Sociedad

sábado 6 mar 2021 | Actualizado a 01:16

La UE realiza primer ciclo de webinars sobre becas

Las sesiones serán del martes 8 de septiembre al viernes 9 de octubre y buscan difundir las listas de requisitos, alcances y duración de becas europeas y Erasmus 2021.

/ 5 de septiembre de 2020 / 10:20

El martes 8 de septiembre se inicia el primer ciclo de webinars sobre becas europeas y becas Erasmus 2021, organizado por la Unión Europea en Bolivia, con el objetivo de informar a los estudiantes y profesionales de diferentes áreas las posibilidades de estudios en el exterior.

Son siete las sesiones webinars, empezando el martes 8 y terminando el viernes 9 de octubre. La primera sesión será una introducción al ciclo. La segunda abordará el programa Erasmus+. A partir del 18 de septiembre las reuniones, llevadas a cabo cada viernes, tratarán sobre las becas de un país en específico: España, Alemania, Francia, Suecia e Italia, en ese orden, explica la delegación de la UE en Bolivia en una nota de prensa.

Cada jornada estará a cargo de conocedores de los requisitos y procedimientos de postulación a las becas. Se contará también con la presencia de antiguos becarios para contar su experiencia.

Las sesiones serán difundidas mediante la plataforma Zoom y los accesos serán compartidos por las redes sociales, por el Facebook de la UE en Bolivia (https://www.facebook.com/UEenBolivia/), y por el blog del componente de comunicación y visibilidad (www.uetrabajandojuntos.org), para todos los interesados.

(05/09/2020)

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Amta Café Cultural, en lo más alto del corazón

El Alto tendrá en una semana una nueva oferta cultural. Gastronomía creativa, talleres, comunidad fotográfica y viajes, y una Biblioteca Popular que lleva el nombre del escritor Crispín Portugal Chávez

Amta Café Cultural

Por Ricardo Bajo

/ 17 de febrero de 2021 / 09:59

En la ciudad de El Alto no hay muchas opciones para tomar un café en un lugar rodeado de cultura, buenos libros y mejor onda, especialmente más allá de Ciudad Satélite. En apenas siete días, el lunes 22, se inaugurará Amta Café Cultural, un espacio donde se podrá aprender el arte del té, degustar gastronomía/pastelería creativa con insumos bolivianos y apuntarse a talleres y escapadas fotográficas/turísticas. ¿Y la yapa? La Biblioteca Popular “Crispín Portugal” abrirá sus puertas con un servicio gratuito de libros, donados en las últimas semanas por lectores particulares y por editoriales como Sobras Selectas, Yerba Mala Cartonera y 3.600.

Detrás de la idea están las hermanas Chuquimia Ramírez, Rosmery y Lizeth, dos jóvenes que llevan el emprendimiento y la cultura corriendo por sus venas. Provenientes de una familia de ocho hermanos, la jovial Lizeth es egresada de Hostelería y especialista en gastronomía/pastelería creativa e integra el poderoso equipo de los fogones (“team Amta”) junto con Carolina Grundy, Liz Ramírez, Jimena Alarcón Catari e Ivannita Alcázar. Rosmery, dedicada hasta hace poco a la venta de ropa americana en Villa Exaltación, es la fotógrafa, diseñadora gráfica (de la carrera de la UMSA) y “alma máter” del espacio. “Empezar de nuevo es un derecho que nadie debe negarse”, dice parafraseando a la escritora Maritere Lee.

La barista y catadora de café/té es Yésica Huanca. “Es increíble que en todas las capitales de departamento y ciudades grandes de Bolivia, todas las franquicias de cafetería tengan sucursales, excepto en El Alto. Recién una marca conocida de café colombiano ha abierto su primera tienda frente a Derechos Reales y en la calle 2 hay también un restaurante de nueva cocina pero luego nada más, ¿acaso los alteños y alteñas no sabemos consumir?”, reclama Rosmery, “Rous” para las amistades.

