Sociedad

Friday 12 Aug 2022 | Actualizado a 21:05 PM

Cardiólogo une técnicas militares y ancestrales para salvar a niños

Salud. El médico ayudó mediante su fundación a 300 pacientes con cardiopatía

/ 6 de octubre de 2014 / 07:30

El médico cardiólogo boliviano Franz Freudenthal desarrolló un dispositivo que une un metal, creado originalmente por militares estadounidenses, con técnicas ancestrales de tejido que aún se preservan en Bolivia con el objetivo de curar cardiopatías congénitas.

El aparato desarrollado por Freudenthal consiste en emplear alambre de nitinol, que es la aleación de titanio y níquel (técnica militar), para tejerlo manualmente (técnica ancestral) y usar la urdimbre (conjunto de hilos longitudinales) con el fin de cerrar el conducto arterioso persistente o la comunicación anormal entre las aurículas cardíacas (cavidades saculares del interior del corazón).

“Los marines estadounidenses descubrieron un metal inteligente para diferentes propósitos, que una vez sometido a cierto procedimiento químico y de calor es capaz de mantener su forma”, explica Alexandra Heath, esposa de Freudenthal y una de las creadoras e impulsoras de la Fundación Cardioinfantil.

Para tapar, por ejemplo, un defecto de siete milímetros se empuja este tejido a través de venas de dos milímetros hasta el lugar afectado, para que éste recupere su forma y cierre el hueco que origina el mal.

“En el área rural, principalmente, la gente ha mantenido las habilidades textiles; en cambio, las personas en el exterior ya no tienen esta tradición”, sostiene Freudenthal.

El médico es muy modesto, prefiere no hablar mucho de él ni del artefacto que desarrolló para salvar vidas, especialmente de los niños, pero invita a La Razón a la comunidad de Carreras (Río Abajo de La Paz) para un encuentro de la fundación. En el lugar, él solicita que se dialogue con los trabajadores de PFM Bolivia, la empresa que desarrolló este implante y del cual es su fundador; con los padres de los menores o con los mayores que se curaron de estos males del corazón, a través de la Fundación Cardioinfantil.

Manualidad. “Los dibujos de los aguayos requieren mucha habilidad milimétrica y también se necesita esa misma habilidad para tejer estos dispositivos de la aleación de un metal inteligente, proveniente de una tecnología inventada por los estadounidenses, con la capacidad que tiene la gente acá en el país”, explica Heath.

Las cardiopatías congénitas afectan en el mundo al 1,5% de los recién nacidos anualmente; la incidencia aumenta en lugares ubicados a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar, por ejemplo, el altiplano boliviano, donde la afección alcanza al 2%.

“Se me ocurrió (desarrollar este dispositivo) cuando vi morir a pacientes, no es una cuestión voluntaria, estoy dispuesto a hacer lo que sea para que (los niños afectados) salgan adelante”, agrega Freudenthal, quien es el primer médico boliviano ganador del Premio Innovadores de América 2014, que reconoce los proyectos más destacados en el área social, empresarial y científica. Fundación Maya y BISA lo promovieron.

“El reto es que se utilicen estos dispositivos en el país. Este mes se fabricaron más de 300, pero todos para el exterior. Me gustaría que por lo menos 30 se queden acá, pero es difícil porque no hay mucha cooperación ni de los colegas, ni de las instituciones”, lamenta el galeno.

Freudenthal y Heath, ambos especializados en cardiología pediátrica, fundaron Kardiozentrum, un centro de diagnóstico y tratamiento de cardiopatías congénitas. Luego crearon la empresa PFM Bolivia, con la que Freudenthal pudo diseñar el dispositivo que ayudó a más de 400 niños.

“De los 2.500 afectados por cardiopatía congénita, 2.000 se pueden curar fácilmente con terapias simples. La colocación de un ductus dura unos cinco minutos”, sostiene el médico.

Acciones para niños necesitados

Apoyo
Freudenthal solicita más apoyo estatal y de las instituciones para solucionar estos males del corazón, principalmente en niños de escasos recursos.

“Estamos perdiendo a las personas que más queremos por razones estúpidas, hacemos bloqueos para una garrafa de gas, proponemos plantas nucleares para Bolivia, y no dedicamos nuestro esfuerzo a las personas que son nuestro futuro”.

Deficiencia
Según el médico, hay cuatro falencias para la atención a estos pacientes: la falta de médicos especializados, una universidad boliviana que brinde esta rama, equipamiento e insumos.

Más de 300 personas fueron curadas

Desde 2006, más de 300 personas, la mayoría menores de edad, recibieron tratamiento y fueron sometidas a operaciones para curarse de males del corazón gracias a la Fundación Cardioinfantil, que consigue recursos económicos para los pacientes, cooperación para dotar equipamiento especializado al Hospital del Niño, y posibilitar la especialización del personal médico.

Susana Castellanos, presidenta de esta organización sin fines de lucro, cuenta que la iniciativa comenzó en 2007, cuando se ayudó a familias bolivianas de escasos recursos económicos a solucionar las cardiopatías congénitas de uno de sus miembros, a través de tratamientos u operaciones.

