Sociedad

Sunday 14 Apr 2024 | Actualizado a 09:25 AM

Luis lava 4 veces al mes

Su familia reúne la ropa para lavarla todos en conjunto

Por La Razón

/ 14 de noviembre de 2010 / 05:00

Es miércoles y día de lavado de ropa en la casa de Luis Ticona, en la zona Alto Santiago de Lacaya (macrodistrito Periférica de La Paz). Por eso, su familia reúne todas las prendas usadas en la semana para lavarlas juntas y así ahorrar algo de agua.

Luis dice que su casa tiene conexión a la red de agua potable y alcantarillado de la Empresa Pública Social del Agua y Saneamiento S.A. (EPSAS), pero debido a lo empinado del lugar, el líquido no sube hasta las cañerías.

«No tenemos agua potable. Por eso, reunimos toda la ropa hasta que venga el camión cisterna o recolectamos agua de la lluvia para poder lavar», cuenta Ticona, de 22 años, mientras muestra cuatro turriles en los que almacena el líquido que compra de los camiones una vez por semana. El costo que paga por cada uno oscila entre tres y cuatro bolivianos.

El joven vive hace tres años en Alto Santiago de Lacaya  y asegura que «según la empresa que administra el agua la presión no sube hasta aquí porque es pendiente. Por ejemplo, el agua no llega a Santiago de Lacaya (que está más abajo) y menos aquí», dice el joven, vestido con un deportivo azul.

Además, por lo empinado del lugar, los camiones suben menos cargados. «Uno de los principales problemas es que el agua no nos alcanza y no podemos asearnos, ni lavar nuestra ropa todos los días, pues se desperdicia», agrega el joven que vive con sus padres, dos hermanos y una niña que está al cuidado de los Ticona

La familia instaló un estanque para 500 litros; sin embargo, tampoco está en funcionamiento porque no hay con qué llenarlo. Cuando se bañan, Luis y sus parientes calientan agua en varias ollas.

Debido a que el baño tampoco tiene habilitado el alcantarillado, se construyó un pozo ciego cerca del río que pasa por el lugar. «Yo quisiera que la empresa (EPSAS) agilice el funcionamiento del estanque o que por lo menos se instalen piletas públicas en la zona para vivir mejor».

El uso desgastó algunos turriles que suelen desprender en el agua el material con el que están fabricados.  Luis señala que esto contamina el líquido, por eso «lo utilizamos para lavar, pero, a veces, por necesidad tenemos que cernirlo y usarlo para cocinar».

Similar situación a la de Luis atraviesa Sonia Juchani (38) quien habita la misma zona. Todos los martes, consigue agua de la cisterna con la que se cocinará y lavará la ropa para ella, su esposo y sus cinco hijos. Los platos y utensilios de cocina se amontonan para asearlos todos al finalizar la tarde.

«Llega el martes y una parte del agua la guardo para cocinar para toda la semana y la otra parte para lavar la ropa», expresa la señora.

No se desperdicia ni una gota, por eso cuando lava Sonia usa varios bañadores en los que reutiliza el líquido. En promedio ocupa un turril de los tres que adquiere. «Como no tenemos mucha agua a veces no enjuagamos bien la ropa y no  estamos siempre bien aseados». Lo que sobra se usa para limpiar pisos y el patio.

Sonia Juachani y su familia se bañan dos veces por semana en una ducha provisional que se abastece de un tanque pequeño.  «Mis hijos entran a bañarse como máximo cinco minutos, pero otros vecinos se calientan agua y otros a veces van a duchas públicas. Yo pediría que haya unas tres cisternas para proveernos de agua y nos dejen más agua».

‘Recibo sólo un turril, pero no alcanza  porque somos varios’
Sonia Mendoza. Vive en la zona 25 de Julio en La Paz (Macrodistrito Periférica), no tienen agua ni alcantarillado.

A Sonia Mendoza le duelen las manos. Todos los martes sube una calle empinada de la zona 25 de Julio de La Paz (macrodistrito Periférica) cargando un turril en el cual conseguirá agua de una pileta pública que se encuentra en la parte alta del lugar.  Luego tiene que llevarlo de bajada, hacia su casa.

