Voces

jueves 24 jun 2021 | Actualizado a 21:05

Historia del Arte en Bolivia

/ 30 de diciembre de 2012 / 04:08

La arquitecta e historiadora Teresa Gisbert ha presentado los tres tomos de Historia del Arte en Bolivia, una obra que no sólo refleja 60 años de investigación del arte y la cultura en el país, sino que reafirma la relación con el arquitecto José de Mesa, su esposo fallecido en 2010.

Es por eso que en la presentación de la obra, Carlos Villagómez destaca que “son tres textos para saldar cuentas con la vida, con todo ese tiempo compartido que fue íntegramente dedicado al estudio del arte en nuestro país”.

El aporte de los esposos Mesa Gisbert a la cultura y al arte boliviano es invalorable. Separados en orden cronológico cada tomo refleja las expresiones artísticas antes de la llegada de los españoles, durante la época de la colonia y luego de la independencia de Bolivia. La propia autora explica que se  trata de “una guía que permite al lector conocer la producción nacional desde antes de la llegada de los españoles. Asimismo, recolecta algunos de los principales ejemplos de pintura, escultura, arquitectura, audiovisual y textiles”.

Teresa Gisbert consideró oportuno presentar los tres volúmenes, de gran calidad, para que “no se pierda” ese conocimiento acumulado. Sin duda, un aporte a la historia y al arte de Bolivia.

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Pinceladas de una Colombia descontenta

/ 23 de junio de 2021 / 01:48

No es un dato menor escuchar, en cualquier calle común de Colombia, que la gente se siente enterada de haber cruzado el umbral de lo inédito al decir que esto no sucedía sino hace décadas, que los repetidos acuerdos por un país en paz no hicieron más que disfrazar de buena intención la violencia de Estado sobre el pueblo, especialmente sobre los territorios indígenas. A esta novedad se suma comprender que quien se suponía ser el protector, resultó ser, de hecho, el verdadero agresor, y que la mala costumbre histórica del Gobierno colombiano de resolver militarmente sus conflictos sociales empató con la vieja tradición colonial de hacerse de las tierras de otros por la fuerza.

Será justo reconocer, asimismo, que la crisis económica es la que permitió interrumpir el estado de somnolencia política en el que vivía una parte importante de la clase media en Colombia, llegándose a corroer la ilusión del neoliberalismo por años empoderada con el miedo a no tentar la “suerte” de los países de izquierda de la región. Pero dio el caso que la huida al mal ejemplo se quebró el momento en el que uno empezó a serlo, cuando el Gobierno no tuvo la capacidad de suplir las necesidades básicas, de dar empleo y seguridad a la población. En ese orden, no sería preciso reducir el descontento colectivo al desubicado intento por imponer una reforma tributaria en plena pandemia, sino más bien ajustarlo al cúmulo de desaciertos, desigualdades y violencias de larga data gestadas desde el Estado.

En un escenario donde el individuo se siente tan pequeño ante una injusticia que se ha vuelto tan grande, pareciera que solo la movilización colectiva ha sido capaz de ponerlo a la altura del conflicto. Es más, el grado de provocación es aún mayor cuando el pueblo afronta la desazón colectiva sin armas de fuego y se siente en la condición de acomodarse en la mesa de negociación con una corpulencia moral distinta a la del Gobierno, en quien, por el contrario, recaería la imposición armada de las verdades del último tiempo. El pueblo, en ese gesto, toma en sus manos la guardia del sentido de paz social mediante la afrenta más significativa: el propio cuerpo, en movimiento y desarmado.

Esa misma corrosión ideológica se hace evidente cuando una madre llora la muerte de cualquier hijo, sea éste un campesino, una estudiante o un policía. Ahí vemos disiparse el límite de la idea pequeña del individuo liberal, al resurgir una especie de vuelta al útero universal, cuando la colectividad permite que cada granito de arena esté pensado para el mar, cuando la frontera del cuerpo no basta para sentirse cómodo frente a los sucesos de la vida, y se da curso a un nuevo principio de sociedad en el que la persona entiende que no se construye sola.

Sin embargo, este movimiento debe estar siempre muy atento a nunca separarse de quienes poco tienen que perder con apostarlo todo, porque en ellos reside el espíritu del verdadero cambio. Para quienes una mera reforma no es suficiente a la hora de resolver su estado de exclusión. Hablamos, pues, de los verdaderos líderes de cualquier revolución: los marginados.

