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10 años en busca del filme perfecto

El ciclo La Mejor Película del Mundo nació por la falta de espacios para el cine alternativo y continuó usando el cine como un vínculo entre las personalidades y el público

sesión. Diego Gullco junto al grupo Efecto Mandarina y los asistentes a la proyección de ‘La leyenda del pianista en el océano’.

/ 30 de noviembre de 2015 / 04:00

Una personalidad notable, un artista impecable, un invitado de lujo, presenta ‘esa’ película que le cambió la vida. O que le hizo entender el mundo de otra manera. O que le movió el piso. O que le encantó”. Con este párrafo, durante 10 años, el publicista y gestor cultural Diego Gullco ha invitado al público de La Paz para que tenga la oportunidad de redescubrir el cine que ha inspirado el trabajo y —por qué no— la vida de cineastas, músicos, actores, teatristas, comiqueros, escritores, coreógrafos, intelectuales, periodistas, artistas visuales, presentadores de Tv, activistas y un interminable etcétera de personalidades que han tomado la testera. El secreto: redescubrir, una y otra vez, el mejor cine del mundo.      

La Mejor Película del Mundo es un evento que se creó desde la hoy desaparecida revista mensual Afuera       —al menos en físico, pues su esencia permanece en las redes sociales—, de la que Gullco fue/es director.

“Por un lado tenía el contacto con el medio cinematográfico y cultural en general, por la revista. Por otra parte era una época muy mala para ser espectador: se habían cerrado casi todos los cines, no existían ni la Cinemateca ni los ‘multis’; no había piratería y no existían las películas por la web.

Llegaba poco cine y era malo con ganas. Y además ya se venían haciendo algunas cosas muy pobres en la producción nacional, aprovechando mal las facilidades de lo digital. Así que me pareció importante hacer algo para pasar películas ‘buenas’ y a la vez darle algunos criterios al público”.

Para ello se armó de un invitado de lujo, el cineasta Paolo Agazzi, y encontró un lugar para las proyecciones en la Alianza Francesa. “Por eso es emblemático, simbólico y otras esdrújulas más, que él sea el último en nuestros festejos del décimo aniversario”. Agazzi presentó ayer Rocco y sus hermanos, de Luchino Visconti.

Con ese puntapié inicial, el evento se convirtió en mensual, ocupando los primeros lunes de mes en las agendas cinéfilas. Luego de dos años en la Alianza Francesa, con un cierre de temporada que incluyó tres días seguidos con invitados especiales, se trasladó al Goethe Institut y unos dos años después encontró una casa estable en la Cinemateca Boliviana.

Fórmula. Una década de proyecciones no ha sido fácil de sobrellevar, más aún con los cambios en el espectro cinematográfico de la ciudad: la aparición de multisalas y el mayor acceso al cine mundial. ¿Cuál es la receta? “Hay una parte que es persistencia, tozudez y empecinamiento. Otra es resignación. Y en los últimos dos o tres años yo mismo cambié y me permití ver este evento de otra manera —gracias a las conversaciones con amigos que conocían el proyecto y algunas otras personas—, yo mismo empecé a entenderlo mejor, a valorar cuestiones que quizás no me percaté antes, a aclararme sus potencialidades y a darme cuenta de lo que me gustaba más”.

Es así que las proyecciones aumentaron: ahora hay una el primer lunes de cada mes y otra el último sábado. “Este año ya debemos haber superado los 2.500 espectadores. Y es que el público es muy diverso: hay muchos jóvenes de entre 20 y 30 años —y otros un poco más jóvenes—, y están los de 40 para arriba. Hay una serie de gente que es habitué, caserita, y que viene  muy seguido; y también hay una buena cantidad de gente nueva en cada función, dependiendo de la película y del invitado. Viene de toda la ciudad y de El Alto también”, dice Gullco.

