Sunday 21 Jul 2024 | Actualizado a 15:55 PM

La consolidación de las derechas extremas en Europa

/ 16 de junio de 2024 / 06:57

Las recientes elecciones parlamentarias significaron un remezón político en Europa. El mundo está cambiando y las viejas certidumbres se van alejando.

El Punto sobre la i

El fin de semana pasado se realizaron las elecciones parlamentarias europeas, donde los partidos de la denominada extrema derecha obtuvieron importantes resultados a su favor. La presencia de estas fuerzas políticas y la tendencia que las sustenta no es nueva, ya vienen gravitando y creciendo desde la primera década del presente siglo. Lo que se ha registrado es su consolidación como actores de primer orden y que disputan con potencia el sentido común dominante.

Tal fue el remezón ocasionado por el avance de estas derechas, que inmediatamente renunció el primer ministro de Bélgica, Alexander de Croo, y el presidente francés, Emmanuel Macron, disolvió el congreso de su país para llamar a elecciones adelantadas en el Legislativo.

También hubo reveses para los partidos centristas en Alemania. El canciller Olaf Scholz vio cómo su Partido Socialdemócrata se vio obligado a ocupar el tercer lugar detrás de Alternativa para Alemania (AfD). En total, los partidos de derecha en Alemania obtuvieron más del 45% de los votos, dejando también las cosas bastante agitadas por esos cielos.

En el panorama más grande, los partidos de extrema derecha consolidaron y ampliaron su influencia en el Parlamento Europeo, aunque no tanto como temían inicialmente los centristas en el poder. Obtuvieron un tercio de los escaños en total, aunque los partidos centristas mantuvieron la mayoría.

Estas derechas no están organizadas en un frente sólido y así, no cohesionadas, su poder se diluye. Muchos de sus representantes, incluidos miembros de AfD)y el partido Fidesz del primer ministro húngaro, Viktor Orbán, no están hasta ahora afiliados a ninguna de las agrupaciones políticas más amplias en el Parlamento Europeo.

Con todo, si bien el centrismo político todavía se mantiene y resiste en Europa, la pregunta más importante en la coyuntura es si el Partido Popular Europeo (PPE), de centroderecha, el grupo más grande, eventualmente estará dispuesto a abrirse a las derechas más extremas en busca de apoyo político o eventualmente como socios de coalición. Esto es algo que los partidos centristas han rechazado anteriormente, aunque esta dinámica ya es visible en lugares como los Países Bajos. Hacer esto necesariamente implicará conciliar agendas.

DERECHAS

Así las cosas, ¿de qué se tratan estas derechas extremas? Lo primero a tener en cuenta es que estas fuerzas vienen evolucionando desde lo que fueron décadas atrás. “Los partidos de extrema derecha se han vuelto más moderados a lo largo de los años, mientras que los votantes se han radicalizado más.

En sus temas centrales, como la inmigración y la política antisistema, los partidos de extrema derecha son tan radicales como siempre y, según investigaciones, los votantes no confían menos en sus políticos y parlamentos que hace tres décadas, ni están menos satisfechos con el funcionamiento de la democracia y sus actitudes hacia la inmigración se han mantenido relativamente sin cambios. Lo que ha cambiado no son sus ideologías, sino que los partidos y los votantes se han visto empujados a abrazarse unos a otros”, explica Matthijs Rooduijn, politólogo y académico de la universidad de Amsterdam.

Prosigue señalando que “el efecto bola de nieve es una metáfora útil para comprender el creciente éxito de la extrema derecha. Es el resultado de una multitud de acontecimientos políticos, sociales, económicos y culturales que juntos han creado su impulso”.

“La globalización contribuyó al ‘realineamiento’ (nuevos posicionamientos entre votantes y partidos). Aquellos que se beneficiaron de las fronteras abiertas de Europa –los ‘ganadores de la globalización’ altamente educados– contrastaron marcadamente con aquellos que se sintieron amenazados económica y culturalmente por estos cambios. La inmigración se convirtió en un tema clave en las campañas electorales y los debates públicos, atrayendo más atención hacia los partidos de extrema derecha”.

En el fondo, hay una querella económica bastante similar a la que interpreta Donald Trump en Estados Unidos. El planteamiento de estas derechas gira en torno a que, mientras las grandes compañías se han beneficiado y se siguen beneficiando de la globalización, esto se ha producido a costa del debilitamiento de las condiciones económicas y de trabajo en los países de la eurozona.

De esto se desprenden dos elementos fundamentales. Primero, que estas derechas son nacionalistas y apelan a las masas empobrecidas para prosperar políticamente. Segundo, estos nacionalismos son críticos con la forma en que Bruselas está conduciendo las políticas de la Unión Europea. Debido a esto, estas fuerzas son también denominadas euroescépticas.

Más aun, las voces que hablan desde estos grupos, ven la guerra en Ucrania con una mirada distinta a la de los medios dominantes. Critican, por ejemplo, que luego del sabotaje en el gasoducto Nord Stream, el combustible ruso haya dejado de fluir a Europa, afectando negativamente la producción industrial, principalmente en países como Alemania.

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Esto contrasta con la posición de los denominados centristas, a quienes critican por apoyar las narrativas y decisiones que llegan desde Washington, más que a priorizar sus respectivas economías.

Éstos constituyen el gran otro político para las derechas nacionalistas y a los que se refieren como “otanistas”, entre otras cosas.

Cabe aquí recordar que el mensaje central de Trump, de hacer otra vez grande a Estados Unidos, estaba también acompañada de la posición de alejar a su país de guerras al otro lado del mundo. Claramente el expresidente no estaba interesado en una política de expandir la OTAN en Europa del Este, una iniciativa que retomó Joe Biden. Lo que tienen en común el trumpismo con las derechas europeas en cuestión es su apelación a repotenciar las economías locales, más que a ir en una cruzada mundial a favor de una determinada forma de entender la democracia. Es por esto que diversos analistas también se refieren a estas corrientes como iliberales.

No es casual entonces que a los liderazgos más belicistas y orientados a seguir los dictados de Washington les haya ido mal en estas últimas elecciones. Macron ilustra cabalmente el punto.

Entonces, si bien hay mucho de extremo y también de neonazismo en estas derechas, hay además otras cosas y otros elementos que las hacen atractivas para el electorado.

CAMBIOS

Volviendo con el politólogo Rooduijn, él observa que “en las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, los partidos de extrema derecha todavía estaban fuertemente asociados con el fascismo y el nazismo. Para volverse aceptables, estos partidos tenían que ganar legitimidad democrática. Lo hicieron adoptando el populismo como parte clave de su discurso. El populismo afirma que la voluntad del pueblo debe guiar las decisiones democráticas y que las elites corrompen este proceso. Centrarse en el populismo en lugar del fascismo proporcionó a los partidos de extrema derecha una reputación democrática y les ayudó a ganar legitimidad”.

