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Guillermo Ruiz Plaza: ‘Narrar es pervertir’

El ganador del Premio Nacional de Novela 2018 habla sobre su novela, la literatura nacional y la necesidad de un discurso crítico más desarrollado.

Guillermo Ruiz Plaza

/ 9 de enero de 2019 / 14:06

El exilio voluntario de Claudio Ferrufino le reveló a Guillermo Augusto Ruiz Plaza una verdad trascendente para su escritura: hay experiencias que solo pueden crearse allí, en ese territorio que bordea lo ilimitado. Ruiz, que ya ha publicado cuentos, poemas y ensayos —y que obtuvo una mención en  Premio Nacional de Poesía Yolanda Bedregal 2007 y el Premio Municipal de Literatura de Santa Cruz en 2009 y 2012— ganó con su primera novela el premio nacional de este género en 2018.

— Teniendo en cuenta que no es el primer premio que recibe, ¿qué significa para usted haber ganado éste en particular? ¿Y para su carrera?

— Significa que tendré más lectores y eso es una alegría, por supuesto. El principal objetivo de un premio literario: ampliar el círculo de lectores. Por lo demás, basta que un solo lector comprenda la obra para que ésta haya valido la pena. Todo será, tarde o temprano, del olvido; pero el proceso literario no culmina hasta que encuentra un lector.

— ¿De qué trata Días detenidos?

— Lea G, una migrante boliviana (36 años), relata en primera persona los sucesos imprevistos que le han ocurrido en los últimos tres meses de su vida. Sucede en una extrema contemporaneidad, a caballo entre La Paz y Toulouse, Francia. Es un drama psicológico, con alguna ambigüedad de corte fantástico, unos cuantos toques de humor (a veces negro) y ciertos recursos del suspenso. Al mismo tiempo, es una galería de personajes y un árbol de historias (tramas secundarias en las que se va ramificando la historia principal).

— ¿Qué lo llevó a desarrollar esta trama? 

— El deseo de profundizar en los personajes que se me iban apareciendo como fantasmas de carne y hueso, dejar fluir las historias que tenía en mente desde hacía años y que no habían encontrado cabida en mis relatos. Escribir para recorrerme, como quería Henri Michaux, pero también para recorrer a los demás o al menos intentarlo. 

— ¿Hay experiencias biográficas  en la novela?

— No. En mi ficción predomina la invención, la imaginación pura. Pero algo nos pasa a todos los que escribimos, me parece, y es que no podemos evitar alimentarnos de nuestras vivencias y de las vivencias de los otros. En ese sentido, escribir ayuda a conocerse mejor y, al mismo tiempo, permite adentrarse en la región penumbrosa de la alteridad. La escritura es, sin embargo, un proceso de transformación: narrar es pervertir. Por tanto, resulta ingenuo leer una ficción como un recuento de experiencias propias o ajenas. Así, hay una ambigüedad fundamental en la escritura, incluso en la autobiográfica. “Toda autobiografía es ficcional”, dijo Barthes, “y toda ficción es autobiográfica”.

— ¿Cómo fue el proceso de escritura?

— El primer año fue el más arduo. Tras las primeras 100 páginas, dejé de escribir por un tiempo, como si me hubiera quedado sin combustible. Pero una estancia en Bolivia en 2016 me dio el impulso que faltaba. Al volver a Europa ya tenía la energía suficiente para llegar hasta el final. El tercer año fue de reescritura y, a la vez, de juego. Fue sin duda el más placentero. Y así, casi sin darme cuenta, llegué a las 400 páginas. Tal vez se me fue la mano con la extensión, pero lo cierto es que me encantó escribir con la libertad casi total que da el género novelesco.

— ¿Qué marcó el camino creativo para que se convirtiera en su primera novela y no un cuento o poema, géneros que ya transitó en el pasado?

