Sociales

Tuesday 16 Aug 2022 | Actualizado a 12:31 PM

‘El chef soy yo’ recaudó fondos para la Fundación Alalay

Con otros ojos

/ 20 de octubre de 2018 / 04:00

Desde tartifletes franceses y chipaguazús paraguayas, hasta majaditos y sándwiches de chola, entre otras variedades de la gastronomía nacional e internacional, fueron degustadas en El chef soy yo, realizado en el Centro de Eventos Mediterráneo, y organizado para recaudar fondos en beneficio de la Fundación Alalay, cuyo monto ascendió este año a Bs 208.000.

Aproximadamente 70 estaciones con más de 150 chefs, entre los que se encontraban autoridades, representantes diplomáticos de distintos países, conductores de televisión, cantantes, artistas, ejecutivos y otros, fueron parte de este acontecimiento. “La misión de la Fundación Alalay es trabajar para mejorar la calidad de vida de los menos favorecidos, con énfasis en la niñez y adolescencia”, dijo Claudia Gonzales, directora de la institución.

Mientras que Alejandro Prudencio, gerente de Sociales VIP, agradeció a los auspiciadores, sin cuyo apoyo nada hubiera sido posible, pero, sobre todo, a los más de 70 chefs, quienes donaron su tiempo y recursos para la preparación de los platillos.
 

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La Paz, una ciudad lienzo

El arte urbano es un medio de comunicación, horizontalidad y transformación.

Paisaje. Las casas coloridas se observan en el barrio de Chualluma, en la hoyada. Al fondo, el imponente Illimani.

Por Mitsuko Shimose

/ 17 de julio de 2022 / 23:12

Chuquiago Marka se proyecta como una ciudad lienzo, ya que sus muros son los preferidos de varios artistas urbanos para plasmar sus obras. “Toda ciudad es un lienzo de constante transformación. La potencia recae en estar conscientes de entender que el espacio público es de todes y es un derecho colectivo el poder recrearlo cuantas veces sea necesario para lograr un espacio común y digno. La Paz sin duda invita a soñar cómo transformarla”, dijo la artista Knorke Leaf.

Leaf, quien se dedica a la intervención del espacio público desde 2010, contó que lo que la llevó a optar por este tipo de arte es la conexión directa con la gente de a pie. “Lo que más me encanta es que el arte urbano ofrece siempre una sorpresa inesperada y es un medio potente de comunicación, horizontalidad y transformación pública”, expresó la artista urbana que además de trabajar en paredes paceñas, tuvo la oportunidad de pintar en muchas otras ciudades y países como Canadá, Sudáfrica, Dinamarca, Alemania, Francia, Brasil, Perú, Chile y Paraguay.

Así, las desnudas paredes de ladrillos de la urbe, tanto de las zonas más céntricas como de las laderas son vestidas con distintos colores y temáticas que van desde lo social, político, cultural hasta lo medioambiental. “Los murales de conservación, activismo ambiental y feminista son para mí muy importantes y absolutamente necesarios. La calle también es un espacio potente de descolonización y educación integral. En la calle uno puede tocar temáticas que incomodan y revolucionan”, indicó Leaf.

Leaf subrayó que cada mural que pinta es muy especial para ella, pero sin duda el macromural de Chualluma fue su experiencia más significativa por toda la transformación visual y el trabajo constante con todo un barrio para plasmar y dignificar su historia.

“Chualluma ha dado voz a una ladera, a sus tradiciones y costumbres a través del arte urbano. Mucha gente en ese barrio es migrante aymara y quechua. Ellos nunca pensaron que sus oficios podrían ser murales. Nunca se imaginaron ser plasmados como obras de arte o que su barrio sea una galería abierta sobre su cultura. Aquí radica precisamente la relevancia simbólica y cultural de este proyecto”, remarcó.

Pero además de ello, señaló Leaf, “gracias a este macromural hemos logrado transformar el concepto de museografía en este espacio y hacerlo abierto y público. Por eso, uno de los reconocimientos más lindos que tuvo fue haber sido finalista de la Bienal de diseño de España y ser reconocido por importantes curadores como la directora del Museo MOMA”.

La muralista explica que el macromural de Chualluma fue un trabajo colectivo enorme que se realizó en 2019 por cinco meses, el cual a su vez formó parte del Proyecto urbano turístico “El Qhathu”, ganador del programa “Mi Barrio, Mi Hogar”, que eran fondos estatales que se dispusieron para mejorar barrios a nivel nacional. Chualluma, como muchos otros barrios, ganó estos fondos, pero tuvo especial atención por ser una ladera estratégica visualmente porque el teleférico pasa por ahí.

Respecto al concepto del macromural, Leaf hizo referencia a que los vecinos participaron activamente en él no solo contándole sus historias y tradiciones, sino también opinaron sobre el diseño. Además de ello, otro punto fundamental para el concepto de Chualluma fue la psicología del color. Explicó que, si bien la paleta de colores está inspirada en la wiphala y en los tejidos, también fue escogida minuciosamente para que tenga un impacto sensorial en las personas y produzca bienestar y alegría, concluyó la artista urbana.