“Los partidos de extrema derecha también intentaron modernizar su imagen rompiendo vínculos con elementos más extremos. Por ejemplo, en 2011, Marine Le Pen se embarcó en una estrategia de desdemonización para desintoxicar la reputación extremista de su partido. Expulsó a políticos extremistas, denunció el fascismo y el antisemitismo e incluso expulsó del partido a su padre, más extremista. En 2018, el partido Frente Nacional pasó a llamarse Rassemblement National. El objetivo era atraer a más votantes enfatizando que el partido se había convertido en una versión más moderada de sí mismo”.

Pero, ¿realmente se volvieron más moderados estos partidos de derecha? La respuesta no es unívoca. El periodista italiano, Federico Fubini precisa que “algunos de estos partidos apenas han disfrazado agendas racistas, mientras que otros han logrado establecerse una reputación conservadora respetable. Meloni ha sido más favorable a Occidente en su política exterior y aparentemente pragmática en sus asuntos internos del día a día. Su estrategia de moderación ha tenido tanto éxito que Le Pen, en Francia, ahora la está emulando abiertamente. El AfD, por el contrario, ha redoblado su apuesta por el extremismo”.

Si bien es cierto que el declive económico de Europa es el gran contexto para entender la emergencia de estos nacionalismos de derecha, no necesariamente lo explican del todo. La participación europea en el Producto Interno Bruto mundial en 1980 era del 28,6%, incluso por encima de Estados unidos (25,4%). En 2024 la cifra es del 17,3%.

Para peor, hoy hay concflictos bélicos, lo que acelera los cambios y modifica sustancialmente el escenario. “Con la guerra en Ucrania, la agitación en Oriente Medio y la perspectiva del regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, se están debilitando los pilares de la estabilidad europea. Al sentir un cambio radical, los votantes están recurriendo a partidos que tradicionalmente no se identifican con el sistema. El temor a que el orden posterior a 1989 se esté desmoronando ha llevado a los votantes a preguntarse ‘¿estamos realmente en el lado correcto de la historia, como nos dijeron? ¿Nos mintieron?’”, reflexiona Fubini.

Añade que “los cambios geopolíticos recientes han erosionado la legitimidad percibida del sistema. El ataque de Rusia a Ucrania dejó en claro que Europa es sólo parcialmente soberana”.

Puestas las cosas en esas coordenadas, se puede entender que estas derechas nacionalistas buscan, de algún modo, volver a imaginar el rol de sus países en un mundo cambiante y crecientemente multipolar; en una suerte de tránsito entre los fantasmas del pasado y las incertidumbres del futuro. Por su lado, el centrismo europeo deriva en la apuesta conservadora por mantenerse en un status quo cada vez más diluido y ajeno. En la defensa del viejo orden de cosas, los liderazgos más tradicionales acaban defendiendo la hegemonía estadounidense, lo que remata justamente a favor de la querella de los nacionalismos de derecha, que hoy pululan y toman asiento en la mesa central del salón europeo.

 (*)Pablo Deheza es editor de Animal Político

FMI y el proteccionismo económico

La institucionalidad que otrora abrazó a pie juntillas el canon neoliberal ahora da marcha atrás y se adapta a los nuevos nacionalismos y regionalismos en el mundo.

El expresidente Álvaro García Linera en Piedra, Papel y Tinta.

/ 21 de julio de 2024 / 06:14

Dibujo Libre

No dejan de sorprender las piruetas ideológicas que está ensayando el Fondo Monetario Internacional (FMI). Acostumbrada a pontificar durante décadas sobre unas leyes de mercado escritas incorruptiblemente en roca, hoy, con una dosis de cinismo y asombrosa flexibilidad teórica, coquetea con planteamientos anteriormente excomulgados del léxico económico mainstream.

Déficit fiscal cero, contracción del gasto público, reducción del endeudamiento, supresión de subvenciones, apertura comercial, privatizaciones de empresas públicas y desregulación del mercado laboral eran unos preceptos “universales” distribuidos bajo el formato copy-paste a cuanto país del mundo solicite crédito externo. Podía ser Bolivia, Ecuador, Rusia, Polonia, Nigeria, Chile, Grecia o cualquier otra nación en apuros, había un único camino para abrazar la prosperidad occidental. Para problemas e historias distintas, se tenía el mismo inevitable y sagrado destino: el libre mercado que premiaría a los triunfadores y entregaría a la caridad a los perdedores.

Hoy, en tanto haya algunas elites políticas y empresariales sobreviviente de esos jurásicos tiempos liberales, el recetario será el mismo. Pero los del FMI no son tontos. Saben que ese anacronismo solo es apetecible para algunos fósiles extraviados en África o Latinoamérica. Comprenden que, en el resto del mundo, especialmente en los países que son miembros de las “economías avanzadas”, el viejo vademécum de mercado ni funciona ni seduce a millones y millones de votantes enojados con la desigualdad y la humillación de ser los perdedores. Ante la guerra comercial iniciada por EEUU contra China desde 2018 y que tiró al basurero de la historia la muletilla de la “eficiente asignación de recursos por del mercado global”, el FMI acuñó el atractivo concepto de “fragmentación geoeconómica”, un eufemismo para aceptar que los tiempos del libre comercio mundial habían terminado para dar paso al “comercio de amigos”. La “seguridad nacional” de las grandes economías occidentales, se ponía por encima de su ineficiencia productiva respecto al gran taller mundial de la China.

Ahora, el 2024, acaba de publicar varios textos de antología equilibrista. El proteccionismo que hasta hace una década era considerado un desvarió pre-económico, ahora luce el reconocimiento fondomonetarista y es presentado como la nueva tendencia económica mundial que “ha regresado con fuerza”.

En un documento titulado “The return of industrial policy in data” (enero de 2024) e “Industrial policy coverage in IMF surveillance” ( febrero de 2024), el FMI intenta mezclar las viejas machaconerías de mercado con el nuevo léxico de intervencionismo y subvenciones estatales que ya se han convertido en irreversibles.

Por prurito verbal, el FMI no se aferra al concepto de proteccionismo, lo que sería ya casi una abdicación moral, y prefiere referirse a las “industrial policy” o “políticas industriales”. Lo interesante del último documento es que establece lo que el FMI tiene que hacer frente a esta indeseable realidad ascendente.

Inicialmente el FMI define a las “políticas industriales” como “intervenciones gubernamentales especificas destinadas a apoyar empresas, industrias o actividades económicas nacionales para lograr ciertos objetivos nacionales (económicos o no económicos)”. Y Se aplican mediante múltiples mecanismos a favor de empresas públicas y privadas: los subsidios, por ejemplo, a los carburantes y la energía eléctrica; las donaciones económicas directas; prestamos estatales concesionales, reducción de impuestos, inyección de capital gubernamental, impuestos a las exportaciones, subsidios a la exportación, alivios a las cargas sociales, restricciones a la transferencia tecnológica, restricciones de contratación en obras públicas, requisitos de contenido local a productos comercializados, etc.

