Sociales

martes 24 may 2022 | Actualizado a 04:38

El pintor argentino Lito Demuro inauguró su exposición

Con otros ojos

/ 20 de abril de 2019 / 16:59

Xuxuy, Sencillamente complicado, Velorio sin lágrimas, Génesis y Las flaquezas del amor son algunos de los títulos de las obras en técnica mixta del pintor argentino Lito Demuro, quien inauguró su exposición Sobre quiebres, rupturas… y otras yerbas, en el Museo Nacional de Arte.

“Para nosotros es una experiencia significativa por ese hallar de identidades y realidades sociales y culturales, además de íntimas, de un país, de una sociedad, de una localidad, pero sobre todo de la esencia del corazón de Lito Demuro”, dijo la curadora de la muestra, Fátima Olivares. Remarcó que con su obra se logró un acercamiento de diálogo entre Bolivia y Argentina porque “somos una unidad, que creemos y construimos en fe todas nuestras realidades que nos permiten concedernos la oportunidad de crear y recrear”.

El embajador de Argentina, Normando Álvarez, enfatizó que desde su embajada siempre se trató de apoyar el intercambio cultural en La Paz. “Esto habla de la necesidad de saber y de reconocer que la cultura siempre une, y Bolivia se ha convertido en una gran fuente que no solo genera, sino recibe cultura”. Finalmente, Lito Demuro contó su experiencia como pintor en varios países, siendo Bolivia uno de los que lo reparó en varios sentidos, razón por la que quiso volver.

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Renacer Juntos: apoyo para mamás en duelo

Renacer Juntos Bolivia lleva 11 años transformando en amor el dolor del duelo por la pérdida de un hijo

EVENTO. El grupo suelta globos como símbolo para dejar ir al cielo al hijo que partió

/ 22 de mayo de 2022 / 22:52

No llores”, “déjalos descansar”, “eres joven, vas a tener más hijos”, “estaban en el vientre, no los has conocido”, eran algunas de las frases de consuelo que Danitza Alarcón solía escuchar de parte de sus familiares y amigos tras la partida de sus mellizos.

“Para mí enterarme de que estaba embarazada de mellizos era como un cuento de hadas, una noticia realmente alegre, la cual a todo al que se la comentaba se quedaba con la boca abierta porque pues, era realmente, como decían, una doble bendición”, recordó Danitza.

Sin embargo, el 2 de abril de 2010 se le adelantó el parto por cosas que se suscitaron durante su embarazo: una discusión con su pareja y una mala praxis de la doctora que la atendía. De ese modo, los bebés Aaron y Adison nacieron a los cinco meses, pero vivieron solamente algunos minutos porque no tenían los pulmones desarrollados y después fallecieron.

Este hecho la condujo hacia una severa depresión que le duró alrededor de un año. Y las frases que ya conocía de memoria no le ayudaban a sentirse mejor.

Por ello decidió buscar ayuda. Encontró en internet un grupo de mamás en Argentina que tenían hijos fallecidos y ahí comenzó a conversar en los foros y dio la casualidad de que había una mamá de La Paz. “Con ella un domingo nos hemos citado para contarnos nuestras historias y bueno, ni las lágrimas ni los abrazos se dejaron esperar. Ha sido prácticamente una puerta abierta entre tanta cosa… por fin había encontrado a una persona que estaba hablando mi mismo idioma, que no me ponía peros y que nunca me mencionó siquiera esos consejos que me venían diciendo constantemente y que más que darme paz me causaban más dolor”.

A raíz del encuentro, decidieron hacer un evento en La Paz: replicar la suelta de globos que se realizaba en Argentina.

HOMENAJE. Danitza Alarcón, fundadora del grupo Renacer Juntos Bolivia, durante un evento en memoria de los niños fallecidos

Los atisbos de esperanza

Las dos mujeres fueron a distintos canales de televisión para invitar a madres y padres que estaban pasando por lo mismo, algo que para Danitza fue muy difícil, porque hablar de sus hijos, de su espera y de su muerte solo le provocaba llanto.

Pero fue gracias a esa invitación que se reunieron casi 30 mamás y papás, con quienes realizaron la primera suelta de globos en noviembre de 2011 en La Paz, y el 18 de diciembre del mismo año, Danitza  creó Renacer Juntos Bolivia con el grupo de participantes, con quienes empezaron a hacer reuniones mensuales.

