum cuyas consecuencias continúan dividiendo a esa sociedad cada vez más.

Las placas tectónicas en las que se asentaba el orden mundial del momento unipolar ya mostraban en ese entonces evidentes señales de desgaste. La llegada de la pandemia del Covid- 19 en un principio hizo que estas cuestiones pasen a un segundo plano. Sin embargo, luego acabaría por confirmar que las aguas ya no seguían el viejo curso establecido luego de la caída del muro de Berlín. Las guerras en Ucrania y Oriente Medio están acelerando la comprensión del tamaño colosal de los cambios en marcha. El orbe dominado por una única superpotencia se ha diluido y lo que va quedando es un escenario fragmentado y en reordenamiento, en la medida en que nuevos bloques de países, con un nuevo conjunto de acuerdos e instituciones, va surgiendo.

El profesor estadounidense de relaciones internacionales, John Mearsheimer, de la Universidad de Chicago, sostiene que “la caída del orden internacional liberal horroriza a las élites occidentales que lo construyeron y que se han beneficiado de él de muchas maneras. Estas élites creen fervientemente que este orden fue y sigue siendo una fuerza importante para promover la paz y la prosperidad en todo el mundo. Muchos de ellos culpan al presidente Donald Trump por su desaparición. Después de todo, expresó desprecio por el orden liberal cuando hizo campaña para presidente en 2016. Sin embargo, sería un error pensar que el orden internacional liberal está en problemas únicamente por la retórica o las políticas de Trump. De hecho, están en juego problemas más fundamentales, que explican por qué Trump pudo desafiar con éxito un orden que goza de apoyo casi universal entre las élites de la política exterior de Occidente”.

Liberalismo

Ahora bien, es necesario ir precisando qué es el orden liberal. Siguiendo con Mearsheimer, “Estados Unidos ha liderado dos órdenes diferentes desde la Segunda Guerra Mundial. El orden de la Guerra Fría, al que a veces se hace referencia erróneamente como ‘orden internacional liberal’, no era ni liberal ni internacional. Era un orden acotado que se limitaba principalmente a Occidente y era realista en todas sus dimensiones clave. Tenía ciertas características que también eran consistentes con un orden liberal, pero esos atributos se basaban en una lógica realista. El orden posterior a la Guerra Fría liderado por Estados Unidos, por otro lado, es liberal e internacional y, por lo tanto, difiere en aspectos fundamentales del orden acotado que Estados Unidos dominó durante la Guerra Fría”.

Aquí entra Francis Fukuyama. En su libro El Fin de la Historia y el Último Hombre (1992), este politólogo estadounidense postula que, la caída del comunismo y la disolución de la Unión Soviética marcaron el fin de las grandes ideologías políticas y el triunfo definitivo de la democracia liberal como el sistema político más deseable y efectivo. Entonces, Estados Unidos, al erigirse como la única superpotencia dominante tiene la oportunidad única de moldear el orden internacional de acuerdo con sus valores e intereses.

Fukuyama argumenta también que el individuo liberal democrático, al satisfacer sus necesidades materiales y políticas básicas, carece de grandes aspiraciones trascendentales y se conforma con una vida cómoda pero relativamente superficial. Esto plantea desafíos en términos de cómo mantener la vitalidad y la creatividad en sociedades que pueden volverse complacientes y conformistas.

A partir de entonces, lo que queda es acomodarse a vivir bajo los cánones de la democracia liberal y a procurar expandir este orden a aquellos países que aún no tienen la “suerte” de haberlo adoptado ya. Este es, de manera muy sintética, el planteamiento medular que subyace en el mito del orden liberal dominado por Estados Unidos después de 1989.

George Herbert Bush ilustraba esto en 1990 cuando decía que “no hay sustituto para el liderazgo estadounidense”. Ese año, el 11 de septiembre, vaya casualidad, expuso su visión ante una sesión conjunta del Congreso norteamericano. Acababa de regresar de una reunión con su par soviético, Mikhail Gorbachov, y la guerra en Kuwait había comenzado un mes antes.

“Es evidente que un dictador ya no puede contar con la confrontación Este-Oeste para obstaculizar la acción concertada de las Naciones Unidas contra la agresión. Ha comenzado una nueva asociación de naciones. Nos encontramos hoy en un momento único y extraordinario. La crisis en el Golfo Pérsico, por grave que sea, también ofrece una rara oportunidad de avanzar hacia un período histórico de cooperación. De estos tiempos turbulentos puede surgir un nuevo orden mundial: una nueva era”, dijo Bush padre in illo tempore.