A estas alturas los liberales jurásicos se estarán revolcando en el piso al ver juntas tantas “ofensas” a la libertad económica. Pero si, ese es el nuevo lenguaje del FMI. Y no se trata de un exceso verbal sino de una realidad. Como se ve en la gráfica, este tipo de intervenciones estatales que ya comenzaron a aflorar tras la crisis del 2008, se han disparado los últimos años. De cerca de 200 a inicios del año 2000, a 3500 el año 2022 y cerca de 2800 en 2023. Según el Global Trade Alert, desde el 2008, se han implementado más de 32.000 acciones proteccionistas en todo el mundo, cinco veces más que las acciones en favor del libre comercio. Lo más llamativo de todo ello es que quienes encabezan este neoproteccionismo no son países en “vías de desarrollo” sino las llamadas “economías avanzadas”.

Las áreas donde más se está sustituyendo el “libre comercio” son en los sectores de semiconductores, minerales críticos necesarios para el cambio de la matriz energética; ramas industriales de acero y aluminio; tecnologías de uso civil-militar; tecnologías bajas en carbono; especialmente automóviles eléctricos y paneles solares; insumos médicos y, en general, cualquier sector de empleo de “tecnologías avanzadas”, que incluye las actividades de mayor rentabilidad. En otras palabras, proteccionismo en cualquier parte. Un ejemplo claro y reciente de ello son los $us 6.600 millones de subvención, y $us 5.500 millones de crédito concesional del gobierno norteamericano para la instalación de una planta de microprocesadores de la empresa taiwanesa TSMC en Arizona; o la elevación de los impuestos a la importación de autos eléctricos chinos, del 100 % al ingresar a EEUU; del 47 % el hacerlo a la Unión Europea.

Sin embargo, el FMI no pierde sus raíces y añoranza por los “dorados años” del hiperglobalismo, hoy en retirada. Resignado al curso del viento de los nuevos tiempos de revival nacionalista o regionalista de la economía mundial, considera que el neoproteccionismo no solo tiene el “listón bien alto” para intentar abordar las “fallas del mercado” sino que, además, puede generar numerosas “ineficiencias”, como las distorsiones en la asignación local de recursos, en los flujos comerciales, en la inversión y, además, alentar “políticas de ojo por ojo” del lado de los socios comerciales, como lo que viene sucediendo entre EEUU y China.

De ahí que, para adelante, el FMI elabora un catálogo de “recomendaciones” para la ejecución de nuevas “políticas industriales”, además de establecer un conjunto de requisitos para involucrar al propio FMI en su aplicación. ¿Significa esto que el FMI se ha vuelto proteccionista? No, para nada. Solo se trata de una dosis de sobrio realismo y una enorme voluntad de atemperar, lo más que se pueda, un proteccionismo que parece querer desbocarse.

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Entre las recomendaciones para políticas proteccionistas está el de pedir a sus ejecutores que previamente estudien si en verdad existe alguna falla en el mercado; el de mantener la neutralidad competitiva que no discrimine demasiado a privados locales o extranjeros; el de implementar una gobernanza sólida y evaluar los costos y beneficios de esas medidas. El propio FMI se da cuenta de la ingenuidad de estos pedidos frente a la impronta de la “seguridad nacional” y la competencia geopolítica, pero confía en que algún gobernante pequeño de algún país pequeño tenga oídos receptivos. Que se sepa hasta hoy, ninguna medida proteccionista ha sido implementada consultándole al FMI.

Y en lo que respecta a las condiciones para “supervisar” o “acompañar” políticas industriales, señala que esto podrá suceder si “son consistentes con la promoción de la estabilidad macro económica”, es decir, no se incrementen déficits fiscales; no se ponga en riesgo la balanza de pagos, es decir, se pague puntualmente a los acreedores extranjeros; ser rentables, es decir, nada de desvaríos para subvencionar bienestar social. Y, en el caso de tratarse de temas de “seguridad nacional”, el FMI mirará a otro costado, preocupándose únicamente en el impacto económico interno y sus “efectos transfronterizos”. Con estos requisitos, tengo curiosidad de saber cuándo se producirá el primer “memorándum de asistencia proteccionista” del FMI. Claramente nunca sucederá con las grandes potencias que están implementando su proteccionismo como les da la gana. Estas condiciones, son para la nueva realidad que se avecina en los países en “vías de desarrollo”.

No cabe duda que las reglas de la economía mundial están cambiando, aunque no necesariamente el bienestar de la gente. Mientras ahora, en “occidente” comienzan a ser bien vistas las políticas proteccionistas para contener el avance industrial chino, en las relaciones laborales sigue campeando las reglas de liberalización de los contratos que aseguran bajos salarios y precariedad ocupacional. En ello se devela la hipocresía empresarial, denunciada hace más de 150 años por Marx en su manuscrito sobre el paladín del proteccionismo decimonónico, Friedrich List, que pretendía “desconocer para afuera de las fronteras” aquellas reglas del libre comercio que se aplican implacablemente contra los trabajadores al interior de cada país. El resultado, una economía anfibia que combinara proteccionismo y libre comercio en gradaciones que dependerán de que sector social es el que conduce esta transición de época.

(*)Alvaro Garcia Linera es Exvicepresidente de Bolivia

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Trump como síntoma del malestar social

En la política contemporánea se están redibujando las aristas de la polarización y el candidato republicano es un protagonista a observar para entender los cambios.

Por Pablo Deheza

/ 21 de julio de 2024 / 06:08

El Punto sobre la i

El surgimiento y consolidación del trumpismo en Estados Unidos no puede ser comprendido sin analizar el contexto social, económico y político que lo precede. Es perfectamente posible entender al fenómeno en cuestión como el síntoma de un malestar social acumulado durante décadas. El descontento con el sistema político, la desconfianza en las instituciones y la percepción de un declive económico y cultural han contribuido a la popularidad de Donald Trump.

Según los datos del Banco de la Reserva Federal de Saint Louis, en 2016, el año en que Trump fue elegido presidente, el índice de pobreza en EEUU registraba un 14% entre la población; luego de un pico cíclico de 15,9% en 2011. Al final de su mandato, en 2020, la cifra bajó al 11,9%. Desde entonces, al presente, volvió a subir. Quizás tan o más decidores son los datos del costo de la vivienda. En 2016 el precio promedio de una casa, era de $us 310.900, siguiendo con los datos de la citada institución. Para 2020 esto subió a alrededor de $us 320.000. Es decir, por lo menos el encarecimiento de la vivienda se contuvo. Para 2023 el valor llegó a $us 435.400, un 36,06% más en cuestión de tres años.

Así las cosas, no es de extrañarse que la población menos favorecida económicamente vea en Trump a su campeón, porque él es quien les habla y quien encarna su descontento con el sistema político tradicional, expresado por las viejas élites, tanto republicanas como demócratas. El rival de Joe Biden es preferido entre la población latina. Afroamericana y ni qué decir de los blancos pobres.

