Voces

Tuesday 16 Jul 2024 | Actualizado a 06:35 AM

Radiotaxis

El negligente servicio que prestan muchos radiotaxis se debe a la falta de control.

/ 19 de agosto de 2012 / 05:24

Para nadie debe ser desconocido que uno de los peores servicios de transporte de pasajeros, por el habitual maltrato, pero sobre todo por la arbitrariedad en los cobros y la impunidad con que esto ocurre, es el de los radiotaxis. Días atrás, el presidente del Servicio de Impuestos Nacionales (SIN) reconoció que la institución no puede obligar a las empresas a tributar.

En efecto, según la máxima autoridad ejecutiva de la entidad recaudadora, no es posible hacer que las empresas de radiotaxis emitan factura a los usuarios, porque no están formalizadas para un control más efectivo. A esta situación hay que añadir las declaraciones del Alcalde de La Paz y del Director de la Autoridad de Regulación y Fiscalización de Telecomunicaciones y Transportes (ATT), quienes afirmaron que tampoco controlan este tipo de establecimientos o el servicio que prestan. La situación es idéntica en Santa Cruz de la Sierra y probablemente en el resto de las capitales del país.

En los hechos, las declaraciones de estas tres autoridades significan que, aparte del trámite necesario para el uso de la frecuencia radioeléctrica ante la ATT y, tal vez, el necesario para obtener licencia de funcionamiento ante el Municipio, los propietarios de las empresas de radiotaxi no están obligados a cumplir más formalidades y, por tanto, sus actividades no son mayormente fiscalizadas ni reguladas.

Así es posible comprender por qué el transporte en radiotaxis es no sólo más caro, sino también a menudo deficiente, pues los operadores se saben exentos de todo tipo de control, incluyendo el que le cabe a la Policía, a través del Organismo Operativo de Tránsito, lo que también se traduce en una importante cantidad de denuncias por asalto y hasta violaciones sexuales que se han conocido y denunciado días atrás en este diario.

Desde que se creó el sistema de regulación sectorial, y en ese marco la ahora desaparecida Superintendencia de Transportes, ha sido una constante el reclamo por la falta de fiscalización a esta modalidad de transporte, cuya necesidad e importancia están fuera de duda, ya que desde entonces se afirma que no hay forma ni necesidad de hacerlo, dejando a las y los usuarios, literalmente, a su suerte y posibilitando que estos emprendimientos se desarrollen en la más completa informalidad.

A los gobiernos municipales les corresponde fiscalizar el funcionamiento de las empresas, pero sobre todo el uso de calles y avenidas; la ATT tiene la obligación de regular no sólo las comunicaciones por radio, sino fundamentalmente la calidad y precio del servicio; y ciertamente debiera ser inaceptable que el SIN no les obligue a entregar factura.

Hay, pues, un problema con el servicio de los radiotaxis que debe ser resuelto por las autoridades, que como en muchos otros aspectos del servicio de transporte de pasajeros se muestran incapaces de hacer bien su trabajo.

Distracción frente al volante

Aproximadamente el 75% de los accidentes de tránsito ocurridos en la ciudad de La Paz durante los primeros siete meses del año se debió a distracciones de los conductores, que incurrieron en irresponsabilidades mientras conducían como hablar por teléfono, conversar, discutir, comer, fumar o cambiar de música. Estas estimaciones provienen de la unidad Operativa de Tránsito, que registró hasta la fecha más de 3.000 incidentes automovilísticos, entre atropellos (374), vuelcos (373), choques fuertes (503) y colisiones leves.

Como es de suponer, detrás de estas cifras se encuentran personas, muchas de ellos niños y ancianos, que deben lidiar ahora con dolores, gastos médicos e incluso discapacidades (algunas de ellas permanentes), por la desidia de unos pocos, que no terminan de comprender que conducir implica siempre responsabilidades, como cumplir las normas de tránsito y tener consideración con el resto, especialmente con los peatones. Para contrarrestar esta extendida irresponsabilidad, la unidad de Tránsito está organizando una campaña de información entre los conductores sobre los riesgos de incurrir en algunas de las acciones señaladas, por medio de trípticos financiados por Entel. Ojalá logre sensibilizar a la ciudadanía para que aprenda a ser más considerada con el resto.

