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viernes 23 abr 2021 | Actualizado a 10:17

La arquitectura educando

La arquitectura es la expansión del cuerpo en el espacio donde el ser humano permanece o transita.

/ 24 de febrero de 2013 / 08:02

La arquitectura es la expansión del cuerpo en el espacio donde el ser humano permanece o transita. Es como una piel que nos contiene en actividad o en contemplación. Lo que determina el encanto en paredes y puertas y ventanas y graderíos ha de ser una fuerza que se difunde y olorece, revela Jaime Sáenz en su homenaje al arquitecto Emilio Villanueva.

Un ambiente condiciona la percepción del espacio; pero no sólo el espacio habitado sino también el espacio interior del alma. Nos reflejamos en él tanto como él se refleja en nosotros. Hay una vinculación espiritual entre ámbitos y ánimo. Hacemos arquitectura al tiempo que la arquitectura nos hace, pues. Ésa es su fuerza. Si uno implanta cuatro paredes con arte y sabiduría, ya aparece la fuerza.

En mi infancia temprana fui a dar al Hospital General de La Paz, obra de Villanueva erigida en 1925. Ya de adulto, casi sin rastro de ese episodio en la memoria, leí a Sáenz develar la magnífica construcción, con una atmósfera profunda, con una configuración secreta, con unos rincones en los cuales uno quisiera ocultarse y descansar. Y tal relato literario reconstruyó en mí el recuerdo completo, con esa fuerza que olorece con un olor a no sé qué. Sentí como si el poeta evocara desde mi propia vivencia, la trascendencia de la arquitectura sobre los humanos.

Por eso me duele cuando observo las escuelas que el Gobierno Municipal de La Paz levanta en la ciudad para los niños y niñas de este siglo XXI, con una arquitectura tan carente de aquella fuerza que proclama y reclama la poesía… Puedes levantar mil paredes, pero, si no tienes fe, si no tienes religión, si no tienes arte y sabiduría, las paredes no serán sino paredes, configurando un vacío. El espacio no aparecerá por ninguna parte. Lapida Sáenz.

El espacio escolar será —de cualquier manera— la influencia más directa sobre el espíritu de los estudiantes, aquella que por su contacto cotidiano marcará en ellos y ellas un estado emocional, un mensaje, una huella.

El pasado nos interpela (y que GAMLP, UMSA y Colegio de Arquitectos se den por aludidos): Érase una vez un Gobierno nacional que convocó al más prodigioso arquitecto para que le hiciera un hospital a la gente, donde se sienta amada. Y hubo un arquitecto que erigió esos espacios para el hombre, a lo largo de su vida, en las profundidades del futuro, a manera de escudriñar el destino del hombre, en pos del espacio que le corresponde; en pos de su espacio.

¿Cómo serán los ciudadanos que hayan pasado por los desalmados edificios escolares de estos albores del tercer milenio? ¿Qué sentirá la arquitectura natural cordillerana del Chuquiawu Marka, ante la afrenta de los ciegos que creen que la arquitectura se hace por pura pichanga? Queremos lo mejor, y habrá que adentrarse en lo profundo del espacio para crear espacios, y habrá que enfrentarse con el peligro que acecha en lo profundo del espacio.

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Marina Núñez del Prado en primera persona

Si la montaña escoge a sus hijas, es claro que Marina es una de ellas.

/ 13 de octubre de 2019 / 09:12

Este jueves 17 de octubre se conmemora el 111 aniversario del nacimiento de Marina Núñez del Prado. “Yo era una niña imaginativa y todos los estímulos, ya fueran materiales o de otra índole, me transportaban a un mundo de sueños”. Si la montaña escoge a sus hijas, es claro que Marina es una de ellas. “Mi primer viaje me reveló el secreto de mi vida. La naturaleza con toda su fuerza y belleza me habló en un lenguaje que entendí, siendo la primera vez que lo escuchaba”. Marina tiene ocho años cuando la geografía la convoca a ese ritual de iniciación en las orillas del Titikaka, a solas frente a frente, por designios supremos.  Así de temprano reconoce ella, de manera formidable, el sentido trascendental de aquel suceso. “Desde ese lejano tiempo de mi niñez, y a lo largo de toda mi vida artística, he obedecido ciegamente a ese tratado intuitivo de estética que aprendí a vislumbrar en la mañana aquella en que, venciendo todos los obstáculos, realicé mi primer viaje en busca de mi destino artístico”.

