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Demonios familiares, glorias literarias

Colm Tóibín retrata en 'Nuevas maneras de matar a tu madre' las tortuosas relaciones de parentesco de algunos de los grandes escritores de la historia.

/ 1 de septiembre de 2013 / 04:00

Cada escritor tiene un campo donde ha enterrado sus secretos más oscuros, que no cesan de refulgir en las noches como wacas, como enterramientos indígenas que ellos saquean a su antojo. La gran literatura suele estar levantada sobre desdichas propias y ajenas.
¡Benditas infelicidades! ¡Benditos waqueros!

Uno de esos waqueros es Colm Tóibín, escritor irlandés hoy convertido en explorador de guacas ajenas. Ha rastreado los campos de los demonios tutelares de 20 grandes escritores en Nuevas maneras de matar a tu madre (Lumen). Páginas con joyas secretas de toda índole: incestos, traiciones, duelos sentimentales y económicos o amores frustrados cuyos fulgores suelen ser de tres clases: reafirmación de poder, deseo de reconocimiento y liberación de la sexualidad. “Las obras de los genios surgen de fuentes insólitas”, afirma Tóibín, autor de títulos como El faro de Blackwater, El maestro y Brooklyn. El autor desvela cómo conflictos con la madre, el padre u otros miembros de la familia influyen en la decisión de alguien a la hora de convertirse en escritor.

Hoy el recorrido es por los campos sagrados, de sagrados secretos de Jane Austen, Henry James, W. B. Yeats, Thomas Mann, Samuel Beckett, Jorge Luis Borges, Tennessee Williams, John Cheever o V. S Naipaul. El libro es un asomo a la vida y a sus semillas de autores. “Ellos son como todos nosotros. Son una muestra pequeña de cualquier familia”, aclara Tóibín, profesor de la Universidad de Columbia. Todo a través de diarios, cartas, autobiografías y biografías que conforman una especie de predio literario de El jardín de las delicias, de El Bosco.

Lo primero que aflora es que las madres fueron prácticamente desaparecidas en las novelas de los siglos XVIII y XIX. James y Austen son dos de los autores que más desconfían de ellas en la ficción, y en su reemplazo pusieron a las tías. Un personaje sustituido, hasta hoy, por la soledad del individuo y su mundo interior, porque, según Tóibín, “la mitad de tu vida eres un solitario, hay una mitad en sombra, ya no necesitas a nadie que te guíe porque ya eres libre, es la conquista de sí mismo”.

Si la madre de Borges podría ser el prototipo de mujer controladora y castradora, una decisiva en lo personal y creativo es May Roe, la madre de Beckett. El Nobel irlandés llegó a tener dos psicoanalistas con quienes buscaba el origen de todas sus sombras. Él sabe dónde está, y lo plasma en una carta de 1937, cuando su madre lo dejó solo en la casa: “Y no podría desearle nada mejor que la posibilidad de sentir lo mismo cuando no estoy. (…) soy lo que su amor salvaje ha hecho de mí, y está bien que uno de los dos lo acepte por fin. (…) Sencillamente no quiero verla ni escribirle ni saber de ella”.

Los padres también pueden ser demonios iluminadores. Algunos autores surgen o se hacen fuertes gracias al duelo sostenido con aquellos que un día quisieron ser escritores pero fracasaron. Es el caso de lo vivido por James, Borges, Yeats y Naipaul. Tenían padres que nunca acababan las cosas y, tal vez, precisamente lo que lleva a que sus hijos fueran perfeccionistas.

Si los hermanos James, Henry y William, cometieron el parricidio literario enmascarado de generosidad al publicar el libro de su padre que no valía nada, el protagonizado por W. B. Yeats es un duelo de novela.

En una carta, John, el padre, le dice a su hijo William Butler: “Nunca eres más feliz ni son más oportunas tus palabras que cuando en la conversación describes la vida y haces comentarios sobre ella. Pero cuando escribes poesía es como si te pusieras el frac, por así decirlo, y te obcecaras y olvidaras qué resulta vulgar en un hombre con frac”. Luego le pedía opinión a su hijo, ya famoso, sobre un libro suyo, y éste le responde con silencio e indiferencia. Y, poco a poco, se produce el asesinato más humillante: “El anciano es como un niño, todo inocencia con su orgullo y su esperanza, y el hijo se muestra distante, endiosado y todopoderoso, dispuesto a ignorar, criticar y machacar discretamente. El hijo es frío y despiadado; el anciano está desesperado por que lo asesinen. Es como si Edipo, Herodes y alguna tercera fuerza salida del oscuro laboratorio de Freud se hubiesen unido”.

