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sábado 21 may 2022 | Actualizado a 11:06

Chile da la bienvenida a escritores chilenos de la FIL 2019

Con otros ojos

/ 24 de agosto de 2019 / 02:18

El cuerpo diplomático de varios países y amigos cercanos del cónsul de Chile, Manuel Hinojosa, estuvieron presentes en su residencia para dar la bienvenida a los escritores chilenos Graciela Huinao y Pablo Simonetti, quienes participaron en la XXIV Feria Internacional del Libro de La Paz (FIL). Los acompañó también la escritora mexicana Sasil Sánchez, quien fue acogida de la misma manera por el cónsul.

En el acto principal, Hinojosa presentó a los dos escritores chilenos. Primero a Huinao, que nació en el sur de Chile, en la comunidad de Hualinto, la misma que daría el título a su primer libro. Cuando comenzó a escribir, sintió la necesidad de que su poesía fuera en su lengua madre. Es la primera mujer mapuche miembro de la Academia de la Lengua, cuya obra fue traducida al inglés. Simonetti nació en Santiago, en 1997 obtuvo el premio de cuentos Paula y en 2004 publicó su primera novela Madre que estás en los cielos, que fue traducida a cinco idiomas y llegó a ser una de las tres más vendidas en Chile en los últimos 10 años.  

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Un irlandés enamorado de La Paz

El emprendedor es el dueño del restaurante The Carrot Tree

Jack O’Connor en el comedor del restaurante

Por Mitsuko Shimose

/ 16 de mayo de 2022 / 02:18

Ojos grandes y celestes, una amplia sonrisa y un tono de cutis acentuado por el abrasador sol paceño son algunas de las características físicas de Jack O’Connor, un irlandés que llegó hace 12 años a esta urbe y de la cual quedó enamorado. “Nunca voy a olvidar el primer día que llegué a La Paz. Mi vuelo aterrizó el 16 de junio de 2010 a las 03.00, y cuando bajé del aeropuerto a la ciudad, la vi inmensa, toda envuelta de luces… era simplemente espectacular, nunca había pensado que podía ser así”.

Ese primer impacto que le generó esta urbe, además de que sus ciudadanos le hicieron sentirse como en casa, fueron trascendentales para que él decidiera  permanecer en La Paz por más tiempo. Su plan inicial no era quedarse tanto en Bolivia, llegó sin saber ni una sola palabra de español. Gracias a su carácter sociable, aprendió el idioma hablando con la gente y se comunicó con tantas personas, que cree tener ahora más amigos en La Paz de los que tal vez cultivó en Irlanda. Actualmente forma parte de dos equipos: uno de rugby, conformado por bolivianos, y otro de fútbol, llamado Chocos Locos, en el que participan extranjeros de Brasil, Irlanda e Inglaterra.

Su travesía se inició cuando tenía 21 años, tras terminar de estudiar Ingeniería Mecánica en un College de Cork, ciudad cercana a Tipperary, su pueblo natal que queda al sur de Irlanda y está habitado tan solo por 5.000 personas.

LA GRÁFICA

Irlandés. Jack O’Connor, en uno de los espacios del restaurante The Carrot Tree, del que es propietario. Foto: Álvaro Valero

La cocina del restaurante de O’Connor. Foto: Álvaro Valero

Frontis del restaurante. Foto: Álvaro Valero

Parte del menú para el Restaurant Week. Foto: Álvaro Valero

Una aventura por Sudamérica

Además de estudiar, trabajaba en construcción con su papá y tenía un empleo de medio tiempo en un supermercado, pues Irlanda atravesaba una crisis económica en ese momento. Así que cuando terminó el College, se dijo: “Tengo algo de plata guardada, voy a viajar un poco para ver el mundo y cuando vuelva voy a empezar a buscar un trabajo en mi sector como ingeniero”. Más de una década después, eso nunca sucedió.

“Mi plan era viajar por Sudamérica por tres meses, empezando en Perú, bajar hasta Bolivia y después regresar a Irlanda. Pero dos días antes de lo que se suponía iba a volver, llamé a mi mamá y le dije que no había razón para que fuera a recogerme al aeropuerto porque me iba a quedar”.

El aventurero planeaba permanecer en La Paz no ya por tres meses, sino por un año, por lo que consiguió un trabajo por ese periodo en un hostal. Sin embargo, terminó trabajando allí por ocho años.

