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domingo 11 abr 2021 | Actualizado a 12:10

¿El escándalo de los porqués?

¿Por qué tantos ministros no se dieron cuenta de que estaban arropando a unos delincuentes?

/ 2 de diciembre de 2012 / 04:00

Los articulistas se han despepitado tratando de explicar los asuntos de la corrupción masiva de funcionarios medios de los ministerios de la Presidencia y de Gobierno. Y aquí empieza la letanía de los porqués.

¿Por qué siete funcionarios de los ministerios de la Presidencia y de Gobierno fueron detenidos y sometidos a medidas cautelares en Santa Cruz de la Sierra?

¿Por qué tantos ministros pasaron por sus despachos —Presidencia y Gobierno— y no se dieron cuenta de que estaban arropando a unos delincuentes?

¿Por qué la Ministra de Transparencia tampoco dijo nada? ¿Y las tres autoridades, si lo supieron, se lo callaron hasta que apareció el misterioso Jacob Ostreicher?

¿Por qué el 31 de octubre el mandatario Evo Morales nombró embajador para “casos especiales” al actor hollywoodense Sean Penn, quien visitó al Presidente del Estado y luego al propio Ostreicher?

¿Por qué éste peliculero entró en el Palacio Quemado rodeado de matones venezolanos?

¿Por qué Sean Penn visitó a Ostreicher en el dantesco presidio de Palmasola y logró que proporcionaran atención médica al detenido “cautelar”.

¿Por qué la agencia estadounidense contra las droga (DEA, por sus siglas en inglés) investiga el caso y qué clase de relaciones sostenían los acusados con el narcotráfico?

¿Por qué el encargado de negocios de los Estados Unidos en Bolivia, Larry Mermmot, se interesa tanto por Ostreicher y gestionó su libertad y repatriación a su país de origen?

¿Por qué hay tantos parecidos del caso presente con el del exgeneral de la Policía y exdirector nacional de la Fuerza Especial de Lucha contra el Narcotráfico René Sanabria?

¿Por qué los abogados gubernamentales ahora acusados y detenidos extorsionaron al empresario (¿?) judeo-norteamericano Ostreicher, detenido hace 18 meses y sin sentencia judicial?

¿Por qué el presidente Evo Morales admitió haber recibido en su celular, “mensajitos” de una embajada, a la que no identificó?

¿Por qué el Ministro de Gobierno declaró en conferencia de prensa “que estaba preocupado porque en varias ocasiones fracasaron varios operativos para dar con los miembros de la red de extorsión y corrupción?

¿Por qué Jacob Ostreicher está detenido en el penal de Palmasola, y sin sentencia?

El drama no ha terminado: el Ministro de Gobierno teme que hay nuevos implicados. Pues que suelte a sus sabuesos para seguir investigando.

Una respuesta a tantos interrogantes podría ser otra interrogante: ¿Por qué los tres ministros involucrados no dimiten?

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El legado bolivariano

El legado que deja Chávez al pueblo venezolano no es precisamente una herencia próspera

/ 10 de marzo de 2013 / 04:00

Tras el fallecimiento del Presidente de la República de Venezuela, “el comandante”, el patriarca bolivariano, no puede garantizarse aquello de “a rey muerto, rey puesto”, lema que se aplicaba a la sucesión hereditaria de la corona de algunas monarquías.

Pues bien, después de los actos fúnebres del gran jefe, muerto el autócrata, el caudillo, por no llamarle dictador, nadie sabe lo que pasará en Venezuela. ¿Le sucederá en la jefatura del Estado otro caudillo, como podía ser el hasta ahora vicepresidente, Nicolás Maduro, ahora en supuestas funciones presidenciales desde que Chávez cayó gravemente enfermo? ¿O estallará la pugna con el presidente del Poder Legislativo, Diosdado Cabello? ¿O se impondrá una junta militar?

En cualquier caso, los venezolanos encontrarán el legado de Chávez, que no es precisamente una herencia próspera. El verdadero legado de Chávez es que, habiendo gobernado durante tres mandatos, ahora entrega un país que pudo ser uno de los más ricos del mundo, gracias a sus grandes reservas petroleras, pero la realidad es otra. Venezuela es un país en total derrota. Mencionaré algunos indicadores.

Empecemos por las instituciones republicanas que el chavismo desnaturalizó. Al Poder Legislativo lo convirtió en disco rayado de las órdenes de Chávez. El fenómeno se trasladó a otros países. El sector económico y financiero está descuajeringado. Ninguna potencia financiera le prestaría ni un centavo al Banco Central de Venezuela. La antigua perla de la corona, la petrolera PDVSA, es ahora la guarida de los perros de presa bolivariana, muestra notable de la corrupción que domina la Administración. La seguridad ciudadana, violada por el crecimiento de la delincuencia impune. El capital de la universidad se encuentra disminuido por la fuga de cerebros. La infraestructura industrial, ídem de ídem.

