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domingo 24 ene 2021 | Actualizado a 02:54

No lo sé, pregúntale al pulpo

Sorpresas de todo tipo ha traído este Mundial. Entre vuvuzelas y el Waca Waca de Shakira, la figura que se ha coronado como el centro de la atención es el pulpo Paul.

/ 10 de julio de 2010 / 05:00

Sorpresas de todo tipo ha traído este Mundial. Entre vuvuzelas y el Waca Waca de Shakira, la figura que se ha coronado como el centro de la atención es el pulpo Paul.

El cefalópodo que vive en el acuario Sea Life de Oberhausen (Alemania), supuestamente tiene cualidades premonitorias y hoy es una estrella mediática. Los canales de televisión del globo se las ingeniaron para conseguir alguna versión local —sea títere, actor o ejemplar vivo— para replicar la adivinación: dos cajas, cada una con la bandera de un país en competencia y un mejillón. La primera carnada que elija Paul será la del equipo triunfador del encuentro.

Ante los últimos aciertos de este hijo de los Octopodidae, las redes sociales se han llenado de chistes sobre él. De entrada, está en funcionamiento una aplicación en Facebook denominada «Pregúntale a Paul», con respuestas como «Nos vemos en el Mundial 2014», «Ganará España»  y «Kaká se enamorará de ti».

También hay grupos con nombres como: «No sé, mamá, pregúntale al pulpo», «Yo también soy de la iglesia del pulpo Paul», «Los niños, los borrachos y los pulpos siempre dicen la verdad» o «Dicen que el pulpo Paul es en realidad pariente de Ratzinger y Cthulhu…».

Paul, al final, apostó por España. Sea cual sea el resultado, alguien podrá soltar el ya famoso: «Pulpo, hijo de pulpa».

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Biden y el regreso de las sonrisas

Para América Latina, las noticias no son grandes noticias, pero son noticias: al menos, hay.

/ 24 de enero de 2021 / 01:37

Se fue Donald Trump y llegó un nuevo presidente a la Casa Blanca. Mientras tanto, América Latina, una región eternamente abandonada o vista con condescendencia, sigue ahí, esperando. Hace cuatro años que esperaba poder decir esto: adiós, Donald Trump.

Ese momento llegó. Y llegó para Estados Unidos como realidad y para los demás como promesa. De manera que, con Trump fuera y Biden de estreno, ¿qué promesa hay para nosotros, América Latina, el eterno “patio trasero”?

Trump representó el epítome de la muerte civil y republicana para el continente. Todo es historia conocida y reciente, de un patetismo tan realista que empequeñece toda imaginación. Trump humilló a México y despreció a los mexicanos, maltrató a padres, madres y niños centroamericanos y llegó al barbarismo de llamar “países de mierda” a naciones contrariadas como Haití. Todo en Trump ha sido chamuscar la tierra.

Hay un poema de Wisława Szymborska, Sonrisas, que me atrapa por su combinación de amabilidad y mordacidad. La humanidad es triste y trágica, sugiere, así que necesitamos que quienes deben dar esperanza —los “hombres de Estado”— muestren de vez en cuando una dentadura amistosa y reluciente. “El mundo confía más en lo que ve”, escribe, “que en lo que escucha”.

Dada la oscuridad de la que venimos, la sonrisa omnipresente de Joe Biden se ha hiperbolizado: parece un símbolo irremplazable de la delgada confianza que pedía Szymborska: “Aún no es tanta en estos tiempos la certeza/como para que los rostros muestren su natural tristeza”.

Sin exagerar, la gestualidad es transformadora. Trump era un ser arremetedor. Su sonrisa jamás suponía un acto reposado: la burla le llenaba la boca. La llegada de Biden y Kamala Harris a la Casa Blanca —dos de las mejores sonrisas políticas de Estados Unidos— sugiere el final de una temporada de peste. Szymborska: “La ortodoncia en diplomacia/es garantía de eficacia”.

Pero esa mirada —que es tierna, y está bien, pero asume los hitos como fin y comienzo— es incapaz de dar cuenta de lo que nos falta. Joe Biden no es la salvación sino otro principio. Es una sonrisa, claro, entrenada para encajar: dice lo que debe o puede, controladamente. Como Barack Obama, no es un transformador radical sino un hombre de centro. Jugará al equilibrio entre la presión del ala izquierda demócrata y los lamentos rabiosos de los republicanos más radicalizados.

