Sociedad

Thursday 29 Feb 2024 | Actualizado a 17:37 PM

Evo anuncia exportación de medicamentos para 2025

También anunció la creación de una ciudadela científica

/ 7 de agosto de 2014 / 04:41

La frecuente respuesta “no está llegando” con que se topan los consumidores al pedir un producto en la farmacia puede llegar a ser historia con la creación de una empresa nacional de medicamentos que permitirá, incluso, exportarlos para 2025.

“Tal vez no sea parte de la agenda patriótica, tal vez sea mucho antes: Bolivia debe ser el centro de medicamentos. Ojalá estos días podamos tener alguna novedad.

Hemos avanzado bastante. Con una industria pública de medicamentos, a 2025 vamos a estar exportando medicamentos. Hemos aprendido y quiero agradecer la orientación y la cooperación del pueblo cubano”, dijo ayer el mandatario Evo Morales, y así retomó el anuncio que hizo en mayo.

“Estamos seguros de que lo que el Presidente ha manifestado va a ser una realidad para el pueblo boliviano”, indicó a La Razón el ministro de Salud, Juan Carlos Calvimontes. Aunque ya hay un avance “importante”, todavía no se ha fijado la fecha para comenzar a construir la empresa, pues falta acabar el diseño final del proyecto, señaló el funcionario.

En él se definirán, entre otros aspectos, a qué países se exportarán los fármacos nacionales. En mayo, Calvimontes indicó que el proyecto estaría concluido en tres meses y que la fábrica funcionaría en 2016 o 2017.

Mercado. Además de vender a otros países, la empresa estatal proveerá al mercado interior, el cual actualmente no se encuentra totalmente cubierto. “Absolutamente todos los municipios se quejan de que no pueden comprar los medicamentos y una de la razones es que las empresas que importan o que fabrican medicamentos en el país no tienen la capacidad de abastecer el requerimiento de los municipios”, enfatizó.

Otra de las metas es que los fármacos fabricados en territorio nacional ayuden a la economía de la población. “Permanentemente el costo de los medicamentos sube y eso va en desmedro del bolsillo de los pacientes”, explicó el ministro.

El Jefe del Estado adelantó el 9 de mayo que Bolivia y Cuba acordaron construir una fábrica de medicamentos en suelo boliviano para producir este tipo de productos, con el doble objetivo de ponerlos a la venta a un costo menor al actual y dejar de depender de los monopolios farmacéuticos.

Según el acuerdo, Salud importaría fármacos cubanos, como parte de la estrategia bilateral hacia la integración comercial e industrial.

Bolivia y Cuba tienen un convenio de cooperación en temas de salud desde 2006, gracias al cual llegan algunos medicamentos, entre otros, para combatir el dengue.

Entre los múltiples anuncios que hizo el presidente Evo Morales, durante la sesión de honor de la Asamblea Legislativa Plurinacional por el aniversario de la fundación de Bolivia, estuvo el de la creación de una ciudadela científica para formar técnicos que consoliden la industrialización de los recursos naturales.

Según Morales, los profesionales del país todavía dependen de la formación científica extranjera. “Por eso estamos planteando una ciudadela científica, para formar a técnicos en Bolivia. Con seguridad será para exportar nuestra tecnología y conocimiento; va a arrancar este año”, aseguró.

Se vende menos a otros países

Afuera

Entre 22 y 25 tipos de medicamentos con sello nacional son exportados.

Gastos

Mientras que el monto de importación crece, el de ventas ha caído en casi un millón de dólares.

Fármacos chilenos por $us 100 millones

“Al año, solo de Chile compramos (medicamentos por) valor de $us 100 millones”, dijo ayer Evo Morales durante su discurso por el aniversario de la patria. La mayoría de los fármacos que importa el país son de Chile, pero también se traen de Argentina, Brasil y Paraguay, según el ministro de Salud, Juan Carlos Calvimontes.

En 2013, el Estado boliviano gastó $us 130 millones en la adquisición de medicamentos de otros países, informó Calvimontes en mayo. Asimismo, indicó que ha crecido la importación de estos productos; en 2010 se gastaron $us 90,4 millones en traer medicamentos del exterior, y en 2013 se desembolsaron casi $us 50 millones más. 

