Saturday 25 May 2024 | Actualizado a 04:28 AM

La otra máscara de Hitler

Una investigación revela la fascinación de Adolf Hitler por las llamadas ciencias ocultas

/ 6 de enero de 2013 / 04:00

Cuándo terminarán historiadores e investigadores de escudriñar la vida privada de Adolf Hitler? Probablemente nunca, porque surgen facetas poco conocidas de sus años anteriores a la captura del poder en Berlín.

Hacia ese horizonte nos conduce  Behind the Mask of Hitler (Detrás de la Máscara de Hitler) en cuyas 230 páginas Aytun Atndal, con el apoyo de incontables documentos, revela que Hitler tenía una fascinación por las ciencias ocultas, repasa sus oscuros orígenes, desde la metamorfosis de su apellido, su vida familiar, el medio en el que creció, la gente que influyó en su pensamiento y acción, y en la construcción de su singular ideología.

Pero si es fascinante el tema, también lo es el autor del libro. Aytun Atindal vive en Estambul, donde cultivé su amistad y me enteré que es la autoridad número uno en el mundo en tópicos relativos a las sociedades secretas, al ocultismo y a los anagramas. Atindal tiene 23 libros publicados, siete de los cuales están vedados en Turquía, su país. Su oposición a los gobiernos opresores y su lucha por la liberación femenina en el universo musulmán, batallas por los derechos humanos y por el secularismo, lo condujeron más de una vez a la cárcel.

Hitler parece predestinado al misterio desde su cuna natal en Waldviertel y en la cercana Brunau on-Inn, ambos caseríos conocidos en el Medioevo por ser refugio de brujas, médiums y de gente engolosinada por sus poderes sobrenaturales. Cuando comenzó su vida política escogió como cuartel general espacios boscosos como Ratensburg en la Prusia Oriental, donde emulaba al lobo, quizá por ello bautizó su guarida Wolfsschanze.

De prodigiosa memoria, su biblioteca contaba con 15 mil unidades, de las cuales 9.000 se referían al ocultismo, al esoterismo, a la alquimia y a las artes arcanas.

De talla mediana, tenía encanto por sus propias manos y sus dedos. Henrich Hoffmann, su fotógrafo personal (aquél que le presentó a Eva Braun) captó varias tomas de sus manos, cuando practicaba la onomancia.

Interpretaba sus sueños de caballos blancos con técnicas hipomaníacas, sin desdeñar otras prácticas espiritualistas como la licantropía o sea la transformación del hombre en animal, particularmente en lobo. Predecía el comportamiento de sus interlocutores asistido por la estolisomancia (el estudio de la ropa); la metopomancia, basada en las líneas de la frente; o la onicomancia, revisando las uñas.

Entre sus bizarras costumbres, se cuenta que Hitler paliaba sus crónicos dolores de estómago con 77 píldoras herbales preparadas expresamente para él por sus médicos homeópatas.

Los últimos capítulos del libro se refieren al curioso rol que cumplió el barón Rudolph von Sebottendorf, primero en Alemania como asesor de Hitler y después en Estambul, donde espiaba, escribía, fornicaba y se apegaba a la vida hasta sus 88 años, sin ser inquietado en ese país tan condescendiente con los nazis.

Temas Relacionados

Comparte y opina:

Chagall, de la guerra a la paz

Un centenar de obras de Marc Chagall se exponen en el Museo de Luxemburgo

/ 7 de abril de 2013 / 04:00

Un merecido galardón se ganaron los organizadores de la mayor retrospectiva dedicada a Marc Chagall, pintor bielorruso por nacimiento y francés por vocación. Fueron  préstamos concedidos por 21 museos y galerías de ocho países los que posibilitaron acopiar 105 óleos, tintas y carbones del maestro, para acomodarlos en los salones del Museo Luxemburgo de París.  

Distribuidas en cuatro etapas, en sus obras se puede ver su inspiración figurativa, con atisbos de cubismo y surrealismo, desde su inicio en Rusia, durante la guerra, siguiendo la efímera paz, entre los dos conflictos mundiales, su exilio en Estados Unidos y,  finalmente, el retorno a Francia, donde saboreó la gloria y pasó sus últimos días en Saint Paul de Vence, hasta su muerte a los 97 años en 1985.