Seamos claros: Trump negó al patio trasero latinoamericano toda entidad. Ni siquiera George W. Bush, alucinado por atropellos internacionales como Irak y Afganistán, mostró un desdén similar. Al menos tenía eso que en política y diplomacia mantienen vivas las relaciones: gestos, una forma mínima de respeto.

Biden tiene ahora la responsabilidad moral y política de recuperar la región. La tarea para él es más ardua, como la que toca a todo reconstructor tras un desastre. Pero es a la vez una grandiosa y única oportunidad de hacer las cosas mejor. Lo ideal: gestos más significativos, un involucramiento mayor y empezar a vernos como vecinos más que como el baldío posterior donde se apilan cachivaches.

De hecho, haya o no compromiso, está en el propio autointerés de Estados Unidos involucrarse con América Latina. Ya Biden anunció el regreso del país al multilateralismo y es probable que eso reabra los canales con México, Centro y Sudamérica pues hay una urgencia geopolítica que tiene el tablero del Pentágono con luces rojas parpadeantes: China.

La escena no es la mejor. Los halcones neoconservadores de Bush alejaron a Estados Unidos de la región y Barack Obama no avanzó más allá de Cuba hasta el arribo de Trump, abandonado a la ignorancia e insularidad. Pekín aprovechó el vacío evidente para hacer billonarias inversiones en infraestructura, financiar gobiernos necesitados de fondos y convertirse en una aspiradora de materias primas. Rusia, en menor medida, también vio una ventana en el descuido y cansancio estadounidense.

El patio trasero fue dolorosamente clave en la coyuntura de la Guerra Fría, pues aquí se jugaron disputas entre relatos capitales del siglo XX. Conocemos nuestra historia reciente de dictaduras, guerras, revoluciones, asesinatos y desapariciones masivas relacionadas a algún episodio de intervencionismo estadounidense.

Es curioso, pero si la atención vuelve a la región con un gobierno demócrata será antes por una agenda típicamente republicana —proteger el patio— que por urgencias humanísticas. Aunque Biden ha prometido revertir las políticas migratorias de Trump, éste y los republicanos triunfaron en vender la urgencia nacionalista, desde proteger a los trabajadores ante la deslocalización a controlar el flujo migratorio.

Para América Latina, las noticias no son grandes noticias, pero son noticias: al menos, hay. Habrá recursos, así sean más condicionados y en mucho menor volumen que en el pasado. Estados Unidos es un león alfa jadeante y viejo. Y China y Rusia hace tiempo que merodean el patio trasero con ansiedad de carroñeros. No se retirarán porque se haya ido un gobierno funcional como el de Trump.

Biden puede establecer una nueva guía moral, y no será poco. Tiene una enorme oportunidad para mostrar que Estados Unidos es lo que dice ser —una nación democrática y abierta— y alejarse de la imagen imperial del pasado de intervencionismo condescendiente o violento. Trump hizo todo tan mal que si Biden convierte la sonrisa en política de buenos vecinos, empezaremos a vivir mejor.

Diego Fonseca es columnista de The New York Times.

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Roberto Savio: La segunda guerra fría está llegando

Nadie debiera ilusionarse suponiendo que las cosas serán diferentes porque han cambiado a un ‘forajido’ por un ‘decente’.

/ 24 de enero de 2021 / 01:31

Como era de esperar, el discurso de posesión del nuevo presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, hizo mayor hincapié en los asuntos internos habida cuenta de la apabullante crisis sanitaria por la que atraviesa el país debido a la pandemia, la crisis económica signada por la subida vertical del desempleo en paralelo al cierre de cientos de miles de pequeños y medianos negocios y, a su vez, los desaguisados políticos heredados del gobierno de Donald Trump, nada fáciles de resolver.

No obstante, la cuestión internacional no podía estar ausente en tan solemne circunstancia. Al subrayar Biden las soluciones a los problemas internos, planteó implícita y expresamente que esto llevaría a la recuperación del tradicional rol hegemónico de los Estados Unidos a nivel mundial, para lo cual instó al restablecimiento de viejas alianzas.