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Vacas y cachorros

Gregory Berns

/ 15 de julio de 2024 / 11:48

Las vacas están de moda últimamente, y no me refiero a la gripe aviar. Basta con mirar el nuevo amor que han adquirido las redes sociales por los llamados cowpuppies (vacas en miniatura que son tratadas como cachorros de perro o, a veces, incluso como seres humanos). A algunas las peluquean, a otras las hacen motos acuáticas. Incluso las vacas de tamaño natural se están ganando el corazón de la gente.

Podría haber descartado estos videos como lo que David Letterman llamó trucos estúpidos para mascotas, hasta que terminé con una granja y mi propio pequeño rebaño. La vida en la granja era muy distinta a la década que pasé como neurocientífico entrenando perros para que pasaran por escáneres de resonancia magnética; estudiaba cómo los perros poseen las mismas estructuras cerebrales que los humanos para experimentar emociones como la alegría y el amor. En los últimos tres años aprendí a manejar los pastos y ayudar a los terneros recién nacidos a agarrarse a sus mamás.

Aunque el ganado es tan inteligente y adorable como los perros, he descubierto que vive a su propio ritmo. Mientras que los perros se adaptan a los ritmos de la sociedad humana en todas sus formas, el ganado no tolera los movimientos bruscos ni los estados de agitación humana. Al obligar a las personas a adaptarse a su ritmo, el ganado nos conecta con el medio ambiente de una manera que ningún otro animal lo hace. Tal vez sea hora de tomar en serio los efectos beneficiosos del ganado en nuestros estados mentales y emocionales, tal como lo hacemos con otros animales, como los perros y los caballos.

El ganado vacuno es un animal muy sensible. Ha desarrollado una serie de adaptaciones sensoriales para detectar depredadores a grandes distancias. Su sistema visual es muy sensible al movimiento en el horizonte, donde acechan animales peligrosos. Tiene una gran visión nocturna, un agudo sentido del olfato y un oído al menos tan bueno como el de un perro o un gato. Como está programado para estar atento a los depredadores, duerme solo cuatro horas por noche. La gente suele decir que los elefantes nunca olvidan, pero el ganado vacuno tampoco. Pueden reconocer fotografías de compañeros de manada tan bien como los humanos que conocen.

Charles Darwin sostuvo que tanto los humanos como los animales poseen una similitud en la expresión de las emociones. Por supuesto, podemos discernir emociones básicas, como el placer y el miedo, pero lo que nos hace querer a los perros es su aparente capacidad para lo que consideramos su versión del amor: el anhelo en sus ojos de estar con su gente y su disposición general a complacer.

¿Cómo sabes que el ganado te ama? Más o menos de la misma manera que lo haces con los perros. Mi toro, Ricky Bobby, felizmente se recuesta a mi lado y pone su cabeza con cuernos en mi regazo. Le encanta que lo cepille e incluso se da vuelta para que le acaricien la panza. Para acercarse tanto al ganado, una persona tiene que adoptar su ritmo pausado. Los movimientos repentinos desencadenan su reflejo de huida.

Se dice que los animales domésticos cumplen tres funciones, a veces llamadas las 3 F: alimento, fibra y amigos. Los perros han hecho la transición completa a amigos. Para la mayoría de las personas, el ganado se mantiene sólidamente en las dos primeras categorías, pero no tengo dudas de que también pueden ser amigos. Solo tienes que reducir la velocidad y sentarte con ellos un rato.

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¿Por qué fracasó el supuesto golpe?