Por el contrario, la venta de fármacos nacionales ha disminuido en los últimos años, de $us 2,4 millones a $us 1,5 millones. Las causas son la baja capacidad de producción y también que las leyes de otros países han complicado el ingreso de medicamentos bolivianos en sus territorios, según publicó La Razón.

En la Universidad de Siglo XX, ubicada en el municipio de Llallagua, Potosí, se construirá una fábrica de medicamentos que comercializará inicialmente 15 productos hasta con 50% menos del costo del mercado.

NORMATIVA. En Bolivia existe la Ley del Medicamento 1737. En el artículo primero del Capítulo I  dice que: “la Política Nacional del Medicamento del Estado boliviano deberá cumplir los siguientes objetivos”, entre ellos, “lograr el abastecimiento regular y permanente de medicamentos esenciales en el Sistema Nacional de Salud (…) especialmente para las poblaciones económicamente deprimidas y para los grupos de riesgo”. 

Sin embargo, según admitió el Ministro de Salud, desde todos los municipios del país llegan quejas porque la oferta no cubre la demanda de fármacos. Además, añadió, resultan caros para el bolsillo de los pacientes que los requieren.

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Las aventureras no votamos

Solo 115.055 personas han podido rogar el voto (una forma de sufragar del español en el extranjero), lo que supone un 6,11% de todas las registradas en el Censo Electoral de Residentes Ausentes. De ellas, ¿a cuántas les llegarán las papeletas, y a tiempo? Que en pleno siglo XXI votar dependa de unos trozos de papel…

/ 14 de diciembre de 2015 / 04:03

Tengo un donante. No va a cederme un riñón, ni un pulmón, ni a darme sangre, aunque sí algo igual de vital para el sistema, para el sistema de gobierno menos malo de todos, según lo llaman: la democracia. Tengo un donante de voto que me da el suyo porque mi país me ha negado, como a muchos de los españoles y españolas que vivimos en el extranjero, el derecho de elegir gobernantes. El 20 de diciembre una persona, de la que solo sé su correo electrónico, depositará en la urna la papeleta que yo le pida. La confianza en que ella o él se ha apuntado en el banco de donantes, porque realmente quiere donar el derecho que no va a ejercer, es mi última posibilidad de poder participar en el sistema democrático.

Ésta será la primera vez en los cinco años que llevo viviendo fuera de España que “podré” votar. En los anteriores comicios (ya hubo otros generales, regionales y europeos), también me robaron la posibilidad de elegir.

En el país en el que nací, votar es un derecho pero nadie está obligado a ejercerlo: no hay multa ni boleta que mostrar después para hacer transacciones bancarias. Es un derecho en toda regla, pero una regla, o dicho correctamente, una modificación de la Ley Electoral hecha en 2011 que ha dificultado que podamos ejercerlo: los que estamos afuera ya no votamos por derecho, sino por ruego (la modificación la hizo el partido gobernante en 2011, el “socialista”, y actual, el “popular”, no ha querido cambiarla). Que vivamos lejos porque seamos “aventureros”, como nos llamó a los expatriados una Secretaria General de Inmigración y Emigración, no quiere decir que no nos importe quién parte el bacalao en el suelo que dejamos. Es más, muchos pensamos que solo un cambio de gobierno acompañado de un nuevo sistema nos permitirá, algún siglo, volver.

La primera vez que rogué mi voto, como se llama el trámite para solicitar el derecho a votar desde el extranjero, el sobre con las papeletas de los diferentes partidos políticos nunca me llegó, o llegó tarde, ya no me acuerdo. Y es que resulta que estas cartas se mandan por correo ordinario, y ya sabemos que correos, en países como España o Bolivia, es más lento que el caballo del malo. A pesar de contar con valijas diplomáticas, los consulados no se hacen cargo de enviar las solicitudes, que hemos de mandar también por correo, fax o por un sistema telemático que pocos pueden y saben usar, ni de recibir las papeletas.

