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Thursday 13 Jun 2024 | Actualizado a 03:59 AM

Rasgos de una consulta indígena

No se trata de convencer desde arriba a los indígenas sobre algo que el Estado ya tiene bien decidido

/ 29 de abril de 2012 / 04:05

En los talleres y charlas con los expertos de Naciones Unidas que nos visitaron hace dos semanas y los documentos de trabajo preparados para ese evento, describiendo algunos casos recientes en otras partes de América Latina, resaltan aspectos como los siguientes:

1. Es clave que una consulta sea previa, libre, informada, de buena fe y realizada a través de las instituciones y organizaciones de los propios pueblos indígenas. Mucho cabría decir sobre cada uno de esos conceptos. En mi anterior entrega (LR 15-04-2012), ya enfaticé los efectos que han ocurrido en varias partes por haberse pasado por alto lo de ser “previa”. ¡Cuánto podríamos añadir sobre los otros tres! No se trata de convencer desde arriba a los indígenas sobre algo que el Estado ya tiene bien decidido y posiblemente financiado. Ambos lados tienen mucho que enseñar pero también que aprender.

2. El fin de estas consultas es llegar a concertar consensos, y éstos son los que deben ser de carácter obligatorio; no sólo la opinión o en “veto” de una de las partes. Mientras éstos no se logren, el Estado debe suspender acciones que vayan contra los indígenas.

3. Lograr tales acuerdos y consensos, de una manera realmente digerida, lleva inevitablemente su tiempo, tomando en cuenta usos y costumbres para informar, deliberar, negociar, etc. Este tipo de procesos es muy distinto de esas otras “consultas” a que ya nos tienen acostumbrados los gobiernos, como los referéndums, en que sólo cabe responder SÍ/NO o abstenerse. La meta no es que gane el SÍ o el NO, aunque sea por sólo un voto, lo que a su vez puede provocar polarizaciones y fragmentaciones de las propias instituciones indígenas.

4. Concertar acuerdos más cualitativos implica permanentes concesiones y reflexiones en una y otra dirección. Son más importantes los cómo, cuándo, en qué casos sí y en qué casos no… Queda claro por qué el alto comisionado de NNUU en Bolivia, Denis Racicot, ya ha expresado reiteradamente la necesidad de no imponer plazos cortos y perentorios.

5. Por lo mismo, más allá de decisiones muy concretas, por ejemplo, sobre una carretera o una represa, los procesos de consulta son algo en permanente construcción. No son simples trámites administrativos y burocráticos. Es un intercambio de saberes para beneficio de ambas partes.

6. La institucionalidad, tanto del Estado como de los pueblos indígenas y sus organizaciones, tiene que jugar un rol clave en ello, más allá de caudillismos, populismos, prebendalismo o simples recuentos de votos. Y otros varios etc., en que ya no puedo entrar por falta de espacio.

El Gobierno, las organizaciones indígenas y la sociedad en general deberían ver hasta qué punto esos criterios encajan con lo que ha venido ocurriendo. Por ejemplo en la Ley 222 y su Protocolo, recientemente aprobado, no sé con cuánta participación indígena contaron. O en las diversas marchas y antimarchas de los últimos meses. Para poner algunos ejemplos entre tantos: ¿Se ha ceñido a este espíritu el tema de la “intangibilidad” o no del TIPNIS? ¿O esos tan frecuentes negocios mercantiles y prebendalismos de las consultas, en que se compra y vende el SÍ o el NO: “Te apoyo si me das tanto”?

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Morir en la montaña

La laguna/macho es un lugar que no existe, parece de otro tiempo. Nos lleva más allá de nosotros, a otro lugar

Ricardo Bajo

/ 12 de junio de 2024 / 07:16

(“Sublime es aquello en comparación con lo cual todo lo demás parece pequeño”, Kant)

“Mi hijo es ahora un dios de la montaña, un guardián. La montaña se lo tragó, estaba celosa”. Así habla Pablo delante del Pico Tunari, catedral sin altar. Hace quince años su hijo Santi murió mientras ascendía hacia los dioses, mientras buscaba en solitario una ruta alterna —la alegría del inicio eterno. Han pasado quince años y el padre todavía se emociona en lágrimas cuando recuerda al hijo. Somos cincuenta personas alrededor de la laguna Macho, en el campo base del Pico Tunari. Estamos a cuatro mil quinientos metros sobre el nivel del mar, falta oxígeno, sobran corazones agitados, la cabeza duele.

Lea: La araña gigante

Antes del apthapi, una ceremonia ancestral con olor a incienso, copal y mirra convoca a tres cóndores de cuello blanco. En una piedra tatuada —huella inmortal al borde del agua—, una placa conmemorativa dice así: “Santi, en tu montaña mágica te nos has vuelto pájaro”. El padre cree que uno de esos cóndores es su hijo. Y tiene razón.

Los que vamos a la montaña somos los últimos románticos. Los que suben en soledad a las cumbres más elevadas encuentran su libertad (y su soberanía) en los límites entre la vida y la muerte. Cada pico/cumbre vuelve diminuta nuestra terca voluntad de conquista. “Las montañas siguen matando, indiferentes, a los insectos que les hacen cosquillas cuando ascienden, y sus laderas están sembradas de calvarios, de cruces, de túmulos de piedra”, escribe el francés Pascal Bruckner en su ensayo De la amistad con una montaña: pequeño tratado de elevación (Siruela, 2023).

Los hombres y mujeres que mueren en la montaña no están muertos pues son capaces de convocar a conocidos y desconocidos. Somos cincuenta en la laguna del Pico Tunari y no todos nos conocemos. Hemos dicho nuestros nombres en voz alta durante la ceremonia ancestral, nos hemos abrazado, algunos han llorado. Hemos recordado a los que ya no están y sabemos que alguna vez otros hombres y mujeres harán lo mismo con nosotros. Unos pocos serán olvidados.

Cuando alguien muere en la montaña, la muerte se parece un poco a la gloria (casi) eterna. Las cumbres más altas obligan a veces a sus adoradores a dejar la vida para conservar su esplendor. La montaña es hermosa/tóxica; puede matar a quien la ama. Es nacimiento, resurrección y transmutación. Santi es ahora un cóndor de cuello blanco, nos protege y protege (a la montaña).

La laguna/macho es un lugar que no existe, parece de otro tiempo. Nos lleva más allá de nosotros, a otro lugar. Puro por naturaleza. No ha sido soñada ni manoseada por los hombres y mujeres de las ciudades. A su alrededor, visibles por la lenta erosión, millones de fósiles llevan escritos en su piel pétrea el recuerdo del cráter del viejo volcán, hoy dormido. Lejos están las huellas humanas. ¿No deberíamos separarnos de estos paisajes para conservarlos vírgenes?

La laguna, sumergida en su baño de cerros, es simplemente sublime. Decía Immanuel Kant en Crítica del juicio que lo sublime no deleita ni da placer, lo sublime conmueve. Etimológicamente hablando sublimar significa el paso del sólido al gas. Ante lo sublime uno se eleva físicamente sino de forma espiritual. El sonido de los tambores y el olor a k’oa ponen su granito de arena.

Los juegos de luces llegan con la tarde. La montaña nunca es la misma. Cambia con las horas, con los días, con los meses, con los años y siglos. Muda, trasmuta como Santi en pájaro libre. La montaña está y no está, se esconde detrás de las nubes, juega con nosotros, como la muerte. En su escenario de teatro, la obra nunca es la misma. Con la tarde el sol se posa sobre las aguas y los espíritus bailan al son de una música que no podemos escuchar. La montana mágica es el único espectador. Nosotros, los cincuenta, estamos de paso, somos intrusos. Nuestra presencia quizás no es deseada. El cóndor sobrevuela para decirnos adiós. O hasta luego.

