Voces

miércoles 14 abr 2021 | Actualizado a 01:49

El periodista de hoy

Hoy, 10 de mayo, Día del Periodista Boliviano, es una oportunidad para reflexionar sobre los valores de la profesión que con valentía y pundonor ejercen los trabajadores y trabajadoras de los medios de comunicación, muchas veces, en condiciones políticas, económicas y sociales desfavorables. Y para reconocer su compromiso con la búsqueda de la verdad.

/ 10 de mayo de 2010 / 05:00

En los tiempos que corren, el oficio de informar se ha vuelto riesgoso. No es que antes hubiese sido fácil salir a la calle con un micrófono o una cámara, ni que el redactor que se sentaba frente a una máquina para escribir una noticia con la mayor fidelidad posible, no hubiera pasado vicisitudes. Basta recordar los aciagos días de la dictadura, cuando en Latinoamérica se perseguía como a delincuente al que informaba con el arma de la ecuanimidad o se atrevía a pedir justicia y paz social.

Por los vaivenes de la historia, el periodista, al igual que todos los bolivianos, se ha acostumbrado a lidiar con los momentos difíciles. Siempre ha sabido que la vida se le pondría cuesta arriba enrolándose en las filas del periodismo, alejado del poder público, aliado de la sociedad. Y sin embargo, como tantos otros bolivianos que aman su oficio, nunca ha claudicado; por el contrario, se mantuvo firme al lado de los que más le necesitan, de los que no tienen la posibilidad de hacerse escuchar con los que toman decisiones.

En estos días, el periodista debe saber que su rol histórico fundamental para el sostenimiento de la democracia, como abanderado de la libertad de expresión, cobra una fuerza singular. Decenas de colegas suyos mueren alrededor del mundo, cada mes, por ese mismo ideal. Y la dura —y a veces ingrata— tarea de llevar a los hogares lo que ocurre fuera de ellos, tiende a complicarse.

La presión ejercida últimamente por el poder político ha pretendido distorsionar los valores intrínsecos que son la base del periodismo; mas esto no ha hecho torcer la confianza de los bolivianos en el trabajo de los informadores que comparten con ellos su sensibilidad a través de los medios independientes.

Uno de esos valores es el de contribuir a la transparencia en el manejo del Estado informando lo que acontece en las instituciones públicas. Entendido así, el periodismo no podría ser otra cosa que un aliado de los gobiernos; nunca un «enemigo», o un «opositor», como en varias ocasiones lo ha considerado el presidente Evo Morales.
El periodista, sin embargo, es un ser humano como cualquier otro. Sufre, ríe, acierta y también se equivoca. En estos tiempos difíciles en que su labor está siendo seguida con lupa por el exceso de susceptibilidad, vaya un saludo para todos los hombres y mujeres que, lejos de la política y cerca de su profesión, el periodismo, militan todos los días al único servicio de la verdad.

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Anillos de presión

/ 14 de abril de 2021 / 01:34

La biodiversidad de Bolivia posiciona al país en el tercer lugar de Latinoamérica. Si bien la riqueza y variedad de especies está en todo el territorio nacional, una mayor parte de este Patrimonio Natural se concentra en las 22 áreas protegidas legamente establecidas, que son definidas como espacios geográficos delimitados y gestionados por instancias dependientes del Estado. Tienen el objetivo de preservar, conservar a corto y largo plazos la naturaleza junto a todos los servicios ambientales y valores culturales que brindan (IUCN, 2015).

Las actividades humanas que impulsan el aparato económico y productivo están acelerando e intensificando el cambio de uso de suelo y la deforestación en las últimas décadas, llegando a lugares y sitios claves del país por su valor y rol ecológico. La presión que ejercen es cada vez mayor en zonas de amortiguamiento y dentro de las áreas protegidas, provocando la pérdida de la biodiversidad y perturbando la funcionalidad de los ecosistemas que las caracterizan.

