Sociedad

sábado 17 abr 2021 | Actualizado a 20:35

Los papás hacen arreglos e incluso edificaciones

Se apoyan en la acción comunal para mejorar las condiciones de estudio

Por La Razón

/ 14 de septiembre de 2011 / 05:00

Juntas escolares del Macrodistrito Sur destinan parte del fin de semana (el día sábado) para hacer mejoras en los establecimientos a los que asisten sus hijos. Entre sus responsabilidades está el refaccionar pupitres y arreglar tuberías y baterías de baños.

En un recorrido que La Razón realizó ayer por el sector, el presidente de la Junta Escolar del colegio Lindemann, Hilarión Ibáñez, explicó que los padres de familia comparten responsabilidades para mejorar las condiciones en las que pasan clases sus hijos. «Siempre hemos trabajado con acción comunal y vamos a seguir trabajando porque la Alcaldía no hace nada, nosotros clavamos los bancos y refaccionamos las aulas», indicó.

La comuna dotó a esta unidad educativa de pizarras acrílicas, pero no las instaló, así que los padres tuvieron que hacer ese trabajo para evitar que los equipos se malogren.

De acuerdo con el presidente de las juntas escolares de la zona Sur, Rodrigo Quisbert, la intervención de los padres de familia para mejorar los establecimientos es muy común porque la municipalidad no llega a atender todos sus requerimientos.

En la unidad educativa Juan Herschel, los padres de familia cementaron el patio y repararon las baterías de baños. Lo que les queda pendiente, que es algo en lo que no pueden intervenir de manera directa, es la ampliación de aulas, dado que en ese establecimiento hay sobrepoblación de estudiantes y —por ende— también hace falta mobiliario.

La directora de la unidad educativa, Amparo Basualdo, ponderó el trabajo que desarrolla la junta escolar. «Las sillas se estaban desarmando y fueron los papás los que realizaron la refacción del mobiliario, barnizaron las mesas porque con la Alcaldía no hay nada», afirmó.

El presidente de la Junta Escolar, Leonardo Chaquí, informó de la dotación de un lote de computadoras, empero no hay un ambiente para la sala de computación, por lo que los padres deberán trabajar una vez más para que sus hijos puedan dar uso a los equipos y aprendan a operarlos.

En la misma línea, la directora del colegio Julio Patiño, Teresa Maldonado, hizo hincapié en los esfuerzos que realizan los padres de familia en su tiempo libre, a través de la Junta Escolar, para mejorar las condiciones de trabajo en esa unidad educativa.

«Ellos (los padres) trabajan y cooperan, reparan los bancos, incluso compran sillas para que sus hijos no pasen clases incómodos», afirmó.

Obras de los padres de familia

-En el colegio Lindemann, los padres edificaron dos aulas y un depósito para guardar los instrumentos de la banda de música, además de una sala de video. También financiaron la compra del equipo de
Data Show.

-En la unidad educativa Juan Herschel, los padres dedican parte del sábado a reparar mobiliario. También cementaron el reducido patio que poseen y canalizaron las caídas de agua para evitar inundaciones. Ahora instalan cables para la sala de computación pues se les dotó de 20 equipos.

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Una pandemia que no acaba

Se precisa, más que nunca, prudencia, no bajar la guardia, modestia y gran capacidad de adaptación de las políticas.

Por La Razón

/ 17 de abril de 2021 / 00:21

La evolución de la pandemia sigue desbaratando las proyecciones de casi todos los gobiernos en el planeta. La segunda y tercera oleadas de contagios están afectando severamente incluso a países que habían manejado bien la enfermedad el año pasado. Frente al COVID-19, se precisa, más que nunca, prudencia, no bajar la guardia, modestia y gran capacidad de adaptación de las políticas.