EMPRENDEDORES. El equipo humano que conforma Amta Café Cultural afina los detalles para este nuevo espacio de interacción en la ciudad de El Alto. Foto: Ricardo Bajo

Amta, que significa recuerdo en aymara, llega para aunar sinergias colectivas, para tejer juntos, para ofrecer alternativas culturales y creativas a toda la juventud alteña. El primer fin de semana de febrero una salida fotográfica a Isla Tortuga/Comunidad Sisasani en el lago Titicaca sobrepasó todas las expectativas y reunió a 38 personas que comenzaron a zambullirse en el mundo de la fotografía de paisaje, de retrato y de gastronomía con la ayuda de tres profesores, la propia Rosmery, Nery Mayta y Silvana Quenta.

La Biblioteca Popular “Crispín Portugal” es el “cherry” sobre la torta. El espacio ya ha recogido y recibido la donación de más de 1.500 libros y espera pronto llegar a los 5.000. La iniciativa —y el propio nombre en homenaje al escritor alteño, fallecido en 2007 y fundador de la editorial Yerba Mala Cartonera— está a cargo del literato Daniel Averanga Montiel, cuyo hermano Hugo también da una mano en la parte artística pintando murales en el interior y exterior del propio café, sito en la Avenida Juan Pablo II, muy cerca de la Fuerza Aérea Boliviana, zona Ferropetrol.

La Biblioteca Popular, que trabajará con escuelas fiscales alteñas (especialmente con los colegios periurbanos), estará abierta a todo público, prestará y también venderá libros, así como ofrecerá la chance del trueque de títulos. Actualmente está a la búsqueda de un(a) bibliotecario(a) que pueda hacerse cargo y sumarse a este colectivo de una docena de hombres y mujeres entusiastas. La invitación de la Biblioteca “Crispín Portugal Chávez” también se extiende a todos los escritores y escritoras de El Alto y La Paz junto con editoriales comerciales y sellos independientes que quieran presentar sus novedades o impartir talleres de escritura/lectura. La próxima apertura de clases de cocina creativa, un taller de audiovisuales y otro de papel artesanal vislumbran también la posibilidad de elaboración de libros cartoneros con un taller de encuadernación, ahora que la Yerba Mala Cartonera se mudó —hace años— de su cuna alteña a la ciudad de Cochabamba.

Foto: Ricardo Bajo

El editor y librero alteño Alexis Argüello, al frente de Sobras Selectas, recuerda la corta y triste vida de las bibliotecas alteñas: “Recuerdo que por los años 2001 o 2002 se trató de equipar una primera biblioteca municipal sobre la avenida 6 de Marzo, entre calles 1 y 2, por iniciativa del Consejo de la Juventud. Cosa que al final quedó en nada porque a las autoridades municipales nunca les importó tal cosa. A casi nadie, en realidad. El par de bibliotecas barriales que conozco en El Alto están dentro de las juntas de vecinos. La del barrio al que llamo mío, Santiago II, funciona muy a medias. La del barrio en que ahora viven mis padres, Villa Bolívar D, está siendo remodelada mientras los libros están no sé dónde. La biblioteca privada más importante de El Alto, la de Jhonny Fernández, ahora está en Quillacollo. Queda mucho por hacer sobre las bibliotecas privadas y barriales en El Alto, incluso sobre los lugares de venta de libros, la llamada Riel en la feria 16 de Julio o las asociaciones de libreros Tupac Katari, Rincón Cultural, Chasquis”.

Antes de que las puertas del Amta Café Cultural se abran, el espacio autogestionado ha estado funcionando para recaudar fondos con gastronomía “delivery” con todo tipo de delicias, especialmente las mermeladas caseras, especialidad de la casa. “En nuestro hogar familiar, mi mamá y todos los hermanos siempre están haciendo cosas, arrancado negocios e iniciativas, prestándose del banco para levantar proyectos. Está prohibido quedarse parada viendo tele, el café cultural y la biblioteca es algo pequeño de momento, pero confiamos en unos años tejer relaciones con otros espacios como la Wayna Tambo, el Teatro Trono y montar una telaraña de culturas vivas y comunidad para colaborarnos entre todos y todas y presentar libros, actividades, charlas, talleres… Nos falta en El Alto movernos más, innovar más”, dice Rosmery mientras acaricia al guardián y amo de todo, Don Camilo, un perro negro, celoso y peludo.