Ser insensibles con los tuyos para crear sensibilidad en sus obras parece la premisa. “A veces”, reconoce Tóibín, “ser escritor es como ser un niño con un lápiz. Juegas con fuego, con la vida de otros, pero más importante porque lo haces con los sueños de tu vida, y si conocen un secreto familiar que les pueda servir para la obra eso es como el diablo”. Otros como Cheever muestran su vida emocional cotidiana porque “su obra es la sombra de su vida, o con más vida, destilada, y malogran a su familia”.

Aunque el ejemplo por antonomasia es el de la familia Mann. Un ecosistema único: el padre, Thomas, poderoso dentro y fuera de casa con un secreto inspirador: su homosexualidad; la madre, Katia, que quiere rodearlo todo; la hija mayor, Erika, favorita del padre, escritora, homosexual, y quien veló por él sus últimos años; el segundo hijo, Klaus, el favorito de mamá y quien despertó en el padre una atracción sexual y se haría escritor con obras clave como Mephisto, de quien se decía que tuvo relaciones con su hermana Erika, y que al final se suicidó; luego están Golo (homosexual), Monika y Michael, que también se suicidó. Son sólo hebras de luz en una familia de miembros muy talentosos, pero como recuerda Tóibín, citando un pasaje de Muerte en Venecia, de Mann: “Es, sin duda, positivo que el mundo sólo conozca la obra bella y no sus orígenes”.

Escondan las wacas lo que sea, con enterramientos de los tesoros más oscuros, secretos y preciados de dolores familiares, y escondan sus fulgores los verdaderos motivos de los escritores, para Tóibín, “la imaginación es más grande que la familia y el mundo, porque los genios ven lo que los demás no vemos”.

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Una breve historia de la revista boliviana ‘El Chaski’

La escritora Mariana Ruíz habla de los momentos más importantes de la publicación infantil.

Por Adrián Paredes

/ 24 de febrero de 2021 / 13:24

Todo empezó en el Centro Cultural y Pedagógico de Portales en Cochabamba, en 1983, cuenta la escritora Mariana Ruíz Romero, autora de la investigación Historia de la revista infantil El Chaski, donde analiza la importancia, tanto del formato como de la revista misma, a lo largo de los años.

“Es la primera revista en Bolivia que se abre a dos bandas: la primera es hablar a los niños y la segunda es dejar que ellos se expresen”, dijo Ruíz en contacto con La Razón.

Sus creadores son Elisabeth Hüttermann, Jesús Pérez y Rosalba Guzmán junto a un equipo de escritores e ilustradores que cada mes la preparaban y publicaban.

Los primeros años

La historieta ‘Los rebeldes’ escrita por Rosalba Guzmán y con dibujos de Jesús Pérez fue la primera historieta hecha pensando en los niños bolivianos.

Para Ruiz, la revista debe mucho de su importancia al impulso que le dio el diario Los Tiempos al distribuir gratuitamente el suplemento La Yapa, lleno de historias importantes, cuentos bolivianos y de la literatura universal como El príncipe feliz de Óscar Wilde.

El tiraje de la revista llegó a ser de 9.000 ejemplares y su suplemento llegó a los 28.000 en los ochenta, en plena crisis económica del gobierno de la Unión Democrática y Popular (UDP).

En 1987, bajo el amparo de editorial La Luciérnaga, dirigida por Hüttermann, nace en sus páginas la historieta Los rebeldes, con guión de Rosalba Guzmán y dibujo de Jesús Pérez, una de las instancias de este genero dedicada a representar a los niños del país.

Ese mismo año, gracias a un decreto ministerial, El Chaski es declarado texto oficial escolar.

Un legado conservado digitalmente

Una de las portadas de la revista cuando Manuel Vargas asume el control editorial.

En 1990, la revista ahora propiedad exclusiva de editorial La Luciérnaga, obtiene la Gran Orden Boliviana de la Educación en el Grado de Comendador.