El proceso de desindustrialización y la creciente desigualdad económica también han contribuido al malestar social que alimenta el trumpismo. Según Scott Bennet, escritor de Fair Observer, «ambos partidos han desempeñado un papel en el vaciamiento de la economía estadounidense. Han dado la bienvenida a la desindustrialización en favor de la financiarización, eligiendo las ganancias de Wall Street bajo el supuesto equivocado de que ayudar a las empresas ayuda a todos». Desde una perspectiva politológica, la desindustrialización ha tenido un impacto devastador en muchas comunidades, especialmente en el cinturón industrial del Medio Oeste. La pérdida de empleos bien remunerados y la falta de oportunidades económicas han generado una sensación de abandono y resentimiento hacia las élites políticas y económicas.

Polarización

Con todo, el trumpismo va más allá de lo económico. La confianza en las instituciones gubernamentales en Estados Unidos ha disminuido drásticamente. Siguiendo con Bennett, «la confianza en el gobierno se está desintegrando… menos de 2 de cada 10 estadounidenses dicen que confían en que la clase política hará lo correcto, la medida más baja observada en más de 70 años de encuestas». Este declive en la confianza es un indicativo de un profundo malestar social. Desde una perspectiva sociológica, la confianza en las instituciones es fundamental para la cohesión social y la legitimidad del sistema político. La pérdida de la misma lleva, tarde o temprano, a una crisis de legitimidad, donde amplios sectores de la población dejan de creer en la capacidad del gobierno para representar sus intereses y resolver sus problemas.

El trumpismo también debe ser entendido considerando el impacto de los cambios culturales y demográficos en la identidad estadounidense. Bennet señala que «la narrativa dominante sobre los partidarios de Donald Trump… es que en general son ignorantes, racistas, reaccionarios». Sin embargo, esta visión simplista ignora las complejas dinámicas identitarias en juego. Para muchos partidarios de Trump, el cambio demográfico y cultural representa una amenaza a su identidad y modo de vida. La globalización, la inmigración y los cambios en los valores sociales han generado una sensación de pérdida y desplazamiento, que Trump ha sabido capitalizar al presentarse como defensor de una América tradicional. Dicho sea de paso, es una visión conservadora que, de algún modo, resulta atractiva para los migrantes.

El sistema político bipartidista en Estados Unidos ha limitado severamente las opciones de expresión política para el público. Bennet argumenta que «cuando una población insatisfecha tiene la opción entre mantener nuestro sistema roto y poco representativo y la opción de autodestruirse, algunos han decidido que es hora de apretar ese botón de autodestrucción lo más fuerte posible». Desde una perspectiva politológica, el sistema bipartidista crea un entorno donde las opciones políticas se reducen a dos grandes partidos que, en muchos aspectos, representan intereses similares, especialmente en términos económicos. Esto ha llevado a una creciente frustración y una búsqueda de alternativas fuera del sistema político tradicional y esto es justamente lo que representa Trump.

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El expresidente y candidato republicano ha logrado posicionarse como un outsider dispuesto a desafiar el statu quo. Bennet observa que «Trump se ha ubicado durante mucho tiempo como un conducto para las frustraciones de sus partidarios. Él es quien, les dice, da voz a los que no la tienen». La figura del outsider es atractiva en tiempos de crisis porque representa una ruptura con el sistema establecido y la promesa de un cambio radical. Trump ha sabido aprovechar esta imagen, presentándose como alguien que no necesita la política, sino que la política lo necesita a él.

La judicialización de la política, o «lawfare», también ha jugado un papel crucial en el malestar social que alimenta al trumpismo. Bennet menciona que «el presidente Joe Biden y el Partido Demócrata están empleando la guerra judicial para intentar bloquear a Donald Trump». El uso de herramientas legales para combatir a los adversarios políticos es entendido por sus partidarios como un signo de debilidad del sistema democrático y un incentivo para la polarización. Ellos perciben estas acciones como ataques injustos y un intento de silenciar una voz disidente, lo que refuerza su apoyo y su percepción de que el sistema está corrupto.

Otro aspecto importante es el rol de Trump en tanto líder fuerte o figura autoritaria. Bennet cita a Trump diciendo, sobre Xi Jinping, «ahora es presidente vitalicio. Presidente vitalicio, es genial. Y mira, él fue capaz de hacer eso. Yo creo que es genial. Quizás algún día tengamos que intentarlo también». Es sabido que, en tiempos de incertidumbre y crisis, las figuras autoritarias resultan atractivas porque prometen orden y estabilidad. La idea de alguien que pueda imponer su voluntad y resolver problemas de manera decisiva resuena con aquellos que sienten que el sistema democrático es ineficaz y disfuncional.

Trump, para bien o mal, ha redibujado las coordenadas de la polarización política en Estados Unidos. La vieja dicotomía era entre versiones más o menos moderadas, en el contexto estadounidense, entre izquierda y derecha. Esto estaba expresado en la rivalidad entre republicanos y demócratas de cuño añejo. El empresario derrotó en primera instancia a toda esa tradición dentro del Partido Republicano y luego se hizo con la presidencia dejando en el camino a lo que quedaba de la misma del lado del Partido Demócrata.

Hoy, Biden representa a todos aquellos que creen que el sistema merece ser defendido. Es el líder del equipo Statu Quo. Trump, al frente, es el campeón del equipo Demolición.

El mundo mundial

Ahora bien, el trumpismo es parte de un fenómeno mucho más amplio y al que se observa retozando por todas partes del mundo. En Europa, pasa esto con las denominadas derechas extremas. En América Latina están los Bolsonario, Milei y Bukele, por ejemplo. Para entender mejor este contexto, es útil considerar los puntos expuestos por Rachel Kleinfeld, una académica estadounidense especializada en relaciones internacionales.

«En los últimos años, en Estados Unidos, se han producido numerosos acontecimientos violentos (o casi acontecimientos) importantes» de violencia política, señala Kleinfeld. Estos incluyen el tiroteo contra el congresista Steve Scalise en 2017, el intento de secuestro de la gobernadora de Michigan en 2020, el ataque al Capitolio en 2021 y, más recientemente, el intento de asesinato de Donald Trump el pasado 13 de julio. Estos hechos reflejan una escalada en la radicalización y el extremismo político.

Según Kleinfeld, «entre 2016 y 2021, las amenazas contra miembros del Congreso se multiplicaron por diez». Este aumento en las amenazas y la violencia sugiere una atmósfera cada vez más tensa y peligrosa para los servidores públicos.

La académica cita además el intento de asesinato del primer ministro japonés Fumio Kishida, el asesinato del ex primer ministro japonés Shinzo Abe y el asesinato del candidato presidencial Fernando Villavicencio en Ecuador en 2023.