Si la obra continúa maravillándonos, es también su vida que asombra por su longevidad y perseverancia. Nació en Vitebsk, donde más tarde lo sorprendió la Revolución Rusa. Se acopló  con entusiasmo a la rebelión en sus albores, para asumir la ingrata tarea de comisario regional de artes hasta 1919. Desencantado por los excesos bolcheviques, logró emigrar primero a Berlín y luego a París. Allí  consolidó  su estilo. La crítica y los mercaderes comenzaron a apreciar esa audaz espátula, cuyo éxito compartió con Bella, su primera esposa. Ambos judíos, huyeron del avance del nazismo para asentarse en Nueva York.

En 1948, liberada París, Chagall volvió a la ciudad luz y continuó remachando su peculiar escuela, con la infaltable cabra que vuela en los azules cielos o que toca el violín en la tela denominada La danza, episodio que golpea la imaginación hasta muchos años después, cuando la sulfurosa Julia Roberts exclama en alguna de sus películas, “no puede haber felicidad sin una cabra tocando el violín…..”.

Todos esos cuadros se muestran en la estupenda exposición, sin faltar las numerosas interpretaciones sobre la crucifixión y los episodios bíblicos que trasuntan su devoción hebraica. En ese campo me impresionó el carbón en papel El hombre de barba, un pequeño estudio donde resaltan los ojos de un mendigo, cuya mirada desesperada se confunde con un esbozo del judío errante cargando el thora sobre la espalda. Los enamorados en verde, un óleo sobre cartón de modesta dimensión es otro de los testimonios de su primer período en 1917, en Vitebsk, al igual que La vista de la ventana en Zaolchie (1915). En cambio, el óleo más reciente que se expone es Delante del cuadro (1968-1971), pintado en Saint Paul de Vence. Poco  antes, en 1964, Chagall estrenó el monumental fresco de 220 metros cuadrados que ahora adorna el plafón de la Opera Garnier de París. A esa altura, se calculaba que había ejecutado cerca de 10 mil obras,  mientras las subastas de arte estimaban un costo medio de seis millones de dólares por cuadro. El bielorruso produjo tanto como Picasso, pero vivió seis años más que él. Murió casi centenario en 1985.

Temas Relacionados

Comparte y opina:

Chagall, de la guerra a la paz

Un centenar de obras de Marc Chagall se exponen en el Museo de Luxemburgo

/ 7 de abril de 2013 / 04:00

Un merecido galardón se ganaron los organizadores de la mayor retrospectiva dedicada a Marc Chagall, pintor bielorruso por nacimiento y francés por vocación. Fueron  préstamos concedidos por 21 museos y galerías de ocho países los que posibilitaron acopiar 105 óleos, tintas y carbones del maestro, para acomodarlos en los salones del Museo Luxemburgo de París.  

Distribuidas en cuatro etapas, en sus obras se puede ver su inspiración figurativa, con atisbos de cubismo y surrealismo, desde su inicio en Rusia, durante la guerra, siguiendo la efímera paz, entre los dos conflictos mundiales, su exilio en Estados Unidos y,  finalmente, el retorno a Francia, donde saboreó la gloria y pasó sus últimos días en Saint Paul de Vence, hasta su muerte a los 97 años en 1985.

Si la obra continúa maravillándonos, es también su vida que asombra por su longevidad y perseverancia. Nació en Vitebsk, donde más tarde lo sorprendió la Revolución Rusa. Se acopló  con entusiasmo a la rebelión en sus albores, para asumir la ingrata tarea de comisario regional de artes hasta 1919. Desencantado por los excesos bolcheviques, logró emigrar primero a Berlín y luego a París. Allí  consolidó  su estilo. La crítica y los mercaderes comenzaron a apreciar esa audaz espátula, cuyo éxito compartió con Bella, su primera esposa. Ambos judíos, huyeron del avance del nazismo para asentarse en Nueva York.

En 1948, liberada París, Chagall volvió a la ciudad luz y continuó remachando su peculiar escuela, con la infaltable cabra que vuela en los azules cielos o que toca el violín en la tela denominada La danza, episodio que golpea la imaginación hasta muchos años después, cuando la sulfurosa Julia Roberts exclama en alguna de sus películas, “no puede haber felicidad sin una cabra tocando el violín…..”.