Yuri Torrez

/ 15 de julio de 2024 / 11:43

Esas imágenes de terror de los golpes de Estado del siglo pasado volvieron a la memoria colectiva, luego de presenciar el 26 de junio, casi en directo, escenas de tanquetas y carros blindados militares en los umbrales del Palacio Quemado, que acechaban al gobierno de Luis Arce Catacora. Pero los cabecillas de ese desplazamiento militar con sensación de asonada golpista, se congelaron en el pasado y no comprendieron que los golpes de Estado del siglo XXI son más sofisticados.

Este análisis no pretende adentrarse a esa disputa de narrativas sobre el supuesto golpe de Estado o autogolpe en la que se enfrascaron oficialistas y opositores (incluidos o quizás, sobre todo, los evistas) desde la misma jornada de la intentona golpista, ya que la interpretación interesada, al parecer, venció a los hechos tangibles. Tampoco se pretende ingresar a los pormenores o motivaciones que impulsaron a los principales actores para esta asonada militar. Sino, más bien, enfatizar la naturaleza de los golpes de Estado de este siglo y, a partir de ello, caracterizar los acontecimientos de esa jornada de zozobra.

Una referencia insoslayable es el golpe de Estado perpetrado en 2019. En rigor, este hecho gozaba de alguna manera de una “legitimidad”, como diría René Zavaleta, porque fue precedido por una movilización de los sectores urbanos opositores por un malestar acumulado a Evo Morales. En ese sentido, el motín policial y, acto seguido, la adherencia militar al golpe fueron consecuencia de esa acción colectiva, y no al contrario, una “iniciativa” militar o policial. Basándose en las recomendaciones de Gene Sharp, politólogo norteamericano que trabajó en la CIA, un golpe de Estado tiene varias fases. En el caso de 2019, en Bolivia se cumplió a pie de juntillas. Veamos:

Un golpe tiene una fase conspirativa y, por lo tanto, es planificado, y le sigue una fase de ablandamiento. O sea, el malestar por no acatar el veredicto del referéndum constitucional del 21 de febrero de 2016. Luego, la etapa de deslegitimación política: perforar el liderazgo de Evo Morales. Posteriormente, la etapa del calentamiento en las calles que se combinó con diversas formas de lucha. A la movilización callejera se sumó una cruzada política/comunicacional en las redes sociales (para ello se tiene que contar con soldados digitales predispuestos para la batalla digital) y los mass media opositores que fue decisiva, especialmente en los 21 días previos a la fractura constitucional. Y la última etapa fue el golpe de Estado con el apoyo de militares y policías. Además, estos golpes contaron con la estrategia del lawfare (o legitimación jurídica). Eso sucedió en 2019, cuando se hizo pasar la asunción presidencial ilegal de Jeanine Áñez como si fuera constitucional, para así blindar el golpe de Estado. 

Las rupturas constitucionales, a diferencia de las del siglo pasado, son más complejas ya que forman parte de un entramado enrevesado donde convergen varios factores. No es solo sacar tanquetas a las calles y/o conversaciones “secretas” con militares descontentos, sino requieren de una cruzada conspirativa mucho más sofisticada. Los golpes de Estado de hoy no solo necesitan de militares armados y encapuchados, sino, además, un ejército del trolls en la tarea de difundir fake news para confundir a la población y así generar un clima propicio a los afanes golpistas. Pero, el general Juan José Zúñiga —y su tropa de militares—, quizás nostálgico por los golpes de Estado de antes, no se enteró de lo complicado de perpetrar uno en el siglo XXI y sucumbió en el intento.

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Ideas preliminares sobre el Mercosur

/ 14 de julio de 2024 / 00:17

La incorporación de Bolivia como miembro pleno del Mercosur constituye uno de los acontecimientos más importantes en materia de opciones de desarrollo a largo plazo para el país. A pesar de que el trámite de adhesión empezó en realidad en 2015, diversos incidentes políticos fueron postergando las respectivas aprobaciones legislativas de los países fundadores hasta fines del año pasado. En consecuencia, las condiciones nacionales, regionales e internacionales son ahora ciertamente muy diferentes.

