Voces

domingo 25 jul 2021 | Actualizado a 18:24

Un paso atrás

Es necesaria una discusión de cómo resolver los problemas del acceso a la salud.

/ 6 de mayo de 2012 / 06:33

El viernes, sorpresivamente, el Presidente del Estado anunció la convocatoria a una cumbre nacional por la revolución de la salud pública en la que espera que todos los sectores involucrados hagan propuestas y debatan sobre lo que debe hacerse, sobre todo para garantizar la salud gratuita. Mientras tanto, el Decreto Supremo 1126 queda en suspenso.

En su breve anuncio, el Primer Mandatario hizo notar que el polémico decreto no fue una iniciativa del Gobierno, sino del primer Encuentro Plurinacional, realizado en Cochabamba entre diciembre de 2011 y enero de 2012, en el que los movimientos sociales reunidos demandaron ampliar el horario de trabajo de los médicos, que desde la década de 1960 gozan de un régimen especial que consiste en jornadas laborales de seis horas diarias.

Pero el presidente Morales no sólo   se refirió a la decisión de ampliar a ocho horas la jornada laboral de los médicos del sector público, sino fundamentalmente a la necesidad de plantear una verdadera  revolución en ese ámbito, que tenga como objetivo principal asegurar la universalidad del derecho a la salud y su gratuidad. En ese sentido, invitó a autoridades nacionales, departamentales y locales, junto con los profesionales y demás trabajadores en salud, así como al resto de la población a través de sus organizaciones, a sumarse a un debate que, según expresó, se producirá por primera vez en la historia de Bolivia.

La reacción inmediata de los sectores movilizados fue saludar la idea de una cumbre, pero al mismo tiempo manifestaron sus dudas respecto a la suspensión de la aplicación del DS 1126, arguyendo que legalmente no existe una suspensión de la norma, por lo que corresponde seguir movilizados hasta lograr la derogatoria del decreto, cosa que probablemente no suceda, sobre todo considerando que casi todos los trabajadores que participaron del paro y las movilizaciones perdieron su salario del mes de abril al no haber laborado desde fines de marzo, cuando comenzó la fase más dura de la protesta.

Por otra parte, para más de un analista o comentarista mediático de la política, la decisión presidencial fue interpretada como un paso atrás o, lo que es casi lo mismo, como una pequeña victoria de los movilizados, que de todas maneras únicamente han posicionado una vez más la extendida idea de que son parte de un sistema insensible, particularmente con la población más desprotegida, que es la que acude en primera instancia a los servicios públicos de salud, donde es habitual el mal trato, cuando no las prácticas negligentes.

En el marco de conflictividad generalizada, tal vez sea coherente el paso atrás del Gobierno, aunque su costo político está aún por verse. En todo caso, parece una buena idea obligar a la sociedad a discutir cómo resolver los problemas del acceso universal a la salud, así como la calidad de ésta.

Apagón nuclear

Luego del sismo que en marzo de 2011 dejó cientos de muertos, cuantiosas pérdidas materiales y una planta nuclear parcialmente destruida, Japón decidió tomar en serio la lección aprendida con lágrimas y sangre, y comenzó a desconectar gradualmente sus 54 reactores atómicos, hasta que ayer apagó el último: el de Tomari.

Hasta antes del terremoto, este tipo de energía producía el 30% de la electricidad. Eso significa que el país nipón deberá enfrentar un gran desafío en los próximos meses, pues con esta decisión está poniendo en riesgo el normal suministro eléctrico de su territorio; con la consiguiente pérdida de competitividad, aumento de las importaciones y la amenaza de apagones en verano, que es cuando más energía se demanda por el uso de aires acondicionados para combatir el intenso calor.

La noticia ha sido muy bien recibida por grupos antinucleares, que se congregaron en el centro de Tokio para celebrar el apagón y expresar su rechazo   a este tipo de energía. Es de esperar que la entereza y la valentía del pueblo japonés logre superar esta difícil prueba; demostrando al mundo que, si realmente existe la voluntad para hacerlo, se puede vivir sin energía nuclear, y sobre todo que se puede lograr, en el corto plazo, cambios significativos en nuestra forma moderna de vivir.