“Fue una especie de magia ver cómo poco a poco, mes a mes, sin necesidad de ir a terapias, a psicólogos o de tomar pastillas, he podido ir encontrando esa paz que estaba buscando. En su momento buscas las respuestas del porqué, para qué, cómo, por qué a mí, y  ahora, después de 12 años desde lo que me ha pasado, puedo decir que ya las he encontrado: ¿por qué a mí y por qué a mis hijos? Posiblemente porque alguien tenía que crear este grupo, que ayuda a tantas mamás y papás, que les da paz, que puede generar nuevamente que sus corazones vuelvan a amar. Por eso cuando llega alguien a Renacer, son ellos los que colaboran, dan consejos, les guían por el camino por el cual ir”.

El grupo ya tiene 11 años. Lo conforman alrededor de 350 familias, de las cuales no todas están presentes en las reuniones mensuales, pero cuando realizan las sueltas de globos o las olas de luz —que se realizan cada 15 de octubre a nivel internacional. De 19.00 a 20.00 se encienden velas por la muerte de los hijos, simbolizando que pese a que ellos no están presentes, queda una luz encendida en su memoria— se acercan, siempre se acuerdan y tienen presentes a sus hijos. Además de eso, tienen un grupo de WhatsApp donde mandan alguna nota, foto o dedicatoria cuando es un día significativo, “ya sea en el cumpleaños del hijo o el ángelversario, como nosotros le decimos al día que se convirtieron en ángeles”.

Desde 2020, el grupo ha evitado reunirse presencialmente por el COVID-19, pero no han dejado de tener encuentros por Zoom. “En algún momento se van a volver a reactivar las reuniones presenciales. He tenido comunicación con mamás y papás nuevos. Me contactan más o menos una vez al mes directamente o a través de un amigo que me dice que conoce a alguna persona que ha perdido a su hijo o hija y luego me hace el enlace con ellos”. 

Danitza no tiene hijos biológicos. Se casó hace un mes tras una relación de tres años con “un hombre maravilloso”, como lo llama, que tiene dos hijos de su primera relación: María René, de 13 años; y Luis, de 17 años, a quienes trata de transmitirles todo ese amor que tiene guardado dentro suyo. “Obviamente no soy la mamá de ellos, soy más una amiga, pero el amor siempre está presente. Vivimos los cuatro, con mi esposo y sus dos hijos”. Y les acompaña Pekas, que es como su hijita, porque le ha enseñado otra manera de amar, además de brindarle paz y tranquilidad.

“Si Dios en algún momento decidiera premiarme de nuevo con volver a ser mamá biológica, estaría muy feliz y más bendecida de lo que ahora ya me siento con lo que tengo en este momento en mi vida: una familia a la que amo y que me apoya”.

MILAGRO. Hebe Sejas, junto a su pequeño ‘arcoíris’, Evan Albeiro

Una mamá milagro

Hebe Sejas se enteró del grupo en 2013. El 12 de septiembre de ese mismo año, a las 05.00, falleció su hija, Vivian Mariana, en trabajo de parto. Desde este suceso, Hebe permaneció en terapia intensiva e intermedia porque estuvo muy delicada de salud y al cabo de poco más de dos semanas  le dieron de alta del Hospital Materno Infantil. Entonces tuvo que enfrentar la realidad de que su hija no llegaría a casa con ella. “Fue una situación muy dura, entré en un estado de depresión muy profunda”.

A 25 días de que falleciera su bebé, Hebe habló con su hermana menor, quien le dijo que había visto un documental sobre un grupo de padres con similar experiencia que compartían sus vivencias.

Una amiga psicóloga le habló de nuevo del grupo que había contactado a la coordinadora, Danitza. “A mediados de octubre de 2013 había un evento donde se hacía una suelta de globos y ese día yo decidí encontrar a Danitza y a las otras mamás del grupo Renacer Juntos Bolivia para hablar sobre mi experiencia”, cuenta.

Además del sufrimiento de la partida de su bebé, Hebe fue contagiada de una enfermedad en terapia intensiva a través de transfusiones sanguíneas que se le hicieron para salvarle la vida. Y a causa de su cuadro médico, sus riñones no habían logrado filtrar todos los virus y bacterias que venían en la sangre, por lo que contrajo el citomegalovirus crónico, contra el cual luchó alrededor de cinco años. No solo había perdido a su bebé, le dijeron que no tenía posibilidad de ser mamá a futuro.

“Mis médicos, especialmente el inmunoalergólogo y el ginecoobstetra, me dijeron que salir de terapia había sido un milagro gracias al equipo maravilloso que me tocó en el Materno Infantil, particularmente el Dr. Richard Gómez y la enfermera, de quien desconozco su nombre”.

El bebé había fallecido porque ella tuvo un desprendimiento de placenta súbito y la hemorragia interna fue tan fuerte que no había manera de pararla a menos de que le sacaran la matriz. Gracias a la acción de esa enfermera y de ese doctor no se la extrajeron, pues lograron parar el sangrado y estabilizarla parcialmente.