Vayamos por partes. Hay un tufo nacionalista y patriotero sobre las reiteradas acciones militares estadounidenses encubiertas casi siempre en la “defensa de la libertad y la democracia”. La realidad es muy distinta, sin embargo. Basta repasar la cadena de intervenciones de los EEUU en zonas proveedoras de hidrocarburos o de rutas estratégicas para transportarlos, y en regiones que considera sus áreas naturales de influencia. América Latina, por ejemplo, como su patio trasero.

Demócratas o republicanos desarrollan las mismas políticas. Nadie debiera ilusionarse suponiendo que ahora las cosas serán diferentes porque han cambiado a un “forajido” por un “decente”. Nuevo presidente que, sin embargo, no dijo que acabaría alguna de las interminables guerras y guerritas desatadas por administraciones anteriores, tampoco habló de disminuir el número de bases militares yanquis que por más de un millar están esparcidas a lo largo y ancho del planeta o, menos aún, de poner fin al abusivo bloqueo a Cuba que ya lleva más de 60 años. Lo posible es que en estos rubros solo se produzcan pequeñas diferencias de matiz. Pero no puede negarse tampoco que en lo que se refiere al cambio climático hay un importante viraje: el regreso de los EEUU al Tratado de París (implica un cierto retorno a las prácticas multilaterales), decisión asumida entre los primeros decretos firmados por Biden el mismo día de su posesión.

Pero lo que sí se producirá en plazos breves es un reajuste muy significativo de los ejes estratégicos de la política mundial. Las pataletas de Trump en sus guerras comerciales serán reemplazadas por una política global de contención de China que involucra la formación de bloques político-militares, cuyas piezas fundamentales para EEUU son Europa, Japón, el Asia del Pacífico y América Latina. En el caso nuestro buscarán matar dos pájaros de un solo tiro: por una parte buscarán arrinconar definitivamente los esfuerzos de integración autónoma que en su tiempo impulsaron Lula, Chávez, Fidel y Raúl, Correa, los Kirchner y Evo.

Por otra parte, tratarán de romper la unidad latinoamericana con el señuelo del Pacífico (estarán en la mira Chile, Perú, Ecuador, Colombia y México). Es muy probable que pronto se anuncie la reanudación del TPP, proyecto labrado pacientemente por la administración de Barack Obama y que Trump desbarató, dando tiempo a China para formar su propio bloque de más de 15 países, sin los Estados Unidos.

Como dice el destacado periodista ítalo-argentino Roberto Savio, en un artículo publicado en diciembre pasado en el Wall Street International, La segunda guerra fría está llegando. (http://www.other-news.info/noticias/2020/12/la-segunda-guerra-fria-esta-llegando/#disqus_thread)

Obrar en consecuencia sería no enrolarse en ninguno de los bloques y comenzar a reflotar el movimiento de países no alineados. ¿Qué tal?

Carlos Soria Galvarro es periodista.

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Arce y la economía boliviana

El Arce-presidente no ha dejado de ser el Arce-economista. Busca que Bolivia retome la senda de una economía eficiente y con rostro humano.

/ 24 de enero de 2021 / 01:25

Si algo tienen en común los gobiernos neoliberales en la región, es que la eficiencia ha demostrado ser un ingrediente más de su propaganda y uno menos de su gestión.

Bolivia no ha sido la excepción, y apenas 11 meses de gestión económica de Áñez bastaron para dañar la estabilidad de la economía con mejor desempeño del continente de la última década y para empobrecer las familias. La caída del PIB de Bolivia en 2020 superará el 8%, un registro que si bien no destaca en contraste con sus vecinos, sobresale porque es el único país que en plena pandemia, en lugar de estimular la economía, ¡tomó medidas de ajuste!

El estudio realizado por el CEPR (Economic policy responses to a pandemic: Developing the Covid-19 economic stimulus index) muestra que Bolivia está entre los países de América Latina que menos impulso fiscal dedicaron para enfrentar la crisis generada por la pandemia: menos del 0,5% del PIB (frente al 2% promedio global). En este breve y destructivo ciclo de neoliberalismo, Bolivia generó más de un 1 millón de nuevos pobres durante la (indi)gestión de Áñez.