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Wiñayataki, Hugo Daniel Ruiz

/ 25 de julio de 2021 / 00:34

Posiblemente el nombre sea familiar para algunos y quizás no para otros. Hace pocos días nos dejó Don Hugo, como le decíamos. Aquí algunos rasgos biográficos de él. Nació en la ciudad de Sucre, el 5 de enero de 1937. Estudió artes plásticas en la Escuela de Bellas Artes de la Capital, con maestros como Jorge Imaná (dibujo) y Walter Solón Romero (pintura mural). Migró a la ciudad de La Paz donde se especializó en cerámica en la Escuela Municipal de Artesanías y Miniatura, bajo la guía de Jorge Medina y Manuel Iturri en 1969. Estudió etnografía en el Instituto Paul Coremans del Instituto Nacional de Antropología e Historia de la ciudad de México.

Es el gran profundizador del antiguo Museo de Artesanía y Arte Popular al Museo Nacional de Etnografía y Folklore (Musef), logrando el apoyo y la dependencia del Banco Central de Bolivia desde 1974. Es el promotor del compromiso social ancestral y popular del museo en los años 80 y 90 del siglo XX.

Recuerdo a Don Hugo, siempre muy receptible a toda actividad cultural que se solicitaba. Bajo su dirección pasaron artistas consagrados y los nuevos que recién empezábamos a mostrar nuestras primeras armas. La visión del museo tradicional que solo guarda objetos viejos y muertos culturalmente, fue modificándose poco a poco. El gran mérito del Musef, a la cabeza de Hugo Ruiz, es percibir y recibir con gran entusiasmo a las generaciones del movimiento indianista y katarista, que al ver las puertas abiertas del espacio cultural, comenzaron a realizar varias actividades, desde foros, seminarios hasta congresos sobre la situación del colonialismo interno en el país. En un pequeño auditorio que albergaba casi 100 personas se debatieron muchas ideas sobre la transformación política, sobre todo desde los pueblos ancestrales.

Paralelamente, organizó la Reunión Anual de Etnología (RAE), que comenzó a cambiar la dinámica academicista y excluyente, acogiendo a una nueva generación de jóvenes cientistas sociales y humanísticos, muy comprometidos con los anhelos de los pueblos indígenas y populares del país.

En las décadas aludidas, el Musef contó entre sus profesionales a personalidades aymaras como el historiador Roberto Choque Canqui y el lingüista Juan de Dios Yapita. La élite intelectual conservadora del país empezó a calificar despectivamente al Musef como el “Museo de los indios”. No obstante, recibió el empuje de la comunidad científica internacional. Trabajaron en el Museo Martha Hardman, Tristán Platt, Nathan Wachtel y John V. Murra. Tuvo el apoyo de los andinistas Thierry Saignes, Olivia Harris, Kevin B. Healy, Brooke Larson, Patrice Lecoq y Hiroyasu Tomoeda, entre otros.

Don Hugo impulsó el estudio científico del uso tradicional de la coca en Bolivia, dirigido por William E. Carter y Mauricio Mamani, así como sobre las culturas ayoreode y chipaya, la historia oral del Salar de Uyuni, entre otras actividades destacables. Organizó una biblioteca especializada, para fortalecer la investigación en ciencias sociales. Recuerdo la exposición del pueblo chipaya y ayoreode, trabajada con los propios comunarios de los pueblos citados.

Abrió el Musef a artistas y creadores del arte popular, quienes no tenían cabida en las instituciones culturales de esa época. Recuerdo los Sábados Culturales, utilizando el patio del Musef, donde desfilaron no solo agrupaciones folklóricas, sino bandas de música que en esa época no merecían mayor atención.

Recuerdo que después del fallecimiento de José Flores El Jach’a, a fines de 1999, quien trabajó en la institución, me contó de algunos pormenores de las reuniones del movimiento anticolonial katarista e indianista, como que dejaron miles de horas grabadas y que hoy están en los archivos del Musef.