Consecuente con su apostolado llega a más y más revelaciones.  “(…) hallé en la naturaleza un segundo hogar y en los elementos y fenómenos de la misma encontré la sabiduría y las proporciones”. Sabiduría y proporciones son palabras que develan su relación de doble dimensión, espiritual y formal, con el paisaje. Y subyugada por estas fuerzas tutelares de los Andes, se inclina ante ellas con humildad de grandes: “(…) y la naturaleza fue mi primera maestra”.

Siguiendo esa ruta de origen, Marina llega a los misterios y poderes de la piedra. Primero, conmovida por Tiawanaku. “Para mí, Tiawanaku no es una ciudad arqueológica en ruinas, es un talismán anclado en las alturas de Los Andes”. Su asombro es tan hondo que cuestiona el enfoque científico. “¿Será como dice el arqueólogo Posnansky, el calendario aymara?”. E intuye que el mutismo de esas ruinas líticas transmite algo. “Una voz interior me dice que esos signos están fuera del tiempo, que son inmemoriales”. Como la voz interior le había sido consagrada, ella aborda los enigmas tiawanakotas más allá de lo material. “Todo aquel universo de piedras (…) me parecía que me estaba revelando su inmemorial secreto, su Mensaje conmovedor y telúrico. Todo el ancestro me parecía que palpaba y exploraba mi sensibilidad y desde entonces soy una convencida del lenguaje de la piedra”.

Tiempo después, formada ya académicamente en Bolivia, Marina escoge al escultor William Zorach como maestro en Nueva York. No ceja en la expansión de referentes, aun siendo ya quien había sido llamada a ser por los ancestros. “Quise indagarlo todo, saber todo, aprenderlo todo”. Así alcanza niveles de iluminación estremecedores. “Para mí, la piedra era un elemento vivo (…), aprendí a apreciarla en sus formas naturales e ingresé en amistad íntima con ella, aprendí a no irritarme y a no ceder (…). Conocí el secreto de la penetración del cincel en la piedra sin que ésta perdiera su virginidad; además sabía que en lo informe del bloque duerme un ángel que emergerá de su densidad (…)”.

Tanta sensibilidad hace además estrecho vínculo con los seres humanos, especialmente con la mujer-madre cuya imagen Marina enaltece como un gran paradigma. “La obsesión temática de toda mi obra escultórica ha sido casi siempre la maternidad”. Esa obsesión no es sino su conexión con lo inmanente. “El paisaje boliviano con su dramatismo geográfico, con su orografía asombrosa, me hace pensar y sentir que todo está en germen, que todo está fecundado y que, por lo mismo, todo es un anuncio de maternidad”. Así se explica la profusión escultórica de Marina relacionada a la reproducción de la vida.

Lo social toca y mueve el espíritu de Marina, también. “(…) el estaño que mis paisanos arañaban en lo hondo de los socavones de la mina. La vida colectiva de mi pueblo era tan pobre, tan desamparada y tan humilde. Mi patria, que tiene un pasado en el que ha imperado el decoro y la inteligencia, es inhumano que se la amortaje (…)”. Y no se limita a una mera toma de conciencia, sino que asume la causa en su propia creación. “(…) me propuse crear varios grupos escultóricos que subrayaran mis sentimientos y mi protesta (…)”.

Marina Núñez del Prado consagra su vida a cumplir la alta encomienda de la tierra. “Declaro que siempre me he orientado a que mi arte sea expresión pura de mi raza y de la fuerza telúrica del paisaje de mi país”. Así como ella venera a la madre, no solo en su noción universal sino en la suya terrenal, Doña Sara, “trabajé su cabeza amada en ónix blanco (…), creo que esta es mi mejor obra, la más emocionada”, hoy nos corresponde en justicia y reciprocidad con su magno legado, honrarla a ella; porque se trata de la hija de la Pachamama y la madre del arte boliviano.

Cergio Prudencio

es compositor.

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¿Cómo se envasan las noticias?