“A partir de esto, me ha tocado estar entre Bolivia y Chile haciendo tratamientos muy fuertes para poder lidiar con este virus que atacaba especialmente al hígado y las articulaciones de forma agresiva. La medicación también atacó varias partes del cuerpo, y básicamente mi sistema inmune no reaccionaba”.

El retorno de la ilusión

Tras cinco años haciendo consultas entre Bolivia y Chile, el virus había bajado de tal manera que Hebe tenía la posibilidad de hacer un tratamiento y poder tener un hijo si así lo deseaba. Así, en 2018, junto al que entonces era su pareja, decidieron hacer un tratamiento. El 24 de junio de 2019, después de un embarazo complicado en el que estuvo casi los nueve meses en cama y con vigilancia médica e internaciones, nació su “bebé arcoíris” —que es como se conoce a los nacidos después de que se ha perdido antes un hijo—, Evan Albeiro.

“Tras muchos años de aceptar la muerte física de mi hijita y de vivirla espiritualmente, hoy soy mamá de un hermoso niño que tiene dos años y 11 meses: mi pequeño arcoíris”, dice muy feliz.

Ambos conviven con su “chiquitita con alitas” y que la tienen siempre presente en su pequeño altar, ofreciéndole misas y mandándole globos al cielo. “Mi hijito está creciendo con la idea de que tiene una hermanita que está con Dios”.

Para ella, Renacer ha sido un pilar fundamental a partir de esa primera suelta de globos a la que asistió en octubre de 2013, un mes después de la muerte de su hija. Remarca que Danitza y el equipo de mamás le dieron el soporte emocional que ella no encontraba ni en su familia, ni en su pareja, ni en sus amigas.

“Si muere papá o mamá, el hijo es ‘huérfano’; pero si muere tu hijo, no hay palabra para describir en qué te conviertes. Es un duelo constante con el que uno tiene que aprender a convivir, pero también es esa prueba infinita de que a pesar del tiempo y la distancia, se debe amar para siempre”.

Ella asegura el haber aprendido a amar cada día más a su hija y que, en nombre de ella, hace las obras que le tocan en este mundo y, particularmente, acompañada de las mamás que están en este duro camino.

“El dolor de la ausencia de un hijo es tan grande que se vuelve un duelo eterno y, al serlo, está en nuestras manos el de vivirlo siempre con dolor o con un amor infinito que se transforma en buenas obras y servicio a los demás”.

Para contactarse con Renacer Juntos Bolivia, comunicarse con el teléfono 65623584 (Danitza Alarcón) o escribir en su página de Facebook, de igual nombre.

Altar en honor a Vivian Mariana

Para contactarse con Renacer Juntos Bolivia, comunicarse con el teléfono 65623584 (Danitza Alarcón) o escribir en su página de Facebook, de igual nombre

FOTOS: DANITZA ALARCÓN Y HEBE SEJAS

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Un irlandés enamorado de La Paz

El emprendedor es el dueño del restaurante The Carrot Tree

Jack O’Connor en el comedor del restaurante

Por Mitsuko Shimose

/ 16 de mayo de 2022 / 02:18

Ojos grandes y celestes, una amplia sonrisa y un tono de cutis acentuado por el abrasador sol paceño son algunas de las características físicas de Jack O’Connor, un irlandés que llegó hace 12 años a esta urbe y de la cual quedó enamorado. “Nunca voy a olvidar el primer día que llegué a La Paz. Mi vuelo aterrizó el 16 de junio de 2010 a las 03.00, y cuando bajé del aeropuerto a la ciudad, la vi inmensa, toda envuelta de luces… era simplemente espectacular, nunca había pensado que podía ser así”.

Ese primer impacto que le generó esta urbe, además de que sus ciudadanos le hicieron sentirse como en casa, fueron trascendentales para que él decidiera  permanecer en La Paz por más tiempo. Su plan inicial no era quedarse tanto en Bolivia, llegó sin saber ni una sola palabra de español. Gracias a su carácter sociable, aprendió el idioma hablando con la gente y se comunicó con tantas personas, que cree tener ahora más amigos en La Paz de los que tal vez cultivó en Irlanda. Actualmente forma parte de dos equipos: uno de rugby, conformado por bolivianos, y otro de fútbol, llamado Chocos Locos, en el que participan extranjeros de Brasil, Irlanda e Inglaterra.

Su travesía se inició cuando tenía 21 años, tras terminar de estudiar Ingeniería Mecánica en un College de Cork, ciudad cercana a Tipperary, su pueblo natal que queda al sur de Irlanda y está habitado tan solo por 5.000 personas.

LA GRÁFICA

Irlandés. Jack O’Connor, en uno de los espacios del restaurante The Carrot Tree, del que es propietario. Foto: Álvaro Valero

La cocina del restaurante de O’Connor. Foto: Álvaro Valero

Frontis del restaurante. Foto: Álvaro Valero

Parte del menú para el Restaurant Week. Foto: Álvaro Valero

Una aventura por Sudamérica

Además de estudiar, trabajaba en construcción con su papá y tenía un empleo de medio tiempo en un supermercado, pues Irlanda atravesaba una crisis económica en ese momento. Así que cuando terminó el College, se dijo: “Tengo algo de plata guardada, voy a viajar un poco para ver el mundo y cuando vuelva voy a empezar a buscar un trabajo en mi sector como ingeniero”. Más de una década después, eso nunca sucedió.

“Mi plan era viajar por Sudamérica por tres meses, empezando en Perú, bajar hasta Bolivia y después regresar a Irlanda. Pero dos días antes de lo que se suponía iba a volver, llamé a mi mamá y le dije que no había razón para que fuera a recogerme al aeropuerto porque me iba a quedar”.

El aventurero planeaba permanecer en La Paz no ya por tres meses, sino por un año, por lo que consiguió un trabajo por ese periodo en un hostal. Sin embargo, terminó trabajando allí por ocho años.

El restaurante The Carrot Tree nació hace cuatro años en la calle Linares porque Jack quería tener un negocio propio y, gracias a que su primer trabajo lo había tenido a sus 15 años como lavaplatos en un local que era del padre de un amigo suyo, conocía bien cómo era su funcionamiento. Ese año vio una oportunidad fantástica: un espacio en alquiler cerca del Mercado de las Brujas. Allí aprendió mucho sobre la cultura boliviana hablando con las vendedoras, gracias a lo cual ahora también es capaz de explicar a los turistas las costumbres de la urbe paceña.

Debido al éxito del restaurante, con un menú elaborado con productos bolivianos y de pequeños emprendimientos  locales, en septiembre del año pasado Jack decidió abrir una sucursal en la calle Fernando Guachalla, en Sopocachi.

El nombre The Carrot Tree (o el árbol de zanahorias) surgió porque las familias irlandesas tienen una especie de insignia que caracteriza a cada una de ellas y, la de la familia O’Connor es un árbol de limón.  La idea nació precisamente de ahí, pero optó por no denominarlo plenamente así porque buscaba un nombre raro y original, así es como se le ocurrió The Carrot Tree, ya que las zanahorias no crecen en los árboles, convirtiéndose en un símbolo de que todo es posible, aunque no lo parezca: “Si quieres hacer algo y trabajas en eso, puedes lograrlo”.

Además del café, la especialidad del restaurante es el desayuno y el brunch.

Este es el primer año que The Carrot Tree participa del Restaurant Week. Jack está muy feliz porque dice que este tipo de eventos ayudan a la reactivación económica de este sector después de la pandemia. “Para este menú preparamos, por ejemplo, Ravioli Humacha y Irish Pie… tenemos una mezcla porque creo que es importante tener algo típico tanto de Bolivia como de Irlanda”.

Y aunque sea ficticio, el árbol de zanahoria sigue creciendo. El menor de los O’Connor proyecta abrir una sucursal en Santa Cruz en un futuro próximo.

FOTOS: ÁLVARO VALERO

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Crónica de un viaje por la música histórica

El XIII Festival Internacional de Música Renacentista y Barroca Americana ofreció 10 días en las Misiones de Chiquitos y en Santa Cruz de la Sierra con 1.000 músicos nacionales y 130 internacionales

Catedral de la Inmaculada Concepción

Por Mitsuko Shimose

/ 9 de mayo de 2022 / 04:44

Reconstruir una obra del archivo es pasar varias horas de algunos meses rezando, y luego el disfrute es cuando uno comienza a trabajarla con los músicos… es como trabajar alguna oración con los feligreses, y ponerse a hacer esta música con otros es simplemente rezar”, fueron las palabras del padre Piotr Nawrot, director artístico y creador del Festival Internacional de Música Renacentista y Barroca Americana, llevado a cabo en la ruta de las Misiones de Chiquitos y en Santa Cruz de la Sierra. En esta versión 13, participaron 1.000 músicos nacionales y 130 internacionales.

