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El cineasta ‘maldito’

José Mojica Marins es el creador del oscuro y tétrico ‘’Drácula sudamericano’

/ 8 de diciembre de 2013 / 04:00

José Mojica Marins es uno de esos cineastas a los que califican de creadores malditos. El brasileño apostó por realizar películas de terror, lo que lo catapultó como uno de los exponentes más importantes de este género con el oscuro personaje Zé do Caixao.

Calificado como el anticristo del cine sudamericano, nació un viernes 13 de marzo de 1936 en Sao Paulo.

Pasó la mitad de su infancia dentro de una sala de cine, donde su padre fungía de gerente y su madre era la encargada de la tienda de dulces.

La labor de sus progenitores y su infancia ligada al séptimo arte, le hicieron concebir su futuro profesional como director de cine.

Vestido siempre de negro, con una capa larga, sombrero de copa y las uñas de las manos muy largas, —similar al personaje de cómics Mandraque— Mojica creó y encarnó a Zé do Caixao en todos sus filmes.

La formación tradicional nunca le cuadró del todo, por ello optó por filmar de manera empírica y crear mundos surrealistas del terror.

En principio su arte no era bien recibido por sectores tradicionales del cine, pero su constancia y talento lo hicieron despegar a la fama.

Fiel admirador de Luis Buñuel y declarado apasionado de lo oscuro, tétrico y del gore —tipo de cine centrado en la violencia gráfica— Mojica filmó películas en formato 8 milímetros con recursos bastante limitados, pero con mucho entusiasmo.

Una vida austera, aunque prolífica fue la que llevó Mojica Marins porque los recursos que generaba con la exposición de una película, eran inmediatamente reinvertidos en un siguiente proyecto cinematográfico.

La sangre, la violencia, el suspenso, la oscuridad, el placer y la locura son algunos elementos que adornan los guiones de este cineasta, que por su contenido fueron censuradas y hoy son obras de culto.

En Brasil, el oscuro personaje Zé do Caixao fue tan relevante que Mojica aceptó que se hicieran canciones, homenajes y hasta historietas del llamado ‘Drácula sudamericano’.

Entre sus películas, desde que empezó a filmar en 1960, destacan: Encarnación del demonio, Adolescencia en trance, Exorcismo negro, Mundo-mercado de sexo, El hijo del sexo explícito, El vampiro de la cinemateca, Perversión, Esta noche yo poseeré tu cuerpo, El fin del hombre, entre otras más.

Mojica fue excomulgado por la  Iglesia Católica por el contenido de sus filmes, sin embargo esta situación no lo frenó para seguir haciendo cine.

El pasado noviembre, el cineasta fue el invitado especial y homenajeado del Festival de Cine Pachamama-Cinema de la Fronteira en Río Branco, Brasil, donde se exhibieron sus películas y compartió con sus seguidores.

Enfundado en su atuendo lúgubre de Zé do Caixao, con las uñas afiladas de los pulgares y acompañado de un escenario tétrico; el director brasileño fue reconocido como un de los exponentes más importantes de terror tanto en Brasil como en América Latina.

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‘Hay que revolucionar la forma de mirar a las cholas’

Valeria Salinas, ganadora del concurso Miradas Jóvenes, habla de su investigación sobre la alta moda chola

/ 5 de enero de 2014 / 04:00

Lo que en realidad hace chola a una chola es su vestir”, explica Valeria Salinas Maceda, ganadora del XII Concurso Municipal de Investigación Cultural Nuestra Historia Desde Miradas Jóvenes, convocado por la Oficialía Mayor de Culturas del Gobierno Municipal de La Paz.

Salinas realizó la investigación: Chola paceña, ícono de la moda, próxima a publicarse. En ella muestra a la chola moderna insertada en la sociedad de consumo, preocupada por lo que lleva puesto e incluso víctima del fashionismo (estar a la moda y cuidar los detalles y estilos de la ropa).

“La vestimenta es un factor sumamente importante y condiciona la personalidad de la chola; desde inicios del siglo XXI en La Paz empieza a existir una industria de la moda de la chola, que va en crecimiento”, dice la investigadora, quien estudió en España un posgrado en Desarrollo Rural.

Salinas, durante el trabajo de campo que desarrolló para su investigación, encontró un mundo fashion donde la coquetería y glamour sobrepasan lo pensado. “Quizá mucha gente no conozca y no tenga conciencia de que tenemos una industria de la alta moda y fashionismo que gira en torno la chola y su elegancia”.