El periodismo no fue capaz de acercar a la sociedad a una información que en este caso se reclamaba urgente

/ 18 de agosto de 2019 / 09:51

Hace pocos días, 15 personas fallecieron en un accidente en la carretera hacia el norte de La Paz. Hubo una gran cobertura al hecho noticioso, aunque enfocada predominantemente en la perspectiva de la crónica roja. Infelizmente, no hubo medio de comunicación ni periodista que se ocupe de aspectos fundamentales, por ejemplo, averiguar quién había mandado a un grupo de jóvenes médicos bolivianos a ese viaje mortal. En principio se mencionó el nombre de una organización “internacional”, pero luego se omitió indagar a fondo su grado de compromiso y responsabilidad en la tragedia.

Mi observación en esta columna es al periodismo, porque no fue capaz de acercar a la sociedad a una información que en este caso se reclamaba urgente, con base en preguntas elementales. ¿Cuál es el estatus jurídico de la tal organización? ¿Está autorizada a operar acciones de salud en Bolivia? ¿Este operativo era de conocimiento de las autoridades del sector? Sabemos que fueron reclutados médicos noveles como voluntarios a través de una convocatoria a la que ellos y ellas respondieron con entusiasmo y convicciones. Pero ¿ser voluntario implica renunciar a derechos de vida? ¿Puede una organización, a guisa de “voluntariado”, desentenderse de vidas inmoladas en una operación a la que ella misma llamó? ¿Los mandó sin seguro médico o de vida? ¿Cómo se iban a sustentar durante la misión? ¿Quién pagó el transporte? Es indigno que los familiares de las víctimas se vean obligados a solicitar la solidaridad de la sociedad para encarar los gastos consecuentes de un hecho que ellos no provocaron. Y más indigno aún es que el tema, a la fecha, haya dejado de ser noticia, habiendo tantos pendientes de información.

Tampoco el periodismo se ocupó de saber quiénes son las personas, con nombre y apellido, que representan a la organización; cuál es la dirección donde trabajan, ya sea en Bolivia o en el exterior; cómo fue el proceso de reclutamiento o cuáles iban a ser las condiciones laborales y de permanencia en el lugar de destino de los voluntarios. No conocemos un solo nombre a quien se pueda exigir respuestas sobre estas interrogantes. Y a juzgar por las evidencias, ningún medio se inquietó por investigarlos. No quiero imaginar lo que hubiera sido el tratamiento noticioso si la “organización” hubiera sido estatal…

Ante tantas omisiones, intenté acceder a referencias en internet. La página web de la organización presenta un portal mínimo, reducido a pocos datos, seguramente en su resguardo y como consecuencia del episodio infausto. Y aquí no pasó nada. Ahora, la dueña de la flota es la única culpable, y retirarle la licencia de funcionamiento a su empresa es la penalidad con que se pretende enmendar daños humanos irreparables.

Hay que ver lo que es formar a un hijo, caramba… Hacerlo profesional y ponerlo en la largada para la vida. Hay que ver lo que esos muchachos se habrán esforzado para lograr sus objetivos y encaminarse hacia sus sueños. Hay que ver lo que es sentir una ausencia en la mesa (y en el alma) para siempre… Hay que ver cuánto el país requiere de profesionales en salud… Y todas esas sensibilidades fueron reducidas a datos fáciles y rápidos: tantos muertos, tantos heridos, flota con exceso de velocidad, caída de 200 metros, imágenes amarillistas, y a otra cosa, punto. ¡No hay derecho!

Toda solidaridad con los familiares de las víctimas, y la más severa condena a los medios y sus operadores por este caso, que desde luego nos lleva a cuestionarnos cómo se envasan en general las noticias que consumimos. ¿Y si abriéramos, por ejemplo, el tema Venezuela…? Nos vemos en otra columna.

* Es compositor.

(18/08/2019)

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Bolivianistas y bolivianistas

La AEB es una experiencia muy valiosa de acumulación científica en el campo las ciencias sociales y la historia.

/ 4 de agosto de 2019 / 08:56

Sucre, la capital del Estado, acogió al Congreso Internacional de la Asociación de Estudios Bolivianos, esta vez en su décima versión. “La AEB (en su propia definición) es la única y más amplia plataforma de reflexión y debate académico interdisciplinario dentro del territorio boliviano”. Aunque existen ciertamente otras instancias surgidas en los últimos años, sobre todo a través de publicaciones (CIS, BBB, UCB, etc.), el aporte y la incidencia de la AEB en Bolivia es indiscutible.