«Yo vivo hace 14 años en la parte baja de la zona y subo todos los martes hasta la parte alta porque allí el camión cisterna deja el agua en un estanque que distribuye el agua por una cañería que va  hacia una pileta pública de la que recibimos agua», señala Sonia, de 38 años.

Para reducir las distancias, los vecinos se organizaron y compraron una manguera que está conectada a la pileta. Así, caminan menos.  «Cada mes se escogen a dos personas para que repartan el suministro de agua a los vecinos. Algunos reciben dos turriles.

Yo, por ejemplo, sólo me llevo uno porque tengo un pozo cerca del río  porque somos varios y el agua no alcanza», dice mientras sostiene la manguera que transporta el agua. Mendoza comenta que el líquido que recibe le sirve para preparar la comida del día. «El agua que conseguimos tenemos que guardarla para cocinar».

Para lavar la ropa y para bañarse ella y su familia, saca líquido del pozo que tiene en su vivienda. «A veces llueve y el agua entra al pozo y se contamina. Por eso, yo compro cal y eso un poco lo limpia. Pero aquí arriba no hay el agua», reitera. Pide que «haya más cisternas y que den más agua».

No tiene baños ni pozo ciego, por eso ella y su familia van a los cerros o al río a hacer sus necesidades.  Otro problema que existe es que cuando el camión cisterna no viene la gente debe comprar agua de las zonas de abajo. «Un bidón de 20 litros cuesta dos bolivianos, la gente no te quiere regalar», acota Hortencia Mayta, vecina de la zona 25 de Julio.

 

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Los medios en cuestión

Por La Razón

/ 14 de abril de 2024 / 00:20

El reciente estudio Delphi de la Fundación Friedrich Ebert (FES-Bolivia), realizado con líderes de todo el país, revela datos delicados respecto a los medios de comunicación y su desempeño. Además de una baja confianza, se percibe a los medios como promotores del conflicto y como actores políticos que informan en función a su agenda e intereses. La evaluación es crítica.

Hubo un tiempo en que los medios de comunicación y periodistas, en general, estaban en la cima de la confianza ciudadana. Junto con la Iglesia Católica, tenían muy alta legitimidad. Hoy es diferente: en la Delphi de la FES, solo el 7% tiene una confianza alta o muy alta en los medios. Para el 39% es regular. Y un mayoritario 54% confía poco o nada. Estos datos debieran preocuparnos. Si bien estamos mejor que otras entidades, la confianza es un bien preciado que los medios debemos recuperar y preservar.

En un contexto en que los medios digitales y las redes sociales tienden a desplazar a los medios de comunicación tradicionales como principal fuente de información, es necesario hacer un examen acerca de nuestro desempeño. ¿Cómo nos evalúan los líderes? Más de dos tercios, nada menos, sostienen que los medios informan en función a su propia agenda e intereses. Si sumamos el 13,5% que nos perciben como manipuladores, el saldo es muy negativo. Solo un marginal 7% cree que los medios informan con veracidad.

La baja confianza en los medios y la percepción de que informan más pensando en ellos mismos que en la sociedad, quizás se explican, entre otros factores, porque varios operadores mediáticos están polarizados y alientan la polarización. Lo vimos como tragedia en la crisis de 2019, cuando algunos medios y periodistas avalaron y hasta justificaron las masacres. Ello se reafirma en la Delphi: 86% de los líderes consultados sostienen que los medios promueven enfrentamientos y conflictos en el país.

Por si fuera poco, en estas percepciones reveladoras de la situación del campo mediático en Bolivia, casi nueve de cada 10 participantes en el estudio de la FES están de acuerdo con la afirmación de que los medios actúan como si fuesen actores políticos. Es tremendo. Para los liderazgos, la esencia de los medios se está perdiendo. En su balance, varios medios y periodistas están más cerca de la acción política que de la labor informativa. Eso, por supuesto, va en desmedro del periodismo.