Cuando bajamos hacia la ciudad, el hongo de humo se ve a lo lejos. Las llamas nos contemplan con la frente altiva y orgullosa. El hielo nos regala “estalactitas” con tiempo de caducidad. ¿Dónde va el hielo cuando se derrite? Las siluetas geométricas que nos rodean esconden secretos que no podemos descifrar. Serán pintadas y dibujadas por artistas y locos hasta la saciedad. Cuando las dejemos de mirar, el enigma todavía seguirá ahí. Terminamos en las calles de Cochabamba donde todo vuelve a ser banal, donde el mundo camina deprisa sin saber a dónde ir, donde nos sentimos huérfanos y aislados en burbujas. El Pico Tunari, como el Everest, crece milímetros cada año. Solo los dioses y sus guardianes estarán vivos para ver crecer a todas las cordilleras, todas. Será el honor de los que mueren en las montañas.

(*) Ricardo Bajo es un intruso

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Bolivia: ¿mirando al futuro?

Una Bolivia que me llama mucho la atención es la que ha realizado pasos importantes para erradicar la corrupción

Gabriel Loza

/ 12 de junio de 2024 / 07:12

Cuando se está inmerso en un entorno donde proliferan los conflictos económicos como la escasez “transitoria” de divisas, combustibles y de tomates, y el casi haber alcanzado la meta de inflación para todo el año (3,6%), solo con la inflación a 12 meses a mayo (3,52%), además del bloqueo de caminos del transporte pesado y de los gremiales, el paro ya tradicional de los médicos de la Caja, los conflictos regionales (devolución del IDH) y municipales (como en nuestra ínclita ciudad de La Paz), se suman como si fuera poco los conflictos político-judiciales  con la “accidentada” sesión de la Asamblea Legislativa, que además aprobó un crédito externo de $us 174 millones.

Vea: ¿Dólar fuerte: deuda insostenible?

Así, en medio de todos estos aprietos, apuros y arrebatos (véase sinónimos de crisis), me llegó a mis manos el libro del doctor en economía Rolando Morales, titulado Bolivia mirando al futuro: aportes para un plan de Gobierno. Grande fue mi sorpresa al constatar que alguien esté mirando al futuro cuando la mayoría está enguerrillada sacando cuentas del pasado, mirando en un horizonte ni siquiera de corto plazo sino de sus propias sus narices y propios intereses. Fue como un shock de frescura, de aire renovado, de energía positiva que un economista, analista y comentarista esté presentando propuestas identificando problemas, trazando objetivos específicos y ofreciendo recomendaciones concretas que abarcan más allá de lo que uno podría pensar los temas económicos, puesto que empieza con las “tareas urgentes”, empezando por el déficit fiscal, subsidio a los carburantes y el problema de escasez de dólares, para abarcar la reforma de la justicia, la participación regional, el problema de la tierra y la recuperación de la minería.

Pero Rolando Morales va más allá de los clásicos programas económicos, puesto que presenta la Plataforma Democrática, dentro de ella el monitoreo de conflictos; la Plataforma económica y social, donde toca el tema de las intervenciones del Estado y las sinergias del sector privado, su énfasis en la productividad y en especial en el capital humano; la Plataforma Ambiental y el problema de los centros poblados, para terminar, como propuesta, con las instituciones públicas: poderes Ejecutivo y Legislativo.

Como se puede observar, son propuestas de amplio espectro, son nuevas plataformas, más allá de las electorales que simplemente son una sumatoria de medidas reivindicativas derivadas de consultas de opinión a través de encuestas y redes sociales y que no se piensan cumplir.

Y su punto de partida es muy simple: la visión del país que queremos “como fuente fundamental de inspiración de las políticas públicas”. Así, nos habla o sueña con un futuro, esperamos que sea próximo, donde ya se han realizado muchos de sus objetivos como, por ejemplo: Una Bolivia Verde, un plan de reordenamiento territorial, Bolivia inició cambios institucionales asegurando el ejercicio de la democracia y la participación ciudadana, la reforma de la justicia y de la Policía, la seguridad física y el bienestar de los vecinos con programas de inducción social y mejoramiento de barrios.