— Sentí la necesidad de hacer algo distinto, y escribir una novela era el desafío perfecto. Llevaba años rechazando de forma consciente todo proyecto novelesco, porque creía que era una mera necesidad editorial o una presión del mundillo literario. “¿Para cuándo la novela?”, es la pregunta inevitable que sin duda temen y odian los cuentistas, como si los relatos no estuvieran a la altura de lo que se espera de un escritor. Y, sin embargo, Borges, por ejemplo, nunca escribió novela y, en más de una ocasión, prodigó críticas atinadas del género. Así, yo tenía prejuicios a pesar de haber disfrutado de la lectura de varias novelas. Vencí mis prejuicios al comprender que hay cosas que solo es posible hacer en el género novelesco. Que la novela no es cuento ni poesía ni ensayo, pero que puede contenerlos a los tres, como la vida misma contiene una pluralidad y una riqueza sin nombre. Que si bien no es posible alcanzar el nocaut del cuento, sí se puede ganar por puntos (Cortázar), es decir, envolver al lector durante un tiempo lo bastante largo como para crear la sensación de estar viviendo una rica vida paralela. En este sentido, entre otras, la lectura de El exilio voluntario, la gran novela de Claudio Ferrufino, fue una experiencia clave: me mostró hasta qué punto la novela, antes que un género, es un monstruo de energía que se alimenta de lo que encuentra en su camino, y por lo tanto está en continua transformación.

— ¿Cómo surge la necesidad de circular por diferentes géneros, incluyendo el ensayo?

— Supongo que se debe a que soy lector de varios géneros; y eso se refleja en lo que escribo. No sé de dónde viene, sin embargo, la necesidad de escribir. La escritura no es una comprensión, dijo alguien, sino un nuevo misterio.

— ¿Qué piensa del momento que está pasando la literatura boliviana? ¿Qué rescata de ella? ¿Hay una necesidad de circular por diferentes géneros, incluyendo el ensayo?

— Es una pregunta muy vasta y, por razones materiales, no puedo ser exhaustivo. Además, debido a la distancia, soy un ignorante de nuestra literatura actual. Pero responderé con la intrepidez del ignaro. Por lo que sé, en Bolivia se publica muchísima poesía. Parece que somos sobre todo un país de poetas. A mí me encantan los de la “generación dispersa”, poetas y ensayistas nacidos de 1936 a 1947: Eduardo Mitre, Pedro Shimose, Norah Zapata-Prill, Blanca Wiethüchter, Jesús Urzagasti,… Y el más antiguo: el gran Edmundo Camargo. Y me parece que varios de los poetas que publican actualmente —y que he tenido la suerte de leer— rescatan ese legado de lucidez crítica: Vilma Tapia Anaya, María Soledad Quiroga, Humberto Quino, Benjamín Chávez, Juan Carlos Ramiro Quiroga, Jessica Freudenthal, Montserrat Fernández, Juan Cristóbal Mac Lean, que por cierto también es un excelente ensayista. Pienso igualmente en los desaparecidos Rubén Vargas y Emma Villazón, dos grandes pérdidas para nuestra literatura. No menciono a todos los poetas que me gustan porque no cabrían en esta página.

En narrativa rescataría, egoístamente, las obras que más me han gustado: El exilio voluntario y Muerta ciudad viva, de Claudio Ferrufino, además de sus crónicas reunidas en Madrid-Cochabamba; las dos novelas del cubano boliviano Alejandro Suárez, El perro en el año del perro y Por nuestra Perestroika, dotadas de un humor discreto e irresistible, raro en nuestra literatura; los cuentos y la novela 98 segundos sin sombra, de Giovanna Rivero, que tiene una prosa única; los cuentos de Edmundo Paz Soldán reunidos en Billie Ruth y Las visiones, libros en los que muestra un dominio cierto del género (hace poco, Willy Camacho me recomendó su última novela, Los días de la peste). Los cuentos de Liliana Colanzi (Liliana es de los pocos autores bolivianos que se animan con el género fantástico). No hay que olvidar a autores ya clásicos de nuestra literatura, como Manuel Vargas y Juan de Recacoechea. De ellos recomendaría Nocturno paceño y Kerstin, respectivamente. En crónica, disfruté muchísimo de Bolivia a toda costa y Hora boliviana, libros que reúnen a varios autores, entre ellos a algunos de los arriba mencionados, además de Santiago Espinoza, Leonardo de la Torre, Álex Ayala, Willy Camacho, Maximiliano Barrientos, Roberto Navia, Darwin Pinto.