Este festival bianual nació en 1996, sin la intención de que lo fuera, pero ante el éxito tan grande que tuvo, Nawrot decidió realizarlo cada dos años. “Enseguida recibió mucho entusiasmo por parte de los artistas, seducidos no solo por la belleza de los templos de los pueblos de las Misiones, sino por la música que sistemáticamente yo sacaba como novedad de los archivos misionales y luego de Sucre, además del encanto del público tan extraordinario que Bolivia tiene, por lo que comenzó a llegar a este país masivamente. Pronto se convirtió en uno de los más grandes del mundo y ganó gran prestigio por su calidad”, dijo orgulloso.

Nawrot se formó como músico profesional antes de ir al seminario, luego llegó a ser musicólogo, experto en música barroca, jazz y canto gregoriano. Fue el primero en hacer una tesis doctoral sobre el manuscrito auténtico de la música de las Misiones de los Jesuitas. Es por eso que ligar su profesión con el sacerdocio le resultó muy fácil, sin contar con que pertenece a los Misioneros del Verbo Divino, orden de la Iglesia Católica que surgió a fin del siglo XIX de origen alemán, que trabaja en más de 80 países haciendo la misión.

LA GRÁFICA

Festival. Piotr Nawrot es el director artístico del evento. Foto: Mitsuko Shimose

Clausura. Grupo Barroco Monumental, de Bolivia / EEUU, en la iglesia San Roque, de Santa Cruz de la Sierra. Foto: Mitsuko Shimose

MÚSICA. Ministriles de Marsias (España), en la Catedral de Concepción. Foto: Mitsuko Shimose

Interior de la iglesia San Xavier. Foto: Mitsuko Shimose

Camille Delaforge y Julien Chauvin (Francia), en la capilla Los Huérfanos, Santa Cruz. Foto: Mitsuko Shimose

Violines barrocos en el Espacio Cultural Chiquitos, en San Xavier . Foto: Mitsuko Shimose

Niños bailando danzas chiquitanas. Foto: Mitsuko Shimose

Se inicia el viaje

Para entender el festival hay que recorrerlo. Por eso inicié el recorrido el miércoles 27 de abril en el mismo orden de las partituras orquestales, por los vientos: un grupo de España, Ministriles de Marsias. San Xavier fue mi primera parada, pero resultó fallida: llegué tarde al concierto debido a un bloqueo en el municipio de Cuatro Cañadas. Ayoreos pedían la restitución de su representante en la Asamblea Legislativa Departamental (ALD) de Santa Cruz.

Al día siguiente, seguí a este grupo hasta Concepción, donde llegué por gracia divina, pues el bloqueo ayoreo persistía. Tuve acceso a su ensayo en la Catedral de Concepción, donde me contaron que el cuarteto de vientos, acompañado por un organista, tenía 25 años de trayectoria. Su sede está en Madrid y su nombre, Ministriles, era el de los instrumentistas de viento en las capillas de las catedrales.

En la noche, los Ministriles de Marsias presentó tanto versiones religiosas (Regina Caeli, del vasco Juan García de Salazar), como profanas con finalidad religiosa (vecchie letrose). Cerraron el recital con una selección de música de danza, apegada a la costumbre de bailar en la iglesia en ocasiones especiales. Al salir nos encontramos con el complemento perfecto para esa música: un grupo de niños del lugar invitó a bailar, a los músicos y al público, danzas típicas chiquitanas.

Paco Rubio, el cornetista, ponderó la maravillosa acústica proveniente de la iglesia de San Xavier, construida de madera, algo que hizo que se escucharan sonidos muy cálidos, especialmente del bajón, antecesor del fagot. El grupo lo conforman —de instrumentos agudos a graves— Rubio (corneta), Joaquím Guerra (chirimía y bajoncillos), Simeón Galduf (sacabuche), Fernando Sánchez (bajón) y Javier Artigas (órgano) .

El siguiente concierto al que asistí fue el sábado 30 en la Iglesia San Roque, en Santa Cruz de la Sierra, donde se presentó el grupo de Bélgica, RedHerring Baroque Ensemble, fundado en 2011 por Patrick Denecker, flautista belga que interpreta e investiga partituras de música antigua. Acabó en el mundo de la  música “histórica”, la que para él no debería limitarse al renacimiento, el barroco o el clásico.

Dedicado al repertorio barroco, RedHerring aspira a interpretar no solo obras conocidas, sino piezas no descubiertas de los siglos XVII y XVIII. “El conocimiento de la música del siglo XVI proporciona conocimientos musicales sobre el repertorio del periodo barroco y forma una continuación lógica y cronológica de exploraciones aventureras”, acotó el director del grupo.

Sobre su repertorio, RedHerring parte de la libertad y la flexibilidad de interpretación barroca y refresca una práctica de la época, la mise en concert, ofreciendo ofrece su visión de la música de J. S. Bach.

