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Ligia D’Andrea, tejedora y dibujante del lenguaje

‘Continuum’ es la muestra que la artista presenta en la galería Mérida Romero.

Ligia D’Andrea Foto: Christian Calderón

/ 22 de mayo de 2019 / 00:00

La palabra es el primer dibujo abstracto que hace un ser humano. De niño, se trazan con facilidad líneas para representar la casa, la familia, el perro… pero cuando nuestra mano se desplaza sobre el papel para plasmar su primera “A”, entramos al universo de los simbólico. De ese punto parte la muestra Continuum, de Ligia D’Andrea, que se expondrá hasta el 2 de junio en Mérida Romero  Espacio de Arte (Gabriel René Moreno 1223, San Miguel).

Nacida en Coixas do Sul, Brasil, en 1948, la artista radicada en Bolivia desde 1993 ha elegido para la muestra piezas que giran en torno a la palabra y la escritura, evocando el movimiento, el tránsito del lenguaje. “Hemos escogido materiales que pudiesen formar una línea narrativa. Este trabajo lo tenía guardado, nunca lo he mostrado en una galería, por eso hay obras de 2002, 2004… Si bien siempre he trabajo con instalaciones, en paralelo he dibujado mucho”, explica la artista que se formó en Artes y Diseño en Brasil y Alemania.

D’Andrea presenta dibujos que evocan la escritura, así como escritura que evoca el dibujo, en un viaje de ida y vuelta, con la sensación de perpetuo movimiento. A la vez, la palabra escrita o dicha no tiene retorno: deja de pertenecernos. Con los libros arma esculturas u objetos arte, manipula las hojas creando texturas o cascadas de frases. Es el movimiento que refleja Continuum, palabra que toma del latín —madre del español, el portugués, el francés o el alemán, que se incluye en las piezas— para describir movimiento.

Textos de la escritora y cineasta francesa Marguerite Duras (1914- 1996), así como los de la ucraniana-brasileña Clarice Lispector (1920-1977) y de la literata y poeta paceña Mónica Velásquez están presentes en las obras: D’Andrea transcribe en papelitos, con los que forma un cuadro tridimensional, un libro de Duras que habla sobre la escritura. “Cuando lo leí, vi que ella describía su posición personal al respecto, y hablaba de toda la ambientación que un artista puede tener en la creación y me di cuenta de que era la misma que yo tenía al dibujar”, agrega la creadora.

En otra pieza, copia un texto de Lispector que versa sobre ella misma y su deseo de pintar. “Una escritora habla sobre pintar. Es un paralelismo. Yo estoy al medio: copio textos porque escribir es el primer dibujo conceptual del ser humano, del habla y sobre el entendimiento del lenguaje”.

Con los textos de Velásquez —extraídos de La hija de Medea (2008)— intervino un catálogo del artista estadounidense Andy Warhol (1928-1987), de cuyas páginas salen versos en pedazos de papel.

También la escritura se relaciona con el tejido: el hilado de letras, de conceptos. Por ello también incluye arteobjeto: dos nidos hechos de alambre. “El acto de tejer los alambres es una graficación, así como escribir es la graficación de las palabras; comparten la misma cadencia gráfica”.

El paso del tiempo, tanto sus procesos cíclicos como su carácter definitivo, como la muerte, son abordados a través de la palabra. Están las cartas manuscritas, un rastro de escritura a través del tiempo que permanece en tiempos del correo electrónico y el mensaje de WhatsApp; están los curvilíneos dibujos en textos en alemán antiguo, donde destaca la figura femenina y símbolos de la procreación. Por eso un libro toma la forma de matriz y otra pieza, un cráneo mapeado, “vomita” palabras, aquellas sin retorno, que ya no pueden volver.

Este cuadro que “vomita” palabras dibujadas en papeles representa a la palabra que permite permanecer más allá de la muerte: “cuando se habla de un muerto, lo que hacemos es perpetuar su existencia; la palabra nuestro origen y ese final que no acaba”.