El escrutinio de las bondades o inconvenientes de la nueva relación con los vecinos del Mercosur se llevará a cabo de manera sistemática en los meses siguientes. Por de pronto, me interesa plantear algunas reflexiones preliminares al respecto.

Primero: en un contexto internacional caracterizado por dos guerras, crecientes tensiones geopolíticas y enormes desafíos ambientales y tecnológicos, resulta conveniente formar parte de un mecanismo formal de integración económica y comercial de gran envergadura.

Segundo: Bolivia dispone de cuatro años para adecuar sus leyes y reglamentos al marco normativo del Mercosur, contenido en miles de disposiciones reglamentarias adoptadas desde su creación en 1991.

Tercero: en el Mercosur rige el Compromiso Democrático, que postula al orden democrático como condición indispensable para el funcionamiento de la integración.

Cuarto: mediante su incorporación al Mercosur, Bolivia expande su horizonte económico y se incorpora a un enorme espacio que permite emprender proyectos productivos de una calidad y dimensión que serían imposibles dentro de nuestras fronteras.

Quinto: el país tendrá que realizar un importante esfuerzo de fortalecimiento institucional y capacitación profesional para la negociación de las necesarias adecuaciones normativas, lo cual implica superar las actuales debilidades del aparato público, caracterizadas por el clientelismo, el nepotismo y la corrupción.

Sexto: en los próximos cuatro años también el sector empresarial privado tendrá que llevar a cabo reformas sustantivas en sus organismos gremiales y en la gestión de las propias empresas, con miras a aprovechar con eficacia y sostenibilidad las oportunidades del mercado ampliado, así como de la participación creciente en nuevas y existentes cadenas regionales de valor.

Séptimo: en cuanto al nivel de desarrollo, las cifras del PIB nominal por habitante son las siguientes: Uruguay, $us 21.677; Argentina, $us 13.709; Brasil, $us 10.242, y Paraguay, $us 3.052. La cifra para Bolivia es de $us 3.782.

También se registran importantes diferencias en cuanto al Índice de Desarrollo Humano. En efecto, Argentina 0,842; Uruguay, 0,809; Brasil, 0,754; Paraguay, 0,717, Bolivia, 0,692.

Las distancias mayores se observan en las comparaciones internacionales de productividad y competitividad, así como en la proporción de informalidad de las actividades económicas.

Octavo: dichas comparaciones simples determinan que Bolivia requiere adoptar el objetivo prioritario de cerrar paulatinamente las brechas económicas y sociales respecto de los otros países miembros del Mercosur. A tal efecto se necesitan enfoques, políticas y recursos humanos muy diferentes de los que han ocasionado el retraso relativo del país.

Noveno: las carreteras internacionales, las conexiones digitales y el sistema educativo también ostentan niveles de calidad inferiores a los del resto de países del Mercosur. Para superar esos rezagos no bastarán seguramente los recursos disponibles del Fondo para la Convergencia Estructural del Mercosur (FOCEM).

En conclusión, para aprovechar de verdad las oportunidades de pertenecer al Mercosur, el país tendrá que establecer un catálogo muy exigente de cambios en las orientaciones y enfoques de su desarrollo. Es probable que tal esfuerzo valga la pena.

Horst Grebe es economista.  

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Golpes, golpes, golpes

/ 14 de julio de 2024 / 00:12

Al Chino Arandia, baleado por los militares

Hay golpes y golpes. No lo sabremos en Bolivia, donde registramos la mayor cantidad de asonadas militares respecto de la región. El boliviano José Roberto Arze sostiene que un golpe de Estado es “un cambio súbito y violento de la autoridad gubernamental al margen del orden institucional”. También dice que un golpe puede ser popular o impopular. Puede, por otro lado, darse un golpe a un golpista. Varios autores han diferenciado en los últimos años los golpes duros de los golpes blandos. Toda una telaraña que motivó al equipo del programa Piedra, papel y tinta a invitar a tres conocedores e interesados en esta problemática: Loreta Tellería, Gabriela Reyes y Juan Ramón Quintana. La pregunta de inicio y de final: dónde está el centro de la definición de un golpe de Estado y cuánto debe preocupar al conjunto del país el espíritu golpista de las Fuerzas Armadas Bolivianas (FFAA).