La segunda vez, el amplio horario de atención del consulado español en La Paz para sus ciudadanos (de lunes a viernes de 9 a 11 de la mañana) no me permitió ir a suplicar, perdón, rogar el voto. Para las regionales de este año sí pude ir al Consulado y hasta llegué a mandar el fax con la solicitud, pero… el fax nunca entró.

Y llegamos a esta última vez, cuando he tratado de participar en la elección de los candidatos a Presidente que se realizará el 20 de diciembre, una fecha, por cierto, anunciada con tan poca anticipación que tras hacerse pública dejó cerrada la posibilidad de modificar el censo electoral, lo cual también perjudica a los expatriados. De nuevo fui a hacer el trámite de siempre (al final, una se siente como Bill Murray en El Día de la Marmota pero sin posibilidad de modificar el final de la jornada). Mandé el fax y fue recibido a 9.000 kilómetros: solicitud y fotocopia del carnet juntas, como debe hacerse, y tengo el recibo de fax de demuestra que mandé dos hojas. La respuesta de la oficina del censo, dos semanas después, es que niegan mi solicitud de ruego de voto porque no adjunté ningún documento de identidad… Que te mientan en la cara, que ya no sepan qué más inventar para no dejarte votar, es, cuando menos, indignante, y no uso otros calificativos; no sea que desde allá me apliquen la Ley Mordaza. Como dice el estribillo coreado en tantas manifestaciones: “Oé, oé, oé… Lo llaman democracia y no lo es…”

Solo 115.055 personas han podido rogar el voto, lo que supone un 6,11% de todas las registradas en el Censo Electoral de Residentes Ausentes. De ellas, ¿a cuántas les llegarán las papeletas, y a tiempo? Que en pleno siglo XXI votar dependa de unos trozos de papel…

Antes de que se implantara el sistema del voto rogado, y aunque eran menos los inscritos en el censo electoral de los ausentes, podían votar más personas que ahora. Por ejemplo, en los comicios generales de 2008 ejercieron su derecho 383.016 de 1.201.433 inscritos. En 2011 fueron 73.294, aunque el censo había crecido. Con suerte, 100.000 españoles y españolas residentes en el extranjero lograrán participar en las actuales elecciones, según los pesimistas pronósticos de Marea Granate, nombre del colectivo transnacional de emigrados del Estado español y simpatizantes. No sabemos cuántos somos parte de ella y no tiene dirigentes, tal como los movimientos sociales que hace pocos años empezaron a protestar contra los recortes, los desahucios, la precariedad laboral… de los que se nutrió Marea Granate. Somos multitud, una marea que constantemente, como la del mar, crece pero que, contrariamente al movimiento de las olas, no vuelve hacia atrás: nos vamos y no volvemos. Lo de “granate” es por el color de nuestro pasaporte, de ese pequeña libreta forrada y con dibujos de animales en las hojas donde muchos acumulan sellos de entrada y salida de países latinoamericanos, africanos, de América del Norte, y en las que otros no acumulan sellos porque no salen de la Unión Europea y que se las ingenian aprendiendo alemán o mejorando su inglés trabajando de lo que sea. A la mayoría nos valoran en buena parte de los países a los que hemos emigrado porque, supuestamente, somos la generación más preparada: somos licenciados con uno o varios estudios posteriores y sabemos algunos idiomas (no todos), a pesar de que el inglés que “estudiamos” durante años en el colegio fue pésimo y no siempre hubo la opción de aprender otras lenguas. Nada de esto tuvieron nuestros padres ni abuelos, esos abuelos que también migraron a Alemania, a Francia o cruzaron el charco para “hacer las Américas”; esos abuelos y padres que nos dijeron: “Estudia, hija, estudia para trabajar de lo que tú quieras, para que nunca te falte nada y para que nadie pueda engañarte”. Pero no pudimos trabajar de lo que soñamos y estudiamos porque Estado y empresas se aliaron para mantenernos como eternos pasantes, cobrando (cuando no de gratis) cifras inferiores a las del salario mínimo, aunque trabajando como los que más; nos faltó vivienda, pese a empeños como el de una ministra del área, que quiso regalarnos unas zapatillas muy bonitas para que saliéramos a patear las ciudades en busca de pisos, como llamamos a los departamentos allá, de buen precio, en vez de regular los insultantes montos de los alquileres, ni qué decir de las viviendas en venta.

Sí, nos engañaron, y nos hemos convertido en “aventureras”, como se empeñan en llamarnos, que no podemos volver a casa. Y cuando regresamos, aunque sea unas semanas para ver a la familia y amigos, ya no podemos ir al médico porque para el sistema de la sanidad pública (instaurado por el dictador Franco y eliminado por su sucesor, el Partido Popular) somos personas no gratas; a las “aventureras” tampoco nos dejan votar, no sea que logremos cambiar el país del que la falta de trabajo, dignidad y, cada vez más, de libertades, nos ha expulsado. #SinVozNiVoto

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Historia en pedazos: La iglesia de Salinas de Yocalla

Una joya del barroco mestizo y vestigio de que Potosí es la cuna del charango se está cayendo poco a poco.

/ 17 de agosto de 2014 / 04:00

Sobre los restos de las cúpulas caídas y en los nichos, en los que antes había figuras religiosas, hay evidencias suficientes para asegurar que los únicos que usan el edificio son los pájaros. En algunos arcos y paredes todavía se ven pinturas al fresco, que en algunos puntos han sido cubiertas, parece que con cal o estuco.

Incluso, alguien ha querido aportar su arte al templo y ha dibujado, junto a la entrada de lo que parece el antiguo baptisterio, una silueta humana con cabeza del E.T. creado por Spielberg y brazos enormes en actitud de predicador.

La iglesia de San Salvador de Salinas de Yocalla está en el municipio potosino de Yocalla. Forma parte de la antigua hacienda colonial que se erigió en el lugar para explotar una mina de sal. Como cualquier casona de campo que se preciara, debía tener su propio oratorio pero, en vez de una sencilla capilla, los agustinos levantaron, entre 1743 y 1747, este gran templo.

Es “uno de los ejemplos más importantes de la cúspide del barroco mestizo de la región altiplánica, debido principalmente a la portada de piedra tallada, gemela a la portada de San Lorenzo” de Potosí, dice el Estudio de consultoría elaboración plan de manejo Salinas de Yocalla, elaborado por el Programa de Patrimonio Cultural de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID).

De entre todos los elementos que componen la fachada principal, la Sociedad Boliviana del Charango (SBC) resalta dos figuras: un par de sirenas ambidiestras que están tocando el instrumento de cuerda característico de Potosí. “Esta joya arquitectónica”, dice por correo electrónico una de las fundadoras de la SBC, María Antonieta Arauco, “nos  permitió declarar a Potosí como cuna del charango”. San Lorenzo, el templo de la Merced así como otras iglesias de Perú tienen estas figuras talladas en sus portadas. Pero la de Salinas está en “riesgo de colapso”, afirma la responsable del Programa de Patrimonio de la AECID, Consuelo Tomé: de las cuatro cúpulas que tiene la nave principal, dos ya se han caído. Las otras dos están rajadas y, una vez adentro, da miedo toser por si el sonido provoca el derrumbe.

La comunidad está a 68 kilómetros de Potosí, en dirección a Oruro. El camino que lleva al templo está más allá de la capital municipal, junto a dos casas en el margen izquierdo de la carretera. Un cartel que no se ve si uno va en auto porque no está encarado ni hacia el sentido de ida ni hacia el de vuelta de los autos, sino hacia el otro arcén, “indica” por dónde seguir para llegar al pueblo, o lo que queda de él. La vía de tierra, abierta a través de un terreno seco con arbustos, va en constante bajada hacia el fondo de un barranco. Después de unas cuantas curvas aparece allá abajo, entre cerros rojizos y restos de casas, una mole junto al río Pilcomayo. Impresiona ver, en medio de una aparente nada, una iglesia tan grande. También la población fue de tamaño considerable: detrás del templo se extiende lo que fue la hacienda, hecha de adobes, del mismo material de las casas ruinosas que se mantienen en pie sobre una loma roja, en la otra orilla, enfrente de la iglesia.