Así y todo, es razonable que para ninguno el cambio sea algo cómodo, ni para quien lo promueve y menos para quien lo resiste. Aunque para estos últimos, la incomodidad les valdrá para percatarse que su prosperidad depende del suelo nutricional que la comunidad nacional les provee, muchas veces, a razón de injusticias. Y eso es algo que el pueblo colombiano lo sabe, hace tiempo.

Si bien es cierto que el silencio del oprimido en la voz escrita de la historia dice mucho sobre su lugar en los hechos, también lo será este tiempo en que los asesinados y desaparecidos custodian lo que ha de hablarse de ellos, a través de la voz de los que ya no están dispuestos a callar. Por eso, el conteo y el nombre de los muertos a manos del Estado se ha vuelto retroactivo y los desaparecidos vuelven a aparecer sin fecha de expiración.

Finalmente, sabremos que la intensidad del deseo por lo que se viene debe ser tan grande que resulte sencillo soltar lo que se tiene. Por eso, una revolución es, también, una revolución de los deseos, de esos que se cultivan en las ollas comunes, en las asambleas barriales, en los plantones, en la comidilla de fin de marcha, en la complicidad silenciosa de los que se miran juntos y tan distintos a la vez. Habrá que discernir, en tal modo, hasta qué punto quedarse en casa es sinónimo de resguardo y cuidado y hasta qué otro es complacencia con el estado de las cosas.

Sergio Velasco García es antropólogo.

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¿Neutral la Iglesia Católica? ‘Never in the life’

/ 23 de junio de 2021 / 01:42

Hay mucha tela que cortar sobre la tardía memoria de la Iglesia Católica sobre las reuniones extralegislativas del 10, 11 y 12 de noviembre de 2019, cuando, sin atribución alguna, impulsó la sucesión presidencial de la senadora de minorías Jeanine Áñez.

A raíz de sus conclusiones —¡un año y siete meses después de los sucesos!— su rol de “facilitador” de la solución de la crisis de entonces está en serio cuestionamiento. Y por sus obras los conoceréis:

Para cuando renunció Evo Morales, la Iglesia Católica y la Unión Europea no tenían más obligación —ya que se presentaron como articuladores de un posible diálogo político— que esbozar la forma cómo los legisladores de oficialismo y oposición debían llegar a un consenso ante la crisis.

Las soluciones debieron partir del sistema político con representación legislativa. ¿Qué papel les tocaba a Jorge Quiroga, Carlos Mesa, Samuel Doria Medina, Juan Carlos Núñez, Waldo Albarracín o Rolando Villena (+) sino a legisladores del MAS, UD o PDC? Ninguno, salvo que, también, propiciaran, en su “buen” espíritu democrático, un acercamiento entre los que realmente debieron dar viabilidad a una sucesión constitucional ante el “vacío de poder” que ahora es el principal argumento de la llegada al poder de la senadora beniana.

La Iglesia Católica ya había descartado cualquier sucesión con el MAS cuando en una primera reunión, inmediatamente después de la renuncia de Morales, ofreció el puesto vacante a Áñez en ausencia de la representación oficialista. La memoria recuerda que Ricardo Paz, vocero de Mesa entonces, se encargó de llamar a la senadora para plantearle la propuesta con el parlante del teléfono abierto.

Mesa, casi a esa misma hora en la plaza Murillo frente a la Asamblea Legislativa, le decía never in the life a la sucesión de cualquier legislador del MAS. Y el clero católico negó que en la reunión se haya tomado decisiones, como dice que también lo recordaba cada vez a los participantes de la cita.

Además, el informe de la Conferencia Episcopal (CEB) dice que Adriana Salvatierra y Susana Rivero fueron propuestas para la sucesión y que rechazaron la oferta por el “peligro que corrían sus vidas”, extremo que negaron las exlegisladoras del MAS. Sin embargo, la misma memoria consideró que “estas propuestas fueron cuestionadas por inconstitucionales; no había ningún marco legal que respaldara las mismas”.

Habían sido desahuciadas, más allá de las motivaciones que impulsaron las renuncias previas de las exlegisladoras, cuyas renuncias nunca fueron consideradas previa a la sucesión ni la Iglesia Católica hizo el esfuerzo por que sea así. Aquí, hay que recordar el octavo mandamiento bíblico.