“En un principio, solo fueron pacientes de La Paz, pero después vinieron de Oruro, Beni y de todo el país, gracias también a que se llevaron a cabo campañas para la detección de estas enfermedades”, detalla.

Recursos. Camila Larrazábal, coordinadora de proyectos de la fundación, informa que Cardioinfantil, mediante la cooperación alemana, financia cirugías y cualquier tratamiento cardiaco que necesiten los niños, además del equipamiento del Hospital del Niño y la capacitación de galenos y enfermeras en Argentina, en el marco de un proyecto que durará hasta 2016.

Roxana cuenta que estuvo enferma desde los tres meses de nacida, debido a que tenía una válvula obstruida. “He tenido dos cirugías, la primera en 2007, en Cochabamba, con un cambio de válvula, y la última en 2013, cuando me pusieron una válvula mecánica, porque la primera estaba calcificada y no funcionaba bien el corazón”, cuenta esta joven de 24 años, que estudia enfermería para ayudar a las personas que padecieron el mismo mal que ella.

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Mosoj Huayna, de paseo con mamá

La embarcación más grande del país retorna con los recorridos turísticos por el lago Titicaca, justo para proponer un viaje con las madres

lago. El Buque Multipropósito Mosoj Huayna navega las aguas del Titicaca

Por Marco Fernández

/ 22 de mayo de 2022 / 23:25

Cuando la bocina del Mosoj Huayna hace el primer llamado a sus pasajeros, Guaqui y todo el entorno lacustre parecen llenarse de vitalidad, ya que, nuevamente, la embarcación más grande de Bolivia volverá a apostar por el turismo, para dar la posibilidad de que más bolivianos naveguen en el lago Titicaca. El Día de la Madre es la fecha que han elegido para este regreso.

Con botes hechos a base de totora, navegantes tiwanacotas e incas surcaron el lago navegable más alto del mundo para construir lo que ahora son atractivos arqueológicos en la Isla del Sol, la Isla de la Luna y Copacabana.

“El material lítico o piedras rocosas empleadas en esa construcción, las de mayor volumen, pesan más de una tonelada, las cuales, como coinciden muchos investigadores, fueron transportadas por vía lacustre”, explica el capitán de navío Antenor Agramont, uno de los oficiales que fueron parte del Buque Multipropósito Mosoj Huayna, la embarcación que fue construida por la Armada Boliviana.

Guaqui —municipio ubicado en la provincia Ingavi, del departamento de La Paz— fue antaño un puerto próspero, desde donde transportaban alimentos y minerales hacia el territorio peruano para su exportación a todo el mundo.

De aquella época dorada quedaron un cementerio de trenes, unos galpones amplios abandonados y un puerto que iba desapareciendo de a poco. Empero, desde hace unos años, autoridades y pobladores decidieron revitalizar el pueblo lacustre.

Por ello, gracias al trabajo de todos, el cementerio de trenes se convirtió en museo, los galpones fueron transformados en repositorio cultural e histórico de la región, y el puerto fue remozado con el apoyo de la Armada Boliviana.

En esa dirección, en la década de los años 90, los jefes navales proyectaron la construcción de una embarcación que sirviera para la instrucción de cadetes, sargentos y oficiales, cuenta el teniente de navío Cristhian Doria Medina, comandante del Mosoj Huayna.

A inicios del año 2000 formaron un equipo técnico para la construcción del Buque Escuela —la primera denominación que recibió la embarcación—, que fue especializado en SIMA de Perú, en los astilleros de la Armada argentina y en la Escuela Industrial Pedro Domingo Murillo, rememora Doria Medina.

“No teníamos muchos medios, pero sobraba la capacidad; eso lo hemos demostrado y esto es la prueba, este barco de acero naval”, recalca el suboficial mayor Anastacio Apaza, quien luego desciende hacia el cuarto de máquinas para verificar el estado de los dos motores Scania —de 600 caballos de fuerza cada uno— antes de que la embarcación zarpe en el Lago Sagrado.

Lo que antaño era un Guaqui inhóspito, ahora se muestra con bríos nuevos, más aún con la presencia del Buque Multipropósito Mosoj Huayna (del quechua “Musux Wayna”, que significa “joven nuevo”).

El tercer bocinazo de la embarcación es también el último llamado para que los pasajeros la aborden. Esta vez es un numeroso grupo de estudiantes de la Universidad Central, quienes son recibidos por Doria Medina en nombre de la Armada, quien los invita a rendir honores a la bandera boliviana antes de iniciar el viaje.

“El zarpe siempre es distinto, tanto por la intensidad del viento como por la corriente de agua, en especial en el Lago Mayor”, cuenta el alférez Ernesto Araníbar, quien es el encargado de manejar el timón del Mosoj Huayna.

Para ello —según explica— tiene el apoyo de un mapa, a través del cual se marca el rumbo, un GPS que indica que están yendo por buen rumbo y una derrota, es decir, el rumbo que seguirá la embarcación.

Estos elementos son muy importantes en el momento de la navegación, pues alguna vez, cuando se internaron en el lago durante la madrugada, la neblina densa impedía la observación desde la cabina, así es que apelaron a la ayuda del GPS, que puede impedir, entre otras cosas, que la embarcación se lleve por delante a botes pescadores.