Hubiese sido muy grato hacerle el reconocimiento en vida a Don Hugo, lamentablemente los funcionarios del Estado no son ágiles en estas declaraciones. Hoy, la FCBCB tiene la oportunidad de reconocer cambiando el nombre del Musef por el de Museo de los Pueblos “Hugo Daniel Ruiz”, porque siempre se identificó como quechuahablante.

Mä jach’a jilïri qhichwa jilatawa wiñay markaparu sarawayxi. ¡Jallalla Tata Hugo Daniel!

Esteban Ticona Alejo es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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La democracia tiene una deuda con Marcelo

/ 25 de julio de 2021 / 00:26

Jaime Camacho era un pastor evangélico que compartió con nosotros una parte de la estadía en Puerto Cavinas, a orillas del río Beni, lugar donde la dictadura de García Meza y Arce Gómez confinó a medio centenar de presos políticos. No he sabido nada de él en los últimos años, tal vez ya partió hacia el añorado paraíso celestial de sus prédicas. Hasta el golpe del 17 de julio de 1980 trabajaba en las oficinas de la Corte Nacional Electoral.

—Jaime, ¿por qué te tomaron preso y te mandaron a este infiernillo llamado también “capital del mosquito”?

—Lo que pasa es que en cuanto se pudo me presenté a mi puesto de trabajo. Ahí me capturaron y luego de muchos malos tratos y humillaciones, me dijeron que me soltarían siempre y cuando diga por radio, televisión y prensa que hubo fraude en las elecciones.

—¿Y tú que les dijiste?

—Que no me constaba pues…

—Entonces querían que digas una mentira.

—Sí, pero en mi religión está prohibido mentir. Por eso estoy aquí.

He ahí una de las muchas anécdotas que se pueden contar de la prisión, la tortura, el confinamiento y el exilio de la dictadura de los “luises” (ver Dossier Confinados en Puerto Cavinas en www.carlossoriag.com).

Lo cierto es que los golpistas hicieron todo lo posible para justificar sus acciones con el argumento de un presunto fraude en las elecciones del 29 de junio de ese año. Con tal objeto buscaban pronunciamientos de las dirigencias corruptas o suplantadas de organizaciones sociales, de campesinos, del magisterio, de profesionales y otras así, como también de personas individuales tipo Jaime Camacho. Jamás presentaron pruebas contundentes e irrefutables (¿les suena?).

Los atrabiliarios golpistas de julio inventaron la mentira de que Marcelo Quiroga Santa Cruz murió combatiendo. Todos los que estuvimos ese día en la sede de la Federación de Mineros donde funcionaba la COB, desmentimos categóricamente esa falacia, nos sumamos a las valientes palabras de Cristina, su viuda, que pocos días después del golpe les dijo en su cara… “su asesinato fue premeditado. A pesar de las gestiones hechas por la familia y diversas instituciones, las autoridades militares se niegan a entregar sus restos. Todo un poder del Estado, respaldado por tanques y metralletas le temen a un muerto” (21 de julio de 1980). ¡En 41 años esto no ha cambiado! Bolivia y la democracia boliviana arrastran una deuda imperdonable con Marcelo.

Para quienes vivimos estos acontecimientos y damos testimonio de ellos, el tiempo se está acabando. Solo en lo que va del año partieron: Ramiro, Édgar, Emil, David, Milton y Eduardo, seis entrañables y cercanos compañeros de lucha forjados en la Jota.

Por eso respaldamos la propuesta: en el nuevo edificio de la Federación de Mineros debe habilitarse el espacio para un memorial que resguarde y promueva el recuerdo de las luchas obreras y populares y en especial de los que allí cayeron: Marcelo Quiroga Santa Cruz, Carlos Flores Bedregal y Gualberto Vega Yapura. Y también recordar a Genaro Flores Santos, líder aymara que en 1980 coordinaba la resistencia clandestina de la COB y fue baleado por la represión, dejándolo inválido por el resto de su vida.

