Sociedad

miércoles 25 nov 2020 | Actualizado a 12:17

COMUNICADO

La Razón y Extra reafirman su compromiso con la sociedad boliviana de mantener la seriedad, el cumplimiento de las normas en vigencia y el equilibrio en nuestra tarea informativa, como lo hemos hecho en estos treinta años de vida institucional.

Por La Razón

/ 1 de julio de 2020 / 23:34

En estos últimos años el periodismo impreso mundial ha enfrentado la más dura crisis de la historia fruto de la transformación tecnológica que ha acelerado la caída de la venta de ejemplares y, por tanto, la reducción y la no monetización de la publicidad, que afectaron seriamente sus ingresos.

Los periódicos La Razón y Extra no fueron la excepción, y a pesar de todos los esfuerzos realizados, como es de conocimiento general, desde marzo del presente año adicionalmente se vieron afectados por la emergencia sanitaria generada por la propagación del COVID-19 y la consecuente cuarentena, que paralizaron casi en su totalidad sus servicios periodísticos; no obstante, con mucho esfuerzo siguen cumpliendo con sus lectores.

En este contexto, La Razón y Extra se han visto obligados a acelerar el plan de transformación para hacer frente al más grande desafío de su historia. Después de una agresiva reducción de costos empezamos con un plan de desvinculación voluntaria al amparo de la normativa laboral en vigencia, al que se ha acogido un amplio grupo de trabajadores. Siguiendo con el plan de transformación entramos en la segunda fase, consistente, nuevamente de forma voluntaria, en que un porcentaje importante de nuestro personal continúe trabajando bajo nuevas condiciones, acordes a los desafíos planteados.

Habiendo concluido con las dos primeras fases del plan de transformación, y debido a la insostenible situación financiera, nos vemos obligados a acogernos a la figura legal de “fuerza mayor”, reconocida por el ordenamiento jurídico vigente, con el objetivo de precautelar el bien mayor, que es la sobrevivencia de estos dos prestigiosos periódicos de trascendencia nacional para resguardar fuentes de trabajo, para rescindir contratos de una parte del personal.

Una vez más, La Razón y Extra reafirman su compromiso con la sociedad boliviana de mantener la seriedad, el cumplimiento de las normas en vigencia y el equilibrio en nuestra tarea informativa, como lo hemos hecho en estos treinta años de vida institucional. Al mismo tiempo, agradecen el trabajo de quienes fueron un aporte importante en los últimos años. Gracias, seguiremos vigentes.

La Paz, 1 de julio de 2020

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Reformar la justicia

Estamos pues ante un enorme e impostergable desafío como país, que no será sencillo ni de corto plazo.

Por La Razón

/ 25 de noviembre de 2020 / 06:49

Ya es un lugar común sostener que la administración de justicia en el país requiere una reforma profunda e impostergable. Se trata de una asignatura pendiente del proceso de democratización y de refundación estatal. Así, es fundamental reconstituir el Órgano Judicial para asegurar su independencia. Y por supuesto que el cambio también debe llegar al Ministerio Público.

Como parte del camino de modernización institucional en los años 90 del siglo pasado, y del proceso de refundación del Estado en el marco de la nueva Constitución Política aprobada en referéndum en 2009, se impulsaron importantes reformas en el sistema judicial. No fueron suficientes. Cada día constatamos que el sistema, en lugar de brindar justicia, está al servicio del gobierno de turno, de poderes fácticos, de quienes pueden pagar. Es un sistema que, con excepciones, administra injusticia.

Más que reforma, en realidad se requiere una transformación estructural. Está comprobado que la elección popular de las altas autoridades jurisdiccionales no condujo a un mejor ejercicio de la función judicial. Es un asunto a debatir, pues implica modificar la Constitución. Claro que el problema no radica solamente en la forma de selección de las cabezas del Tribunal Supremo de Justicia, el Consejo de la Magistratura, el Tribunal Constitucional Plurinacional y el Tribunal Agroambiental.

La cirugía mayor que requiere el sistema de administración de justicia en Bolivia pasa por un conjunto de cambios en el diseño institucional y en el marco constitucional y normativo, pero en especial en la cualidad y desempeño de sus principales operadores (magistrados, jueces, fiscales, abogados). Es imprescindible que la potestad de impartir justicia responda a los principios señalados en la Constitución: independencia, imparcialidad, probidad, celeridad, gratuidad, respeto a los derechos, entre otros.