Corto aquí la lista de triunfos del “legado” bolivariano, porque considero más importante su valoración ética. Considero que la prolongación de la vida artificial de Hugo Chávez es un grave atentado contra los derechos humanos del difunto.

Mantener por un tiempo el simulacro de vida artificial a un conjunto de órganos humanos que ya no tienen posibilidad real de vida podrá ser una operación médica sorprendente, pero es tan sólo un malabarismo científico, muy semejante a la alquimia medieval. En  efecto, utilizar un montón de órganos que constituyeron un ser humano —pero que ya no lo son— para hacerlos durar el tiempo necesario, a fin de montar un simulacro de vida humana es inmoral. Tanto más cuanto su objetivo muy preciso fue una simulación para hacer creer que el difunto podía representar el papel de un ser biológicamente vivo y consciente de sus actos y así poderle investir como presidente.

En concreto, simular que el que fuera candidato a presidente estaba en condiciones vitales y jurídicas para asumir por cuarta vez la presidencia de Venezuela fue una sofisticada farsa, destinada a dar el tiempo suficiente para que los aspirantes al ascenso veloz en el oficio político reforzaran su propia maquinaria del poder.

No señoras y señores, esto es mucho más serio que el dramón de José Zorrilla que se representó por primera vez en 1844: Don Juan Tenorio.

Es sacerdote jesuita y director de ANF.

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Dime lo que lees y te diré los puntos que calzas

Cada uno es dueño de lo que quiere leer, oír o ver. No se trata pues de establecer un sistema de censura previa.

/ 10 de febrero de 2013 / 04:00

Tengo la costumbre de dar un vistazo matinal a las ediciones digitales de los periódicos extranjeros que gozan de mayor confianza.

Naturalmente, tengo que resignarme a leer los escritos en el lenguaje del que tenga alguna noción.

Una vez que declaré mi confesión, voy por otra. Desde hace unos pocos años, no deja de sorprenderme la gran cantidad de informaciones sobre hechos delictivos. Asesinatos, asaltos por encapuchados a mano armada, violaciones, tráfico de personas y de estupefacientes, lavado de dinero, fraudes multimillonarios, y otras mil formas delictivas de todo pelaje. Al fin de cuentas, corrupción. ¡Ya encontré la palabra que andaba buscando!
Entre los muchos casos que se vienen dando en el clima delictivo, y que todos conocemos, tal vez el episodio de las barcazas chinas sea uno de los más extravagantes. En esta operación fallida se fueron al agua muchos millones de dólares.

Ya nada nos sorprende. Lo que ocurre es que los últimos escandalazos de los extorsionadores nos parecen inéditos, cuando la verdad es que siempre han ocurrido.

¿Es que en la sociedad de nuestros tiempos se delinque más que en el pasado? Lo que ocurre es que antes los medios informativos no tenían la amplia difusión que tienen ahora, justo cuando se multiplican los medios electrónicos y las redes sociales, que difunden en un instante miles y millones de informaciones y comentarios que llegan a otros millones de destinatarios.

Al escribir estos comentarios, de ninguna manera apoyaría una prensa mojigata que se guardara en su buche las noticias más controvertidas que sean de interés público. Esos silencios serían una denuncia implícita de desconfianza en el público lector, radioescucha, televidente o tuitero que son capaces de asimilar el condimento noticioso que se les sirva. Y saben distinguir lo verdadero de lo falso, lo auténtico y lo camuflado,
Mi filípica no ha terminado. Lamento que en variados medios de comunicación social se permitan expresiones soeces. La vieja costumbre los evitaba, sea escribiendo los sinónimos considerados decentes, sea indicando la palabrota con sólo la inicial. Y el público ilustrado sabría cuál era el sentido originario de la palabra simulada.

En fin, llegamos a la conclusión de que cada uno es dueño de lo que quiere leer, oír o ver. No se trata pues de establecer un sistema de censura previa. Aquí podría aplicarse la sentencia de “dime lo que lees y te diré los puntos que calzas”.

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Megaoratoria

El discurso del Presidente fue una exhibición del modelo utópico ideal de política de Estado

/ 27 de enero de 2013 / 04:00

El discurso del Sr. Presidente del Estado Plurinacional, socialista, el pasado 22 de enero, fue una exhibición del modelo utópico ideal de política de Estado, construida sobre 13 pilares fundamentales que lo aguantan todo. Fue la definición de la utopía.