Tras llegar a los 100 números ingresaron más colaboradores importantes como Joaquín Hinojosa, Graciela Neira, Juan Carlos Parra y Manuel Vargas. Este último fue, según la investigadora, el principal impulsor de la revista, quien la llevó más lejos.

“Manuel llegó a conseguir financiamiento para viajar en lo que fuese: canoa, camión, carretón, a distintas partes del país y entrevistar en el idioma original a los niños”, aclara la escritora.

“Manuel Vargas, junto con Rosalba Guzmán, son héroes por seguir, frente a toda dificultad, produciendo contenido para niños”, añade Ruiz, presidenta de la Academia Boliviana de Literatura Infantil y Juvenil.

En 1992 la editorial se muda a La Paz donde opera por tres años.

Su fin llega debido a que la Reforma Educativa lo cambió todo, incluso el financiamiento que permitía un trabajo profesional.

Hoy su legado será conservado digitalmente en el sitio web www.elchaskisiguecorriendo.org.

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Del trazo al píxel, la revista Chaski sigue corriendo

Un proyecto independiente reunió todos los números de la revista infantil en un solo sitio web.

Por Adrián Paredes

/ 24 de febrero de 2021 / 13:22

El sitio web El Chaski sigue corriendo se estrenó el pasado jueves 18 de febrero con la misión de traer de manera digital y gratuita los contenidos de la revista infantil que marcó época, publicada por primera vez hace 38 años.

Entre 1983 y 2000 se publicaron 144 ediciones del Chaski, revista creada para educar y darle voz a niños y niñas de manera entretenida. A lo largo de los años, la publicación contó con cuentos, recetas, cómics, manualidades y cartas de sus jóvenes lectores.

En 2014, Cecilia Vlahovic Mendoza, diseñadora gráfica que había crecido leyendo la revista, notó que esta, de alguna forma, estaba desapareciendo de la memoria. Por ello emprendió una iniciativa, el proyecto Del trazo al pixel, El Chaski sigue corriendo, del cual es directora y productora ejecutiva.

En su actual etapa, el proyecto presentó una página web que incluye todos los números del Chaski, además de material audiovisual producido por editorial La Luciérnaga, responsable de la publicación de la revista desde 1986.

La parte más difícil

Mural de la iniciativa en Cochabamba

Si bien esta etapa cuenta con el apoyo financiero de la Fundación Simón I. Patiño y Save The Children, Vlahovic comenzó el proyecto sin financiamientos ni ganancias, enfocada en la tarea que resultó la parte más difícil de todo el proyecto: conseguir todos los números del Chaski para poder digitalizarlos y restaurarlos.

“Uno de los ilustradores, Juan Carlos Parra, entusiasmado con la perspectiva de que El Chaski no se pierda, me pasó varios números de su colección digitalizada, dijo Vlahovic en contacto con La Razón.

El resto tuvo que ir buscándolos en bibliotecas, mercados y colecciones personales.

El siguiente paso fue escanear más de 3400 páginas para editarlas en un programa con el que Vlahovic pudo restaurar los contenidos para que sean legibles.

Sea por el descuido de sus dueños previos o por el paso del tiempo, muchas de las revistas terminaron con manchas, arrugas o garabatos. Al reconstruirlas logró que sus versiones digitales parecieran como nuevas, pero sin quitarle su característica visual de revista de antaño.

“No podía tomarme la atribución de corregir errores de origen, como cuando se corrían las lacas de impresión, un error común en cualquier impresión de esos años”.

La directora del proyecto admira el proceso casi artesanal con que se hacía la revista, además de una diagramación pensada para los niños.

La búsqueda de apoyo

Cecilia Vlahovic, directora de El Chaski Sigue Corriendo

Los resultados del esfuerzo de Cecilia Vlahovic pueden verse en la web www.elchaskisiguecorriendo.org, desde cualquier dispositivo.

“En la pandemia profesoras me buscaban para preguntarme si tenía textos del Chaski. Me mandaban sus planes anuales y la mayoría de lo que necesitaban estaba en la revista,”

Para continuar, el proyecto está en busca de patrocinadores que deseen ayudar a perpetuar los contenidos de una revista que fue importante en la niñez de varios adultos y que todavía son útiles y relevantes en el mundo, pese a haber sido redactados hace más de 30 años.