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El teatro sale a la calle

La Compañía Impresentable estrenó una pieza breve basada en la sonoridad y teatralidad para llegar a la gente encerrada por la pandemia

Teatro en la calle

Por Francia Oblitas y Miguel Vargas

/ 2 de diciembre de 2020 / 15:12

La Compañía Impresentable, consciente de que la pandemia tenía encerrada a la gente, sailó a las calles con una propuesta para ser vista y oída desde los balcones, las ventanas y los puestos de venta: Alturas para cuatro megáfonos peregrinos. Los actores Bernardo Arancibia, Mariana Requena, Francia Oblitas y Adalid Cotjiri recorrieron con su arte los mercados y vías populares en la obra dirigida por Óscar García.

La idea partió del uso de aerófonos: bocinas, flautas, tarcas y megáfonos. Los actores dan vida a cuatro seres que, cual peregrinos, recorrieron distintas zonas de la ciudad. Están vestidos con los trajes de bioseguridad, elementos apropiados en nuestra cotidianidad, explica Francia Oblitas, integrante del grupo y autora de los textos. Un dibujo de García es la línea, el hilo que une a estos peregrinos, todos diversos, pero en la búsqueda de un camino en común.

Es una obra móvil que contó con el financiamiento del fondo municipal Focuart, y que invita a los vecinos a asomarse hacia la calle para apreciar la propuesta. En estas páginas, las fotografías de Nicole Paredes —que forma parte del equipo con Daniel Mauricio y Martina Villegas (video) y Os Gutiérrez (diseño gráfico) — están acompañadas por fragmentos del texto escrito por Oblitas.

Artistas llevan teatro y música a las calles

Foto: Nicole Paredes

Foto: Nicole Paredes

Foto: Nicole Paredes

Foto: Nicole Paredes

Foto: Nicole Paredes

El llamado

— Salga a su ventana, salga a su terraza, salga a su balcón, a la puertita de su casa.

— Salga señora, salga señor, saaaaal, saaaal…. saaaaal yodada, sal yodadaaaa … cocinada, sazonada, antojada.

— “Saaal a la ventana, ponte ahí cómodo y con confianza, como si estuvieras en tu casa.

— “Atento barrio para escuchar esta sonata, esta dulce serenata”.

El encuentro

— Me dieron árboles de la selva que nacieron como yo, savia pura del bosque, patas libres y alón.

— Me dieron granos, semillas y hojas de cedrón son la sangre que se pierde por cada ambición.

La despedida

— Aunque hubiéramos compartido nuestros bienes y hecho amigos, si no somos capaces de reconocer al vecino, no hemos llegado a ningún sitio.

— Aunque hubiera cargado mi mochila, esperado por cada peregrino y leído cada libro, si no tengo memoria de la tierra en la que habito, no he llegado a ningún sitio.

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El dulce que une a la familia

Ximena Prudencio y su hija Catalina Jordán han conseguido que los alfajores sean un delicioso vínculo de amor

Socias. Ximena Prudencio Bilbao y su hija Catalina Jordán Prudencio trabajan juntas con los alfajores, los muyus, de Muxsa

Por Miguel Vargas

/ 25 de noviembre de 2020 / 11:16

A mi abuelita le encantaba el dulce. Si ella estuviese con vida, seguramente habría disfrutado mucho de estos alfajores”, recuerda Catalina Jordán Prudencio, chef de profesión y una apasionada por la pastelería. Durante la pandemia, mientras apoyaba a sus dos hijos en las clases en línea y desarrollaba sus actividades, encontró en su mamá —Ximena Prudencio Bilbao— una cómplice perfecta para concretar un emprendimiento lleno de sabor y basado en esta debilidad por los postres. Muxsa, “dulce” en quechua, es el nombre de la marca que han creado juntas, en una búsqueda del alfajor perfecto gracias a la técnica de Catalina y la pasión por los productos artesanales de Ximena.