Una Bolivia que me llama mucho la atención es la que ha realizado pasos importantes para erradicar la corrupción, ha buscado el restablecimiento de la ética en una sociedad con cohesión social. Una Bolivia, que me gustaría, es la que en relación al parlamento, “el número de representantes fue drásticamente reducido para dar funcionalidad a los debates y a los procesos de toma de decisión”. Además, se solucionó el álgido problema de acceso a la propiedad rural y las regiones tienen participación institucional en las inversiones y, por fin: “Bolivia ha logrado erradicar el narcotráfico”.

Podríamos seguir esa Bolivia de ensueño, pero deben comprar el libro en Plural porque es solo la puntita de iceberg lo que les muestro, para verificar que los economistas también podemos pensar más allá de nuestro ámbito y tener una visión menos cuantitativa, más amplia como la que nos presenta Rolando Morales.

Para concluir quiero resaltar el punto central del desarrollo de Bolivia que le preocupa a Rolando: “Bolivia acepta que su principal riqueza está constituida por el capital humano conformado por millones de trabajadores formales e informales y que, orientando las políticas públicas hacia el mejoramiento de sus rendimientos laborales, el país podría asegurar un desarrollo sostenido y el fin de la pobreza”.

(*) Gabriel Loza Tellería es economista, cuentapropista y bolivarista

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Insostenible ciudad en el desierto

¿Pero es este el futuro de la vida urbana? Por el bien de los habitantes de las ciudades y del medio ambiente, espero que no

Philip Oldfield

/ 12 de junio de 2024 / 07:08

Puede que no lo parezca, pero probablemente estemos experimentando los mayores auges de la construcción de la historia. Según una estimación, el mundo construirá el equivalente a una ciudad de Nueva York cada mes entre 2020 y 2060. Incluso esto puede no ser suficiente para satisfacer la creciente demanda de vivienda. Las Naciones Unidas estiman que deberían construirse 96.000 unidades asequibles al día para albergar a los 3.000 millones de personas que las necesitarán en 2030.

Consulte: Velocidad en la ciudad contemporánea

Muchos países que enfrentan un crecimiento demográfico explosivo están creando ciudades completamente nuevas que combinan la ambición ambiental con una arquitectura sorprendente. Quizás el más famoso de todos sea el NEOM de Arabia Saudita, que incluye una estación de esquí de montaña, un centro logístico flotante y una ciudad conocida como “La Línea” con dos rascacielos paralelos conectados por pasarelas que se extenderán a través de un desierto y montañas. Aunque el gobierno recientemente redujo la primera fase de la construcción, ha asignado miles de millones de dólares para el proyecto, que algún día podría albergar a unos nueve millones de personas. Se planea que la ciudad, la máxima declaración de ambición, riqueza y avance tecnológico, tenga unos 655 pies de ancho, 1,640 pies de alto y unas 106 millas de largo.

La Línea ofrece una visión hedonista de la vida en la ciudad. En las representaciones, las familias hacen un picnic en puentes aéreos sobre atrios estilo cañón. Cascadas de exuberante vegetación desde los rascacielos que se extienden hasta el horizonte hasta donde alcanza la vista. Y el proyecto promete una versión de sostenibilidad urbana con la que la mayoría de las ciudades solo pueden soñar: sin carreteras, sin automóviles ni emisiones de gases de efecto invernadero provenientes del transporte o la electricidad.

Pero La Línea, a pesar de su descaro, no debería ser nuestro modelo de vida urbana sostenible. Hay formas mucho mejores de construir, basadas en todo lo que ya sabemos sobre materiales y diseño. Las ciudades del futuro deberían experimentar con la arquitectura, pero al servicio de hacer espacios más habitables y sostenibles, no simplemente icónicos.

