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martes 11 may 2021 | Actualizado a 04:00

Diversidad biológica

Urge adoptar medidas y estrategias comunes para preservar la diversidad biológica.

/ 26 de mayo de 2013 / 05:16

 El 22 de mayo se celebró el Día Internacional de la Diversidad Biológica, fecha reservada desde 2000 por las Naciones Unidas para promover una mayor comprensión respecto a la importancia de ese fundamental patrimonio, del que depende la supervivencia de todos los seres vivos en el planeta, y que hoy se encuentra seriamente amenazado por las actividades del hombre.

La biodiversidad es el resultado de más de 3.000 millones de años de evolución biológica, y abarca todas las formas de vida y organismos que existen en la Tierra, así como la diversidad genética sobre la que se basa. La estabilidad del medio ambiente depende de ésta última, que constituye la base de la adaptación y el primer eslabón de la cadena de alimentos. No obstante, pese a su importancia, desde la revolución industrial (entre la segunda mitad del siglo XVIII y principios del XIX) los seres humanos han ido degradándola de manera exponencial, con actividades perniciosas.

Deterioro que en las últimas décadas ha alcanzado cotas exorbitantes, como consecuencia de la sobreexplotación de los océanos, tierras y la deforestación. La destrucción humana de hábitats, explotados por motivos comerciales o por razones de subsistencia, constituye la mayor amenaza. Por ejemplo, desde los 80, la ONU estima que 154 millones de hectáreas de bosque tropical (la principal reserva de diversidad genética y especies) fueron destruidas. Con una deforestación cercana a las 300 mil hectáreas por año (12 veces la mancha urbana de la ciudad de Santa Cruz), cabe señalar que Bolivia es uno de los países que más contribuye a este fenómeno.

Ahora bien, si a estas actividades se suman los riesgos del cambio climático, existe el peligro de que al menos el 50% de la biodiversidad del planeta se extinga en los próximos 30 años, según advierten los científicos. Pronóstico que aumenta el temor de una escasez alimentaria para las futuras generaciones. En Europa, por ejemplo, se ha extinguido la mitad de todas las razas de animales domésticos y la inmensa mayoría de las variedades locales de plantas que existían a comienzos de siglo.

El principal problema estriba en la incapacidad del sistema económico mundial para asignar un valor a la biodiversidad. Pues hasta hace poco se creía que era una fuente ilimitada de recursos. Sin embargo, el cuadro actual es bien distinto: el de un recurso finito, aunque renovable, con la condición de que sepamos conservarlo y administrarlo sabiamente.

 Urge, en este sentido, adoptar medidas y estrategias comunes para preservar la diversidad biológica, pero no como una pieza de museo, sino como una fuente de desarrollo sostenible. El bienestar de las futuras generaciones y la vida en el planeta tal y como la conocemos depende de ello.

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Absurda pandemia en tiempo de ‘descarte’ I

/ 11 de mayo de 2021 / 01:59

Terminaron las elecciones y nos queda el día a día con las dos crisis: la economía y la pandemia. Me dedicaré a la pandemia y me basaré para Bolivia en la información oficial del Ministerio de Salud y para el resto de países de la región, de la Johns Hopkins University, que recopila la oficial de todos los países (cuando éstos la publican…)

Desde el 2 de abril de 2020, poco después de haberse detectado los dos primeros casos de infecciones por COVID-19 en Bolivia el 10 de marzo, tras una conversación virtual con un amigo por diferencias de criterio me motivó a escribir un resumen de la información difundida oficialmente; empecé —diariamente primero, semanalmente después— a publicarlo en Eju.tv con la generosa apertura de su director y, esporádicamente, en otros medios y en mis redes. Dejando constar que el Ministerio de Salud ha cambiado muchas veces las formas de presentar la información y la cantidad de ella que difunde, y que los Servicios Departamentales de Salud —donde hay que buscar toda la que el Ministerio de Salud no desagrega ahora— la presentan en forma no uniforme, entraré en tema.