Anécdotas, de todo color: al principio fue muy difícil tener acceso a una copia del filme sugerido por el invitado. “Al borde del papelón estuvimos con el artista visual Gastón Ugalde, debe haber sido por 2006. Él quería presentar Gritos y susurros de Ingmar Bergman, pero terminó siendo Pulp Fiction, de Quentin Tarantino. Y hace unos años nos pasó con la actriz Teresa dal Pero, que iba a presentar Pajaritos y pajarracos, de Pier Paolo Pasolini, pero tuvimos un problema técnico a último momento y al final presentó La ciénaga, de Lucrecia Martel. Por eso justamente es que nos queremos redimir con ella y la tendremos de invitada este primer lunes de diciembre, que es el 7”.

La cuenta exacta de invitados está perdida en la memoria; algunos han tenido la oportunidad de repetir la experiencia y otros han propuesto la cinta en conjunto. Se vieron filmes desde los más consagrados por Hollywood hasta los más alternativos, clase B y de culto. Desde historiadores hasta artistas digitales y urbanos; todos han tenido la oportunidad de recomendar su cinta favorita y, luego de la proyección continuar con un encuentro informal con el público, estrechando lazos y recibiendo regalos de las empresas auspiciadoras.

vivencias. El futbolista Carlos Fernando Pichicho Borja, la periodista Amalia Pando, la actriz Norma Merlo, el teatrista Iván Nogales… son algunas de las figuras que han conmovido a Gullco con su elección de película. “Y también me pasó con películas que de tan conocidas no las había visto nunca, como Zorba el griego o El violinista en el tejado”. Eso sí, el organizador aclara que no se puede hablar de invitados más “exitosos” que otros. “No se puede en una actividad como ésta, en la que alguna vez podemos tener un invitado muy consagrado, pero pocos espectadores; esto por factores que no tienen nada que ver con la calidad de esta personalidad. Recuerdo algunas presentaciones, como las de Jorge Sanjinés, Jimmy Vásquez o Jorge Ortiz, entre otros, que desbordaron la sala y en las que mucha gente se quedó afuera”, rememora.

Pasado el hito de los 10 años, muchos proyectos se asoman para este inquieto gestor que ha impulsado esta iniciativa a fuerza de pulmón, con  muy poco esfuerzo externo. “En el mediano plazo hay varias cuestiones en ciernes, como un libro con entrevistas extensas a varios de los invitados que tuvimos sobre temas de fondo, casi filosóficos y relacionados con la película que presentaron. También estamos trabajando un proyecto para Tv e intentaremos traer algunos invitados de otras partes del país”.

¿Y la mejor película del mundo  para Diego Gullco? “Obviando los aspectos más personales, porque me da vergüenza comentarlos ante el enorme público lector, Hiroshima mon Amour (Alain Resnais) es  una cinta que me impactó mucho cuando la vi, hace un montón, en mi adolescencia. Y después, aunque me quedó el recuerdo de lo que significó para mí, un poco me olvidé de ella, hasta que el año pasado, a raíz de la muerte de su director, surgieron bastantes noticias por la web y pedacitos de sus filmes. Ahí volví a ver un poquito de la película y con solo cuatro segundos fue suficiente para que me volviera todo de golpe, como un duro rebote de pelota: la historia, el lenguaje, cómo está narrada y la música, que es impresionante. Después me di cuenta que, además de todo, la cinta me influyó mucho en la forma de narración que tiene, entre repeticiones y situaciones truncadas”.

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Warmi Photo

La colectiva boliviana realizó el taller de fotos ‘Existimos Estallidxs’. En estas páginas, algunas de las mejores piezas

Por Miguel Vargas

/ 27 de septiembre de 2021 / 09:50

Congregar la diversidad de miradas de fotógrafas mujeres bolivianas es uno de los principales objetivos de la colectiva  WarMi Photo, que busca la visibilidad de su obra y de sus ideas. Con este afán —y tras una primera versión en 2019— se realizó este 2021 Existimos Estallidxs, la segunda residencia fotográfica en narrativa de género, identidad y territorio.

Se trató de un evento internacional autogestionado que nació a partir de la necesidad de crear espacios de formación más accesibles y fortalecer la producción colectiva fotográfica de nuevas autoras desde Latinoamérica, describe Lesly Moyano, de WarMi Photo.

IMÁGENES

El cuerpo hablante de Cecilia Bethencourt (Argentina).