Ciudad de Mil Colores

Para incentivar aún más la concepción de ciudad como lienzo, la Alcaldía de La Paz creó el Programa Ciudad de Mil Colores. “Este programa nació en su concepción el año pasado ni bien asumimos la gestión del GAMLP, el mismo que fue plasmado en el Plan de Gobierno 2022-2025. Y este año 2022 arrancó con su respectivo presupuesto, como una respuesta a la necesidad de transformación de la ciudad ante las secuelas económicas y sociales suscitadas por la pandemia del COVID-19, pero también como respuesta al compromiso adquirido con la ciudadanía para recuperar a la ciudad de La Paz a partir del color, la iluminación y la forestación, principalmente”, dijo el responsable de este programa, Vladimir Ameller.

A propósito del tema del color, Ameller comenta que la relevancia de pintar la ciudad de forma colorida radica en el hecho de que está comprobado a partir de varios estudios internacionales, que el aspecto físico de una ciudad, de un barrio o zona, tiene una afectación directa en el comportamiento de las personas que la habitan. “Espacios de colores y con jardines, por ejemplo, son lugares mucho más atractivos que afectan positivamente en la gente”.

En relación con este tema, Ameller hace referencia al Programa Ciudad de Mil Colores (PCMC), el cual subraya que no es un programa pintura ya que no solo se limita a pintar la ciudad. “El PCMC es un programa inédito en la gestión del territorio paceño; es una apuesta, para conjuntamente el vecino, recuperar la importancia del espacio público, ese que hoy es de todos y al mismo tiempo de nadie, ese que necesita ser jerarquizado para hacer de espacios descuidados e infravalorados, lugares donde la gente disfrute estar y habitar su ciudad y no solo transitarla”, manifiesta Ameller.

El responsable de este programa resaltó que, en julio de 2021, el gobierno municipal entrante realizó tres intervenciones para darle valor al espacio público y recuperar la economía. Dos de ellos de perfil gastronómico en la calle Gabriel René Moreno (San Miguel) y pasaje Medinacelli (Sopocachi) y uno de ellos turístico/artesanal en la calle Linares (Centro). “Recientemente inauguramos la segunda fase de la calle Linares, ahora incorporando el pasaje Jiménez, con una respuesta extraordinaria, que está logrando que la zona se convierta en un paso paceño obligado para ser fotografiado o ‘subido’ a las redes para su difusión. Hoy el programa tiene en marcha una veintena de posibles intervenciones, que se vienen estudiando y buscando consensos con los actores relevantes para su diseño y posterior implementación”.

Ameller resaltó que la entrega del nuevo viaducto Belisario Salinas es una muestra de cómo una infraestructura millonaria de cemento incorpora hoy un concepto de muralismo ecológico en su trayecto. Y una segunda, es la forma de realizarlos, movilizando a colectivos urbanos para codiseñar y coconstruir el viaducto. Añadió que ello fue logrado en tres murales (ingreso, playa y salida), que pretende generar consciencia sobre 12 especies en riesgo de extinción en el municipio de La Paz, con el trabajo de más de 100 voluntarios, incluida la promoción 2022 de la Unidad Educativa Ecuador.

“Estamos impulsando a través del Programa Ciudad de Mil Colores una lógica distinta para atender la ciudad; se trata de aplicar en el cuerpo de la ciudad, vía sus venas, arterias y órganos, las agujas de la acupuntura urbana, que le permita regenerar y fortalecer el tejido urbano. Esta acupuntura se basa también en la conformación de nodos urbanos, a través de intervenciones que establezcan conectores urbanos que vincule barrios y zonas cada vez más atractivas, pintorescas, iluminadas y por supuesto más seguras para la gente y sus visitantes”, concluyó.

 1. PASEO TURÍSTICO- ARTESANAL Esta intervención denominada “Espacio en movimiento”, ubicada en las calles Linares y el pasaje Jiménez, fue recientemente inaugurada por el alcalde Iván Arias.

2. NIÑA INDÍGENA PLASMADA El mural de una niña de pollera y con trenzas resalta en la calle Linares y Sagárnaga, donde la bandera de La Paz ya ondea por las fiestas julias.

3. GALERÍA DE ARTE EN EL CEMENTERIO Este proyecto se consolidó en 2018, en el que participaron artistas latinoamericanos y europeos, elaborando murales del culto andino a la muerte.

4. MACROMURAL DE CHUALLUMA El barrio de Chualluma ganó el programa ‘Mi Barrio, Mi Hogar’, que formó parte del Proyecto urbano turístico ‘El Qhathu’. La artista Knorke Leaf fue la elegida para ser la directora creativa, diseñadora y ejecutora de este macromural.

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Planta de cloruro de potasio en Potosí produce al 25%

Experto metalúrgico sugiere invertir en tecnologías que pueden ser más caras, pero que resulten más eficientes para la explotación de potasio y litio.