Los estudios de percepción cualitativa y de opinión pública expresan tendencias generales en momentos determinados. Son útiles para la reflexión y el análisis. Y contribuyen a la autocrítica. Pero hay diferencias. Más allá de las percepciones aquí descritas, es meritorio el trabajo de medios que persisten en el empeño de cuidar y cultivar cada día los derechos a la comunicación e información. Como diario nos situamos en ese camino reafirmando nuestro compromiso con el libre ejercicio del oficio periodístico.

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Un impasse inédito

El camino hacia la resolución de este conflicto debe estar pavimentado con el respeto a las leyes internacionales

Por La Razón

/ 11 de abril de 2024 / 06:33

Aunque se afirma que no es la primera vez que ocurre en la historia reciente, lo sucedido en Quito la noche del viernes al sábado, cuando la Policía irrumpió en la Embajada de México ante Ecuador, representa mucho más que un escándalo diplomático y ha puesto al país andino en un impasse del cual será muy difícil salir, mucho más debido a la hasta ahora arrogante posición de su gobierno.

El conflicto diplomático entre México y Ecuador, cuyo antecedente inmediato fue la declaración de persona no grata a la embajadora mexicana, que luego dio paso al secuestro y encarcelamiento del exvicepresidente Jorge Glas, que acababa de recibir el estatus de refugiado político (pese a haber sido condenado por delitos comunes años atrás), ha escalado hasta alcanzar los estrados de la Corte Internacional de Justicia (CIJ), donde México ha presentado una demanda buscando justicia y el respeto a las normas internacionales.

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La decisión de México de acudir a la CIJ y la convocatoria a sesiones extraordinarias de la Organización de Estados Americanos (OEA) los días martes y miércoles reflejan la gravedad de la situación y la necesidad de un marco de acción que respete los principios fundamentales de la diplomacia y el derecho internacional. Estos foros ofrecen una oportunidad invaluable para abordar el conflicto de manera constructiva, poniendo en primer plano la necesidad de soluciones pacíficas y el diálogo basado en el respeto mutuo, razón por la cual la demanda ecuatoriana de revisar los tratados internacionales es poco prudente.

En estas circunstancias, la comunidad internacional, así como los organismos regionales y multilaterales, deben actuar como mediadores para facilitar una resolución que respete las normas internacionales y promueva la estabilidad regional. Según expertos en la materia, la mediación debe enfocarse en la reconciliación y buscar una solución que permita a ambas partes superar el impasse, manteniendo la integridad de los tratados internacionales como guía.

Este conflicto sirve para poner en relieve la importancia de adherirse a los principios del derecho internacional no solo como un fin en sí mismo, sino como un medio para asegurar la paz, la seguridad y el respeto entre las naciones. La resolución de este caso podría sentar un precedente importante para el manejo de futuras disputas diplomáticas y reafirmar el valor de las convenciones internacionales como pilares de las relaciones entre Estados.

El camino hacia la resolución de este conflicto debe estar pavimentado con el respeto a las leyes internacionales y el compromiso con el diálogo y la negociación. Es imperativo que México y Ecuador, con el apoyo de la comunidad internacional y organismos como la OEA, encuentren una salida basada en el entendimiento mutuo y el respeto a los tratados que han guiado las relaciones diplomáticas durante décadas. Este enfoque no solo resolverá el impasse actual de manera justa, sino que también fortalecerá el sistema internacional basado en reglas, crucial para la coexistencia pacífica entre naciones.

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Cuidar al TSE

Por La Razón

/ 7 de abril de 2024 / 04:10

La designación, por parte del presidente Arce, de un nuevo vocal del TSE, reactivó el debate político sobre la institucionalidad electoral, la narrativa anticipada de “fraude” y el papel de las autoridades. Es un capítulo más de la disputa interna en el MAS-IPSP y en la oposición. Es fundamental asegurar la integridad y fortaleza del TSE de cara al próximo ciclo electoral.

 La Constitución establece que el TSE está compuesto por siete vocales: seis elegidos por la ALP y uno designado por el presidente del Estado. En abril de 2021, el presidente Arce designó a la vocal Dina Chuquimia tras la renuncia de Salvador Romero, quien había sido designado por la presidenta de facto Áñez. El pasado jueves, de manera intempestiva, Arce nombró a Gustavo Ávila como nuevo vocal del TSE en reemplazo de Chuquimia. El hecho generó recelo político y una polémica inconducente.