Y recordar a los y las jóvenes que “los libros no muerden” y que “no hay peor ciego que el que no quiere leer”. Les recomiendo, entre otros, buscar en bibliotecas (incluso virtuales): Justicia y Dignidad: alegato y sentencia en el juicio a la dictadura de García Meza, 1993 (segunda edición, 2018). Para que no se olvide la dictadura de Luis García Meza (ASOFAMD, 1997). Un libro para escuchar a Marcelo Quiroga Santa Cruz (segunda edición, 2016), compilación de Yolanda Téllez, viene adjunto un CD de audio con discursos y entrevistas de Marcelo. Si tienen paciencia y les pica la curiosidad, pueden ver también la trilogía 1980, en el blog mencionado arriba.

García Meza y Arce Gómez fueron nada más que la cola de Banzer, y como el próximo mes se cumplen 50 de la instauración de su dictadura, volveremos sobre el tema. No hay de otra.

Carlos Soria Galvarro es periodista.

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Yo grafitié Tarija

/ 25 de julio de 2021 / 00:20

Es sábado por la noche. Alistamos los aerosoles, nos ponemos las capuchas y salimos a pintar paredes para desenmascarar el machismo de nuestras ciudades. Como muchas otras, yo también acompañé a las “mochas” copleras para llenar los muros de consignas; por ello, reclamo mi nombre en la denuncia a la Fiscalía de Tarija. Como sostenemos en cada marcha: mientras nos sigan matando, seguiremos pintando.

“#Yo grafitié Tarija” fue la frase de apoyo compartido con las colectivas feministas que la semana pasada expresaron su lucha contra una sociedad machista, racista y patriarcal pintando paredes de iglesias y universidades. Y por supuesto, la “capital de la sonrisa” estalló en insultos, amenazas de procesos jurídicos y hostigamiento a esas “mochas” que se atreven a desatar su potencia política en los muros.

Y como toda sociedad conservadora, rápidamente buscaron en las extranjeras un chivo expiatorio que justifique los “hechos vandálicos”. María Galindo, y el mal ejemplo, pasó por la ciudad para presentar su libro Feminismo Bastardo y seguro fue ella la culpable de que sus paredes amanecieran pintarrajeadas. Qué maravillosa visita la de María, que logra a su paso que las paredes canten la indolencia de la justicia y la doble moral de una ciudad. Y es que los tarijeños y tarijeñas no quieren reconocer que, desde hace algunos años, sin intervención extranjera, en su ciudad florecen — como rosas pascua— grupos de jóvenes feministas dispuestas a “romperlo todo”.

Grafitiar se ha vuelto la forma en que las feministas jóvenes de toda la región expresan su rabia contra una sociedad que se resiste al cambio y un Estado cómplice del feminicida. Las paredes en Chile, Argentina o México pueden dar su testimonio. Frente a ello se desata la furia conservadora que reclama “el respeto por las paredes, la propiedad privada y las instituciones” o señalando que “esa no es una forma correcta de protestar”, lo que me genera la pregunta ¿hemos inventado acaso una forma de protestar que no moleste?

La palabra grafiti viene de la palabra italiana grafitto, que significa literalmente marcar o rasguñar en las paredes, una acción que como humanidad hemos llevado a cabo desde la época de las cavernas. Pero ¿por qué incomoda tanto el uso de un aerosol sobre una pared en el espacio público? Algunos analistas sostienen que el éxito actual de esta medida de protesta está en que la “grafitera” tiene una mezcla de romanticismo del siglo XVIII y hacker contemporáneo. Lo cierto es que, para ser exitoso, un grafiti requiere humor, simplicidad y que el lector callejero se identifique o se indigne frente al texto y, por tanto, tome posición política. Y por supuesto, la frase puede llegar a ser célebre si se cuela a las redes sociales y se comparte de manera orgánica.

Un grafiti causa revuelo cuando dice algo sobre el statu quo vigente. Como sostiene Muy Waso (medio digital autogestionado): “El grafiti es la expresión poética de la desobediencia. Es el aerosol puesto al servicio de la denuncia contra la violencia que campea en las calles como si nada”.