Flor cara de Ana Sotelo (EEUU Perú)

Cosechando memorias de Valentina Cuadros Biggerman

Rebeca en su descanso de Angélica Queupumil (México)

Debido a la pandemia de COVID-19, la residencia se realizó de forma virtual del 23 al 28 de agosto, con la participación de 34 residentes latinoamericanas dirigidas por cinco tutoras de reconocida trayectoria:  Wara Vargas (Bolivia), Greta Rico (México), Anita Pouchard Serra (Argentina), Camila Falcao (Brasil) y Marcela Bruna (Chile).

Estas jornadas sumaron un total de 40 horas formativas entre talleres, charlas magistrales, revisiones de portafolio y el desarrollo de un proyecto personal. La residencia contó con la certificación de la Universidad Evangélica Boliviana.

De los proyectos personales de las participantes en este evento, presentamos en estas páginas algunas de las imágenes que han destacado tanto por el trabajo estético que han implicado como por la formulación de un discurso propio.

Fotos: Warmi Photos

MIRADAS

La esperanza en el volver de Carmen Angola (Bolivia)

La madre dolorosa de May Gonzales (Ecuador)

Mi sangre es una semilla de Wara Moreno

Tiempo sin dueño de Tatiana Siles Joffré (Bolivia)

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Poesía para caminar la incertidumbre

El escritor y periodista sucrense Álex Aillón presentó ‘P(r)oemas. Los cuadernos del Feis’, su más reciente publicación con la Editorial 3600

Álex Aillón, escritor y periodista

Por Miguel Vargas

/ 27 de septiembre de 2021 / 08:51

Acaso no exista en el universo nada más bello que la humildad de un abrazo. El abrazo que es vida compartida. El abrazo que retiene el calor de las cosas. El abrazo que hace que las cosas sean ciertas de muchas maneras. El abrazo que hace que en ti la madrugada sea posible. Me he gastado la vida dando abrazos. Una vida bien gastada es una vida hecha de abrazos. El abrazo. El gesto con que mides el valor de tu alma”. El 9 de julio de 2019, el poeta —y cronista, periodista, gestor— Álex Aillón Valverde escribía este texto en su muro de Facebook. Es 2021 y, leyendo P(r)oemas. Los cuadernos del feis (Editorial 3600) me vuelvo a encontrar con esta declaración pública sobre la corporalidad de los afectos, en un momento en el que precisamente los abrazos escasean por la pandemia y, sobre todo, por los embates de la vida.

 Este libro de Aillón es de los que, sin pretensiones, te acompañan. Justamente porque desde ese lugar/momento es que nacieron estos textos: las invisibles páginas de las redes sociales que si aparentemente parecieran destinadas al olvido, en realidad caminan y se desplazan con uno y te llegan en los lugares/momentos más impensados: en el trabajo, en el baño o trasnochado en la cama.

En estos lugares/momentos  es que cada uno de estos poemas se convierten en valiosos compañeros en medio de la incertidumbre: qué cosita es ser poeta, de dónde viene, cómo se hereda; a qué huele el amor, cómo se digiere el olvido, cuándo se mata lo que se siente; dónde encontrar tu ajayu, cómo interpretar un t’inkazo, qué cosa — al final— es ser boliviano.

Este libro tiene palabras que caminan, de ladito, casi atisbándote, esperando que les digas “¿no ve?”. Pero es clave no decirles nada, porque el truco es leer las palabras de Aillón en silencio, para dejar que tu voz interna te cuente la historia de las ballenas, comprender la naturaleza de los amores perros o tratar de entender la valía del p’ajpaku. Si por ahí algunos textos parecen déja vù, es porque en realidad es posible que los hayas visto antes compartidos en Facebook, leído en algún periódico o haberlos escuchado en una obra del Teatro de los Andes. Es que tienen vida, pues, y la publicación del libro te los hace tangibles, atrapables.

Por eso, esta lectura —que se hace rápidamente, pero que te va a pedir una y otra vez que vuelvas a ella para entender mejor las clases de poetas que existen, los mecanismos del olvido, las contradicciones del amor por Bolivia— refresca y conflictúa plácidamente.  Es nomás un acto de amor por nosotros, los que leemos a Álex y me t’inka que él lo sabe, porque dice: “Al amor tienes que darle cosas breves, cosas que signifiquen, no que valgan.”

(27/09/2021)

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Casa de la Libertad, la cuna de Bolivia

Rumbo al bicentenario del país, el repositorio resguarda joyas que atestiguan los hitos de la independencia nacional

Por Miguel Vargas

/ 12 de septiembre de 2021 / 18:29

Es el espacio que resguarda el documento original que certifica la creación de Bolivia: el Acta de la Independencia. Además tiene el mejor retrato de Simón Bolívar, creado a principios del siglo XIX por José Gil de Castro, uno de los mejores pintores hispanoamericanos de la época. En su momento, el mismo Libertador indicó: “Retrato mío hecho en Lima, con la más grande exactitud y semejanza”. La Casa de la Libertad es un repositorio nacional, dependiente de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia (FCBCB), que desarrolla actividades de interacción a través de la atención a visitantes presenciales y virtuales para difundir el patrimonio histórico cultural. Es el custodio del patrimonio de los bolivianos, así como de su conservación y preservación, explica el director de este espacio, Mario Linares Urioste. 

El edificio que alberga a la Casa de la Libertad —ubicado en la plaza 25 de Mayo, en pleno centro de la capital del país, Sucre— data de la colonia. Su construcción fue encargada por la Compañía de Jesús a principios del siglo XVII para el funcionamiento de la Universidad Mayor Real y Pontificia de San Francisco Xavier.

Al principio funcionó como Capilla Doméstica de los jesuitas y Sala Mayor o Aula Magna de la Universidad San Francisco Xavier, fundada en 1624. Ahí se graduaron de doctores en ambos derechos y Teología los principales protagonistas de las revoluciones independentistas de Chuquisaca, La Paz y Quito, registradas en 1809, y de Buenos Aires, en 1810. “La mitad de los diputados que suscribieron el Acta de la Independencia de las Provincias Unidas de Río de la Plata, en Tucumán en 1816, se habían graduado en dicha Sala Mayor, al igual que 30 de los 48 firmantes del Acta de la Independencia del Alto Perú, hoy Bolivia”, apunta Linares.

Esas paredes albergaron a la Asamblea Deliberante que, formada por representantes de las cinco provincias de Charcas y presididos por el doctor José Mariano Serrano, proclamó la creación de la República de Bolívar el 6 de agosto de 1825, que luego se denominaría Bolivia. Desde entonces y hasta 1898, en esta sala se reunió el Congreso boliviano. Allí se sancionaron las leyes fundamentales del país.

Debido a su relevancia histórico-arquitectónica y al simbolismo cívico que ostenta, mediante el Decreto Supremo 5918 del 4 de diciembre de 1961, el edificio fue nombrado como Primer Monumento Nacional de Bolivia. 

“Es uno de los edificios más antiguos de la ciudad. Su construcción se remonta a principios del siglo XVII. Posee las características de la arquitectura virreinal que se han conservado a través del tiempo”, apunta el director del repositorio.

La Casa de la Libertad comprende un amplio claustro rodeado de galerías de una sola planta bajo cubiertas que se apoyan en columnas de piedra. Un gran portón de cedro nativo, tachonado de clavos de bronce además de dos grandes aldabones, se abre a la Plaza Mayor.

Al fondo del claustro, frente al zaguán abovedado y con idéntico portón, está el denominado Salón de la Independencia. La imponente belleza arquitectónica resguarda también importantes tesoros: además del Acta de la Independencia y del retrato de Bolívar pintado por José Gil de Castro, Se tiene la espada que el Mariscal Antonio José de Sucre blandió en los campos de Ayacucho (9 de diciembre de 1824), en una victoria que selló la independencia hispanoamericana.

También está la espada que José Ballivián empuñó en los campos de Ingavi, donde logró una victoria que consolidó la independencia y soberanía de Bolivia (18 de noviembre de 1841).

Justamente, un retrato de José Ballivián, realizado por Antonio Villavicencio, artista chuquisaqueño que se formó en la escuelas de París a principios del siglo XIX, forma parte de la colección que incluye la primera bandera de los patriotas del Río de la Plata, que fue traída a nuestro territorio por el general Belgrano.

También se preserva la bandera boliviana que flameó por última vez en el puerto de Antofagasta, que fue recuperada por la niña Genoveva Ríos en plena invasión chilena, el 14 de febrero de 1879.

Y en relación a las piezas de arte, está la colección de arte virreinal denominada Princesa de la Glorieta. En gran parte está formada por obras de artistas indígenas y posee una gran variedad de objetos de gran valor artístico e histórico.

LA GRÁFICA

En el Salón Independencia se lucen cuadros con los líderes de la lucha por la emancipación. Foto: Casa de la Libertad

Una fuente engalana el patio colonial de la edificación que está en la plaza 25 de Mayo. Foto: Casa de la Libertad

Detalle del coro, con delicados tallados. Foto: Casa de la Libertad

El Acta de la Independencia de Bolivia. Foto: Casa de la Libertad

La sala Juana Azurduy de Padilla está dedicada a la heroína

Foto: Casa de la Libertad

Superar los desafíos

La pandemia del COVID-19 también afectó y cambió las dinámicas de la Casa de la Libertad. “Provocó una baja importantísima en la interacción con visitantes al museo, registrándose una disminución del 80%. De igual manera, las diferentes actividades cívico-culturales que se desarrollaban en el repositorio bajaron en un casi 90%. Sin embargo, en contrapartida, la virtualización del museo nos permitió duplicar, de cerca de 5.000 personas en marzo de 2020 a casi 10.000 personas en julio de 2021, el número de visitantes que siguen y aprecian los contenidos digitales que constantemente difunde el museo a través de sus redes sociales”, explica el director.

Institución en movimiento

El principal objetivo del repositorio nacional es desarrollar actividades de interacción con los visitantes presenciales y virtuales para difundir el patrimonio histórico cultural nacional. Además hace actividades educativas con estudiantes del municipio de Sucre a través del programa Aulas Abiertas. También se traslada a unidades educativas de comunidades y municipios a lo largo y ancho del territorio nacional, con el programa denominado Casa de la Libertad junto a su pueblo.

Finalmente, la institución desarrolla procesos de producción, promoción y participación en torno a las culturas vivas y expresiones artísticas a través de actividades cívicas y culturales con diversos artistas y gestores culturales. Promueve también encuentros interculturales gracias al programa de investigación con pueblos y naciones indígenas del Estado Plurinacional, que se traducen en nuevas museografías, publicaciones y documentales audiovisuales. Si bien el espacio está dedicado a los inicios de Bolivia como país, es un espacio dinámico en el que se ofrecen herramientas para entender de mejor manera los diferentes procesos que atraviesa el país en su existencia.

“Casa de la Libertad cobija al edificio patrimonial, bienes museísticos, bienes documentales y archivísticos, haciendo de este repositorio un espacio para mantener viva la memoria de nuestra historia. A pesar de la crisis sanitaria, el museo ha permanecido activo, tanto en las actividades presenciales como virtuales. Lo seguirá haciendo pues, como templo cívico de la bolivianidad y referente histórico de la nación, dará cumplimiento al mandato supremo de custodiar, preservar, rescatar y difundir el patrimonio histórico cultural del Estado boliviano para beneficio de la sociedad en su conjunto, a quien se debe”, resalta Linares.

Por ello, tras la ampliación de la infraestructura del repositorio, el principal proyecto en desarrollo es la nueva museografía que será implementada en la presente gestión. “Con ello, la capacidad de CDL se incrementa de 10 a 16 salas permanentes, nuevos espacios que permitirán enriquecer la narrativa de la visita, incorporando episodios fundamentales de la historia boliviana que anteriormente, por razones de espacio, no alcanzaban a ser museografiados más que en exposiciones temporales”, agrega. 

Además, el museo continuará ejecutando sus programas de extensión: Investigaciones conjuntas con Pueblos y Naciones Indígenas del Estado Plurinacional, la Casa junto a su Pueblo y Aulas Abiertas.

Y finalmente, gracias al apoyo de la FCBCB, “la institución se ratifica en su compromiso de constituirse en un espacio de diálogo y encuentro entre todos los bolivianos y bolivianas. En esa medida, miramos con esperanzas el futuro próximo, preparar la Casa de la Libertad como epicentro de las celebraciones del bicentenario de la fundación de la Patria, en 2025”. Es así que la cuna de este país, que nació el 6 de agosto de 1825, celebrará estos 200 años por todo lo alto.

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DAMOVIES: Un lugar para la pasión por el cine

La página de Facebook creada por el actor Rommel Ugarte tiene información, cortos y crítica

/ 12 de septiembre de 2021 / 18:08

El arte más noble es hacer felices a los demás”. Esta es la premisa que marca el camino de Rommel Ugarte Muñoz, un gastrónomo y actor de 24 años que en las redes sociales volcó su pasión por el cine creando la página de Facebook Damovies Bolivia, donde ofrece información sobre el quehacer cinematográfico mundial, reseñas de películas, cubre eventos nacionales y además presenta cortos producidos por él.

“Todo comenzó desde el gran amor que me inculcó mi bisabuela Elisa en el campo del cine”, recuerda el joven de cabello negro y rizado que se ha convertido en su sello característico. “A partir de eso, en 2009 empecé a aprender sobre cine de forma empírica, ya que nunca tuve estudios en una academia o instituto especializado”.

Con la práctica de la actuación y sus ansias de saber más sobre el séptimo arte, sus colegas y amigos le animaron a que abra una página. “Al principio solo contenía algunas publicaciones y compartidos hasta que un día me animé y lancé un video con mis predicciones sobre los ganadores del premio Oscar”. En esta presentación acertó a la mayoría de los galardonados, lo que le animó a seguir produciendo, con material casero y en una escenografía ambientada en su casa, audiovisuales con rankings sobre cine, como los mejores villanos, mejores cintas de superhéroes o de supervivencia, entre muchos otros.

Al público le gustó y empezó a visitar su página, que actualmente está por los 14.000 seguidores en Facebook, además de que comenzó a incursionar en TikTok e Instagram.

El nombre de Damovies Bolivia surgió de la idea de “dar”. “Como página te daremos información, curiosidades, reseñas, tops, trailers, etc; así como el público en general también podrá brindarnos alguna sugerencia o información”.

La novia de Rommel, Alexandra Najhavi Calle Chauca (21 años), que es psicóloga y actriz, se unió a la producción después de conocer a Rommel, que en ese momento brindaba talleres. También es presentadora de la página y juntos elaboran los materiales. “Un día me sugirió que hagamos la reseña de la película Sombras malditas. En ese entonces no tenía idea de cómo hacerla porque no sabía si al público le iba a gustar mi opinión, pero los videos fueron un rotundo éxito y hasta la fecha hemos innovado en los contenidos”.

Es así que en la página no falta información sobre los más recientes estrenos, además presentan entrevistas sobre el mundo del espectáculo y realizan coberturas de los festivales. Tienen tanta llegada que distribuidoras  y productoras de cine los contactan para que vean sus materiales para que los hagan visibles en la página.

Productores empíricos

Finalmente está la producción de cortometrajes de tinte reflexivo que están escritos y protagonizados por Rommel, Alexandra y artistas amigos invitados. “Nos reunimos, ya sea presencial o de forma online, en la cual quedamos sobre el cortometraje que haremos. Se lanza uno cada mes, para alternarlos con las reseñas de las películas de estreno que vemos”. Gracias a estas producciones, por ejemplo, es que hicieron una alianza con el grupo de niños poetas de El Alto Los Trovadorcitos para producir con ellos la película Otro día más, que se estrenó en Multicine de El Alto y en el Cine Teatro Municipal 6 de Agosto de La Paz.

Para el futuro, Rommel sueña con que Damovies Bolivia siga teniendo más seguidores, consigan dirigir un espacio en la Tv, producir películas y seguir compartiendo su pasión con los jóvenes.