Primero, para neófitos (como yo hasta que empecé a navegar por estos datos) daré las definiciones OMS de términos que utilizaremos. Morbilidad (o tasa de morbilidad): “número de personas de una población determinada que se enferman durante un período específico” y que, siguiendo el criterio OMS, reflejaremos por cada 100.000 habitantes. Letalidad (o tasa de letalidad): “número de personas diagnosticadas como víctimas de una enfermedad particular y el número que ha fallecido a consecuencia de la enfermedad”. Mortalidad (o tasa de mortalidad): “(todas) las muertes por una sola enfermedad y generalmente se expresa por 100.000 personas”. Nos quedaría la tasa de recuperados,medida de la calidad y presteza de la respuesta sanitaria.

Hasta el Reporte epidemiológico N° 420 correspondiente al domingo 9 pasado, Bolivia había acumulado 318.610 casos detectados —aclaro “detectados” porque la detección es primordial para diferenciar países que no hacen suficientes pruebas—, correspondiente a una morbilidad de 2.738,8, resultado que nos coloca en el lugar 12 de 22 países latinoamericanos, por delante de Belice, Paraguay, Costa Rica, Perú, Colombia, Uruguay, Chile, Argentina, Brasil y Panamá. La morbilidad más baja en la región —descartando Nicaragua, Haití y Venezuela por datos desactualizados o poco creíbles— hasta ese domingo era la de Cuba con 1.022,9 y la mayor la de Panamá con 8.830,7.

En letalidad, Bolivia actualmente tiene una tasa del 4,2% —en el pico de la primera ola llegó a 6,5%— y en la tercera ocupa el lugar 20 de 22, delante de Ecuador y México; la letalidad más baja ahora es de Cuba (0,6%) y la más alta de México (9,3%). A diferencia de la letalidad, en la mortalidad Bolivia ocupa el lugar 15 de 22 con una tasa de 113,7 fallecidos por COVID-19 sobre la población total, por delante de Chile, Panamá, Argentina, Colombia, México, Perú y Brasil, siendo a la fecha Cuba el país con menos letalidad (6,5) y Brasil el de más letalidad (201,6). Por último, en recuperados Bolivia tiene hasta el domingo pasado una tasa de 82,1% para ocupar la posición 15 de 22, con menos porcentaje que Uruguay, Guyana, Paraguay, México, Costa Rica, Nicaragua (dato no confiable) y Honduras, siendo Panamá el país con más recuperados (96,8%) y Honduras el que menos (36,2%).

Quedaría el tema de vacunas. Hasta el domingo pasado, en 101 días de campaña de vacunación, Bolivia había aplicado 998.818 dosis, el 7,0% de las 14.335.578 (992.430 por el mecanismo COVAX) necesarias para inocular doble a los 7.167.789 habitantes de los grupos etarios a vacunar; ya 264.656 (3,7%) hemos completado las dos dosis. Han llegado 1.265.430 dosis, por lo que falta recibir 13.336.760.

Un reto mayúsculo.

José Rafael Vilar es analista y consultor político.

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A dos años de la ley de libertad religiosa

/ 10 de mayo de 2021 / 02:02

El 11 de abril de 2019, casi desapercibida, fue promulgada la Ley 1161 de Libertad Religiosa, Organizaciones Religiosas y de Creencias Espirituales. Su construcción, debates y consensos duraron cerca de ocho años, pues se trataba de un diálogo desde lo más profundo que tienen las y los bolivianos: su religiosidad y espiritualidad. También, la construcción de esta norma muchas ocasiones devino en peleas, amenazas y, sobre todo, incomprensiones de los actores religiosos y espirituales que estuvieron involucrados en su redacción. Fue como un espejo a lo ocurrido con la aprobación de la Constitución Política del Estado Plurinacional en 2009, pero también esta ley es resultado de algo que se inició mucho antes de lo que la historiografía nacional da cuenta: El proceso hacía un mundo de la convivencia pacífica. La finalidad de la norma se establece en su artículo II, inciso a): “Reconocer y respetar la libertad de religión y de creencias espirituales de acuerdo a sus cosmovisiones, de culto, de conciencia y de pensamiento, con la finalidad de promover la convivencia pacífica y coexistencia de diversas religiones y de creencias espirituales en el Estado Plurinacional de Bolivia”, que además define el espíritu de la ley que, paradójicamente, tuvo en el mismo año en que se promulgó talvez su mayor escenario de crisis o su mayor transgresión, es decir los hechos de noviembre de 2019.