El restaurante The Carrot Tree nació hace cuatro años en la calle Linares porque Jack quería tener un negocio propio y, gracias a que su primer trabajo lo había tenido a sus 15 años como lavaplatos en un local que era del padre de un amigo suyo, conocía bien cómo era su funcionamiento. Ese año vio una oportunidad fantástica: un espacio en alquiler cerca del Mercado de las Brujas. Allí aprendió mucho sobre la cultura boliviana hablando con las vendedoras, gracias a lo cual ahora también es capaz de explicar a los turistas las costumbres de la urbe paceña.

Debido al éxito del restaurante, con un menú elaborado con productos bolivianos y de pequeños emprendimientos  locales, en septiembre del año pasado Jack decidió abrir una sucursal en la calle Fernando Guachalla, en Sopocachi.

El nombre The Carrot Tree (o el árbol de zanahorias) surgió porque las familias irlandesas tienen una especie de insignia que caracteriza a cada una de ellas y, la de la familia O’Connor es un árbol de limón.  La idea nació precisamente de ahí, pero optó por no denominarlo plenamente así porque buscaba un nombre raro y original, así es como se le ocurrió The Carrot Tree, ya que las zanahorias no crecen en los árboles, convirtiéndose en un símbolo de que todo es posible, aunque no lo parezca: “Si quieres hacer algo y trabajas en eso, puedes lograrlo”.

Además del café, la especialidad del restaurante es el desayuno y el brunch.

Este es el primer año que The Carrot Tree participa del Restaurant Week. Jack está muy feliz porque dice que este tipo de eventos ayudan a la reactivación económica de este sector después de la pandemia. “Para este menú preparamos, por ejemplo, Ravioli Humacha y Irish Pie… tenemos una mezcla porque creo que es importante tener algo típico tanto de Bolivia como de Irlanda”.

Y aunque sea ficticio, el árbol de zanahoria sigue creciendo. El menor de los O’Connor proyecta abrir una sucursal en Santa Cruz en un futuro próximo.

FOTOS: ÁLVARO VALERO

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Crónica de un viaje por la música histórica

El XIII Festival Internacional de Música Renacentista y Barroca Americana ofreció 10 días en las Misiones de Chiquitos y en Santa Cruz de la Sierra con 1.000 músicos nacionales y 130 internacionales

Catedral de la Inmaculada Concepción

Por Mitsuko Shimose

/ 9 de mayo de 2022 / 04:44

Reconstruir una obra del archivo es pasar varias horas de algunos meses rezando, y luego el disfrute es cuando uno comienza a trabajarla con los músicos… es como trabajar alguna oración con los feligreses, y ponerse a hacer esta música con otros es simplemente rezar”, fueron las palabras del padre Piotr Nawrot, director artístico y creador del Festival Internacional de Música Renacentista y Barroca Americana, llevado a cabo en la ruta de las Misiones de Chiquitos y en Santa Cruz de la Sierra. En esta versión 13, participaron 1.000 músicos nacionales y 130 internacionales.

Este festival bianual nació en 1996, sin la intención de que lo fuera, pero ante el éxito tan grande que tuvo, Nawrot decidió realizarlo cada dos años. “Enseguida recibió mucho entusiasmo por parte de los artistas, seducidos no solo por la belleza de los templos de los pueblos de las Misiones, sino por la música que sistemáticamente yo sacaba como novedad de los archivos misionales y luego de Sucre, además del encanto del público tan extraordinario que Bolivia tiene, por lo que comenzó a llegar a este país masivamente. Pronto se convirtió en uno de los más grandes del mundo y ganó gran prestigio por su calidad”, dijo orgulloso.

Nawrot se formó como músico profesional antes de ir al seminario, luego llegó a ser musicólogo, experto en música barroca, jazz y canto gregoriano. Fue el primero en hacer una tesis doctoral sobre el manuscrito auténtico de la música de las Misiones de los Jesuitas. Es por eso que ligar su profesión con el sacerdocio le resultó muy fácil, sin contar con que pertenece a los Misioneros del Verbo Divino, orden de la Iglesia Católica que surgió a fin del siglo XIX de origen alemán, que trabaja en más de 80 países haciendo la misión.