Las 300 toneladas del Mosoj Huayna se mueven a través de un canal en Guaqui, donde hay que tener cuidado por las aguas bajas. Tras un par minutos, la embarcación se mueve ágil, a ocho nudos.

Cuanto más se ingresa al Lago Sagrado, el viento se hace más fuerte. Al mismo tiempo, pareciera ser más puro, ideal para apoyar en la baranda y contemplar el horizonte de azul intenso, que por momentos se enreda con el cielo.

“Es la primera vez que estoy en esta embarcación. Me ha llamado mucho la atención el viaje y estar junto a mi familia en un lugar tan importante”, comenta Nancy Bustillos, quien confiesa que siente el movimiento del barco, pero que tiene mareos, como algunos otros.

“Es un momento muy bonito poder compartir con mi mami, estar en un lugar tan lindo y ver este atardecer”, sostiene Giovanni Altuzarra, hijo de Nancy, quien disfruta, desde la proa, aquel panorama singular del lago que fue navegado por incas y tiwanacotas.

En la parte superior, los universitarios aprovechan el tiempo benigno para bailar y tomar fotos de la travesía lacustre, en tanto que los últimos rayos solares indican que el alférez Araníbar debe llevar al Mosoj Huayna a buen puerto, al rozagante puerto de Guaqui.

LA GRÁFICA

Tripulación. El Mosoj Huayna cuenta con el trabajo de los integrantes de la Unidad Operativa de Servicios de Navegación Turística (UOS Navtur). Foto: Miguel Carrasco

Gastronomía a bordo del Mosoj Huayna. Foto: Miguel Carrasco

Confortables camarotes. Foto: Miguel Carrasco

Lugares de esparcimiento. Foto: Miguel Carrasco

Foto: Miguel Carrasco

Una travesía especial por el Día de la Madre

Por el Día de la Madre, la Unidad Operativa de Servicios de Navegación Turística (UOS Navtur) ofrece un paquete especial de dos días (sábado 28 y domingo 29 de mayo), con zarpe en el Estrecho de Tiquina, primera llegada a la Isla del Sol para disfrutar de los restos arqueológicos y arribo a Copacabana, donde habrá una noche de divertimento con la agrupación PK-2 y La Secuencia. El día siguiente, la comitiva se dirigirá a la Isla de la Luna y en la tarde será el desembarco en el Estrecho de Tiquina, para el retorno a La Paz.

Para consultas y reservas, comunicarse a los teléfonos 71732835 y 73003210, o en el muro de Navtur en Facebook.

FOTOS: MIGUEL CARRASCO

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Aguas de esperanza en El Alto

Una clínica especializada en fisioterapia acuática trabaja en mejorar la calidad de vida de sus pacientes

/ 14 de febrero de 2022 / 21:01

Hay que hacer lo posible de lo imposible”, afirma doña Guadalupe mientras entrelaza las manos de su hija Mishel Wara, de 15 años, quien, debido a complicaciones en el parto, nació con parálisis cerebral infantil (PCI). “Yo quiero que ande aunque sea con burrito. Mi esperanza a Dios es bien grande, porque los especialistas me han dicho que puede ponerse de pie”, comenta la madre cuando habla de la esperanza que le está brindando Torre de Agua, la primera clínica boliviana especializada en fisioterapia acuática.

A Torre de Agua —que está en El Alto— acuden, cada semana, al menos 20 pacientes con diversas afecciones, en su mayoría menores de edad que tienen PCI. Llegan de todas partes del país con el anhelo de ayudar a sus seres queridos mediante tratamientos dentro del agua.

El agua es vista como método de sanación desde el inicio de la humanidad. Prueba de ello son pinturas rupestres que muestran que la empleaban para tratar dolores y heridas. Los sacerdotes egipcios la utilizaban con fines terapéuticos. El filósofo y matemático griego Pitágoras recomendaba a sus discípulos que se sometieran a baños fríos, ejercicios y una dieta vegetariana para fortalecer el cuerpo y el espíritu, recapitula el periódico argentino Página/12. Las técnicas para mitigar enfermedades a través del agua evolucionaron. De esa manera surgió la rehabilitación acuática (fisioterapia acuática o acuaterapia), que —según la Asociación Estadounidense de Terapia Física— es la “práctica basada en la terapia física en un medio acuático (…) e incluye el tratamiento, la rehabilitación, la prevención, salud, bienestar y aptitud física del paciente en un ambiente acuático”.

Amante de la natación desde joven, la fisioterapia acuática llegó a la vida de Fernando Pérez Chirino, director ejecutivo de Torre de Agua, por la necesidad de ayudar a las personas que lo requerían.

“Si el niño tiene problemas de locomoción, ¿cómo va a nadar? Esto es piscina para sanos”. En algunos lugares, Fernando escuchaba esta respuesta hacia los padres de niños que viven con PCI. Entonces, de manera autodidacta, empezó a aprender más sobre cómo ayudar con el agua.

Su examen de vida llegó con uno de sus mejores amigos, quien había quedado casi paralítico tras un accidente automovilístico. Después de varios ejercicios en la piscina, Fernando logró que su camarada ahora camine y lleve una vida normal.