Así, propone un juego de sonoridades a partir de obras para tecla del maestro, que aportará un color singular desde la riqueza de la textura instrumental de una formación tan barroca como el trío-sonata. Por eso los primeros sonidos que se escuchan al ingresar a la iglesia son los del clavecín y la viola en la primera parte del concierto, a los cuales se unen en la segunda, los de la flauta dulce y el violín.

Los integrantes de RedHerring Baroque Ensemble son Denecker (dirección y flauta dulce), Guy Penson (clavecín), Ryo Terakado (violín), Kaori Uemura (viola) y Sara Luengo Cuervo (narración).

De tecla y cuerda

El 1 de mayo tocó Julien Chauvin y Camille Delaforge (Francia) en la Capilla Los Huérfanos de la capital cruceña. Aunque ambos no conforman un grupo, tocan juntos a menudo, contó la tecladista Camille Delaforge, quien comenzó su aprendizaje con danza y piano, descubriendo a través de la improvisación y el clavicémbalo, la pasión por la música antigua.

Delaforge se sintió complacida con la acogida del público y honrada por tocar en lugares históricos, como la Iglesia San Xavier, específicos para esta música.

En cuanto a Julien Chauvin, atraído por la revolución barroca y el renacimiento de la interpretación con instrumentos de época, se formó en los Países Bajos, en el Real Conservatorio de La Haya, con Vera Beths, fundadora de Archibudelli.

En 2015, Chauvin fundó la orquesta Le Concert de la Loge. Esta explora páginas olvidadas del repertorio lírico e instrumental francés, así como nuevas formas de dirección —el conjunto dirigido por el violín— y el fomento de formatos de concierto e imaginación del público.

El  repertorio se basó sobre todo en sonatas y preludios de obras de maestros franceses del siglo XVII  y XVIII como Jean-Pierre Guignon, Michele Mascitti, Jean-Henri d’Anglebert, Francois Couperin, Antoine Forqueray y Jean-Marie Leclair.

El concierto de cierre del festival estuvo repleto, por lo que se habilitó una función especial el 2 de mayo en la iglesia San Roque, con el grupo Barroco Monumental, de Bolivia y Estados Unidos.

Este ensamble se creó con diferentes coros cruceños y cantantes independientes. Las dos orquestas que lo conforman residen en la ciudad, una en el Plan Tres Mil, y la otra en la iglesia de San Antonio. Entre los músicos hay también ocho artistas de la escuela de Música de la Florida International University (FIU).

El director Javier Mendoza, quien hace ya tiempo trabajó en similares programas con coros y orquestas de Santa Cruz, nació y se formó en Estados Unidos. Aboga por redescubrir obras latinoamericanas olvidadas y siempre reestrenando piezas en un esfuerzo por hacer que el público conozca el rico lenguaje de este repertorio, que se centró en los voluminosos coros que existieron en Moxos hasta las primeras décadas del siglo XX y cuyo número de integrantes llegaba hasta 100.

Por ello es que actualmente, en ocasión de mayores fiestas, los músicos de la región conforman grandes grupos de al menos 100 músicos, quienes aprendieron a tocar incentivados por el festival que organiza APAC, gran promotor del  evento. 

En el concierto se escucharon obras de Pedro Ximenez Abrill Tirado, Ennio Morricone, Thomas Abril, Franz Joseph Haydn y George Friedrich Händel.

Así terminó esta versión de este evento de alcance mundial. “Los artistas del mundo que una vez estuvieron aquí se convierten en embajadores de este festival, hablan bien, dicen que el público es fuera de serie: se emociona, aplaude, escucha, es disciplinado… todo el mundo quiere venir aquí por el público, por el prestigio del festival, por la belleza, por la buena comida y por la buena organización”, concluyó Nawrot.

FOTOS: MITSUKO SHIMOSE

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Un siglo del sol naciente en la hoyada

La Sociedad Japonesa de La Paz celebra los 100 años de que un grupo de inmigrantes japoneses la fundaran en esta ciudad

Recuerdos. Club de Tenis de la Sociedad Japonesa de La Paz (1942)

Por Mitsuko Shimose

/ 17 de abril de 2022 / 17:11

Los primeros inmigrantes japoneses arribaron a Bolivia en 1899 esperanzados en una vida mejor, logrando establecerse con mucha tenacidad, solidaridad mutua, trabajo y honestidad. En 1922, con gran visión, crearon la Sociedad Japonesa de La Paz, que al correr de los años se convirtió en una institución con gran fortaleza y liderazgo trascendiendo en el tiempo”, dijo Carmen Hada, presidenta del Comité Conmemorativo de los 100 años de la Sociedad Japonesa de La Paz, haciendo alusión a la historia de esta institución en su discurso pronunciado durante la apertura de la celebración anual que tendrá este acontecimiento.