LA GRÁFICA

Festival. Piotr Nawrot es el director artístico del evento. Foto: Mitsuko Shimose

Clausura. Grupo Barroco Monumental, de Bolivia / EEUU, en la iglesia San Roque, de Santa Cruz de la Sierra. Foto: Mitsuko Shimose

MÚSICA. Ministriles de Marsias (España), en la Catedral de Concepción. Foto: Mitsuko Shimose

Interior de la iglesia San Xavier. Foto: Mitsuko Shimose

Camille Delaforge y Julien Chauvin (Francia), en la capilla Los Huérfanos, Santa Cruz. Foto: Mitsuko Shimose

Violines barrocos en el Espacio Cultural Chiquitos, en San Xavier . Foto: Mitsuko Shimose

Niños bailando danzas chiquitanas. Foto: Mitsuko Shimose

Se inicia el viaje

Para entender el festival hay que recorrerlo. Por eso inicié el recorrido el miércoles 27 de abril en el mismo orden de las partituras orquestales, por los vientos: un grupo de España, Ministriles de Marsias. San Xavier fue mi primera parada, pero resultó fallida: llegué tarde al concierto debido a un bloqueo en el municipio de Cuatro Cañadas. Ayoreos pedían la restitución de su representante en la Asamblea Legislativa Departamental (ALD) de Santa Cruz.

Al día siguiente, seguí a este grupo hasta Concepción, donde llegué por gracia divina, pues el bloqueo ayoreo persistía. Tuve acceso a su ensayo en la Catedral de Concepción, donde me contaron que el cuarteto de vientos, acompañado por un organista, tenía 25 años de trayectoria. Su sede está en Madrid y su nombre, Ministriles, era el de los instrumentistas de viento en las capillas de las catedrales.

En la noche, los Ministriles de Marsias presentó tanto versiones religiosas (Regina Caeli, del vasco Juan García de Salazar), como profanas con finalidad religiosa (vecchie letrose). Cerraron el recital con una selección de música de danza, apegada a la costumbre de bailar en la iglesia en ocasiones especiales. Al salir nos encontramos con el complemento perfecto para esa música: un grupo de niños del lugar invitó a bailar, a los músicos y al público, danzas típicas chiquitanas.

Paco Rubio, el cornetista, ponderó la maravillosa acústica proveniente de la iglesia de San Xavier, construida de madera, algo que hizo que se escucharan sonidos muy cálidos, especialmente del bajón, antecesor del fagot. El grupo lo conforman —de instrumentos agudos a graves— Rubio (corneta), Joaquím Guerra (chirimía y bajoncillos), Simeón Galduf (sacabuche), Fernando Sánchez (bajón) y Javier Artigas (órgano) .

El siguiente concierto al que asistí fue el sábado 30 en la Iglesia San Roque, en Santa Cruz de la Sierra, donde se presentó el grupo de Bélgica, RedHerring Baroque Ensemble, fundado en 2011 por Patrick Denecker, flautista belga que interpreta e investiga partituras de música antigua. Acabó en el mundo de la  música “histórica”, la que para él no debería limitarse al renacimiento, el barroco o el clásico.

Dedicado al repertorio barroco, RedHerring aspira a interpretar no solo obras conocidas, sino piezas no descubiertas de los siglos XVII y XVIII. “El conocimiento de la música del siglo XVI proporciona conocimientos musicales sobre el repertorio del periodo barroco y forma una continuación lógica y cronológica de exploraciones aventureras”, acotó el director del grupo.

Sobre su repertorio, RedHerring parte de la libertad y la flexibilidad de interpretación barroca y refresca una práctica de la época, la mise en concert, ofreciendo ofrece su visión de la música de J. S. Bach.

Así, propone un juego de sonoridades a partir de obras para tecla del maestro, que aportará un color singular desde la riqueza de la textura instrumental de una formación tan barroca como el trío-sonata. Por eso los primeros sonidos que se escuchan al ingresar a la iglesia son los del clavecín y la viola en la primera parte del concierto, a los cuales se unen en la segunda, los de la flauta dulce y el violín.

Los integrantes de RedHerring Baroque Ensemble son Denecker (dirección y flauta dulce), Guy Penson (clavecín), Ryo Terakado (violín), Kaori Uemura (viola) y Sara Luengo Cuervo (narración).

De tecla y cuerda

El 1 de mayo tocó Julien Chauvin y Camille Delaforge (Francia) en la Capilla Los Huérfanos de la capital cruceña. Aunque ambos no conforman un grupo, tocan juntos a menudo, contó la tecladista Camille Delaforge, quien comenzó su aprendizaje con danza y piano, descubriendo a través de la improvisación y el clavicémbalo, la pasión por la música antigua.