A partir de 2015 en las áreas protegidas, se identifica que el comportamiento anual del cambio de uso de suelo dentro y en lugares próximos es un tanto preocupante. En promedio se deforestan 11.000 hectáreas por año dentro las áreas protegidas, y en áreas circundantes o próximas a 5 kilómetros de sus límites geográficos, la eliminación de bosque supera las 15.000 hectáreas por año, evidenciando un incremento de más del 37% en este anillo de expansión, donde el cambio de uso de suelo se hace cada vez superior a lo detectado dentro de estas áreas.

La deforestación en Bolivia supera los 8 millones de hectáreas, a un ritmo por encima de las 300.000 hectáreas por año. El 90% de la eliminación de bosque ocurre fuera de las áreas protegidas, lo cual indica que estas áreas funcionan como barreras que intentan frenar el avance de la deforestación y otras presiones. De mantenerse este ritmo en el cambio de uso de suelo en áreas circundantes, los patrones identificados en estos anillos de 5 kilómetros de distancia podrían generar la desconexión y/o encierro de estas áreas de protección, teniendo como consecuencia el quiebre de corredores ecológicos fundamentales para la biodiversidad alojada y una disminución de los beneficios ambientales y culturales.

Es fundamental el monitoreo constante de estas áreas, así como ocurre con los incendios, a través de plataformas como FIRMS o SATRIFO que posibilitan información rápida y oportuna, para la atención y freno a las actividades ilegales en el corto plazo. Actualmente la socialización del estado actual de las áreas protegidas y las zonas circundantes es muy escasa. La deforestación y el cambio de uso de suelo avanzan de manera silenciosa, generando tendencias poco alentadoras, que ponen en riesgo de convertirlas en islas desconectadas.

Generar una conciencia de protección, además de mostrar la realidad y los beneficios que brinda en su conjunto, pueden contribuir a una mayor resiliencia a los efectos del cambio climático. La generación de información sobre la situación actual y las políticas de gobierno son mecanismos inmediatos que pueden contribuir a la conservación e incluso llevar a la reversión de los anillos de presión que actualmente sufre la biodiversidad en nuestras áreas protegidas.

Rodney Camargo es subgerente en monitoreo y alerta temprana de riesgos ambientales de la FAN.

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Pandemia, crisis y populismo ‘remake’

/ 13 de abril de 2021 / 01:02

Sin necesidad de explicitar, cuando usted leyó “crisis” enseguida sabía que iba a tocar su bolsillo —y el de los suyos, claro está— en las elecciones cercanas en Bolivia —las de octubre—, Ecuador y Perú. 

La pandemia ha sido un desastre para la región —y lo seguirá siendo tiempo más. Los tres países han sufrido con intensidad los embates de la pandemia: Hasta el sábado pasado (todos datos de la Johns Hopkins University), Bolivia alcanzó una morbilidad x 100.000 habitantes de 2.420,4, letalidad (mortalidad respecto morbilidad) de 4,4% —la mayor letalidad fue de 6,2% entre el 28 de octubre y el 10 de diciembre y nunca hubo el 10% de algunos discursos fantasiosos— y 107,0% la mortalidad por 100.000 habitantes; Ecuador tenía 2.025,9, 5,0% y 101,5% respectivamente, mientras en Perú llegaban a 5.103,3, 3,3% y 170,1% (ésta la mayor de Sudamérica); comparando los tres países, solo Ecuador tiene menos morbilidad y mortalidad que Bolivia pero con más letalidad, lo que demuestra que en Bolivia, hasta ahora al menos, la pandemia ha sido moderadamente manejada. En vacunación hasta el sábado (Our World In Data), Bolivia estaba en 0,13 por 100 habitantes (2,9% de las dosis a administrar) y Perú 0,04 —Ecuador el día 6/5 reportaba 0,08, igual que Bolivia ese día—, lejos de los campeones sudamericanos: Uruguay (0,93) y Chile (0,90) —Paraguay estaba en el fondo, con menos de 0,01.