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Lorgio Vaca rinde homenaje a Gil Imaná en el día de su entierro

'Una espina se me clavó en el corazón', dice el pintor y muralista en su despedida a su compañero en el colectivo de artistas Grupo Anteo.

/ 31 de enero de 2021 / 11:10

Las exequias del icónico pintor y muralista Gil Imaná se llevarán a cabo este domingo 31 de enero, de 10.00 a 17.00. Será un homenaje artista plástico, quien falleció el pasado 28 de enero a los 87 años por complicaciones con la diabetes, enfermedad que lo aquejaba hacia años.

La reunión será en la Sala Eternidad de la Casa de Velación Santa María, ubicada en la avenida Mario Mercado, frente al sector Azucenas.

En honor a su compañero, con quien fundó el célebre Grupo Anteo, el pintor y muralista Lorgio Vaca compartió con La Razón unas palabras de homenaje a su hermano del alma, escritas el día de su fallecimiento.

Celebracion de la vida de Gil Imaná

A las 8.11 de la mañana de hoy, Cergio Prudencio me reenvió solidario, a Santa Cruz este mensaje: «Querido Cergio, esta madrugada nos ha dejado el Maestro Gil Imaná. Ya está con su amada Inés, de camino a lo eterno”.

Una espina se me clavó en el corazon y me quedé mudo. Minutos después se me acerca Malenita, mi hija, que al verme tan acongojado me abraza y me dice: “Comprendo que es para ti muy dura esta noticia. Pero recuerda los años juveniles que pasaron juntos, recuerda las cosas hermosas que Gil nos deja a todos, junto con su amada Inés y los queridos amigos del prolífico Grupo Anteo. Creo que lo que corresponde es, más bien, celebrar la hermosa vida de Gil e Inés y el  patrimonio espiritual y material  con que enriquecen la vida de los bolivianos y la de todos los que en el futuro tendrán la oportunidad de contemplarlo».

Entonces pensé que sería mucho mas apropiado regocijarnos de la trayectoria de un artista que se mantuvo libre y fiel al mandato profundo de sus raíces, en un mundo enfermo de ideales mezquinos y deslumbrantes y falsas promesas.

Regocijarnos, además, porque buscó y encontró el amor de su pueblo y algunos gobernantes supieron reconocer su obra y premiarla dentro del ámbito de la Patria Grande, como en otras partes del mundo donde fue genuinamente apreciada.

Celebrar además, porque Gil e Inés donaron a su pueblo humilde, a través de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia, el generoso legado de su obra, que cumplirá su destino de deleitar y orientar a nuestros jóvenes y a futuras generaciones.

Personalmente, debo mucho a mis amigos del Grupo Anteo, el ámbito donde discutimos sinceramente las ideas, acciones e ideales que guiarían nuestra vida. Éramos un grupo interdisciplinario y militante y fue la base de nuestro aprendizaje de toda la vida.

Acuden a mi memoria los grandes artistas, amigos y hermanos, ahora ausentes: Gil y Jorge Imaná Garrón, Walter Solón Romero, el Educador César Chávez Taborga,  ejemplar amigo y consejero que me albergó en su casa la mayor parte de mi estadía en Sucre. También el gran poeta Eliodoro Ayllón Terán, dirigente sindical y digno hijo de un zapatero; el profesor Gastón Vilar, alma y director del glorioso colegio Junín, en cuyo Salón de Honor Walter Solón Romero ejecutó el gran mural de la testera; nuestro querido Hugo Poppe, a la sazón director del colegio nocturno Padilla, donde Jorge Imaná y yo pintamos conjuntamente el mural Educación para la Paz y la libertad, con presupuestos de profesores y alumnos. Murales feliz y celosamente conservados.

Izquierda: mural obra de Jorge Imaná; centro, mural obra de Gil Imaná; derecha, mural obra Lorgio Vaca.

Fueron años de intenso trabajo que intercalamos con charlas, conferencias y exposiciones en sindicatos y en los centros mineros, además de la gran exposición colectiva del grupo, auspiciada por la Federación de obreros ferroviarios que  llevamos a La Paz, Oruro, Cochabamba, Sucre y Potosí, pues aún nos falta una conexión ferroviaria a Santa Cruz.