La narrativa de Sebastián Antezana, Fabiola Morales, Mauricio Murillo, Rodrigo Urquiola, Daniel Averanga, Magela Baudoin… El teatro de Camila Urioste.

Quisiera leer las novelas de Wilmer Urrelo, Alison Spedding, Iván Gutiérrez, las novelas ganadoras del Premio Nacional, los cuentos de Saúl Montaño, Brayan Mamani, Óscar Martínez, Paul Tellería, el libro de crónicas alteñas No me jodas no te jodo, publicado por Alexis Argüello… Mi problema es que siempre que voy a Bolivia debo cuidar el peso de la maleta. ¡De cuántas cosas buenas me estaré perdiendo! Espero que pronto nuestras editoriales ofrezcan publicaciones también en E-book, para los sedientos de literatura boliviana que vivimos fuera.

En definitiva, creo que actualmente hay bastante riqueza en nuestra literatura. Es palpable, además, el esfuerzo por renovar el espacio literario nacional. Y ese es un buen síntoma, claro. Solo falta un discurso crítico autónomo y coherente. La crítica es quizá el género literario menos cultivado en nuestro país, a pesar de contar con grandes estudiosos como Luis H. Antezana y  colecciones valiosas como La crítica y el poeta, publicada bajo la dirección de Mónica Velázquez. Asimismo, faltan lectores. Debemos formar lectores y eso empieza en la casa. Soltemos un poco el celular y mostremos el ejemplo (leerles a los hijos es un placer por partida doble). Porque en las condiciones actuales, la literatura boliviana es un grito o un canto en medio del desierto.

Perfil

Nombre: Guillermo Augusto Ruiz Plaza

Nació en: La Paz, 1982

Datos

El escritor paceño radica en Francia donde continuó estudiando y ahora da clases. Ha publicado tres libros de cuentos y un e-book. También dos, de poesía y un ensayo titulado Eduardo Mitre y la generación dispersa (2013). Días detenidos es su primera novela.

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Mario Ramírez, música en tiempos críticos

El músico lanzó en plena cuarentena ‘InEditadas Vol.2 de Mario Ramírez’, disco marcado por momentos de tensión, que busca contrarrestar con intimidad y conexión.

/ 27 de mayo de 2020 / 09:03

En noviembre de 2019, Mario Ramírez — compositor nacional, parte del dúo Negro y Blanco— se preparaba para cantar mientras motines policiales comenzaban a estallar en diferentes departamentos de Bolivia. Cuando la tensión en las calles subía, el artista actúo —a puertas cerradas— y compartió con su público 32 composiciones inéditas. En mayo de 2020, mientras el país y diversas partes del mundo todavía lidian con los estragos de la pandemia del COVID 19, el artista lanzó por internet InEditadas Vol.2 de Mario Ramírez, álbum que contiene 15 de aquella treintena de piezas.

“No fue casual que el álbum estuviera listo durante la cuarentena y nació una necesidad de compartir esas canciones ahora. Es el tiempo perfecto para lanzarlo por plataformas, ya que las personas tienen tiempo para escucharlo tranquilamente en casa. Habla de sanación, familia, pareja… cosas que todos estamos viviendo, en espacios y realidades diferentes. Durante este tiempo el arte, y sobre todo la música, ha mostrado cuánto hacen por nuestro bienestar y es muy lindo sumarse a esa iniciativa”, detalla el compositor, cuyo dúo cumplió 21 años de carrera, también durante la cuarentena.

InEditadas es un proyecto que Negro y Blanco inició ya hace un par de años, con conciertos y la producción del volumen uno, con canciones compuestas por Christian Benítez. Para seleccionar las primeras 50 canciones que podrían ser parte del volumen dos, Ramírez repasó más de 200 piezas suyas que habían quedado grabadas, algo relegadas, en cassettes.