La Sociedad Japonesa de La Paz se fundó el 11 de junio de 1922 con el objetivo de promover y fomentar la unión entre socios y ciudadanos de origen japonés, así como el de confraternizar con personas individuales o colectivas de cualquier nacionalidad, resalta Hada. 31 miembros japoneses se reunieron en el salón principal del domicilio de Tomás Tsunejiro Yamamoto y decidieron fundar la Sociedad Japonesa de La Paz. Su primer presidente fue Eduardo Yoshinori Yoshida.

Debido a la Segunda Guerra Mundial  esta institución tuvo que cerrar temporalmente sus puertas desde abril de 1945 hasta  marzo de 1952. Considerando ese periodo de cierre hasta la fecha se han conformado 93 directorios, ya que el periodo de gestión es anual y la elección se realiza en la asamblea ordinaria con la participación de la mayoría de los socios.

La primera actividad hito de esta institución fue en su quinto aniversario (agosto de 1927) cuando se realizó el primer Undokai (festival deportivo). Este certamen, que todavía se lleva a cabo en la actualidad, tiene 95 años, es la actividad más antigua. En esa oportunidad hubo fuegos artificiales, prensa, invitados especiales como el Alcalde, además de la participación de más de 170 personas. Ocho años más tarde, en 1935, se conformó el Club Japonés de Tenis, integrado por más de 30 miembros, quienes participaron en torneos en La Paz.

Las actividades comerciales eran importantes al inicio, se contaba con 15 negocios de japoneses en el importante centro comercial de La Paz, como son las calles Comercio y Potosí. Entre los principales negocios estaban la Casa Komori, la Casa Ochiay y la Fábrica de camisas “Salida del Sol”. “Estas empresas también tuvieron un cierre temporal debido a la guerra”, recordó Hada.

En la posguerra, nuevamente con mucho esfuerzo, se reabren los negocios y en la década de los años 60 se construye el pabellón japonés en la Ciudad del Niño, el mausoleo en el Cementerio General y se construye el edificio de la Sociedad Japonesa de La Paz en la calle Batallón Colorados.

LA GRÁFICA

Reconocimiento a los Nikkei de más de 70 años de edad (2012). Foto: Cortesía Carmen Hada

Juventud. Un show de kimono (2009). Foto: Cortesía Carmen Hada

Sesión de karaoke (1986). Foto: Cortesía Carmen Hada

Actividades. Un día de campo (1947). Foto: Cortesía Carmen Hada

Club Cóndor de Béisbol (1955). Foto: Cortesía Carmen Hada

En 1975 se construye el Jardín Japonés, ubicado en la avenida Ballivián y calle  8 de Calacoto, y es donado a la ciudad de La Paz como agradecimiento a la acogida de los inmigrantes japoneses.

Desde 1981 se realizan los concursos de karaoke y en 1996 se inicia el Bon Odori (danza tradicional japonesa), y desde 2005, el festival Omatsuri.

La Sociedad Japonesa de La Paz ha tenido un rol muy importante para la llegada de las migraciones a las colonias en Santa Cruz. En 1954 llegan los primeros colonos de Okinawa a la Colonia Uruma y posteriormente el grupo de la Hacienda Nishikawa, ambos en Santa Cruz. Al tratarse de una institución que aglutinaba a los japoneses, se constituía en un espacio que no solamente servía para confraternizar, sino también como instancia de relacionamiento con autoridades gubernamentales y gestión de trámites para los inmigrantes.

“Deseo manifestar que nos sentimos muy orgullosos de haber alcanzado los objetivos para los que fue creada nuestra institución, promoviendo y fomentando la unión de la comunidad japonesa, profundizando la relación amistosa con la población boliviana, en especial con la paceña”, expresó la directora del Comité Conmemorativo.

El legado histórico de los antepasados japones, “lleno de valores como coraje, entereza y cooperación solidaria, manteniendo los principios de trabajo y honestidad, muestra a las nuevas generaciones un camino para consolidar el puente de amistad con la ciudad de La Paz”, agregó.

 Es así que esta institución ha fortalecido los sueños que tuvieron en su tiempo los que llegaron con esperanzas a Bolivia, permitiendo que las nuevas generaciones puedan construir un nuevo legado “hacia otros 100 años de nuestra querida Sociedad Japonesa de La Paz”, concluyó.