Esta serie de muestras sería el preámbulo de la gran gira por ciudades de la Patria Grande que emprendimos Gil y yo, llevando una exposición colectiva del Grupo que desarrolló actividades en las ciudades del Cuzco y Lima, en Perú; en seguida en Quito y Ambato en Ecuador; Bogotá en Colombia y, finalmente, luego de aproximadamente seis meses de periplo, Caracas.

Venezuela, que acababa de derrocar la dictadura de Pérez Jiménez, había instalado en un ambiente libertario y reformista  que recibió con mucha simpatía la exposición pictórica de estos bolivianos, invitándonos a Gil Imaná y a mi a sumarnos al esfuerzo  del país hermano, participando junto a un  equipo de artistas venezolanos —encabezado por los beneméritos artistas César Rengifo y Régulo Pérez— a la creación y organización de la Escuela Superior de Bellas Artes de la Universidad del Estado de Mérida; tarea que fue asumida con pasión y reflexión por este equipo, en el que las experiencias del Grupo Anteo fueron de mucha utilidad.

Luego de más de un año de actividad fundacional y considerando nuestra tarea cumplida en la patria del Libertador, volvimos enriquecidos por estas experiencias, a desarrollar en nuestro país nuestra labor de artistas libres y comprometidos, convencidos de que el aprendizaje es permanente.

Deseo respetuosamente en esta oportunidad, compartir  mi sentimiento con Verónica Córdova, amada sobrina de Gil y a través de su persona, con las familias de Gil e Inés y los muchos amigos que tuvimos la suerte de compartir la atención y solidaridad de este  inolvidable ser humano.

Lorgio Vaca

Santa Cruz, 28 de Enero de 2021

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‘Sirena’, perdidos entre las texturas de una isla

Una reseña del filme de Carlos Piñeiro que se estrena virtualmente este 14 de enero y en salas el 21 de enero

Por Adrián Paredes

/ 14 de enero de 2021 / 11:05

En Sirena, el largometraje dirigido por Carlos Piñeiro, hay pocas palabras. Este no es un filme que dependa de ellas, pues sus secretos están a la espera de ojos y oídos bien abiertos.

Es 1984 y cuatro hombres llegan a una isla para recuperar el cadáver de un conocido, fallecido en circunstancias misteriosas. Una vez allí, entre barreras idiomáticas y culturales, los protagonistas buscarán la forma de salir de esta isla rápido y a como de lugar.

Sirena tiene una espera de un terror mitológico que nunca llega. El título predispone al público a una búsqueda de un ser mágico, mientras que la película en sí se encarga de crear una atmósfera envolvente en la que vagan perdidos los personajes.

Piñeiro, con la ayuda de su director de fotografía Marcelo Villegas, toma al lago Titicaca y lo muestra bajo un lente cinematográfico espectacular. El trabajo de cámaras en este filme es simplemente maravilloso. Entre las varias perspectivas, tomas aéreas y planos detalle, la isla misteriosa que recorren los personajes es una protagonista, incluso más presente que los mismos actores.

A lo largo de la película, entre los soplidos del viento, las voces en español y en aymara perdiéndose en la lejanía y el rumor de las olas del lago, sentiremos que nosotros también nos perdemos en la textura de tierra, piedra, árboles y agua. Los acercamientos de la cámara lo permiten, nos convierten en observadores privilegiados.

Como ya mostró en sus cortos Martes de challa (2008) y Plato paceño (2013), Piñeiro es un cineasta que le da mayor importancia a la forma cinematográfica, por encima del guion.

Esta tendencia continúa en Sirena, donde se nota que hay una trama llena de historia. Pero, justamente, los detalles de esta historia escrita por el fotógrafo Diego Loayza y Juan Pablo Piñeiro, autor de la genial novela Mandibuyepe, se pierden en esta tendencia cinematográfica.

Ese afán es lo único que se le puede reprochar a la película, pues la historia no queda tan clara. Sin embargo, es también parte de su encanto. Hay un misterio que nuestra imaginación puede hacer más grande o más chico. Nuestra compresión depende de cuánta atención prestan nuestros sentidos.

Con buenas actuaciones y una excelente postproducción, Sirena es una experiencia sensorial y misteriosa que augura un gran futuro para su director.