Todos esos cuadros se muestran en la estupenda exposición, sin faltar las numerosas interpretaciones sobre la crucifixión y los episodios bíblicos que trasuntan su devoción hebraica. En ese campo me impresionó el carbón en papel El hombre de barba, un pequeño estudio donde resaltan los ojos de un mendigo, cuya mirada desesperada se confunde con un esbozo del judío errante cargando el thora sobre la espalda. Los enamorados en verde, un óleo sobre cartón de modesta dimensión es otro de los testimonios de su primer período en 1917, en Vitebsk, al igual que La vista de la ventana en Zaolchie (1915). En cambio, el óleo más reciente que se expone es Delante del cuadro (1968-1971), pintado en Saint Paul de Vence. Poco  antes, en 1964, Chagall estrenó el monumental fresco de 220 metros cuadrados que ahora adorna el plafón de la Opera Garnier de París. A esa altura, se calculaba que había ejecutado cerca de 10 mil obras,  mientras las subastas de arte estimaban un costo medio de seis millones de dólares por cuadro. El bielorruso produjo tanto como Picasso, pero vivió seis años más que él. Murió casi centenario en 1985.

Temas Relacionados

Comparte y opina:

La otra máscara de Hitler

Una investigación revela la fascinación de Adolf Hitler por las llamadas ciencias ocultas

/ 6 de enero de 2013 / 04:00

Cuándo terminarán historiadores e investigadores de escudriñar la vida privada de Adolf Hitler? Probablemente nunca, porque surgen facetas poco conocidas de sus años anteriores a la captura del poder en Berlín.

Hacia ese horizonte nos conduce  Behind the Mask of Hitler (Detrás de la Máscara de Hitler) en cuyas 230 páginas Aytun Atndal, con el apoyo de incontables documentos, revela que Hitler tenía una fascinación por las ciencias ocultas, repasa sus oscuros orígenes, desde la metamorfosis de su apellido, su vida familiar, el medio en el que creció, la gente que influyó en su pensamiento y acción, y en la construcción de su singular ideología.

Pero si es fascinante el tema, también lo es el autor del libro. Aytun Atindal vive en Estambul, donde cultivé su amistad y me enteré que es la autoridad número uno en el mundo en tópicos relativos a las sociedades secretas, al ocultismo y a los anagramas. Atindal tiene 23 libros publicados, siete de los cuales están vedados en Turquía, su país. Su oposición a los gobiernos opresores y su lucha por la liberación femenina en el universo musulmán, batallas por los derechos humanos y por el secularismo, lo condujeron más de una vez a la cárcel.

Hitler parece predestinado al misterio desde su cuna natal en Waldviertel y en la cercana Brunau on-Inn, ambos caseríos conocidos en el Medioevo por ser refugio de brujas, médiums y de gente engolosinada por sus poderes sobrenaturales. Cuando comenzó su vida política escogió como cuartel general espacios boscosos como Ratensburg en la Prusia Oriental, donde emulaba al lobo, quizá por ello bautizó su guarida Wolfsschanze.

De prodigiosa memoria, su biblioteca contaba con 15 mil unidades, de las cuales 9.000 se referían al ocultismo, al esoterismo, a la alquimia y a las artes arcanas.

De talla mediana, tenía encanto por sus propias manos y sus dedos. Henrich Hoffmann, su fotógrafo personal (aquél que le presentó a Eva Braun) captó varias tomas de sus manos, cuando practicaba la onomancia.

Interpretaba sus sueños de caballos blancos con técnicas hipomaníacas, sin desdeñar otras prácticas espiritualistas como la licantropía o sea la transformación del hombre en animal, particularmente en lobo. Predecía el comportamiento de sus interlocutores asistido por la estolisomancia (el estudio de la ropa); la metopomancia, basada en las líneas de la frente; o la onicomancia, revisando las uñas.

Entre sus bizarras costumbres, se cuenta que Hitler paliaba sus crónicos dolores de estómago con 77 píldoras herbales preparadas expresamente para él por sus médicos homeópatas.

Los últimos capítulos del libro se refieren al curioso rol que cumplió el barón Rudolph von Sebottendorf, primero en Alemania como asesor de Hitler y después en Estambul, donde espiaba, escribía, fornicaba y se apegaba a la vida hasta sus 88 años, sin ser inquietado en ese país tan condescendiente con los nazis.

Temas Relacionados

Comparte y opina: