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martes 22 jun 2021 | Actualizado a 22:56

Asilo político

Uno se pregunta: ¿Qué pecado hemos cometido para tener una Cancillería de tan poco nivel?

/ 17 de junio de 2012 / 05:10

El Gobierno está de muy mal humor desde el momento en que la Embajada del Brasil aceptó el asilo político del senador pandino Róger Pinto. El Presidente calificó la decisión del gobierno vecino como “un error”. El Vicepresidente García Linera lo llamó una decisión desafortunada.

Al Gobierno se le ha escurrido de entre sus tupidas redes un senador que tuvo la osadía de denunciar algunas irregularidades presuntamente cometidas por la Ministra de Transparencia y Anticorrupción, por el Gobernador de Pando, así como tuvo el atrevimiento de presentar al Gobierno un pesado fajo de documentos que —según Pinto— se refieren a supuestas conexiones delictivas con el exgeneral René Sanabria (quien se encuentra en los Estados Unidos penando sus culpas por narcotraficante de altos vuelos). En todo caso, el hecho del asilo no favorece a las pretensiones del Gobierno plurinacional, socialista y comunitario. No le asegura la calidad de democracia. ¡O es que nunca ha pretendido alcanzar tan honrosa calificación!

Una vez oficializado el asilo de Pinto, la Cancillería boliviana debió expedir el salvoconducto que permita al asilado salir del país y pasar al Brasil, sin que ningún descuido imprevisto, de los que suelen ocurrir cuando se trata de cazar la perdiz que salió volando, se lo impida. Al preguntársele al Canciller cuándo entregaría el salvoconducto, reconoció hidalgamente: “El tema de salvoconducto, no entiendo legalmente cómo es; qué corresponde (hacer)”. Y pensó en la solución de darle al senador un simple “permiso”, como para salir de la oficina para comprar una aspirina y volver lo antes posible.

Si el canciller Choquehuanca hubiese tenido a su alcance y consultado atentamente algún viejo volumen del medieval Derecho de Gentes, habría descubierto que el asilo era practicado en tiempos remotos en los templos y en las casas religiosas. Aquella institución humanitaria se llamó “asilo en sagrado”. Soy testigo de que la misma virtud cristiana se practicó en algunas casas religiosas de Bolivia en donde se refugiaron muchos perseguidos por el exministro del Interior Luis Arze Gómez, el mismo que nos hacía “caminar con el testamento bajo el brazo”. Tristes recuerdos.

Con estos insólitos antecedentes, muchos lectores recordarán el caso del fundador del APRA, Víctor Raúl Haya de la Torre, perseguido por el gobierno militar del general Manuel Odría. El famoso político se asiló en la Embajada de Colombia en Lima. La cerrilidad de Odría le negó el salvoconducto correspondiente, y ordenó a la fuerza pública que cercara a cal y canto el edificio de la representación diplomática colombiana, por el largo periodo de cinco años, que obligó al gobierno asilante a instalar su embajada en otro edificio de la capital limeña. La presión de muchos países, así como la de ilustres figuras de la política y la cultura, logró al fin —cinco años son muchos— doblegar el empecinamiento del presidente Odría.

Espero que una vez vaya amainando la rabieta del Gobierno boliviano, el Canciller no tendrá otro remedio que entregar a Pinto su salvoconducto. Reducir este documento oficial a un simple “permiso” sería una broma de mal gusto que la prestigiosa Cancillería de Itamaraty no aceptaría sin alguna forma diplomática pero exigente de protesta. Y tal como van de mal las relaciones con nuestro vecino, podría recurrir a una de las muchas formas de retorsión  (retaliation para los angloparlantes).

Al final uno se pregunta: ¿Qué pecado hemos cometido para tener una Cancillería de tan poco nivel?

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Crisis

La crisis es una coincidencia de cambios en el conjunto de una realidad organizada

/ 13 de enero de 2013 / 05:00

Los adolescentes suelen estar en crisis de crecimiento, familiarmente llamada la edad del burro. Pues, mire usted por donde, una palabra que con el tiempo ha ido adquiriendo las aplicaciones más diversas es la crisis. Por si le sirve, aquí va una definición de emergencia.

La crisis es una coincidencia de cambios en el conjunto de una realidad organizada. Sirve para calificar una situación política o económica, o un estado de salud corporal o mental. Yo no me atrevería a decir que el todavía presidente venezolano Hugo Chávez está en crisis. Está en un coma inducido, cuyo desenlace no es otro que la muerte. ¡Macabro ejemplo!

Crisis es la palabra comodín para referirse, por ejemplo, a calamidades geológicas (los terremotos y volcanes), meteorológicas (huracanes o diluvios), biológicas (plagas de insectos dañinos, enfermedades contagiosas). Por este camino de comentarista profano me arriesgo a mencionar algunos contenidos de la palabra crisis. Pongamos algunos ejemplos más.

Sospecho que la crisis más cercana es la corrupción de la red de extorsiones. La prensa es la encargada de informarnos de esta plaga. En el terreno político mundial, veo la pérdida de credibilidad de los partidos: El “cambio” político, tal como nos lo quieren hacer creer, es por definición una crisis que abarca un amplísimo abanico de actividades humanas, públicas y privadas. En este momento ha llegado a reventar: en forma de corrupción. Aquí va la prueba: todos a utilizar el instrumento de la administración de la Justicia (corrompida, salvo pocas pero meritorias excepciones). Esta es la crisis más visible de la sociedad en que vivimos.

También estamos pasando por una crisis religiosa. Ya no es el ateísmo furibundo sino la increencia, concepto muy vago que podría caricaturizarse como el “nomeimportismo”, a la castellana, el “manfutismo”, a la francesa o el “menefreguismo” a la italiana. En cualquiera de estas y otras lenguas, suena a crisis. Algo así como el “comer, beber, dormir y pasear”, tal como lo dejó escrito de puño y letra el pintor español Francisco de Goya y Lucientes, al pie de una lámina dibujada a carboncillo.

La increencia está próxima al nihilismo, tan en boga en los también críticos siglos XIX y XX. Una manera pintoresca y cómoda de ser increyente es la que hemos oído en alguna gente bien que se cree estar al día: “Gracias a Dios, soy ateo”.

Por último: ¿está usted pasando por alguna crisis? Confío en que ya pasó por la edad del burro. Y que esta licencia mía no le haya molestado. Gracias.

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Querella al vacío

No hay razón para que nos empapelen a fuerza de juicios sin base jurídica alguna

/ 4 de noviembre de 2012 / 06:00

Qué diría usted, amable lector, ante un padre de familia que castigara a su hijo con unos palmetazos  por haber obtenido buenas calificaciones en el colegio? Cualquiera diría que ese señor es un mal pedagogo, injusto y tal vez chiflado. Pues esto es precisamente lo que está ocurriendo en la pelea inútil entre el Gobierno y la Agencia de Noticias Fides, conflicto al que se han sumado los periódicos Página Siete y El Diario.

El juicio penal que el Gobierno entabló contra ANF fue por haber tergiversado unas palabras del Sr. Presidente. La Agencia se defiende una y otra vez probando que no hubo tal. Que las expresiones presidenciales fueron transcritas con toda fidelidad.

Y para ilustrar el árido pleito que hoy tratamos en esta columna vaya una cita del insigne penalista Francesco Carnelutti. “El Derecho Penal es el derecho del dolor: doble dolor, del antes y del después, del pecado y del castigo”. Si esto es cierto, y lo es cuando existe realmente el pecado y se le aplica el castigo, el dolor lo reduplica quien denuncia o quien denuncia en falso; lo que es tanto más grave cuanta más alta es la autoridad infractora que denuncia en falso. A pesar de ello, y no habiendo materia justiciable, se la inventan. Nos acusan de haber descontextualizado las palabras del Presidente. Nos acusan de discriminación y de racismo. Aún más: nos señalan de haber incentivado el odio racial entre bolivianos. Y si ésta es una inicua falsedad, ¿qué tribunal podrá juzgar el caso en el que no hay delincuente? Sólo el supremo tribunal de Dios juzgará a los perjuros y absolverá a los inocentes. Pero aquí en la Tierra, no hay razón para que nos empapelen a fuerza de juicios sin base jurídica alguna. Pues si no hay delito, tampoco puede haber querella. En consecuencia, ésta es nuestra razón para que rechacemos presentarnos ante tribunal alguno que juzgue sobre la nada. “Rien de rien”, cantaba hace unos cuantos años Édith Piaf.