Fotos: Ian Charlie y Damovies

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Disputa por el control del modelo extractivista

Gobierno y Gobernación pelean por controlar la propiedad de la tierra solo para sostener el agronegocio.

/ 8 de agosto de 2021 / 14:56

DIBUJO LIBRE

Nuevamente somos testigos del conflicto sobre la propiedad agraria. La disputa por la tierra es y será históricamente una contienda por el poder económico y político. Más allá de los cargados discursos de respeto al derecho ancestral de las comunidades indígenas o de garantizar el acceso a la tierra para quienes la tienen en poca cantidad, la tensión, hoy, esconde la contienda entre dos actores que buscan hacerse del monopolio de la propiedad de la tierra, como única vía de sostenibilidad del agronegocio.

En los últimos años, la alianza entre el Gobierno y el sector empresarial de Santa Cruz (Cámara Agropecuaria del Oriente, CAO; Asociación de Productores de Oleaginosas y Trigo, Anapo; Federación de Ganaderos de Santa Cruz, Fegasacruz, etc.) permitió la consolidación de propiedades agrarias con una extensión mayor al límite constitucional (cinco mil hectáreas), entre otras medidas que se adoptaron a favor de este sector. Por otro lado, desde la desinstitucionalización de las entidades responsables de regularizar la distribución de las tierras en el país, y en el afán de fortalecer la presencia de un actor en la región de la Chiquitanía, que dispute el poder político y económico, se dio luz verde al asentamiento de comunidades interculturales en áreas fiscales y otras sin vocación productiva agrícola.

Así queda claro que la disputa por el control del agronegocio fue y es avalada por un marco normativo permisivo y por acciones u omisiones de instancias y funcionarios estatales en todos los niveles.

En este escenario, el sujeto indígena, que emergió en 1990 como el actor que movilizó y posibilitó los principales cambios estructurales en la tenencia de la tierra luego de la recuperación de la democracia, se encuentra aislado del debate y sometido a la presión del modelo extractivista vinculado a la agroexportación, desde una mirada colonial promovida por los actores que disputan el agronegocio, aquellos que hoy enarbolan la defensa de sus tierras ancestrales, callando cuando se aprueban leyes que atentan a la sostenibilidad de estos espacios de vida y los otros que ven en las Tierras Comunitarias de Origen (TCO) como esas grandes extensiones de tierra ociosa que debe ser trabajada.

Lo cierto es que en los últimos 10 años, la dotación de tierras a favor de comunidades indígenas por parte del Estado ha sido casi nula. De acuerdo a datos del Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA) correspondientes a la gestión 2020, en la última década, en el caso del pueblo Guaraní en la región del Chaco, en los departamentos de Santa Cruz, Chuquisaca y Tarija, se titularon 1.076.997 hectáreas de un total de 6.729.083 hectáreas demandadas.

A pocos días de haber recordado el 2 de agosto (aniversario de la promulgación del Decreto Supremo N° 3464 que dio paso a la Reforma Agraria en 1953), es claro que la problemática de la tierra en Bolivia aún es un tema pendiente, que trasciende a una discusión mayor vinculada al modelo de desarrollo agrícola del país. En los últimos 25 años (1996 – 2021) se saneó y tituló más de 89 millones de hectáreas (89.485.242 ha), superficie que representa el 87% (103.373.516 ha) del total de tierra disponible. De acuerdo al INRA, del 13% de la superficie por titular, 5.747.690 hectáreas se encuentran en proceso de titulación y 6.994.661 hectáreas se hallan paralizadas por algún tipo de conflicto.

En ese contexto, es fundamental abrir el debate y discutir a profundidad el futuro del país en materia agraria y productiva. Hasta hoy, la discusión se concentra en posiciones políticas que pretenden, desde una perspectiva institucional, encubrir una realidad mayor: el fracaso del modelo de desarrollo agroexportador cruceño, la presión sobre los territorios indígenas y los bosques y la disputa por quién se hace del control del agronegocio, modelo extensivo y depredador del medio ambiente en el actual escenario político.

 (*)Miguel Vargas Delgado es abogado, Director Ejecutivo del CEJIS

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