Con el apoyo de su madre, Benita Chirino, y sus hermanos Edson y Rossana, Fernando dejó de lado su vida tranquila y sus trabajos para especializarse y hacer voluntariados en Colombia y Argentina.

TRATAMIENTO. Profesionales hacen que cada paciente realice diferentes ejercicios dentro del agua, según requiera su caso

El entusiasmo por esta nueva técnica lo llevó a doblar su apuesta el año 2018, cuando abrió Torre de Agua, un centro de rehabilitación con piscina ubicado en la calle Nisthaus Nº 55, esquina José Chacón, a tres cuadras de la plaza Ballivián, en El Alto.

Ahí llega Nelson al menos dos veces a la semana, después de haberse sometido a una delicada cirugía en la columna vertebral. “He venido por rehabilitación porque no puedo caminar”.

Vestido con su traje de baño, Nelson llega hasta el borde de la piscina en su silla de ruedas. Ahí, uno de los asistentes de la clínica sujeta al paciente a una especie de hamaca que está ligada a un brazo mecánico que lo introduce al agua.

“Las propiedades térmicas y mecánicas del agua ayudan a que gane rango articular y muscular, ayuda a que mejore el equilibrio y la coordinación, que en muchos casos, en seco, están limitados por la fuerza de gravedad”, explica Wara Apaza, una de las 10 fisioterapeutas de la clínica.

El agua no tiene cloro, sino que para mantener la desinfección adecuada se ozoniza. En 36 a 37 grados, Wara elonga las articulaciones de Nelson y le ayuda a recuperar la sensibilidad en sus articulaciones inferiores. “Los resultados dependen mucho del tipo de patología y del paciente, pues algunos evolucionan rápido y otros tardan más”, comenta la especialista.

Según Pérez, niños entre tres meses y cinco años tienen mejores posibilidades de recuperarse mejor y más rápido, mientras que el tratamiento se ralentiza cuantos más años pasan.

“Todos los niños quieren curarse, no saben lo que les está pasando y depende de nosotros, como empresa y desde la parte humana, gestionar y hacer acuerdos con otras personas y empresas para ayudar a los más necesitados”.

Es el caso de Mishel, quien habría acelerado su restablecimiento si hubiese iniciado su tratamiento de fisioterapia acuática a temprana edad. Ahora, con sus 15 años cumplidos, le es un poco más tedioso y más caro.

Por esa razón es que don Antonio y doña Guadalupe, los padres de Mishel, organizaron una kermés —con apoyo de Torre de Agua—, para financiar una operación que permita a su hija tener mejor movimiento de sus articulaciones.

En esa dirección, Torre de Agua abrió la posibilidad para que personas o empresas apadrinen a menores de edad. “Nosotros nos comprometemos a hacer un seguimiento e informar al padrino sobre los avances”, expone Fernando.

Además de la piscina, Torre de Agua cuenta con ambientes especiales para fisioterapia en piso y un gabinete para el chequeo especializado, donde un fisioterapeuta se encarga de preparar y realizar el tratamiento de acuerdo con la afección que tenga cada uno de los pacientes.

Uno de ellos es Ithan, un niño de tres años que tiene hipotonía, una disminución del tono muscular que ocasiona que sus articulaciones no estén bien fijadas y que tengan consistencia blanda.

“Con la terapia y las técnicas que hemos practicado, el niño puede mover y apoyar los brazos, porque antes no podía. Hace un mes que mueve las piernas por sí solo”, celebra la fisioterapeuta Johana Nina.

Mediante el tratamiento dentro del agua, Ithan ha fortalecido sus músculos y, por primera vez en su vida, ha pataleado dentro del agua. “Era como un trapito porque no se movían sus piernas, pero ahora puede extenderlas y se ponen rígidas. No es normal, pero se nota que está aumentando su tono muscular. Ahora hay que regular el patrón de movimiento normal”, dice.

Cada semana llegan al menos 20 pacientes con diversas dolencias. En la mayoría de los casos son menores de edad con PCI y otros problemas neurológicos.  Hay otros mayores que —como Nelson— quieren volver a recuperar el movimiento de sus articulaciones o aliviarse de sus dolencias.

“Siento que todos los fisioterapeutas tienen unas manos que curan. Entonces, si tienes esa habilidad, si la has cultivado, sabes que puedes ayudar”, dice Fernando mientras mira a un paciente con parálisis cerebral infantil espásmica, a quien le brillan los ojos cada vez que está dentro de esta piscina escondida en la urbe alteña.

Contactos:

Teléfono: 79639009

Facebook: Torre de Agua, Clínica de Neurorrehabilitación.

FOTOS: SALVADOR SAAVEDRA Y. MARCO FERNÁNDEZ

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En el confesionario de LA COSTILLA DE ADÁN

Roberto Cazorla convirtió su casa en un pub-repositorio. El tupiceño ha reunido cerca de 20.000 antigüedades durante más de 25 años

/ 20 de junio de 2021 / 18:54

Si bien hay un confesionario dentro de este pub —sí, uno de esos que existen en las iglesias católicas—, Roberto comienza a hablar de su vida delante de la barra, ahí donde pasa la mayor parte del tiempo cuando abre La Costilla de Adán, uno de los locales que forman parte del circuito turístico de La Paz Maravillosa por sus objetos antiguos, por sus deliciosas empanadas y tamales tupiceños, por sus licores y, ante todo, por el encanto del anfitrión.