El año pasado se mencionaba a Uruguay y Cuba como los países latinoamericanos que habían logrado evitar un contagio masivo de COVID-19 gracias a sus sistemas de salud eficientes. De igual manera, en este 2021, durante varias semanas Chile apareció como un ejemplo mundial de vacunación rápida, mientras la India se transformaba en una usina global capaz de producir y distribuir millones de esos fármacos en todos los continentes.

Lamentablemente, las infecciones se están acelerando en casi todos los continentes, obligando, por ejemplo, al Gobierno cubano a establecer restricciones en La Habana. La situación se ha desbordado particularmente en Uruguay, donde la tasa de contagios se ha vuelto la más alta del mundo. La situación tampoco es muy halagüeña en Chile, que registra un pico de la enfermedad más intenso que el de mediados de 2020 pese a la masiva vacunación.

En India, la intensidad de la enfermedad ha llevado a ese país a prohibir la exportación de vacunas para priorizar su uso doméstico. Decisión que ha complicado los programas de inmunización que se estaban poniendo en marcha en el mundo en desarrollo y que ha casi paralizado los intentos de Naciones Unidas para mejorar el acceso de los países más pobres a esos fármacos mediante el mecanismo COVAX.

En todos los continentes se extiende la insatisfacción y la frustración social con los gobiernos y las políticas aplicadas hasta ahora debido a su incapacidad para estabilizar la situación. Es un momento muy difícil para gobernar en medio de tanta incertidumbre y malestar.

Es evidente que no hay recetas milagrosas, que incluso ciertos éxitos momentáneos pueden revertirse y que todas las políticas sanitarias aplicadas deben revisarse constantemente ante la aparición de nuevas variantes de la enfermedad y/o la imposibilidad social de sostener algunas medidas de contención. Las autoridades no pueden caer en ningún caso en la autosatisfacción y deben estar en todo momento listas para los peores escenarios.

Aunque hoy el panorama es oscuro, hay luz al final del túnel con una vacunación que, tarde o temprano, se irá acelerando. Pero el camino a la normalización es aún difícil y se precisa revisar constantemente las políticas aplicadas, corregirlas o incluso abandonarlas si ya no son efectivas. Pragmatismo, flexibilidad, prudencia y sobre todo autocrítica permanente son la única opción de los gobernantes para navegar en estos tiempos tan difíciles.

   

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La amenaza de la corrupción

No es aceptable que la ética se haya reducido a ser una simple palabra que pronuncian todas las bocas.

Por La Razón

/ 16 de abril de 2021 / 01:32

No son buenos tiempos para el gobierno de Luis Arce y el MAS: pequeños y grandes escándalos de corrupción afectan ya no solo a mandos medios o a personas lejanamente vinculadas con la gestión, sino también a miembros de su gabinete ministerial. El resultado es una suerte de profecía que se cumple a sí misma y que da sustento a los ataques de las oposiciones políticas.

La noche del martes, el ahora exministro de Desarrollo Rural y Tierras, y el ex director general de Desarrollo Rural fueron aprehendidos en pleno centro de la ciudad de La Paz al ser sorprendidos con $us 20.000 en efectivo, producto de un supuesto soborno por el saneamiento del fundo El Triunfo, en el departamento de Santa Cruz. No es el primer caso de corrupción en ese ministerio desde que comenzó la gestión, ni esa la única institución gubernamental con observaciones.

La previsible reacción opositora incluye, por supuesto, señalamientos en sentido de que la falta de transparencia y el aprovechamiento ilícito de los recursos públicos, cuando no del cargo, es la moralidad dominante en el Gobierno actual. Olvidan deliberadamente que la corrupción, el uso patrimonial de bienes del Estado y otras prácticas igual de despreciables han estado presentes en todos los gobiernos de las últimas décadas, sin excepción. Basta con recordar que en el gobierno transitorio de 2020, el último de los ministros de Economía se benefició irregularmente con la dotación de miles de hectáreas de tierra a nombre suyo y de su familia.