La contundente victoria electoral del MAS en octubre sentó las bases para que a partir de noviembre, con el nuevo Gobierno, comenzara a suministrarse el antídoto. En tan solo dos meses, Luis Arce se puso manos a la obra y llevó a cabo un amplio despliegue de políticas económicas, que se podrían agrupar en tres ejes: 1) humanitarias (para los más necesitados), 2) ordenar la casa y 3) volver a crecer:

Humanitarias: Lanzamiento del Bono contra el Hambre, equivalente a unos $us 140 entregados mensualmente entre diciembre y marzo, que constituye un suplemento directo a la vena de los más necesitados para enfrentar la urgencia social. Nuevo régimen de reintegro del IVA, que devuelve un 5% del precio neto a quienes tengan salarios por debajo de los $us 1.250, medida que mejora el ingreso de las clases medias y bajas. Aumento de 3,4% en los ingresos de los jubilados para 2020. Disminución del precio de los alimentos gracias al restablecimiento del certificado de abastecimiento interno para la soya, de tal forma que la industria deberá destinar un mínimo de 15% de harina solvente a precio justo al mercado interno.

Ordenadoras: Final de la fiesta de 11 meses de contrabando: intensificación de la supervisión aduanera, crecimiento notable del número de decomisos y detenciones de funcionarios amañados. Abrogación de decretos de Áñez perjudiciales para los intereses del público, tales como: a) decreto que autorizaba el uso de semillas transgénicas; b) decreto que difería el Impuesto a las Utilidades de las Empresas la rebaja de la base imponible del impuesto a las transacciones; c) decreto que permitía la libre exportación agropecuaria, de pollo y carne, y eliminaba el requisito del certificado de abastecimiento interno; d) decreto que extendía la explotación del registro mercantil sin respetar debidos procesos; e) decreto que habilitaba la importación de vehículos usados, que daña el medioambiente, la balanza comercial, envejece el parque automotor y deteriora los ingresos fiscales.

Además, desactivó juicios de arbitraje internacional por incumplimiento de pagos con la firma Doppelmayr, la empresa austríaca proveedora de Mi Teleférico por deudas no canceladas durante el gobierno de facto. Emisión del Bono Navideño, para incentivar el ahorro de pequeños ahorristas. Extensión del Alícuota Adicional del 25% de la alícuota al Impuesto a las Utilidades (AA-IUE) si su rentabilidad supera el 6%, que hasta ahora solo afectaba a los bancos y otras empresas financieras. Sanción del impuesto a las grandes fortunas, que logrará que unas 150 familias contribuyan al esfuerzo común de sacar el país adelante.

Volver a crecer: Se ordenó la capitalización del 100% de los beneficios de 2020 de la banca y otras entidades financieras, con el objetivo de fortalecer el sistema financiero, aumentar la solidez de los bancos y expandir el crédito (ya que no podrá ser distribuido como dividendos). Reprogramación y refinanciamiento automático de créditos cuyas cuotas vencieron durante la pandemia, que serán diferidas sin penalidades ni recargas. Creación y reglamentación de dos fideicomisos para la reactivar la industria nacional y el combate al contrabando que atenta contra la producción nacional, especialmente de textiles, que resurgió durante el gobierno de Áñez.

Asimismo, créditos de fomento agrario al 3% anual de interés. Reactivación de la construcción del tren metropolitano cochabambino (más de $us 17 millones de inversión). Reactivación de la planta procesadora de banano de Unabeni. Más de $us 5 millones invertidos en BoA, empresa que estaba en proceso de desguace para venderla a precio de saldo (abandono de rutas rentables, retraso pagos tributarios y del mantenimiento de las aeronaves). Aparte, $us 130 millones destinados a créditos para reactivar la industria nacional, al 5% de interés y hasta 10 años de plazo, con el principal propósito de sustituir importaciones de bienes finales e intermedios. Reactivación de plantas y proyectos productivos paralizados, en particular la industria del litio y la planta de urea paralizados por problemas técnicos, sospechosos de haber sido plantados para facilitar la apropiación privada a precio de saldo.