/ 24 de junio de 2022 / 10:23

La minería fue, es y será una actividad de gran importancia en la economía boliviana. En 2021, más del 50% de las exportaciones nacionales correspondieron al sector minero y, cada vez más, los desocupados o subempleados del país buscan refugio en la minería cooperativizada, particularmente, en la aurífera. A pesar de esta relevancia, el estado de la minería no es de los mejores. No hay nuevos descubrimientos de yacimientos, no hay nuevas empresas, ni inversiones externas significativas; la Corporación Minera de Bolivia no funciona como corporación, el Gobierno se resiste a su refundación y la forma en que se manejan sus empresas componentes es, por decir lo menos, improvisada.

Por otro lado, el subsector cooperativo incrementa, diariamente, su peso cometiendo muchas irregularidades y perjudicando al país. Bajo este lente, Héctor Córdova Eguívar, ingeniero metalúrgico, exviceministro de Desarrollo Productivo Minero Metalúrgico y expresidente del Comité Ejecutivo de Comibol, presentó su estudio Políticas Mineras Para Bolivia.

Córdova hace hincapié en el caso del litio, cuya intención de explotarlo surge a fines de marzo de 2008, época en la cual había una estrategia y un objetivo claros: su industrialización, rechazando toda exportación de materia prima e impulsando la fabricación de baterías. “Han pasado 14 años de esto. Qué tenemos. Una planta de 350.000 toneladas para producir cloruro de potasio que es el segundo subproducto que sale de la tecnología de evaporación que se está utilizando. Lamentablemente, esta planta no está operando en su plena capacidad. Ya son cuatro años de su funcionamiento y el año pasado ha sido su año récord, en el cual ha sacado 82.000 toneladas de cloruro de potasio, a pesar de que su capacidad es de 350.000 por año.

Esto quiere decir que hemos logrado copar por el momento menos del 25% de su capacidad”, apuntó. Córdova mencionó las deficiencias en la etapa previa de las piscinas de evaporación, que hacen que la alimentación no sea suficiente para esta planta, por lo que se ha pensado en sustituirla por otra tecnología más cara, pero más eficiente. Asimismo, resaltó que está en construcción la planta de carbonato de litio, la cual inicialmente debería tener una capacidad de 30.000 toneladas por año, pero la que se está edificando tiene una capacidad de solo la mitad.

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Erich Eisner: A 125 años de su nacimiento

La OSN presentará el ‘Concierto de amistad’ en honor al músico judío-alemán en el Teatro Municipal

GALA. Concierto del 29 de julio de 1947. Erich Eisner con la soprano Nan Maryska de Meyer, la pianista Felicia Roon, el director del Conservatorio Mario Estenssoro y la primera violinista Olga de Maldonado. Al fondo: los violinistas Luis Araníbar y Hans Finkelstein

Por Mitsuko Shimose

/ 12 de junio de 2022 / 02:16

Erich Eisner (1897-1956), músico de origen judío-alemán, fue nombrado como director musical de la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN) el 6 de abril de 1945 por Decreto Supremo dictado por el entonces presidente Gualberto Villarroel, gracias al apoyo del ministro de Educación y Culto, Jorge Calero, y a iniciativa de Mario Estenssoro, director del Conservatorio Nacional de Música de aquella época, quien además le encomendó las cátedras de armonía, contrapunto y composición en dicha institución.

Desde su nominación, Eisner se propuso cuatro metas: encontrar músicos capacitados para formar parte de una orquesta sinfónica que justificara esta calificación; educar y amalgamar este cuerpo hasta entonces irregularmente polifónico para transformarlo en un conjunto musical uniforme que fuera apto para encarar la interpretación de obras clásicas; inculcar y educar al nuevo público para seguir, comprender y estimar un tipo de música no propagada hasta ese entonces; y  valorizar sinfónicamente el folklore boliviano.

Este año se cumplen 125 años del nacimiento de Eisner. Por ello, en homenaje al fundador y primer director de la OSN, la Embajada de Alemania en Bolivia organizó el denominado Concierto de amistad, en cooperación con la Secretaría de Culturas del Gobierno Autónomo Municipal de La Paz e interpretado por la OSN, bajo la dirección de Weimar Arancibia, el jueves 16 de junio, a las 19.30, en el Teatro Municipal Alberto Saavedra Pérez.

La prensa escrita de 1945 resalta el trabajo de la OSN, tanto del director como de los artistas

La música en el entretiempo de guerras

La historia de Eisner estuvo ligada con dos eventos que marcaron con sangre y fuego la historia: la Primera y la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, la música siempre estuvo en su vida. “Desde su infancia mi padre demostró una notable afinidad musical y sus padres le facilitaron el aprendizaje primero del violín y luego del piano. Durante su permanencia en el colegio secundario, formó parte de la orquesta estudiantil donde actuó como concertino. Un vistazo casual que echó por curiosidad a la partitura del profesor de música que dirigía la orquesta fue la chispa inicial de su decisión profesional: director de orquesta”, relató su hijo Manfred Eisner, ingeniero de alimentos que desde 2013 escribe novelas policiales en Alemania.