Desde el lado oficialista se reclama a los medios de comunicación por no dar el mismo destaque a los casos de corrupción que a las medidas adoptadas para sancionarlos. Olvidan estos oficiosos defensores de la imagen del Gobierno y sus autoridades que lo normal y deseable es que desde el Estado se luche contra la corrupción (para eso existe un Viceministerio, unidades de Transparencia en todas las unidades administrativas de los tres niveles gubernativos, así como cuerpos policiales y juzgados especializados), y que lo anormal, y por tanto inaceptable, es que ésta ocurra entre la gente de mayor jerarquía en la gestión.

Por otra parte, debe llamar poderosamente la atención el hecho de que en los pocos meses de gestión que lleva el actual Gobierno van dos ministros de Desarrollo Rural y Tierras defenestrados por presunta corrupción. Súmese a eso no pocas denuncias de tráfico de tierras en el Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA) que se conocen desde hace años y que se multiplican con el paso del tiempo.

No es aceptable, no puede serlo, que la ética se haya reducido a ser una simple palabra que pronuncian todas las bocas, pero que muy pocas personas están dispuestas a aplicar en su vida cotidiana y al trabajo que desempeñan en servicio del Estado y de la población boliviana. Se hace urgente, pues, el diseño y la implementación de políticas públicas orientadas a transformar la moralidad dominante en el sector público.   

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‘Evaluación profunda’

Evaluación profunda e impostergable, es lo que requieren las fuerzas políticas del país.

Por La Razón

/ 14 de abril de 2021 / 01:24

Tras la derrota del pasado domingo en la disputa electoral por cuatro gobernaciones departamentales, la dirigencia del gobernante MASIPSP asumió la necesidad de realizar una “evaluación profunda”. No se sabe el alcance de tal evaluación ni su profundidad, pero ciertamente debiera ir más allá del desempeño electoral. Algo similar se espera que hagan las fuerzas políticas de oposición.

Las elecciones generales 2020, primero, y los comicios departamentales, regionales y municipales 2021, después, definieron el paisaje de las nuevas autoridades y representantes electos en los diferentes niveles del Estado. Las urnas brindaron también mensajes importantes sobre la recomposición del campo político y, en especial, acerca de la fortaleza o debilidad de los partidos y alianzas. El nuevo mapa político requiere un amplio análisis, para empezar, de las propias organizaciones políticas.

A reserva del debate político, y sus interpretaciones, respecto a quiénes salieron ganadores y quiénes fueron derrotados en los comicios, es evidente que, concluido el largo ciclo electoral, las fuerzas políticas requieren un ejercicio de examen y autocrítica. En el caso del MAS-IPSP, la contundente victoria con mayoría absoluta del binomio Arce-Choquehuanca debe analizarse de manera integral con el desempeño en las gobernaciones y municipios. El balance será más complejo que las declaraciones.

Si bien el partido oficialista mantiene hegemonía a nivel territorial, con alto número de alcaldes electos y fuerte presencia en las asambleas departamentales, tuvo malos resultados en las ciudades capitales y ganó solo en tres gobernaciones, a diferencia de las seis que obtuvo en las elecciones de 2010 y 2015. Ese balance claroscuro motiva el anuncio de “evaluación profunda” planteado por los presidentes del Senado y de Diputados. Ello seguramente supondrá identificar equívocos y, en su caso, “culpables”.

Pero mal haría el MAS-IPSP, bajo liderazgo del expresidente Evo Morales, si se limita a examinar su desempeño electoral y hacer comparaciones simples (“estamos igual que el 2006”). Pareciera que el reto es más bien estructural, de discusión orgánica, de reflexión programática, de apuesta por la renovación de liderazgos, de democratización interna (en especial en las direcciones departamentales), en fin, de su situación y proyección como instrumento y como proyecto político. No basta el ajuste de cuentas.