Salinas señala que hizo un recorrido histórico desde el origen de la vestimenta de las cholas. “En el siglo XVIII hubo una revuelta indígena contra los españoles orquestada por un inca, para refrenar estos aires subversivos los españoles decidieron imponer el atuendo —de los chulos y chulas, ayudantes de los toreros— con la intención de quebrar cualquier ligazón de los indígenas con el imperio incaico”.

Pero nadie sospechó que la imposición de la falda larga, la mantilla y los zapatos planos tendría una evolución al grado de entrar en los parámetros del fashionismo.

“La chola fue y es muy inteligente porque pudo cargar el pesar de vestir con algo que no le gustaba; pero, en realidad, se empoderó del atuendo y lo moldeó a su gusto”.

El bordado, los adornos y los colores son esenciales. Valeria cita ejemplos de lo más in (de moda) en la ropa que se usa para los acontecimientos sociales: bautizos, matrimonios, prestes, donde este tipo de galas son sinónimo de poder económico y triunfo.

“El año pasado estuvo de moda la figura del conejito de Play Boy y el encaje en las blusas, el segundo elemento ha sido una constante en la alta pasarela internacional con diseñadores de la talla de Dior e Yves Saint Laurent”, sostiene.

Y es que la globalización no pasa desaperciba por el olfato fashionista de las mujeres de pollera.

 “No hay mujer como ella, que al mirarla encanta, no le gusta pasar desapercibida. Hay que revolucionar la forma de mirar a la chola”.
La investigación de Salinas se enfoca en el análisis de la vestimenta de la chola. Detecta en ella vanguardia, estilo, buen gusto y una industria de ropa que necesita reconocimiento y que mueve mucho dinero.

“El bordado, los adornos y los colores son esenciales en la moda, así como los accesorios, zapatos, sombreros, joyas, maquillaje y la peluquería”, dice la investigadora de 25 años.

Salinas menciona que la entrada del Gran Poder es la pasarela más importante de las galas cholas. “Es un escenario para ver lo ostentoso y la alta moda de este género”.

“Ellas no repiten ropa; lo que se usa una vez se descarta. Invierten mucho dinero en exclusividad”.

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El cantante histriónico y atrevido

Adán Jodorowsky conjuga en sus discos y shows sonidos, voz y la creación de personajes

/ 22 de diciembre de 2013 / 04:00

Bajo el pseudónimo de Adanowsky, Adán Jodorowsky sigue la línea multifacética de su padre, el chileno psicomago, artista y cineasta Alejandro Jodorowsky; pero no es de aquellos que deja que la sombra de su afamado progenitor pese sobre él.

Músico, intérprete, compositor, comediante y actor a sus 34 años, el hijo menor de Alejandro y protagonista frecuente de sus diversos filmes, ya tiene tres discos como solista: Étoile Éternelle, El ídolo y Amador.

Su historia empezó cuando era un niño fanático de Elvis Presley y de Little Richard, escuchaba los vinilos de su madre y también admiraba el surrealismo y las películas mudas.

Adán comenzó siendo bajista en una banda de Punk (The Hellboys), tenía 16 años y vivía en París sin saber que su sueño se haría realidad y unos años más tarde sería cantante .

Su voz es encantadora, pero a la hora de articular tiene un acento indefinido, como de algún lugar a medio camino entre México y España, aunque nació en Francia.

Quizá esto tenga que ver con que radica en México y por parte de su padre tiene raíces judio-ucranianas.

Pero las actuaciones y el performance en el escenario de Adán no son los convencionales y en ellos se impregnan lo teatral, lo atrevido y lo simbólico. Para dar por terminado el ciclo del disco El ídolo y aquel personaje que encarnó, el músico realizó un concierto en Ciudad de México, donde además de interpretar sus canciones llevó adelante un acto simbólico que fue la muerte del personaje.

Quitándose la ropa, pintando de color azul a sus bailarinas semidesnudas, con corazones gigantes penetrados por un falo y un verdugo que matará al ídolo, Adanowsky pudo concluir en escena con su personaje frívolo, oscuro y egoísta que terminó en un ataúd cargado por romanos para dar paso a un nuevo personaje: Amador.

Amador está lleno de amor, es un obsesionado por el amor y un eterno enamorado aunque oscuro y es parte de una trilogía que lleva adelante el artista. Tres discos con tres personajes diferentes, aunque del tercero no se sabe nada y aún es un misterio.

Amador, para Adán, implica otra forma de vida porque es emocional, un ámbito poco explorado por él, pero ya se acerca a su fin con un concierto que próximamente ejecutará.

Dentro de sus canciones figuran: Niña roja, Estoy mal, Je t’aime tes genoux, Las ratas, entre otras.