Cuando estalló la Primera Guerra Mundial en 1914, Eisner estaba por cumplir 17 años. A raíz de la nacionalidad de su padre, Moritz Eisner, nacido en República Checa —entonces Reino de Bohemia, parte del Imperio Austro Húngaro— él era igualmente súbdito austríaco, por lo que se presentó a ese Consulado en Múnich para enlistarse al Ejército, pero fue rechazado por no haber cumplido los 18 años.

“Humillado por el rechazo, se presentó como voluntario y lo enlistaron en el regimiento  de Reserva de Artillería de Campaña No. 2.  Obtuvo diversas medallas por su actuación y avanzó desde soldado raso hasta sargento de primera. Al cumplir los 18 años, fue requerido para enlistarse en el Ejército Austro-Húngaro. Al terminar la guerra, le dieron de baja con el grado de teniente de la reserva. El Gobierno alemán retribuyó su dedicado servicio militar durante la guerra, confiriéndole la ciudadanía alemana en 1920”.

Durante este periodo, Eisner nunca olvidó la música. Así, mientras aún estaba en medio de las batallas, se inscribió en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Maximiliana de Múnich. En aquel entonces, tal estudio era una condición sine qua non para acompañar el aprendizaje musical de alto nivel.

El interés de Eisner por centrarse en obras sinfónicas fue “gracias a su contacto e influencia musical del entonces ya famoso Bruno Walter, director de Teatro Nacional del Estado de la ópera de Múnich, donde actuó bajo su tutela durante tres años como asistente de escena y corepetidor, a la par que continuaba sus estudios. Su afinidad especial hacia las obras de Wagner, Mahler y Bruckner se deben a la gran labor de propagación de estos compositores por parte de Walter”.

Tras completar sus estudios en la Academia Artística Musical de Múnich, Eisner tuvo su debut al frente de la orquesta del Teatro Municipal de Sankt Pölten (Austria) el 14 de septiembre de 1923 con la opereta Katja, la bailarina de Jacobson y Österreicher con música de Jean Gilbert. A la par de dirigir óperas y operetas, se encaminó hacia la presentación de obras sinfónicas en conciertos complementarios.

Eisner ganó varios laureles como director al frente de varias orquestas en Múnich entre 1929 y 1933, ambientándose cada vez más íntimamente en la literatura sinfónica. Pero todo esto se vio opacado ante un llamado al atril del Stadttheater en Stuttgart, que fue abortado por la proclamación de la ley racista del gobierno nazi, la “Reichskulturkammergesetz” del 1 de noviembre de 1933, que discriminaba y prohibía toda actuación pública de artistas judíos en el Tercer Reich. El presidente de la Reichsmusikkammer de Berlín rehusó su solicitud de admisión a la Cámara de Cultura del Reich. A consecuencia de ello, Eisner perdió el derecho a continuar el ejercicio de su profesión.

Tras esta prohibición, Eisner se contactó con su dirigente apellidado Singer y organizó el Círculo Cultural Judío en Baviera, al cual estuvieron asociadas siete ciudades. Como sus medios no alcanzaban para financiar la creación de una ópera, pudo formar una orquesta sinfónica de solamente 50 músicos.

Eisner dirigió 18 conciertos sinfónicos en Augsburgo y Múnich, siendo su último  el 18 de mayo de 1938  en la sinagoga principal de Múnich, en la cual había sido organista desde su inauguración. Cuando los acordes finales de la Sexta Sinfonía de Tschaikowsky (Patética) se desvanecieron en las cúpulas de este templo, el edificio fue derrumbado a inicios de junio, víctima del odio nazista y a causa de una orden personal de Hitler, quien se negaba  a inaugurar la Semana de la Cultura en la sede cultural vecina al templo judío.  

Ésta fue la mayor  frustración y la incisión más dolorosa en la vida cultural de Eisner. Además de esa experiencia,  su actuación bélica en el ejército alemán no le evitó la detención y el campo de concentración.

 “Al amanecer del 10 de noviembre de 1938, consiguiente a la nefasta ‘Noche de los Cristales’,  la siniestra Policía Política Secreta Nazista Gestapo arrestó a todos los judíos varones de nacionalidad alemana y los internó en campos de concentración. Mi padre se encontraba reunido con los miembros de su orquesta y también con su público en el Campo de Dachau, vecino a Múnich, por lo que no se puso a salvo oportunamente porque se sentía obligado moralmente con su obra y su público y no los podía dejar abandonados”.

Tras dos interminables meses, y gracias a una coincidencia del destino, Eisner logró evadir el martirio del campo de concentración y refugiarse en Inglaterra. “Fue gracias a la intervención del abogado amigo de la familia, Otto Rottner, quien pese a ser miembro del partido nazista, se oponía a sus acciones antijudías, y por ser poseedor de un visado para salir de Alemania, mi padre fue liberado relativamente pronto y pudo salir del país. Llegó a Inglaterra a fines de 1938, donde radicó en casa de un primo en la localidad de Derby, hasta octubre del año siguiente”.

El inicio de la Segunda Guerra Mundial impidió el traslado de su familia (esposa e hijo) a Inglaterra, por haberse convertido éstos en “extranjeros enemigos”; así que Eisner partió a Argentina y luego a Bolivia.