Aquí se fabricó una parte de los ladrillos que se usaron para hacer la nueva Casa de la Moneda de Potosí, edificada durante los primeros años de la segunda mitad del siglo XVIII. De la mina se extraía sal de cocina y sal colorada, además de cal hidráulica, empleada como cemento. De la existencia de la mina da fe un documento de 1626 citado en el tercer volumen de los Libros de acuerdos del cabildo secular de Potosí.  1615-1675, publicado por el Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia en 2012. En este mismo documento se habla de la visita del corregidor para ver las refacciones que necesitaba el puente sobre el río Pilcomayo, que llevaba al asentamiento. De la extracción de sal se da cuenta en la Historia de la minería andina boliviana (siglos XVI-XX), de Carlos Serrano Bravo, 2004, y el primer tomo de Crónicas potosinas. Notas históricas, estadísticas, biográficas y políticas, de Modesto Omiste, de la editorial El Tiempo (1893), nombra la fabricación de ladrillos para la Casa de la Moneda. Y del estado ruinoso dan fe, además de una visita al lugar, notas de prensa y las llamadas de atención que la SBC está haciendo desde 1999 a fin de que se tomen medidas para la preservación de este edificio, declarado Monumento Nacional por Decreto Supremo N° 8171 de diciembre de 1967.

Fue más o menos en aquella fecha cuando el lugar se despobló porque hubo un terremoto, según los testimonios que el músico Ernesto Cavour recoge en su libro El charango. Su vida, costumbres y desventuras. Y lo corrobora una señora vestida con pollera y con el pelo recogido en dos trenzas que sale de una casa cercana a la iglesia. “Pasó hace 38 o 40 años”, dice. Al hablar se ve el brillo de los dientes de oro en su boca. Su acento indica que no nació en este lugar. “Soy de San Julián”, dice la cruceña. Ella está aquí porque es donde viven sus padres. Sin embargo, buena parte de los oriundos hicieron el camino inverso al de esta familia y se fueron al oriente del país. Apenas quedan cinco núcleos familiares en el pueblo.

Sin embargo, hay escasos datos de este fenómeno, y tampoco queda claro por qué se levantó en el lugar una iglesia de semejante tamaño y belleza. “Se sabe bien poco de Salinas”, afirma la responsable de Patrimonio y Cultura de la AECID. Tal vez allí hubiese una huaca o lugar sagrado y por eso se construyó un templo católico de tal envergadura.

Todavía está en pie el muro que separa el santuario de la cancha de fútbol del pueblo, que en la parte interior tiene dos capillas posas en cada esquina.

Lo que llama la atención, desde que se baja en auto por el camino, es la portada, llena de figuras talladas haciendo honor al nombre del estilo arquitectónico en el que se enmarca. Y ahí están sus dos sirenas.

La hoja derecha del portón de madera está abierta. Desde adentro se ve el cielo, a través de dos grandes agujeros que han quedado en el techo tras la caída de dos de las cúpulas. Entre 2010 y 2011, AECID acordó con la gobernación potosina llevar a cabo un proyecto para recuperar el patrimonio rural del departamento, entre el que está el templo de Salinas, junto con la Gobernación Departamental. “Hasta la fecha no se ha hecho nada”, indica Tomé.

“Los retablos, púlpito y obras de arte, hoy en día, se encuentran en los templos de San Martín, San Pedro y San Francisco de Potosí desde el año 1976 (…). Es uno de los pocos templos que conservan las técnicas y tecnologías de construcción del siglo XVIII”, señala el documento de AECID.

El abandono no es la única causa del deterioro que sufre el edificio: el terreno es altamente salino y eso afecta a la piedra.

A pesar del estado en el que se encuentra el templo, cada 3 de mayo acuden comunarios de los alrededores a celebrar la fiesta de la cruz. Durante la visita de Escape, llegan vecinos para participar en un campeonato de fútbol en otra cancha que hay en Salinas, detrás de las ruinas de lo que fue la hacienda.

Si dentro de la iglesia viven los pájaros, afueran están los muertos de Salinas: el suelo terroso del patio, entre la iglesia y el muro, e incluso, sus muros externos, son usados para enterrar. Hay lápidas con fechas recientes. “PAPA TE QUEREMOS TU PUEBLO SE OLVIDO DE TI” (sic), se lee sobre el cemento raspado de una tumba. Y el edificio al completo ha sido olvidado por las autoridades.