«De 2022 a 2023, Francia experimentó un aumento de 12 veces en la violencia contra funcionarios electos», afirma Kleinfeld. En Alemania, «se ha sufrido más de 10.000 ataques contra políticos en los últimos cinco años». Estos ejemplos subrayan cómo la violencia política se está extendiendo en diversas democracias, a menudo impulsada por causas locales, pero también por tendencias globales similares.

A pesar de las diferencias locales, existen patrones comunes en la violencia política observada en diferentes países. Kleinfeld observa que «en todos estos Estados, una parte importante de los ataques son en gran medida producto de fanatismos radicalizados, a menudo incitados por los partidos políticos». Este patrón se repite en países como Alemania, India y Francia.

En Alemania, por ejemplo, la violencia política es fomentada por grupos radicales como la Alternativa para Alemania (AfD). En Francia, la violencia política ha sido impulsada recientemente por grupos de la izquierda que lidera Jean-Luc Melenchon.

Los actores violentos no solo atacan a sus oponentes políticos, sino también a aquellos dentro de su propio campo que consideran traidores. Por ejemplo, durante el ataque al Capitolio, la turba coreó «cuelguen a Mike Pence», porque el vicepresidente no estaba dispuesto a ayudar a anular las elecciones.

Hoy en día, tanto la izquierda como la derecha han mostrado un aumento en el apoyo a la violencia política. Aunque la violencia de derecha viene siendo más sonora, Kleinfeld señala que «la violencia de izquierda se triplicó de 2015 a 2020 en Estados Unidos». Esta apelación generalizada hacia discursos de odio, con posiciones crecientemente radicalizadas y fundamentalistas, es un indicador de un mundo cada vez más polarizado.

Queda en el tintero la faceta de religión política a la que vienen apelando los discursos polarizantes, algo que tocará abordar próximamente. En la última convención republicana, que proclamó a Trump como candidato para las elecciones de noviembre, el tono predominante de las intervenciones era el de pastores evangélicos en plena prédica. De algún modo, esto también toca vivir por nuestros cielos, con una disputa desbordada entre evistas, arcistas, mesistas, camachistas y demás, cuyos principales argumentos no son ni ideológicos ni políticos, sino cuestiones de fe.

(*)Pablo Deheza es editor de Animal Político

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A 72 años del voto universal

Un repaso a la conformación de los derechos de los ciudadanos en el país.

Voto en el área rural

Por Farit Rojas Tudela

/ 21 de julio de 2024 / 05:59

Dibujo Libre

Mediante decreto-ley No 2138 de 21 de julio de 1952 se instituía en Bolivia el voto universal. El artículo 1 de referido decreto señala: “tendrán derecho al voto para la formación de los poderes públicos todos los bolivianos, hombres y mujeres, mayores de veintiún años de edad, siendo solteros o de dieciocho siendo casados, cualquiera que sea su grado de instrucción, ocupación o renta”. El artículo 4 señala que “por decreto especial se establecerá las condiciones de elegibilidad para la constitución de los poderes públicos”.

Las primeras elecciones con voto universal en Bolivia se desarrollaron en 1956, y para tal efecto, mediante decreto supremo No 4315 de 9 de febrero de 1956 se establecían las disposiciones complementarias para llevar a la práctica el voto universal, de esta manera se estableció en el artículo 1 que “son ciudadanos de la República todos los bolivianos, hombres y mujeres, mayores de veintiún años, cualquiera que sea su grado de Instrucción, ocupación o renta”. El artículo 2 señalaba que “la ciudadanía consiste: 1) En concurrir como elector o elegido a la formación o el ejercicio de los poderes públicos, dentro de las condiciones que establece el presente decreto. 2) En la admisibilidad a las funciones públicas, sin otro requisito que el de la idoneidad, salvo las excepciones establecidas por la ley”. De esta manera entre 1952 y 1956 se conquistó en Bolivia la ansiada ciudadanía universal. La revolución de 1952 realizó una serie de modificaciones en los derechos fundamentales de las personas sin la necesidad de recurrir a una reforma constitucional. Fue recién en 1961 que se constitucionalizó la ciudadanía universal, el artículo 39 de la Constitución Política del Estado de 1961 señala que la ciudadanía consiste: “1º. En concurrir como elector o elegido a la formación o el ejercicio de los poderes públicos. 2º. En la admisibilidad a las funciones públicas, sin otro requisito que la idoneidad, salvando las excepciones establecidas por ley”. Y el artículo 40 de referida Constitución dispone que “son ciudadanos todos los bolivianos mayores de 21 años, cualesquiera sea su grado de instrucción, ocupación o renta, sin más requisito que su inscripción en el Registro Cívico”.

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Sin embargo, un cambio fundamental sucede en la Constitución Política del Estado de 1967, en la que se introduce el artículo 221 que señala que “son elegibles los ciudadanos que sepan leer y escribir y reúnan los requisitos establecidos por la Constitución y la ley”. Con este cambio, muchas veces imperceptible por quienes pregonan que la revolución del 52 conquistó la ciudadanía universal, se retrocede a una ciudadanía semi letrada, pues si bien para ejercer el voto se mantiene el único requisito de contar con veintiún años o dieciocho si está casado, se reincorpora el requisito de saber leer y escribir como requisito para ser elegible. La Constitución de 1967 fue reformada en 1994, siendo su texto ordenado aprobado por ley No 1615 de 6 de febrero de 1995, el mismo que modifica el artículo 221 de la CPE de 1967 por el siguiente texto: “son elegibles los ciudadanos que reúnan los requisitos establecidos por la Constitución y la ley”. Esta modificación se mantiene en la reforma constitucional de 2004. La Constitución Política del Estado de 2009 amplía al máximo el estatus de ciudadanía al disponer, en su artículo 144 que “son ciudadanas y ciudadanos todas las bolivianas y todos los bolivianos, y ejercerán su ciudadanía a partir de los 18 años de edad, cualesquiera sean sus niveles de instrucción, ocupación o renta. La ciudadanía consiste: 1. En concurrir como elector o elegible a la formación y al ejercicio de funciones en los órganos del poder público, y 2. En el derecho a ejercer funciones públicas sin otro requisito que la idoneidad, salvo las excepciones establecidas en la Ley”.

(*)Farit Rojas T. es docente investigador de la UMSA. 

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La vocación de los bolivianos por la política

Un extracto del libro La Cultura Política Boliviana, ganador del Premio Departamental de Ensayo Gustavo Rodríguez Ostria, organizado por la Gobernación de Cochabamba.

El periodista y escritor Fernando Molina.

/ 21 de julio de 2024 / 05:50

Dibujo Libre

La verdadera vocación de los bolivianos ha sido y es la política. Solo en este campo se han producido los esfuerzos más sostenidos y memorables de la nación. También los más desprendidos y grandiosos. Solo en él se han dado momentos épicos e, incluso, gestos artísticos.

