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El Tapeque espera un milagro

Por falta de un espacio para desarrollar sus actividades, este particular circo apagó sus luces; el elenco lo necesita

La Razón (Edición Impresa) / Angélica Melgarejo

10:43 / 18 de septiembre de 2019

Este es un circo particular, nada convencional. Bueno, lo fue porque hace unos días apagó sus luces sin saber si podrá volver a encenderlas para montar un nuevo espectáculo, de esos creados y representados por niños y jóvenes con profunda vocación artística.   

Por segunda vez, en sus 10 años de vida, el Circo Educativo Social El Tapeque quedó prácticamente en la calle, sin un lugar donde armar la carpa y otros ambientes que servían de escuela/taller a niños y jóvenes que aman las artes. Esta carencia podría generar el cese definitivo de actividades.

Sucede que venció el plazo estipulado en el contrato de arrendamiento de una vivienda ubicada a pocos pasos de la av. Circunvalación, sobre la calle Colquiri, al norte de Cochabamba. “Los dueños de casa presionaron para que dejemos el lugar y ahora, como hace cuatro años, atravesamos otra vez la carencia de un espacio físico que nos permita trasladar el circo”, cuenta Edson Quezada, director de El Tapeque.

A fines de 2014, y tras seis años de permanecer en un predio gracias a un convenio con los vecinos, la dirigencia de la Organización Territorial de Base OTB Cantarrana los desalojó de un terreno de 180 metros cuadrados que hacía de área verde. Vanos fueron los esfuerzos por hacer prevalecer el acuerdo, en febrero de 2015 tuvieron que desarmar la carpa azul y buscar un sitio para volver a empezar.

Alquilaron el patio de una casa y El Tapeque volvió con más bríos seis meses después. Sin embargo, superada la pesadilla que significó el traslado, la historia se repite ahora y el elenco está en la calle, junto a la carpa y todos los enseres que hacen del centro educativo y social un lugar para aprender y desarrollar habilidades lúdicas, expresivas, físicas y mentales, entre otras.

“Tengo una profunda sensación de de-samparo”, se lamenta Wara Quezada, parte del elenco. “Los músicos, actrices, pintores, los artistas en general, no contamos con un espacio donde desarrollar nuestras actividades, incluso los profesionales. Me gradué del Conservatorio de Música, soy licenciada violinista, pero nunca tuve esa seguridad para desenvolverme como artista y el hecho de no tener un lugar estable, de que El Tapeque no tenga un lugar estable, es muy penoso”, agrega.

Wara creció en el circo, fue parte del colectivo artístico Educar es Fiesta que dio origen a El Tapeque y hace un año, después de graduarse, volvió a la carpa pero esta vez para enseñar todo lo aprendido.

El espacio nació en 1999 en las calles y las plazas de diversos barrios, sobre todo en inmediaciones del Cementerio General donde se incorporó a niños que ofrecían servicios en el camposanto como medio de vida. En 2005, bajo el denominativo de Circo a Puertas Abiertas, iniciaron talleres de teatro y circo para estudiantes de una unidad educativa y el 3 de abril de 2009, armaron la carpa, dando paso al Circo Educativo Social, donde presentaron varias obras con temáticas educativas, creadas por los niños y jóvenes parte del elenco.

Temas como la violencia, el medio ambiente y la sociedad moderna guiaron las piezas de teatro, entre ellas Qué onda, Principito, Planetodos, Amores, En tus manos, Recreo, Volver, Qué lata, Tapequeando, Atrapasueños y Viajeros. Pero no solo eso, la carpa sirvió también para eventos de relevancia como el Festival de Artes Integrales, el Festival Bertolt Brecht, el Festival Títeres, y el Festival Peter Travesí, entre otros.

La “carpa azul”, como la llaman, sirvió para el desarrollo de cuatro emprendimientos: el primero, la presentación de grupos teatrales en función de una agenda mensual. El segundo, el impulso de las artes circenses en niños y jóvenes. “Nos interesa formar; para quienes no sabían, el circo es excelente para el desarrollo psicomotriz de los niños, es un medio por excelencia que desarrolla todas las habilidades tanto lúdicas, como físicas y mentales”, dice Edson.