El Ministerio de Justicia, a través de su titular Iván Lima, ha planteado diferentes iniciativas para encarar esta asignatura pendiente, como la aprobación de un paquete de leyes, la conformación de una comisión de expertos, la elección de nuevos consejeros de la Magistratura (incluido ultimátum para la renuncia de los actuales). Claro que la transformación estructural de la Justicia no puede ser obra exclusiva de una cartera del Estado: se requiere un amplio acuerdo nacional con participación ciudadana.

Estamos pues ante un enorme e impostergable desafío como país, que no será sencillo ni de corto plazo. La administración de justicia debe reformarse de manera sustantiva. Ello implica transformar las diferentes jurisdicciones (en especial la ordinaria), así como la justicia constitucional. Supone también reformar a fondo el Ministerio Público. Y es ineludible asumir plenamente el horizonte de pluralismo jurídico con interculturalidad. Sin justicia independiente, con equidad, no hay Estado de Derecho.

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Cultura y arte

Las tareas referidas a la interculturalidad, así como a la descolonización y su otra cara, la despatriarcalización, merecerán una atención especial.

Por La Razón

/ 23 de noviembre de 2020 / 02:13

Con la posesión, días atrás, de Sabina Orellana Cruz como ministra de Culturas, Descolonialización y Despatriarcalización, no solo se ha repuesto una cartera de Gobierno de gran importancia estratégica, sino también se ha repuesto el canal institucional para producir y ejecutar políticas de fomento a las artes, tarea súbitamente interrumpida durante el gobierno transitorio.

Es evidente que las tareas referidas a la interculturalidad, así como a la descolonización y su otra cara, la despatriarcalización, merecerán una atención especial, dadas las necesidades de transformación de la sociedad, que no solo no ha podido superar viejas prácticas de racismo y discriminación, sino que en algunos casos las ha profundizado y actualizado durante los casi 12 meses de gobierno transitorio.

Lo que no es tan evidente es el tipo de apoyo que merecerán las y los artistas del país, que no tienen Viceministerio que se encargue de las manifestaciones artísticas de la cultura y deben superar toda clase de obstáculos para merecer reconocimiento no solo a su obra, sino a su labor como creador de cultura y por tanto, tan digno de seguridad financiera como cualquier otro trabajador.

Casi coincidiendo con la restitución del Ministerio de Culturas, el Gobierno Municipal de La Paz anunció el lanzamiento del seguro de vida para artistas, una iniciativa desarrollada con apoyo de la Cooperación Suiza y esfuerzo del colectivo Todos Somos Culturas, que consiste en pólizas que cubren a las y los creadores artísticos a cambio del pago de una cuota mensual durante 10 años.

El acto de lanzamiento del seguro, que se anuncia como parte de un Programa de Fortalecimiento al Sector Cultural de La Paz, “Munasiña Pacha” (Tiempo de querernos y ayudarnos), sirvió para que representantes de diversos sectores de artistas, incluyendo escritores, músicos y artistas plásticos reflexionen sobre la precariedad en la que la mayoría de las y los creadores desarrollan su trabajo, situación que se agravó durante los meses de pandemia que hicieron prohibidos los actos públicos, en los que es posible el comercio de arte.

Hace falta, expresaron las y los artistas, políticas e incentivos, pero también una nueva mirada desde la sociedad, que en muchos casos sigue considerando el trabajo artístico como pasatiempo o actividad voluntaria, incluso a pesar de que la cuarentena impuesta a causa de la pandemia hizo que muchas personas redescubrieran la importancia del arte en sus vidas.

El Presidente del Estado ha enfatizado en la función estratégica que cumple el flamante Ministerio de Culturas, Descolonización y Despatriarcalización; ahora toca que quienes están en la cabeza de éste desarrollen no solo discursos y posiciones, sino una mirada integral de la cultura y sus múltiples manifestaciones, incluyendo aquellas que alimentan el alma de las personas que las consumen, pero también el cuerpo de quienes las producen.

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El factor dos tercios

Uno de los principios constitutivos de la democracia, además de la soberanía popular y la representación política, es el principio de la mayoría con reconocimiento de las minorías.