“Algunas no recordaba que existían. Fue un proceso de redescubrimiento, donde me puse a escuchar piezas que había escrito desde 1998, más o menos. Algunas son muy luminosas, otras más complejas y reflejan diferentes etapas de mi vida”.

Que fuesen obras personales fue uno de los parámetros que definió para escoger las que serían parte de los conciertos. La diversidad de géneros y tonos fue lo que le permitió reunir las cincuenta. Luego comenzó a cantárselas a familiares y amigos cercanos para reducir la selección a poco más de una treintena.

“Durante un mes y medio fui mostrándole las canciones a personas cercanas, organizamos guitarreadas y me fueron comentando cómo resonaban con ellos. Con sus comentarios y lo que generaba más sentido en mí, armamos el repertorio que tocamos en cuatro conciertos, junto a Chris (quien abría los shows) y Mauricio Segalez”.

La votación del público en los recitales terminó por concretar qué obras serían parte de InEditadas, vol. 2. Cada asistente votó por sus favoritas y el compositor se comprometió a sacar un disco con las que recibieran más apoyo. El resultado estuvo lleno de sorpresas y algunas coincidencias. Los ritmos folklóricos — Chacarera Bolivia (2016) y Tinku Bolivia (2014)— tuvieron una enorme popularidad, algo esperado por Ramírez. Sin embargo, piezas menos convencionales se ganaron el corazón de su público.

“El inocente (2018) es la primera canción del disco. Por ésa estaba seguro de que no iban a votar, pero entró. Otra, Frente a frente (1998)—que tiene una estructura extraña y un transcurrir casi tenso musicalmente— también fue una de las favoritas. Y casi todos votaron por Del otro lado (1998) una canción que escribí cuando llegué a casa de una guitarreada en la madrugada y vi cómo hay muchas personas cuya vida ya había comenzado. Es una realidad que no siempre queremos ver”, detalla el compositor.

También hubo algunas que deseó que quedaran y no fue así, honró al pie de la letra el compromiso que tenía con sus fanáticos y respetó el resultado. InEditadas vol.2 tiene canciones compuestas desde 1998 hasta 2019, con ritmos que van desde lo folklórico, con huayños y cuecas; hasta zambas, trova y joropos. Fue grabado por Marcelo Torres, con arreglos y edición de Ramírez y Segalez y está disponible en todas las plataformas de streaming.

“Así, como Testimonios, el proyecto de Inéditas tendrá varios volúmenes. Ya estamos trabajando en un repertorio con canciones escritas por Christian y yo, con la misma dinámica, conciertos y discos grabados en vivo. Tal vez hayan más versiones de cada uno también y en medio algún disco de estudio. Lo importante es que hay compos, hay música que queremos seguir compartiendo”.

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Pizza para novatos, secretos de la receta ideal

Un set con ingredientes, masa lista e instrucciones llega directo a los hogares para que amantes de las pizzas puedan aprender a hacerlas en casa

Masa. La masa que se entrega está lista para colocar sobre el molde en que se horneará la pizza. Fotos: Imilla alzada

/ 25 de mayo de 2020 / 13:12

Son las siete de la mañana y es lunes. Luego de un clásico fin de semana en cuarentena por la pandemia del COVID-19 —es decir, sin poder salir a la calle—, Sukko Stach espera la llegada de dos amigos suyos que viven cerca de su casa. Estos encuentros no son solo para mitigar la necesidad de contacto, junto a ellos llegarán además masas y salsas.

Ingredientes. El queso que se utiliza ha sido seleccionado después de tres meses de búsqueda. La salsa de la casa es muy sencilla, pues su sabor radica en la nobleza de las materias primas.

“Cada quien tiene sus secretos y sus recetas. Así que nos vemos para intercambiar nuestras masas y salsas y ver qué podemos hacer con lo que ha llegado a nuestras manos. Es una forma de compartir que incluso ha llegado a ser una suerte de competencia en la que tenemos que inventar de todo para tener resultados interesantes con lo que tenemos en casa”, detalla el dueño de la Imilla Alzada (Álvarez Plata 50, Cota Cota), restaurante especializado en productos fermentados: cerveza, vino, sidra y pizza hecha con masa madre.