Tellería comienza alertando de las diferencias entre los golpes de siglo XIX, por ejemplo, y los de estos tiempos. Ayer u hoy, el actante infaltable: las FFAA; el ingrediente básico: la fragilidad de los gobiernos políticos legalmente constituidos; la acción indeseable pero recurrente: violencia armada. En este punto, Reyes hace bien en precisar que puede haber tanto una demostración de la violencia, o su alarde, como el pasado 26 de junio, como un uso propiamente de la violencia y recuerda que el otro abuso (casi instintivo) de los golpistas es cortar las comunicaciones, un gesto penosamente aprendido en tantos ámbitos de nuestros espacios cotidianos. Ojo, la receta no está completa. Quintana añade más ingredientes: el más doloroso, las masacres; el menos visible, los intereses económicos internos o externos que disparan (nunca mejor dicho) las acciones golpistas y el alcance territorial, es decir, la fuerza o no de superar su inicio local para coronarse como poder forzado a nivel nacional.

Los golpes, a lo largo de nuestra historia como República y después Estado, han cambiado, como serpientes, de piel: primero como parte del proceso de la constitución republicana, posteriormente como una escalera para posicionarse desde determinadas élites, ya en el siglo XX con el uniforme de acción política militarizada no pocas veces vinculada a Estados Unidos, bajo su conocida intervención en la formación de las capas militares bolivianas. Para leer con más precisión este siglo XXI, Loreta Tellería invita a descifrar los códigos cruzados de los últimos momentos geopolíticos. Hoy, Bolivia ya no es sinónimo de Diablo Etcheverry sino de “litio” y el peor acompañamiento a este plato de fondo es la incertidumbre cuando no el atraso en las políticas estatales y la inestabilidad política (responsabilidad de toda la clase dirigencial que nos ha mostrado uno de los peores espectáculos de su mezquindad en el último tiempo). Loreta no titubea cuando plantea que existen cero diferencias entre Busch, Barrientos, García Meza, Kaliman o Zúñiga: todos ellos se ponen su trajecito de campaña, se miran al espejo y se dicen a sí mismos que van a dar “estabilidad a su país”, tan fácil como cantar, firmes, un himno nacional en la plaza de su esquina.

¿Cómo se gestiona a las FFAA para evitar estas borracheras golpistas? Quintana no duda en ponerle el cartel de “fracaso” a lo hecho en este tema durante el no corto gobierno de Evo Morales (aunque él habla más bien del sistema político y de la propia ciudadanía en la acumulación de un espíritu autoritario), además de subrayar la dimensión colonial (expresada en gran parte en la eterna tensión entre militares y policías). Y como baño de crema a todo este pastel, el exminstro plantea que hoy toca el fracaso de lo que llama un modelo patrimonial (culpa a Luis Arce sin anestesia) que, dice, consiste en concebir a las FFAA como un instrumento, como una extensión del poder político. Así explica que Zúñiga haya acariciado el control del mundo militar desde las entrañas de los servicios de inteligencia. Al otro exministro Reymi Ferreira no le falta razón cuando justifica sus dudas sobre la tesis del autogolpe: ¿qué ganaría el presidente Arce con esta planificación?, ¿por qué se arriesgaría Zúñiga a veinte años de cárcel? Sumado esto al apoyo cero de parte de movimientos cívicos o de los propios sectores empresariales.