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Patrimonio en peligro: La hacienda de Mondragón, en Potosí

En una comunidad de la Villa Imperial hay un bien turístico, cuna de una oscura leyenda, que está siendo intervenido sin asesoramiento.

/ 10 de agosto de 2014 / 04:00

Si yo tuviera una casa de campo, quisiera que fuera como ésta”. Ése fue el pensamiento que me vino a la mente cuando crucé el umbral de la Hacienda Mondragón. Luego, recordando que existen ciertas limitaciones entre ese sueño y yo, como la económica, pensé con más humildad: “Si esto fuera un hotel rural, no dudaría en quedarme aquí a pasar la noche”.

La antigua casa de campo está a media hora de la ciudad de Potosí en una cabecera de valle, por lo que el clima es más suave que en la Villa Imperial. Y no tiene nada que envidiarle a la ciudad del Cerro Rico en cuanto a leyenda se refiere: en ella está ambientada una truculenta historia. “Los incrédulos o que al menos aparentan serlo, dirán seguramente que aquello son visiones que resultan de una imaginación nerviosa o de la predisposición del ánimo; pero aseguro que, según cuentan personas doctas, todo es verdad. Y si lo dudan, vayan a pasar una noche en el cuarto del Santo Cristo de Bronce que no les quedará ganas para repetir la visita”, escribió el periodista José Manuel Aponte en octubre de 1889, según recogió el tomo tercero de Crónicas potosinas. Notas históricas, estadísticas, biográficas y políticas, de Modesto Omiste, de la editorial El Tiempo (1893).

Aponte hacía referencia a una historia del siglo XVII: la de Magdalena, una rica viuda que decidió volver a casarse para vengarse de una enemiga suya, vecina también de la Villa. La única condición que le pidió a su prometido, Pedro, antes de convertirse en su esposo, es que llevara a cabo su venganza.

El matrimonio se fue a vivir a la casona de Mondragón. Pedro fue dejando pasar el tiempo sin llevar a cabo su promesa hasta que Magdalena decidió desquitarse ella misma… pero volcando su rabia sobre su marido. Pidió ayuda a los criados y el hombre terminó crucificado en una habitación de la finca. Cada mañana lo alimentaba. Luego, le clavaba un alfiler amarillo en alguna parte del cuerpo. Mantuvo su ritual durante semanas hasta que Pedro murió. Aún así, continuó clavándole un alfiler tras otro hasta que cubrió todo el cadáver. “Más que un hombre, parecía aquel un Santo Cristo de Bronce”, escribió el periodista.

La finca se encuentra en la comunidad de Mondragón, a 30 km de Potosí, más allá de los balnearios de Tarayapa, en el distrito 13 del municipio potosino. Está a 800 metros menos que la Villa, a unos 3.200.

El camino atraviesa el pueblo y, al salir de él, pasa junto al riachuelo cuyas aguas corren, teñidas de un extraño color amarillo, con gran fuerza. Por encima pasa un puente de tablones de madera y barandillas de malla metálica, algo desgastado, que están cruzando tres chicos jóvenes. Más allá de la orilla de enfrente se ve un porche de fachada rojiza cubierto por techo de tejas y, a su derecha, una capilla alta y blanca con dos campanarios.

Por un camino que discurre entre campos donde antaño crecían cultivos, los restos de un pequeño ingenio y árboles resecos y negros perfectos para una película de terror, los jóvenes llegan hasta la entrada lateral a la casona.

Las agencias de turismo de la ciudad ofrecen tours por haciendas de la zona, entre ellas, ésta. Al preguntarle al director de Turismo de la Alcaldía potosina, Óscar Medinaceli, sobre Mondragón, comenta que el edificio está en obras y que la financiación “no está dentro del POA (Plan Operativo Anual)”. Supone que proviene de montos del distrito y que, según información que ha recibido, es una operadora local la que está a cargo. “Estamos arreglando las tuberías”, dicen los chicos que han cruzado el puente. Niegan saber algo sobre las supuestas refacciones en el edificio.