El mismo desafío de autoexamen crítico cabe para las fuerzas políticas de oposición. Comunidad Ciudadana, Demócratas, Unidad Nacional, Sol.bo, entre otros grandes derrotados (y ausentes) de los recientes comicios, tendrán que mirarse ante el espejo de su existencia política. ¿Lograrán articular un proyecto sólido que, más allá del activismo testimonial, seduzca a la población? ¿O seguirán perdiendo elecciones? Evaluación profunda, e impostergable, es lo que requieren las fuerzas políticas en el país.    

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El Santos brasileño entra al grupo del Tigre en la Copa Libertadores

Además del 3-1 de la ida, Santos se sintió cómodo en Brasilia por la fragilidad en la presión y marca del "Ciclón".

Por AFP y La Razón

, / 13 de abril de 2021 / 23:01

Las atajadas soberbias del arquero Joao Paulo guiaron al subcampeón Santos a la fase de grupos de la Copa Libertadores, al impedir la remontada de San Lorenzo, con el que empataron 2-2 este martes en Brasilia, un marcador funcional tras haber vencido 3-1 en Argentina. Así el Santos se sumó al grupo de The Strongest donde también están Boca Juniors y Barcelona.

Los reflejos del portero de 25 años respaldaron al «Peixe» del argentino Ariel Holan, que se fue adelante con anotaciones del juvenil Marcos Leonardo, de 17 años, en el minuto 22 y el veterano Pará, de 35, en el 56.

El «Ciclón», que jugó con uno menos desde el minuto 51, cuando el zaguero Gabriel Rojas fue expulsado por una dura entrada a Marinho, amagó con la hazaña al descontar a través de un cabezazo de Franco Di Santo (59) y con un remate lejano del paraguayo Ángel Romero (79).
Santos, que perdió la final de la pasada edición de la Copa ante Palmeiras, integrará el Grupo C junto a Boca Juniors (ARG), Barcelona (ECU) y The Strongest (BOL).

San Lorenzo, dirigido por Diego Dabove, compartirá con Rosario Central (ARG), Huachipato (CHI) y 12 de Octubre (PAR) el cuadrangular A de la Copa Sudamericana.La mano de Holan – La supremacía avistada en el Nuevo Gasómetro se replicó durante casi sesenta minutos en el Mané Garrincha.

Holan, que aterrizó en Santos en febrero, hizo una variación táctica tan inesperada como fructífera. El lateral derecho Pará jugó con perfil cambiado y Madson ocupó su lugar.

El dueño de la izquierda, Felipe Jonatan, ofició de interior al lado del capitán Alisson y el juvenil Gabriel Pirani.

Jonatan estuvo a la altura de la aspiración de su entrenador y un pase suyo originó la anotación de Marcos Leonardo, que sentenció, temprano, cualquier intentona de remontada.

El ‘Menino da Vila’ le ganó en velocidad a Federico Gattoni. Los centímetros que lo aventajó bastaron para que desplegara un zurdazo, en un ángulo que parecía imposible, pues la pelota rozaba la línea final, y colara el balón entre el palo y el cuerpo de José Devecchi.

El portero fue traicionado por su intuición, que minutos antes le permitió despejar un córner cobrado por Marinho que por poco se torna en gol olímpico y que después le sirvió para despejar un zurdazo del venezolano Yeferson Soteldo tras una cabalgata.

Además del 3-1 de la ida, Santos se sintió cómodo en Brasilia por la fragilidad en la presión y marca del «Ciclón». El Peixe, por lo general, halló a un hombre libre cuando empezaba a armar la ofensiva.

Las grietas en el planteamiento de los brasileños apenas dejaban entrar luz en remates desde fuera del área, controlados con seguridad por Joao Paulo.

El golero tuvo una doble atajada (45) digna de Gylmar. Juan Ramírez disparó a unos veinte metros de puerta, Joao Paulo cacheteó la pelota y reaccionó rápido para despejar el rebote aprovechado por Emanuel Fernández.