Foto: Gabriela Prudencio

“En la cuarentena hemos hecho varias pruebas. De ahí surgió la idea. A mi abuela le gustaban mucho los alfajores y nos decidimos y tomamos unas clases. Acto seguido, nos lanzamos a experimentar y seguimos trabajando hasta perfeccionarlos. Los hicimos probar a familiares y amigos cercanos y, cuando estuvo listo, lo lanzamos al público”, agrega Catalina.

El producto estrella es el alfajor de manjar bañado en chocolate negro —el muyu, “redondo” en quechua— pero también hacen mermeladas caseras y pronto presentarán más sabores de alfajores. El empaque y las bolsas también son artesanales y se hacen también a mano. “Nos interesa rescatar las palabras en nuestros idiomas nativos, por eso tenemos un diccionario con términos en quechua, como la wayaqa, que es la bolsa hecha a mano o tukuy, que significa: ‘agotado’”.

Foto: Gabriela Prudencio

“Mi mamá es mi mejor amiga —dice Catalina—. Siempre nos hemos brindado mucho apoyo. Por eso trabajar juntas es importante, somos un equipo, ella es súper organizada y me jala a ser más organizada a mí. Nos repartimos tareas y cada una sabe en qué enfocarse”.

Una tercera Prudencio se ha sumado al equipo: la imagen y el trabajo en redes sociales está a cargo de Gabriela Prudencio Kaune, arquitecta de profesión, y con una sensibilidad especial para el desarrollo de imagen.

Ellas son las “Muxsas Prudencio” y de vender los alfajores a parientes y amigos, han visto crecer a un público demandante gracias al boca a boca y las redes sociales. ¿Y cuál es su ingrediente secreto? “El amor”, sonríen.

Foto: Gabriela Prudencio

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Luis Arce promete ‘reconstruir’ el Ministerio de Culturas, encabezado por ‘una valerosa mujer’

El presidente de Bolivia aseguró que la reposición de esa cartera está restringida por una estructura dejada por el gobierno transitorio

Instalaciones del desaparecido Ministerio de Culturas. Foto: Archivo La Razón

/ 9 de noviembre de 2020 / 19:44

“Vamos a reconstituir nuestro Ministerio de Culturas”, anunció este lunes el presidente de Bolivia, Luis Arce Catacora, durante la toma del juramento de ley a los ministros que configurarán su primer gabinete. Si bien todavía no existe esta cartera, el mandatario destacó que estará dirigido por una mujer.

Mientras se haga la reestructuración, los temas culturales estarán bajo el paraguas del Ministerio de Educación, Deportes y Culturas, que desde hoy estará encabezado por Adrián Quelca Tarqui.

En el acto, el mandatario anticipó su decisión de reconstituir el Ministerio de Culturas, como había dicho también en campaña.

“Hoy nos restringe una estructura armada por el régimen anterior. Ahora nos toca sacar una nueva estructura”, argumentó. “Incluiremos el Ministerio de Culturas que estará dirigido por una valerosa mujer”.

En las redes sociales se baraja para el cargo el nombre de la gestora cultural Elvira Espejo Ayca. quien estuvo a cargo del Museo Nacional de Etnografía y Foklore (Musef) y que este año fue galardonada con la prestigiosa medalla Goethe. La intelectual qaqachaca actualmente se encuentra trabajando en Dresden, Alemania.

El Ministerio de Culturas se creó en 2009 durante la gestión presidencial de Evo Morales, que hizo énfasis en temas como la pluriculturalidad y la descolonización. El 4 de junio de este año, la presidenta transitoria Jeanine Áñez anunció la eliminación de esta cartera y la de Comunicación para reducir los gastos de gestión. Los Ministerios de Deportes y Culturas pasaron a Educación.