El mensaje duró algo más de cuatro horas, tiempo más que suficiente para explicar a los diez millones de habitantes que tiene Bolivia (si el censo no se equivoca) y hacerles entender, digo, la cuadratura del círculo o el sexo de los ángeles. En cambio, el discurso de inauguración de la legislatura en Washington no pasó de los 24 minutos, tiempo suficiente para recordar a los 308.745.538 de estadounidenses y al mundo entero, que su país sigue siendo la primera potencia del mundo.

El primer pilar de la agenda gubernamental de Evo Morales es “erradicar la extrema pobreza”. Por lo que el Gobierno masista, hasta 2025, procurará lograr una “pobreza moderada”.

Esta terminología de moderación, tan inusual en Evo Morales, rebaja muchos puntos a la meta del “vivir bien”, puesto que para el bien vivir se requiere algo más que una pobreza moderada.

Por lo demás, en la medida en que el programa de don Evo es tan completo y perfecto, se hace más difícil de creer que se llevará a cabo en una proporción aceptable, especialmente cuando, en los primeros siete años de mandato, no se cumplieron las promesas fundamentales que propuso en 2006, cuando subió al poder.

Advierto de entrada que en este artículo no entraré a fondo del plan gubernamental. Otros ya lo han hecho, y con más que suficiente competencia. El que suscribe ha preferido referirse a algunas cuestiones de forma. Y es que los grandes temas nacionales, tantas veces anunciados como de prisa olvidados, son para la mayoría como cartuchos mojados: Ya no asustan a nadie ni suscitan grandes esperanzas.

Pero sí vale la pena repasar lo dicho por otros comentaristas que han destacado el hecho nada banal de que el Sr. Presidente del Estado Plurinacional Socialista se trabuca cuando lee un texto escrito, y mucho más cuando lee cifras multimillonarias; dificultad que no le suele ocurrir cuando el fogoso orador de masas se dirige, de memoria, a las multitudes populares.

Tal vez sí deje deslizar algún error de lenguaje que no es perdonado por los críticos.

Ahora bien, ¿no ha comprobado usted, ilustrado lector, que muchas personas cultas, acostumbradas a leer libros de todo género, también se trabucan al leer en público y en voz alta?
Hechas estas aproximaciones a la forma de hablar en público, del Sr. Presidente, me sorprendió en gran manera la descripción que hizo de su agenda para los próximos años. He aquí la gran parrafada: “América del Sur debe emerger como potencia industrial tecnológica, política y financiera, debilitando a los medios de comunicación y a las potencias imperiales, reconfigurando las relaciones y las estrategias del poder geopolítico en los distintos continentes del mundo que permitan reducir las emisiones de gas con infecto invernadero….”. Etc.

Todo esto y mucho más, regido por principios éticos ancestrales del  no robar, no mentir y no ser flojo. Don Evo omitió el cuarto precepto de ama llunku (no seas servil) que recientemente había rescatado la entonces presidenta de la Cámara de Diputados, Rebeca Delgado (MAS). La anotación de Doña Rebeca fue una alusión velada a los “serviles” masistas que no renunciarán a nada, con tal de que haya pitanza en el pesebre.

Es sacerdote jesuita y director de ANF.

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Corrupción de moqueta

‘Alguien’ con poderes absolutos logró frenar mayores inda-gaciones sobre otros focos de corrupción.

/ 23 de enero de 2013 / 04:00

Las denuncias contra una red de funcionarios de nivel medio, jueces y fiscales acusados de extorsiones fue una bofetada en pleno rostro del Gobierno masista. Todo parece indicar que “alguien” con poderes absolutos logró frenar mayores indagaciones sobre otros focos de corrupción económica y política, que siguen operando sin que nos hayamos enterado.

Repasando cada día las informaciones que llegan por internet, me espanta la extensión y gravedad de las distintas formas de corrupción que aumenta en casi todo el mundo. Para complicar la cosa, la delincuencia económica financiera y política va aplicando nuevos y complejos artificios con el fin de soslayar la acción de la ley. A tal extremo que un fiscal español opinaba hace unos días que “es más difícil desarticular la corrupción de moqueta que la de metralleta”.

La moqueta que amortigua el ruido de los pasos en un juzgado bien alfombrado es más sofisticada que la banda de asaltantes arma en mano.

Se da el hecho cada vez más frecuente de personajes públicos y sus familiares, supuestamente honrados, que aparecen cualquier día enredados en negocios turbios, en habilísimas operaciones multimillonarias, evasiones al fisco y demás artilugios, ilícitos pero muy rentables, que quedan impunes. De esta manera la desmoralización se extiende como plaga de langostas destructivas de los fértiles trigales.