También, siendo facilitadora y suponiendo su neutralidad, la Iglesia Católica tenía un prejuicio que ahora es el fondo del debate y los criterios irreconciliables: “El vacío de poder vulneró la paz, la vida y los derechos de todos los bolivianos”.

No solo eso. Recuerda que en otra reunión, con el ministro Manuel Canelas, llamó la atención a éste “planteándole que no era adecuado llamar golpistas a quienes se desea invitar” al diálogo. ¿Hizo lo mismo con quienes decían que en las elecciones de octubre hubo fraude monumental?

Además, en su comunicado del 10 de noviembre de 2019 —leído a lado de Paz y Jerjes Justiniano, representante de Luis Fernando Camacho— los obispos sentenciaron ante la opinión pública: “Lo que sucede en Bolivia no es un golpe de Estado”.

Siendo facilitadora, la CEB no hizo el esfuerzo ni agotó las posibilidades de consenso por promover la sucesión constitucional e impulsó — como Albarracín lo admitió— una salida “lo más cercana posible a la Constitución”. ¡Lo más “cercana”, como si un asunto tan crucial para la democracia del país se midiera por lo cercano o alejado del cumplimiento de la Carta Magna!

Palabra, obra y omisión. ¿Con qué atribución Quiroga autoriza al comandante de la Fuerza Aérea el despegue del avión de Morales? La CEB no cuenta ese pasaje de la reunión del lunes 11 de noviembre.

Ahora, quienes propugnan que no hubo golpe y que, al contrario, hubo fraude, se apoyan en el informe de la Iglesia Católica para validar sus actos. ¿Y será posible que Áñez, Mesa, Quiroga, Doria Medina o Camacho digan lo contrario? Never in the life.

Ellos estuvieron del lado del clero y éste del lado de ellos. ¿Van a desmarcarse? Never in the life. Pecaron juntos; es su juicio final.

Rubén Atahuichi es periodista.

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Fuego: mito y realidad

/ 23 de junio de 2021 / 01:37

Existen tantos mitos en torno al fuego como incendios ocurriendo en este instante a lo largo y ancho del planeta. El dominio del fuego es a menudo representado como un acto de rebeldía, algo robado a los dioses para mejorar la vida de las comunidades; significa el paso crucial de lo crudo a lo cocido, la conquista del conocimiento que conduce al desarrollo de la ciencia, la industria y la agricultura. Ha sido un símbolo de superioridad humana, cuyo poder radica no solo en saber encender el fuego, sino en mantenerlo bajo control.

El fuego envuelve también una gran ambivalencia: purifica y destruye, representa a la vez el bien y el mal, es cambio y renovación. Esta dualidad está inmersa en su relación con la naturaleza y constituye un problema complejo, pues dependiendo de las circunstancias, el fuego puede ser parte de un proceso ecológico esencial o una amenaza para la biodiversidad y las comunidades. Y lo cierto es que los riesgos y amenazas de los incendios están aumentando en todo el mundo de forma alarmante.

Este año, una vez más las imágenes del Pantanal en llamas marcaron el inicio de la temporada de incendios en nuestro país. Ardieron casi 13.000 hectáreas de pastizales naturales en el parque nacional Otuquis los últimos días de mayo, según el monitoreo de la Fundación Amigos de la Naturaleza. Este incendio suscitó un notable despliegue de operativos para controlar el fuego desde distintas instancias de gobierno y grupos voluntarios, ante una fuerte presión mediática que se mantiene alerta luego de los desastres de los últimos años.

El caso es que los incendios en el Pantanal son tan frecuentes que cerca de la mitad de su extensión se ha quemado al menos una vez en los últimos 20 años, y son parte de una dinámica natural que se ha visto alterada por las actividades humanas y el cambio climático. Enfrentamos una nueva y compleja realidad que nos obliga a cambiar la forma en que entendemos y manejamos los incendios, pues está claro que el enfoque tradicional basado en la supresión y exclusión del fuego no ha resuelto el problema de los grandes incendios ni aquí ni en los países más desarrollados.

El conocimiento sobre el rol del fuego en los ecosistemas nos ha permitido mejorar las estrategias de gestión del paisaje basadas en la prevención y reducción del riesgo. Hoy, una práctica común y ampliamente utilizada en reservas y áreas naturales es la quema prescrita, que consiste en aplicar el fuego bajo condiciones específicas y controladas, con el propósito de reducir la vegetación o combustible forestal que podría arder en condiciones más extremas, como las que se presentan durante la época seca.