El X Congreso propuso una oferta extensa y diversificada. Veamos: se realizaron 33 mesas redondas, 12 presentaciones de libros y revistas, nueve eventos especiales y dos talleres, a lo largo de cuatro intensivos días de trabajo. La participación de académicos incluía a investigadores de varios países y, por supuesto, a bolivianos, quienes desplegaron una gama de ponencias cuyo interés temático y rigor metodológico fueron norma. La asistencia de público destacó no solo por la cantidad de personas (500 aproximadamente), sino también por su diversidad: jóvenes estudiantes, docentes universitarios, comunicadores, artistas, historiadoras, en fin, una concurrencia ávida de información y análisis; y el congreso estuvo a la altura de esas expectativas.

Como eventos especiales hubo homenajes de justicia y merecimiento. El primero, al antropólogo Tristan Platt; y el segundo, al investigador jesuita Xavier Albó. Las ciencias sociales del país dejaron plasmado aquí su reconocimiento y tributo a la abundante y profunda obra de estas dos personalidades, tanto por sus aproximaciones a las complejidades históricas, sociales, culturales y políticas de Bolivia, como por el compromiso personal de ellos con Bolivia, a la que asumieron como propia en convicción e integridad.

Priorizando intereses, me tocó asistir íntegramente a la Mesa 6, denominada “Potosí y el mundo: nuevas aproximaciones (siglos XVI-XVIII)”, coordinada y moderada por Rossana Barragán (Bolivia), nuestra mayor experta en el tema a estas alturas, y Paula Zagalsky (Argentina).

El desarrollo de la tecnología, el proceso social, los intereses de clase, el arte, la religiosidad, el impacto global y otros aspectos constituyeron materia de contenido y referencia para la disección de la historia de Potosí. Catorce ponencias abordaron la temática central bajo nuevos enfoques de estudio, altamente necesarios en los tiempos actuales. Potosí (capital y departamento), en su enmarañado laberinto contemporáneo, reclama luces, y esta mesa iluminó, predominantemente; porque en un contexto tan fuertemente academicista, pensaba yo que la información del/sobre el pasado no debería limitarse al relevamiento de datos cuantitativos o ilustrativos, sino más bien tendría que explicar su sentido en el contexto integral en que tuvo lugar, y sobre todo proporcionar materia para la comprensión de nuestro presente y la construcción de nuestro futuro.

Otro evento especial digno de mención fue el denominado “Investigaciones con perspectiva comunitaria” organizado por el ABNB para presentar su línea de trabajo con la memoria oral. La experiencia desarrollada con las naciones Yampara y Qaqachaca fue presentada por estudiosos de las respectivas comunidades en un enfoque de investigación no como un proceso de observación en segunda persona, sino como una acción “en espejo”, de conocimiento, reflexión y conclusiones sobre sí mismos, en primera persona. René Vargas Llaveta junto al venerable anciano Julián Ugarte Choque (yamparas), y Rosendo Copa y Juan Maraza (qaqachacas) conmovieron al auditorio por su fuerza testimonial, replanteando la idea dialéctica de “investigador/investigación”.

La AEB constituye una experiencia muy valiosa de acumulación científica para Bolivia en el campo de las ciencias sociales y la historia. El futuro la desafía en cuanto a su apertura hacia antiguas modalidades y metodologías de generación de conocimiento; justamente aquellas mediante las cuales este país inescrutable logró sobrevivir a siglos de incomprensión y oprobio.

La categoría “bolivianista”, referida a la filiación en la línea de la AEB, llama a otras inclusiones que enriquecerían su espíritu de origen y la proyectarían en concordancia con siglo XXI, tan en curso.

Con el congreso culminó la brillante gestión de Paola Revilla en la Presidencia de la AEB y se abrió a la vez un nuevo término al frente del investigador Vincent Nicolas. Enhorabuena por ambos.

Es compositor.

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Máscara y río

Armando Urioste consagra su mirada al milagro de la luz, y lo oficia en asombro y conciencia.

/ 22 de junio de 2019 / 21:35

Armando Urioste ha montado una exposición fotográfica titulada “Máscara y río. Grifo de los sueños”, en el Espacio Simón I. Patiño. Aunque este título no le aporta ni le quita nada, lo cierto es que el conjunto de las obras de la muestra alcanza una extraordinaria intemporalidad con imágenes sin título, ni referencia de fecha o lugar que las condicione o defienda; una opción que solo alguien muy solvente y seguro de su propuesta puede plantear. Esa es mi primera constatación: subjetividades.