Lo que a los no especialistas en asuntos militares nos queda claro a estas alturas del partido es que ni con Morales ni con Arce se logró bajar del caballo del autoritarismo a los dueños de los tanques y las armas. Lo que ya podemos sacar en limpio, después de 2019 y 2024, es que hay que poner mayor atención al factor militar boliviano; sacamos en limpio que cuando no se hace justicia, se deja la puerta entreabierta a los mismos fantasmas en trajecito de campaña; sacamos en limpio que la bota militar sigue siendo un espacio incontrolado, un cruce de distantes intereses y ambiciones. La bota militar sigue siendo una amenaza para la población que vota, que elige, una amenaza para los más humildes que mueren con disparos por la espalda. La bota militar está en crisis y a su diván arrastra al sistema democrático, a nuestra seguridad y a nuestra tranquilidad.

Claudia Benavente es doctora en ciencias sociales y stronguista.

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La resiliencia de Biden

/ 14 de julio de 2024 / 00:07

Joe Biden sigue en pie, se niega a rendirse. Algunos pueden verlo como egoísta e irresponsable. Algunos pueden verlo incluso como peligroso. Pero yo lo veo como algo extraordinario. A pesar de enviar un mensaje claro todavía hay un lento redoble de tambores de luminarias, donantes y funcionarios electos que intentan escribir el obituario político de Biden. Parecen creer que pueden matar su candidatura, con mil cortes o matándola de hambre. Pero nada de esto me sienta bien. En primer lugar, porque Biden es, de hecho, el candidato presunto de su partido. Ganó las primarias y tiene los delegados necesarios. Llegó allí mediante un proceso abierto, organizado y democrático.

Me parece que obligarlo a dimitir contra su voluntad invalida ese proceso. Y la aparente justificación para ello es insuficiente; las respuestas a las encuestas no son votos. Sí, hace dos semanas Biden tuvo un mal debate y es posible que se vea perjudicado. Sí, existe la posibilidad de que pierda estas elecciones. Esa posibilidad existe para cualquier candidato. Pero permitir que las élites lo saquen de la carrera sería jugar un juego peligroso que no está exento de riesgos. No garantizará la victoria y puede producir caos. La lógica que dice que hay que deshacerse de Biden para derrotar a Trump es, en el mejor de los casos, una apuesta, el producto de personas en pánico en salones bien amueblados.

Además, nadie ha demostrado realmente que el declive que Biden pueda estar experimentando haya afectado significativamente a su toma de decisiones políticas o haya erosionado la posición de Estados Unidos en el mundo. Los argumentos se centran en la evidencia visual de un comportamiento algo preocupante, pero sobre todo en especulaciones sobre la cognición. Esto simplemente no es suficiente.

No soy partidario de Biden. Nunca lo he conocido. Y no estoy en contra de la opinión de quienes lo han visto de cerca y expresan preocupación. No estoy a favor de Biden, sino más bien a favor de mantener el rumbo. Al igual que los demócratas que dudan de Biden, quiero, sobre todo, evitar que Trump sea reelegido y garantizar la preservación de la democracia. Pero creo que permitir que Biden siga encabezando la lista demócrata es la mejor manera de lograrlo. Y dado que ese es el objetivo, quizás el mejor argumento a favor de Biden es que su temple ha quedado demostrado por la avalancha de críticas que ha soportado desde el debate, muchas procedentes de otros liberales.

El apoyo a Biden no se ha desplomado, como se podría esperar, lo que sugiere que la idea de que Biden no puede ganar —o de que otro demócrata lo tendría más fácil— es, en el mejor de los casos, especulativa.

Una nueva encuesta del Washington Post/ABC News/Ipsos encontró que Biden y Trump están empatados a nivel nacional. No hay garantía de que cambiar candidatos dejaría a los demócratas en una mejor posición, pero creo que cada vez hay más argumentos para pensar que la continua vacilación entre los demócratas sobre la candidatura de Biden está dañando aún más sus posibilidades.

La candidatura de Biden podría no sobrevivir, pero obligarlo a abandonarla puede perjudicar a los demócratas más que ayudarlos, incluso entre los votantes que dicen que quieren una opción diferente.

Charles M. Blow es Columnista de The New York Times.

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