Por supuesto que el camino de la autogestión se demuestra andando y así, en modo “ayni”, las que arman los banquitos dejan unas plantitas/macetas que cuelgan de la pared; los que barnizan y pintan comen delicioso y beben chela artesanal (todo en trueque); todos y todas van detrás de una utopía: reproducir más “amta cafés culturales” por otros barrios y trabajar de cerca con la niñez de la urbe alteña.

Mientras charlamos, frente a Rosmery y Lizeth, cuatro compañeros y compañeras —Fernando Alanoca, Andrea Molina, Hugo Averanga y el joven muralista venezolano Miranda— charlan sobre arte mientras hacen un descanso en el mural que adorna la entrada del café-biblioteca. En un rato más, van a estar todos almorzando una deliciosa y humeante sopa de verduras con quinua. El Amta Café Cultural late en lo más alto de sus corazones.

Para más información, donación de libros y coordinación de actividades, busca la etiqueta #AmtaCaféCultural en las redes sociales, escribe al Facebook de Rosmery Chuquimia o contacta al celular 77207104.

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Los libros peligrosos de don Werner

/ 10 de febrero de 2021 / 00:18

Una de las primeras palabras que don Werner aprendió a leer fue heimatlos, que en alemán significa “sin hogar/ desamparado/sin patria”. Era el título de un grabado que había en su casa natal en Breslavia, actual Wroclaw (Polonia). Cuando los nazis anunciaron la quema pública de libros “judeo-marxistas” en la noche del 10 de mayo de 1933, Werner Guttentag apenas tenía 13 años pero las novelas ya incendiaban su cabeza, como El libro de la selva (el cual llegó a aprender de memoria). Todavía no sabía que su vasta cultural general iba a llegar gracias a los libros. En la primera lista negra de los volúmenes prohibidos por el III Reich —130 autores “anti alemanes” o “judíos”— estaba uno de sus escritores favoritos, Stefan Zweig.

El chango Werner comenzó a buscar el resto de libros vetados y así arribó a escritores que no correspondían a su edad como Mann, Brecht o Marx. La prohibición lograba el efecto contrario, una vez más. Guttentag recuerda en su magnética biografía escrita por el suizo/boliviano Stefan Gurtner y publicada por la editorial Kipus de Cochabamba que aquella primavera del 33 fue especialmente cálida.

Don Werner quiso ser bibliotecario, historiador, escritor famoso, poeta, librero “o algo relacionado con los libros”. Las leyes nazis impidieron que cursara una carrera universitaria y su primer anhelo se esfumó. Su venganza sería tan poética como justa y bella: vendería libros prohibidos, editaría libros censurados, escondería libros peligrosos y armaría bibliotecas secretas. No fue algo que escogió. Los libros fueron una adicción incurable acompañada por otra manía: hacía resúmenes de todo lo que leía.

La segunda vez que Guttentag vio arder páginas fue en su propia casa y a manos de su mismísima madre: por miedo a los nazis, su biblioteca clandestina quedó reducida a cenizas. Era la primera vez que caían lágrimas por su rostro, lloraba por libros que todavía no había podido leer. Werner solo pudo salvar unos pocos. Entonces el chango de 16 años —que había perdido el sentido del olfato por una enfermedad infantil— comenzó a contrabandear libros en la frontera germano-checoeslovaca, entre ellos una novela de gran influencia en los grupos antifascistas de Europa, Fontamara del italiano Ignazio Silone. Largos meses después, partía al exilio boliviano con apenas 19 años, cinco dólares, una bicicleta —su querida Mercedes—, una máquina de escribir Urania y un solo libro, El idiota de Dostoievski.

El primer volumen peligroso que consiguió en Bolivia fue escrito por un hombre con boina vasca y lentes de montura negra. Su nombre era Jesús Lara y el libro, prohibido en 1937 por ser muy crítico con la Guerra del Chaco, se llamaba Repete. Tras fundar Los Amigos del Libro en 1945, Guttentag decidió continuar la lucha a nivel literario y escogió trinchera, la de la cultura. Así comenzó a publicar, no solo a vender. El elegido volvió a ser Lara: Surumi y Yanakuna fueron los primeros títulos editados.