Si bien, el primer disco que circuló en Francia en 2006 tuvo una especie de éxito underground. Entre sus fans destacan la protagonista del filme Amelie, Audrey

Tautou, Adanowsky quiso trascender y hacerse conocer por todo el mundo, lo que lo llevó a mudarse a Los Ángeles y luego a México.

Las giras que ha realizado alrededor del mundo le han sido útiles para difundir su música y realizar show histriónicos, lo que le ha generado muchos seguidores.

En cuanto al cine, su última participación fue en el reciente filme de su padre La danza de la realidad.

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El cantante histriónico y atrevido

Adán Jodorowsky conjuga en sus discos y shows sonidos, voz y la creación de personajes

DISCO. Adanowsky, en la portada de ‘El ídolo’.

/ 22 de diciembre de 2013 / 04:00

Bajo el pseudónimo de Adanowsky, Adán Jodorowsky sigue la línea multifacética de su padre, el chileno psicomago, artista y cineasta Alejandro Jodorowsky; pero no es de aquellos que deja que la sombra de su afamado progenitor pese sobre él.

Músico, intérprete, compositor, comediante y actor a sus 34 años, el hijo menor de Alejandro y protagonista frecuente de sus diversos filmes, ya tiene tres discos como solista: Étoile Éternelle, El ídolo y Amador.

Su historia empezó cuando era un niño fanático de Elvis Presley y de Little Richard, escuchaba los vinilos de su madre y también admiraba el surrealismo y las películas mudas.

Adán comenzó siendo bajista en una banda de Punk (The Hellboys), tenía 16 años y vivía en París sin saber que su sueño se haría realidad y unos años más tarde sería cantante .

Su voz es encantadora, pero a la hora de articular tiene un acento indefinido, como de algún lugar a medio camino entre México y España, aunque nació en Francia.

Quizá esto tenga que ver con que radica en México y por parte de su padre tiene raíces judio-ucranianas.

Pero las actuaciones y el performance en el escenario de Adán no son los convencionales y en ellos se impregnan lo teatral, lo atrevido y lo simbólico. Para dar por terminado el ciclo del disco El ídolo y aquel personaje que encarnó, el músico realizó un concierto en Ciudad de México, donde además de interpretar sus canciones llevó adelante un acto simbólico que fue la muerte del personaje.

Quitándose la ropa, pintando de color azul a sus bailarinas semidesnudas, con corazones gigantes penetrados por un falo y un verdugo que matará al ídolo, Adanowsky pudo concluir en escena con su personaje frívolo, oscuro y egoísta que terminó en un ataúd cargado por romanos para dar paso a un nuevo personaje: Amador.

Amador está lleno de amor, es un obsesionado por el amor y un eterno enamorado aunque oscuro y es parte de una trilogía que lleva adelante el artista. Tres discos con tres personajes diferentes, aunque del tercero no se sabe nada y aún es un misterio.

Amador, para Adán, implica otra forma de vida porque es emocional, un ámbito poco explorado por él, pero ya se acerca a su fin con un concierto que próximamente ejecutará.

Dentro de sus canciones figuran: Niña roja, Estoy mal, Je t’aime tes genoux, Las ratas, entre otras.

Si bien, el primer disco que circuló en Francia en 2006 tuvo una especie de éxito underground. Entre sus fans destacan la protagonista del filme Amelie, Audrey

Tautou, Adanowsky quiso trascender y hacerse conocer por todo el mundo, lo que lo llevó a mudarse a Los Ángeles y luego a México.

Las giras que ha realizado alrededor del mundo le han sido útiles para difundir su música y realizar show histriónicos, lo que le ha generado muchos seguidores.

En cuanto al cine, su última participación fue en el reciente filme de su padre La danza de la realidad.

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El cineasta ‘maldito’

José Mojica Marins es el creador del oscuro y tétrico ‘’Drácula sudamericano’

Mojica • El director encarnando a su polémico personaje.

/ 8 de diciembre de 2013 / 04:00

José Mojica Marins es uno de esos cineastas a los que califican de creadores malditos. El brasileño apostó por realizar películas de terror, lo que lo catapultó como uno de los exponentes más importantes de este género con el oscuro personaje Zé do Caixao.

Calificado como el anticristo del cine sudamericano, nació un viernes 13 de marzo de 1936 en Sao Paulo.

Pasó la mitad de su infancia dentro de una sala de cine, donde su padre fungía de gerente y su madre era la encargada de la tienda de dulces.

La labor de sus progenitores y su infancia ligada al séptimo arte, le hicieron concebir su futuro profesional como director de cine.