Delaforge se sintió complacida con la acogida del público y honrada por tocar en lugares históricos, como la Iglesia San Xavier, específicos para esta música.

En cuanto a Julien Chauvin, atraído por la revolución barroca y el renacimiento de la interpretación con instrumentos de época, se formó en los Países Bajos, en el Real Conservatorio de La Haya, con Vera Beths, fundadora de Archibudelli.

En 2015, Chauvin fundó la orquesta Le Concert de la Loge. Esta explora páginas olvidadas del repertorio lírico e instrumental francés, así como nuevas formas de dirección —el conjunto dirigido por el violín— y el fomento de formatos de concierto e imaginación del público.

El  repertorio se basó sobre todo en sonatas y preludios de obras de maestros franceses del siglo XVII  y XVIII como Jean-Pierre Guignon, Michele Mascitti, Jean-Henri d’Anglebert, Francois Couperin, Antoine Forqueray y Jean-Marie Leclair.

El concierto de cierre del festival estuvo repleto, por lo que se habilitó una función especial el 2 de mayo en la iglesia San Roque, con el grupo Barroco Monumental, de Bolivia y Estados Unidos.

Este ensamble se creó con diferentes coros cruceños y cantantes independientes. Las dos orquestas que lo conforman residen en la ciudad, una en el Plan Tres Mil, y la otra en la iglesia de San Antonio. Entre los músicos hay también ocho artistas de la escuela de Música de la Florida International University (FIU).

El director Javier Mendoza, quien hace ya tiempo trabajó en similares programas con coros y orquestas de Santa Cruz, nació y se formó en Estados Unidos. Aboga por redescubrir obras latinoamericanas olvidadas y siempre reestrenando piezas en un esfuerzo por hacer que el público conozca el rico lenguaje de este repertorio, que se centró en los voluminosos coros que existieron en Moxos hasta las primeras décadas del siglo XX y cuyo número de integrantes llegaba hasta 100.

Por ello es que actualmente, en ocasión de mayores fiestas, los músicos de la región conforman grandes grupos de al menos 100 músicos, quienes aprendieron a tocar incentivados por el festival que organiza APAC, gran promotor del  evento. 

En el concierto se escucharon obras de Pedro Ximenez Abrill Tirado, Ennio Morricone, Thomas Abril, Franz Joseph Haydn y George Friedrich Händel.

Así terminó esta versión de este evento de alcance mundial. “Los artistas del mundo que una vez estuvieron aquí se convierten en embajadores de este festival, hablan bien, dicen que el público es fuera de serie: se emociona, aplaude, escucha, es disciplinado… todo el mundo quiere venir aquí por el público, por el prestigio del festival, por la belleza, por la buena comida y por la buena organización”, concluyó Nawrot.

FOTOS: MITSUKO SHIMOSE

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Un siglo del sol naciente en la hoyada

La Sociedad Japonesa de La Paz celebra los 100 años de que un grupo de inmigrantes japoneses la fundaran en esta ciudad

Recuerdos. Club de Tenis de la Sociedad Japonesa de La Paz (1942)

Por Mitsuko Shimose

/ 17 de abril de 2022 / 17:11

Los primeros inmigrantes japoneses arribaron a Bolivia en 1899 esperanzados en una vida mejor, logrando establecerse con mucha tenacidad, solidaridad mutua, trabajo y honestidad. En 1922, con gran visión, crearon la Sociedad Japonesa de La Paz, que al correr de los años se convirtió en una institución con gran fortaleza y liderazgo trascendiendo en el tiempo”, dijo Carmen Hada, presidenta del Comité Conmemorativo de los 100 años de la Sociedad Japonesa de La Paz, haciendo alusión a la historia de esta institución en su discurso pronunciado durante la apertura de la celebración anual que tendrá este acontecimiento.

La Sociedad Japonesa de La Paz se fundó el 11 de junio de 1922 con el objetivo de promover y fomentar la unión entre socios y ciudadanos de origen japonés, así como el de confraternizar con personas individuales o colectivas de cualquier nacionalidad, resalta Hada. 31 miembros japoneses se reunieron en el salón principal del domicilio de Tomás Tsunejiro Yamamoto y decidieron fundar la Sociedad Japonesa de La Paz. Su primer presidente fue Eduardo Yoshinori Yoshida.