Toda esta parafernalia sobre la incidencia del COVID-19 es más penosa cuando estremece cruzarla con las caídas de las economías: Según la CEPAL, en 2020 Bolivia se contrajo 8,0%, Ecuador 9,0% y Perú 12,9% y para 2021 las recuperaciones pronosticadas serán de 5,1% (aún -2,9% respecto de 2019), Ecuador 1,0% (-8,0%) y Perú 9,0% (-3,9%), peor si se le suma la aceleración extraordinaria en el crecimiento de la deuda de cada país, por lo que el FMI considera que el crecimiento del PIB en Latinoamérica retornará a los niveles previos a la pandemia en 2023 —a muy diferentes velocidades— y el PIB per cápita lo hará en 2025. El regreso a niveles de 2019 para estos tres países estará entre fines de 2022 y 2024 (Banco Mundial).

Es el caldo de cultivo de la demagogia populista: el populismo del socialismo 21, remake ya no tan del Foro de São Paulo —sin Brasil de Lula— sino más del Grupo de Puebla —con México de AMLO— en comicios Bolivia (2020) y Perú y Ecuador (ahora) en plena crisis del COVID-19.

En octubre, Bolivia optó mayoritariamente (55,11%) por repetir una maquillada Historia de Éxito —la del pretendido “milagro económico” de 2014-2018, indulgencia totalmente ajena— y por un gobierno asaz moderado que superaría la confrontación de 2019 y las incertidumbres de 2020 —pandemia por medio—; ni una ni otra: la economía va en peor, priman la confrontación y las falaces narrativas. Por contrario, Ecuador fue a balotaje pugnando entre un remake de Correa que no encantó en primera a casi el 68% de votantes y una visión conservadora que, por tercera vez, parecía no aglutinar al electorado: A diferencia de Bolivia, Ecuador decidió frenar el correísmo y Guillermo Lasso gobernará, aunque con una Asamblea con mayoría relativa correísta.

Las elecciones en Perú se dan en el descrédito de la clase política —cuatro presidentes en tres años; cinco de los ocho presidentes tras el fujimorismo juzgados por corrupción, uno de ellos suicidado—, la segunda mayor contracción en la región y un mal manejo de la pandemia. Siendo el único de los tres países donde nunca gobernó el socialismo 21, un denunciado afín al ultramaoísta Sendero Luminoso —Pedro Castillo— puntea (16%) a medio escrutinio.

Acá, variando por departamento entre el 36 y el 64% escrutado, el MAS pierde en las cuatro gobernaciones y, hasta ahora, quedaría solo con las tres ya ganadas.

Esperemos resultados. Y consecuencias.

José Rafael Vilar es analista y consultor político.

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Ser niña en Bolivia

/ 12 de abril de 2021 / 02:03

Cuando encendemos el televisor para ver las noticias del día, hojeamos el periódico para informarnos o revisamos nuestras redes sociales, siempre estarán ahí. Son esos titulares y narraciones que no quisiéramos ver pero que lamentablemente nuestra realidad nos lo impide. Las noticias de feminicidios, infanticidios, violencia de género y contra la niñez no dejan de estar presentes en nuestro contexto.

En Bolivia, solo en el primer trimestre de 2021 se registraron cinco infanticidios y 282 casos de violación a niñas, niños y adolescentes —más del doble de casos presentados el pasado año—. Esta es la realidad que atraviesan muchas niñas, además de ser madres antes de los 18 años —varias veces producto de violaciones— o afrontar las uniones forzadas tempranas, hecho que limita sus posibilidades de estudios, salud integral, libertad e igualdad de condiciones.

Hasta el pasado 5 de abril se reportaron 32 feminicidios, esto quiere decir que 32 mujeres fueron asesinadas en Bolivia solo por su género. ¿Ese es el futuro que estamos construyendo para las niñas? ¿Una vida en la que ellas teman por ser acosadas en las calles, no sean escuchadas cuando denuncien hechos de violencia o tengan miedo de decir lo que piensan porque podrían ser insultadas?

Hoy, en el Día de la Niña y Niño en Bolivia quiero recordar el motivo por el cual se declaró esta conmemoración: visibilizar la situación de los menores de edad en el país, identificar sus necesidades y cuidados específicos requeridos para alcanzar su derecho a la igualdad y equidad de género. La primera declaración fue en 1955, por Decreto Supremo, y tres días después de la redacción de la Declaración de los Principios Universales del Niño realizada por las Naciones Unidas; y en la segunda, en 2013, se instituyó la fecha —mediante la Ley 357— como el Día de la Niña y del Niño en el Estado Plurinacional de Bolivia.