Dice que no está listo para que le saquen fotos. No obstante, accede a hacerlo porque sabe que se tratará de una charla más distendida, en la que cuenta la razón por la que dejó de ser uno de los peluqueros más requeridos de la ciudad, por qué comenzó a reunir miles de objetos antiguos y sobre las dificultades que ha pasado como consecuencia del COVID-19.

“Sabes, no tenía vida. Era estar alrededor de una silla seis días a la semana, desde las ocho de la mañana hasta la una de la mañana. Es que tenía bastante gente”, comienza. Vestido con un pantalón y chaleco beige, una chompa verde y un sombrero de copa negro —que se volvió una característica suya—, Roberto Cazorla Bernal (mejor conocido como Robert) se apoya en la barra para revelar que hace más de 25 años trabajaba como peluquero en el Shopping V Centenario, en el inicio de la avenida 6 de Agosto, en La Paz.

En aquel tiempo comenzó también a reunir objetos antiguos, muchos de ellos como heredad de la familia de su madre. Los traía de Tupiza, su tierra natal. “Botaban todo lo que no les servía, entonces comencé a guardar algunas cosas”, dice.

Pequeños caballos de porcelana, madera, plástico; blancos, de negro azabache; en pleno galope, de caminar tranquilo, dentro de un mostrador o en el techo a manera de un péndulo.

De aquellos primeros tiempos de  acumulación de tesoros todavía guarda una sombrerera, un molinillo de pimienta y una lata de café que pertenecía a su abuela. También reunió vehículos de juguete pequeños, todos distintos, que dan como para quedarse a contemplar cada uno de sus detalles por varios minutos.

En el momento en que sus amigos se dieron cuenta de su exquisita colección de objetos recomendaron a Robert que abriera un pub o restaurante que, a la vez, fuera museo. “No quería porque pensé que se iban a perder las cosas, iba a haber mucha gente y porque todo se deteriora”, confiesa. Empero, cambió de idea y decidió abrir su casa y completar sus colecciones. Inició una búsqueda en anticuarios y en la Feria 16 de Julio, donde halló verdaderas reliquias, que ahora están guardadas en su casa-repositorio de Sopocachi.

Tazas de metal y de porcelana, con grabados, con sellos de marcas de cerveza, con figuras mitológicas, con figuras de dólares, con escudos, con escenas de tabernas antiguas, en alto relieve…

En medio de ese panorama —con una amplia cantidad de antigüedades y con las ganas de emprender nuevos desafíos— tras 20 años de trabajar en la peluquería, Robert se sintió cansado, más aún por la presión constante de sus clientes.

Por ello, un día soltó las tijeras y el peine para alejarse de aquellos sillones de peluquería del Shopping V Centenario, adonde no regresó nunca más. En su lugar, Robert abrió su vivienda en Sopocachi y después mudó su pintoresca morada hasta la calle Armaza Nº 2974, detrás de la discoteca Forum, en Sopocachi.

La casa está como oculta. Mejor dicho, reservada para los amigos de La Costilla de Adán. Después de escuchar el timbre de la puerta de madera, al poco tiempo sale Robert, quien saluda como si el nuevo visitante fuera un amigo de siempre.

La primera pregunta que surge al ingresar es por qué tiene ese nombre. La respuesta surge al pasar por el jardín de la casa, donde, entre muchas plantas, está el cerimán, o costilla de Adán, una especie de planta trepadora de la familia Araceae.

PROPIETARIO. Roberto Cazorla es el dueño de este singular lugar que atrae a visitantes del país y del exterior. De su pasado como estilista queda una silla de peluquería. Foto: Bruno Pérez Aguilar

Al atravesar la siguiente puerta cuesta un poco acostumbrarse a la oscuridad y a las luces tenues, pero los ojos se abren de repente al notar que desde el inicio hay misteriosos objetos antiguos.

“La gente que llega por primera vez se queda sorprendida y quiere que cuente la historia que te estoy relatando. Imagínate que tengo que repetir como loro lo mismo”, ríe Roberto, apoyado aún en la barra, antes de entrar a la cocina para sacar una de sus famosas empanadas tupiceñas.

Una plancha de carbón, una caja registradora de mediados del siglo pasado, un teléfono de disco, otro teléfono que funcionaba con monedas, uno con botones y una pequeña pantalla, sobre un escritorio de madera antiguo.

“Hay colecciones que no se ven porque están en el depósito, como radios, micrófonos antiguos, floreros de cristal de Murano, lamparería, faroles antiguos, platillos, cucharas de plata”, enumera. El motivo para guardarlos es que no hay espacio en los ambientes. Entre los mostradores de diversos objetos también hay carteles que, probablemente, son únicos, como uno de cerveza Paceña y otro de Induvar, una empresa de zapatos de goma popular en las décadas de los años 70 y 80.