Debido a la Segunda Guerra Mundial  esta institución tuvo que cerrar temporalmente sus puertas desde abril de 1945 hasta  marzo de 1952. Considerando ese periodo de cierre hasta la fecha se han conformado 93 directorios, ya que el periodo de gestión es anual y la elección se realiza en la asamblea ordinaria con la participación de la mayoría de los socios.

La primera actividad hito de esta institución fue en su quinto aniversario (agosto de 1927) cuando se realizó el primer Undokai (festival deportivo). Este certamen, que todavía se lleva a cabo en la actualidad, tiene 95 años, es la actividad más antigua. En esa oportunidad hubo fuegos artificiales, prensa, invitados especiales como el Alcalde, además de la participación de más de 170 personas. Ocho años más tarde, en 1935, se conformó el Club Japonés de Tenis, integrado por más de 30 miembros, quienes participaron en torneos en La Paz.

Las actividades comerciales eran importantes al inicio, se contaba con 15 negocios de japoneses en el importante centro comercial de La Paz, como son las calles Comercio y Potosí. Entre los principales negocios estaban la Casa Komori, la Casa Ochiay y la Fábrica de camisas “Salida del Sol”. “Estas empresas también tuvieron un cierre temporal debido a la guerra”, recordó Hada.

En la posguerra, nuevamente con mucho esfuerzo, se reabren los negocios y en la década de los años 60 se construye el pabellón japonés en la Ciudad del Niño, el mausoleo en el Cementerio General y se construye el edificio de la Sociedad Japonesa de La Paz en la calle Batallón Colorados.

LA GRÁFICA

Reconocimiento a los Nikkei de más de 70 años de edad (2012). Foto: Cortesía Carmen Hada

Juventud. Un show de kimono (2009). Foto: Cortesía Carmen Hada

Sesión de karaoke (1986). Foto: Cortesía Carmen Hada

Actividades. Un día de campo (1947). Foto: Cortesía Carmen Hada

Club Cóndor de Béisbol (1955). Foto: Cortesía Carmen Hada

En 1975 se construye el Jardín Japonés, ubicado en la avenida Ballivián y calle  8 de Calacoto, y es donado a la ciudad de La Paz como agradecimiento a la acogida de los inmigrantes japoneses.

Desde 1981 se realizan los concursos de karaoke y en 1996 se inicia el Bon Odori (danza tradicional japonesa), y desde 2005, el festival Omatsuri.

La Sociedad Japonesa de La Paz ha tenido un rol muy importante para la llegada de las migraciones a las colonias en Santa Cruz. En 1954 llegan los primeros colonos de Okinawa a la Colonia Uruma y posteriormente el grupo de la Hacienda Nishikawa, ambos en Santa Cruz. Al tratarse de una institución que aglutinaba a los japoneses, se constituía en un espacio que no solamente servía para confraternizar, sino también como instancia de relacionamiento con autoridades gubernamentales y gestión de trámites para los inmigrantes.

“Deseo manifestar que nos sentimos muy orgullosos de haber alcanzado los objetivos para los que fue creada nuestra institución, promoviendo y fomentando la unión de la comunidad japonesa, profundizando la relación amistosa con la población boliviana, en especial con la paceña”, expresó la directora del Comité Conmemorativo.

El legado histórico de los antepasados japones, “lleno de valores como coraje, entereza y cooperación solidaria, manteniendo los principios de trabajo y honestidad, muestra a las nuevas generaciones un camino para consolidar el puente de amistad con la ciudad de La Paz”, agregó.

 Es así que esta institución ha fortalecido los sueños que tuvieron en su tiempo los que llegaron con esperanzas a Bolivia, permitiendo que las nuevas generaciones puedan construir un nuevo legado “hacia otros 100 años de nuestra querida Sociedad Japonesa de La Paz”, concluyó.

PROGRAMA DE ACTIVIDADES

— MAYO

Demostración de una gran variedad de artes marciales (plaza Tejada Sorzano, Miraflores).

— AGOSTO

Concurso de voladores japoneses y demostración de bailes típicos.

— OCTUBRE

Exposición de arte japonés.

— JULIO

Desfile de kimonos, ceremonia del té, Iaido (arte marcial), wadaiko (show de tambores) y cine japonés.

— SEPTIEMBRE

Festival Omatsuri y exposición de fotos antiguas sobre la historia de la institución.

— NOVIEMBRE

Festival Bon Odori.