Por La Razón

/ 22 de noviembre de 2020 / 01:35

La intempestiva reforma de los reglamentos del Senado y de la Cámara de Diputados, que alteró la regla decisoria en varios artículos, repuso en el debate político el tema de los dos tercios y la relación entre mayoría y minorías. El polémico legado de la saliente bancada del MAS sigue en agenda, aunque la nueva Asamblea Legislativa Plurinacional ya asumió los reglamentos modificados.

Uno de los principios constitutivos de la democracia, además de la soberanía popular y la representación política, es el principio de la mayoría con reconocimiento de las minorías. Ello implica que, en ausencia de unanimidad o consenso, las decisiones se toman por mayoría. Si bien en principio este criterio, bastante lógico, puede verse como una cuestión aritmética, en el fondo expone diferentes “modelos” de democracia. No es lo mismo que decida solo la mayoría a que lo haga el mayor número posible de voces.

Respecto a las reglas decisorias, la mayoría puede adoptar diferentes formas: mayoría relativa o simple (el mayor número de votos respecto a los obtenidos por otras opciones), mayoría absoluta (la mitad más uno de los que eligen o deciden) o alguna mayoría especial o calificada (dos tercios, tres quintos, cuatro séptimos). Si bien la mayoría absoluta es la regla más utilizada, se espera que decisiones estructurales se tomen por mayoría especial. Ello se instituye en el marco constitucional y normativo.

En la legislación electoral boliviana se establece la regla de mayoría simple para la elección de alcaldes, en tanto que la mayoría absoluta es aplicada para la elección del binomio presidencial y los gobernadores. En el ámbito de la ALP, por mandato constitucional, algunas autoridades son elegidas por dos tercios: vocales electorales, contralor general, defensor del pueblo, fiscal general del Estado. La mayoría especial rige también para otras decisiones sustantivas, como la ley de reforma constitucional.

En general, es evidente que las decisiones en democracia y en un Estado de Derecho, como la aprobación y sanción de leyes, se toman por mayoría absoluta. Las decisiones que requieren mayoría especial en la Asamblea Legislativa Plurinacional, como los dos tercios, están señaladas de manera específica e inequívoca en 13 artículos de la Constitución Política. Todos ellos, sin excepción, se mantienen inalterables en los reglamentos camarales. No procede, pues, ningún recurso de inconstitucionalidad.

Como sea, más allá de las reglas, lo esencial en democracia es que la mayoría (siempre circunstancial) respete y reconozca los derechos y expresiones de las minorías. Es fundamental también que la mayoría pueda decidir sin el bloqueo o veto de las minorías. Se juegan en ello criterios de eficacia decisoria y de representatividad. En temas relevantes, antes que imponer, siempre será preferible la deliberación, el equilibrio, la construcción de acuerdos. Mayoría (relativa, absoluta, especial) es democracia.

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El retorno de la educación pública

Sería intolerable que las generaciones futuras sigan siendo perjudicadas por la impericia y el abandono del Estado en un momento de grandes desafíos para la sociedad boliviana.

Por La Razón

/ 21 de noviembre de 2020 / 07:35

La clausura intempestiva del año escolar fue una de las medidas más cuestionables de la anterior gestión. Uno de los grandes retos del gobierno de Arce consiste en diseñar y ejecutar oportunamente una estrategia audaz para que el Estado vuelva a cumplir con su deber básico de brindar servicios de educación pública, incluso en situaciones de emergencia.

La educación es seguramente uno de los servicios a la sociedad de mayor relevancia que el Estado debe garantizar a sus ciudadanos sin ninguna distinción. Es un elemento crítico para el desarrollo integral del país y un poderoso factor para atenuar las graves desigualdades e injusticias en el acceso a oportunidades económicas que lamentablemente aún persisten en Bolivia.

Es además una cuestión de gran relevancia para las familias de todas las condiciones que se preocupan del futuro de sus hijos e hijas. Está en el corazón de lo que la mayoría entiende como un motor básico para alcanzar la justicia y la equidad social. Por estas razones, es indudable que existe hoy una gran inquietud y expectativa social por una pronta reanudación de los procesos educativos.