Gracias a una compleja instalación de lámparas, que se hallan incluso dentro de los aparadores, se pueden ver muñecas. Foto: Bruno Pérez Aguilar

Tinas viejas convertidas en mesas, techos de donde cuelgan triciclos, bicicletas, aviones en miniatura, faroles a querosén, alguna bruja de tela, mariposas de plástico, cochecitos para bebé… La mirada se centra en la parte superior del lugar durante buen tiempo, hasta terminar de enumerar todo lo que hay en este espacio.

Seguro se ha preguntado cuántos objetos hay en total. Robert responde que son aproximadamente 20.000 antigüedades, guardadas en dos pisos de su vivienda.

También shops de cerveza. Foto: Bruno Pérez Aguilar

Atraídos por el pub-repositorio, varios artistas bolivianos hicieron de este lugar su refugio, y así también se convirtió en un lugar turístico. Así, La Costilla de Adán fue visitada por el cantante argentino Pedro Aznar, los integrantes de la agrupación mexicana Café Tacuba y por James Kottak, exbaterista del grupo Scorpions y actual miembro de Kingdom Come.

La cuarentena total —declarada por el Gobierno el 21 de marzo de 2020 para evitar la propagación del COVID-19— ocasionó que varios negocios cerraran de manera temporal y otros de manera permanente.

Y caballitos de juguete. Foto: Bruno Pérez Aguilar

La Costilla de Adán fue uno de los afectados, pues durante estos meses dejó de atender, con el riesgo de no abrir otra vez.  “La casa es mía, así es que no tengo que cerrarla, porque es parte de libros, de videos y de la promoción de La Paz Maravillosa”, sostiene Robert.

El pub-repositorio volvió a atender hace un tiempo, con todas las medidas de bioseguridad y mediante reservas, con el fin de preservar la salud de sus visitantes, quienes se sentarán en uno de los sillones antiguos para mirar a todos lados y descubrir cuántos objetos ha reunido Robert, en un espacio que parece haber detenido el tiempo de sus antigüedades.

Empanadas y tamales de Tupiza

Uno de los atractivos de La Costilla de Adán son las empanadas y tamales de Tupiza, que tienen un aroma y sabor únicos. Con el fin de garantizar la bioseguridad  de sus visitantes, La Costilla de Adán atiende previa reserva. Para ello se debe llamar al teléfono 72074518. El pub-repositorio se encuentra en la calle Armaza Nº 2974, a media cuadra de la plaza Adela Zamudio y detrás de la discoteca Forum, en Sopocachi.

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¡Agua para todos!

Una familia construye un mecanismo para acumular agua potable que servirá para ayudar a las poblaciones que sufren por la falta de este recurso natural

/ 6 de junio de 2021 / 19:08

Esta agua nos servirá para cocinar, para que tomemos y para bañar a mis hijos. Ya no se van a enfermar, porque antes tomábamos del pozo y les daba infección estomacal”, comenta Bertha Yujra, quien por muchos años sufrió la escasez de este recurso natural en su pueblo, Cuniri (distante casi dos horas de la urbe paceña), una víctima más de la escasez mundial de agua.

Para muchos es una actividad normal y rutinaria abrir el grifo para beber o para asearse; no obstante, para millones de personas es complicado debido a la escasez cada vez mayor de agua. Según World Resources Institute (WRI), en la actualidad más de 1.000 millones de personas carecen de este recurso, y se prevé que para el año 2025 haya 3.500 millones de individuos que sufran por la falta de líquido.

Entre los principales factores para que la población sufra este problema están la contaminación de aguas dulces y el uso descontrolado de este recurso, según destaca la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR). En el caso boliviano, aproximadamente 2,7 millones de personas no cuenta con un acceso seguro y permanente a este recurso natural.

A este panorama se suma la pandemia del COVID-19, pues ha ocasionado más contaminación por el uso masivo de plástico, un sistema de salud que ha colapsado, problemas en la gestión educativa y una alarmante tasa de desempleo.

Además de ello, Bolivia sufre sequías, inundaciones e incendios, lo que afecta la producción agrícola. Las poblaciones de Coroico y Mecapaca —ubicadas en el departamento de La Paz— son un ejemplo de este fenómeno, ya que si bien tienen riqueza vegetal y son áreas ideales para la agricultura, carecen de líquido para consumo humano, por lo que se debe esperar la época de lluvias para su almacenamiento en tanques. Gracias a ello, en tiempo de sequedad, los vecinos reciben el recurso de dos a cinco horas diarias. En algunos casos, solo dos días a la semana.

Ante esta dificultad que crece cada vez más no solo en el país, sino en todo el orbe, Reynaldo Rodríguez y su hijo José iniciaron un proyecto para ayudar a las familias que deben enfrentarse con la escasez de este recurso natural.

SISTEMA. El reciclaje de botellas PET es parte clave del sistema implementado por Reynaldo y José Rodríguez. Foto: Salvador Saavedra

“Junto a mi padre hemos tomado conciencia de todo el contexto que estamos atravesando, por lo que hemos generado una alternativa económica-responsable, con el objetivo de beneficiar a personas desempleadas y contribuir a mitigar impactos ambientales que nosotros mismos hemos generado en el planeta”, afirma José, que es profesional en turismo y además activista por el medio ambiente.