La atribución presidencial para designar a un nuevo vocal electoral está clara, salvo que no puede destituir a un vocal en ejercicio como si fuese, por ejemplo, un ministro de su gabinete. En este caso, la designación de Ávila debió estar precedida por la renuncia de la hoy exvocal Chuquimia o el cumplimiento de su mandato (seis años). No ocurrió así. Y no es la primera vez. En junio de 2021, el presidente Arce destituyó por decreto y sustituyó a seis vocales departamentales designados por Áñez.

Más allá de la legalidad en cuestión, el problema es que se daña la autonomía de la institucionalidad electoral. Y eso es crítico como señal, peor todavía cuando nos acercamos a unas elecciones generales complejas y muy marcadas por la división en el partido oficialista y la fragmentación opositora. Del otro lado, es deplorable la forma ligera e irresponsable, en este caso desde la facción evista y Comunidad Ciudadana, en que se lanzan sospechas de “fraude” y se descalifica por anticipado a las personas.

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Sin esperar un día de su mandato como autoridad, se etiquetó al vocal Ávila como “operador” (de la “proscripción” del MAS, del “fraude”, de la inhabilitación de Evo). Se descalifica así a un profesional de amplia experiencia y trayectoria en materia electoral, que desempeñó varios cargos en el Tribunal Electoral de Tarija hasta ocupar su presidencia, y que hoy puede ser un valioso integrante del TSE y reforzar su Sala Plena. Esas denigraciones precoces también dañan, y mucho, al organismo electoral.

En un contexto marcado por la polarización, una elevada desconfianza en las instituciones e incertidumbre sobre el próximo ciclo electoral, empezando por las elecciones primarias, es fundamental que todos los actores relevantes, en especial los políticos, asuman con altura la necesidad de cuidar y fortalecer al TSE. La integridad y autonomía del árbitro, así como el respeto a la voluntad ciudadana expresada en las urnas, son imprescindibles para garantizar la integridad de las elecciones y preservar la democracia.  

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Liderazgos autoritarios

Es poco probable que la clase política vaya a recuperar su vocación por el debate y la competencia democrática

Por La Razón

/ 4 de abril de 2024 / 06:13

El tema no es nuevo ni se limita a Bolivia: los valores democráticos se depauperan con cada día que pasa y en la mayoría de los casos son los propios líderes políticos quienes propician este estado de cosas. Solo esta semana hubo dos ejemplos: un expresidente propuso cumplir la ley que él mismo promulgó y otro, también expresidente, pidió a sus diputados renunciar a su cargo.

En el primer caso, se trata de la aparentemente insalvable ruptura del Movimiento Al Socialismo (MAS), partido que ahora afronta un ultimátum del Tribunal Supremo Electoral (TSE) para renovar su directiva en un congreso orgánico, que todavía no se sabe si podrá realizarse, pues hay dos convocatorias con fechas y sedes diferentes. Difícil saber cómo responderá el Órgano Electoral a la disyuntiva, que podría profundizar no solo la ruptura del partido gobernante, sino aumentar la polarización en la sociedad.

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En el afán de salvar la situación, el jefe del partido, el expresidente Evo Morales, retó al actual Presidente del Estado a competir por la candidatura en una elección primaria. Es un cambio en lo decidido en el frustrado congreso de Lauca Ñ, el año pasado, donde se dijo que el exmandatario es “el único” candidato del partido, desconociendo la Ley 1096, de partidos políticos, y su reglamento específico sobre elecciones primarias; pero también una muestra de una vocación de uso instrumental de la norma.

Si tal actitud no es suficiente muestra, las oficiosas declaraciones de los áulicos del expresidente, prometiendo baños de sangre u ofrendar sus vidas, por la “libertad”, la “democracia”, y “por supuesto, por nuestro líder”, como dijo un senador hábil para el victimismo y la desinformación, muestra el poco aprecio por el juego limpio.