Por lo demás, considerando el asunto en términos políticos, al Gobierno no le hace ningún bien andarse peleando con la prensa independiente. Pero es que, además de lo dicho, nos alienta el hecho de haber recibido tantas adhesiones y muestras de solidaridad. Es fallo espontáneo de un tribunal que raramente se equivoca a la hora de valorar a los ciudadanos fieles cumplidores de la ley, de los infractores.

Con todos los respetos… tengo la esperanza de que el Ministerio Público, que tiene el caso en sus manos, también sabrá percibir esta diferenciación y que, en consecuencia, rechazará las denuncias sin fundamento, las inventadas, las fraguadas. Sólo así —dicho en términos leguleyos— “será justicia”.

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Otra vez el Gobierno se equivoca

Si el Gobierno no ve ni escucha los consejos que le da el sentido común, se arriesga a equivocarse aún más

/ 26 de agosto de 2012 / 06:30

Ya no quería seguir insistiendo con el ingrato enojo del Gobierno contra la Agencia de Noticias Fides. En primer lugar, porque noblesse oblige. Quiero decir que estoy en deuda con los muchos (tanto en el país como en el exterior) que nos están respaldando. Cumplida esta obligación, tengo que volver a la arena del circo romano en el que ahora nos obliga a combatir el Gobierno. Y no sólo a la Agencia de Noticias Fides, sino también a los periódicos nacionales, El Diario y Página Siete.

Nos acusa de racistas. Otra vez me niego firmemente de merecer este calificativo que pretende ser una figura de delito penal. La verdad es que éste es un caso más de criminalización de la prensa independiente. Al Gobierno le ha picado el mosquito de la criminalización. Desde hace tiempo criminalizó a la oposición política. Criminalizó los resultados electorales cuando los escrutinios favorecían a los disconformes. Destituyó a gobernadores electos por el pueblo soberano. A los desobedientes los persiguió, los crucificó con juicios penales injustos, los metió en la cárcel sin juicio legal ni sentencia, les forzó a buscar asilo en otros países o en sus embajadas y, encima, les niega el debido salvoconducto.

Otra vez, el Gobierno se equivoca. Está ciego y sordo, pero no mudo. Y si no ve ni escucha los buenos consejos que cada día le da el sentido común, expresado a través de la prensa independiente, se arriesga a equivocarse más y más. Sólo denuncia y amenaza. ¿De dónde saca el Gobierno que los periodistas y directores de los medios citados son discriminadores y racistas? Se lo inventa. ¿Qué pretende? ¿Amedrentarnos, silenciarnos, enterrarnos bajo tierra por los siglos de los siglos, amén? Pues el tiro le está saliendo por la culata. La prensa independiente defenderá sus derechos consagrados en la Constitución Política del Estado.

En efecto, el art. 106 de la Carta Magna establece que “El Estado garantiza a las bolivianas y a los bolivianos el derecho a la libertad de expresión, de opinión y de información, a la rectificación y a la réplica el derecho a emitir libremente las ideas, por cualquier medio de comunicación, sin censura previa”.

Así las cosas, todavía creo que el Gobierno aún está a tiempo de rectificar al camino torcido que anduvo en estas dos últimas semanas. Para ello es indispensable bajarse de la peana y bajar al llano. Ocúpese de resolver los problemas de la gente y no pretenda imponer la uniformidad de las conciencias, el pensamiento único, por medio de la criminalización de la libertad de opinión. Ocúpese de la Pachamama, de la lucha contra el narcotráfico, de la seguridad jurídica, de las inversiones, de la paz social. Y deje que la prensa independiente cumpla su misión con libertad y responsabilidad. No pretenda confiscar las voluntades individuales al servicio de la voluntad del jefe y de su grupo hegemónico.

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