Vestido siempre de negro, con una capa larga, sombrero de copa y las uñas de las manos muy largas, —similar al personaje de cómics Mandraque— Mojica creó y encarnó a Zé do Caixao en todos sus filmes.

La formación tradicional nunca le cuadró del todo, por ello optó por filmar de manera empírica y crear mundos surrealistas del terror.

En principio su arte no era bien recibido por sectores tradicionales del cine, pero su constancia y talento lo hicieron despegar a la fama.

Fiel admirador de Luis Buñuel y declarado apasionado de lo oscuro, tétrico y del gore —tipo de cine centrado en la violencia gráfica— Mojica filmó películas en formato 8 milímetros con recursos bastante limitados, pero con mucho entusiasmo.

Una vida austera, aunque prolífica fue la que llevó Mojica Marins porque los recursos que generaba con la exposición de una película, eran inmediatamente reinvertidos en un siguiente proyecto cinematográfico.

La sangre, la violencia, el suspenso, la oscuridad, el placer y la locura son algunos elementos que adornan los guiones de este cineasta, que por su contenido fueron censuradas y hoy son obras de culto.

En Brasil, el oscuro personaje Zé do Caixao fue tan relevante que Mojica aceptó que se hicieran canciones, homenajes y hasta historietas del llamado ‘Drácula sudamericano’.

Entre sus películas, desde que empezó a filmar en 1960, destacan: Encarnación del demonio, Adolescencia en trance, Exorcismo negro, Mundo-mercado de sexo, El hijo del sexo explícito, El vampiro de la cinemateca, Perversión, Esta noche yo poseeré tu cuerpo, El fin del hombre, entre otras más.

Mojica fue excomulgado por la  Iglesia Católica por el contenido de sus filmes, sin embargo esta situación no lo frenó para seguir haciendo cine.

El pasado noviembre, el cineasta fue el invitado especial y homenajeado del Festival de Cine Pachamama-Cinema de la Fronteira en Río Branco, Brasil, donde se exhibieron sus películas y compartió con sus seguidores.

Enfundado en su atuendo lúgubre de Zé do Caixao, con las uñas afiladas de los pulgares y acompañado de un escenario tétrico; el director brasileño fue reconocido como un de los exponentes más importantes de terror tanto en Brasil como en América Latina.

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Festival Pachamama integra las fronteras

La película ‘Yvy Maraey-Tierra sin mal’ , del director boliviano Juan Carlos Valdivia, abrió la muestra de cine en Río Branco, Brasil

/ 1 de diciembre de 2013 / 04:00

Este año, la cuarta edición del Festival de Cine Pachamama-Cinema de la Fronteira se llevó a cabo en Río Branco, Brasil, del 18 al 24 de noviembre y abrió con Yvy Maraey-Tierra sin mal, del boliviano Juan Carlos Valdivia. Con sala repleta y muy buena recepción, la película fue un estreno en la Amazonía brasileña y contó con la participación de Elio Ortiz, protagonista del filme, como invitado especial de Pachamama.

El encuentro audiovisual se gestó, hace cuatro años gracias al esfuerzo del brasileño Sérgio de Carvalho y el boliviano Marcelo Cordero, ambos formados en cine y quienes se conocieron por casualidad en un festival de cortos en Atibaia, Brasil.

“Después de retornar de un viaje a Bolivia, donde visité el salar de Uyuni, Potosí, La Paz, Santa Cruz, Sucre y varios lugares más, me interesé por este país. No sabía ni un título de una película boliviana ni nombres de directores, entonces decidí explorar y el primer filme que vi fue Quién mató a la llamita blanca de Rodrigo Bellot”, rememoró Sérgio de Carvalho, director del Festival Pachamama.

La intención de integrar las fronteras, dar espacio al cine independiente y a producciones de pueblos indígenas fue uno de los motores que logró que el sueño despegara.

“Teníamos la necesidad de contar con un festival de relevancia en la región amazónica, que sirva como puente de conexión entre los países que comparten frontera: Bolivia, Brasil y Perú y que dé a conocer la cinematografía del continente y del mundo”, explicó Marcelo Cordero, quien llevó las riendas de la programación del festival en Río Branco.

En la muestra se proyectaron filmes como Soy mucho mejor que vos, del chileno Che Sandoval, Tanta agua, de la directora uruguaya Leticia Jorge, Á Meia Noite Levarei Sua Alma del director brasileño José Mojica, a quien se le hizo un reconocimiento por su trayectoria de más de 50 años dedicado al cine de terror que lo catapultó como uno de los máximos representantes de ese género en Brasil.