Resulta pues un tema controvertido hablar de utilizar el fuego como herramienta de conservación y prevención. ¿Se puede ser conservacionista y quemar el monte? Un viejo debate que sigue siendo tabú en nuestro medio, que rechaza el fuego rotundamente por el impacto ambiental y mediático de los incendios. Abordar la gestión de los incendios forestales con una visión integral implica necesariamente ampliar perspectivas, ver las dos caras del fuego y desmontar algunos mitos.

Verónica Ibarnegaray es directora de Proyectos de la FAN.

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Tetrix a la boliviana

/ 22 de junio de 2021 / 08:35

¿Recuerdan el Tetrix? Tonta pregunta hago para los más de 40 (y aun menos) porque desde 1984 que lo diseñó Alekséi Pázhitnov en todo el mundo se ha jugado en consolas, PC y teléfonos en 2 y 3 dimensiones. Encajando adecuadamente los tetrominós —las formas geométricas de cuatro cuadrados iguales que conformaban el juego—, muchos se acercaron por primera vez a una forma divertida de ver la geometría que, como el dominó con sus puntos, daba un mosaico armónico: un poliominó. ¡Pero cuán estresante es este Tetrix para quienes, inhábiles, no logran encajar correctamente los tetrominós!

El 9 de noviembre pasado asumió el gobierno de Bolivia don Luis Arce Catacora con su equipo, elegido incuestionablemente con 55,11% y con dos mandatos inequívocos de sus electores: trabajo y paz —en orden intercambiable porque ambos tenían, y tienen, la misma importancia—, mandatos que necesariamente pasaban por solucionar, de una vez y definitivo, los últimos resquicios de una pandemia cuya primera ola ya finalizaba. Pero como refranea el Oddun Oshe Obara en el yoruba caribeño: “Una cosa piensa el borracho, y otra el bodeguero”…

Tras su aureola de candidato-mago —indulgencia ajena de “ministro milagrero”— y candidato-conciliador, acordes con los mandatos populares, el nuevo presidente llegaba con otros dos mandatos “de arriba”, ineludibles y diferentes a los de los electores: a tambores batientes posicionar el relato del “golpe de Estado” —como vía para “sanificar” el desbande y apologizar el regreso— y castigar ejemplarmente la transición. Pero 2021 no era 2009 y, parafraseando a Talleyrand-Perigord, “(las porras, los garrotes y las rejas) sirven para muchas cosas menos para (a)sentarse sobre ellas”.

El desplante creciente dentro del mismo MAS-IPSP al verticalismo de Morales Ayma —expresión del quiebre interno que empezó en 2019—, el cada vez mayor resquebrajamiento del relato —reducido a “creyentes y fieles”, aunque en muchos «de dientes para afuera”—, la esperada y no llegada aún política de recuperación económica —con fulgores aislados y, al inicio, discursos exitistas ya olvidados—, la pacificación devenida en represión —a fin de cuentas, Del Castillo del Carpio, Chávez Serrano y Lima Magne fueron designados con la misión de cumplirla a profundidad, Del Castillo con más constancia que las incertidumbres de Lima o los pocos “éxitos” de Chávez— y la pandemia que, en vez de acabar, pasó a una segunda ola y se sobrepasó, hoy, en una más dañina tercera.

Lo que he sostenido fue en diciembre una estrategia adecuada para prevenir estragos de la pandemia —más allá de las críticas a la de “detención y aplane” de la primera ola bajo las paupérrimas condiciones heredadas en la sanidad pública—: “detectar” —muchísimas pruebas— y “prevenir” —vacunación masiva—, fue quedando progresivamente traumada por decisiones y discursos ideologizados, con pruebas en niveles muy fluctuantes y vacunas en incierto arribo (me solidarizo desde hace tiempo con Benjamín Blanco Ferri, quien ha tenido que dar las noticias de los reiterados incumplimientos de sus, también, anuncios de arribos), todo juntado con una comunicación irregular —exitismos falsamente obvios— y con un presidente cual agente aduanero que —sin pintar pero asaz naïf—me recuerda a Henri Rousseau.