La capilla está cerrada con candado pero la vivienda está abierta de par en par. Hay un primer patio, mediano. La construcción es de una sola planta y una de ellas tiene un pasillo con enfarolado. Llama la atención que la casa, a pesar del abandono, se ve en buen estado de conservación.

En el segundo patio hay restos de lo que otrora fuera un jardín con flores. Una parte del edificio es también de una sola planta y otra, con terraza en alto y pasillo de madera en otro, es de dos alturas. Todas las puertas están abiertas.

En los cuartos de abajo aún se mantiene, pero ya desgastado, el papel que antaño se ponía sobre las paredes en lugar de pintura. También se ve la tela, desgarrada, que asilaba las habitaciones del techo de madera sobre el cual están colocadas las tejas.

Bajo la terraza y esparcidos por el patio están sacos de cemento y utensilios de albañil. La escalera que da acceso al piso superior ha sido no remodelada, sino reinventada: los escalones son de cemento y la barandilla, de ladrillos. No luce un estilo colonial acorde al resto del lugar. Pero lo peor está arriba: en vez del papel que se mantiene abajo, se ha echado pintura al aceite verde chillón, en unas estancias y amarillo radiactivo en otras. Un dolor para los ojos y para el patrimonio, pues según la Ley Nº 3515 de 10 de noviembre de 2006, el edifico es Patrimonio Turístico de Bolivia. “El Poder Ejecutivo, a través del Viceministerio de Turismo, en coordinación con la Prefectura del Departamento y el Gobierno Municipal de la ciudad de Potosí, son los encargados de elaborar políticas de difusión y promoción de este atractivo turístico, así como de formular planes, programas y proyectos de fomento y desarrollo al turismo en torno a la Hacienda”, dice la ley. Sin embargo, Medinaceli reconoce que nadie de Turismo se ha acercado al lugar, a tan solo media hora de Potosí. “No sabemos si los que están refaccionando están asesorados”, reconoce. Y, obviamente, no lo están.

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Evo anuncia exportación de medicamentos para 2025

También anunció la creación de una ciudadela científica

/ 7 de agosto de 2014 / 04:41

La frecuente respuesta “no está llegando” con que se topan los consumidores al pedir un producto en la farmacia puede llegar a ser historia con la creación de una empresa nacional de medicamentos que permitirá, incluso, exportarlos para 2025.

“Tal vez no sea parte de la agenda patriótica, tal vez sea mucho antes: Bolivia debe ser el centro de medicamentos. Ojalá estos días podamos tener alguna novedad.

Hemos avanzado bastante. Con una industria pública de medicamentos, a 2025 vamos a estar exportando medicamentos. Hemos aprendido y quiero agradecer la orientación y la cooperación del pueblo cubano”, dijo ayer el mandatario Evo Morales, y así retomó el anuncio que hizo en mayo.

“Estamos seguros de que lo que el Presidente ha manifestado va a ser una realidad para el pueblo boliviano”, indicó a La Razón el ministro de Salud, Juan Carlos Calvimontes. Aunque ya hay un avance “importante”, todavía no se ha fijado la fecha para comenzar a construir la empresa, pues falta acabar el diseño final del proyecto, señaló el funcionario.

En él se definirán, entre otros aspectos, a qué países se exportarán los fármacos nacionales. En mayo, Calvimontes indicó que el proyecto estaría concluido en tres meses y que la fábrica funcionaría en 2016 o 2017.

Mercado. Además de vender a otros países, la empresa estatal proveerá al mercado interior, el cual actualmente no se encuentra totalmente cubierto. “Absolutamente todos los municipios se quejan de que no pueden comprar los medicamentos y una de la razones es que las empresas que importan o que fabrican medicamentos en el país no tienen la capacidad de abastecer el requerimiento de los municipios”, enfatizó.

Otra de las metas es que los fármacos fabricados en territorio nacional ayuden a la economía de la población. “Permanentemente el costo de los medicamentos sube y eso va en desmedro del bolsillo de los pacientes”, explicó el ministro.