Los hitos históricos nos permiten identificar que estamos persiguiendo el derecho de la igualdad para las niñas en Bolivia hace más de 60 años. Sin embargo, los datos que refleja la realidad nos dicen que debemos invertir más esfuerzos por lograr este propósito. Además, será necesario reflexionar cuál es la ruta que seguiremos para eliminar la violencia, o por lo menos impedir que sea normalizada. Un elemento central es la participación activa de todos los sectores involucrados, uno de los principales: las niñas. Debemos escucharlas, saber qué piensan, qué sienten y qué proponen.

Por ejemplo, en un estudio global de Plan International se identificó que 83% de las niñas afirmó sentirse preocupada por la violencia sexual y un 73% por la violencia de género. Esta es tan solo una muestra que representa la conciencia que tienen las chicas sobre la realidad que atraviesan día a día y debería ser una alerta para las instituciones, autoridades, organizaciones y sociedad civil para considerar la problemática y, sobre todo, el valioso espacio de dialogar y escucha activa con las niñas.

Esperamos que los 12 de abril no se conviertan en un día para recordar tragedias de niñas víctimas de violencia grupal, agresiones físicas y psicológicas o maltratos. Sigamos trabajando para que este día sea el que nos permita sentir la paz de abrir el periódico, encender la televisión y ver las redes sin un solo titular que nos recuerde que la violencia contra las niñas, niños, adolescentes y mujeres aún existe. Todo esto, como resultado de haber escuchado sus voces, buscado soluciones de raíz e implementado una estructura que combata cualquier tipo de violencia.

 Emma Donlan es directora País de Plan International Bolivia.

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¿Y la conspiración?

/ 12 de abril de 2021 / 01:50

A los pies del Cristo Redentor, el 4 de octubre de 2019, en medio de un atiborrado de gentío asistente al cabildo, el líder cívico cruceño Luis Fernando Camacho lanzaba una profecía: “Hemos definido rebeldía y desobediencia, ante un posible fraude. Es nuestro derecho y no es sedición, es soberanía”. Acto seguido, a las dos semanas, el 20 de octubre, noche de los escrutinios, gracias a la suspensión de los datos electorales preliminares no vinculantes, Carlos Mesa, candidato presidencial, llamaba a una movilización arguyendo un “descomunal fraude”. Entonces, para el bloque opositor al Movimiento Al Socialismo (MAS), la profecía se autocumplía.

Pero, no fue profecía —o plegaria divina obispal. Fue parte de una confabulación conspirativa que desembocó en un golpe de Estado. Esta tramoya política se ajusta a un delito penal: la sedición. El Código Penal establece que los culpables de esta transgresión “serán sancionados con reclusión de uno a tres años los que, sin desconocer la autoridad del Gobierno legalmente constituido, se alzaren públicamente y en abierta hostilidad, para deponer a algún funcionario o empleado público, (…) ejercer algún acto de odio o de venganza en la persona o bienes de alguna autoridad o de los particulares o trastornar o turbar de cualquier otro modo el orden público”. En concordancia a los hechos, hay indicios inequívocos que hubo una sedición para el derrocamiento del expresidente Evo Morales.

Hace mucho tiempo, la tramoya golpista se fue gestando. Su clímax fue en octubre/ noviembre 2019. El politólogo Gene Sharp, con relación a los novedosos golpes de Estado del siglo XXI, señala que son resultado de estrategias conspirativas para derrocar gobiernos democráticos. Las fases conspirativas delineadas por Sharp se ajustaron a la maquinación golpista contra la democracia boliviana. La primera de ablandamiento, se remonta al referéndum constitucional del 21 de febrero de 2016, donde se estableció las matrices discursivas; luego, en la segunda fase se orientó a deslegitimar el liderazgo político de Morales posicionando la idea del “tirano”. La tercera fue del “calentamiento en las calles” con movilizaciones promovidas desde las plataformas ciudadanas con la consigna “Bolivia dijo NO”. La cuarta etapa fue un pastiche de diversas estrategias desplegadas (guerra psicológica, racismo, violencia física, etc.) en el curso de la movilización “ciudadana”, poselecciones de 2019. Finalmente, la etapa de la fractura institucional, o sea, el golpe de Estado.