Pero si bien la Línea es densa, difícilmente la llamaría compacta. Su gigantesca fachada de cristal con espejos creará un muro de aproximadamente 33 millas cuadradas a través del desierto, un riesgo sustancial para las aves migratorias. También se han demolido pueblos para dar paso a su implacable huella lineal. Apilar la ciudad hacia el cielo tampoco es barato: los informes sugieren que La Línea puede costar más del doble por pie cuadrado que los rascacielos convencionales en el Medio Oriente. Este no es un modelo de vivienda asequible que debamos replicar en otros lugares.

En cuanto a los materiales, deberíamos priorizar la madera, la piedra, la tierra apisonada e incluso el corcho, todos ellos mejores para el clima que el hormigón o el acero. El acceso a la madera en países como Arabia Saudita podría ser limitado.

Las ciudades del futuro también deben estar en sintonía con su clima local. Los edificios de cristal pueden tener mayores demandas de aire acondicionado, con un gran coste energético. En su nivel más fundamental, las ciudades están destinadas a albergar personas y construir comunidades. El éxito no es un horizonte para Instagram; proviene de cómo se diseñan y utilizan los espacios.

Si bien los promotores de La Línea dicen que el proyecto será excelente para las personas y el medio ambiente, el deseo de crear un ícono global es sin duda la razón principal de Arabia Saudita para construirlo. Y aquí, debemos admitirlo, ya ha tenido mucho éxito. ¿Pero es este el futuro de la vida urbana? Por el bien de los habitantes de las ciudades y del medio ambiente, espero que no.

(*) Philip Oldfield  es columnista de The New York Times

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La economía de Israel no es invencible

Peter Coy

Por Peter Coy

/ 12 de junio de 2024 / 06:58

Los restaurantes en Tel Aviv están llenos. Las exportaciones de alta tecnología siguen siendo fuertes. El shéquel mantiene su valor. Según algunas medidas, la economía de Israel parece ilesa de la guerra en Gaza. Pero hay una tensión financiera, y cuanto más dure la guerra, peor será.

El primer ministro Benjamín Netanyahu ha resistido la presión diplomática para poner rápidamente fin a esta agonizante guerra. Me pregunto si lo que finalmente lo moverá serán las fuerzas económicas, no las diplomáticas. La semana pasada hablé con Naftali Bennett, quien se desempeñó como primer ministro en 2021 y 2022, y Avi Simhon, jefe del Consejo Económico Nacional de Netanyahu. Ambos eran optimistas en cuanto a que la guerra terminaría pronto y que Israel saldría fortalecido.

Revise: ¿La clave para una educación matemática?

Por otro lado, también hablé con economistas académicos que estaban mucho más preocupados. Cuanto más dure la guerra, más empresas israelíes estarán sujetas a presiones como boicots que tal vez no se levanten rápidamente cuando termine el conflicto. La producción económica se contrajo en el último trimestre de 2023 después de que Hamás masacrara a unas 1.200 personas y secuestrara a otras 253, e Israel respondiera invadiendo Gaza con el objetivo declarado de erradicar a Hamás. Para 2024, el gobierno proyecta un déficit presupuestario de más del 6% del Producto Interno Bruto. El turismo extranjero está muy lejos y el sector de la construcción se ha visto frenado por la escasez de trabajadores, ya que a los trabajadores de la construcción palestinos de Cisjordania se les ha prohibido la entrada. Las empresas tecnológicas han tenido que lidiar con el llamado a filas de empleados para servir en el ejército como reservistas. Moody’s Investors Service recortó la calificación crediticia del país en febrero.

Por supuesto, no hay comparación entre la situación en Israel y la de Gaza, donde más de 30.000 personas (muchas de ellas no combatientes) han sido asesinadas, miles de edificios han sido derribados y amenaza con morir de hambre. La producción económica de Gaza se contrajo más del 80% en el último trimestre de 2023 respecto al año anterior, según la Oficina Central Palestina de Estadísticas.