En su momento, resultó incomprensible la incapacidad de las instituciones para implementar una estrategia que pudiera garantizar, aunque sea un mínimo de contenidos educativos para los millones de estudiantes obligados a quedarse en casa por la pandemia. El argumento que justificaba ese fracaso institucional fue la inexistencia de un acceso a una señal de internet suficiente y de bajo costo. Sin embargo, en similares condiciones y en medio de la pandemia, se vio el esfuerzo que países con características comparables hicieron para mantener al menos algunos servicios educativos no solo recurriendo a internet, sino aprovechando nuevamente la radio o la televisión públicas como bases de transmisión de contenidos educativos. Lo lamentable y a su vez paradójico es que en Bolivia han existido muy valiosas experiencias de educación radiofónica popular desde hace muchos decenios que dejaron una tradición que puede ser renovada con decisión y políticas claras.

Así pues, las nuevas autoridades del sector tienen hoy la gran responsabilidad de no fallar en esta dimensión de las urgencias del país, pues sería intolerable que las generaciones futuras sigan siendo perjudicadas por la impericia y el abandono del Estado en un momento de grandes desafíos para la sociedad boliviana.

La problemática de la educación en medio de la pandemia preocupa a gran parte de la región y del mundo. No se trata de inventar la pólvora, hay una enorme experiencia internacional ya probada en estos meses de la pandemia de brindar educación con instrumentos digitales, radiofónicos, televisivos o con nuevos esquemas de organización del trabajo presencial en las aulas. Es decir, hay varias lecturas y experiencia concretas, pero es imprescindible que se le asigne una máxima prioridad a este vacío y que se disponga de los mejores recursos del Estado para resolverlo. Se trata de un compromiso del presidente Arce que la sociedad espera que cumpla a cabalidad.

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El modelo extractivista no es sostenible, porque hace al país vulnerable

Jan Souverein director y representante de la Friedrich-Ebert-Stiftung (FES) habla de los desafíos político-económicos que presenta la Bolivia actual. Asimismo, comparte la importancia de los trabajos, hechos por investigadores de la FES, que se difunden los domingos con LA RAZÓN.

Por La Razón

/ 20 de noviembre de 2020 / 13:33

Entrevista

La Friedrich-Ebert-Stiftung (FES) se estableció en Bolivia a finales de los años 80 como el Instituto Latinoamericano de Investigaciones Sociales-ILDIS, abriendo su primera oficina en enero de 1985. Desde entonces, ha acompañado activamente el proceso de democratización en el país. El objetivo de la FES es contribuir al fortalecimiento del desarrollo y la democracia, ofreciendo un espacio plural para que diversos actores políticos, sociales e institucionales puedan reflexionar sobre los problemas más relevantes para el país, a fin de generar aportes para sustentar una cultura política que tienda a consolidar la democracia boliviana. El foco central es la consolidación de una democracia participativa, pluralista y social.

A nivel internacional, la Friedrich-Ebert-Stiftung (FES), fundada en 1925, es la fundación política más antigua de Alemania. Esta institución se creó como legado político del primer presidente alemán elegido democráticamente, Friedrich Ebert, a quien debe su nombre y los principios que la rigen. El trabajo de esta institución se rige por los valores fundamentales de la democracia social: libertad, justicia y solidaridad. La institución, sin fines de lucro, diseña sus actividades de un modo independiente y autosuficiente. El director y representante en Bolivia, Jan Souverein, explica del trabajo, apuestas y propuestas que desarrollan en Bolivia.

–¿Qué acciones realizan desde el FES-ILDIS para aportar a la democracia?

  • En los 80 tuvimos una importante contribución en la construcción democrática ya que teníamos un rol como plataforma para el diálogo con preguntas relacionadas al pensamiento democrático en Bolivia. Hoy en día, seguimos trabajando especialmente en el espíritu del diálogo plural y me parece el aporte más importante que ofrecemos con plataformas y espacios de diálogo con diferentes actores que quizá en el discurso público no dialogan tanto, pero aquí se busca dar esta oportunidad. En este momento, nuestro trabajo se divide en tres grandes líneas: Democracia, Desarrollo sostenible y Justicia social.

–¿Cuán importante es el diálogo para contribuir a la madurez democrática?