Pero los libros prohibidos no dejaron de perseguirlo nunca. Cuando en los años 70 llegaron a su librería los primeros ejemplares de Mi campaña con el Che de Inti Peredo y Guerrillero Inti de Lara se dio cuenta otra vez que la mejor publicidad para un libro era su prohibición. En una noche de febrero de 1972, 3.000 copias del libro de Jesús fueron incineradas por paramilitares a orillas del río Rocha a las afueras de Cochabamba.

Su postura contra la censura fue siempre valiente: “Nada debe ser prohibido, pero debe ser explicado. Siempre publiqué libros de ambos lados, para que el lector pueda formarse su propia opinión. Edité libros de Lora y también libros cercanos a la Falange. La censura es el primer paso al asesinato, es siempre un signo de debilidad”. Guttentag siempre recordaba aquella frase de Heinrich Heine: “Cuando quemas libros, terminas quemando gente”.

Don Werner publicó 1.200 libros, recibió el Cóndor de los Andes en 1986 —su mayor alegría— y fue un eterno agradecido con Bolivia. De su país de nacimiento, nunca pudo olvidar el Holocausto ni la complicidad de parte de la sociedad alemana. Heimatlos significa “sin patria/ sin hogar/desamparado”. Para Guttentag, su patria, la verdadera, fueron los libros.

     Ricardo Bajo es periodista y director de la edición boliviana del periódico mensual Le Monde Diplomatique. Twitter: @RicardoBajo

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Borda, arrancando corazones

Ricardo Bajo, periodista

Por Ricardo Bajo

/ 30 de diciembre de 2020 / 02:28

Repulsivo y escabroso a la par que atractivo y fascinante, el cuadro más potente del arte boliviano no se exhibe en ninguna galería famosa. Olvidado, está en un ambiente lúgubre de la sala de criminología del Museo y Archivo Histórico Policial de La Paz, calle Colón. Permanece ahí para que nadie lo vea, para que nadie mire de frente aquella/esta sociedad hipócrita e indolente.

Se llama Filicidio y es obra de Arturo Calixto Borda Gozálvez, ácrata y genio, que dedicó sarcásticamente su óleo a la sección de investigaciones de la propia Policía. El Toqui Borda la pintó en 1918, un año antes de su gran exposición en Buenos Aires, en plena era de la «grippe española», esa que mató a millones de personas en todo el mundo hasta que desapareció por arte de magia, sin vacuna.

Filicidio nos coloca delante de una chancha embarazada mientras devora los intestinos de un niño abandonado en un basural de la ciudad de La Paz, cerca del río Choqueyapu. A su alrededor solo vemos símbolos de muerte: alambres, un sombrero Borsalino extraviado, una herradura de la mala suerte, botellas de cerveza de la última bacanal, una calavera y un cofre, huesos, alta y baja suciedad. «Borda recrea para los paceños una sangrienta pedofilia estética, una descarnada muestra artística de las tripas de lo urbano», decía Carlos Villagómez en un Juguete Rabioso de agosto de 2005.

Borda, “demoledor zaratrústico y marxista”, como lo describiera Carlos Medinaceli, imaginó rincones y personajes paceños toscos, fiel reflejo de una ciudad conservadora y aún con resabios coloniales. El Toqui, como el Loco de su diario dispar, hizo de sí mismo un personaje —solitario, triste y perdido— que huyó de la puta realidad convirtiéndose en un marginado. Hostilidad con hostilidad se paga.

¿Pero quién es la marrana en esta ciudad de sombras? ¿Quién es la wawa? He trazado algunos bocetos: La cerda era/es en aquella pandemia olvidada la amenaza sobre un futuro incierto. El niño es/era el mero autor vilipendiado, el pobre loco que no lo parecía. Filicidio es una experiencia de dolor y destrucción, como este virus interminable. Nunca La Paz había mostrado su cara oculta de esa manera, nunca antes la oscuridad había sido atravesada por la devastación y el miedo.