Otro protagonista de Pachamama fue Chico Mendes, el líder ecologista asesinado hace 25 años y quien luchó a favor de la conservación de la Amazonía.  El cine comunitario e indígena también tuvo su espacio como una forma de romper murallas, hermanar y homenajear al desaparecido cineasta Stefan Kaspar, a quien se le dedicó la muestra competitiva.

 “Perú tiene una presencia importante dentro del Pachamama desde varios actores, uno de ellos y el más importante es el Grupo Chaski, a la cabeza del ya fallecido Stefan Kaspar”, explicó Cordero.

A ellos se suma el grupo Nómadas de Perú —integrado por el tío y sobrino Aldo y Omar Callegari— quienes apoyan el festival con muestras itinerantes de cine en diferentes barrios de Río Branco como una forma de democratizar el audiovisual y buscar que llegue a más personas.
   
ENCUENTRO. Si bien el festival Pachamama fue un rotundo éxito con salas repletas, los organizadores no dejan de pensar en seguir fortaleciendo los lazos entre los tres países fronterizos y expandirse.

“Con el cine hay que romper fronteras económicas, culturales, y los preconceptos que hay entre pueblos y contra los indígenas”, dijo Carvallho, quien recalcó que sin el apoyo de Petrobras, la Fundación de Cultura y Comunicación Elias Mansour, la Universidad Federal del Acre, la Fundación Garibaldi, entre otras instituciones, el proyecto no podría haberse concretado.

“Creemos que el cine puede ser una herramienta de encuentro y diálogo porque obliga a ver al otro, a descubrir al otro, que el otro te mire a ti y se mire. En esencia, el cine es identidad y un reafirmador de cultura, pero a la vez es una ventana que te conecta al mundo”, acotó Cordero, quien afirmó además ser un boliviano enamorado de la Amazonía.

Carvalho hizo énfasis en que haber bautizado al festival con el nombre de Pachamama-Cinema de la Fronteira engloba a la Madre Tierra y cuestionar las fronteras.

“Para los indígenas de la Amazonía no hay fronteras geográficas; Brasil, Bolivia y Perú son un solo territorio; con el cine queremos que no haya fronteras para ninguno de nosotros y si bien el idioma puede ser una dificultad, el ‘portuñol’ se ha tornado el idioma oficial del Festival que nos permite comunicarnos. Cuestionamos la frontera y sus delimitaciones en lo contemporáneo”, dijo Carvalho.

En Río Branco, Carvalho —nacido en Sao Paulo— vio la posibilidad de hacer que la gente conozca la frontera desde lo cultural porque las fronteras siempre son sitios con muchos problemas sociales y usualmente lugares de intercambio.

La construcción de la carretera interoceánica que une a Brasil con el Pacífico, anunciada en 2002, fue otro factor que alimentó los deseos de que el cine sea la integración de los pueblos vecinos.

“En una megaobra obra, hay factores ambientales, sociales y económicos que impactan en los habitantes de las fronteras y pensamos el Festival Pachamama como forma de minimizar los impactos negativos y promover los intercambios culturales de los tres países”.
Karla Oliveira, productora del festival, señaló que lo que la motivó a ser parte de Pachamama es la energía y talento de las personas que gestaron el proyecto.

“Apostamos por la integración amazónica ”, señaló Karla, quien también es actriz. Uno de los aspectos más relevantes de Pachamama este año fue la programación que contó con filmes de exclusividad. “Tuvimos estrenos mundiales entre cortos y largometrajes, esto hace que el Festival sea a partir de esta edición una vitrina para el cine iberoamericano, ya que también hubo películas españolas, aunque poca participación de Bolivia”, resaltó Cordero.

“Otro de los logros significativos, pero que aún hay que trabajar, es la alianza con el Festival Internacional de Cine de Valdivia, Chile, y el acercamiento con el Ministerio de Culturas de Bolivia, quien nos visitó en esta edición”, contó Cordero.

En cuanto a la premiación del festival, en la categoría largometraje, el mejor filme fue para O Mestre e o Divino, del director brasileño Tiago Campos; el premio al mejor director recayó en Raúl Perrone, por el filme Pendejos; la mención especial del jurado fue para Ilusión, del español Daniel Castro. En cortometrajes, Bolivia brilló con el título de mejor dirección para Carlos Piñeiro por Plato paceño; la mención honrosa fue para el chileno José Luis Torres Leiva con El abrazo de Sandow, y el mejor cortometraje fue Otra noche en la tierra, del español David Muñoz. En la muestra Stefan Kaspar de cine comunitario, el premiado fue Mapuche gente de la Tierra, dirigido por Fábio Al Camino, Fernando Silva y Jamila Venturini.

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