Incluso contaba con un café cultural llamado Malabar donde se ofrecían recitales musicales. Finalmente, la gente podía acudir a la carpa no solo a disfrutar de los espectáculos, el elenco, hacía obra social actuando para instituciones, participando en campañas educativas, incluso se celebraban cumpleaños donde los niños disfrutaban de otro tipo de actividades.

Valeria Gorena, otra miembro del elenco, describe todo lo que representa la carpa no solo como un lugar de trabajo, sino como un espacio creativo y recreativo donde abundaban las buenas vibras. “Es más que eso, es mi segundo hogar. En ella desarrollamos varias actividades para compartir lo que uno sabe, los niños aprendían en talleres por edades, desde los tres años hacían teatro, circo, manualidades”.

El aviso de desalojo los obligó a suspender la agenda y los talleres, que dada su característica eran de gran ayuda física, emocional e intelectual para los asistentes. “Los niños llaman, preguntan cuándo retomaremos actividades y no tenemos nada para decirles, no sabemos si habrá más”.

Para Valeria, que conoció el circo como estudiante, hace 14 años, el buscar otro sitio y no hallarlo, el no tener dónde enseñar lo que sabe a los niños, “es triste, teníamos planes, proyectos que se suspendieron porque no sabemos cuánto tiempo tardaremos en encontrar un lugar. Esto ya lo hemos pasado, es difícil, te preocupa y te tensiona”.

Ella aprendió mucho de las actividades lúdicas de El Tapeque, que la ayudaron a desarrollar varias capacidades ocultas. “Ahora soy más abierta, era una niña muy tímida, me ayudó a hablar con las personas, a hacer más amigos, a conocer gente que al final se convirtió en mi familia”, contó.

Wara cuenta que todos se movilizaron en busca de ayuda para ubicar un predio donde permanecer. “Pasaron años sirviendo a la comunidad y cuando suceden cosas como ésta, te preguntas quién nos apoya, con quién tengo que hablar para que El Tapeque sea considerado un patrimonio cultural, estamos desamparados”, dice.

Hay frustración en los jóvenes que enseñan diversas artes en este centro que una vez más tuvo que guardar todo en un depósito a la espera de ayuda. “La inclusión del arte en el desarrollo de una persona es muy vital; el circo, el teatro, la música, la danza son la verdadera revolución educativa, permiten un desempeño diferente de los niños, se estimula el aprendizaje como vía de cambio permanente”, explica Wara.

El circo apagó las luces y despidió al público. Para retomar actividades requiere de un espacio físico de mínimo 500 metros cuadrados, lo ideal serían 1.000, dice Edson, porque además de la carpa debe existir una antesala, un sitio de espera para el público, otro de recreación para los niños, un área para ofrecer alimentos, camerinos, espacios para el calentamiento de los artistas, baños. “No se trata únicamente de un lote y ya, sino de un recinto adecuado”, detalla.

La esperanza llegó pero duró poco. El alcalde suplente, Iván Tellería, pidió oficializar el pedido de un sitio para el circo y él haría las gestiones para otorgar uno, buscando la forma de sellar un acuerdo por al menos 10 años y así no ser desalojados por otra autoridad, considerando el tipo de trabajo que hacen en El Tapeque y que requiere de un tiempo prolongado de formación, pero aún no hay respuesta a la misiva enviada.

Para Edson, esta primera experiencia de educar a los niños en artes es única y requiere del apoyo del Estado.

“Alguna vez pensamos en comprar un terreno pero los espacios culturales no generan los recursos suficientes para ello; en ese sentido acudimos a las autoridades pero no para pedirles un favor, yo pienso que el favor lo hicimos nosotros en estos 10 años, bregando a pulmón para generar nuestros propios recursos a fin de sobrevivir y mantener el proyecto para servir a la comunidad. Es tiempo de que la municipalidad vuelque su mirada y diga, mínimamente, aquí está el espacio”, afirma.

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