Borda no estaba tan loco. “Calibán” condenó a aquella “wawa” en la pintura y don Arturo la salvó en su literatura. Leo El Loco, tomo uno: “Mi muerte estaba, pues, decretada. Pero nací. Y al instante, cual si fuera una ascua incendiaria o un vómito maldito, me arrojaron al arroyo, quizás al anochecer, ¿tal vez a la aurora? No sé. Y estuve así a la intemperie, desnudo, sin nombre, agonizando, cuando a la mañana viene una chancha preñada, hozando en el lodo hasta que me mira y se me viene satisfecha, y, hocicándome de pies a cabeza, me revuelca en el muladar, buscando dónde hincarme sus colmillos; pero en eso una mujer del pueblo que oportunamente ve el horror que está por consumarse, corre, espanta a la bestia y me salva para mi mal».

La escena es increíblemente violenta. Es una secuencia de cine gore, cuando todavía éste no se había inventado. En el siglo XVII estas cosas estaban de moda; era el barroco pleno que desgajó Rubens con Saturno aún antes que Goya pintara el Saturno devorando a su hijo. Tres siglos después, con el realismo más cruel/crudo, Borda desde La Paz retoma el mito.

Goya retrató al rey comiéndose a su pueblo o al pueblo devorándose a sí mismo. El Toqui hizo lo propio. Era su destino de héroe trágico. Vuelvo a Medinaceli: “Borda es la plenitud de una conciencia que se desnuda delante de todo el mundo, libre de todo prejuicio y sin importarle nada la befa o el escarnio de la gente ‘honesta’ que solo tiene la moral de la hipocresía”. Olvidamos lo que no queremos recordar ni a bala, lo que deseamos esconder debajo de la alfombra, por eso nadie se acuerda de las verdades del Loco, ni de sus frases, ni sus pinturas. Por eso también Filicidio está oculto en un museo que otra pandemia ha mandado a cerrar a cal y canto. Esa chancha somos todos. Leo a Borda, en Nonato Lyra (La Mariposa Mundial): “la obra de arte si puede interesar al público es únicamente a condición de ser profundamente emotiva, de corte excepcional, que tanto por su fondo y forma sacuda al espíritu, los nervios y los corazones”.

Ricardo Bajo es periodista y director de la edición boliviana del periódico mensual Le Monde Diplomatique. Twitter: @RicardoBajo

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Más de 90 ganadores de los concursos municipales 2019 son premiados

El evento se lleva a cabo en el marco de las IV Jornadas Culturales del Municipio de La Paz.

La gala de la noche del lunes en la Casa de la Cultura. Foto: Culturas La Paz

/ 15 de diciembre de 2020 / 10:38

Este martes serán premiados 42 ganadores de los concursos municipales 2019 en la Gala Cultural de las IV Jornadas Culturales del Municipio de La Paz. El evento tendrá lugar en el Teatro Municipal Alberto Saavedra Pérez a las 18.30.

Este lunes fue presentado el informe de conclusión de las jornadas culturales y fueron elegidos 55 ganadores de distintas categorías.

El VII Concurso Municipal de Máscaras Folklóricas Expresando Identidades; el VIII Concurso Municipal de Artes de los Nuevos Medios; el VIII Concurso Municipal de Historieta-Comics; el IX Concurso Municipal de Arte Popular Forjando Identidades; son algunos de los concursos.

Hoy serán galardonados 42 artistas, sumando así 97 reconocimientos. Entre algunas de las categorías de esta jornada están el XIII Concurso Municipal  de Teatro Raúl Salmón de la Barra, el XX Concurso Municipal de Fotografía Freddy Alborta, el XVII Concurso Municipal de Composición Musical Adrián Patiño y el Concurso Municipal de Video Amalia de Gallardo.

“Los certámenes municipales buscan fomentar el talento y creatividad de la población, así como poner en valor las manifestaciones culturales ancestrales, tradicionales y contemporáneas en un municipio que se caracteriza por la vigencia de su diversa identidad cultural”, indica el comunicado de la Secretaría Municipal de Culturas.

Durante la jornada, además de los espectáculos teatrales, musicales y de danza que animarán la gala, elConsejo Ciudadano Intercultural de Planificación para las Culturas y las Artes (Concipculta) 2015-2020, a cargo de Víctor Hugo Angulo, presentará su informe.