Estas reuniones —llenas de retos, charlas y pasiones compartidas— son una de las razones por las que decidió que la mejor forma de reactivar las actividades de su restaurante sería creando un set para que los comensales puedan lanzarse a hacer sus propias pizzas. Éste viene con masa para dos pizzas lista para meter al horno, salsa de la casa, queso mozzarella, pepperoni —si se escoge esta opción—, albahaca, pimiento morrón y cebolla, como un toque especial para despertar la creatividad.

“A un panadero no se le queda la masa en las manos. Pero eso luego de hacer miles de pizzas diariamente. La masa que preparamos para enviar —por Mr. Delivery o Yaigo— está pensada para que sea fácil extenderla directamente con los dedos en una lata de horno. Está un poco menos hidratada que la que solemos hacer en la pizzería. También incluimos instrucciones y sugerencias. Normalmente no le ponemos ni pimentón ni cebolla, pero los incluimos para que los clientes experimenten en casa con los diferentes sabores”. Para tener un resultado al estilo de una pizza napolitana, Sukko recomienda, también, precalentar el horno a la mayor temperatura posible y poner la lata en el escalón más alto.

La temperatura del horno asegura que la comida está libre de bacterias y virus; de esta manera y con sus propias manos, los clientes pueden estar seguros de que comen algo delicioso y libre de cualquier patógeno.

Los pedidos se hacen de 15.00 a 16.00 —esto para evitar la saturación de los servicios de entrega—, los envases pueden reutilizarse y todo está empacado para llegar fresco y listo para cocinarse, aunque también se puede dejar en la nevera para intentarlo al día siguiente.

“Durante varios meses trabajé haciendo pizzas caseras antes de abrir la Imilla Alzada, utilizando el horno eléctrico que tengo, que llega a unos 180 grados centígrados. La experiencia que gané así no pagó muchos frutos en el restaurante porque allí tenemos un horno de barro cuya temperatura puede llegar a los 500. En cambio ahora todo eso vuelve y utilicé lo que aprendí para planificar este kit, que es una buena forma de empezar a hacer pizzas en una cocina común”, narra el emprendedor paceño.

Para quienes se sientan un poco más inseguros antes de empezar, en las redes sociales del restaurante podrá encontrar fotografías que ilustran todo el proceso, así como más sugerencias y consejos. La web también está llena de opciones a probar para todos aquellos que tengan algo más de experiencia y quieran crear combinaciones gastronómicas más elaboradas o exóticas.

“Espero que ahora que podrán tocar y probar la calidad de los insumos haya más apreciación por ellos. Pasamos más de tres meses buscando queso de buena calidad, que es el mismo que enviaremos en los sets. Nuestra salsa es una combinación bastante simple pero rica y la masa ha pasado toda la noche reposando. Así, hacer una pizza puede transformarse en algo más. Es una manera de compartir, que además motiva a la creatividad”.

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Con humor, la galería Altamira cierra sus actividades en la Larga Noche de Museos Virtual

El espacio de arte lanzará un tercer video este sábado

Algunas de las obras expuestas en Altamira. CRÉDITO: Galería Altamira

/ 22 de mayo de 2020 / 22:02

“El arte sale bien parado de las grandes crisis”, declara contundente Ariel Mustafá, director de Altamira, galería de arte. Lejos de una actitud apocalíptica, el espacio de arte apuesta por el humor y la irreverencia para cerrar su participación en la Larga Noche de Museos Virtual con un video que lanzará este sábado a las 20.00, desde su página de Facebook https://www.facebook.com/altamiragaleria

“El goce estético es lo que nos ha acompañado en esta cuarentena, no estás solo si tienes un cuadro. Tras teletrabajar, el único momento en el puedes encontrarte contigo mismo es a través del arte. Las personas que tienen el privilegio de hacer la cuarentena han escuchado más música, han leído más literatura y creo que todos estamos más sensibles, condición que nos acerca a todo tipo de creación. Sé que será difícil volver al nivel en el que estábamos, pero estoy seguro de que no nos quedaremos con las manos vacías”, detalla Mustafá. 