Si en los demás campos los bolivianos hemos sido prudentes cuando no cicateros, tendientes a la medianía, a la falta de imaginación, al conformismo; si en los demás campos ha resultado evidente la pequeña dimensión del país… en política en cambio nos hemos revelado contra la naturaleza, contra la historia, contra la dificultad; incluso contra la racionalidad y el cálculo correcto de las posibilidades. Nos hemos considerado a nosotros mismos, así fuera por desesperación, héroes destinados a grandes destinos: a la transformación de lo que teníamos y que se nos antojaba en exceso miserable, a la fundación de paraísos, a la postulación de nuevos paradigmas no solo en beneficio nuestro, sino del mundo entero.

Solo en la política hemos tenido, los bolivianos, personajes novelescos (y una gran cantidad de novelería), duelos eternos, amores imposibles, nobles sacrificios, abnegación, disciplina, valor físico y espiritual. Tampoco nos ha faltado la megalomanía y la exageración. Hemos sido exagerados en el deseo del bien, que luego no ha sido posible cumplir. Y en el uso de los demás en provecho propio (que es una posible definición del mal).

En efecto, nosotros que en general somos cordiales y tímidos, y por eso perezosos para guerrear, en política hemos llegado a ser algunas veces – aunque no tantas, tampoco– malvados profundos: seres violentos, sanguinarios, desalmados y despreciables.

Desde la Guerra de la Independencia, y aún más, desde las guerras civiles españolas que comenzaron la Colonia (almagristas contra pizarristas, “vicuñas” contra vascongados), la política ha sido la gran pasión y la gran tragedia de las gentes que habitan este territorio, que por ella han padecido persecución, cárcel, destierro y muerte.

A lo largo de este tiempo la política ha separado a las familias y a los amigos. La política ha modelado la fortuna de los unos y la desgracia de los otros, y luego ha invertido esta suerte, creando tormentas que constituyen la historia de todos los apellidos conocidos (es decir, públicos) del país. Linares, de conde a mendigo. Melgarejo, de sargento a presidente. Córdoba, fusilado en el patio. Belzu, asesinado en las escaleras. Adolfo Ballivián, muerto de consunción. Daza, baleado en la pampa. Y todo esto sin ser exhaustivos ni pasar del siglo XIX.

¿Cuándo han vivido y muerto violentamente los intelectuales y los escritores bolivianos? Cuando han entrado en política. ¿Cuándo han vivido y muerto violentamente los hombres de negocios bolivianos? Cuando han entrado en política.

¿Exiliados y apresados? La mayoría. Por ejemplo, Gonzalo Sánchez de Lozada. ¿Quién al promediar los años 90 del siglo XX hubiera podido pensar que el entonces presidente tendría que escapar del país y exiliarse en Washington diez años después? Tenía Sánchez de Lozada en los años 90 poder, popularidad y dinero, y la política parecía ser para él una ocupación que hacía juego con sus otros éxitos personales, una actividad en la que encontraría más lustre para sí y los suyos. Una década más tarde, sin embargo, esta cayó sobre su vida como la amenaza que es, que siempre ha sido en Bolivia.

Y es que la historia boliviana es brava. Con algunas pocas excepciones, de cortos periodos de regularidad democrática y paz social, está cruzada por la lucha entre facciones, por alzamientos y derrocamientos, por juicios y vendettas. Por la revolución y la contrarrevolución.

¿Por qué muchos miembros de las élites económicas y sociales se ha dedicado con denuedo a una actividad que podía causarles serio daño, puesto que, por hallarse en la cúspide de la sociedad, tenían mucho que perder con su caída?

En una sociedad rentista, la primera razón es la empleomanía. La falta de otros medios fáciles, rentables y prestigiosos de ganarse el sustento que no sea el formar parte del Estado. Una extensión de ella es la corrupción, que permite cimentar fortunas a golpe de negociados. Pocas familias de renombre y dinero del país son totalmente ajenas a este método de enriquecimiento.

Hemos dicho que hay una apetencia general, es decir, de miembros de todas las clases sociales, de cargos públicos. Esta ansiedad, lógicamente, crea una masa de aspirantes a la política. Y de ella destacan los caudillos, es decir, los líderes adecuados para ocupar y redistribuir el poder. Al menos hasta 2006, la mayoría de ellos han pertenecido a las élites socioeconómicas y étnicas del país.

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Los caudillos, para ser tales, deben demostrar al menos dos atributos: en primer lugar, capacidad para acceder al gobierno (ser carismáticos y adinerados, si son caudillos electorales, o estar bien vinculados, si son caudillos partidistas); pero también deben tener el valor personal necesario para enfrentar las vicisitudes emergentes de las condiciones locales de la práctica política. A los caudillos, entonces, se los valora por sus habilidades oratorias, por sus facultades técnicas, pero también por su arrojo, por su capacidad para “mojarse”. De los pusilánimes y los miedosos no es posible hacer buenos caudillos.

Esta explicación, sin embargo, no es suficiente. Pensemos en los siguientes movimientos políticos: En el “septembrismo” linarista y en el liberalismo, y la pretensión de ambos de convertir a Bolivia en una sociedad “civilizada”. En los primeros grupos marxistas y nacionalistas de la historia, dispuestos a inmolarse por ciertas ideas de redención social. En el falangismo, que se lanzó en contra de la Revolución Nacional en nombre de la “pureza” aristocrática. En los trotskistas de Guillermo Lora, que consagraron sus vidas a la “educación de las masas”. En el “foquismo” de los jóvenes cristiano-marxistas que se lanzaron a la lucha armada en los años 60, y de los que, replicando esta experiencia, pero cambiando de ideología por el marxismo- indianismo, lo hicieron en los años 90. En el banzerismo de las élites económicas y sociales de los 70, digamos en el banzerismo de un Felipe Hartmann. En el Movimiento Bolivia Libre (MBL), quien creía estar en posesión de una ética especial que lo hacía merecedor de gobernar. En el gonismo, un movimiento que, en alianza con el MBL, intentó imponer su conocimiento del mundo “tal como en verdad es” (la última versión de esta pretensión gonista la debemos al sucesor de Sánchez de Lozada, Mesa, quien renunció a la presidencia dando a entender que lo hacía porque la población no había sido capaz de seguir las intenciones racionalistas que lo animaban).

Todos ellos han sido movimientos políticos surgidos de las élites, muchos de ellos vinculados al catolicismo, en los que la motivación central de los principales sujetos no ha sido el interés. Universitarios de clase media con talentos y posibilidades que se meten al monte, jóvenes “bien” que terminan en campos de concentración, un presidente que renuncia a su apetecido cargo, etc. Si en estos casos la empleomanía tuvo algo que ver, no constituyó sin embargo un factor determinante. Pero, entonces, ¿cuál fue este?…

(*)Fernando Molina es periodista y escritor

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Primarias, la resaca de una reunión política

La gran batalla por la eventual candidatura del partido de gobierno continúa sin cuartel y se centra ahora en cómo los partidos elegirán a sus representantes para las elecciones presidenciales de 2025.