El Arce-presidente no ha dejado de ser Arce-economista. El conjunto de acciones tomadas en este corto periodo de tiempo tiene un objetivo claro: que Bolivia retome la senda de una economía eficiente y con rostro humano, y que se logre a la mayor brevedad posible. Y, por ahora, va en el camino correcto.

Alfredo Serrano Mancilla y Guillermo Oglietti son del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag).

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Piedra en el zapato

Sin duda, combatir el capitalismo es un campo importante en la lucha revolucionaria de liberación.

/ 24 de enero de 2021 / 01:13

En esta semana llega al recuerdo cotidiano, y a la tristeza que se guarda para ocasiones especiales, una lluvia de noticias trayendo en su canasta la vida y la muerte de dos acompañantes en mi camino, dos fuerzas de luchas que me cobijaron en mi rincón de reflexiones y preguntas, sobre el sentido de seguir consecuentemente luchando y nunca rendirse, ni venderse. Dos espejos donde se reflejó, deslumbrando y alumbrando, el sentido de los errores políticos o la puñalada de las traiciones y difamaciones.

Una, la Rosa Luxemburgo, contemporánea de Lenin, una mujer capaz de visualizar la proyección de las luchas revolucionarias, que criticó la Revolución Rusa porque el camino que seguían les llevaba hacia la burocratización. Rosa Luxemburgo fue asesinada.

Otro, el Felipe Quispe, hermano aymara comprometido con la lucha de los pueblos originarios en el territorio de lo que hoy llamamos Bolivia, indio inteligente y terco estratega de las piedras en el camino.

Tanto la Rosa como el Felipe, a pesar de la contundencia de sus opiniones y lo visionario de sus reflexiones con análisis capaces de mover el piso de quienes detentan el privilegio de la palabra y la palabra escrita, han podido ser olímpicamente la ignorada y el ignorado. Pero claro que si sus opiniones, conceptos y aportes serán rehusados, sin reconocer de dónde venían, serán sinvergüenzamente plagiados y en otros casos despolitizados. Movieron el piso de los intelectuales y dirigentes revolucionarios que, desde el lugar de la dirigencia reconocida, por ser hombres blancos letrados, se quedaron con el renombre y la visibilización de la palabra. Para la Rosa y el Felipe, el lugar de locos activistas.

Aunque entre Trotski y Lenin tenían sus diferencias y graves peleas, los dos por ser hombres eran reconocidos, leídos y publicados; lo mismo en toda la formación política de Latinoamérica, antes y ahora, la Rosa Luxemburgo no es leída, ni estudiada. A ella llegué gracias a compañeras que me pasaron mi primer libro de ella: Reforma o revolución.

Sin duda, combatir el capitalismo es un campo importante en la lucha revolucionaria de liberación, pero son más de una las luchas importantes. No solo es el capitalismo, son más de una las luchas que hacer y, al mismo tiempo, derribar el capitalismo, el machismo y el racismo es lo mínimo para empezar.

El proceso de cambio en Bolivia, hoy, además de enfrentar la pandemia del COVID-19, está enfrentando aceleradamente un movimiento político —fundamental— para entender el significado de proceso de cambio revolucionario, proceso que como pueblo nos planteamos desde 2000. Este cuestionamiento profundo sobre el significado de nuestras luchas, contrapone argumentos muy ligados a los sentimientos. Acabamos de salir de una lucha para derrocar una dictadura, vivimos decepciones, traiciones, pero también sentimos en la piel quiénes son nuestras hermanas y hermanos, quiénes nuestros compañeros y quiénes nuestras compañeras.

No está siendo fácil este tiempo. Se muere “El Mallku”, se pelean encarnizadamente por candidaturas dentro del MAS, la derecha intenta reorganizarse en su estrategia “pitita”, las y los traidores se hacen a las moscas muertas con su pureza y moralismo fascista. Es tiempo de pedir fortaleza a nuestras y nuestros ancestros.

Julieta Paredes es feminista comunitaria.

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24 de enero, el día del Iqiqu

El espacio de la illa ‘Iqiqu’ se asemeja mucho al lugar del ‘kuntur mamani’ o la pachamana de la casa que se celebra en agosto.