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El pandémico sabor clandestino

El proyecto de cocina de autor no solo aplica medidas de bioseguridad, sino que reflexiona sobre la alimentación en estos tiempos

Creador. Marco Antonio Quelca, el "casero mayor" de Sabor Clandestino, esperando con toallitas húmedas y alcohol a los comensales

Por Miguel Vargas

/ 21 de octubre de 2020 / 05:04

La comida callejera, la principal inspiración del colectivo gastronómico Sabor Clandestino, parecía herida de muerte cuando estalló la pandemia del COVID-19. Marco Antonio Quelca, cocinero y artista fundador de este colectivo, quien se encontraba con parte de su equipo trabajando en España en un programa que les permite capacitarse y practicar en temporada alta, vio que años de trabajo estaban en riesgo con las restricciones de bioseguridad, tanto para regresar a Bolivia como para seguir creciendo en sus proyectos. Entonces llegó la hora de reinventarse, una vez más.

Sabor Clandestino es un proyecto que nació en La Paz, producto de la reflexión y de la acción, de los saberes ancestrales en comunión con las más recientes técnicas de cocina, de la utilización de materia prima que está al alcance de todos, pero en formas insospechadas. Es una invitación para pensar, degustar y dejarse llevar.  

“El respeto por el tiempo y espacio me lleva a poder explorar algo más que insumos o productos de cada región y temporada, mis ojos están dirigidos sobre la cultura de lo cotidiano, la comida de calle, lo noble de la humildad y mis propias experiencias”, explica Quelca, —el casero mayor— quien ha destacado en diferentes cocinas nacionales e internacionales, así como en la creación de propuestas artísticas relacionadas con lo culinario.

Sabor Clandestino dio vida al proyecto Somos Calle, que nació cuestionando las tendencias actuales de la cocina de autor. El objetivo es “extraer propuestas ‘creativas’ de las cuatro paredes del restaurante” que resulta prohibitivo para la población popular, ya sea por los altos precios o por reglas de clase como la vestimenta, para ofrecer propuestas de manera gratuita, empleando la esencia de la comida de calle boliviana, brindando nuevas opciones al comensal de a pie y generando curiosidad para comer diferente.

Para poder subvencionar esto es que nació Cascándole, una experiencia gastronómica que busca llevar la creatividad culinaria a espacios abiertos y accesibles, para transmitir una cocina de compartimiento y no así una excluyente.

“Es itinerante, versátil por su temática, transversal por cubrir temas de interés social actual. Si bien se emplean técnicas conceptuales como la deconstrucción y reinterpretación, o el empleo de platillos muy populares, también se recurre a los productos considerados ‘humildes’ para realizar nuevas propuestas y aportar el concepto de comer nuestros productos, proponiendo nuevas opciones culinarias con base y fundamento en la cocina madre paceña y boliviana. El resultado final es una cocina de autor con raíces”, explica Quelca sobre su propuesta.

Desde 2014 que el proyecto fue creciendo: comenzó en una serie de cenas en la casa Hermanos Manchego, después pasó a miradores dentro de la ciudad, como El Montículo, después avanzó a temporadas completas en otros miradores más alejados en que se lleva a los comensales en un micro y nacieron finalmente las cenas en el mismísimo hogar del Sabor Clandestino. Cada elemento sensorial se fue potenciando y llegando a más adeptos. Sin embargo, la irrupción de 2020 trajo consigo la pandemia del coronavirus, existía el temor de no poder regresar al país y quedarse atrapados en España. Había miedo. Pero el momento resultó perfecto para recrearse. 

Una entrante en que se puede comer hasta el envase

Un sucumbé con sabor a coco

El precio de la experiencia es de Bs 380. Para contactos, escribir al 591 70548279.