Con orgullo podría decirse que en Bolivia este tipo de protesta es uno de los aportes del feminismo. Es en la indignación de las jóvenes y el silencio social que las pintadas en la pared se volvieron una herramienta fundamental, no solo a través de los mensajes que vemos, sino también por las alianzas y complicidades que generan en otras y otros que se identifican con lo que las paredes dicen.

Seguramente aparecerán cada vez más latas de spray en manos de mujeres y disidencias dispuestas a seguir compartiendo pintadas con frases que inviten a la lucha y que nos recuerden que no estamos solas. Lo valioso es que, en esas marcas callejeras vemos la potencia de quién lo hizo, además de la historia política que hay detrás de un trazo de aerosol.

Por todo ello, yo también grafitié en Tarija.

Lourdes Montero es cientista social.

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Mundanas (no) condiciones

/ 25 de julio de 2021 / 00:01

La jerarquía de la Iglesia Católica, siempre tan atenta a los asuntos del César, emitió un mensaje fundamental: “indudablemente, una reconciliación tiene que ser sin condiciones”. Viniendo de los obispos, que hace poco reunieron sus remembranzas selectas sobre los hechos de 2019, tales palabras son de agradecer. Es un buen mensaje, sin resentimientos. Pero podría extraviarse por exceso de candidez. Los designios del señor, de antiguo se sabe, son insondables.

El razonamiento de la Conferencia (e)Piscopal —Coco Manto dixit— es impecable. Para que haya reconciliación en el país (más bien hoy no se facilita/bendice ninguna “pacificación”), hay que dejar de lado los insultos, las heridas, los enfrentamientos, los miedos, en fin, las condiciones. Todo eso asedia o al menos limita el anhelado reencuentro entre hermanos (bueno ya, hermanas también). La reconciliación es un bien en sí mismo: necesario, apetecido, incontestable.

Claro que algunas cuestiones opacan la salida. El camino al cielo, lo hemos aprendido, está empedrado de malas intenciones. Y el oficio de preguntar es terriblemente pecaminoso, algunas veces invisible a los ojos de dios. La reconciliación sin condiciones, señores jerarcas, ¿implica olvido como no/condición para seguir adelante? ¿Hacemos nuestras memorias de los (des)hechos, nos inhibimos de mirar atrás y estamos listos? Cierto: las estatuas de sal vienen sobrando.

Para no estancarnos, ni podrirnos, en la irresoluble disputa “fraude versus golpe” (ahora reconvertida en golpe/no golpe), pregunto a los patriarcas: la reconciliación sin venganza ni condiciones que ustedes sanamente proponen sobre la coyuntura crítica de 2019, ¿supone amnistía para los responsables de las masacres de Sacaba y Senkata, de los muertos y heridos en Montero, Ovejuyo, El Pedregal, Betanzos, Vila Vila? ¿Sí? ¿No? ¿Silencio para no incriminarse?

La invocatoria eclesial es loable (“abuénense, estén juntos”), pero omite tres mundanas condiciones, imprescindibles. La primera es verdad, que nada tiene que ver con la antidemocrática imposición de un relato o, peor, una ideología. La segunda es reparación, que no se limita a decretar “Bs 50.000 por persona fallecida” (y agradezcan). La tercera es justicia, que no condice con persecución política, sino con debido proceso. Sin ello no hay reconciliación posible.

Hace mucho tiempo, el afilado Stanislew Jerzy Lec evidenció que “las heridas cicatrizan, pero las cicatrices crecen con nosotros”. Aplica a la necesaria reconciliación y sus (no)condiciones. Bienvenida pues la prédica de los respetables obispos. Abramos mentes, fortalezcamos espíritus. Pero sin impunidad. Ni simulacros.