FOTOS: CORTESÍA DE CARMEN HADA

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Ingredientes naturales para cuidar la piel

La pasión llevó a Natalia Guidi a hacer pruebas de formulaciones a pequeña escala luego de estudiar química cosmética

Especialista. La ingeniera química Natalia Guidi es experta en formulación cosmética

/ 10 de abril de 2022 / 17:02

Desde que era niña, Natalia Guidi sentía un gran interés por la perfumería y cosmética, razón por la que preparaba sus propias “formulaciones”, que solía probar en sí misma, aunque reconoce entre risas que algunas experiencias no resultaban muy gratas.

Esa pasión se mantuvo con ella a medida que pasaban los años y fue uno de los motivos por los que decidió estudiar ingeniería química. Lo interesante es que ya estando en la universidad solía comentar que quería tener su propia empresa y producir cosméticos o perfumes, un anhelo del  que muchos de sus compañeros se reían o no le creían. Incluso le decían que no tenía que aspirar a algo tan grande o que debía ser más “realista” y apuntar a graduarse lo más rápido posible para buscar algún trabajo estable. “Esto me demostró la enorme importancia de perseverar y ser fiel a una misma”, explica.

Así fue que años después, en 2018, nació su marca Blossom, palabra en inglés que significa florecer, enfocada en una flor pequeña, el cherry blossom, o la flor del cerezo.

“La idea de lanzar mi propia línea cosmética se originó por dos razones: la primera, debido a la falta de oportunidades laborales que existe en mi sector (química) por la insuficiencia de industrias químicas en el país; y la segunda, porque siempre quise tener mi propia empresa”.

Un año después, en 2019, afloró su empresa Prodinves (combinación de Producción e Investigación) con la idea de aportar al país y poder mostrar una faceta diferente de lo que comúnmente se conoce como industria química.

“Bajo ese concepto, mezclamos la idea de producción e investigación científica para así poder brindar servicios, transformar materia prima y ofertar productos con valor agregado localmente”.

Actualmente, la empresa Prodinves sigue lanzando productos de cuidado personal y cosméticos, además de brindar servicios de formulación tercerizada. Después de casi cuatro años, ya cuenta con su propio laboratorio.

Esta empresa, que está en el rubro de bienestar y salud y cuyos socios principales son Natalia y su esposo, abarca por el momento cosmética y productos de cuidado personal. También ofrece el servicio de desarrollo de productos cosméticos exclusivos para spas y otras instituciones.

La variedad de productos que abarca esta marca son limpiadores, tónicos, cremas, geles, exfoliantes y sanitizadores. Para su elaboración usan insumos cosméticos y como ingredientes activos utilizan solamente materia prima que crece en el país. Estos pueden ser extractos de hojas, flores o frutos, con el objetivo de dar valor agregado a recursos nacionales, buscando potenciar y aprovechar sus propiedades cosmetológicas. De esta forma, Natalia aprovecha plantas como la cola de caballo, la wira wira o el eucalipto de formas que no se hacían antes.

“Con los productos se pueden crear diferentes rutinas para los diferentes tipos de piel. Desde rutinas básicas diarias hasta rutinas nocturnas anti-age”, resalta.

Una de las rutinas completas de las que más orgullosos están es la que crearon para contra el acné, que al mismo tiempo es también anti-edad. Incluye un cleanser de manzanilla para limpiar el rostro todos los días, pues no contiene surfactantes que pueden irritar los granitos; un tónico de cola de caballo para completar la limpieza de la piel y remover los restos de sebo; una crema para contorno de ojos de wira wira con niacinamida para mejorar la textura de la piel; un gel de eucalipto para mantener la piel hidratada y libre de sebo, ya que no contiene ningún tipo de aceite, y una mascarilla de gel de aloe vera y pepino, que se mezclan en la palma de la mano para aplicar en la noche.

“Creemos que los bolivianos podemos lograr productos de gran calidad y con valor agregado que nada tengan que envidiar a los importados”, arenga Guidi, animando a otros profesionales a apostar por el país.

FOTOS: NATALIA GUIDI Y YESENIA OROZCO

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DAEWOO fue relanzada en Bolivia

Mark Paredes, gerente Comercial de Daewoo; Samantha Nogales, Christian Aliaga, CEO de Daewoo; Cecilia Requena y Eduardo Quintana, director Comercial de Daewoo.