Foto: Miguel Vargas

Foto: Miguel Vargas

Foto: Miguel Vargas

Foto: Miguel vargas

Nada es lo que parece en este viaje gastronómico: un vaso de refresco con la linaza de las 10.00

Nada de lo que se ve es lo que parece en la cocina de Sabor Clandestino

Nada de lo que se ve es lo que parece en la cocina de Sabor Clandestino

En las faldas del cerro de Cotahuma, Marco Antonio Quelca realiza un ritual de agradecimiento

Preocupaciones pandémicas

Después de varios meses, el micro azul nuevamente estaba listo para partir. Era el primer sábado de octubre y a las 11.30 aún se esperaba a un par de comensales atrasados. A pesar de la tensa calma de la “nueva normalidad”, las expectativas del grupo estaban a flor de piel. Ahora eran menos: 10 personas, para mantener el debido distanciamiento físico, cuando lo usual era transportar a 20 para que vivan la experiencia. “No ha sido malo del todo, pues para eventos privados teníamos un mínimo de 10 personas como requerimiento, y ahora se puede hacer la experiencia privada con un mínimo de seis, lo que han agradecido muchos de los caseros”, contaba Quelca.

El micro fue previamente sanitizado y Quelca esperaba en la puerta con un difusor de alcohol y toallitas húmedas para una desinfección constante de manos. Y es que había varios platillos que se comerían con las manos, así que ninguna precaución estaría de más.

El uniforme —pasamontañas negro con el traje blanco, híbrido entre la filipina tradicional de los chef y los trajes de las comideras— ha sido siempre característica del colectivo. “Antes yo lavaba autos y he tenido que usar pasamontañas para que no me reconozcan mis compañeros del colegio”, relataba Quelca ya en el bus. El uso ahora era un homenaje a los lustrabotas y estaba relacionado con el rechazo a la figura del chef como “estrella”.

El primer tiempo se degustó en el mismo bus y surgió de estas reflexiones pandémicas: la comida para entrega en casa. Si en anteriores versiones la crítica iba sobre el abuso de los productos plásticos que contaminan el medio ambiente fomentando el reciclaje y la reutilización, ahora la pandemia elevó al plástico al carácter de imprescindible. La respuesta de Sabor Clandestino: Hacer una comida en que hasta el envase resulte comestible.

El bus llevó a los comensales hasta el mirador de Laka Uta, de Cotahuma, donde la cocina y la mesa se habían instalado. Todos portaban barbijos, pero como el encuentro era al aire libre, bajo un radiante sol y rodeados de árboles, y con la suficiente distancia entre unos y otros, se disiparon de a poco todos los temores. La tensión pandémica fue aflojando poco a poco aliviada con agua con gas, limón, manzanilla y un buen k’aj de licor de coca, tras el tributo a la Pachamama.

La degustación continuó con una serie de platillos producidos con la meticulosidad de un laboratorio: se había pensado en que los ingredientes que se utilizarían se aprovecharían al máximo; en vajilla que fue creada exclusivamente por artesanos locales, así como la forma en que se haría el emplatado. Un ritual cerró la jornada a eso de las 14.00,  en un claro entre los árboles, Quelca hizo una ofrenda al cerro de Cotahuma que había permitido que se realice allí este almuerzo. Leyendo un texto que ha escrito en su libro, el “casero mayor” recordó cómo fue que el miedo llegó al barrio tras los deslizamientos de 1996 y que fueron los árboles los que sanaron la tierra y disiparon los temores de los vecinos, convirtiéndose ese espacio en un lugar de encuentro. Que así también desaparezca la amenaza del COVID-19 en los corazones de los paceños, como ha desaparecido el sorbete de eucalipto en las gargantas de los comensales.  

A la hora de presentar a los cocineros artífices de tan singular almuerzo, cada uno se quita el pasamontañas… y se pone el barbijo; cosas de la pandemia. Con Quelca estuvieron en este servicio Lizbeth Cuentas, Rubén Armando Mamani, Martín Loría, Javier Quispe, Samiri Campos, Williams Condori, Moises Bernabé y Bryan Palenque.