  • Para llegar a la madurez democrática se necesita tener una profunda y robusta cultura democrática, pero no es nada fácil construirla y mantenerla. El elemento principal para ello es la apertura al diálogo y eso implica reconocer y escuchar al otro. Allí hay tareas pendientes y mucha gente cae en la tentación de desestimar al otro y no querer oírlo. Tanto en la práctica política como en la vida diaria es un hábito muy importante, donde queremos aportar ya que es la base de una convivencia pacífica y de respeto mutuo. Eso significa que se tiene que dar un buen ejemplo desde la política. Hay que demostrar en el contexto de la nueva asamblea que a pesar de las diferencias políticas se puede realizar, entre las diferentes bancadas, una construcción política común y conjunta basada en la acercamiento, diálogo y respeto mutuo, que constituye la madurez democrática.

–¿Cómo trabajan el tema de justicia social?

  • Esto va relacionado en cómo interactuamos con la sociedad civil. Nos relacionamos, por un lado, con los principales actores de la política nacional y, por el otro lado, con muchos de los grupos de mujeres, jóvenes y sindicalistas a quienes intentamos apoyarlos para ser más eficientes en la participación de la democracia, porque es un proceso donde todo el mundo debería participar no solo en la formulación de leyes sino en una práctica diaria. Un ejemplo de este apoyo es que trabajamos con organizaciones sindicales para que desarrollen su propia propuesta política, vamos más allá de preguntas que solo tengan que ver con el ámbito laboral. La idea es un sindicalismo sociopolítico que tenga las ideas de la clase trabajadora en muchos ámbitos. Allí es muy importante el apoyo que estamos dando específicamente a las mujeres dentro del movimiento sindical porque históricamente han tenido una posición muy marginalizada. Tenemos una red de mujeres trabajadoras y sindicalistas que sirve para el empoderamiento, para que entre ellas puedan intercambiar sus experiencias y construir conjuntamente en un espacio común. Ha tenido éxito para fortalecer el rol de las mujeres en este ámbito. El sistema político tiene que ofrecer condiciones de igualdad para la participación de mujeres y jóvenes. Bolivia tiene una importante ley de paridad y alternancia y la vemos en la nueva asamblea con mayoría de mujeres participando en estos espacios, lo que es excepcional a nivel mundial y en Latinoamérica, pero no es suficiente porque en realidad no siempre se cumple la igualdad de condiciones para la mujer en la práctica política a pesar de la igualdad numérica. Lo mismo con la posibilidad de inclusión de jóvenes en espacios de decisión.

–¿Cómo estos dos grupos pueden sumar a la transformación social?

  • Con su propia experiencia, lo que viven estos grupos es diferente a lo que viven los grupos tradicionalmente dominantes. Ellos van a tener otras visiones e ideas que van a querer insertar en el proceso político. Los asuntos y desafíos no son los mismos que otro grupo y al hacer énfasis en sus necesidades y retos pueden generar una sociedad más justa. Un ejemplo, un hombre de 60 años quizá no entiende cuál es la realidad de una mujer trabajadora de casa o de un joven de 23 años, sin posibilidad de entrar en el mercado laboral. Tener esas posiciones en el debate político y construcción de leyes es clave para no ser excluido.

–¿Qué están trabajando en el tema económico?

  • Son dos categorías de temas. Uno, temas de coyuntura y desafíos más inmediatos. Lo segundo, son temas con preguntas más estructurales y desafíos a largo plazo. En cualquier de estos casos, se trata de aportar en la generación de políticas públicas para la reactivación económica, que apunta a la diversificación de la matriz productiva y de un sistema económico socialmente más justo y sostenible en lo ambiental. Tenemos el grupo de análisis económicos, que se dedica a la coyuntura actual y la formulación de propuestas y reformas que los estamos compartiendo insertados (en LA RAZÓN) para el debate público. Por el otro lado, un objetivo es la incidencia política para poder dar una mirada desde afuera para los tomadores de decisión en temas de política económica. Por otro lado, los temas estructurales tienen que ver con la transformación social y ecológica y es la creación de una mirada diferente al desarrollo para superar el modelo de extractivismo que tenemos en Bolivia y que hemos visto que no es sostenible porque hace a Bolivia muy vulnerable respecto a los precios que determina el mercado internacional; además de los costos ambientales y sociales. Es un desafío de largo plazo, por un lado tenemos economistas tradicionales y, por otro, a personas con una mirada más ambientalista. La idea es juntar esas dos visiones para que construyan propuestas para la orientación del sistema económico del país, que responda a la necesidad de que sea más sostenible en lo ambiental y con una mayor diversificación.

–¿Qué desafíos implica la Bolivia actual?

  • Antes de las elecciones hubiera dicho la gobernabilidad, pero ahora que con el resultado de las elecciones ya no es tan urgente sino tiene que ver con el tema que ya hemos hablado, el de la cultura del diálogo, generación de acuerdos y reconocimiento del otro. A mediano y largo plazo se va a tener un buen nivel de gobernabilidad sistémica, pero se necesita una cultura de diálogo que supere esta idea de querer imponer algunas ideas a los otros. Es difícil porque cuesta eso de escuchar al otro, pero para la estabilidad política y social es muy importante. Por otro lado, el tema que acabo de mencionar que es el modelo de desarrollo y superación de alternativas al sistema extractivista es también un desafío muy grande. Esperamos la generación de la cadena de valores en la producción de baterías y en la extracción de litio, que puede ser un paso que contribuya, pero no es suficiente. Es un paso para el país y tratamos de contribuir en eso, en dar nuevas miradas y en qué se puede basar un sistema más diversificado y menos extractivista para generar ingresos para Bolivia. El tercer punto tiene que ver con la real y amplia inclusión de mujeres, jóvenes y grupos indígenas en los procesos de toma de decisión. También en el sistema económico y participación laboral. Las oportunidades de ascenso social tienen que ver con el sistema educativo, que es el próximo desafío porque tiene que adaptarse a la realidad del siglo XXI. En un mundo óptimo, dar oportunidad a toda la población del país debe estar separado de los ingresos de los padres para que una persona participe de forma justa y equitativa de las oportunidades que da el país.

–¿Qué entiende por política porque su concepto suele estar desprestigiado?

  • Hay que diferenciar lo que es política a lo que la gente llama politiquería. Se ha implementado esa idea que todos los que entran en política lo hacen para su propio beneficio ligado a la corrupción; esto se da en muchos países del mundo. Sin embargo, la política está vinculada al bien común, a trabajar juntos, sacar ideas y tener un diálogo desde la diversidad para mejorar las condiciones de vida de la población y esto no tiene que ver solo con ingresos eco- nómicos sino con un medioambiente sano para la regeneración del planeta y sostenibilidad, de lo contrario no hay futuro para nuestros hijos. Es un debate del respeto y diferencias para una mejor vida.

–¿Qué similitudes y diferencias halla en el trabajo que desarrolla en Bolivia respecto al que hizo en Uruguay?

  • Estuve en Uruguay en las elecciones del año pasado, paralelas a las fallidas elecciones que se desarrollaron en Bolivia. Allí los dos candidatos con mayor votación esperaron los resultados con absoluta calma y cuando se terminó el conteo el candidato con menor votación aceptó el resultado con absoluta normalidad. Además, antes de las elecciones se hizo un pacto de todos los partidos contra las noticias falsas en el proceso electoral. A pesar de sus diferencias políticas, los diferentes partidos se juntan en favor del funcionamiento de la democracia. El contexto es muy diferente porque pienso que aquí sería muy difícil que se dé algo así (…). En ese sentido los desafíos son otros, porque allá no se necesita apostar por el diálogo plural porque esos espacios ya están ganados. Aquí la lucha por los derechos y la inclusión de la mujer está en otros niveles, tenemos una alta tasa de participación en la asamblea que destaca a nivel mundial (…). Otro tema relevante en Bolivia son las brechas culturas entre campo-ciudad y Occidente – Oriente. Bolivia me parece un país fracturado en ese sentido. Bolivia es muy rica en su diversidad cultural y eso se debería celebrar y no generar desencuentros y malentendidos (…).

Perfil 

Nombre: Jan Souverein

Profesión: Politólogo y economista

Cargo: Director y representante del FES-ILDIS

Experiencia política

Tiene 31 años y es director y representante de la Friedrich- Ebert-Stiftung (FES) en Bolivia, desde febrero de este año. En 2018 comenzó en la oficina de la FES en Uruguay. En cuanto a su formación, es graduado de la Universidad Libre de Berlín, tiene una maestría en Relaciones Internacionales, una licenciatura en Ciencias Políticas y Economía de la Universidad de Münster y estudios adicionales en Melbourne (Australia) y Cali (Colombia). También vivió en Malaui, en África subsahariana.

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