Algunos miembros del gobierno israelí son optimistas en cuanto a que los desafíos económicos de la guerra seguirán siendo manejables. Fuera del gobierno hay menos optimismo. Para aumentar la incertidumbre, Gaza no es el único frente. Hezbollah ha estado atacando desde el Líbano con cohetes y drones explosivos. Incluso suponiendo que una guerra termine y la otra se evite, Israel enfrenta desafíos a largo plazo, incluida la amenaza de que sus mejores y más brillantes emigren en busca de paz, o para evitar boicots duraderos dirigidos a empresas israelíes.

El Foro de Economistas publicó una carta advirtiendo que si no se aborda la cuestión ultraortodoxa, Israel corre el riesgo de una “espiral de colapso” a medida que más y más personas seculares se rinden y abandonan el país. Estos son días oscuros para Israel, por lo que es bueno que haya algunos optimistas que pueden hacerlo. Pero lo que el país también necesita son realistas escépticos. En tiempos de guerra, la esperanza no es un plan.

(*) Peter Coy es columnista de The New York Times

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Lección de liderazgo de México

El ascenso al poder de Sheinbaum, impulsado por el liderazgo de AMLO, ha dejado una impresión significativa en la región

/ 11 de junio de 2024 / 06:52

Según resultados electorales de México, Claudia Sheinbaum obtuvo cerca del 60% de los votos, consagrándose como la nueva presidenta de México con una sólida representación y gobernanza. Pero, ¿quién es ella? Es una científica ecologista, con una licenciatura en Física y maestría en Ingeniería Energética de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Además, como política de izquierda, representa a la coalición “Sigamos Haciendo Historia”, conformada por el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM). Su programa de gobierno busca continuar y consolidar la Cuarta Transformación liderada por el actual presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO).

Vea: Cuando un analista se equivoca

Según el portal de noticias CNN, sus cinco propuestas clave son: seguridad, con una estrategia que aborda la lucha contra la violencia y fortalece la justicia; educación, con la gratuidad en los niveles preescolar, primaria y secundaria, así como la mejora de las condiciones para estudiantes y docentes; economía, manteniendo la orientación social del gasto público, promoviendo la austeridad, reduciendo la deuda, aumentando el salario mínimo, entre otros; regulación del uso del agua, priorizando el acceso para consumo humano y la tecnificación del riego agrícola, además del tratamiento del uso del agua para la industria y riego; y transición energética, impulsando energías renovables y eficiencia energética, con el fin de alcanzar la sostenibilidad.

El ascenso al poder de Sheinbaum, impulsado por el liderazgo de AMLO, ha dejado una impresión significativa en la región, especialmente en nuestro país, que enfrentará elecciones presidenciales en 2025. Es así que en el Estado Plurinacional es crucial que se superen los intereses particulares que desvían el horizonte planteado de la revolución social, cultural y económica.

A diferencia de México, Bolivia se encuentra en un escenario político controversial por el intento de retorno a la presidencia de un exmandatario que gobernó desde 2006 hasta 2019. Aunque se avanzó hacia una sociedad más equitativa y justa, para continuar con una economía estable y con crecimiento es necesario contar con nuevos lideres jóvenes y, ¿por qué no?, también mujeres, que estén alineados con los nuevos paradigmas de justicia social. Si bien se implementaron políticas económicas progresistas, dicho regreso a la presidencia plantea grandes interrogantes sobre la renovación e impulso que podrían aportar lideres con un enfoque moderno acorde con los avances de las ciencias sociales.

El triunfo de Sheinbaum refleja la continuidad de la Cuarta Transformación, caracterizada por AMLO como un camino hacia la justicia social y económica. Lo notable de todo esto es la capacidad de AMLO para trascender su propio liderazgo y fomentar una sucesión ordenada, sin aferrarse al poder, lo que será relevante para asegurar una transición tranquila y promover la estabilidad económica en México.

En este contexto, México le da una lección de liderazgo a Bolivia, mostrando que se puede luchar por el horizonte. El enfoque de AMLO hacia la sucesión política destaca la importancia de cultivar nuevos líderes y priorizar el bienestar del país sobre los intereses particulares.

(*) Gabriela Alanoca Flores es economista e ingeniera

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