Antes de revisar lo ocurrido en Bolivia, se requiere la referencia a la idea de “la maldición que pesa sobre la ley”, que es una tradición originada en Pablo de Tarso (5-10 a 58-67 d. C.), que da cuenta de la existencia de tal “maldición”, a la que justamente se opone Jesús en diferentes pasajes de los evangelios. Esta maldición no aplicaba para los ciudadanos romanos, sino especialmente era para judíos y demás pueblos dominados y sometidos en el tiempo de Jesús. Pero, asimismo, la ley en la tradición romana siempre fue en favor de los “ciudadanos” y en contra de los demás pueblos. La pax romana se basó en una naturalización de la discriminación cultural, incluso racial, que claramente fue la base para las sociedades grecorromanas y, posteriormente, las occidentales tal cual se las conoce hoy en día, de tal forma que la búsqueda de la justicia por medio de la ley devenía siempre en injusticia, tal cual se presentan hoy en día las paradojas del mundo moderno. En todo caso, la Ley 1161 promulgada en Bolivia representa justamente lo contrario, pues no es una “maldición” para el pueblo, no está escrita solo para unos grupos y, de ese modo, cuando habla de “convivencia pacífica” es una apuesta incluso histórica.

Cuando se definía que esta norma pueda ser entendida como de convivencia religiosa y espiritual, los poderes estructuralmente coloniales del país buscaron una salida demagógica, y se resguardaron en lo jurídico, en casos bastante concretos. Por ejemplo, la Iglesia Católica romana y algunas corporaciones de iglesias evangélicas fundamentalistas no aceptaron abiertamente esta ley y argumentaron que no les atinge. Una por el poder, las otras quizás por interés, no se termina de comprender. El resultado es que no repararon ni un segundo en transgredir la convivencia religiosa, el respeto a la coexistencia de espiritualidades, el respeto constitucional a sus cosmovisiones y por razones ya conocidas, ocurrió lo siguiente: El 12 de noviembre de 2019, por la noche, mostraron la representación más colonial de la Biblia, como si Dios pudiera avalar las pugnas políticas, por las que además se terminó con la vida de más de 30 personas. Sus palabras resuenan siempre: “Dios y la Biblia vuelven al palacio”. Pero en 2015, todavía las comisiones de trabajo conformadas por diferentes iglesias evangélicas y organizaciones espirituales habían logrado comprender que la Biblia es un símbolo cristiano, así como los pueblos indígenas tenían sus propios símbolos se debía proponer una fórmula que incluyera a todos; ese diálogo costó bastante, fueron meses para poder comprender que la Biblia puede ser lo más sagrado para unos, pero no necesariamente lo es para los pueblos indígenas, que no se ganan almas con armas ni espadas, que la colonización es un hecho inhumano. Es por ello que se puede afirmar que también ocurre que la maldición, por tanto, no está siempre en la ley que, si se la lee y estudia, se terminaría coincidiendo que es un avance histórico que quizás sirva más para las generaciones futuras, pero que no quita que el germen o semilla de su perspectiva fue hecha por los y las bolivianas del presente, razón más que suficiente para pensar en la esperanza de un mundo que realmente conviva pacíficamente.

 Nelson Gutiérrez Rueda es teólogo.

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Oleadas de racismo

/ 10 de mayo de 2021 / 01:53

Atmosféricamente era una tarde común de verano: caliente y agobiante, pero, sociológicamente no fue una tarde cualquiera, quizás quede enclavada en la memoria de muchos cochabambinos. Era el 11 de enero de 2007. Fue la primera vez que presencié personalmente cómo el racismo se desbordaba. “Ciudadanos” cochabambinos indignados porque los “campesinos masistas” habían invadido su “ciudad jardín”, salían de sus casas furibundos al señorial Paseo del Prado o la Plaza Colón armados con palos de púas o bates de béisbol para golpear a los “invasores”. Junto a sus estribillos racistas en contra de la investidura del entonces mandatario, Evo Morales, se oían eslóganes defendiendo la “democracia”.