San Joao – Pará, el experimento de Holan, hundió el envalentamiento de los cuervos con un remate colocado, al palo lejano de Devecchi, tras un contragolpe liderado por Soteldo.

El 2-0 pareció martillar los clavos en el ataúd de San Lorenzo, que minutos antes se quedó con diez cuando Rojas impidió, con una dura barrida, que Marinho entrara al área solo.

Cuando el panorama pintaba desolador, Di Santo redujo distancias al cabecear, con fuerza, un córner ejecutado por Ángel Romero.

El paraguayo coloreó un partido gris con un remate rastrero y lejano que se coló en el ángulo inferior derecho de Joao Paulo.

El arquero se reivindicó de la reacción tardía en el segundo tanto, su único lunar en la noche, al defender, con soberbias atajadas, a su equipo de las arremetidas finales de los «Cuervos», que regresarán a Argentina con la amargura de saber que en casa perdieron la chance de la clasificación.

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Quemando el futuro

No son los países necesitados de recursos, o los campesinos pobres quienes amenazan las selvas y bosques.

Por La Razón

/ 12 de abril de 2021 / 01:28

Según el Observatorio Global de Bosques, Bolivia ocupó en 2019 el tercer lugar en la deshonrosa lista de los países que más rápido deforestan sus bosques tropicales. Si bien la tasa boliviana de deforestación es muy inferior a la de Brasil o Congo, los dos primeros en la lista, sigue siendo preocupante la velocidad con que la desaparición de bosques ocurre en el territorio nacional.

El alarmante dato se ilustra con lo revelado por el Director Ejecutivo de la Autoridad de Fiscalización y Control Social de Bosques y Tierra (ABT) a LA RAZÓN días atrás, cuando afirmó que solo en 2020 se registraron 3,4 millones de hectáreas (ha) incendiadas y que entre 2015 y 2020 se ha deforestado 1,44 millones de ha. Según el ejecutivo, 42% de ese total fue desmonte legal y el restante 58%, ilegal.

Un reportaje de la Agencia France Presse (AFP) también publicado en este diario días atrás señala que la enorme pérdida de superficies boscosas se debe principalmente a la agricultura, pero también a incendios causados por las olas de calor extremo y las sequías; síntomas evidentes, estos últimos, del calentamiento global. Entre los datos más preocupantes señala la quema de al menos un tercio del Pantanal compartido entre Bolivia y Brasil.

La deforestación trae aparejada consigo la pérdida de biodiversidad (y se sabe que los bosques tropicales albergan hasta el 90% de las especies del planeta) y, sobre todo, del hábitat de numerosos pueblos indígenas, condenándolos a una lenta y dolorosa desaparición, como sucede particularmente en Brasil. La principal causa en el ámbito global se encuentra en la voracidad de los países ricos.

Allí donde en países como Bolivia empresarios de todo tamaño invierten en el incremento de la producción de soya o de carne vacuna, que demandan la incesante expansión de la frontera agrícola, hay un exigente mercado global de países que consumen más y más productos cuya producción en sus territorios sería considerada insostenible. El negocio parece deseable en términos financieros, pues ayuda a transformar en dinero los ubérrimos recursos naturales de muchos territorios del sur global, pero el costo es, irónicamente, la pérdida de esa fertilidad y diversidad y de gran parte de la vida a su alrededor.

El sueño decimonónico del progreso infinito ha producido el demonio de un presente que pone en cuestión la viabilidad de la humanidad a mediano y largo plazos, y por lo general la distribución de culpas cae en el lado equivocado: no son los países necesitados de recursos, o los campesinos pobres necesitados de tierras para cultivar quienes amenazan las selvas y bosques, sino el voraz agronegocio, que rara vez es nombrado. Está llegando un tiempo en el que inevitablemente habrá que preguntarse en nombre de qué o de quiénes se está quemando y eliminando la superficie boscosa del país, y con ello hipotecando la vida de las futuras generaciones.

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