En el segundo caso, se vio al también expresidente Carlos Mesa pidiendo a sus legisladores electos renunciar a su silla en la Asamblea Legislativa si no se avienen a seguir sus instrucciones. No hace falta ser un gran intelectual para saber que la democracia implica gestionar el disenso, tarea propia de un buen líder. Un mensaje que instruye obedecer ciegamente al jefe o largarse, habla mal del liderazgo.

Además, como ya se ha dicho, no son solo jefes políticos quienes muestran poco aprecio por los valores democráticos. Al anuncio hecho por el exalcalde Juan del Granado de “rearticular” al Movimiento Sin Miedo, la respuesta de una de las vocales del TSE no fue celebrar la diversidad de partidos o el retorno de una organización política que en algún momento gozó de gran relevancia, sino recordarle a la exautoridad que carece de personería jurídica, como si no fuese posible hacer el debido trámite para recuperarla.

Es poco probable que la clase política vaya a recuperar su vocación por el debate y la competencia democrática. Toca a la sociedad reflexionar profundamente sobre su futuro inmediato y decidir si quiere exaltados discursos ideológicos que enmascaran comportamientos autoritarios, o si prefiere líderes comprometidos con el bien común. Tarea nada fácil, por cierto.

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29 años, dos trincheras

Por La Razón

/ 31 de marzo de 2024 / 00:23

El MAS-IPSP, que es la organización política más grande de nuestra historia democrática, acaba de cumplir 29 años desde su fundación como partido-instrumento político. Llega a su aniversario dividido en dos facciones, hoy irreconciliables. Lo hace con festejo separado: uno arcista, otro evista. Llega con ultimátum para renovar su directiva en un congreso ordinario.

Desde su fundación en 1995 como MAS-IPSP (el antecedente formal es el MAS-Unzaguista de 1987), el partido azul cobalto, negro y blanco ha tenido un ascenso vertiginoso a cargos de gobierno y de representación. Su líder histórico, Evo Morales, fue diputado uninominal en las elecciones de 1997, con la sigla Izquierda Unida, y ya como MAS-IPSP fue segundo en votación en los comicios de 2002. Apenas tres años después, en 2005, ganó la elección presidencial con una inédita mayoría absoluta de votos.

Así, desde la transición a la democracia y luego del período conocido como democracia pactada (1985-2003), el MAS-IPSP ha estado en el centro del espacio público-político en el país. Y desde 2006 a la fecha, con el paréntesis de un año del régimen inconstitucional de Áñez, ha ocupado el Órgano Ejecutivo del nivel central del Estado, con amplias y sucesivas victorias electorales y mayorías parlamentarias. La presencia del masismo, pues, es protagónica en y desde el campo plurinacional popular.

Hoy la situación es diferente. Si bien el MAS-IPSP continúa siendo la fuerza política con mayor presencia territorial en Bolivia, su fractura genera un horizonte incierto.

No se trata solo de la división interna en la estructura partidaria, sino también en su núcleo constitutivo que son las organizaciones sociales. Así, es probable que su músculo con fractura, pese la fragmentación opositora, no le alcance para ganar una nueva elección. La disputa por la candidatura presidencial pasará factura.

¿Cuándo se desportilló el partido- instrumento político? Hay quienes dicen que ya en el proceso constituyente hubo retrocesos. Otros identifican como hito crítico el conflicto en torno a la carretera por el TIPNIS. Sin duda un punto de quiebre fue el referéndum constitucional de 2016, en especial la decisión de no respetar el resultado. Y es innegable que la coyuntura crítica de 2019, que derivó en el derrocamiento del presidente Morales, marca un momento de derrota. Ha sido un declive paulatino.

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Al cumplir 29 años, el rumbo del MASIPSP está marcado por la crisis interna y la incertidumbre. Luego del deterioro incremental de la relación entre Evo y Lucho, ambos en afán de reelección, hoy las dos facciones no logran ponerse de acuerdo ni siquiera para convocar un congreso ordinario a fin de renovar su directiva. Hay plazo perentorio del TSE para el efecto. Parece más difícil todavía que definan su binomio presidencial en primarias. Es guerra de trincheras: unos en San Francisco, otros en Yapacaní.

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