Por Pablo Deheza

/ 14 de julio de 2024 / 07:03

El punto sobre la i

El Tribunal Supremo Electoral (TSE) se vio en la necesidad de tomar al toro por las astas y abordar la cuestión de la realización, o no, de las elecciones primarias en el país, de cara a los futuros comicios presidenciales de 2025. En medio de altas expectativas, el pasado miércoles se produjo una cumbre política en la que la mayoría de los presentes optó por dejar de lado este procedimiento, con la sensible excepción del evismo.

La cita resultó cumplidora para con el actual clima político de polarización, donde los presentes no desperdiciaron las cámaras para inflar sus pechos y articular mensajes entre severos, solemnes y repetitivos. En suma, lo mismo de siempre: muchos egos inflados y poco, o casi nada, de darle tranquilidad y certezas al país. Pasados los quince minutos de cobertura en los informativos mediáticos, lo que queda es una suerte de resaca en la que, a los tumbos y entre amenazas de varias partes, el debate se traslada ahora al Congreso.

Al encuentro multipartidario convocado en La Paz por el TSE asistieron representantes de 11 partidos políticos y dos alianzas con representación en la Asamblea Legislativa Plurinacional. Como resultado se emitió una «Declaración por la Democracia», que fue respaldada por 10 de los 11 jefes de las organizaciones políticas presentes, incluyendo al arcismo, Carlos Mesa de Comunidad Ciudadana (CC), y Luis Fernando Camacho de Creemos. Sin embargo, la ausencia más notoria en la firma del acuerdo fue la del expresidente y líder del Movimiento Al Socialismo (MAS), Evo Morales.

Morales, quien inicialmente no había sido invitado al encuentro debido a la crisis interna del MAS y la falta de renovación de su directiva, condicionó su firma del acuerdo a la suspensión de los congresos de los partidos políticos para renovar sus directivas, o al respeto del informe del congreso de Lauca Ñ, donde fue proclamado como único candidato del MAS para las elecciones de 2025. «Si no se resuelve este planteamiento, defenderemos las primarias en las calles si es necesario», declaró el exmandatario.

El vocal del TSE, Tahuichi Tahuichi Quispe, advirtió que, si la Asamblea Legislativa no aprueba la suspensión de las primarias, el organismo electoral emitirá una convocatoria el 17 de agosto para cumplir con dicha actividad.

En respuesta a la situación, el presidente del TSE, Óscar Hassenteufel, envió el pasado jueves un proyecto de Ley de Régimen Excepcional y Transitorio de Elecciones Primarias al vicepresidente David Choquehuanca, quien a su vez lo remitió a la Cámara de Diputados para su tratamiento. El proyecto busca establecer un marco normativo específico para la gestión de las elecciones primarias en Bolivia, proponiendo que «para las Elecciones Generales 2025, no se llevarán a cabo las elecciones primarias de candidaturas del binomio presidencial».

La controversia surge en un momento crucial para la política boliviana, con el TSE expresando preocupación por el rezago en las elecciones judiciales y la necesidad de actualizar el padrón electoral y la geografía electoral del país. Además, varios partidos acusaron al gobierno de Luis Arce de contribuir a la desinstitucionalización y división de las organizaciones políticas.

Mientras el país espera la resolución de esta situación, queda claro que el camino hacia las elecciones de 2025 estará marcado por intensas negociaciones y posibles conflictos entre las diferentes fuerzas políticas de Bolivia. La decisión final sobre la realización o suspensión de las primarias tendrá un impacto significativo en el panorama político del país y en la preparación de los partidos para la contienda electoral.

LA CUMBRE BORRASCOSA

Con todo, las primarias no fueron el único tema. De por medio estaban también las elecciones judiciales. De algún modo, éstas quedaron en segundo plano, porque, es evidente, ahí ninguno de los presentes se juega su futuro político. En ese sentido, Vladimir Peña, abogado y exsecretario de Gobierno de la Gobernación cruceña sintetiza la reunión citando “la decisión de suspender las primarias para el proceso electoral 2025, la voluntad expresada de que se realicen las elecciones judiciales y la predisposición de mejorar el sistema electoral en cuanto a transparencia y celeridad del escrutinio. Me temo que la única que materializarán es la primera, las otras dos simplemente son declarativas”.

Un tanto más optimista, el abogado y periodista Israel Quino destaca que se tiene los siguientes resultados: “primero, que se reafirmó un compromiso de complementariedades democráticas para optimizar el camino hacia la reestructuración del poder político con las elecciones generales 2025. Segundo, que se acuerda por ley nacional en el documento conjunto la inaplicación de las elecciones primarias, a pesar que no había posibilidad alguna de sobreposición de procesos electorales entre judiciales, primarias y presidenciales. Tercero, existe una prioridad política de realización de Elecciones Judiciales sin embargo todos deberán estar en afronte a los golpes de la “justicia inconstitucional” contra la institucionalidad orgánica del Estado desde los fallos del gobierno de los jueces. Cuarto, ya se planteó el debate para la implementación en las elecciones generales 2025 de distribución de escaños y rediseño de circunscripciones electorales una vez conocidos los datos del Censo Nacional de Población 2024. Y quinto, emergió una exigencia al Tribunal Supremo Electoral para que ejerza sus atribuciones electorales y jurisdiccionales, de manera independiente sin intromisión de otro Órgano del Estado”.

ESTRATEGIAS

La reunión concluyó con dos posiciones muy claras sobre las primarias que se refleja en el hecho de que diez de las once organizaciones políticas firmaron el documento final, pero no así Evo Morales. En realidad, la cuestión es percibida como un elemento central para el líder histórico del MAS en el camino que tiene pensado recorrer para presentarse nuevamente como candidato presidencial en 2025.

“Evo Morales sostuvo una posición bastante firme respecto a mantener las elecciones primarias cerradas ya que este proceso fortalece la democracia interna e incrementa la participación de los militantes de cada partido político, eliminar las elecciones primarias significa, sin embargo, luego su primer ensayo material, un retroceso a los efectos participativos y democráticos de los propios partidos políticos”, indica Quino.

Añade que “el MAS – IPSP tiene 1.079.016 militantes legalmente inscritos y 600.000 depurados del 2018, demostrando que es el partido con el mayor número de militantes a comparación de las otras diez organizaciones políticas y las dos alianzas, las que suman en total 993.115 militantes. Es decir que sólo el MAS tiene el 52.08% (más de la mitad) de militantes del padrón electoral partidario. Por ello lo importante de la decisión política del MAS en esta coyuntura”.

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En criterio de Peña, “Evo Morales es un líder que siempre ha pensado solo en sus intereses. Lo demostró cuando decidió desconocer un referendo e ingresar por la ventana al proceso electoral de 2019. La guerra fratricida que mantiene con Arce está llevando al borde del abismo a su partido porque privilegia sus intereses”.