Fiel a la visión de su director, Altamira produjo un proyecto audiovisual que busca innovar creativamente la manera en que se recorre la galería. Tres videos son parte de esta propuesta. El primero es una presentación, el segundo, una muestra de los cuadros que están en exposición virtual, denominada Cuarentenarte, que permanecerá en los muros de la galería durante un mes una vez que las medidas se flexibilicen.

Y el último, que se lanzará el sábado, es un monólogo que busca reflexionar con irreverencia, humor y nostalgia sobre la cotidianidad en este tiempo extraordinario.

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Convocan al concurso de ensayos Juventud y ciudadanía en tiempos de crisis

El certamen está dirigido a personas de 18 a 24 años. Los textos podrán presentarse hasta el 14 de julio y el primer premio recibirá 1.000 euros.

El concurso busca conocer las reflexiones de la juventud. Foto: Unión Europea

/ 22 de mayo de 2020 / 17:28

Juventud y ciudadanía en tiempos de crisis es un concurso de ensayo que busca recuperar las reflexiones y propuestas de los jóvenes en relación a los momentos de crisis que ha vivido Bolivia desde los últimos meses del 2019. Podrán participar personas desde los 18 a los 24 años. Además de premios en dinero en efectivo para los dos primeros lugares, los textos elegidos por el jurado serán parte de un libro a publicarse. La fecha límite para enviar los escritos es el 14 de julio.   

“El objetivo del concurso es contribuir al intercambio de visiones, pensamientos y análisis, desde la mirada de la ciudadanía y desde la juventud, particularmente, en este tiempo caracterizado por cambios inesperados, con la idea de generar un espacio de reflexión e intercambio con la sociedad civil. Asimismo, el concurso quiere apoyar el ejercicio ciudadano de los jóvenes, como los actores emergentes, constructores del nuevo país”, explica la nota de prensa de la Delegación de la Unión Europea en Bolivia, organizadores de esta iniciativa.

1.000 euros recibirá el ganador y 750 el segundo puesto. Participar no tiene costo y solo se podrá enviar un ensayo, obligatoriamente inédito, por persona. Deberá tener 2.500 palabras como mínimo y un máximo de 4.500. Los interesados pueden descargar la convocatoria completa de la página web www.uetrabajandojuntos.org/documentos/  o bien mandar las consultas al mail UEConcurso@gmail.com

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Historietistas e ilustradoras nacionales e internacionales se reúnen en un conversatorio, sobre el libro Las viñetas se ilustran en femenino.

Viñetas con Altura organiza esta actividad, centrada en su última publicación en la que participaron 20 autoras

El tema de la más reciente versión del Festival Internacional de Historietas Viñetas con Altura fue la mujer

/ 22 de mayo de 2020 / 00:45

El tema de la más reciente versión del Festival Internacional de Historietas Viñetas con Altura fue la mujer. Como resultado, en febrero se publicó “Las viñetas se ilustran en femenino”, una antología que reúne la obra inédita de 20 artistas bolivianas y extranjeras. Ahora, como parte de la Larga Noche de Museos, la asociación Viñetas con Altura organiza un conversatorio virtual con la participación de gran parte de las autoras.

“En esta ocasión contaremos con la intervención de gran parte de las historietistas, ilustradoras y humoristas que fueron parte de esta antología. Ellas hablarán sobre las obras que crearon especialmente para el libro y sobre sus proyectos actuales”, detalla Alexandra Ramírez, directora de la editorial Con Altura —proyecto de la Asociación Viñetas con altura— expresidenta del festival, historietista, ilustradora y animadora nacional.

Alejandra Andrade, Ana Medinacelli, Avril Filomeno, Diana Cabrera, Alejandra Lunik, Susana Villegas, Sofía Cueto, Antagónica Furry y Daniela Peterito, son algunas de las participantes. Además de estar escrito en español “Las viñetas se ilustran en femenino” tiene traducciones al aymara y quechua y contiene códigos QR que se conectan con audios y diferentes elementos interactivos por internet.

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