PROGRAMA DE ACTIVIDADES

— MAYO

Demostración de una gran variedad de artes marciales (plaza Tejada Sorzano, Miraflores).

— AGOSTO

Concurso de voladores japoneses y demostración de bailes típicos.

— OCTUBRE

Exposición de arte japonés.

— JULIO

Desfile de kimonos, ceremonia del té, Iaido (arte marcial), wadaiko (show de tambores) y cine japonés.

— SEPTIEMBRE

Festival Omatsuri y exposición de fotos antiguas sobre la historia de la institución.

— NOVIEMBRE

Festival Bon Odori.

FOTOS: CORTESÍA DE CARMEN HADA

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Ingredientes naturales para cuidar la piel

La pasión llevó a Natalia Guidi a hacer pruebas de formulaciones a pequeña escala luego de estudiar química cosmética

Especialista. La ingeniera química Natalia Guidi es experta en formulación cosmética

/ 10 de abril de 2022 / 17:02

Desde que era niña, Natalia Guidi sentía un gran interés por la perfumería y cosmética, razón por la que preparaba sus propias “formulaciones”, que solía probar en sí misma, aunque reconoce entre risas que algunas experiencias no resultaban muy gratas.

Esa pasión se mantuvo con ella a medida que pasaban los años y fue uno de los motivos por los que decidió estudiar ingeniería química. Lo interesante es que ya estando en la universidad solía comentar que quería tener su propia empresa y producir cosméticos o perfumes, un anhelo del  que muchos de sus compañeros se reían o no le creían. Incluso le decían que no tenía que aspirar a algo tan grande o que debía ser más “realista” y apuntar a graduarse lo más rápido posible para buscar algún trabajo estable. “Esto me demostró la enorme importancia de perseverar y ser fiel a una misma”, explica.

Así fue que años después, en 2018, nació su marca Blossom, palabra en inglés que significa florecer, enfocada en una flor pequeña, el cherry blossom, o la flor del cerezo.

“La idea de lanzar mi propia línea cosmética se originó por dos razones: la primera, debido a la falta de oportunidades laborales que existe en mi sector (química) por la insuficiencia de industrias químicas en el país; y la segunda, porque siempre quise tener mi propia empresa”.

Un año después, en 2019, afloró su empresa Prodinves (combinación de Producción e Investigación) con la idea de aportar al país y poder mostrar una faceta diferente de lo que comúnmente se conoce como industria química.

“Bajo ese concepto, mezclamos la idea de producción e investigación científica para así poder brindar servicios, transformar materia prima y ofertar productos con valor agregado localmente”.

Actualmente, la empresa Prodinves sigue lanzando productos de cuidado personal y cosméticos, además de brindar servicios de formulación tercerizada. Después de casi cuatro años, ya cuenta con su propio laboratorio.

Esta empresa, que está en el rubro de bienestar y salud y cuyos socios principales son Natalia y su esposo, abarca por el momento cosmética y productos de cuidado personal. También ofrece el servicio de desarrollo de productos cosméticos exclusivos para spas y otras instituciones.

La variedad de productos que abarca esta marca son limpiadores, tónicos, cremas, geles, exfoliantes y sanitizadores. Para su elaboración usan insumos cosméticos y como ingredientes activos utilizan solamente materia prima que crece en el país. Estos pueden ser extractos de hojas, flores o frutos, con el objetivo de dar valor agregado a recursos nacionales, buscando potenciar y aprovechar sus propiedades cosmetológicas. De esta forma, Natalia aprovecha plantas como la cola de caballo, la wira wira o el eucalipto de formas que no se hacían antes.

“Con los productos se pueden crear diferentes rutinas para los diferentes tipos de piel. Desde rutinas básicas diarias hasta rutinas nocturnas anti-age”, resalta.

Una de las rutinas completas de las que más orgullosos están es la que crearon para contra el acné, que al mismo tiempo es también anti-edad. Incluye un cleanser de manzanilla para limpiar el rostro todos los días, pues no contiene surfactantes que pueden irritar los granitos; un tónico de cola de caballo para completar la limpieza de la piel y remover los restos de sebo; una crema para contorno de ojos de wira wira con niacinamida para mejorar la textura de la piel; un gel de eucalipto para mantener la piel hidratada y libre de sebo, ya que no contiene ningún tipo de aceite, y una mascarilla de gel de aloe vera y pepino, que se mezclan en la palma de la mano para aplicar en la noche.

“Creemos que los bolivianos podemos lograr productos de gran calidad y con valor agregado que nada tengan que envidiar a los importados”, arenga Guidi, animando a otros profesionales a apostar por el país.

FOTOS: NATALIA GUIDI Y YESENIA OROZCO

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