En efecto, los agentes judiciales advierten que cada vez llegan a sus despachos asuntos más complejos. Y no siempre los fiscales y los jueces están en condiciones de descifrar las claves de la corrupción. Se requiere una mente muy lúcida o un especial conocimiento de los vericuetos por los que discurren las operaciones financieras más refinadas, para descubrir dónde está el punto de inflexión entre el negocio limpio y la gran estafa.

Uno de los problemas está en que el Derecho no es una ciencia matemática como dos por dos son cuatro. Y que entre el delito y el juzgador existe una zona subjetiva de valoración, de tal manera que el fallo que emita el juzgador depende no sólo del precepto legal escrito y codificado, sino también la valoración subjetiva del jugador, pues existe en los jueces y fiscales un elemento subjetivo de valoración de la prueba. Unos juzgadores, en buena conciencia, serán más rigurosos que otros al dictar la sentencia final. Y es en ese limbo impreciso del que se aprovechan los corruptos para llevar a cabo sus multimillonarias tropelías.

Éste es el caso que merece nuestra atención: la red de corrupción y extorsión. ¿Por qué unos empleados públicos de nivel medio han caído en manos de la Justicia, y en cambio, otros de nivel más elevado parecen intocables, a pesar de estar salpicados? ¿Hasta dónde alcanzará la corrupción de moqueta?

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Indulto para la reconciliación

Ser opositor y además expresarlo públicamente no  constituye un delito, es un derecho.

/ 23 de septiembre de 2012 / 04:00

La Conferencia Episcopal de Bolivia ha propuesto al Gobierno que disponga de un indulto para los detenidos políticos. Al hablar de indulto, conozcamos su significado. Según la aceptación universalmente aceptada, indulto es la remisión o perdón, total o parcial, de las penas jurídicamente impuestas. Es una facultad que las legislaciones conceden por lo general al Poder Ejecutivo o al Legislativo. Pero donde el Poder Ejecutivo absorbió al Legislativo y al Judicial, vano es sugerir que la demanda del episcopado sea trasladada al Poder Ejecutivo. Parecería inútil.

Para mayor ilustración, suele entenderse que el indulto se compara con la libertad condicional. Es decir que se concede el beneficio al que garantiza que no aprovechará su libertad para delinquir. No obstante, la realidad es que la Conferencia Episcopal no está hablando de delincuentes comunes, convictos y confesos, sino de ciudadanos que han sido penados por diferencias políticas con el actual Gobierno. En pura doctrina, éstos no necesitarían ser indultados porque, en su caso, no existe figura de delito común: Ser opositor y además expresarlo públicamente no es delincuencia, es —pura y simplemente— ejercitar un derecho.

Aquí debo hacer una precisión: aunque utilice el término “derecho”, en esta ocasión la Iglesia está practicando una virtud. Una virtud que adquiere la forma de derecho en cuanto se inserta en las reglas de conducta que ordenan a una sociedad rectamente constituida. Una medida de este calado merece algunos comentarios. Allá van.

Comentario Nº 1: ¿Hay detenidos políticos en Bolivia? Entonces queda en duda la presunción de un Estado democrático que se atribuye (por cierto sin demasiado entusiasmo) el gobierno del MAS.

Comentario Nº 2: Al mismo tiempo que la Iglesia pide justicia para todos es que el aparato judicial hace distinciones odiosas entre fieles e infieles al sistema. “En la práctica, no sólo algunas personas sienten que van perdiendo libertades, sino que éstas se recortan en muchos casos mediante la retardación de justicia, la intimidación y el uso inicuo de la coerción estatal y del aparato judicial, creando un clima de inseguridad personal que provoca el silencio y a veces hasta el abandono de la patria, al no encontrar suficientes garantías de un juicio justo e imparcial dentro de ella (…) y lo más aberrante es que se utilice a la justicia para tal cometido.” señala la declaración Caridad y verdad, del Episcopado boliviano. ¿Qué papel desempeña entonces el Ministerio de Transparencia? ¿Transparenta por igual las conductas rectas y las torcidas?

Los obispos concluyen en este párrafo: “es urgente que el ejercicio de la justicia sea libre de condicionamientos de tipo económico, social y político, no para la impunidad, sino para garantizar juicios imparciales que establezcan la verdad de los hechos…”

Este escenario, “lejos de mejorar, ha ido empeorando, poniendo en grave riesgo la vigencia de los derechos humanos y la institucionalidad (…) Continuar con esa instrumentalización de la justicia resquebraja seriamente las bases democráticas de nuestra convivencia que tanto esfuerzo han costado a muchas personas e instituciones y además proyecta una imagen negativa ante el mundo acerca de la vigencia de los derechos y libertades fundamentales en nuestro país”.

Comentario Nº 3. La Iglesia dijo lo que la inmensa mayoría de bolivianos deseaba escuchar. El columnista ya no tiene más que comentar.

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