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El confinamiento por el COVID-19 fue oportunidad para crear proyectos artísticos

La artista multifacética Valeria Moeller, el músico René Ponce y la actriz Patricia García visitaron el programa cultural Piedra, Papel y Tinta, de La Razón y Extra.

Valeria Moeller y Patricia García en Piedra, Papel y Tinta, de La Razón. Foto: Rodwy Cazón

/ 11 de diciembre de 2020 / 15:02

Los artistas Patricia García, Valeria Moeller y René Ponce coincidieron en que el confinamiento causado por el COVID-19 ofreció la posibilidad de crear nuevos proyectos y que el público artístico es escaso. La conversación tuvo lugar durante el viernes cultural del programa Piedra, Papel y Tinta de La Razón y Extra.

La artista Valeria Moeller, multifacética —cabaretera, con incursión en la actuación, la fotografía y la instalación— contó, en la conversación mediada por la directora de La Razón Claudia Benavente y el periodista cultural Miguel Vargas, que llegó de México a Bolivia en octubre 2019 para producir arte en el país.

“Aprendí a trabajar sola, extrañé muchísimo el trabajo colectivo, pero eso me llevó a trabajar en un proyecto personal: una serie fotográfica. En el camino encontré al fotógrafo Cristian Eugenio, con quien continuamos el trabajo”, dijo respecto de la cuarentena.

El trabajo surge como una mirada íntima a los sentimientos ligados a la cuarentena, insistió.

Este proyecto —dijo Moeller— fue concretado y profundizado durante su estancia en la residencia artística Materia Gris, donde presentará este viernes a las 18.30, junto con la dramaturga Mary Monje, Liminal, el resultado artístico de sus meses de residencia. “Lo que voy a mostrar es un espacio, no puedo realmente llamarlo una instalación, es un lugar onírico”.

Materia Gris, ubicada en la calle Hermanos Manchego, está dirigida por María Teresa Rojas Durán. El centro es “un espacio donde se produce obra, se dialoga y se convive”, señaló Vargas.

“La situación, la pandemia, nos ha abierto posibilidades. Creo que estamos en un proceso en el que nos toca vivir el conflicto total, pero creamos nuevas herramientas para seguir trabajando que posteriormente se quedarán”, dijo la actriz y profesora de teatro en el taller Ser y Estar, Paty García.

García llevó todos sus talleres a un formato virtual. “En el momento en que llega la pandemia sentí mucha responsabilidad por mis alumnos. ¿Cómo sigue siendo un espacio formativo interesante?”, contó.

La octava edición de su taller Ser y Estar concluye el domingo, con la mentira como tema principal. “Hicimos una reflexión interesante sobre cuánto de verdad tiene el teatro”.

Público

Los artistas en Bolivia han generado un mundo creativo muy fuerte, coincidieron ambas artistas. “Me encantaría que en Bolivia aprendamos a dialogar, que hubiera espacios para escuchar y hablar, que sucedieran más diálogos. Siento que el mundo creativo boliviano es muy fuerte y poderoso”, reflexionó Moeller.

“Tenemos un problema como país: hay un universo de artistas poderosos pero no hay público. No se está generando un nuevo público y eso tiene que ver con la educación. Para el sistema educativo, no existimos”, añadió García.

El compositor y músico René Ponce, quien en el confinamiento decidió lanzar su nueva banda Experimento Ayahuasca, puso el elemento musical en el programa cultural La Razón. El grupo empezó a gestarse en 2017 y hace poco estrenó su sencillo Uchumachi, un tema dedicado al cerro en Coroico, los Yungas, La Paz.

Vea las entrevistas en la segunda y tercera partes del Piedra, Papel y Tinta.

El músico, que estará tocando este viernes a las 16.00 en el Cine Teatro 6 de Agosto junto al Grupo Urbano, también brindará clases de guitarra aplicada del 22 de diciembre al 22 de enero por Bs 150.

“En la pandemia también lancé el Proyecto Ponce junto a mi familia. Grabamos música de antaño rearmonizada”, contó.

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