Nuevos proyectos

Si la existencia de la comida callejera estaba en peligro, ahora el colectivo impulsa su transformación. Por ello es que Quelca ha encabezado la capacitación de personas interesadas en comercializar comida rápida en la vía pública en la Escuela Taller de Sabor Clandestino. Lo que se busca es crear productos nuevos que cuenten con ingredientes nutritivos y de gran sabor para mejorar la alimentación de los paceños. Muy pronto, los carritos circularán por las ciudades de La Paz y El Alto.  Por otro lado, el colectivo se va de tour. Primero estará en Santa Cruz el 31 de octubre —la recepción ha sido increíble, hemos llenado tres días de la experiencia a las dos horas del lanzamiento— y en Cochabamba estarán desde el 7 de noviembre. “Llevaremos una base de nuestra propuesta, pero en cada contexto se generará una diferente, acorde con cada lugar”, promete el guía de este viaje culinario.

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Equinoccio: El renacer del fénix

Tras enterarse del incendio de la Casa del Rock, artistas se reunieron para contribuir con su reconstrucción

Por Miguel Vargas

/ 21 de octubre de 2020 / 05:01

Las iniciativas de los artistas no se hicieron esperar tras que un incendio afectara la madrugada del domingo 4 de octubre las instalaciones de Equinoccio, “la Casa del Rock”, en la Av. Sánchez Lima de Sopocachi. Se ha lanzado a la venta una botellita con cenizas de las paredes del pub paceño por Bs 50, se organizó un taller de batería y esta noche habrá un concierto por Streaming. Todo para ayudar a reactivar este espacio.

“La mañana del 4 de octubre fue trágica porque nuestro templo del rock paceño había sido devastado por las llamas. Ni bien nos enteramos, acudimos al lugar y vimos tristemente que la herida causada era muy grande”, cuenta Jherson Burgoa, integrante de la banda Astrofónicos.

“Vimos cómo las paredes de madera que podrían contar muchas historias nuestras estaban quemadas y nos dimos cuenta de que a pesar de todo el dolor, debíamos actuar”. Fue así que le pidieron al administrador, Diego Valdivia, que les regalara un pedazo calcinado de pared y con Jannine Landívar e Irina Sempértegui llenaron 200 botellitas con esas cenizas para venderlas a Bs 50. Todo lo recaudado va directamente a la cuenta de Limberth Alarcón, dueño de Equinoccio.

El frasquito con cenizas de las paredes calcinadas tiene un costo de Bs 50. Foto: Equinoccio

“La motivación ha sido la empatía con Limberth Alarcón y Diego Valdivia, amigos desde Caza Duende y Target. La noche siempre nos ha tenido vinculado al Equi”, cuenta el músico Iván Gumán J., quien dará un taller de batería para rock. “Decidí organizar un taller dedicado al rock.

Serán cuatro sesiones grupales los fines de semana de octubre. Tocaremos temas que usualmente se dan y otros que quedan cojos”, explica el músico. Entre los tópicos estarán el groove, la afinación para los distintos estilos del rock y técnicas de manos y pies. El taller está dirigido a los niveles básico, intermedio y avanzado. Habrá un certificado de participación. Para más datos, escribir al 70523030.

Artistas reunidos en 2019 por el aniversario de Equinoccio. Foto: Equinoccio

El estudio especializado en masterización de audio Lado B, de Marcelo Navía, anunció que donará el 10 por ciento de sus recaudaciones para la causa este mes. Martino Alvéstegui, de Submarine Productions, presentará hoy, a las 18.00, en Sesiones en el Submarinoal Dúo MoreZales a través de Facebook Live de la página de Submarine Productions. Los aportes se recibirán en la cuenta 469388-401-8 del Banco Bisa, a nombre de Limberth Alarcón (CI 4294521).

El incendio causó graves daños materiales, pero afianzó la amistad de los artistas, que volverán a levantar, juntos, la Casa del Rock.

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