Pero la constatación fundamental es el apostolado de Urioste por la luz, pues consagra su mirada a ese milagro y lo oficia en asombro y conciencia. Así nos ubica ante la luz por presencia o por ausencia, por contrastes o en gamas inabarcables, bajo la comprensión de ésta como materia física y fuente espiritual, indisociablemente antepuesta a cualquier objetivación visual, antecediéndola y justificándola; no importa si en paisaje o en retrato o en abstracción. Maravilla de vocación: yo, Armando Urioste, creo en la luz madre, creadora del cielo y de la tierra…

Pasado ese umbral supremo, ya en el territorio de las concreciones, podemos detenernos en lo que Urioste se detiene a observar. Por ejemplo, los habitantes de la ciudad en su cotidianidad: alguien subiendo las escalinatas de un antiguo barrio, otro comprando en un kiosko misterioso, ella vendiendo periódicos, los niños jugando felices, las personas estándose. El artista los descubre relievando su trascendencia de seres vitales en este delirante espacio urbano, donde el dolor, la alegría, el humor o lo insólito se desglosan en facetas de la condición humana eternizadas en un instante. Hermoso.

Los retratos son profundos. Y de cada retratado Urioste registra no solo su expresión y su carga anímica, sino también —lo que es más admirable— sus convicciones. En tres fotografías, los artistas Imaná, Zilvetti y Arnal, encarnan las pulsiones estéticas de su pintura. Los retratos son un pacto de reciprocidad entre el retratista y los retratados; obras en co-autoría, se podría decir, por virtud y sensibilidad de Urioste.    

Otro enfoque nos lleva a mirar más allá del objeto, o más bien, a mirar lo inmanente del objeto. Plantas, troncos, follajes, agua, tal el caso, devenidos en textura o color por sí mismos; abriendo el espacio de la subjetividad y revelando la belleza existente en la frecuencia abstracta de las cosas: formas y formaciones, figuras y figuraciones, profundidades, asociaciones, sugestiones. Es que en todo hay algo intrínseco que reconocer, previa voluntad de reconocimiento, claro. Urioste la tiene, y a través de su cámara nos ayuda a despertar la nuestra. Función del arte: ayúdame a mirar (Galeano).  

Y el paisaje… Una capilla se muestra en réplica de la montaña, del apu; el encuadre relaciona signos paralelos de una misma devoción en la arquitectura y en la naturaleza. Otra: la madre cordillera deshiela en el reflejo de las calaminas, resguardando silenciosamente a sus hijos guarecidos en las chozas de un campamento minero. De otra o la misma cordillera desciende en composición vertical una iglesia de barro; y de ésta, un mercado campesino; y de éste, gente procurando el sustento, propagando espacios concéntricos de vida.

Otra más: exóticas formaciones geológicas en los riscos de greda son la certeza escultórica del viento, y el rayo, y la lluvia, y los ajayus manifiestos. La naturaleza es la matriz del arte, y el arte una reconstrucción ilusoria de ella (a veces).Y lo último: Armando Urioste, a quien “la aventura lo llevó a Polonia a estudiar dirección de fotografía”, enaltece los cánones, principios y herramientas de lo que en

nuestros tiempos se categoriza como “fotografía analógica”, potenciando sus recursos al extremo en una causa militante de austeridad, desde donde interpela y cuestiona (tal vez sin proponérselo) los lugares comunes de la era digital predominante. “Foto es clak, y lo que queda registrado por ese disparo; ya está”, me dijo un día el Armando. Hay que ver lo que es lograr un clak que grabe tanta maravilla en una película sensible a la luz, y—sobre todo— en el alma. Urioste lo logra, y es para agradecerle y reverenciarlo, cómo no.  

* Compositor.

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¿Comparamos con Notre Dame?

La herencia no es una obligación, es una opción; y la nuestra, a juzgar por los hechos, parecería estar tomada.

/ 28 de abril de 2019 / 04:00

En anteriores oportunidades señalamos que el patrimonio se define como el objeto de la herencia; y la herencia, como un proceso de transmisión intergeneracional de valores, bienes o principios, que es posible solo si concurren a él dos voluntades explícitas y soberanas: la de quien entrega y la de quien recibe. En esta perspectiva, podríamos señalar que la reacción de la sociedad francesa (y de la cultura occidental en general) no deja dudas sobre la cualidad patrimonial de la Catedral de Notre Dame.