Gracias a su trabajo como ingeniero en telecomunicaciones, Reynaldo ha visitado varias poblaciones rurales. En aquellos lugares se dio cuenta de que muchas personas empleaban animales para transportar agua. En el caso de los menores de edad, varios suelen ir a su colegio con al menos una botella llena para lavarse y beber. En esta perspectiva, entre padre e hijo surgió el desafío: ¿Qué tal si hacemos algo para ayudar a la población?

Como resultado de días de intensos análisis, Reynaldo y José mejoraron un diseño de recolección de agua de lluvia. Botellas plásticas, una prensa, tarrajas, cañerías, acoples, uniones y otros materiales de plomería…, todos estos elementos sirvieron para empezar a hacer realidad este plan, que consiste en la construcción de muros hechos con botellas PET y unidos por cañerías, en las que se acumula el líquido, con una capacidad para retener entre 50 y 100 litros.

“Este proyecto quiere fomentar el reciclaje en unidades educativas rurales que carecen de agua y apoyar a personas necesitadas, con la adquisición de botellas PET, para la construcción de los tanques de almacenamiento. En una primera etapa, todo esto beneficiará a 15 colegios del área rural, a través de asesoramiento técnico correspondiente, traslado del personal, material y herramientas, además del desarrollo de talleres de educación ambiental para la conservación y aprovechamiento de nuestros recursos naturales”, explica José.

Registros de ventas de distribuidoras de gaseosas y agua mineral en Bolivia indican que la población utiliza al menos 8.500 botellas cada mes, en las que, con el proyecto de los Rodríguez, se puede almacenar 17.000 litros de agua.

Después de un arduo trabajo, el sueño se hizo realidad en una primera prueba en una vivienda de la comunidad Cuniri, en el municipio de Viacha, ubicada a aproximadamente dos horas de viaje en vehículo desde la ciudad de La Paz.

“Cuando no llueve, sufrimos por agua en noviembre y diciembre. Entonces sacamos de los pozos, aunque a veces no hay y el ganado puede dejar de beber dos a tres días, por eso tenemos que caminar de una a dos horas para llevar el líquido”, cuenta Bertha Yujra, ama de casa que debe cuidar a sus dos hijos.

Con mucha paciencia y precisión, Reynaldo y su esposa, Gloria Quisbert, terminan de armar una pared de 1,4 metros de largo y 1,5 de alto, con botellas PET (tereftalato de polietileno). De a poco, los envases de plástico, que cotidianamente suelen contaminar terrenos fértiles o el agua de ríos, lagos y mares, se transforman en un muro con tuberías que terminan en un grifo, que da esperanza a la familia de Bertha.

“Si hubiese más recursos se podría fabricar un tanque de 1.000 litros”, comenta Reynaldo, alegre porque ayudó a una familia y esperanzado por llegar a más poblaciones rurales del territorio boliviano. Por esa razón, la familia Rodríguez ahora está buscando apoyo económico, con el firme objetivo de llevar su proyecto a más viviendas de zonas alejadas de las capitales de departamento.

El movimiento Earth Overshoot Day llama a la reflexión sobre el cuidado de los recursos naturales y la lucha contra la contaminación, ya que la humanidad ha sobrepasado la explotación de recursos.

En este ámbito, Bolivia es uno de los países con mayor biodiversidad en el mundo, por lo que “necesita el apoyo de todos para promover ésta y otras acciones que mitiguen la contaminación y la escasez de los recursos naturales”, reflexiona Rodríguez.

Después de ver instalado el mecanismo en su vivienda, las caras de alegría de Bertha y su hijo John son insuperables. Reynaldo también sonríe: la satisfacción de hacer felices a las personas no tiene comparación. Por ello quiere apoyo para este proyecto, para que haya agua para todos.

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Ispaya Grande: Paso a paso hacia el turismo

Esta comunidad del municipio de Ancoraimes quiere atraer visitantes a través de sus atractivos naturales, culturales y gastronómicos

/ 30 de mayo de 2021 / 18:28

Primero hay que hacer hervir agua en el fogón, después se pone la cebolla. Hay que hacer hervir un poco más. Luego hay que meter la papa y la q’oa. Cuando ya está un poco cocida la papa, recién se mete el pescado, porque rápido cuece, con un hervor. Si lo calientas harto tiempo, se deshace”. A pesar del peso de la olla de barro, Antonia Mamani llega presurosa hasta donde se encuentran los comensales, quienes llegaron a conocer un poco de los atractivos de Ispaya Grande, una comunidad del municipio de Ancoraimes que ahora quiere abrirse al turismo desde varios ámbitos, como la gastronomía, su cultura y riqueza natural.

Dos horas y media de viaje valen la pena cuando como recompensa hay una variedad de elementos que llaman la atención. Más aún cuando son desconocidos para la mayoría. El ingreso a la comunidad Ispaya Grande es inolvidable: después de pasar una loma, de repente se abre un panorama onírico, con el azul intenso del lago Titicaca que parece rodear toda la población, que aparece abajo como si fuera un lugar escondido.

Todos los comunarios están reunidos porque van a celebrar los 76 años de la creación de la escuela Ispaya Grande, cuando “estaba prohibido leer y escribir, porque los castigaban”, comenta Víctor Quispe, profesor de primaria de esta unidad educativa.