Por Mitsuko Shimose

/ 27 de febrero de 2022 / 17:52

Novedades empresariales

Daewoo, la marca coreana enfocada en la innovación tecnológica, diseños de vanguardia y en la producción de electrodomésticos amigables con el medioambiente, fue relanzada en Bolivia con el objetivo de posicionarse, a mediano plazo, entre las tres marcas con mayor presencia en el mercado.

“Bolivia es uno de los mercados donde mejor desempeño tuvo la marca desde sus inicios en Latinoamérica. En el pasado comercializamos televisores, lavadoras, refrigeradoras y hornos microondas, teniendo siempre una reacción favorable de parte de nuestros clientes”, mencionó Christian Aliaga, CEO Daewoo LATAM, añadiendo que los estudios de mercados continúan indicando que existe una gran valoración hacia Daewoo por parte del consumidor boliviano, lo que les permitió abrir una oficina en Santa Cruz, ubicada en Torres Dúo de Equipetrol, con la intención de tener un acercamiento directo con sus principales distribuidores.

El CEO de Daewoo, Christian Aliaga. FOTOS: DAEWOO

Illianovch Mayhan y Alvir Vishindas.

Silvana Robles, congresista de la República del Perú; y Carina Palacios, embajadora de Perú en Bolivia.

Rodrigo Ayllón, commercial Manager de Daewoo para Bolivia.

Daewoo es una marca enfocada en la innovación, y fiel a la tradición coreana, se diferencia por sus diseños de vanguardia. “Hoy podemos decir que después de arduos años de esfuerzo hemos logrado que el uso de nuestros productos esté en perfecto balance con el entorno ecológico, diferenciándonos de la competencia por nuestra tecnología, costos accesibles y armonía medioambiental”, aseguró Aliaga.

La marca coreana, con presencia en México, Panamá, Colombia, Ecuador, Chile, Paraguay, Perú y ahora Bolivia, se relanza con una renovada línea de televisores Smart Tv, licenciados con los sistemas operativos más usados en el mundo, lo que permite descargar más rápido todo tipo de contenido y tener la mejor conectividad. También reingresan la línea blanca con el lanzamiento de refrigeradoras, lavadoras y hornos microondas con estética renovada, paneles digitales y lo más importante: tecnología amigable con el medioambiente, todos con pleno dominio de la domótica, consistente en la sincronización de datos entre los electrodomésticos.

Mark Paredes, gerente Comercial LATAM, anunció que pequeños electrodomésticos, como licuadoras, planchas y extractores de jugos, muy requeridos en estos tiempos de pandemia donde las familias retomaron el hábito de preparar sus alimentos en casa, forman parte de la oferta; completándose con laptops y tablets, además de cocinas empotrables y campanas extractoras decorativas con hermosos diseños europeos.

“Estamos presentando un portafolio renovado de productos, seguido de un agresivo plan de marketing digital que hará énfasis en la interacción con los usuarios de las redes sociales, elaborando contenido diferencial que permita sacar provecho de todas las funciones de nuestros productos, sin afectar el medioambiente. Queremos llevar la experiencia a otro nivel”, indicó Paredes, acotando que el objetivo es que en los primeros tres años logren tener una participación de mercado superior al 20%, posicionando la marca dentro de las tres con mayor presencia nacional.

María Elena Antelo y Yesenia Barrientos muestran los Smart Tv de esta marca coreana con presencia en Bolivia. Foto. DAEWOO

El anuncio oficial del relanzamiento de Daewoo en el país se realizó en el marco del I Encuentro Binacional de Cooperación e Inversión en Tecnología, Cultura y Sostenibilidad Ambiental Bolivia-Perú, evento que buscó fomentar operaciones en la región con alianzas entre ambos países andinos.

“Daewoo patrocinó este evento porque impulsar a nuestras autoridades a cuidar el medioambiente es impulsar a nuestra sociedad a explorar nuevos horizontes”, citó Rodrigo Ayllón, commercial Manager de Daewoo para Bolivia, agregando que el encuentro contó con la participación de autoridades bolivianas y peruanas que reafirmaron, con su presencia, el compromiso de combatir la destrucción de la naturaleza de forma efectiva. “Quiero reafirmar nuestro compromiso no solo de llevar a sus hogares buenos productos, sino tambien alinearnos a sus necesidades y sobre todo comprometernos a nivel de responsabilidad social con el país y con la colectividad. Estamos ahora en Santa Cruz y muy pronto en toda Bolivia”, concluyó el CEO de Daewoo.

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