/ 24 de enero de 2021 / 01:06

Este 24 de enero es el día del Iqiqu, aunque hoy su celebración se llama Alasita. Es preciso hacer varias aclaraciones, para que en estos tiempos difíciles del COVID-19 podamos revitalizarla plenamente. Iqiqu es un denominativo que se refiere a una illa o una especie de amuleto de la abundancia. En el mundo ancestral andino existen muchas illas y el Iqiqu es una de ellas. Aunque en la sociedad boliviana aún colonizada, el término sufrió drásticos cambios de su denominación original, haciendo alusión a personas de baja estatura, para insultar con el denominativo de enano y petiso, peyorativamente.

En el mundo aymara, quechua y uru, hay muchas celebraciones a lo largo del año, por ejemplo, la celebración a la illa del ganado, de los alimentos y semillas que se realiza el 21 de diciembre y que el calendario gregoriano occidental trató de relacionarlo con la fiesta de Navidad.

Es muy importante que en estos últimos años se haya recuperado a uno de los Iqiqu originales, aquel de la precolonia que fue robado por el suizo Johann Jakob von Tschudi a mediados del siglo XIX y estaba en el museo de Berna. Este Iqiqu de rostro indio está pelado o q’ala, porque en cada celebración se le cubre de ropa y las illas siempre están q’ipichados en taris especiales. Es muy diferente del actual Ekeko que tiene el rostro cuasi español, con indumentaria mestiza patronal, fumando un cigarrillo, cargando muchos objetos, que en realidad no es el verdadero Iqiqu, sino aquel suplantado por el mundo mestizo colonial.

El espacio de la illa Iqiqu se asemeja mucho al lugar del kuntur mamani o la pachamana de la casa que se celebra en agosto. Por lo tanto, es muy del hogar, de la familia. ¿En qué momento se masifica la fiesta del Iqiqu? Muchos investigadores sostienen que tiene que ver con las consecuencias de la rebelión anticolonial y los cercos a la ciudad de La Paz, encabezados por Tupaj Katari y Bartolina Sisa en 1781. A los españoles vencidos por el hambre y la desesperación no les quedó más que apropiarse de la illa benefactora, para pedir que no les falte más la alimentación. También se cuenta que ahí se originó el “plato paceño”, alimento sin carne y que hoy es aplaudido por muchos vegetarianos.

¿Por qué el Gobierno Municipal Autónomo de La Paz no recupera la celebración ancestral? ¿Por qué nos quedamos con el Ekeko grotesco y barrigón, tan distinto al original? y sobre todo ¿por qué no apostamos a revitalizar el sentido espiritual y de los sueños de la fiesta del Iqiqu? Esta es la fiesta de la simpasiña, palabra aymara que significa “el sueño”, el deseo de convertir algo en realidad. Permitir que se llame Alasita, que viene del aymara cómprame, es conocer muy poco del sentido de nuestras raíces culturales ancestrales.

Lamentablemente este 2021 ha quedado postergada la celebración del Iqiqu en la multitud urbana. Creo que enhorabuena, pues los diferentes barrios de Chuqiyapu marka tienen la oportunidad de hacer el día del Iqiqu en sus zonas y en familia, ch’allando con agua y no con alcohol. Ese es el verdadero ritual de libación al Iqiqu y a los ancestros, que también fue distorsionado. También, ¿se prohibirá que se haga el ritual en los barrios, en las casas? Sabemos que hoy la fiesta del Iqiqu es también del mundo urbano mestizo y lo mejor que se podría hacer es alentar, en la línea de la interculturalidad descolonizadora, que sea la fiesta de la simpasiña, pero con productos ancestrales de todos los pueblos originarios y campesinos del país. Hoy el combate contra el COVID-19 llama a que lo hagamos también con la otra medicina, la tradicional, y sería bueno que nunca faltara en la fiesta al Iqiqu.

Iqiqun urupaxa, alasita sutinpikiw saraski. Wakisi jiwasanakaxa illa iqiqura yupaychañasa, kamisataxi lurtan yaqha illanakaruxa ukhama.

Esteban Ticona es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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