Casi 13 años después, en el atardecer del 21 de octubre de 2019, al día siguiente de las elecciones presidenciales y parlamentarias, a la salida de mi trabajo, vi nuevamente con espanto otra movilización de los mismos “ciudadanos”, esta vez, desprovistos de objetos mortíferos, aunque, algunos tenían palos y hacían sonar petardos hostigadores en la naciente noche cochabambina. Ellos marchaban por las calles del centro de la ciudad, al igual que esa jornada luctuosa de enero de 2007, tenían las mismas muecas de rencor dibujadas en sus rostros; decían, una vez más “defender la democracia”, pero, ese discurso estaba combinado con un lenguaje agresivo y grosero que delataba su animadversión por el presidente indígena al que, esta vez, le acusaban de eternizarse en el poder y haber montado un descomunal fraude electoral.

Dos momentos, el mismo discurso y la misma actitud. Esos “ciudadanos” marchistas parecían marchar a la guerra, aunque en este caso no “en nombre de la Patria”, sino en “nombre de la democracia”. Ambas, la Patria y la democracia, muchas veces, son invenciones, pero funcionan para agitar ánimos. Entonces, se hace insoslayable preguntarnos como Benedict Anderson: “¿Por qué los individuos están dispuestos a morir por esas invenciones?” Quizás, en el caso de los “demócratas”, la respuesta sea el racismo. Al igual que la “Patria”, la “democracia” se puede convertir en un artefacto ideológico movilizador para remover las subjetividades más recónditas e inconfesables. Las movilizaciones postelectorales de 2019 son una muestra.

El racismo se nutre por el temor al otro. En el contexto de las movilizaciones postelecciones de 2019, el objetivo era generar pánico en la clase media mestiza/blanca. Para ello se urdió el discurso de la “invasión de los indios”. Una argucia recurrente para remover viejos y pavorosos espectros en torno al indígena, Michel Foucault diría “como un fantasma de la devoración y el regicidio”.

Desde que vinieron los conquistadores españoles, los indios fueron estigmatizados de “paganos” y “salvajes”. Y a partir de esta idea monstruosa se configuró una sociedad piramidal y jerarquizada donde los blancos o los mestizos tenían todos los derechos, inclusive de gobernar. Quizás, la llegada de los indios al gobierno en 2006 trastocó este orden social. Un efecto sociológico colateral fue la indignación de los eternos privilegiados de la República señorial.

El racismo en Bolivia es estructural y permea la vida cotidiana. Es un habitus naturalizado que pasa inadvertido, inclusive con apariencia de modernidad, pero su manifestación más grosera es cuando se vuelve visible, como si fuera un cachivache escondido en el sótano hasta que una fuerza oculta los convoca para hacer estragos. Desde hace 15 años, esos estragos son las oleadas de racismo que atravesaron la política y la sociedad. Entonces, amerita un debate constante e inagotable.

 Yuri Tórrez es sociólogo.

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Cambio de términos en WhatsApp

/ 10 de mayo de 2021 / 01:50

Este 15 de mayo, WhatsApp actualizará sus términos de uso después de un infructuoso primer intento en febrero de este mismo año que fue rechazado por un gran grupo de expertos en tecnología en el mundo, defensores de derechos de privacidad, ONG e incluso Elon Musk, quien sugirió cambiarse a otra app de mensajería que respeta más los datos personales de sus usuarios y usuarias, Signal.

La razón para este cambio se debe a que WhatsApp es una empresa deficitaria, es decir, funciona a pérdida. Entonces, este es un intento de hacerla rentable, que dé ganancias a partir de publicidad y de convertirse en una plataforma de ventas.

Sus directivos explican que hay tres grupos de productos de WhatsApp: la app por la que todos nos comunicamos a nivel personal, el WhatsApp Business y la API del WhatsApp Business. Los cambios, dicen, solo se darán para el tercer grupo de productos, pero el cambio de términos de uso deberá ser aceptado por todos los usuarios y usuarias, no solo por quienes usen ese tercer grupo de productos.

Con este cambio se podrá incluir en la lista de contactos a empresas, por lo que se podrá aceptar publicidad de empresas y hacer pedidos a éstas. Ese cambio le permitirá a WhatsApp compartir datos personales con las otras empresas del grupo como Instagram y el propio Facebook independientemente de que tengan cuentas en ellas o no. También se compartirá información de contactos, tengan o no tengan cuentas en esas apps. Zuckerberg dijo que nunca haría esta integración.