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Maradona y la muerte de dios

La crítica de teatro y periodista argentina Natasha Ivannova comparte la vivencia en Argentina de diferentes sectores en relación a la muerte del ídolo del fútbol

Pintura en La Boca - Buenos Aires. Foto: Diego Torres Silvestre - wikimedia.org

/ 13 de diciembre de 2020 / 17:04

Hace algunos años se agudizó lo que en Argentina se conoce como ‘’la grieta’’, la discordia entre ricos y pobres o —más bien— entre la ideología de derecha y la de izquierda, entre otras cosas por la fuerza que cobraron los medios de comunicación masivos y la tecnología en general, a través de software, trolls y bots en sitios de internet y redes sociales.

Esto fue una tendencia mundial pero en los países subdesarrollados la violencia se acentúa por las circunstancias de carencia, el endeble pensamiento crítico de algunos sectores de la sociedad y el uso y abuso de esto último por los intereses implicados, dando lugar a fake news y todo tipo de encasillamientos violentos de uno y otro bando. Hoy, en una guerra tácita, mucha disputa pasa por los contenidos y la puja voraz para quedarse con el visto bueno de los ciudadanos que conforman una mayoría de votantes y de consumidores. Pero cuáles son los intereses de las ‘’mayorías’’ hoy? Qué conforma la cultura e identidad de una nación en un mundo globalizado?

La identidad argentina ‘’for export’’ y el ‘’crisol de razas’’

Todos los argentinos que nacimos en los años ‘70 recordamos que cuando viajábamos nos sucedía algo particular en relación al nombre del jugador de fútbol, Diego Armando Maradona: cuando respondíamos a la pregunta ‘’de dónde éramos’’, nos replicaban la siguiente ecuación: ‘’Argentina = Maradona’’. Para muchos de nuestros padres esto no era divertido porque mostraba que el fútbol era lo único que se conocía de nuestro país en el mundo. Y así fue como, de hecho en otro país, yo me enteré de que eso era el apellido de un futbolista. Tendría unos ocho años y más tarde tendría que terminar de averiguar también qué era el fútbol. 

Yo era una niña y como muchos argentinos, en esta nación definida a menudo como ‘’crisol de razas’’, era hija de una madre argentina y, a falta de uno, en mi caso de ‘’dos’’ padres extranjeros, al ser uno el de sangre y el otro con quien me crié. El primero era un español enamorado de América Latina y Argentina que renunció a la ciudadanía española para naturalizarse por opción. Abogado y peronista, con una fuerte vocación de servicio social, luego de que el gobierno de facto le sustrajera el cargo de juez, se fue a la selva a trabajar por los pueblos originarios y ‘’la patria grande’’. Podría no haber tenido el menor interés por los deportes pero lo tenía con creces, creo un importante club y decenas de torneos. Le gustaban la natación y el deporte de pelota a paleta —o tenis criollo— y el frontón. Y por otro lado el ajedrez. No jugaba ni miraba fútbol televisado. 

Por su parte, el padre que me crió era un militante internacional de izquierda nacido en Bolivia, que vivió en ese país y nueve más, lo que incluye Uruguay, Cuba, EE.UU., Chile, Brasil, Venezuela, Colombia, Argentina y Ecuador. Había estudiado matemáticas y era un experto en informática, un trosko amante del buen whisky y los puros cubanos, que hablaba ocho idiomas, incluido un perfecto ruso. En su juventud practicó natación y judo, tampoco jugaba ni miraba fútbol televisado. 

Como es claro, ni mi padre peronista ni el trotskista eran de clase alta, pertenecían al grupo social que por esos tiempos se definía como de los ‘’intelectuales’’, que si bien era una minoría en relación a la totalidad de habitantes, no era una minoría pequeña, conformando buena parte de la clase media. No porque para ellos estuviera mal ni porque fueran ricos, simplemente por tener otros intereses, ni ellos ni sus amigos jugaban o miraban fútbol. Y así yo, la mayor de dos hermanas, crecí sin que me rodeara nada relacionado a este deporte. 

Naturalmente no fui la única y, en efecto, una amplia porción de mis colegas directores y actores teatrales no tenían interés en el fútbol, cosa que expresaban abiertamente, ensañándose especialmente con los partidos de los domingos que complicaban el público de las obras que corrían ese día. Al menos así había sido hasta el miércoles 25 de noviembre de 2020, día en el que sus gustos e intereses parecieron haber cambiado.