Aunque algunas decisiones gubernamentales, como el “sana sana” con el “maldito imperialismo del Norte”, hacen pensar en urgencias pragmáticas —el feraz refranero iberoamericano nos lo pontifica en “la necesidad tiene cara de hereje”—, faltan muchas aún. Urge un entendimiento conciliado entre el masismo oficial, el masismo disidente y las dispersas oposiciones, porque si Biden y Putin se reunieron y entendieron, ¿por qué entre bolivianos no?

Renovemos nuestra política y sus liderazgos para que los tetrominós encajen.

José Rafael Vilar es analista y consultor político.

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Recursos y ausencia de gestión pública de las ETA

/ 21 de junio de 2021 / 02:04

La gestión pública es el conjunto de actividades que se desarrollan a través de los procesos de planeación, ejecución y evaluación con el fin de atender necesidades y solucionar problemas con la población, mediante la generación de bienes y la prestación de servicios, con base en objetivos acordados democráticamente, y de acuerdo con la Constitución Política del Estado (CPE), su seguimiento y evaluación debe efectuarse en todos los niveles del gobierno y las entidades territoriales autónomas (ETA).

En este contexto, y al haber transcurrido más de un mes de la posesión de las nuevas autoridades subnacionales, periodo en el cual algunos gobernadores y alcaldes solo se dedicaron a declarar que los presupuestos asignados en 2021 son muy reducidos con relación a gestiones anteriores, aduciendo la imposibilidad de atender la contingencia sanitaria de la pandemia del COVID-19, son aspectos que conllevan a mal pensar a la población que dichas entidades no cuentan con recursos económicos suficientes para equipar los centros de salud y las unidades de terapia intensiva, adquirir medicamentos, oxígeno, entre otros insumos.

No obstante, se hace notar al lector que, en el marco de la CPE y la Ley Marco de Autonomías y Descentralización “Andrés Ibáñez”, las entidades territoriales tienen como fuentes principales de financiamiento: regalías departamentales, impuestos de carácter departamental, tasas y las contribuciones especiales, patentes departamentales por la explotación de los recursos naturales; ingresos provenientes de la venta de bienes, servicios y la enajenación de activos; donaciones, créditos y empréstitos internos y externos; transferencias por participación en la recaudación en efectivo del Impuesto Directo a los Hidrocarburos y del Impuesto Especial a los Hidrocarburos y Derivados.

Por ejemplo, emergente de la coparticipación tributaria en el periodo de enero a abril de 2021, el municipio de La Paz recibió transferencias por Bs 196,5 millones, con un aumento de 25,8% con relación a 2020; el municipio de Tarija recibió por transferencias Bs 71 millones, con un incremento del 8%; el municipio de Cochabamba tuvo Bs 183 millones, con un crecimiento de 24%; y la Alcaldía de Santa Cruz con Bs 416 millones, con un aumento de 25%. Adicionalmente, los gobiernos locales tienen a su disposición recursos en saldos de caja y bancos por Bs 3.745 millones en sus cuentas fiscales.

Asimismo, es necesario señalar que el Gobierno del Estado Plurinacional de Bolivia, al frente del presidente Luis Arce Catacora, efectúa el esfuerzo fiscal para transferir los recursos económicos a las ETA por concepto de coparticipación en función a la recaudación efectiva, que son abonados automáticamente por el Tesoro General de la Nación a las cuentas fiscales de las gobernaciones y municipios, a cuyo efecto las transferencias se realizan de manera oportuna e inmediata, dejando al descubierto ciertas declaraciones mentirosas sobre que dichos procedimientos son lentos.

Finalmente, como es de conocimiento público, las ETA son cuestionadas por su ineficiencia e ineficacia en la gestión como en el logro de sus objetivos, aspecto que se evidencia con su baja ejecución del 25,9% hasta abril de 2021. Al efecto y considerando que se debe atender con premura la contingencia sanitaria de la pandemia, corresponde a las nuevas autoridades subnacionales extremar esfuerzos para lograr una correcta administración financiera de los ingresos y gastos que ejecutan, en concordancia a sus planes operativos anuales, y a través de procesos de contratación ágiles y oportunos enmarcados en la normativa vigente, por cuanto están garantizados los recursos económicos y existe un Plan Estratégico de Lucha con el COVID-19 para atender la demanda de la población, detectar de forma oportuna a los pacientes con el virus y brindar un tratamiento adecuado para preservar la vida de los bolivianos.

Fernando Chuquimia es especialista financiero.

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