El contenido de los mensajes no será leído por Facebook porque tiene cifrado de punta a punta, pero sí la información de compras, frecuencia, ubicación, tipos de dispositivos, etc.

Si una persona no desea aceptar los cambios, desde el 16 de mayo tendrá acceso restringido a su cuenta de WhatsApp. Es decir, podrá recibir llamadas y notificaciones, pero no podrá leer ni enviar mensajes hasta que acepte el cambio en los términos de uso, y luego vendrán otros bloqueos. Si no acepta el cambio, tendrá bloqueado el servicio.

Más allá de que a algunas personas no les preocupe compartir sus datos con un holding de empresas ¿es necesario que todos debamos aceptar un cambio en términos de uso aunque no vayamos a usar el servicio y que en caso de no aceptar, tengamos bloqueos paulatinos de los servicios de la app?

Pero en serio, ¿es posible dejar de usar WhatsApp? Para la mayor cantidad de personas la respuesta será negativa porque sus contactos están en esa app, porque no tienen suficiente memoria en sus celulares o porque desconocen cómo hacerlo y esto es una muestra de que la decisión no se hará de una forma informada y libre, sino que no les quedará otra.

 Eliana Quiroz es ciberactivista y burócrata. blog: www.internetalaboliviana. word-press.com

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La ‘guerra civil’ de The Strongest

Ricardo Bajo, periodista

Por Ricardo Bajo H.

/ 9 de mayo de 2021 / 17:46

GOLES SON AMORES


Uno: El club The Strongest está inmerso en un viaje sinsentido hacia la peor década de su historia, los años noventa. Aquellos fantasmas están hoy de regreso: técnicos de poca monta, dirigencias mediocres, jugadores sin garra y una larga travesía por el desierto (1993-2003) sin un título que llevarse a la boca. La situación que hoy vive el club de Achumani es peor aún: vacío de poder, falta de brújula y una hinchada dividida. El famoso adagio se cumple: el peor enemigo del Tigre es el Tigre mismo.

Dos: la barra de la curva sur y la hinchada de preferencia intercambian insultos durante largos minutos. Los gritos de “vendidos” son respondidos con epítetos racistas que van y vienen (“cholis”). Durante la práctica que sigue al “no-partido” contra Royal Pari –el enésimo ejemplo de la poca seriedad de nuestro fútbol-, los “fuera Crespo” arrecian desde la “prefe”. Mientras los jugadores entrenan, desde las gradas, bajan más agravios: “camarilleros”, “fracasados”. Las dianas preferidas de la rabia irracional son Vaca, Reynoso, Valverde, Marteli. Los únicos que se salvan son Castillo, Viscarra y la dupla española, Pastor y Mateos. Es la postal más fea, la que más entristece al pueblo stronguista. Cuando el equipo se retira y mira de frente a los que insultan, los ataques se transforman en un “Tigre, Tigre”.

Tres: en las puertas y baños de Preferencia, aparecen carteles con: “Fuera Crespo, Fuera Palenque. Elecciones ya. The Strongest se nos muere”. El Tigre, puntero en el torneo, vive preso de los intereses particulares, ajenos al club: todos los estamentos hacen alarde de fuerza para cuidar su pequeña parcela de poder. Cuando todos mandan, no manda nadie.

Cuatro: es necesario/urgente un alto el fuego para poner al club por encima de todo, para privilegiar el escudo y la camiseta, para hacer respetar la historia y la idiosincrasia. Para eso hace falta que los bandos en disputa cesen las hostilidades. El Tigre no se puede permitir una guerra de baja intensidad que dure hasta noviembre. Se necesita un pacto de caballeros.
Si los dos bandos en un abierto «guerracivilismo» stronguista, dicen amar al gualdinegro, la tregua es/será posible. De lo contrario, los insultos contra jugadores y dirigentes; las peleas entre hinchas; y la guerra sucia entre dos bandos nos devolverán a nuestra década más negra. Y a presenciar/padecer tardes tristes y feas como la del sábado.

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