La determinación de reconstruir esa mole arquitectónica, manifiesta y materializada inmediatamente después de la catástrofe, prueba que las generaciones vivas efectivamente reciben aquel bien cultural que sus ancestros les dejaron. Pareciera un sobrentendido, pero no lo es tanto; podría ser de otra manera, según la predisposición de los destinatarios. Veamos algunos casos de referencia local.

Potosí fue declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco en 1987, una nominación que enorgullece al país, pero a la vez compromete responsabilidades. Más de 30 años después, la misma Unesco puso a Potosí en la lista de patrimonios en riesgo de perder esa condición por incumplimiento de obligaciones en su preservación. La sociedad potosina, siendo propietaria de gran parte de los inmuebles del centro histórico de esa ciudad, apuesta solapadamente a su desmoronamiento, para justificar así la erección de construcciones “modernas”. Soslaya su función de “custodio” que la Ley N° 530 establece. A su vez, las autoridades municipales y departamentales rehúsan su deber de hacer cumplir la normativa; no proponen políticas sustentables sobre la materia ni ofrecen incentivos al ciudadano.

Un alcalde (de fuerte respaldo ciudadano en su momento) mandó cerrar el Plan de Rehabilitación Arquitectónica e Histórica de Potosí (PRAHP) y la Escuela Taller, programas que habían sustentado la declaratoria de la Unesco y el desarrollo turístico de la ciudad. Las penosas consecuencias de tal decisión se hacen cada vez más ostensibles en esa entrañable ciudad.

La recuperación de la Primera Casa de Moneda de Potosí, una causa iniciada hace más de tres años por la Fundación Cultural del BCB con la mejor intención y el más alto compromiso, llegó a extremos vergonzosos como el condicionamiento a “compensaciones” por parte del OJP (que mal detenta la propiedad de ese inmueble patrimonial), y —últimamente— el manoseo de leyes y propuestas sin comprensión del fondo histórico, cultural y jurídico de esta enmienda, y consecuentemente sin efecto útil al propósito de una salvación urgente. Ante la desgracia parisina afloraron aportes financieros millonarios para su reparación. ¿Alguien dudaría que los cooperativistas mineros asuman el descalabro potosino?…

La situación de Sucre, capital del Estado Plurinacional de Bolivia, no es menos preocupante.  La AECID anunció que luego de 20 años de pagar la planilla de funcionarios del Plan de Rehabilitación Arquitectónica e Histórica de Sucre (PRAHS) y de la Escuela Taller Sucre (ETS), dejará de hacerlo a partir de 2020. Y no es que la cooperación española se retire; es que propone cooperar en el nivel de proyectos, ya no más de salarios. Correspondería a la Alcaldía de Sucre asumir esos costos básicos, pero hasta el momento su autoridad máxima se ha pronunciado solo enunciativamente, sin tomar decisiones que le garanticen a Sucre la supervivencia oportuna de dos instancias fundamentales para el resguardo de su patrimonio. Sucre podría terminar como Potosí.

Recientemente se ha sabido que la así llamada “Capilla Sixtina del Altiplano” en Curahuara de Carangas sufre significativos daños por abandono… La gestión administrativa de Tiwanaku es un fracaso probado… La danza Mollo de la provincia Muñecas está en extinción… Varios ritos agrarios son nuevamente idolatría, según revividos extirpadores… Se podría continuar largamente.

La cualidad patrimonial de Potosí, o de Sucre, o de las iglesias rurales, o de Tiwanaku, o de otros, no se define en una declaratoria internacional (tan ufanos nosotros…), sino en un proceso social que en realidad está quebrado. La condición actual de aquellas manifestaciones culturales del país desnuda nuestra inasistencia como receptores al proceso hereditario, donde nos correspondería asumir responsabilidad y compromiso para permitirnos, recién, llamarlas “patrimonio”.

Como sociedad plurinacional debemos plantearnos abiertamente si queremos (o no) recibir aquello que unos y otros abuelos nos legaron. La herencia no es una obligación, es una opción; y la nuestra, a juzgar por los hechos, parecería estar tomada. Queda por saber si dicha opción es soberana y consciente, o si más bien es resultado de nuestra trágica desconexión espiritual con el pasado; con todos los pasados.

* es compositor.

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