Animal Político

Muchos inscritos, pocos electos

Lo eficaz no es solo ganar la elección, sino tomar la Asamblea Legislativa

La Razón (Edición Impresa) / Eduardo Leaño Román es politólogo, especialista en procesos electorales

00:00 / 22 de mayo de 2019

El desenlace final del juego electoral oscila entre quien obtiene el mejor resultado y quien consigue el peor: el que gana y los que pierden. Pero, la historia nos ha enseñado que no es suficiente vencer una elección, es necesario contar con mayoría parlamentaria. Así, el criterio último para evaluar la eficacia de los partidos políticos es la inclusión o exclusión del parlamento. En esta perspectiva, considerando las elecciones celebradas en Bolivia entre 1979 y 2014, se intenta describir la relación entre los partidos inscritos en las elecciones, los que lograron escaños parlamentarios y los excluidos del Congreso. Adicionalmente, a manera de conjetura, se hará una pequeña prospectiva respecto de las venideras elecciones generales.

Es ineludible la revisión histórica de información referida al objeto de análisis. En tal sentido, la tabla adjunta brinda los datos requeridos.

Una lectura general de dicha tabla acerca de lo que sucede en los procesos electorales, permite apreciar las siguientes tendencias: en promedio, se advierte que una elevada cantidad de partidos se inscriben en las elecciones (10,5); luego, se observa que un número importante de fuerzas políticas logran acceder al parlamento (6,6); y, al mismo tiempo, una cifra considerable de organizaciones políticas fueron excluidas de toda representación parlamentaria por no superar el número de votos necesarios para tal efecto (3,9). En otros términos, casi 4 de cada 10 partidos son aislados del Congreso, sucumben en la maraña del juego electoral y desaparecen del escenario político.

Considerando los criterios de inclusión y exclusión, es posible identificar algunas características comunes entre las elecciones. Así, las de 1979 y 1980 comparten el hecho de ser procesos electorales de transición a la democracia pero, respecto de lo que nos interesa, se distinguen por ser elecciones generosas y tolerantes: muchos fueron los incluidos en el parlamento (80,95%) y pocos los excluidos (19,05%). Una posible explicación de este hecho es la ausencia de claridad en la barrera electoral y la excelsa dispersión de la preferencia electoral. Aunque este resultado supone un elevado nivel de pluralismo democrático del que podríamos vanagloriarnos, históricamente, ha implicado afrontar la nefasta consecuencia del fantasma de la ingobernabilidad. 

Las elecciones comprendidas entre 1985 y 2002 tienen en común el ser parte de la democracia pactada; en este periodo, a diferencia de las anteriores elecciones, menos organizaciones políticas accedieron al parlamento (60,31%) y más partidos resultaron marginados (39,69%). Al parecer, dos factores explican este resultado: primero, la claridad y especificación de la barrera electoral, según la cual los partidos deben obtener un mínimo de 3% de los votos válidos para poder adjudicarse algún escaño, esta restricción ha operado como un freno para excluir a muchas organizaciones políticas; segundo, la presencia de una cantidad heterogénea de liderazgos políticos más o menos carismáticos (Víctor Paz, Hugo Banzer, Jaime Paz, Gonzalo Sánchez de Lozada, Carlos Palenque, Max Fernández y Manfred Reyes Villa) ha posibilitado una moderada concentración de los votos que compartieron cuatro o cinco partidos mientras que el resto fueron excluidos del sistema. Estos partidos políticos eludieron la amenaza de la ingobernabilidad recurriendo a la fórmula de acuerdos y pactos electorales y postelectorales.

Finalmente, en los procesos electorales de 2005 a 2014, que corresponden al Estado Plurinacional y de hegemonía del MAS, en comparación con las precedentes elecciones, se observa que una cantidad menor de fuerzas políticas (52,28%) consiguió curules y un número mayor fu asilado de toda representación parlamentaria (47,72%). El motivo de esta situación es, sin duda, la barrera electoral pero, con mayor peso, el sólido liderazgo de Evo Morales; este candidato ha posibilitado la elevada concentración de la preferencia electoral en una sola organización política (el MAS) y ha suprimido la política de pactos y alianzas. Este recorrido parece evidenciar: cada vez menos partidos acceden al Parlamento y más son los excluidos.

En las elecciones de 2019, esto es conjetura, tomando como referencia aquella tendencia general, es probable que 4 o 5 fuerzas políticas logren ingresar al Congreso, y 4 o 3 no logren representación parlamentaria y pierdan su personería jurídica. Sustentamos esta hipótesis en las últimas encuestas de intención de voto publicadas en la prensa; según dichos resultados, Evo Morales tiene como serio contendiente a Carlos Mesa y, probablemente, sus partidos concentren el 70% u 80% de la representación parlamentaria; las fuerzas políticas de Óscar Ortiz y de Félix Patzi, quizás, accedan a algunos escaños; y, el resto de las organizaciones políticas, como suele ocurrir con quienes no superan la barrera electoral, posiblemente queden excluidas de la Asamblea y pierdan su personería jurídica. Entre éstas, primero, se encuentran los partidos ligados a la época de la democracia pactada (PDC y UCS) que presentaron candidatos también ligados a aquel pasado censurado por la población (Jaime Paz y Víctor Hugo Cárdenas); segundo, el MNR, el partido más representativo de la democracia de pactos que en la “guerra del gas” terminó expulsado del gobierno, tiene como candidato a una persona desconocida para la mayoría de los electores; y, tercero, una organización política novel con una novata candidatura: PAN-BOL.

Así, como la parábola bíblica, intentamos sostener que en los procesos electorales, muchos son los partidos inscritos y pocos los elegidos.

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