“Es paradójico, cuando Arce estaba bien retó a Morales a primarias y este se negó, porque tenía el sartén por el mango, controlaba monopólicamente el aparato partidario, es más, su respuesta fue hacerse proclamar candidato único. Ahora que Arce se ha desplomado, Evo es el que reta a primarias, porque está ligeramente mejor que el presidente, y todo hace pensar que Arce seguirá en picada, además, que a Evo el control del partido se le está diluyendo. La incoherencia es palpable, porque el partido que impuso la democracia intercultural en la Constitución es incapaz de resolver democráticamente una disputa interna”, afirma el abogado cruceño.

El evismo se prepara ahora para hacer frente y resistir al consenso sobre las primarias. “Nos ganaron, reconozco, respeto. Perdonen compañeros, compañeros, (me) levanté, entonces, para viabilizar que no haya primarias cerradas, pero que tampoco haya plazos para renovar directivas. Si quieren plazos, ningún problema que haya un plazo para renovar directivas, pero si hay ese plazo para renovar directivas, pues entonces que haya primarias. (Así) vamos a definir a nuestro candidato del MAS”, dijo Evo Morales. Sus partidarios ya amenazaron con la realización de movilizaciones para mantener viva la posible candidatura del líder del MAS.

EVISMO

“Evo Morales identifica que en su intento de establecer las elecciones primarias cerradas no logró mayoría multipartidaria, sin embargo, ese reconocimiento lo mostró como un líder respetuoso de la mayoría democrática de organizaciones políticas manteniendo así su influencia al interior del MAS como su principal líder. El anuncio de movilizaciones refleja una estrategia de presión y movilización de las bases que lo apoyan demostrando su empoderamiento popular de capacidad de movilización como su histórica herramienta de negociación y poder dentro y fuera del partido”, sostiene Quino.

“Morales plantea una condición: si hay un plazo para renovar las directivas, entonces deben realizarse primarias para elegir al candidato del MAS. Esto muestra su disposición a negociar, pero también su intención de asegurarse de que cualquier cambio en la estructura del partido vaya acompañado de mecanismos que le permitan mantener su influencia, como las primarias. Si bien algunos pueden ver estas acciones como una muestra de fuerza y liderazgo, otros pueden percibirlas como un intento de manipular el proceso democrático interno del MAS, que puede afectar la percepción pública del partido y de Morales, tanto positiva como negativamente, aunque, por otra parte, el anuncio de movilizaciones puede aumentar las tensiones dentro del MAS”, agrega.

Desde el punto de vista de Peña, “a Evo Morales sólo le interesa asegurarse ser candidato. Para esto tiene que romper dos candados: una sentencia del TCP que le impide serlo, por eso pactará con quien pueda para elegir nuevos magistrados, porque es la única oportunidad de cambiar esa sentencia; y, por otro lado, la interna masista, que, de concretarse la cancelación de las primarias, le será determinante aferrarse a su cargo de jefe partidario para llegar como candidato único. El TSE tendrá que dirimir esa pulsión en un clima cada vez más inflamado, aunque, preveo, como todo últimamente, terminará en un enredo de acciones legales en el Tribunal Constitucional. A día de hoy la única posibilidad cierta de resolver la interna masista es vía sus aliados internacionales, donde tienen especial relevancia las figuras de Lula da Silva y Andrés Manuel López Obrador”.

ARCISMO

En lo que hace al arcismo, Quino asevera que “tienen claro que si se van a elecciones primarias cerradas Luis Arce no podría ganar frente a Evo Morales, que cuenta con más simpatizantes en su partido, por lo mismo esta vía de suspender las elecciones primarias cerradas les genera un escenario favorable para poner a Luis Arce como candidato (porque la CPE así le permite) para las elecciones generales 2025, dependiendo a quien se acredite la directiva del MAS”.

Peña observa que “el Gobierno, a través de la ministra de la Presidencia, tenía dos objetivos en la reunión: dejar aislado a Morales y que los partidos apoyen la suspensión de las primarias. De alguna manera los ha conseguido, independientemente del debate parlamentario posterior. Sin embargo, el gobierno sabe que Arce pasa por horas bajas, atosigado por conflictos latentes de desborde, por tanto, les es imperioso alejar el ruido electoral. Sin suspensión de primarias, en dos meses se tendría que estar definiendo las candidaturas, en cambio, con la suspensión ganan 8 meses, oxígeno vital para las aspiraciones de reelección del presidente, aunque el humor social es muy difícil que sea benevolente con él”.

ET AL

En lo que hace a Comunidad Ciudadana, según Quino, “se perciben algunas disidencias que pueden con el tiempo traducirse en facciones que podrían dificultar elegir a un candidato para las elecciones 2025. Si bien inicialmente CC se inclinó por mantener primarias luego apostó en el encuentro multipartidario por no aplicarlas en 2025; todo se lo hace en virtud a un cálculo político para tener vigencia política en el siguiente proceso eleccionario. Esta organización política está teniendo un rol protagónico en la Asamblea Legislativa Plurinacional porque principalmente en el Senado logra consensos por más de dos tercios de votos, dando muestras ejemplarizadoras de complementariedades democráticas como forma de gobierno legislativo. Eso es altamente importante”.

Por su parte, Peña considera que “Comunidad Ciudadana es la que ha mostrado algo de coherencia, se ha negado a las primarias estrictamente partidarias ya que no tiene ningún sentido repetir el ridículo de 2019, cuando todos los partidos y alianzas llevaron un solo candidato. Y, en cuanto a las primarias abiertas manifestaron su predisposición de regularlas, intuyo para satisfacer a grupos de plataformas y colectivos que son aliados de esta organización. De concretarse en el parlamento, la suspensión será temporal de las primarias, igual que la de 2020. Las reformas, entre ellas las del sistema de partidos y el electoral, seguirán aplazadas por mucho tiempo.

Se ha dejado transcurrir casi toda la legislatura, por tanto, objetivamente, en un año electoral solo se pueden hacer parches. Corresponderá, después del 2025, encarar las reformas profundas para tener un sistema de partidos políticos competitivos”.

El otro actor relevante es Creemos. El exsecretario de la Gobernación indica que el partido de Luis Fernando Camacho “no es una fuerza política nacional, ni jurídica ni organizativamente. Además, la privación de libertad que soporta su líder le impide afrontar unas primarias, por lo cual, adoptan una posición que, sin que sea expresada, se da en función a la situación de Camacho. En todo caso, considero que su objetivo electoral se reduce a buscar alianza con un líder nacional para mantener una bancada parlamentaria”.

Para Quino, “es poco probable que Creemos haya apoyado las primarias porque su militancia es estrictamente oriental, no habría sumado probablemente apoyo militante en departamentos como La Paz -por ejemploque es uno de los núcleos electorales más importantes del país para definir la toma de la presidencia del país”.

(*)Pablo Deheza es editor de Animal Político

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