FadoCracia letal

 1. El diario verde nos regaló un prometedor ejercicio de aritmética periodística: divida número de armas entre número de miembros de un cuerpo militar y tendrá titular de primera página: “Pertrechos de Argentina no alcanzan ni para un regimiento”. Qué tal. 2. En rigor, el cálculo no fue obra del diario mayor, sino de “los peritos”. El periodista lo dispuso, lo empaquetó como noticia y se difundió. 3. Viendo bien, las fuentes informativas tampoco son “expertos” (en plural): hay un especialista en armas y un general retirado, ambos declarados opositores. 4. Viendo mejor, tampoco hay un ejercicio divisorio pertrechos/militares, sino una frase de efecto. 5. Ahora bien, convengamos en que las armas internadas al país, unas legalmente, otras de contrabando, no alcanzan ni para un regimiento. Vaya papelón. 6. ¿Pero bastarán 70.000 cartuchos calibre 12/70 AT (sin hablar de los 27 ítems declarados que incluyen pistolas, escopetas, fusiles, 2.459 cartuchos 9 MM, 2.011 cartuchos 7,62 MM y hasta dos ametralladoras) para matar, especulemos, veintiuna personas? 7. La aritmética exculpatoria, verde-verdecita-verde, da para todo.  

José Luis Exeni Rodríguez es politólogo.

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Jarabe para el mal de ojo

/ 24 de julio de 2021 / 23:57

Después de la Segunda Guerra Mundial, los años 50 marcan un periodo en Latinoamérica donde las burguesías nacionales, de los Estados nación, van a hacer intentos por desarrollar el capitalismo y la industrialización de sus países. Es la etapa en la cual paralelamente los Estados Unidos posicionan en el continente el llamado “panamericanismo”, que consistía en que los gringos eran los nuevos dueños del continente.

Indudablemente que los hijos pródigos de Alemania, Inglaterra y Francia tienen muchos complejos frente a la sociedad de castas en Europa, por eso es que decidieron probar suerte en los territorios de Abya Yala (América, Latinoamérica) a costa de los pueblos originarios, a quienes masacraron para apoderarse de sus tierras y territorios. Después de la segunda guerra mundial se frotaban las manos satisfechos, porque de aquí para adelante el imperialismo y la neo-colonia funcionarían a pedir de boca para ellos. Son los nuevos ricos que levantan sus fortunas gracias al genocidio de indios y la esclavización de africanos.

Cuba fue motivo de permanente asedio, los Estados Unidos, los intereses estadunidenses dominaron la política y la economía antes de la revolución cubana. Cuba era el espacio de prostitución y droga dominada por los mafiosos del norte. Cuba es un símbolo para todo el continente.

¿Cuál es la importancia de los símbolos para la vida? El modelo burgués de ser humano implantado en la revolución francesa es individualista, autosuficiente, estúpidamente racional, soberbio. Estos atributos burgueses no les permiten a estos Supermanes tener símbolos de vulnerabilidad y lucha a los cuales aferrarse. Es un modelo de vida deshumanizado, egocéntrico. Se pasan la vida corriendo tras el lucro, tras el poder. Necesitamos símbolos de resistencia, pues la humanidad es vulnerable, la pandemia del COVID-19 nos confirma este hecho.

Los símbolos conectan con la vida, pues la vida necesita ser vivida, necesitamos sostener nuestra existencia más allá de todas las dificultades, vacíos, miedos e incertidumbres. Los símbolos de carne y hueso nos convocan a seguir caminando, a no desanimarnos. Cuba para las y los revolucionarios es el símbolo de nuestra peligrosa pequeñez, es la demostración de la testarudez de un pueblo que convoca al diálogo. Cuba es un símbolo revolucionario, sin romanticismos de por medio, sabemos que los procesos revolucionarios tienen errores y también delitos, que caminan junto a los logros y las victorias. Pero Cuba no se toca, se respeta.

Así como Cuba es un símbolo, lo es también Vietnam. Son la muestra de que la organización de las hormiguitas puede vencer la bota del gigante. Muchas familias gringas tuvieron que llorar sus muertos en Vietnam, no solo los vietnamitas lloraron a los suyos. Los y las abusivas creen que pueden golpear y matar sin ninguna consecuencia. Creen tener la verdad y que nadie se les va a parar al frente. No es así, los pueblos se defienden, ya no nos dejamos.

A mí que me gusta la música, claro pues, que ya y rapidito aprendí la letra y la música del Jarabe Vietnamita. Por eso y por mucho más, lo que el yanqui necesita es una aumentada dosis de jarabe vietnamita.

Julieta Paredes es feminista comunitaria.

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