“Recurrimos a nuestros amigos íntimos Semi Herrmann y su esposa Bel, quienes habían emigrado en años anteriores y se habían establecido como agricultores adquiriendo la Hacienda Guayrapata, en los Yungas. Aprovechando la oportunidad que Bolivia ofrecía a nivel mundial para conceder asilo a refugiados judíos, ellos nos ayudaron a conseguir los visados para Bolivia. Mi madre y yo navegamos en abril de 1940 desde el puerto de Génova en la nave italiana Conte Biancamano, el último buque que logró transportar refugiados, que nos condujo al puerto de Arica, desde donde el Ferrocarril nos trajo  a La Paz a fines de mayo”.


Concierto de la OSN del 29 de septiembre de 1948

El desempeño musical en La Paz

Una vez en la urbe paceña, Eisner se vio incapacitado de ejercer su profesión, ya que el conocimiento y la compresión de la música estaban dirigidos a solo una pequeña élite. Esto lo llevó a buscar los círculos  culturales de su nueva patria.

“Conoció a Flavio Machicado y, en ocasión de sus reuniones musicales, las famosas Flaviadas semanales, pudo conocer y relacionarse con personalidades relevantes en el ámbito cultural. Especial mención merecen Vicente Donoso y Mario Estenssoro, quien se convirtió en dedicado promotor y propulsor de su carrera”.

Gracias a estas nuevas relaciones, las autoridades educacionales se informaron de la existencia de una personalidad musical de alta categoría, quien fuera especialmente apto para la educación de futuros maestros para el país. Así que la primera tarea que le encomendó el Gobierno boliviano fue trasladarse a la Capital de la República, Sucre, para hacerse cargo de la educación musical de los futuros maestros del país, en la Escuela Nacional de Maestros. Allí conoció a la poeta Yolanda Bedregal de Conitzer, en ese entonces docente de escultura.

“En aquellos tiempos, la tan dotada artista comenzaba a escribir sus poemas, que en el correr de los años la llevaron a la fama y finalmente hasta su laureado. Justamente mi padre escogió uno de ellos, intitulado Bolivia, como texto para su Cantata, un himno de gratitud y reconocimiento dedicado al noble país y pueblo boliviano que nos salvó de la pérfida persecución por parte de los nacionalsocialistas alemanes y nos concedió asilo. Para mí fue mi segunda patria y le debo una juventud feliz, y como se dice, de yapa, el dominio de la lengua castellana”.

Eisner contagió su entusiasmo al director, maestros y alumnos de ese instituto y fundó un coro de 265 voces —una magnitud nunca antes vista en estos ámbitos— y con la ayuda de los más avanzados de sus discípulos, inculcó y enseñó comprensión, canto y amor hacia la música clásica. El  3 de mayo de 1941, el coro se estrenó en el Teatro Gran Mariscal Sucre con Gloria a Dios  de El Mesías de Händel  en el acto de fundación de la Cruz Roja Aliada. 

Los miembros de la pequeña orquesta de la Sociedad Filarmónica Sucre —profesores y alumnos ya avanzados de la Escuela Nacional de Maestros, así como algunos emigrantes, además de excelentes artistas residentes en Sucre— se unieron al proyecto de Eisner.

Para inicios de 1943, la premier de la Cantata Bolivia estaba programada en Sucre en honor del presidente Enrique Peñaranda, pero no se realizó a causa de incidentes políticos que culminaron con su derrocamiento pocos meses después. Lamentablemente, Eisner no llegó a presenciar el estreno de su obra.

El debut mundial de la Cantata Bolivia se hizo con enorme éxito 62 años después de su creación, el 3 de abril de 2003, en el Festival de Primavera en el Auditorio del Centro Artístico de Rishon LeZion, Israel.

“A raíz del estreno mundial de la obra, esta información llegó a los oídos del entonces director de la OSN David Händel, quien se interesó inmediatamente por la presentación de la Cantata Bolivia para sus oyentes. El Museo Judío de Berlín, depositario del complejo legado Erich Eisner, proporcionó la partitura con las partes de música a la OSN que así pudo ser finalmente entregada personalmente por mi parte, conjuntamente con la hija de la poeta Yolanda Bedregal de Conitzer, a quien corresponde, en octubre de 2003”.

El 23, 24 y 25 de marzo de 2004, este himno se escuchó en el Centro Sinfónico Nacional, bajo la dirección de Händel. Fue una presentación muy emotiva, que coincidió con la celebración del 125 Aniversario del Día del Mar, y en la cual estuvieron los hijos de ambos gestores: Rosángela Conitzer de Echazú y Manfred Eisner.