El Jefe del Estado adelantó el 9 de mayo que Bolivia y Cuba acordaron construir una fábrica de medicamentos en suelo boliviano para producir este tipo de productos, con el doble objetivo de ponerlos a la venta a un costo menor al actual y dejar de depender de los monopolios farmacéuticos.

Según el acuerdo, Salud importaría fármacos cubanos, como parte de la estrategia bilateral hacia la integración comercial e industrial.

Bolivia y Cuba tienen un convenio de cooperación en temas de salud desde 2006, gracias al cual llegan algunos medicamentos, entre otros, para combatir el dengue.

Entre los múltiples anuncios que hizo el presidente Evo Morales, durante la sesión de honor de la Asamblea Legislativa Plurinacional por el aniversario de la fundación de Bolivia, estuvo el de la creación de una ciudadela científica para formar técnicos que consoliden la industrialización de los recursos naturales.

Según Morales, los profesionales del país todavía dependen de la formación científica extranjera. “Por eso estamos planteando una ciudadela científica, para formar a técnicos en Bolivia. Con seguridad será para exportar nuestra tecnología y conocimiento; va a arrancar este año”, aseguró.

Se vende menos a otros países

Afuera

Entre 22 y 25 tipos de medicamentos con sello nacional son exportados.

Gastos

Mientras que el monto de importación crece, el de ventas ha caído en casi un millón de dólares.

Fármacos chilenos por $us 100 millones

“Al año, solo de Chile compramos (medicamentos por) valor de $us 100 millones”, dijo ayer Evo Morales durante su discurso por el aniversario de la patria. La mayoría de los fármacos que importa el país son de Chile, pero también se traen de Argentina, Brasil y Paraguay, según el ministro de Salud, Juan Carlos Calvimontes.

En 2013, el Estado boliviano gastó $us 130 millones en la adquisición de medicamentos de otros países, informó Calvimontes en mayo. Asimismo, indicó que ha crecido la importación de estos productos; en 2010 se gastaron $us 90,4 millones en traer medicamentos del exterior, y en 2013 se desembolsaron casi $us 50 millones más. 

Por el contrario, la venta de fármacos nacionales ha disminuido en los últimos años, de $us 2,4 millones a $us 1,5 millones. Las causas son la baja capacidad de producción y también que las leyes de otros países han complicado el ingreso de medicamentos bolivianos en sus territorios, según publicó La Razón.

En la Universidad de Siglo XX, ubicada en el municipio de Llallagua, Potosí, se construirá una fábrica de medicamentos que comercializará inicialmente 15 productos hasta con 50% menos del costo del mercado.

NORMATIVA. En Bolivia existe la Ley del Medicamento 1737. En el artículo primero del Capítulo I  dice que: “la Política Nacional del Medicamento del Estado boliviano deberá cumplir los siguientes objetivos”, entre ellos, “lograr el abastecimiento regular y permanente de medicamentos esenciales en el Sistema Nacional de Salud (…) especialmente para las poblaciones económicamente deprimidas y para los grupos de riesgo”. 

Sin embargo, según admitió el Ministro de Salud, desde todos los municipios del país llegan quejas porque la oferta no cubre la demanda de fármacos. Además, añadió, resultan caros para el bolsillo de los pacientes que los requieren.

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Exbecarios participarán en charlas científicas

Estarán en casas de estudios superiores junto a expertos

/ 7 de agosto de 2014 / 04:37

Diez expertos en tecnología aeroespacial de Ecuador, Venezuela, Costa Rica, España, Austria y Colombia participarán, junto a 13 exbecarios de la Agencia Boliviana Espacial (ABE), en el ciclo de conferencias “Bolivia mirando al cosmos” el 8 y 9 de agosto.

Las conferencias tratarán los orígenes del universo, los satélites artificiales, la incursión de los nano-satélites, la exploración a Marte, entre otros temas. Se desarrollarán de forma simultánea en cinco universidades del país mediante videoconferencias, entre las  07.00 y las 19.00. Los participantes podrán interactuar de forma presencial y virtual. Las inscripciones, a través de http://boliviacosmos.wix.com/cosmos, son gratuitas.

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