 

La muerte de Dios

Algo sucedió ese miércoles en Argentina, cuando falleció Diego Armando Maradona. El país se tiñó de negro pero no en mero luto por el exfutbolista, sino en una especie de extraña guerra civil de contenidos, que con el velatorio oficial del cuerpo en Casa Rosada casi se traslada al espacio físico. Intolerancia, odio de clases y autoritarismo: la muerte de Maradona había sido tomada como bandera ideológica ‘’del pueblo’’ en contra de ‘’los ricos’’ pero en donde ‘’los ricos’’ en un fanatismo ciego que yo jamás había visto, eran cualquier persona a la que no le interesara el fútbol, porque el fútbol era el deporte ‘’del pueblo’’.

Con casi la totalidad de comunicadores, artistas y gestores culturales a favor, la ecuación era esta y solo esta y nada que pudiera asemejarse al pensamiento crítico tuvo lugar por los próximos tres días. Todo aquel que no homenajeara al jugador corría peligro de recibir un carpetazo (concepto de inteligencia por el que se investiga a una persona con el objeto de encontrar errores de su pasado para utilizarlos en su contra) y se generó una escisión en el feminismo al aparecer un colectivo para el cual, aparentemente, si se trata de alguien por quien se siente ‘’pasión’’ se perdona el comportamiento machista, de abuso de menores y el maltrato de género. Desde las redes sociales se imponía hacer ‘’silencio’’ a quienes no hablaran a favor de Maradona y así, ante semejante movimiento social no era posible siquiera opinar, porque ese movimiento pertenecía a las mayorías, las minorías ya no tenían voz. Y por esos días, sí que se dio la muerte de todo Dios en Argentina.

El deporte ‘’del pueblo’’. El derecho a la identidad

Los que por distintas razones no estaban pregnados de esta especie de ira sentimental, intentaban aclarar que ‘’Maradona’’ no era Dios, que además de machista fue un adicto grave y que no era ningún ejemplo a seguir, lo que generó una indignación en los fanáticos del jugador que aludían a que también había habido otros ídolos que no eran ‘’perfectos’’. Pero la cuestión no era la imperfección de Maradona, no se trataba de despojar de su dios a nadie sino de rechazar la imposición de que fuera el dios de todos. Desde el alma de nuestra constitución, incluso si una práctica religiosa pertenece a la mayoría se debe respetar a las minorías, sin excepción y por eso el estado no puede disponer de los bienes y el tiempo común en la práctica de un único credo.

Por otro lado, los colectivos con sus gustos e intereses, no se pueden adjudicar el mote de ‘’pueblo’’. Ni las empresas o políticos que buscan englobar y etiquetar los intereses de la ‘’mayoría’’ de los votantes y consumidores para ofrecerles productos y servicios, como los canales de televisión, que se relamían transmitiendo historias sensibleras sobre el futbolista con el objeto de conmover al telespectador para pasarles publicidades en los intervalos. Doña Rosa, a quien no le interesa el fútbol pero le gusta la cocina, pertenece al pueblo. Don Luis, que ama las bochas y nunca le gustó el fútbol, pertenece al pueblo. Nazarena, que no practica ni mira fútbol y vino desde Salta con una beca a Buenos Aires para dedicarse al karate, pertenece al pueblo. Y también pertenece Federico, parte del colectivo LGTB, a quien personalmente el fútbol le parece agresivo y es bailarín de ballet. El ‘’pueblo’’ son todas las ideologías, todos los deportes y todas las artes.

El movimiento de masas. La historia de la humanidad

En todo caso parece importante recordar el arrastre centrífugo que es capaz de lograr una mayoría ardiente y fervorosa convencida de que pelea por ‘’el bien de la humanidad y la justicia’’ no importando si esa ‘’justicia’’ se logra acallando al que piensa diferente, avalando maltratadores de nuestro propio bando o asesinando opositores como los dictadores a lo largo de toda la historia, en tanto haya un sentimiento nacionalista de unión y pertenencia. Porque si entendemos este modo de operar en la emoción humana, quizás podamos perdonarnos por tantas atrocidades que cometimos en pos de este ‘’sentimiento’’. O quizás tengamos todavía que aprender a frenar y reflexionar, con frenos más potentes y reflexiones con pensamiento más crítico, con el objetivo de que si hay una deidad en nuestras vidas, no se nos muera con cada fallecimiento de un jugador de fútbol, básquet o judo.

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