El anuncio de un periódico sobre este recital

FOTOS: CORTESÍA DE MANFRED EISNER

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La moda de la gran fiesta: símbolo de distinción

La chola antigua es la inspiración para las figuras, que rescatan los botines y transparencias

Elegancia. Los atavíos de las cholas resaltan por los bordados en las mantas, y la ropa de la figura, por los apliqués incorporados

Por Mitsuko Shimose

/ 6 de junio de 2022 / 09:38

Polleras al viento que giran como sombrillas abiertas gracias al movimiento de las caderas que van de un lado a otro al son de los acordes de la morenada es algo que se ve en la entrada de la fiesta del Señor Jesús del Gran Poder, que este 2022 se celebrará tras dos años de ausencia a causa de los golpes de la pandemia del coronavirus. 

Esta prenda elemental de la chola paceña se ha transformado en las guías, llamadas también figuras, de los bloques de las fraternidades, pues ahora ellas portan polleras más cortas de lo que solían ser a mitades del siglo XX, además de los modelos con pequeñas alforzas o bastas que ahora se han perdido, resalta Rosario Aguilar, diseñadora de moda de alta costura inspirada en la mujer de pollera.

Corsés apretados y escotes pronunciados son otras características en estos trajes. Sobre estas peculiaridades, Aguilar dice que el corsé fue rescatado como una prenda que usaban las señoras de antaño, pero que el escote es algo que se implementó recién, ya que antes no era parte del modelo de la vestimenta, porque las señoras eran más recatadas.

En cuanto a las texturas, éstas también cambiaron. “Ahora se implementan transparencias en lugar de las blusas de encaje fino que se usaban en los años 1940 y 1950, además de las mostacillas, lentejuelas y el contraste con colores fuertes, que antes eran más bien pálidos”.

Otra particularidad que Aguilar remarca es el uso de botas en la chola de antaño —aspecto que las guías recuperan—, versus los zapatos planos que ahora la mujer de pollera utiliza para su comodidad.

LA GRÁFICA

Estilo. Estas figuras rompen con la tradicional pollera corta

Foto: Archivo

Las integrantes de UNA fraternidad hacen girar las matracas en sus manos que portan anillos de oro en cada dedo

Diversidad. Los diferentes colores y texturas resaltan tanto en las figuras como en las cholas de los distintos bloques

Foto: Archivo

Foto: Archivo

Foto: Archivo

Foto: Archivo

Foto: Archivo

La vestimenta como distinción

Según Aguilar, la ropa de las figuras trata de conservar el estilo de la chola antigua. Portando prendas como la pollera, las enaguas, los guantes y el corsé con mucho encaje, además de las botas y la cartera, tratan de evocar lo que antes utilizaba la chola paceña tradicional. Este estilo antiguo que llevan las guías las diferencia de las mujeres de pollera que bailan en los bloques de las distintas fraternidades.

Pero entre los bloques de una misma fraternidad también hay diferencias en  sus atavíos, subraya la diseñadora de moda. “Su ropa siempre es distinta porque cada bloque tiene su nombre propio y se diferencia por colores diversos. Pero la vestimenta de la tropa de las señoras de pollera es decisión de la pasante, que elige con el artesano para que toda la tropa tenga un solo color; en los bloques, en cambio, pueden ser grupos de 10, o de 20 parejas que eligen la ropa para acompañarlas”.

Respecto al tema de los trajes de las fraternidades, éstos difieren sobre todo porque en la entrada existe una especie de concurso en que se elige quién lleva la mejor ropa, cuál tiene el mejor color, el mejor diseño, etc. Es por eso que cada diseñador es elegido por el pasante, quien supervisa los colores y diseños con alforzas grandes o pequeñas, y con apliqués de mostacillas o brillos para resaltar la fraternidad, remarca Aguilar. “Si la fraternidad obtiene un galardón por la vestimenta, entonces gana. Son puntajes que responden a diferentes características, los cuales son acumulativos, y cuando la suma es alta, es un logro de los artesanos”.

La Asociación de Conjuntos Folklóricos del Gran Poder dispuso que no se cambie el estilo de la vestimenta, por lo que el uso de la manta es obligatorio, así que las cholas no podrán entrar solo con corsé.

“Si bien la ropa entre fraternidades difiere por esa competencia que hay entre ellas, la vestimenta en el Gran Poder también sería un símbolo de distinción y una muestra del poder económico porque  se acompaña con accesorios de oro, como  aretes, anillos y topos”.

Así, las calles por las que avanza la entrada de Gran Poder no solo se convierten en el escenario de la danza folklórica y los rituales religiosos, sino también en la más importante pasarela en que las tendencias de moda en cuanto a ropa de chola paceña se refiere, han encontrado la más importante vitrina del año.

FOTOS: ARCHIVO LA RAZÓN

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Renacer Juntos: apoyo para mamás en duelo

Renacer Juntos Bolivia lleva 11 años transformando en amor el dolor del duelo por la pérdida de un hijo

EVENTO. El grupo suelta globos como símbolo para dejar ir al cielo al hijo que partió

/ 22 de mayo de 2022 / 22:52

No llores”, “déjalos descansar”, “eres joven, vas a tener más hijos”, “estaban en el vientre, no los has conocido”, eran algunas de las frases de consuelo que Danitza Alarcón solía escuchar de parte de sus familiares y amigos tras la partida de sus mellizos.

“Para mí enterarme de que estaba embarazada de mellizos era como un cuento de hadas, una noticia realmente alegre, la cual a todo al que se la comentaba se quedaba con la boca abierta porque pues, era realmente, como decían, una doble bendición”, recordó Danitza.

Sin embargo, el 2 de abril de 2010 se le adelantó el parto por cosas que se suscitaron durante su embarazo: una discusión con su pareja y una mala praxis de la doctora que la atendía. De ese modo, los bebés Aaron y Adison nacieron a los cinco meses, pero vivieron solamente algunos minutos porque no tenían los pulmones desarrollados y después fallecieron.

Este hecho la condujo hacia una severa depresión que le duró alrededor de un año. Y las frases que ya conocía de memoria no le ayudaban a sentirse mejor.

Por ello decidió buscar ayuda. Encontró en internet un grupo de mamás en Argentina que tenían hijos fallecidos y ahí comenzó a conversar en los foros y dio la casualidad de que había una mamá de La Paz. “Con ella un domingo nos hemos citado para contarnos nuestras historias y bueno, ni las lágrimas ni los abrazos se dejaron esperar. Ha sido prácticamente una puerta abierta entre tanta cosa… por fin había encontrado a una persona que estaba hablando mi mismo idioma, que no me ponía peros y que nunca me mencionó siquiera esos consejos que me venían diciendo constantemente y que más que darme paz me causaban más dolor”.

A raíz del encuentro, decidieron hacer un evento en La Paz: replicar la suelta de globos que se realizaba en Argentina.

HOMENAJE. Danitza Alarcón, fundadora del grupo Renacer Juntos Bolivia, durante un evento en memoria de los niños fallecidos

Los atisbos de esperanza

Las dos mujeres fueron a distintos canales de televisión para invitar a madres y padres que estaban pasando por lo mismo, algo que para Danitza fue muy difícil, porque hablar de sus hijos, de su espera y de su muerte solo le provocaba llanto.

Pero fue gracias a esa invitación que se reunieron casi 30 mamás y papás, con quienes realizaron la primera suelta de globos en noviembre de 2011 en La Paz, y el 18 de diciembre del mismo año, Danitza  creó Renacer Juntos Bolivia con el grupo de participantes, con quienes empezaron a hacer reuniones mensuales.

“Fue una especie de magia ver cómo poco a poco, mes a mes, sin necesidad de ir a terapias, a psicólogos o de tomar pastillas, he podido ir encontrando esa paz que estaba buscando. En su momento buscas las respuestas del porqué, para qué, cómo, por qué a mí, y  ahora, después de 12 años desde lo que me ha pasado, puedo decir que ya las he encontrado: ¿por qué a mí y por qué a mis hijos? Posiblemente porque alguien tenía que crear este grupo, que ayuda a tantas mamás y papás, que les da paz, que puede generar nuevamente que sus corazones vuelvan a amar. Por eso cuando llega alguien a Renacer, son ellos los que colaboran, dan consejos, les guían por el camino por el cual ir”.

El grupo ya tiene 11 años. Lo conforman alrededor de 350 familias, de las cuales no todas están presentes en las reuniones mensuales, pero cuando realizan las sueltas de globos o las olas de luz —que se realizan cada 15 de octubre a nivel internacional. De 19.00 a 20.00 se encienden velas por la muerte de los hijos, simbolizando que pese a que ellos no están presentes, queda una luz encendida en su memoria— se acercan, siempre se acuerdan y tienen presentes a sus hijos. Además de eso, tienen un grupo de WhatsApp donde mandan alguna nota, foto o dedicatoria cuando es un día significativo, “ya sea en el cumpleaños del hijo o el ángelversario, como nosotros le decimos al día que se convirtieron en ángeles”.

Desde 2020, el grupo ha evitado reunirse presencialmente por el COVID-19, pero no han dejado de tener encuentros por Zoom. “En algún momento se van a volver a reactivar las reuniones presenciales. He tenido comunicación con mamás y papás nuevos. Me contactan más o menos una vez al mes directamente o a través de un amigo que me dice que conoce a alguna persona que ha perdido a su hijo o hija y luego me hace el enlace con ellos”. 

Danitza no tiene hijos biológicos. Se casó hace un mes tras una relación de tres años con “un hombre maravilloso”, como lo llama, que tiene dos hijos de su primera relación: María René, de 13 años; y Luis, de 17 años, a quienes trata de transmitirles todo ese amor que tiene guardado dentro suyo. “Obviamente no soy la mamá de ellos, soy más una amiga, pero el amor siempre está presente. Vivimos los cuatro, con mi esposo y sus dos hijos”. Y les acompaña Pekas, que es como su hijita, porque le ha enseñado otra manera de amar, además de brindarle paz y tranquilidad.

“Si Dios en algún momento decidiera premiarme de nuevo con volver a ser mamá biológica, estaría muy feliz y más bendecida de lo que ahora ya me siento con lo que tengo en este momento en mi vida: una familia a la que amo y que me apoya”.

MILAGRO. Hebe Sejas, junto a su pequeño ‘arcoíris’, Evan Albeiro

Una mamá milagro

Hebe Sejas se enteró del grupo en 2013. El 12 de septiembre de ese mismo año, a las 05.00, falleció su hija, Vivian Mariana, en trabajo de parto. Desde este suceso, Hebe permaneció en terapia intensiva e intermedia porque estuvo muy delicada de salud y al cabo de poco más de dos semanas  le dieron de alta del Hospital Materno Infantil. Entonces tuvo que enfrentar la realidad de que su hija no llegaría a casa con ella. “Fue una situación muy dura, entré en un estado de depresión muy profunda”.

A 25 días de que falleciera su bebé, Hebe habló con su hermana menor, quien le dijo que había visto un documental sobre un grupo de padres con similar experiencia que compartían sus vivencias.

Una amiga psicóloga le habló de nuevo del grupo que había contactado a la coordinadora, Danitza. “A mediados de octubre de 2013 había un evento donde se hacía una suelta de globos y ese día yo decidí encontrar a Danitza y a las otras mamás del grupo Renacer Juntos Bolivia para hablar sobre mi experiencia”, cuenta.

Además del sufrimiento de la partida de su bebé, Hebe fue contagiada de una enfermedad en terapia intensiva a través de transfusiones sanguíneas que se le hicieron para salvarle la vida. Y a causa de su cuadro médico, sus riñones no habían logrado filtrar todos los virus y bacterias que venían en la sangre, por lo que contrajo el citomegalovirus crónico, contra el cual luchó alrededor de cinco años. No solo había perdido a su bebé, le dijeron que no tenía posibilidad de ser mamá a futuro.

“Mis médicos, especialmente el inmunoalergólogo y el ginecoobstetra, me dijeron que salir de terapia había sido un milagro gracias al equipo maravilloso que me tocó en el Materno Infantil, particularmente el Dr. Richard Gómez y la enfermera, de quien desconozco su nombre”.

El bebé había fallecido porque ella tuvo un desprendimiento de placenta súbito y la hemorragia interna fue tan fuerte que no había manera de pararla a menos de que le sacaran la matriz. Gracias a la acción de esa enfermera y de ese doctor no se la extrajeron, pues lograron parar el sangrado y estabilizarla parcialmente.

“A partir de esto, me ha tocado estar entre Bolivia y Chile haciendo tratamientos muy fuertes para poder lidiar con este virus que atacaba especialmente al hígado y las articulaciones de forma agresiva. La medicación también atacó varias partes del cuerpo, y básicamente mi sistema inmune no reaccionaba”.

El retorno de la ilusión

Tras cinco años haciendo consultas entre Bolivia y Chile, el virus había bajado de tal manera que Hebe tenía la posibilidad de hacer un tratamiento y poder tener un hijo si así lo deseaba. Así, en 2018, junto al que entonces era su pareja, decidieron hacer un tratamiento. El 24 de junio de 2019, después de un embarazo complicado en el que estuvo casi los nueve meses en cama y con vigilancia médica e internaciones, nació su “bebé arcoíris” —que es como se conoce a los nacidos después de que se ha perdido antes un hijo—, Evan Albeiro.

“Tras muchos años de aceptar la muerte física de mi hijita y de vivirla espiritualmente, hoy soy mamá de un hermoso niño que tiene dos años y 11 meses: mi pequeño arcoíris”, dice muy feliz.

Ambos conviven con su “chiquitita con alitas” y que la tienen siempre presente en su pequeño altar, ofreciéndole misas y mandándole globos al cielo. “Mi hijito está creciendo con la idea de que tiene una hermanita que está con Dios”.

Para ella, Renacer ha sido un pilar fundamental a partir de esa primera suelta de globos a la que asistió en octubre de 2013, un mes después de la muerte de su hija. Remarca que Danitza y el equipo de mamás le dieron el soporte emocional que ella no encontraba ni en su familia, ni en su pareja, ni en sus amigas.

“Si muere papá o mamá, el hijo es ‘huérfano’; pero si muere tu hijo, no hay palabra para describir en qué te conviertes. Es un duelo constante con el que uno tiene que aprender a convivir, pero también es esa prueba infinita de que a pesar del tiempo y la distancia, se debe amar para siempre”.

Ella asegura el haber aprendido a amar cada día más a su hija y que, en nombre de ella, hace las obras que le tocan en este mundo y, particularmente, acompañada de las mamás que están en este duro camino.

“El dolor de la ausencia de un hijo es tan grande que se vuelve un duelo eterno y, al serlo, está en nuestras manos el de vivirlo siempre con dolor o con un amor infinito que se transforma en buenas obras y servicio a los demás”.

Para contactarse con Renacer Juntos Bolivia, comunicarse con el teléfono 65623584 (Danitza Alarcón) o escribir en su página de Facebook, de igual nombre.

Altar en honor a Vivian Mariana

Para contactarse con Renacer Juntos Bolivia, comunicarse con el teléfono 65623584 (Danitza Alarcón) o escribir en su página de Facebook, de igual nombre

FOTOS: DANITZA ALARCÓN Y HEBE SEJAS

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