La gente luce sus mejores vestidos, primero por el aniversario del centro de estudios y, segundo, porque una delegación del Movimiento de Integración Gastronómico Alimentario (MIGA Bolivia) ha visitado el pueblo para observar sus potencialidades turísticas.

“Antes nos trasladábamos a pie. Entrábamos y salíamos del pueblo con burrito. Hasta ahora mismo. El camino recién se ha abierto hace un año. Falta mucho por trabajar”, relata don Gregorio Tarqui (76 años), quien está vestido con una chamarra y pantalón oscuros, una camisa blanca, además de un sombrero que combina con su atuendo y le protege del intenso sol.

Gregorio permanece de pie junto a otros varones de su edad, preparados para participar en un desfile para recordar el aniversario 76 de la escuela, que antes tenía decenas de estudiantes, mientras que ahora cuenta con solo 18, como consecuencia de la emigración de los pobladores —dice don Gregorio—, quienes salen de su terruño para encontrar mejores oportunidades de vida. Muchas veces no retornan.

De caminar tranquilo, con pollera, blusa y manta relucientes, doña Lucía Ticona intenta explicar el origen del nombre de Ispaya. “Dicen que antes había más ispi —un pez pequeño que habita en el lago—. Otros dicen que se debe a Ispalla mama —deidad de la papa—”. Añade, vanidosa, que en su pueblo producen maíz, haba, quinua, tarhui, papa, cebada, oca y arveja.

Con todo lo que hay en la comunidad es fácil preparar platos exquisitos, como el fiambre, piski o un suculento wallake, preparado por doña Antonia. “Mi mamá me ha enseñado cómo se prepara el wallake. Desde pequeña he aprendido a prepararlo”, dice orgullosa, sentada en el pasto, antes de retirar el aguayo para mostrar una olla de barro, de donde extrae la sopa con fuerte aroma a q’oa, una planta que crece también en los cerros de la comunidad.

Cuando llega el tiempo de cosecha, en Ispaya lo celebran con danzas alegres, como waca wacas y  moseñadas, que con sus dulces armonías guían a los bailarines vestidos con trajes multicolores. Por ejemplo, Primo Mamani lleva el traje de wacatinti, que incluye una peluca rubia, dos chuspas cruzadas en el pecho, borlas de varios colores y con figuras de llamas, y un arado de madera. “Es por el tiempo de cosecha, porque aramos con esta guía para llevar a la vaca”, explica antes de reunirse con waca tocoris y kusillos para comenzar a bailar.

“Ahora que estamos de visita hemos visto las grandes potencialidades en el territorio en el ámbito del turismo gastronómico con identidad, además del rescate cultural identitario, que no solo incluye lo productivo desde lo agropecuario, sino también la integralidad con las técnicas, las tradiciones y las festividades”, afirma Leslie Salazar, directora ejecutiva de MIGA Bolivia.

LA GRÁFICA

Ispaya Grande atrae al turismo

FIESTA. Los pobladores de Ispaya Grande, comunidad del municipio de Ancoraimes de La Paz, mostraron sus danzas

FOLKLORE. Una de las danzas más importantes del sector es la de los waca waca, que rinde homenaje a las lecheras y a criadores de ganado vacuno

AGUA. La cercanía con el Lago Titicaca ha influido mucho en la cultura de estos pueblos

ATRACTIVOS. El Museo Comunitario de Inca Samaña es una de las iniciativas para atraer turistas.

A todos estos atractivos se suma la bahía amplia al lado este del pueblo, que se presenta como un atractivo potencial, pues además de su belleza natural tiene leyendas, como el Achakthakhi, que en aymara significa el camino o senda del ratón.

“Cuando era jovencito, a mis ocho años más o menos, caminábamos por aquí. Los abuelitos decían que era una escalera, pero nosotros lo hemos conocido como el camino del ratón o Achakthakhi”, cuenta Norberto Cutipa, quien, después de caminar por un cerro alto, desciende por una senda angosta, que a la izquierda tiene un precipicio de al menos cinco metros.

¿Da miedo? ¡Claro! Pero más puede el espíritu aventurero y la curiosidad por saber qué hay abajo. Así es que con cuidado, casi sentado y mirando bien dónde se pisa, poco a poco se llega a una playa paradisiaca, protegida por rocas y cerros que hacen que la temperatura sea agradable.

Ahí, el agua es cristalina, no hay frío ni calor. Se dice que antes había bancos de pejerreyes e ispis, pero que la contaminación hizo que desaparecieran de este lugar, que invita a sentarse para ver el horizonte, donde aparecen la Isla del Sol, la Isla de la Luna y la parte peruana del Lago Sagrado.

Hay mucho por caminar, pero es tarde. Falta conocer parte del Qhapaq Ñan, un camino prehispánico que se extiende por Argentina, Bolivia, Chile, Perú, Ecuador y Colombia. Ispaya Grande tiene la ventura de preservar un pedazo de roca tallada que forma una vía antigua, que da razones para tener la seguridad de que esta comunidad altiplánica se convertirá, pronto, en un atrayente sitio turístico del país. Falta mucho por caminar.

Fotos: Juan Manuel Rada (IGA Bolivia) y Marco Fernández

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