Hoy el debate sobre el golpe de Estado esquiva la etapa conspirativa previa. Se hace imprescindible investigar este periodo sedicioso para esclarecer las fuentes de financiamiento, descifrar el modus operandi; esclarecer la participación directa e indirecta de políticos, dirigentes cívicos, militares, policías, diplomáticos extranjeros, religiosos, periodistas e inclusive intelectuales. Al parecer, las movilizaciones urbanas poselecciones de 2019 no fueron el inicio para la renuncia presidencial forzada de Morales, como se esfuerza en señalar la inteligentsia golpista, sino, todo lo contrario, el corolario de una cruzada conspirativa que desembocó en la ruptura constitucional.

Entonces, las pesquisas deberían empezar con una pregunta del entrañable Sherlock Holmes: ¿A quién benefició el crimen? O sea, ¿a quiénes benefició el golpe de Estado? Quizás, por esta ruta holmesiana se identifique a los responsables de la conspiración, ¿quiénes pactaron con policías y militares?, y, finalmente, en el periodo posgolpe, ¿quiénes se beneficiaron con la liberación de impuestos?

Yuri Tórrez es sociólogo.

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Facebook y los DDHH

/ 12 de abril de 2021 / 01:39

El 16 de marzo de este año, Miranda Sissons, directora Global de Derechos Humanos de Facebook Inc., presentó la Política Corporativa de Derechos Humanos de esa empresa que es válida para todas sus apps. Es la primera política empresarial de este tipo emitida por una plataforma digital, como se les dice de manera genérica a las empresas de redes sociales, mensajería instantánea, streaming o cualquier otro servicio que se da en Internet de manera masiva.

La directora ha expresado el compromiso empresarial con un sinfín de cuerpos legales de defensa de los Derechos Humanos como los Principios Rectores de las Naciones Unidas sobre Empresas y Derechos Humanos, la Declaración Universal de Derechos Humanos, la Declaración de la Organización Internacional del Trabajo relativa a los principios y derechos fundamentales en el trabajo, la Convención Internacional sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Racial y contra la Mujer, la Convención sobre los Derechos del Niño, la de las personas con discapacidad, los Principios de Libertad de Expresión y Privacidad del Global Network Initiative (GNI) y los Principios de la OCDE sobre Inteligencia Artificial, entre varios otros.

Sin duda es un enorme trabajo y un enorme cuerpo de principios al que se compromete Facebook y lo hará además con un fondo de apoyo a los defensores de Derechos Humanos en el mundo. ¿Por qué lo hace siendo que esto implica recursos y un esfuerzo importante de cambio en sus procesos empresariales?

Es una respuesta a presiones que viene recibiendo hace varios años acerca de vulneraciones de Derechos Humanos en sus plataformas relacionadas a libertad de expresión, privacidad, discriminación, discurso de odio, entre otros. Estas denuncias hicieron crisis con el escándalo de Cambridge Analytica que implicó el uso de millones de registros personales de usuarios y no usuarios de la plataforma para la supuesta manipulación de elecciones. Mark Zuckerberg confesó ante el Parlamento norteamericano que no entendía plenamente los efectos que su plataforma podría estar provocando en la democracia. Se dio cuenta de que se había metido en temas grandes y serios que necesitaban otro tipo de soluciones, no solo las tecnológicas.

Será interesante seguir el desarrollo de estas iniciativas que juntan dos mundos, el privado y el público; dos intenciones: la búsqueda de beneficios y la defensa de derechos.

Este debate y sus soluciones están en inglés, responden a la opinión pública de Estados Unidos y conversan con Asia y África en inglés, por el momento. Es de esperarse que algo más adelante lleguen a América Latina y conversen acerca de nuestras propias preocupaciones en castellano.

 Eliana Quiroz es ciberactivista y burócrata. blog: www.internetalaboliviana. word-press.com

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