Ahora bien, Mearsheimer define un orden mundial como un conjunto organizado de instituciones internacionales que ayudan a gobernar las interacciones entre los estados que lo conforman. “Pero cuando el sistema es unipolar, la ideología política del polo único también importa. Los órdenes internacionales liberales sólo pueden surgir en sistemas unipolares donde el Estado líder es una democracia liberal”, precisa el profesor de la Universidad de Chicago.

En su criterio, “el orden internacional liberal posterior a la Guerra Fría estaba condenado al colapso, porque las políticas clave en las que se basaba eran profundamente defectuosas. Difundir la democracia liberal en todo el mundo, que es de suma importancia para construir tal orden, no sólo es extremadamente difícil, sino que a menudo envenena las relaciones con otros países y a veces conduce a guerras desastrosas. El nacionalismo dentro del Estado objetivo es el principal obstáculo para la promoción de la democracia, pero la política de equilibrio de poder también funciona como una importante fuerza de bloqueo. Además, la tendencia del orden liberal a privilegiar las instituciones internacionales por encima de las consideraciones internas, así como su profundo compromiso con las fronteras porosas, si no abiertas, ha tenido efectos políticos tóxicos dentro de los propios estados liberales líderes, incluido el unipolar estadounidense. Esas políticas chocan con el nacionalismo en cuestiones clave como la soberanía y la identidad nacional. Dado que el nacionalismo es la ideología política más poderosa del planeta, invariablemente triunfa sobre el liberalismo siempre que ambos chocan, socavando así el orden en su núcleo”.

Actualidad

La guerra en Ucrania está poniendo a prueba a Occidente. Más allá de que muchos analistas consideran que se trata en realidad de una confrontación intermediada (proxy war) entre Estados Unidos y Rusia, son los países de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y los ucranianos los que están teniendo que lidiar con las consecuencias negativas. En el fondo está China, cuyas relaciones con el gobierno de Vladimir Putin no han hecho otra cosa que fortalecerse.

Las sanciones contra Rusia, principalmente por parte de la Unión Europea y Estados Unidos, no han tenido los resultados esperados. Todo lo contrario, son los países europeos los que tuvieron que verse privados de acceder al gas ruso, al que reemplazaron por el suministrado desde Estados Unidos. Esto está afectando directamente a economías como la alemana, que esta semana confirmó que pasa a estar en recesión.

Más aun, la guerra está poniendo a prueba qué tan posible es realizar la presunción liberal del momento unipolar, de expandir su hegemonía a otros países.

“Es muy importante entender que lo que pasó es que el momento unipolar quedó en el espejo retrovisor. Se fue. Ahora estamos en un mundo multipolar en el que pasamos de una gran potencia a tres grandes potencias: Estados Unidos. China y Rusia. Ahora consideramos a Rusia una gran potencia porque Vladimir Putin, desde que asumió el poder en 2000, ha resucitado a los rusos de entre los muertos. La mayoría de ustedes saben que en la década de 1990 Rusia básicamente había muerto. Putin los resucitó. Entonces, Rusia es una gran potencia y China es una gran potencia y, por supuesto, el Tío Sam es una gran potencia”, afirma Mearsheimer.

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Prosigue señalando que “la hiperglobalización, que buscaba minimizar las barreras al comercio y la inversión globales, resultó en la pérdida de empleos, la caída de los salarios y una creciente desigualdad de ingresos en todo el mundo liberal. También hizo que el sistema financiero internacional fuera menos estable, lo que provocó crisis financieras recurrentes. Esos problemas luego se transformaron en problemas políticos, erosionando aún más el apoyo al orden liberal”.

“Una economía hiperglobalizada socava el orden de otra manera: ayuda a que países distintos del unipolar se vuelvan más poderosos, lo que puede socavar la unipolaridad y poner fin al orden liberal. Esto es lo que está sucediendo con el ascenso de China, que, junto con el resurgimiento del poder ruso, ha puesto fin a la era unipolar.

El mundo multipolar emergente consistirá en un orden internacional basado en el realismo, que desempeñará un papel importante en la gestión de la economía mundial, el control de armas y el manejo de problemas de bienes comunes globales como el cambio climático. Además de este nuevo orden internacional, Estados Unidos y China liderarán órdenes acotados que competirán entre sí tanto en el ámbito económico como en el militar”, concluye el profesor de relaciones internacionales.

(*)Pablo Deheza es editor de Animal Político

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